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sábado, 4 de septiembre de 2010
Crucero al Cabo Norte, fiordos noruegos e Islandia













Como últimamente se ha puesto de moda Islandia por el volcán ese que vomitaba cenizas sin para, a principios del verano, he recordado un viaje que hicimos hace un par de años a esos tan bonitos y diferentes parajes. Hicimos un crucero (el barquito que sale en una de las fotos, en un fiordo, era el nuestro),pues aunque antes esta forma de viajar era solo para millonarios, ahora se ha democratizado mucho. Yo lo recomiendo, es estupendo. Sobre todo a gente tranquila. Vas con el hotel a todas partes, los camarotes son estupendos, encima tienen balcón, y en el barco, que es enorme, hay tiendas de todo tipo, pelu, sauna, capilla, enfermería,gimnasio, salas de juegos, etc.etc. O sea, que el que se aburre es porque quiere. La verdad es que no da tiempo, pues cada día se toca en un puerto diferente y se puede visitar,solos o con excursión organizada, y el tiempo que se pasa en el mar es mínimo ,cosa que a mí no me gustaba, pues lo pasaba estupendamente en un día de solo navegación, leyendo un libro sentada en una butaca y viendo el mar, los barcos y hasta peces grandes y alguna
ballena.
En las fotos no se distingue muy bien lo que es la costa noruega vikinga de los fiordos, de lo que es Islandia. Los fiordos es lo que es más montañoso, y son preciosos. Te imaginas a los vikingos entrando en ellos con sus drakkars y haciendo sonar el cuerno, como en la peli de Kirk Douglas. Desde que la ví que tenía ganas de ir, y es aún más bonito al natural, como casi todo.Allí compré, en las tiendecitas de los pueblos, algunos colgantes de plata que representaban a Odín y a su hijo, el Dios del Trueno Thor. La gente de estos pueblos es tranquila y no están en absoluto preparados para el turismo. Hay que ir a buscar las cosas. También me compré unos jerseys de lana de punto grueso, de esos de colorines, que me gustan mucho. Los hacen los hombres, los pescadores, cuando está oscuro y no pueden salir a pescar.En Islandia igual. Allí,en las cercanías del Cabo Norte, hay seis meses de luz y seis de oscuridad, porque está en el Círculo Polar Artico y es el sitio del sol de medianoche. Es increíble el despertarse en el camarote, al lado de la ventana, y ver que el sol te inunda la cama. Yo me creí que eran por lo menos las nueve de la mañana, pero miré el reloj, ¡y eran las 4 de la madrugada!. Es una sensación increíble y estupenda.La gente que vive allí se nota que son descendientes de los vikingos y que no se han mezclado mucho, pues son altos y rubios y un poco toscos, pero buena gente. Y parece que se les ha pasado la belicosidad...pero los paisajes son indescriptibles.
Islandia no es igual, aunque sea tembién un país lleno de hielo. Fuimos en Junio e íbamos mucho más abrigados que en Mallorca en pleno invierno. Como en Noruega, los jeeps iban por carreteras que estaban flanqueadas por murallas de tres o cuatro metros de hielo duro.
Islandia se caracteriza porque está encima de volcanes. Ese que se animó este verano ,entonces estaba tranquilito, pero allí es que das una patada en el suelo y ya te sale humo. Hay geisers por todo, como se puede ver en las fotos, que hacen glu glu y cada medio minuto sueltan un surtidor de agua caliente, luego quedan convertidos en un charco y vuelta a empezar, pompitas blub blub y el surtidor. Es muy entretenido verlo. En Islandia todo el mundo (que es poco) tiene calefacción gratis en sus casas, porque aprovechan el agua de los geiseres.
Son una gente muy particular. Supercivilizados, no ves ni un perro ni un gato errando por las carreteras como se ve en España, todos tienen su amo y su casa. Las casas parecen de cuento, cada una de ellas con su jardincito delante con sus flores muy bien cuidadas. Pero sin embargo,los islandeses creen en los elfos. Esas criaturas tan feas, algo más grandes que los enanos, peludos y con cara de malhumor. Hay estatuas de ellos delante de muchas tiendas, donde venden sobre todo jerseys, lo mismo que en Noruega.
Hay una carretera que va en línea recta durante muchos kilómetros, pues Islandia no es tan montañosa como Noruega, y esa carretera, cuando llega delante de una montañita ,no tiene túnel para seguir recto, sino que la bordea,y nos dijeron los islandeses que era porque esa montaña era sagrada, propiedad de los elfos, y no la podían agujerear, que se iban a enfadar muchísimo.¡Increíble pero cierto!
Desde luego, viajar es entretenido, no solo por lo que ves, sino por lo que se oye y de lo que se entera uno.
Otra cosa que es obligatoria para todos los habitantes de Islandia, es que cuando son jóvenes, deben, -a mí me recordó a hacer la mili, pero en divertido- salir de su isla y pasarse un año entero en el extranjero, en el país que elijan. A mí me parece esto una cosa muy sabia, pues sino corren el peligro de volverse unos catetos y además así la endogamia no se deja sentir tanto. Yo lo hubiera hecho con todos los mallorquines, pues cuando era joven, aún había gente vieja de los pueblos del interior, que están más o menos a 40 kmts. de la costa,que morían sin haber visto nunca el mar. Parece mentira, pero es cierto. Todavía debe quedar alguno.
Pues como se puede ver, en este viaje por mar nos lo pasamos de miedo, e hice un montón de fotos, que no las pongo todas porque aburriría hasta a las ovejas.Que por cierto allí hay muchas, y vacas, que se suben a los tejados de las casas, que están sembrados de hierba.Y me gustó mucho ver que la gente trata bien a los animales. Son gente civilizada, vaya. A pesar de los elfos...o tal vez por eso...


HISTORIA DE AL-ANDALUS

Cuando yo era pequeña e iba al colegio, a mí me gustaba mucho la Historia. Pero después me dí cuenta de que la Historia de España nos la habían contado muy mal, parcialmente, como si solo los protagonistas hubiesen sido los reyes cristianos. Obviaron casi por completo la apasionante historia de Al-Andalus, que era un país diferente, aparte de los reinos cristianos. Luego leí “Historia de los Musulmanes de España”, del francés Pierre Dozy, y que creo que es la mejor Historia de la España Musulmana que se ha escrito . La guardo como uno de los tesoros de mi biblioteca.
Al-Andalus fué una civilización que irradió una personalidad propia , tanto para Occidente como para Oriente. Situada en tierra de encuentros, de cruces culturales y mestizajes, , Al-Andalus fué olvidada, después de su esplendor, tanto por Europa como por el mundo musulmán, como una leyenda hermosa que no hubiera pertenecido a ninguno de los dos mundos.
Al-Andalus quiere decir en árabe tierra de los vándalos. Así se conoce la zona de ocupación musulmana en la Península Ibérica, que abarcó desde el año 711 hasta finales del s. XV y llegó a comprender gran parte del territorio español..La extensión del estado islámico llamado Al-Andalus varió,pues, a medida que se modificaban las fronteras, y tanto hispano-musulmanes como castellano-aragoneses avanzaban conquistando territorio.
La pujante civilización islámica de Oriente pronto se desbordará hacia Occidente:El Magreb, España, y hasta parte de Italia y Francia. Durante el s. VIII, y a través del norte de África, penetraron en la península una serie de tribus y familias nobles árabes venidas del este, y de grupos bereberes procedentes del Magreb., que poco a poco se asentaron en tierra de Al-Andalus. Ello no significó una ruptura total con la cultura entonces imperante, la hispano-goda. Antes bien, ambas se entroncaron dando un resultado muy peculiar y autóctono, deslumbrante, que diferenció notablemente el Islam occidental del oriental.
La fusión entre arabo-bereberes e hispano-godos se produjo sin grandes traumatismos y con la naturalidad que sólo el tiempo procura. Todo esto me fue escamoteado, a mí y a todos los estudiantes de mi época, por los colegios religiosos, que pintaban a los árabes como sedientos de sangre cristiana y peleando constantemente contra los piadosos cristianos., que intentaban expulsarlos de la Península sin éxito. Esto es una mentira. Convivieron durante siglos y se mezclaron.
Durante la segunda mitad del s.VIII se produjo una seria escisión en el imperio musulmán. Una ruptura dinástica que terminó con los Omeyas que gobernaban en Damasco, para entronar a los Abbasíes, sus enemigos, que se asentaron en Bagdad. Un príncipe omeya huido de Damasco para salvar el pellejo,Abderrahman I, penetraría en Al-Andalus formando un nuevo estado con base en Córdoba: El emirato., dependiente aún en cierto modo de Damasco.
Ocho emires se sucedieron del 756 al 929 en una época brillante culturalmente -aunque oscurecida con diversos levantamientos muladíes y mozárabes-, hasta que Abderahman III (Abd-al- Rahman quiere decir en árabe siervo del Clemente) decidió fundar un califato independiente de Damasco, y declarándose Emir-Al.Muminin (Principe de los creyentes), lo cual le otorgaba , además del poder terrenal, el poder espiritual sobre la umma, o sea la comunidad de creyentes.
Este califa, y su sucesor Al-Hakam II, supieron favorecer la integración étnico-cultural entre bereberes, árabes, hispanos y judíos. Ambos apaciguaron la población,los cristianos, construyeron y ampliaron numerosos edificios, como la maravillosa mezquita de Córdoba, y se rodearon de la inteligencia de su época. Mantuvieron contactos comerciales con Bagdad, Francia, Túnez, Marruecos, Bizancio, Italia y hasta Germanía.
Hay una anécdota curiosa, relatada por Pierre Dozy, al que antes me he referido, en su Historia de los Musulmanes de España, que dice que el califa Al-Hakam tuvo que hacer frente a una revuelta, y que mientras los revoltosos sitiaban su palacio, él se perfumaba la barba. Sus servidores, aterrados y asombrados, le preguntaron que por qué hacía aquello, que no era momento de coqueterías. Les contestó que quería que, cuando le cortasen la cabeza, pudiese distinguirse de la de los demás súbditos suyos. Por suerte, no llegó la sangre al río. Este califa tenía la costumbre de coleccionar los cráneos de sus peores enemigos, y ponía tierra en ellos y plantaba flores. Era un esteta, vaya.
Sin embargo, no todos los sucesores de estos brillantes califas siguieron tan acertada política, sino que dejaron desbocarse el caballo del poder. Tras 22 años de fitna (guerra civil), se abolió por fin el Califato. Corria el año 1031.
Los hábitos secesionistas y rebeldes surgieron de nuevo con gran fuerza;la división y la descomposición se impusieron en Al-Andalus. Todas las grandes familias árabes, bereberes y muladíes quisieron hacerse con las riendas del país, o, al menos, de su ciudad, surgiendo por todas partes los llamados Reinos de Taifas,Muluk-al.Tawafi, que se erigieron en dueños y señores de las principales plazas. Este desmembramiento supuso el principio del fin para Al-Andalus, y ante semejante debilidad, el enemigo cristiano se creció, organizándose como nunca antes lo hiciera para combatir a los musulmanes. La primera gran victoria sobre el Islam peninsular la protagonizó Alfonso VI cuando, en 1085, tomó la importante ciudad de Toledo.
La unidad étnico-religiosa lograda hasta el momento también se resintió, surgiendo mercenarios, tanto musulmanes como cristianos. El más famoso de ellos fué Rodrigo Diaz de Vivar. El Cid (El Sidi, el señor, como le llamaban los árabes), que nos lo han querido pintar como un adalid del cristianismo cuando era un granuja aventurero que tanto peleaba con los cristianos como en contra. Estuvo bastante tiempo a sueldo del emir de Zaragoza.
Estos mercenarios estaban dispuestos a combatir contra sus propios correligionarios con tal de mantener determinadas situaciones de poder. Sin embargo, en esta época surgieron relevantes figuras en el campo del saber, y, en una constante emulación de los lujos orientales, se construyeron suntuosos palacios, almunias y mezquitas y se celebraban las fiestas mas fastuosas y extravagantes de todo el Mediterráneo. Además, los árabes andalusíes eran de costumbres relajadas, bebían vino y gustaban de los placeres,haciendo caso omiso de muchos preceptos coránicos.
Mientras, a finales del s.XI, en el Magreb occidental, hoy Marruecos, surgió un nuevo movimiento político y religioso en el seno de una tribu bereber del sur, los Lamtuna, que fundaron la dinastía almorávide. En poco tiempo, su actitud de austeridad y pureza religiosa convenció a gran parte de la desencantada población, y con su apoyo emprendieron una serie de contiendas logrando formar un imperio que abarcaría parte del norte de África y Al-Andalus, que a través del rey sevillano Al.Mutamid, había pedido su ayuda para frenar el avance cristiano. Encabezados por Yusuf Ibn Tashfin, penetraron los almorávides en la península, infligiendo una severa derrota al rey Alfonso VI en Sagrajas. Pronto conseguirían acabar con los reyes de taifas y gobernar Al-Andalus, no sin cierta oposición de la población, que se rebelaba contra su talante puritano y su rigidez. Algo que no le iba nada al hedonista y liberal pueblo andalusí. A pesar de todo, la nueva situación supuso un nuevo incremento del bienestar social y económico.
Ahora quisiera hacer un paréntesis para detenerme en la figura de Mutamid de Sevilla, uno de los reyes más románticos y de vida más novelesca que ha dado Al-Andalus. Era un rey amante de los placeres, la bebida y las mujeres, y tenía como su consejero y amigo a Ibn Amar, el famoso Abenámar de los romances. Ibn Amar era de baja extracción, y unos años mayor que Mutamid, e influyó en él notablemente. Eran grandes amigos y se querían de verdad. Ambos se corrían juntos grandes juergas, y hacían poemas y canciones en sus fiestas. Una vez, paseando por la orilla del Guadalquivir e improvisando poemas pasaron al lado de unas chicas que estaban lavando ropa en el río. Mutamid empezó un poema que decía:
-El viento convierte al rio
en una cota de mallla...
y no se le ocurrió nada más. Abenámar tampoco estaba ese día inspirado, pero una muchacha que los oyó, contestó en voz alta:
-Mejor cota no se halla
cuando la congela el frio...
Mutamid quedó pasmado de ver que una chica podía versificar con mayor rapidez de su amigo, e inmediatamente la hizo llevar a su palacio. Como era guapa y simpática, se casó con ella. Se llamaba Romaiquia. Estaba tan enamorado que, un día en que ella le dijo que le gustaría ver la nieve, hizo plantar toda una parte del jardín de almendros para que con sus flores blancas tuviera una aproximación a la vista de su capricho. Estaba loco por ella, y con Ibn Amar hacían un trío divertido, que se entregaban a los placeres y se lo pasaban estupendamente. Pero luego las cosas se torcieron, no recuerdo bien, pero hubo unos malentendidos entre Ibn Amar y Mutamid, pero antes el rey le nombró visir de Silves. Luego metieron líos los enemigos de Ibn Amar para perderle y Mutamid se los creyó. El caso es que la historia terminó trágicamente, es muy larga y no la recuerdo así ahora de memoria, pero el caso es que Ibn Amar acabó perdiendo la cabeza literalmente, pues Mutamid se la hizo cortar, ya que le habían metido en la mente que su amigo conspiraba desde Silves contra él. Luego se arrepintió y se puso muy triste, y nunca volvió a ser el de antes. Cosas de la vida.
Volviendo a la historia, mientras los reinos de taifas peleaban entre ellos, los cristianos obtuvieron importantes avances, conquistando Alfonso I de Aragón Zaragoza en 1118. Al mismo tiempo, los almorávides veían amenazada su propia supremacía por un nuevo movimiento religioso surgido en el Magreb:El almohade.
Esta nueva dinastía se generó en el seno de una tribu bereber procedente del corazón del Atlas que, encabezada por el guerrero Ibn Tumart, pronto se organizó para derrotar a sus predecesores, esgrimiendo parecidos argumentos de pureza y vivificación religiosa. También desde Marrakech, gobernaron y se hicieron con las riendas de Al-Andalus, dotándolo de cierta estabilidad y prosperidad económica y cultural. Fueron grandes constructores, la gran mezquita de Sevilla fué obra suya, de la que aún subsiste la Giralda, el patio de los Naranjos y la Puerta del Perdón, con sus preciosas aldabas.
También se rodearon de los mejores literatos y científicos de la época.Sin embargo, al igual que los almorávides, terminaron por sucumbir ante la dejadez espiritual y el relajamiento de costumbres que casi siempre caracterizó a Al-Andalus.
Cuando parecía ya todo perdido y el avance castellano era imparable, haciéndose Fernando III El Santo con una gran parte de las ciudades andalusíes,surgió una nueva dinastía, los nazaríes, de Granada. Su reino abarcaba Granada, Málaga y parte de Jaén y Murcia. Oprimido desde el norte por los reyes cristianos y desde el sur por los sultanes meriníes de Marruecos, los nazaríes establecieron un suntuoso e inestable reino. Pero Granada, a pesar de todo,fué una gran metrópoli de su tiempo y en la que se levantaron suntuosos palacios, La Alhambra, nada menos, y los jardines de El Generalife, .,mezquitas y baños públicos. Siguió asombrando a propios y a extraños hasta que en 1492 y tras varios años de intrigas palaciegas y escaramuzas con los castellano-aragoneses que acechaban sus fronteras, el reyAbu Abd-Allah, conocido por Boabdil, capituló ante los Reyes Católicos, entregándoles Granada .Lo que sigue a continuación fue un drama, pues si bien las condiciones de capitulación fueron generosas, por parte de los vencedores, poco tardaron en ser ignoradas y comenzó una persecución y culturización sin tregua de los moriscos que quedaron bajo dominio cristiano, hasta que tuvieron lugar las últimas expulsiones masivas de 1610, impulsadas por la Iglesia Católica, que tenía comido el coco a la Reina Isabel, que era una beata insoportable. Su marido, el Rey Fernando, pasaba bastante de estas cosas, y como era muy mujeriego, se dedicaba a tener amantes y muchos hijos ilegítimos. Cuando se quedó viudo se casó con una jovencita que lo llevó pronto a la tumba.
No quiero terminar esta historia de Al-Andalus sin referirme a otra personalidad grandiosa romántica y novelesca: El llamado por los cristianos Almanzor. Reinó en Córdoba y su verdadero nombre era Mohamed ben Abiamir, El Mansur, . Este fué un capitán en la corte cordobesa que enamoró a la sultana, quien se casó con él. Parece ser era “fermoso y de ancha espalda”, como dicen las crónicas. Almanzor fué el azote de los cristianos por muchos años, conquistó Santiago de Compostela e hizo transportar las campanas de la catedral a hombros de prisioneros cristianos hasta Córdoba, donde las convirtió en lámparas. Allí estuvieron hasta la caída de Al-Andalus, en que los reyes cristianos las devolvieron a Santiago a hombros esta vez de prisioneros musulmanes.
Y esta es una sucinta y pobre historia de Al-Andalus, un reino de leyenda único en el mundo,y muy mal conocido, sobre todo por los mismos españoles.

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F I N
Cuento mío
HISTORIA DE LA HERMOSA MAYLI Y LA CABEZA CORTADA
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Hace muchos, muchísimos años, en un lejano país oriental había un rey que tenía una hija única llamada Mayli, y era tan bella que todos la llamaban La Hermosa Mayli.
Cuando fue tiempo de buscarle un marido, su padre, que la adoraba, mandó llamar a Palacio a los nobles más apuestos, los príncipes más valientes la pidieron en matrimonio y los reyes vecinos enviaron a sus primogénitos con el propósito de hacer una ventajosa alianza. .El rey empero quería que su hija fuese feliz, y decidió que fuese ella misma quien hiciese su elección. Sentada en el trono de oro incrustado de pedrería y vestida con maravillosos trajes de seda que resaltaban si cabe aún más su belleza, Mayli veía inclinarse ante el rey y ella, en el salón de suelo cubierto por entero con alfombras de seda de intrincados dibujos y que habían costado miles de horas de trabajo, a toda una cohorte de pretendientes, unos rubios, otros morenos, todos vestidos lujosamente. Mayli tenía la cabeza echada hacía atrás, apoyada en el respaldo de su trono de oro, con sus ojos negros entornados y su pelo color azabache suelto recubierto por una diadema de esmeraldas ceñida en la frente y que le caía a ambos lados de la cara, lo que a la luz de las lámparas de aceite daba reflejos verdes a su piel morena.
Miraba a todos con indiferencia. A éste lo encontraba vulgar. Al otro, afeminado. Uno era demasiado viejo. Otro parecía un niño. Al siguiente no le encontraba en menor atractivo., impensable para convertirse en marido. Algunos le daban ganas de reír, pues los encontraba ridículos. Otros eran arrogantes y hermosos, pero parecían terriblemente crueles, como aves de presa… Mayli, cansada, no quiso que siguiera aquel desfile. Se retiró a sus habitaciones y no quiso ver a nadie por un tiempo.
Pasaron unos meses. Llegó la primavera. Mayli gustaba de pasear por los jardines de palacio y ver las flores nuevas y los brotes que crecían, vigorosos y verdes. El sol era tibio y olía a azahar y después de la lluvia el aire era tan límpido que todos los colores del jardín eran más vivos y las lejanas y altas montañas parecían estar más cerca, con sus altas cumbres cubiertas de nieve blanca y brillante.
Mayli paseaba escuchando aquí el canto de un pájaro, allí deteniéndose unos minutos ante el rumor del agua de una fuente, viendo cómo el chorro salía con fuerza de la boca de un sapo de piedra y caía en la taza de azulejos verdes, blancos y azules.
Siguió su camino por la estrecha senda de guijarros, y entonces oyó un ruido sordo y acompasado. Ante ella, a menos de un tiro de piedra, un jardinero estaba cavando un arriate. No advirtió su presencia hasta que ella estuvo ante él. Entonces levantó la cabeza , dejó la azada clavada en la tierra y se secó el sudor con el brazo. Era joven y fuerte, y el sudor del esfuerzo corría por sus miembros. Sonrió a Mayli con dientes blancos e iguales y le dijo:
-Voy a plantar rosales.
Mayli no supo que contestar. Nunca había visto a aquel hombre antes y nunca los criados le hablaban sin que antes ella les dirigiera la palabra para ordenarles o preguntarles algo.
Se miraron unos instantes, al cabo de los cuales el muchacho, indiferente, retomó su azada, se volvió a inclinar hacia la tierra, y, separando las piernas, volvió a su trabajo de cavar preparando la plantación.
Mayli dio media vuelta y regresó a sus habitaciones.
Aquella noche hablo con el rey.
-Quiero por marido al jardinero que cava plantando rosales cerca de la fuente del sapo.
Su padre creyó no haber entendido. Quiso saber más detalles, quién era ese hombre, cómo podía haberse fijado en un sirviente, en un hombre de baja condición. Que no olvidase su rango.
-Sólo sé que es un hombre que cava la tierra en el jardín plantando rosales. No sé su nombre ni cuánto tiempo hace que está aquí. Pero sí sé que es con él con quien quiero casarme.
Nadie pudo hacerla cambiar de opinión.Se mandó a buscar al hombre. El rey, algo exasperado, le explicó los deseos de su hija. El jardinero sonrió sin decir nada y Mayli le miraba desde su trono de oro, con su cabeza de pelo negro apoyada en el dorado respaldo, con los ojos entornados.
Se celebraron las bodas con gran fasto. Se vistió al jardinero con ropas de príncipe, y parecía que no hubiera llevado otra clase de vestidos en toda su vida. Eran los dos muy hermosos.
Fueron felices una primavera, un otoño, un invierno y otra primavera. Pero pasado el primer fuego de la pasión, Mayli comparaba a su flamante marido con sus hermanos, con los otros príncipes, y con los reyes entre los cuales se había criado, y le molestaban sus maneras de campesino y su falta de refinamiento. Era incapaz de captar el encanto de la poesía, de apreciar el maravilloso trabajo en seda de una alfombra, de distinguir un diamante de un trozo de vidrio y lo mismo le daba comer el más exquisito y elaborado de los manjares que pan con queso y dátiles.
Sin embargo aún le amaba, y por la noche contaban las estrellas y veían levantarse la luna y empezar a correr por el firmamento, y despertaban el uno en brazos del otro.
Un día, en el banquete que presidía el rey, el marido de La Hermosa Mayli bebió de más, habló de más y todo el mundo se rió de aquel hombre, burlándose de su rudeza. Entonces Mayli se avergonzó y comprendió que se había casado con un estúpido. No eran solo sus modales toscos lo que le molestaba de él, sino que era un hombre simple y vulgar, que tan siquiera se había alegrado del cambio de su fortuna como hubiera hecho cualquier esclavo, que hubiese saltado de júbilo ante la idea de ser su marido y el suegro del rey.
La Hermosa Mayli mandó llamar al capitán de la guardia y le ordenó que apresara a su marido y le cortara la cabeza sin más dilación.
La orden se cumplió con rapidez.La guardia sabía hacer este tipo de trabajos rápida y eficientemente, y la cabeza cortada del príncipe-jardinero le fue presentada a la hija del rey en un plato de oro, hondo y pesado, lleno a medias con la sangre del decapitado.
Entonces Mayli hizo traer un cofre de plata incrustado con lapislázuli y topacios amarillos. Metió dentro la cabeza de aquel hombre a quien tanto había amado, lo cerró con llave, lo llevó a su habitación y lloró.
Lloró durante siete días y siete noches sobre el cofre de plata cerrado, incrustado de topacios y lapislázuli, mirando a las estrellas que tantas veces habían visto juntos desde la alcoba.
Otras muchas veces volvió a pasear entre los arriates llenos de flores escuchando el canto de los pájaros y el murmullo de la fuente del sapo, pero por las noches, los que en la oscuridad pasaban cerca del palacio del rey, y los caravaneros que al despuntar el día cruzaban la ciudad camino de la puerta este.de la muralla hacia el ardiente desierto, oían sollozos desgarradores, y se decían
-Es La Hermosa Mayli, que llora sobre la cabeza cortada de su amor perdido.
CUANDO LOS BARCOS OLIAN A BREA
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A mi padre le gustaba mucho el mar –casi tanto como volar- , pero a los mlitares de Aviación, llegados a una determinada edad, ya se les asignaban solo servicios en tierra. Pero para navegar no hay tiempo,y siempre salía en algún barquito. Tenía un Snipe, con el que hacía regatas, y un amigo, mucho mayor que él, que tenía un yate de 17 metros que se llamaba “Manette”. Este señor se llamaba Henri Kuylen, era belga y muy rico. Vivía en Orán (Argelia) y tenía otra casa en Argel. Vivía como un pachá, con sirvientes a montones. Pero cuando la revolución tuvo que huir “con lo puesto”, que era el barco y unos cuantos kilos de lingotes de oro. Se estableció en Mallorca y se metio en negocios, como una fábrica de cemento, que parece le iban muy bien. No tenía hijos, pero sí esposa, una francesa que odiaba el mar. Ella era delgadita y refinada, y él grueso, con un sombrero de paja calado hasta las cejas, un puro en la boca y apenas hablaba español. Había que entenderse con él en inglés, y encima estaba un poco sordo. Pero me caía bien. Y parece que nosotros también a él. Además, como mi familia y mis amigas compartíamos su entusiasmo marinero, supongo que el hombre lo agradecía.
Cuando salíamos a navegar, si hacía buen tiempo, -y los veranos en Mallorca soy muy largos-lo pasábamos pipa. Ibamos a unas islitas que hay en la costa,llamadas Las Malgrats, donde había un agua tan límpida que se veía el fondo. Como nadábamos muy bien nos tirábamos allí y era pura gloria. ¡Madre mía, y qué gozada!. Nadábamos como locas y cuanto nos cansábamos subíamos al barco. Recuerdo que entonces no úsábamos la escalerilla, subíamos a pulso…juventud, divino tesoro… Entonces Míster Kuylen sacaba las viandas que le habia preparado su mujer. Siempre pensé que siendo francesa podía haberse esmerado un poco más, pero igual estaba algo cabreada con tanta salida marinera, porque siempre no ponía lo mismo: Una especie de cake bastante regular y un horrible café como lo toman los anglosajones, tan diluído que parecía agua de cocer castañas. Pero nos lo comíamos todo, ya que estábamos hambrient@s. Mi padre solía traer una sandía, y nos lo comíamos todo, menos mi madre, que no comía nada. También venía en el barco un marinero ya algo viejo, al que Mr. Kuylen le pagaba para esto, y que era ibicenco y se llamaba Vicente, nombre corrientísimo en Ibiza y en todo el Levante español, pues este santo tan desagradable (es que no trago a San Vicente Ferrer)es el patrón por allí. Mi padre también se llama así a causa de una abuela valenciana. A veces venía además otro marinero, también ibicenco y que también se llamaba igual,con lo cual íbamos en un barco lleno de Vicentes.
Quien no ha navegado en un velero no sabe el placer que es: El viento dándote en la cara,las salpicaduras del mar y el vaivén de las olas. Orgásmico, vaya. Yo allí perdía la noción del tiempo y hasta la corporeidad. Es algo casi místico.
A veces con una de las amigas con las que íbamos nos instalábamos en la proa, donde más fuerte daba el viento, y no decíamos nada, o casi. Cuando el Manette arribaba al puerto recogíamos la vela mayor, la enrrollábamos y Vicente la guardaba en una bolsa. Entonces mi padre o el mister ponían el motor hasta el lugar del atraque.
A veces esta amiga y yo comentábamos que aquellas salidas habían sido lo mejor de nuestra vida. Eramos jóvenes y guapas, con toda la vida por delante, que decía tristemente mi madre.
Pero luego vinieron otras muchas cosas, unas muy malas y otras estupendas, y me olvidé un poco de esos años juveniles.
Pero una vez, ya casada, Paco y yo paseábamos por el Paseo Marítimo de Palma, mirando los barcos atracados. Siempre me han gustado los barcos, soy de esta clase de personas a quienes encantaría vivir en uno de ellos (pero que fuera bastante grande y cómodo, eso sí). Yo los miraba, atados en sus norays, movidos ligeramente por el viento del sudoeste, el xaloc, que hacía que el agua sonase en sus costados “cha-chap, cha-chap”. Los barcos ahora son todos de fibra de vidrio,y no huelen a nada. Pero el Manette era de madera. Y entonces pasamos delante de uno que estaba allí amarrado, también de madera. Y olía a brea. ¡Madre mía!. Me entró como un estremecimiento y de golpe todos los recuerdos de aquellos días, el sol, el sabor del mar, su olor, el de la brea, todo mezclado, hizo que me entrase un sentimiento de nostalgia tan fuerte como nunca había sentido. Aquella era nostalgia de la buena, la “saudade” de los gallegos.
Con lágrimas en los ojos nos marchamos de allí, y Paco que no entendía como me había puesto así por un olor. Y es que no hay nada más evocador que un olor. Mil veces más que una foto, un recuerdo o lo que sea.
Y esta mañana he salido a la terraza. Ya hace mucho calor en la isla. He mirado al cielo sin una nube, de un color azul pálido cegador.El mismo que cuando salíamos en el barco. Y entonces me han entrado unas ganas tremendas de ponerme a escribir esto.
Cuando Mr. Kuylen ya estaba muy viejo, vendió el barco a unos paisanos suyos jóvenes, que a las primeras de cambio lo estrellaron contra unos arrecifes. El Manette tuve una muerte digna. Mejor eso que el desguace…
Yo le pedí a mi padre un rollito de piola, que es un cabo embreado que en los barcos antiguos se empleaba para muchas cosas. Como un bramante de color granate, muy fuerte y que olía a brea. De vez en cuando, lo cogía y lo olía. Ahora, con tantos traslados, la piola ha desaparecido. Mejor así, no es cosa de ponerse a llorar sobre la felicidad y la juventud perdidas.
Ay Señor.

María Dolores de Burgos.


jueves, 30 de agosto de 2012

Viaje al Perú




Hoy voy a relatar mi viaje al Perú. Juro por el caballo de Atila que todo lo que voy a contar es verdad. Lo digo porque fue un viaje un poco surrealista, como la mayoría de las cosas que me suceden . Y o ya hacía varios años que tenía in mente ir allí porque es un país que siempre me ha parecido fascinante, y además está más en estado salvaje que Méjico, Brasil u otros que tampoco me desagradaría conocer. Pues cuando tuve ahorrado todo el dinero, y mi padre me hubiese ayudado un poco, me fuí a la agencia de viajes para hacer la reserva. Yo por entonces estaba un poco pachucha, no me encontraba muy bien. Me cansaba mucho y tenía mareos. Estaba muy débil. Yo misma me daba cuenta de que ese viaje había que posponerlo, pero yo quería ir entonces, que era en otoño,que es cuando allí es primavera. Me fuí a la Agencia de viajes Barceló y me dijeron pocos días antes de la partida que no había nadie más que yo apuntado, pero que podría ir, porque tomaría un vuelo hasta Madrid, de allí a Lima, y en Lima me estaría esperando un representante de la agencia peruana que trabajaba con viajes Barceló.Yo acepté, sin decir nada a mi padre ni a Paco, porque si no no me dejaban ir. Ellos pensaban que iba con un grupo grande desde Madrid.Pero de eso nada. Iba más sola que la una.
Bueno, pues hago mi maleta con ilusión, como siempre, (yo ya tengo una lista que me sirve para todas las ocasiones, y así no se me olvida nada), y me voy p´allá. Tuve suerte, porque los aviones salieron a su hora y no tuve que esperar casi nada. El vuelo fué muy largo pero pude dormir en el jumbo, porque había plazas libres y me pude tumbar en dos asientos,O sea que llegué bastante gallerete. Allí, en Lima, estaba como un clavo el representante de la agencia, un chico muy amable, quien recogió mi equipaje y me llevó a un hotel de Lima. Al día siguiente salía en otro avión hacia Cuzco, porque Lima es una ciudad muy grande y fea y no hay nada que ver. Además los indios, que son la mayoría de la población, no la consideran la capital, sino que su capital del alma es El Cusco, así, la de toda la vida hasta que llegaron los españoles a sangre y fuego, derribaron parte de sus templos y construyeron la catedral.
La gente allí era encantadora, y a mí me alojaron en un hotel llamado Los Andes (muy propio), en pleno centro de Cuzco. Hay que decir que la agencia era muy eficiente y tenía representantes en todas partes que me preparaban las excursiones.
El hotelito de Cuzco era una monada, de estilo colonial, con un patio estilo español, todo de madera., decorado con fotos de indios notables. Había uno que decía la foto que medía más de dos metros, y había sido un jefe de tribu, porque era costumbre que el jefe fuese el más alto, aunque fuera un zoquete. Pero aquel no tenía cara de tonto, al contrario, era muy guapo y tenía una expresión noble. También había la foto de una mujer muy guapa, casi una niña, con un crío en brazos. La comida era excelente -BUENISIMA.No esperaba yo encontrar en un sitio así una comida digna de un restaurante de tres tenedores. Pues la primera noche dormí allí, y al día siguiente vinieron a buscarme por la mañana con un autobus lleno de chicos y chicas de otros países sudamericanos, era todo un muestrario.Había mejicanos, argentinos, chilenos, etc. Me metieron alli por el idioma, porque en otros autobuses iban alemanes e ingleses. Resultaron una compañía divertidísima, y ellos estaban encantados de tener allí a una española. No encontré en todo el tiempo ni un solo español.Bueno, ni falta que me hacía, pues la gente es muy cariñosa y nunca se sentía uno solo.
Visitamos primero la ciudad de Cusco, como dicen ellos, nos enseñaron la catedral, que es preciosa, y está en la Plaza de Armas, el centro de la ciudad. Tiene un coro de caoba labrada que es de los más bonitos que he visto.
Pero no apreciaban la iglesia, que para ellos era una invasora, pues se había construído derruyendo parte de su templo del Sol. Visitamos los restos del templo inca, con sus piedras colocadas de una manera incomprensible, pues entre ellas no se puede meter ni una hoja de afeitar, de tan bien ensambladas como están. Nadie sabe cómo lo hicieron. También vimos unos agujeros entre las piedras por donde pasa exactamente el primer rayo de sol que marca el comienzo de la primavera y de las fiestas del Inti Raimi. Nos enseñaron la piedra de los sacrificios, donde ese día sacrificaban a una llama negra. Desde luego, eran unos bestias. A mí con lo animalera que soy me dió muchísima pena. Pero era la tradición, y ahora lo vuelven a hacer. Pues el caso era que había que ,.con el cuchillo de los sacrificios, de obsidiana con el mango de oro labrado, sacarle el corazón todavía palpitante al animal. Si salía palpitante, iba a ser un buen año. Mal comparado, como lo de la sangre de San Genaro. La gente es igual es todas partes, está visto, unos más brutos que otros. Pero si el corazón no había palpitado, había que repetir la operación. Si tampoco funcionaba, entonces se echaba mano de una virgen, y se repetía el proceso. Así podían cargarse a varias chicas. Si tampoco la cosa funcionaba, entonces empezaban con niñas. Qué curioso que siempre fueran hembras. Machistas.
Paseando por alli estuve charlando con una india que iba vestida de india, como todos los indios, que van como en el tiempo de la conquista. Solo en Lima hay gente vestida a la europea. En Cuzco y en los pueblos todos van con sus vestidos de colorines que tanto me gustan. (Compré dos mantas preciosas)Pues la india con la que estuve platicando iba acompañada de su llama, porque allí cada india tiene por lo menos una llama, y las tienen como si las lavasen y cepillasen a diario, de blancas y bonitas que las llevan. Yo le pregunté:
-¿Como se llama su llama?
,-Juan- me contestó, muy orgullosa.
Yo acaricié el cuello de Juan, y le pregunté:
-¿Juan escupe?
-¡Mi Juan no escupe!. , me respondió algo ofendida.
Yo le pedí permiso para que nos hiciéramos una foto, que conservo como un tesoro, de nosotros tres.
Luego fuimos a ver la explanada de las estatuas de oro, un prado muy extenso que cuando llegaron los españoles se quedaron bizcos, pues estaba lleno de estatuas de animales de tamaño natural y de oro macizo, que se apresuraron a fundir, después de haber pasado a cuchillo a todos los indios. Lo que no pudieron encontrar, y el Adelantado tenía gran interés, era el disco de oro solar. Pero éste, que era enorme y todo labrado y debía pesar un horror, como vieron la codicia de los españoles, se lo llevaron a la selva y allí lo guardaron, y nunca más apareció.
Luego estuvimos en los ruinas del templo de Sacsayuamán, donde había habido dos enormes recipientes para guardar el agua de lluvia, y estaban forrados con oro, (ya no)pues alli no le daban valor, por lo mucho que habia, Además, el oro no se corroe y era el material ideal. De ellos habla el cura Fray Bartolomé de las Casas, un fraile que escribió la Historia de la Conquista de Nueva España, denunciando todas las atrocidades cometidas con los indios
Estuvimos por las montañas, de templo en templo., y aquello es maravilloso, yo nunca había visto unas montañas como aquellas, inmensas, con unos valles enormes, donde el rio Urubamba, que es grande y caudaloso, parece desde arriba una meadita. Era impresionante.No he visto un paisaje así en ninguna otra parte, por lo grandioso. Allí los caminos , los famosos caminos del indio, no son como los que conocemos, o sea una franja apisonada y sin hierba , sino sólo hileras de piedras en el monte. Los hay por todas partes, pero como aquello es tan grande apenas se distinguen.
Estuvimos en sitios con nombres tan bonitos como Pisac, Puca Pucará, y otros muchos. En un mercado lleno de color compré bastantes cosas. Me lo estaba pasando pipa.
Pero entonces ocurrió lo que no tenía que haber ocurrido. Yo no noté para nada el mal de altura, y ya llevaba varios días allí, .Por cierto, entablé amistad con unos chamanes que venían en el autobus y estuvimos hablando de hechicerías, y me dijeron que tenía madera,que si me dedicase podría sea una buena chamana. El que soy algo bruja siempre lo he sabido. Con esta gente estuvimos una vez en un cenador al airelibre comiendo en la misma mesa, y de pronto nos dimos cuenta de que todo el mundo a nuestro alrededor, los de las otras mesas, se habían callado y nos estaban escuchando fascinados. Me llamó la atención aquello. Para mí lo que decíamos era de lo más normal.
Bueno, pues después de estos días tan estupendos se j... la cosa. Una señora me vino (una señora de Lima, no una india)con un ramito de hojas de coca recién cortadas, verdes, hermosas y jugosas. Son muy bonitas las hojas de coca, así como perejil pero redondito. Me dijo que para no cansarme tomase de aquello y yo , ay, le hice caso. Yo es que no sabía como se usaba. Lo que han hecho toda la vida los indios y la gente de allí es tomar un poco, mascarlo y escupirlo, y el jugo ya es un estimulante. Bueno, pues yo me zampé todo el manojo con rabos y todo, y vaya si me hizo efecto. Sentí una gran euforia, y saltaba de piedra en piedra como un cabritillo con riesgo de romperme la crisma por aquellos barrancos y templos, pero es que tenía energías para dar y vender..
Lo horrible vino de noche. Yo no tenía sueño, pero después de cernar me acosté. Al día siguiente había que madrugar para ir a lMacchu Picchu, que estaba allá al lado. Había que ver la salida del sol.A mi los ortos siempre me han traido al fresco, no me gusta madrugar, pero como el grupo iba, pues tenía que hacer lo mismo. Yo normalmente no tomo somníferos para dormir, excepto cuando viajo, porque extraño las camas. Pues me tomé un somnífero fuerte, y además mis pastillas antidepre y tranquis, que estas no puedo dejarlas nunca.
Bueno., Aquello fué terrible. El colocón que ya llevaba se juntó con el efecto de las pastillas y empecé a alucinar de una manera espantosa. Es una de las noches más horrorosas que recuerdo, viendo monstruos y horrores por todas partes. Yo ya me daba cuenta de lo que me pasaba, pero no podía hacer nada. Al día siguiente me encontraba hecha polvo y le dije al guía que no podía seguir, que me tenían que repatriar.Me encontraba realmente mal y no podía ni levantarme. Le dije al guía lo que había hecho y abrió unos ojos como platos. Dijo que en dos días vendrían a por mí en jeep para llevarme a Cuzco., y de allí a Lima, que intentarían adelantar el viaje pero que tendría que pagar un suplemento. Yo dije a todo que sí, porque estaba fatal. Cuando ya me encontré algo mejor llamé a Paco, quien se asustó muchísimo, y me llamó insensata, loca y que sé yo cuantas cosas más.Se llevó el susto del siglo. No le dijo nada a mi padre porque lleva marcapasos.Le conté la cosa y le dije que no se preocupase, que estaba mejor. Yo entonces estaba en Urubamba , que es un pueblecito prqueño al lado del río del mismo nombre, en un lodge de un hotel. Era la única huéspeda. Era como estar en un chaletito.Abrías la ventana y entraba dentro de la habitación todo el cuello de una llama. Eran muy simpáticas. En el jardín de ese sitio había muchas llamas y alpacas y eran todas muy amistosas. Yo los tres días que pasé en Urubamba en espera del jeep que me tenía que llevar a través de los montes hasta Cuzco y después coger allí el avion hasta Lima y luego a España , me los pasé flipando, con un buen humor que Paco no compartía. El estaba asustadísimo, y me decía que era una insensata, que estaba a miles de kilometros de casa y yo tan pancha, y yo le contestaba que en el poblado indio aquel me trataban muy bien, que me traía la comida un indio vestido de indio llamado César, que me regaló, dos libros, Los cachorros, de Mario Vargas Llosa, y otro cuyo nombre no recuerdo de una escritora de allí que narraba las barbaridades de los españoles. Me gustó mucho el espíritu reivindicativo del indio.Cesar era un encanto. De vez en cuando llamaba respetuosamente a la puerta de mi habitación y me decía:
-¿Está bien, madrecita?
-¡Muy bien, gracias.No te preocupes
-Pero es que está tan sola, madrecita...
-No estoy sola, estoy con vosotros que me cuidáis muy bien.
Pero no parecía convencido y me dijo si quería que viniesen de noche a estar conmigo las mujeres del poblado para que no durmiese sola. ¡Qué horror! Yo se lo agradecí en el alma, pero le dije que no era en absoluto necesario. Que no tenía nada de miedo. Se fué, no muy convencido.
Mientras, yo, contentísima, me lo pasaba pipa viendo los debates del congreso peruano en la tele del cuarto, y es que son la monda, se pegan ,se dicen de todo y es divertidísimo.
Después de este lapsus, ya me encontraba mejor, aunque seguía muy contenta. Es que me había tragado el manojo de hojas de coca de una sentada, como una vaca.
A esto, Paco llamándome a cada momento, a ver si estava viva o muerta, y me estorbaba, pues hacía largas siestas estupendas y me despertaba. Yo le decía que estaba muy bien y muy bien cuidada y que todo estaba arreglado, pero él tenía una angustia que a mí me daba mucha risa.
Por fin, tuve que volver a casa antes de los previsto, pero habiendo pasado por una experiencia alucinante. Nunca mejor dicho.
Me gustó mucho el Perú.
Viaje al Nepal

El viaje al Nepal fué uno de los más maravillosos que he hecho. Como sucedía en la India, era como estar dentro de un cuento. El Nepal era un gran desconocido hasta muy avanzado el siglo XX. Porque era dificilísimo llegar a él, al estar rodeado de montañas, los Himalayas. O mejor dicho, sus estribaciones que le separaban de la India..El Nepal no existía como país, sino que era una región de ciudades-estados independientes, regidas cada una de ellas por rajás. La palabra marajá viene del sánscrito maha-rasha, que quiere decir Gran Rey. Maha-rani Gran Reina. Nosotros estuvimos en bastantes de estas ciudades-estado. La principal es Pasupatinath, Esta ciudad es como salida del pasado. Solo por las bicicletas se nota que estamos en el siglo XX.Está toda llena de palacios, templos y stupas. También hay casas para la gente, encaladas, y e s importante esta ciudad porque por ella pasa un río sagrado, cuyo nombre no consigo recordar, y que es afluente del Ganges. Al serlo también es sagrado. En las orillas del río hay muchas piras donde queman los cadáveres. Luego las cenizas van al río. Uno no se puede convertir a la religión hindú. Es la única religión que yo sepa a la que no es posible convertirse, pues hay que haber nacido hindú para ser hinduísta, pues naces en una casta y de ella es imposible salir.o entrar. Casarse fuera de su casta está mal visto. Pero Indira Gandhi estaba casada con un intocable. Hay cuatro castas principales: Los brahmanes, la superior, que suelen ser sacerdotes y gente importante y tienen la piel casi tan blanca como los europeos. Los chatryias, o guerreros,,que suelen ejercer profesiones liberales, Los vaishas, que son los mercaderes y comerciantes y los sudras, que hacen los trabajos de limpieza y cosas así. Y luego están los parias, o intocables, que estos no tienen casta. Los descastados, vaya. Lo curioso de un funeral hindú es que la tea encendida con la que el hijo mayor o el pariente de más respeto del muerto enciende la pira la tiene que tomar de la mano de un intocable. El por qué no lo sé, pero así ha sido siempre. Los ricos queman sándalo, y entonces el olor a carne quemada se junta con la de la madera. Es fascinante. Pasupatinath es una ciudad preciosa. Tiene unos templos o stupas que tienen una forma redondeada con una cúpula de pan de oro. Alrededor se quema incienso, y está todo lleno de gurus y santones meditando.No te hacen ni caso y hay que saltar por encima de ellos para ir de un lado a otro. Allí no matan animales, pues creen que pueden ser la reencarnación de algún pariente, y está todo lleno de perros y monos., La gente les da las sobras de las comidas y están todos gordísimos. Gatos hay pocos. Les dan las sobras porque no se puede guardar restos de una comida para zampárselos después, como hacemos aquí, que los metemos en la nevera y nos lo comemos al día siguiente. Allí no se puede guardar nada. Es impuro. También hay tantos animales porque cuando los chinos invadieron el Tibet, se comieron a todos los perros y gatos, pues los chinos no tienen manías, y muchos animales se fueron a vivir al Nepal, donde están a cuerpo de rey. Yo recuerdo haber visto, y le hice una foto muy graciosa, a un viejo haciendo la siesta bajo el solecito con la cabeza apoyada en un perrazo dormido. Aquel perro no era suyo, los animales son de la sociedad.
Una cosa curiosa que ahora me viene a la memoria y que no tiene que ver con esto pero sí, es que los musulmanes son muy amantes de los gatos, pues a Mahoma le gustaban mucho, pero a los perros los consideran impuros. Un musulmán puede tener gatos en su casa, porque son animales limpios y puros, pero si quiere tener perros tiene que tener jardín y que estén fuera.
Hecha esta salvedad, seguimos paseando por las calles de Pasupatinath. Estas ciudades estado son muy parecidas, y hablo de Pasupatinath porque es la más importante por el río, pero todas tienen el palacio del rajá, y el baño del rajá, que suele ser de mármol rosa o blanco y está fuera. Tienen estos baños unas escaleritas que bajan y abajo hay como una piscinita y allí se lavaban.
También hay, para los días calurosos del verano, y nosotros estuvimos allí en esa época, unas casas de reposo a las que se sube por unas escaleritas y que arriba hay como un mirador con bancos para tumbarse y tomar el fresco, pues el aire entra por todos lados. Están hechos estos lugares de pìedra y maderas labradas que son una preciosidad. Y la gente los conserva limpios y no son guarros como aquí que tiran las cosas por el suelo. Todo está muy limpio. Estuvimos un rato descansando allí y se estaba de maravilla.Corrría un airecillo estupendo. Encontramos a un chico de unos diez o doce años que hablaba perfectamente el español, y cuando le preguntamos dónde lo había aprendido, nos dijo que de los turistas españoles que iban allí. Yo me quedé estupefacta, pues lo hablaba de maravilla y sin ningún acento. Nos dijo que quería dedicarse a guía turístico. Ya lo era, y nos llevó por todos los rincones de la ciudad y luego le dimos una buena propina. Qué chico más cortés y espabilado. Y nunca había salido de aquel agujero.
En el Nepal hay una colonia muy graciosa, de tibetanos exiliados. Estuvimos con ellos y visitamos su templo. Nos trataron muy bien. En Oriente la gente es muy amable y nunca se impacientan ni se enfadan. No ves peleas ni se oyen gritos como en occidente.(esto cuando no hay guerra, claro).Pues estaban los tibetanos vestidos con su túnica color granate sentados en corro rezando y nos sonrieron al pasar nosotros. En el templo hay unos cilindros labrados de metal a los que se les da con la mano y giran, con un sonido melodioso, y esa es una manera de orar. También hay por todas partes unas banderitas de colores, las banderas de oraciones, de las que me traje una docena a casa. Lo pasamos estupendamente.
Sobre la vejez

Están muy bien todas estas reflexiones sobre la vejez, sobre todo en lo concerniente a la libertad. Es verdad que un@ se siente libre. Yo no había sentido esta sensación antes. Estoy contenta porque tengo la certeza de tener ya los deberes hechos, y, mientras pueda no sentir dolor y poder leer, me basta. Disfruto de todo y me parece estupendo pasar un dia en casa leyendo, cuidando las plantas de mi terraza , teniendo a Paco al lado bien de salud y jugando con mis gatas.
Hay un libro de Cicerón que se llama así, "Sobre la vejez". Lo recomiendo.
Recuerdo mi madre que me decía, cuando yo era joven: "Qué suerte, que tienes toda la vida por delante", A mí entonces no me lo parecía,una suerte. Y acertaba. Estoy contenta de haber tenido una vida entretenida y variada, pero prefiero como estoy ahora. Ya no tengo jefes insoportables ni subordinados enchufados e insufribles. No tengo que despertarme a hora fija, puedo dormir lo que me pide el cuerpo. Si tengo ganas de hacer la siesta después de comer la hago. Si llueve puedo quedarme en casa, porque no tengo ya obligaciones profesionales. Es verdad que jubilación viene de júbilo. No tengo que rendir cuentas a nadie, solo a mí misma.
Lo único que le pido a Dios es que todos tengamos salud y estemos contentos, que no es poco.
Lo único que me da un poco de rabia es pensar que tengo tantos libros pendientes de leer, que no voy a tener vida suficiente para hacerlo.Pero bueno, tampoco me hace sufrir esta idea. La soledad y la viudez me dan un poco de miedo, pero cada vez menos, porque me ha dado cuenta de que Dios vela por mí, o mi ángel custodio...no lo sé, el caso es que me siento protegida. Y no me abandonarán en todo lo que me quede de vida, y aún después...
Lo que más me gustaría es encontrarme en el otro mundo con todos los animales de mi vida, los que han sufrido, los que he visto morir y no he podido ayudarlos... Y también a mis amigos y parientes amables., claro.
Si quieres, puedes publicar esta carta. A lo mejor puede ayudar a alguien. Abrazos. Maria Dolores.
LA CARTA PÓSTUMA
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En abril hará 15 años que murió mi madre. Fue en 1997. Estaba muy mal de los bronquios y había pasado un invierno fatal, teniendo que dormir sentada en la cama y con varios almohadones en la espalda, porque se ahogaba. Pero todo lo aguantaba con tal de no acudir al médico, que le causaba pavor. Sabía que la ingresarian en una clínica, y le daba muchísimo miedo. Al final tuvieron que hacerlo, pero la doctora que la atendía, que se llamaba Moggi, era japonesa y especialista en enfermedades respiratorias, dijo que no la quería más como paciente, pues cuando le ponían las vías en el brazo se las arrancaba, y las pastillas que le daban las tiraba. O sea que volvió a su casa para morir. Ella sabía bien que le quedaba poco tiempo. Arregló todo lo que consideró conveniente. Unos libros incunables que tenía sobre el Monasterio de Poblet hizo que viniera a buscarlos un monje de ese monasterio, y regalo bastantes cosas que tenían que haber sido para mí, entre ellas un valioso chal bordado en plata que pesaba lo suyo porque había más plata que encaje,que me parece se lo dio como regalo de boda a una asquerosa vecinita que le hacía mucho la pelota. Fue un regalo de mi abuelo de Sevilla al casarse, y que había pertenecido a su padre, que había sido gobernador de Filipinas. También desaparecieron varios abanicos antiguos muy valiosos y bastantes joyas. Lo único que pude salvar fue el mejor de los abanicos, que es de marfil y tallado como si fuera de encaje, una maravilla, y eso porque se lo choricé a mi madre antes de que fuera tarde.
Mi madre, tres meses antes de morir, ya sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Me dijo que no fuese a verles, a mi padre y a ella, que ya hablariamos por teléfono. Estaba muy enferma y no paraba de toser y ahogarse. Yo me puse muy contenta de no tener que ir a su casa, pues no me gustaba nada, y solo tenía ganas de volver a la mía. Pero un día me llamó de forma particular el que era el médico de la familia, Dr. Estrany, y me dijo que ella estaba ingresada en la Clínica Miramar, y que fuera a verla, que estaba muy mal. Yo le pregunté si se estaba muriendo, y me contestó que pues más bien sí, y entonces yo cogí un taxi y me fui a verla. Estaba en una de las habitaciones de urgencias, que son solo un cubículo temporal. Pero murió allí. Yo oia la voz de la Dra. Moggi en el pasillo, pero sabiendo cómo mi madre la odiaba y la temía, no quise llamarla. Creo que hice bien. Mi madre se fue colapsando y yo me dí cuenta de que estaba en la agonía. Me senté en su cama y la cogí la mano y se la apreté. Era la primera vez que lo hacía, pero pensé que la ocasión lo requería, y que no se enfadaría, dadas las circunstancias. No se enfadó, y después de un rato alargó el otro brazo hacia mi padre, quien no se estaba dando cuenta de nada, y, poco acostumbrado a esas efusiones emotivas por parte de mi madre, se extrañó muchísimo y le preguntó que qué le pasaba. Yo no le dije nada. No sé si hice bien. Ella me dijo que cuidara del perro de ellos.”-Cuida de Bito”- me pidió, y yo le contesté que no se preocupase. Claro que lo hicimos, mi padre y yo.
Después de esta despedida, yo me quedé hasta su muerte. Ella me dijo que me fuera, pero no le hice caso. Ella en un momento dado cerró los ojos y comprendí que era el fin. Al cabo de un ratito tuve esa especie de ronquido que es el estertor de la muerte, y mi padre, que estaba en Babia, me comentó riendo:”-¡Y ahora duerme, y hasta ronca!”.
Joder, qué fuerte. Yo le dije adiós y me fui corriendo a escape a mi casa. No sé por qué tuve esta reacción tan rara, pues lo lógico hubiera sido decirle a mi padre que había muerto y quedarme allí con él. Pero no lo hice.
Luego me dijo que al cabo de un rato de irme había entrado la doctora y se habían asustado cuando habían visto el panorama, que habían hecho que él se fuera al pasillo y que habían tratado de reanimarla con un desfibrilador, pero fue imposible. Había pasado demasiado tiempo ya. Yo pensé que era lo mejor para todos.
Mi madre, un año antes, o más, me había dicho que en un cajón de la mesa del despacho había una carta póstuma para mí, y que solo tenía que leerla cuando hubiera muerto. Yo le dije que probablemente estaba llena de insidias y reproches y que me haría sentir fatal el resto de mis días, y me dijo que no, que qué va.
Cuando en casa de mi padre, éste, Paco y yo estuvimos viendo los papelotes de mi madre, apareció la dichosa carta. Mi padre la leyó, puso cara de rabia y la rompió en mil pedazos, meneando la cabeza. Se lo agradecí una barbaridad. Malditas las ganas que tenía yo de leer la cartita de marras.
Hubo dos cosas raras después de morir mi madre. La más extraña fue lo que mi padre me dijo cuando ella estaba aún en la morgue antes de enterrarla.
-Tu madre no era una buena persona.- me dijo.
Yo me quedé extrañadísima de esta confesión, que la hizo sin rabia, como si tal cosa. Bueno, eso yo ya lo sabía, pero me chocó que me lo dijera entonces..
Pasado algún tiempo, me encontré con una señora amiga de ella, y estuvimos hablando de sus últimos momentos. Yo le dije que sus últimas palabras habían sido: “Cuida de Bito”. La buena señora se creyó que era así como mi madre llamaba a mi padre, y me dijo:
-“¡Oh, qué conmovedor, que en sus últimos momentos te encargara que cuidases de tu padre.!”
-“Pero si Bito era el perro…”- contesté yo.
La señora puso una cara indescriptible y se fue sin decirme ni pío.
Cuando pude considerar que era real que mi madre había muerto, tuve una sensación muy extraña, que nunca pensé que pudiera ser. Me entró una alegría enorme, y una sensación de libertad, como si acabara de salir de presidio. No me había dado cuenta que durante toda mi vida había estado bajo su férula, y ahora ya no lo estaba. Que era libre, vaya. Entonces comprendí qué era la libertad.
Y eso es lo que pasó.
Mª Dolores de Burgos.Aisha

Los fantasmas de mi familia


Esto que voy a escribir me parece que ya lo puse,pero como siempre recuerdo algo nuevo, lo pongo otra vez. Y es que mi familia ha estado siempre bastante servida de fantasmas varios, tanto de parte de madre como de padre. Estamos acostumbrados y los toleramos. En las fotos de fantasmas que he sacado de Internet -yo tenía unas mías propias, pero se me perdieron, ni que se las hubieran llevado los fantasmas- se ve que el supuesto ser es como una fuente de energía, una luminosidad. Pues cuando mi madre murió vinieron desde Sevilla mi tía Paca y mi prima Pilar para dar el pésame a mi padre. Este, poco estusiasta de este tipo de efusiones, cuando las vió las mandó a tomar viento, y entonces Paco y yo las llevamos a dar unas vueltecitas turísticas por Mallorca, y a visitar Palma. Yo, siguiendo mi inveterada costumbre, hice montones de fotos, y cuando las hice revelar (entonces todavía había que llevarlas a eso)me quedé defraudada y fastidiada al ver que en todas ellas había una mancha luminosa alargada. Al principio pensé que habría entrado luz en el carrete, pero no, porque había otras fotos hechas antes de la salida con mis parientas que estaban perfectamente. Saqué la conclusión que era mi madre, que, despistada como muchos muertos recientes, no se había dado cuenta de que ya no pertenecía al mundo de los vivos, y se había apuntado a las excursiones. Yo recuerdo que se las enseñé al dueño de la tienda de fotografía y se puso muy nervioso, histérico, diría yo. Me marché corriendo con las fotos aterradoras, que a mí no me aterraban nada, puesto que este tipo de manifestaciones me encanta. Cuando estuve en el Perú les conté muchas cosas a unos chamanes muy simpáticos y me tomaron totalmente en serio, y me convidaron a quedarme allí para convertirme en una buena chamana, pero yo tenía que volver a casa. Penita que me dió...
Pues ya conté en otra ocasión que de pequeña pasaba mucho miedo porque veía una lucecita en la completa oscuridad del dormitorio, y gracias a que dormía en la cama de mi abuela, que era grande y me apretaba contra su espalda, podía dormir sin morirme de miedo. Cuando fuí mocita seguí durmiendo en la misma habitación, pero la condenada lucecita ya se había ido. Yo dormía entonces en lo que antes se llamaba una cama camera, es decir, que era mayor que una individual pero no tan grande como la de mi abuela, que era de matrimonio. Yo ya entonces estaba muy avezada a las cosas raras que pasaban en mi entorno y les había perdido el miedo a los fantasmas y a las manifestaciones paranormales. Menos mal, porque cuando dormía ahí, y estaba todo oscuro, notaba como si rascasen con las uñas por detrás de la cabecera de madera de la cama. De día miré si había algo, pero no. Tampoco teníamos ratas ni nada que pudiera producir los ruiditos. Pero a mí no me importó. Me dije que ya podían rascar, golpear o bailar claqué en el tabique, que, mientras me dejasen dormir, yo les dejaba hacer lo que les viniera en gana.
Cosas como éstas, tengo como para escribir un libro.
Tengo un primo en Sevilla,de mi misma edad, que cuando trabajaba en la TV de Andalucía a veces tenía que ir a una casita de madera que estaba en la playa de Mazagón y pasar la noche alli para controlar no sé qué que había de la señal de TV. A éste le pasaba que, cuando se hacía de noche, llamaban a la puerta de la caseta:
-¡¡PAM,PAM!!
Abría y no había nadie. Daba la vuelta a la caseta, y tampoco. Aquello entonces era un desierto, no había nada construído ni tampoco árboles o matas donde se pudiera ocultar alguien.Y salía tan deprisa que aunque hubiera sido posible, lo habría visto. Dejó de hacer caso. Su mujer no se lo acababa de creer, y una noche se la llevó. Cuando empezaron los golpes salieron los dos, y no había nadie. Entonces ya le creyó.
A mí esto de los golpes me hubiera hecho hasta gracia, pero lo que me hubiera asustado de verdad es lo que le pasaba cuando se acostaba. ¡Madre mía!. Cuando estaba echado en la cama y con la luz apagada, notaba que la cama se inclinaba de una esquina, como cuando se sienta alguien. Encendía la luz pero claro, ná de ná. Pero mi primo, que es más valiente que el Guerra, se dormía sin hacer más caso. Y es que los fantasmas asustan, pero no suelen hacer nada malo. Lo mejor es no hacerles caso.
El otro día estaba oyendo la COPE, que es una emisora de radio de la Conferencia Episcopal, y más facha que nadie, pero cuando no hablan de política a veces resulta divertida. Hablaba un párroco, y contaba que cuando era joven y empezaba en la parroquia una vez una feligresa le llamó, que por favor viniera.La conversación fué más o menos así:
-Padre, por favor, necesito que venga a mi casa, estoy asustada.
-¿Qué te pasa, hija mía?-dijo el buen curita.
-Pues que tengo un poltergeist.
-¡¡¡¿¿¿COOOOMOOOO???!!!!-¿pero tú sabes qué es eso???
-Claro, padre.
-Y y y..¿qué quieres que yo le haga?- dijo el pater, más asustado que su feligresa.
-Pues que me lo quite.
Entonces al cura llamó a otro, amigo suyo, y también jovencillo.
-Oye, tendrías que venir conmigo.
Y le explicó la situación. El otro cedió a regañadientes. Cuando fueron a casa de la señora llamaron por el interfono.
-Señora- dijo el párroco, tembloroso. -Que somos los cazafantasmas...
-¡Ah, sí, !. Ahora abro...
Les abrió, y contaba el pobre hombre por la radio que entraron en la casa aterrados, y como iban provistos de agua bendita que llevaban en botellas, empezaron a regar toda la casa, al tiempo que invocaban a Satanás ordenándole que se marchase. Satanás o el espíritu del marido. Porque por lo visto lo que ocurría era que la viuda tenía un gran retrato del finado, que cada día se caía con estrépito al suelo, y empezaban a bambolearse todos los chismes de la estancia.
Cuando estaban en pleno exorcismo, oyeron unas carcajadas diabólicas, y los dos curas casi se mean del susto.
-¿¡¡Qué es esto???¿¿Que pasa???
Pensaron que allí había una legión de diablos armando gresca, como en El Exorcista y otras afines.
-Nada, dijo la mujer, menos asustada que ellos. -Esos son los vecinos de arriba, que cuando se reúne toda la familia a cemar hacen un ruido terrible, y a veces hasta se emborrachan.
Los curas terminaron su exorcismo y se fueron, nunca mejor dicho, como alma que lleva el diablo, camino de su tranquila parroquia. Nunca supieron si su chapucero exorscismo había dado resultado o no, pero seguramente sí, ya que la señora no volvió a quejarse de presencias fantasmales.
Yo tengo un duende, trasno (como dicen los gallegos)o fantasmita de plantilla en casa, y cuando nos hemos mudado de domicilio,el se viene conmigo siempre, pero ya nos conocemos de antiguo. El fue el que hizo desaparecer las colchas de mi suegra (ya lo puse en otro post, pero lo repetiré para los despistados) y mil cosas más. Tal ver fuera la lucecita de mi niñez, o el rascador de cabeceras de cama. Qui lo sá.
Mi madre, poco antes de morir, me dijo que me tenía que contar una cosa que había visto por la noche en la habitación de la clínica donde la cascó, pero se murio antes. Qué lástima. Me dijo "que era una de esas cosas que tanto me gustaban". Igual vió a la Santa Compaña. En mi familia, cuando nos morimos, a veces la vemos. Y es que yo tengo sangre gallega e irlandesa, dos pueblos celtas, y ya se sabe que los celtas son muy dados a ver fantasmas.
Que razón tienen los gallegos cuando dicen aquello de: "Yo no creo en las meigas, pero haberlas haylas..."
Vaya si las hay. Y repito, me han pasado tantas cosas de este tipo, que podría llenar un libro de regulares proporciones. Y sin mentir en una palabra...
Ahí queda eso. Yo, repito, nunca miento, ni al hablar ni al escribir. En este blog, por lo tanto, no he mentido nada. Que cada cual saque sus conclusiones.
Otro día os contaré cuando me dió por comunicarme con los difuntos mediante la escritura automática, y como me fué. Mal, claro. No se lo recomiendo a nadie. No hagáis espiritismo, ni nada parecido. Es peligroso. Hablo en serio.
Basta por hoy.

LA BORDADORA DE CUENTOS


Había una mujer que se ganaba la vida bordando vestidos. Cosía junto a la ventana, y desde allí veía el campo y los árboles. Cuando los chopos y los álamos amarilleaban sabía que se acercaba el otoño y el frío, y cuando los días eran más largos y podía coser hasta más tarde conocía que se acercaba el buen tiempo.
De vez en cuando iba a su casa un hombre que le compraba lo que había hecho, dándole muy poco dinero, y luego él lo vendía en la ciudad mucho más caro.
Le gustaba coser, daba cada puntada con alegría, y le llenaba de satisfacción el ver como iban apareciendo los preciosos bordados de colores. Se sentía orgullosa de su trabajo.
Pasó el tiempo y la mujer continuó bordando. Hasta que una tarde le sucedió algo que le extrañó muchísimo. No se lo podía explicar y se asustó. Nunca le había ocurrido antes. Estaba a medio bordar un precioso vestido negro y los hilos de colores formaban bellas flores . Miró el bordado como si no lo hubiese hecho ella, presa de una extraña sensación. ¿Le habría sentado mal la comida?. Sentía algo parecido a una náusea. ¿Cuándo había empezado a notarlo?. Hizo marcha atrás en su cerebro y se representó mentalmente sus últimos gestos. Fue al bordar la flor azul, sí, ahora estaba segura. Cuando daba las últimas puntadas notó aquello. Tuvo que parar de bordar y aquella tarde la pasó llorando .Daba vueltas y más vueltas a sus pensamientos tratando de averiguar que podía ser aquello que le impedía trabajar, pero cuando más se torturaba más angustiada se sentía.
-¡Dios mío! ¿Me habrá echado alguien mal de ojo?. Porque enferma no estoy, eso es seguro. Pero ¿por que no puedo ya bordar?
Cogió de nuevo la labor y empezó una rosa roja. La hizo tan bien como siempre, pero cada puntada se le clavaba en el corazón. Sin embargo prosiguió, dispuesta a desafiar a meigallos y brujerías. Se sentía mal, había perdido la alegría por su trabajo , pero por lo menos ahora no estaba como paralizada. Recordó mientras que aquella vaga sensación la había sentido ya dos o tres veces las últimas semanas, pero que no le dió importancia ni paró mientes en ello.
Aquel día trabajó, pero menos que de costumbre. Miró por la ventana, vio el campo y los árboles y sintió el impulso de salir fuera, como si algo la llamase desde el arroyo cercano o como si allí estuviera la respuesta que buscaba.
Llegó junto al agua. Se quitó los zapatos y metió los pies. Estaba helada. Anduvo unos pasos, tratando de no tropezar con los redondos guijarros y caerse. Cuando levantó la vista vió cerca de allí a un muchacho que escribía afanosamente en una libreta. Se acercó.
-¿Qué haces?
El chico levantó la cabeza sorprendido. Tan abstraído estaba con lo que hacía que no había advertido su presencia. .
-Escribo un cuento- contestó.
-¿Un cuento triste o alegre?
-Un cuento alegre.
-¿Siempre los escribes así?
-¡No, qué va!- dijo el chico riendo. -Es según los días. Hay días para cuentos tristes, y otros para los alegres. Hoy es de éstos. Pero siempre disfruto cuando escribo, sea una cosa o la otra. Entonces me voy a otro mundo, que es solo mío, en donde soy libre de crear y del que soy amo y señor.
-¡Qué suerte!. A mí me pasaba algo parecido hasta hace poco. Bordaba vestidos y era feliz haciéndolo, hasta un día en que empecé a sentirme triste aunque me salieran tan bien como siempre. ... No sé que me ocurre....
-¿Quieres decir que sin motivo alguno has perdido las ganas de bordar?
-Sí, eso es... He `perdido la ilusión , y ahora comprendo que era una estúpida en tenerla pues esos trajes me los pagan mal, voy perdiendo la vista y ni siquiera sé quien los usa y disfruta...No comprendo cómo era tan tonta...
El muchacho la miró con cara de pena y no supo qué contestarle, pero sentía que debía decir algo, aunque él no lo creyese. A aquella mujer le había sucedido la mayor desgracia. Había perdido las ganas de vivir. Y él no sabía cómo devolvérselas.
-¿Qué le digo yo ahora?- pensaba ansiosamente. Se había olvidado de su cuento, de su mundo particular, y para él solo contaba el presente, que era una mujer que no podía bordar con alegría. La miró y la mujer se sorprendió al ver tanta angustia en aquellos ojos.
-¿Que te pasa? ¿No te encuentras bien?. Te he molestado con mis tonterías y ahora has pèrdido el hilo de tu historia...-sonrió ella, por primera vez en muchos días.
- No, estoy bien, pero quisiera ayudarte, hacer algo para que volvieras a bordar con alegría, como yo escribo mis cuentos...
-Oh, eso tú no puedes. Me debe de haber poseído un mal espíritu, o me han echado un meigallo... Escucha ese jilguero, qué fuerte canta. Es feliz haciendo lo que hace, lo hacía ayer y lo hará mañana siempre con la misma alegría. ¿por que no puedo yo?
El escritor pensó que también él estaba empezando a caer en el hechizo, porque lo que había escrito le parecía de una banalidad insoportable, malo, vulgar y que había estado perdiendo el tiempo. Hacía solo unos instantes, cuando estaba embobado en su trabajo, se sentía un genio.
- Esto no puede ser. Vayámonos de aquí.
Y cogiendo a la mujer de la mano se la llevó a otra parte, como si sobre aquel lugar pesase un maleficio.
-Escucha- le dijo el chico. -Yo vengo aquí con frecuencia. Podemos hacer una cosa. Yo no estoy seguro de si lo que hago vale la pena, y a tí de otro modo te pasa lo mismo. Yo me creo un gran escritor, pero a veces también tengo la sensación de estar haciendo estupideces. Podemos probar una cosa. Tú sigue bordando, no lo dejes ni un día, y hazlo lo mejor que puedas. Aunque pienses que no sirve para nada , que te lo pagan mal y que no volverás a verlo. Yo seguiré escribiendo, aunque piense que son tonterías, que todo lo que se me ocurre lo han pensado antes cientos de personas y que pierdo el tiempo. Cada semana podemos vernos debajo de aquel castaño e intercambiamos impresiones. Así no estaremos tan solos. ¿Qué te parece?
La mujer asintió y se marchó sonriendo, sin decir palabra.
Una semana más tarde se encontraron de nuevo.
-¿Cómo estás?- preguntó el muchacho.
-Mejor. ¿Y tú?
-También. Ya no me importa tanto escribir cuentos malos, ¿sabes?. Me creía un genio , pero a veces en mi interior pensaba que lo que hacía no valía nada pero no me atrevía ni a confesármelo. Ahora sí me atrevo. Y cuanto más lo pienso menos me importa.
- Pues a mí al principio las cosas me fueron muy mal. Los dos primeros días lloraba tanto al bordar que no veía lo que estaba haciendo. Pero seguí, y ahora ya me importa menos que lo que hago no sirva para nada. Lo que no puedo hacer es dejar de bordar, pues entonces me coge ese mal espíritu y vuelve lo de antes. Pero me parece que ya lo tengo dominado y que no podrá cogerme otra vez.
-¿Tú crees en maleficios y aojamientos?
- Sí, pero me parece que éste no me ha hecho mucho mal. Solo han sido unos malos días.
-Yo no creo mucho en estas cosas.
-¿Nos veremos otra vez?
-Sí. Y cada vez que bordes un vestido y te pongas triste piensa en mí, que escribo cuentos tan malos. Tú, aunque te encuentres mal, bordas maravillosamente. Yo, aunque disfrute escribiendo, lo hago mal. Piensa cuando bordes que tú eres yo, y que estás haciendo un cuento maravilloso. Y yo cuando escriba pensaré que estoy bordando esas flores tan bonitas que sabes hacer. A lo mejor resulta...
-Pero esto, ¿no es engañarnos a nosotros mismos?
-Puede, pero ¿qué otra cosa podemos hacer?. Lo que importa es que funcione, que sea verdad o mentira es lo de menos. Las únicas verdades útiles son las que nos fabricamos nosotros mismos...
- No entiendo nada, pero tienes razón. Siento que tienes razón y ya no me dan miedo los meigallos.
-Ni a mí los cuentos malos... Serán malos para quienes los lean, pero no para mí que los escribo, y disfruto con ello. ¿Y puede ser malo algo que te haga feliz?
Y cada cual se fué por su lado.
La mujer a bordar flores de colores y el escritor a escribir cosas que ya se habían dicho antes cientos de veces.


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Mª Dolores de Burgos-Ahisa

CARTA ABIERTA A DIOS
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Tú, Señor del Universo, que mantienes las estrellas en los cielos y haces que cada primavera empiece otra vez el ciclo de la vida. Tú, el Gran Desconocido, que siempre escapas de quien te busca y te revelas a quien sólo usa su corazón, no te entiendo. A lo mejor eres el Dios de los budistas, el Orden que rige el Universo, el Tao eterno e inmutable, inatacable y sin fisuras. Entonces cuando muera volveré a Ti y seré parte tuya, y nunca entenderé por qué un día me desgajaron de ti. Perderé mi identidad para volver adonde salí.
No me gustaría que fueras el Dios de la Biblia, ese Yahvé caprichoso y malhumorado, mandando lluvias de codornices a tus pobres hebreos hartos de maná, y que entregaba al Pueblo Escogido una tierra ganada con sangre de los inocentes.
Preferiría, aunque no confío demasiado en ello, que fueras el Dios de Jesús, ése del que él decía “que ni un solo pajarito muere sin que El lo sepa”. Jesús creía firmemente que Tú estabas enterado de los partos de las gatas, de los sufrimientos de los perros, del cansancio del caballo y del dolor del lobo en la trampa. Por qué suceden estas cosas Tú sabrás. No pretendo llegar a averiguar nunca esto, pero me gustaría. Me gustaría que me explicaras por qué dejas que se torture a gente en las cárceles, a animales en laboratorios. Dicen que eres infinitamente bueno y poderoso, pero también incomprensible. Sé que recibes muchas oraciones, mucho incienso y alabanzas, muchas blasfemias y mucho desprecio. Pero me parece que muchas cartas no. Por eso, si un día Tú y yo nos encontramos, quisiera que recordases que fui yo quien desde un planeta de una pequeña galaxia de ese Universo que parece ser cosa tuya, te escribió una carta pidiéndote una explicación, muchas explicaciones a muchos porqués que no puedo comprender. Y también te pediría que ni una sola gota de sangre derramada desde que el mundo es mundo, de hombre o animal, que ni una flor pisoteada ni un bosque quemado, que ni un solo instante de dolor quedase sin…no quiero decir castigo…que no quedase sin pagar su precio en algo más precioso que el oro.
Maria Dolores de Burgos-Aisha

DESPISTES Y LEGIONARIOS
                                               DESPISTES
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            Yo provengo de familia de despistados. Tal vez sea que tenemos tanta vida interior, que las banalidades cotidianas nos resbalan, a menos que nos resbalen encima y quedemos hechos un asco. Yo, de toda la vida, cuando alguien me suelta un rollo, lo escucho, porque fui una niña bien educada de derechas.Pero si el rollo no me interesaba, ponía el piloto automático y expresión así como de interés sonriente,e iba diciendo que sí con la cabeza, y si mi interlocutor subia el tono irritado entonces  yo sospechaba que habia sido objeto de alguna vejacion o estaba enfadado con algo y decia algo asi como ": "Qué cosas""Oooohhh","qué barbaridad" y todo iba muy bien. Por la calle yo voy pensando en mis cosas. El pilotito impide que me chafen los buses o me arrollen las bicis. Pero yo voy a mi bola. Desde siempre. Se ha dado el caso de cruzarme con mi padre y no saludarlo. Para mi la otra gente viandante son bultos, y tienen que hacer algo muy singular para que yo los mire. Esto me ha dado siempre fama de estupida y "creida". No sé, por ejemplo, si hay una pelea tumultuaria con navajas, miro, procuro enterarme de que va la cosa y observo.Las truculencias me chiflan. Nunca perdonaré a mi madre que cuando me estaba casando por Inglaterra, me tirase toda mi colección de periodicos de "El Caso". Yo estaba enteradisima de las andanzas del Arropiero, de El Lute, que, como siempre he tenido un ramalazoácrata , me caia muy bien, etc.Y similares. Pero no por esto soy insolidaria. Si puedo ayudar, ayudo. Recuerdo una vez en mis twenties, que regresaba del Luliano (he ido a estudiar tanto al Luliano que creo que los pasos que he dado yendo y viniendo se acercarian al perímetro del Ecuador). Pero a mi me gusta andar, si no estoy cansada (últimamente estoy chafada y como ausente, pero no callada, y lo achaco a que estoy en los umbrales de la tercera edad. Bueno, vuelvo a mi acto solidario porque sino se me va la olla. Yo volvía una noche gélida de invierno por la Rambla de regreso a casa de mis progenitores, el viento aullaba y revolvía las hojas,  y en el derruido Cuartel del Carmen vi un hombre agachado , sentado contra el quicio, y que daba gruñidos. Hacia un viento helador, y la noche seria de aúpa. Yo pensé: "Este payo está borracho y se va a quedar aquí toda la noche y mañana amanece pajarito".Entonces, siguiendo mis buenas inclinaciones naturales, me acerqué, y entablé conversación con él. Era gordo, de edad imprecisa y cara roja. Le pregunté que cómo se encontraba, pero parecía estar más interesado en blasfemar contra Franco que hablarme de sus achaques, y me quedé, pues prometía ser más interesante. Si hubiese estado enfermo tambien me hubiese quedado, por supuesto. , no quería decir eso. A mi me da mucha pena la gente y los animales que mueren de frío en invierno. Me dijo entrecortadamente con aguardentosa voz que había sido legionario,el montón de putadas que le habían hecho, y que la culpa de todos sus males era Franco.Como en este último punto estábamos completamente de acuerdo, ya me cayó simpatiquísimo. Mientras, se habia formado un corrillo de tres o cuatro personas,algunos estudiantes rezagados como yo,un señor mayor, ..  a quienes  yo trataba de concienciar de que si dejábamos a aquel hombre allí lo matábamos, y hubo murmullos de asentimiento. Para abreviar, conseguí que un chico y dos señores se lo llevaran a pasar la noche a la Pensión del Carmen, calle encantadora que en mi niñez estaba llena de putas, pero no como las de ahora, sino de la tierra.Recuerdo a "La Escacharratios" de Murcia, y a "La Tigresa", de Jaén. Tambien habia que eran gitanas, guapas y que parecía que las habían aceitado.Entre todos pagamos la pensión del desgraciado y nos fuimos con la conciencia tranquila.
            Ahora no sé por qué he explicado esto, pues yo habia empezado a hablar de despistes. Bueno, para despistes, mi madre. Una vez se fue a dar un pésame, y como debería estar pensando en alguna frivolité, le espetó a la viuda. ¡Enhorabuena!. Cuando reaccionó ya no habia remedio. No se volvieron a dirigir la palabra. Mi madre también, dentro de su lado frivolón, era muy de la clericalla, e iba a misa y a comulgar todos los domingos. A mi me hacia ir con mi abuela. Bueno, pues en la Sala Augusta, un día que íbamos al cine, se inclina hasta la taquillera y le dice:
            -Ave Maria Purísima- como si quisiese confesarse.
            -Sin pecado concebida. ¿Cuántas quiere?-le contestó, inmutable, la taquillera, Eso es profesionalidad.
            Me largo, ya seguiré otro rato, porque oigo que Paco viene con cosas. Paco es el Papá Noel de esta casa. Yo, la madrastra de Blancanieves. Y mi padre, no sé...algo así entre el oso Yogui y Maquiavelo,.
            Santas y buenas.
Jerusalén

Jerusalén es una de las ciudades más interesantes que he conocido.
Hace años hicimos un viaje por Israel en una furgoneta -antes de la Intifada- y, aparte de estar el Neguev lleno de tanques israelíes, y todo el mundo militarizado, estaba la cosa bastante tranquila. Yo tomé fotos de esos tanques, con gran espanto de mi padre cuando las vió, que me dijo si estaba loca, que me hubieran podido detener y buscarme un buen lío...Pero como que no me vieron, no pasó nada. Además, yo ya tengo asumido que es posible que el Mossad me tenga fichada, por dos o tres razones varias, y me da igual.(Y quizás también la CIA...)
Pues lo que más me llamó la atención de Israel es que, desde los altos del Golán en Siria (que estaban llenos de casquillos de balas) hasta Akaba y Eilath en el Mar Rojo, está todo igualito que en la Biblia. Los mismos pueblos, las mismas ciudades, todo igual. Allí sigue Jericó, con un palmeral precioso, Belén, hecha un asco de pueblo... Nazareth, Cafarnaúm...etc.etc. Me acordé de que en el Evangelio dice también que Belén es un asco: "Tú, el más humilde pueblo de Israel,de tí saldrá... serás la cuna del Mesías...".O sea, que Belén sea un desastre ya viene de lejos, y parece que no hay nadie con ganas de modificar la situación.
Pues a mí, eso de encontrarme todos los lugares ya puestos desde hace más de 2.000 años, me gustó mucho. El Jordán es una preciosidad de río y el Mar Muerto está más muerto que Carracuca,y es porque tiene tal concentración de sal que allí no puede vivir ni un mosquito. Por cierto, siguiendo yo con mi inveterada costumbre de caerme en lugares célebres, me caí en el Mar Muerto y encima de los cristales de sal, que cortan como hojas de afeitar,lo que hizo que me quedaron unas rodillas que al entrar en Jerusalén parecía que había estado haciendo penitencia a lo bestia...por lo menos, nuestro guía, que era un capitán del ejército y se llama Dan Laor, se partía de risa conmigo. En el Mar Muerto desemboca el Jordán, pero sus fuentes son una preciosidad, porque el agua está limpísima y me metí de pies, pues hacía calor y estaba muy fresquita.
Visitamos todo el país, pero me voy a centrar en Jerusalén, porque si no corro el riesgo de que me salga una novela, pues tengo una escriborrea que no la puedo parar a veces.
Jerusalén es preciosa, y vista desde el Monte de los Olivos,donde Jesús las pasó canutas mientras que los discípulos dormían a pierna suelta (cosa que nunca me he podido explicar...¡qué higados, esa gente...)pues desde allí hay una vista preciosa de la ciudad, y lo que llama más la atención es la cúpula dorada de la mezquita de Umar, o Domo de la Roca, porque dentro hay una roca, donde según la tradición, está marcado el casco del caballo del Profeta cuando subió a los cielos.
Jerusalén es ciudad santa para las 3 llamadas religiones del Libro: Cristianos, musulmanes y judios, y allí logran convivir más o menos.También hay un barrio armenio, que no sé que pinta allí, pero que es muy bonito y tranquilo.
La mezquita considerada más sagrada, después de las de la Meca, Medina y Kairouán, es la de Al-Aksa, que quiere decir "la mezquita lejana", donde después de estar nosotros hubo un tiroteo sangriento. Esta y la de Umar están en la llamada "explanada de las mezquitas", uno de los sitios emblemáticos de la ciudad.En las fotos, la mezquita Al-Aksa es la que se encuentra en primer lugar.
Los judios tienen un lugar sagrado para ellos: El Muro de las Lamentaciones, que allí nadie lo llama así, sino el "muro oeste", que es todo lo que queda del templo de Salomón. Allí se ven a los judíos ultraortodoxos, con sus levitas (ver fotos)que rezan de cara al muro y hasta se dan cabezazos en él, y también meten oraciones y peticiones entre las rendijas de las piedras. Cuando nosotros estuvimos, vimos una fiesta en honor de un niño que pasaba a la edad adulta, y era llevado a hombros por esos judíos de levita y tirabuzones, cubierto con un paño blanco con rayas negras. Cantaban cosas apropiadas en hebreo y resultaba muy bonito y alegre.
También vi bastante gente mayor, con tatuajes de los campos de concentración nazis, con el número que allí llevaban.
La mayoría de los israelitas son ateos, sobre todo los jóvenes .Ya no esperan ningún Mesías. Luego están los que algo creen, pero sin fanatismos, y son los que llevan ese gorrito como el solideo del papa,la kipa, en la coronilla, y que nunca me he explicado cómo logran que no se les caiga. Pero hay un barrio, llamado Mea Shearim, que es digno de verse, sobre todo el Sabbath. Es el de los judíos ultraordodoxos, que van con sombreros negros, levita también negra y tirabuzones en los 4 lados de la cabeza, que simbolizan las 4 esquinas de los campos de labor que, según la Biblia, no se podían segar, pues había que dejarlos para las viudas y los huérfanos. Esta gente tiene montones de hijos, pues no pueden utilizar anticonceptivos, y llegaron a mandar un escrito a los países árabes de alrededor pidiéndoles que arrasasen Israel, pues los otros judíos habían caído en el ateísmo y la indiferencia. Increíble pero cierto. Menos mal que nadie les hizo mucho caso...
Pero los israelitas, desde luego, son de la cáscara amarga. Si en España nos empeñásemos que la gente que nos visita fuese a misa, no comiese carne los viernes y se plegase a todas nuestras costumbres, nos pondrían verdes en todo el mundo. Bueno, pues los israelitas en Israel lo hacen, y nadie les dice nada. Allí, cuando se pone el sol el viernes por la tarde, tocan un cuerno que se llama el shofar, y nadie puede ya hacer nada. Ni bañarse. Yo intenté darme un chapuzón en el lago de Genesaret (que es precioso, e intocado) y no me dejaron. En el hotel, teníamos que servirnos nosotros mismos de un buffet frío, y durante el sábado no se podía hacer nada, sólo pasear.
En Jerusalén está la iglesia de la Resurrección, donde está el sepulcro de JC. Yo me pregunto que a quién tienen enterrado allí, si JC para los cristianos resucitó y subió a los cielos. Pero el caso es que allí hay una tumba rodeada de velas, y hay gente que se tira encima y se revuelca y cosas de estas.A la entrada hay un judío vestido de negro que parece talmente Caifás, con una bolsa negra, llena de monedas, que nos la agitó delante de las narices, como diciendo, si aquí no te retratas, no entras. Nos retratamos.
A mí me gustó mas la iglesia de la Natividad, en Belén. Está cuidada por los franciscanos,los monjes ortodoxos y los musulmanes, que creen que JC fué un gran profeta.Hay en el suelo una estrella de plata y muchas lámparas votivas, indicando el sitio en el que supuestamente nació Jesus. Lo curioso es que durante mucho tiempo, los tres representantes de las tres religiones andaban siempre a la greña, y hace ya tiempo que la llave de la iglesia la guarda un árabe, y este cargo de "portero" va pasando de padres a hijos.
Y en verdad, lo que más me llamo la atención de estas iglesias, que para los cristianos son las más santas del mundo, mucho más que el Vaticano, que no es más que la sede de los papas, que están casi abandonadas, viejas y polvorientas, mientras que al Vaticano parece que le sacan lustre a diario. ¡Qué cosas! .El escritor José Mª Gironella decia que, si el Papa tuviera vergüenza, dejaría el Vaticano como museo y se iría a vivir a Jerusalén. Pienso que tenía mucha razón. Roma tiene olvidadas sus iglesias de Tierra Santa.
Otra cosa que me hizo gracia es que en la iglesia del Santo Sepulcro De No Se Sabe Quién, está también enterrado Simón de Montfort, un cruzado de lo más bestia. Pero como a los judíos no les hace ninguna gracia, y seguramente no saben quién diantes es, allí apilan, encima del sepulcro, botellas de butano.
De este viaje podría contar muchas cosas, pero como dije antes, me saldría una novela, y no quiero tampoco cansar a mis pacientes seguidores.

Mágica fe

Este título no es mío, sino de un libro poco conocido de Juan José Benítez, el autor de la serie "Caballo de Troya", que tanto impacto causó en su tiempo. Pero a mí éste me parece mucho más revelador, sobre todo teniendo en cuenta que es como si lo hubiese escrito yo, pues lo que relata el autor yo lo he vivido multitud de veces. Resulta por mi parte muy vanidoso, pero es la verdad. La verdad es eso, verdad.
Nietzsche decía que la única frase sensata del Evangelio la pronunció Pilatos, cuando condujeron a Jesús (Isa para los musulmanes) a su presencia, y al ser éste preguntado si se creía tener una misión, contestó:
-He venido para dar testimonio de la verdad.
-¿Y qué es la verdad?- respondió Pilatos, como buen romano, escéptico y agnóstico.
Yo siempre he creído que griegos y romanos eran demasiado inteligentes para creerse que sus cachondos dioses existiesen, cosa que se quedaba para el pueblo llano.
Bueno, pues Nietzsche es muy dueño de pensar lo que quiera, pero yo no estoy de acuerdo con él. Claro que yo tengo "enchufe" y él no lo tenía, o sea, que juego con ventaja.
Yo siempre he sido, en esto, una privilegiada. Mi abuela me repetía:
-Tú estás protegida.
No me decía por quién, si por mi ángel de la Guarda, algún santo, espíritu o cosa parecida. Pero yo lo sentía así. Siempre, en los momentos apurados o peligrosos de mi vida, mi "protector" (no quiero ser vanidosa y creer que era Dios en persona) corría a sacarme de apuros, a veces hasta en contra de mi voluntad. Como un perrito que se ahoga en una riada, y una mano compasiva lo coge por la piel del pescuezo y lo saca. Así Dios (?)(me hace ilu decirlo así...) me ha librado y me sigue librando de cosas malas. Y lo que me seguirá... Si yo tuviese fe como un grano de mostaza, viviría feliz y sin preocupaciones, pero como soy una incrédula contumaz, no puedo evitar a veces desesperarme y pensar desastres futuros, que la mano amiga ésa que nunca me ha fallado ya se encargará de solucionar. A veces los caminos de ese protector son raros, pero si pienso que me pasa algo malo, siempre termina siendo para mejor, o sea, que se cumple siempre al pie de la letra aquel refrán que dice: "No hay mal que por bien no venga". Yo le conté una vez ésto a una señora a quien le habían ocurrido muchas desgracias, y ella me contestó:
-¡Ay, hija, pues para mí no...lo malo siempre ha sido para mal o para peor.
Me dió pena aquella mujer, y pensé que no tenía mi "baraka". Que yo era una enchufada, una privilegiada, y no sabía por qué, porque de santa no he tenido nunca un pelo, al revés he hecho cosas muuuuuy feas (que no se hagan ilusiones, no voy a contar aquí, pero piensen lo peor, y tal vez aciertan)
Baraka es una palabra árabe que los occidentales traducen como "suerte". Pues no, no es eso. El significado verdadero y profundo de la palabra baraka es "que Dios te mira con benevolencia". Y eso es lo que toda la vida ha hecho conmigo.
A veces pienso que he tenido en esto tanta suerte, o tanta baraka, que si me pasase lo que me queda de vida dando gracias a Dios, ni habría empezado a agradecerle todo lo que El ha hecho por mí. Y, sin embargo, ingrata,a veces me desespero y me asusta el porvenir, que veo negro y triste. Es para matarme.
Yo fuí educada en el catolicismo, y creía todo lo que me decían mi familia , las Teresianas y los curas, a pies juntillas, cosa que me hizo sufrir mucho por los escrúpulos que me crearon, amargándome la niñez. Me resulta muy difícil perdonar. Acabé no creyendo en nada. Pero así tampoco era feliz.
Desde que me casé dejé de ir a misa, pues de soltera mi madre no lo habría permitido y mi padre y mi abuela se hubieran escandalizado. Paco, mi costillo, provenía de una familia de rojetes, que eran unos descreídos, pero como más sanos que nosotros.
Yo no era feliz sin creer en nada. Estudié el budismo zen, el taoísmo, y me gustaron mucho. Me parecieron las mejores y más sabias religiones. Durante bastante tiempo fuí una budista convencida. Me parecía todo perfecto, menos eso de que al morir iba a perder mi "yoidad", y que mi alma sería como una gotita de agua que se diluye en el mar de la Divinidad. Aunque llegar a formar parte de Dios era muy halagador, a mí no me hacía feliz. Quería seguir siendo yo por los siglos de los siglos. ¡Hasta donde puede llegar la soberbia humana, madre mía!. Pero no lo podía evitar. Yo leía a Pascal, que el pobre quería creer desesperadamente, pero su razón no le dejaba. El decía "Il faut s'abêtir" (hay que embrutecerse), y plegarse a los ritos. Todo lo contrario de lo que dice el budismo, que enseña que los ritos son fatales y despistadores. Pero pensé que Pascal tenía razón, y que mi soberbia no me dejaba vivir en paz.
Yo siempre había admirado mucho a los musulmanes, sobre todo por su fe. ¡Estos sí que -pensaba yo- tienen una fé sin fisuras!. Tienen la fe del carbonero, y un musulmán puede ser un ladrón, un asesino, lo peor, pero cree en Dios. Entonces ví claro. Supe enseguida y de golpe que para ser feliz, vivir sin preocupaciones y dejar de ser atea (que es triste e incómodo), tenía que convertirme al Islam. No me preguntéis por qué, pero tenía la certidumbre de que mi salvación estaba ahí.
Una tarde de verano de hace ya bastantes años, ni corta ni perezosa, me vestí y me fuí a la mezquita más cercana a mi casa. Fué un arrebato que me cogió, no reflexioné, pero yo en la vida las cosas que he hecho como iluminada siempre me han salido bien, por ejemplo, casarme. Me casé a lo loco, pero yo estaba convencida -no sé cómo- de que aquel hombre era el que me estaba destinado, y no dudé ni un momento. Pues de la misma forma fuí a la mezquita. Sin titubear llamé, se me abrió, y le dije a Abdullah que quería convertirme al Islam. No me hizo preguntas, y salió Amina, quien me tomó el juramento. En la parte de la mezquita destinada a las mujeres, de rodillas las dos, me hizo levantar la mano derecha y repetir la fórmula del juramento: (en árabe, claro, pero aquí la pongo en español)"Doy testimonio de que no hay más que un solo Dios, y que Muhammed es el enviado de Dios".
Y ya fuí musulmana, y todos los pecados de mi vida pasada me quedaron perdonados.
Me fuí a mi casa más contenta que unas pascuas.
Luego fuí a la mezquita, conocí a mis correligionarias, todas encantadoras, y que me recibieron estupendamente, contentas de"tener otra hermana".
Y hasta ahora. A veces estoy bastante tiempo sin ir a la mezquita, porque no es obligatorio ir los viernes,como los católicos deben asistir a la misa en domingo, pero no pierdo el contacto con ellas, ni con nadie. A veces pierdo el norte y me desespero, y llamo a mi correligionaria-hermana Leyla, que es una chica buena, sabia, guapa, culta e inteligente, le cuento que me ha cogido el panico por el miedo al día de mañana (¡a pesar de todo lo que he recibido de Dios!), y ella me reconforta. Ella no tiene estos baches. Tiene la fe que me gustaría tener a mí. Una fe musulmana. Una fe inatacable y sin fisuras. Pero me conformo con lo que tengo, pues siempre he oído decir que la fe es un regalo de Dios, y Dios me ha regalado ya muchiiiiisimas cosas.Yo le quiero mucho a Dios, aunque, por supuesto, no le entiendo en absoluto. A lo mejor El me quiere tanto porque yo le quiero a rabiar, y ya se sabe. "amor con amor se paga".
Gracias, Dios mío. Aunque sea una calamidad, aunque tenga que acudir cuando flaqueo y me desespero a la roca que es mi hermana Leyla, gracias, Señor de los Mundos, me has dado millones de veces más de lo que merecía.
Y si alguien, al leer esto, se ríe, me es igual. Yo sé muy bien lo que he escrito, y no me avergüenzo nada.
¡Soy afortunada!
Mª Doilores de Burgos -Aisha

domingo 22 de agosto de 2010


ALGUNOS DE MIS MUERTOS DE ULTRATUMBA Y COSAS ASÍ
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Espero que si mi madre desde el Más Allá lee esto, no se me enfade demasiado, pues sabrá que no digo ninguna mentira, nunca lo hago. Ni me invento nada. Además, hay que tener en cuenta dos cosas:
a) Todo lo que digo es verdad, sin exageraciones.
b) Si la gente al leer esto piensa que estoy loca, me importa tres mierdas.
Yo siempre he pensado que mi madre se dejó morir. Teníamos grandes peleas, ella nunca se repuso del disgusto de que yo me casase y la “abandonase” y tenía los bronquios y los pulmones muy mal. Esto le venía de que nunca, cuando cogía una gripe o un resfriado con fiebre, iba al médico, pues les tenía una verdadera fobia. Y pasaba las gripes andando por la ciudad y tenía recaídas hasta que acabó con un asma tremenda, y los pulmones hechos un bebedero de patos. A medida que se iba haciendo mayor empeoraba, hasta un invierno que se puso realmente mal. La ingresamos en la Clínica Miramar pero era muy mala enferma. Tiraba las pastillas, se arrancaba los tubos y los médicos no la soportaban. Ella quería irse a casa y lo consiguió. Estuvo todo el invierno muy mal, teniendo que dormir sentada y tenía muy mal aspecto. Me dijo que no fuera a verla, y no lo hice, pues no me gustaba nada. A veces me decía cosas muy desagradables. Una vez tuvimos una discusión y le dije algo que siempre he pensado que es lo que precipitó su muerte. Pero no se lo dije con acritud ni mala intención, lo que lo hizo mucho peor. Le dije que tenía un carácter tan insoportable, que si un día se quedaba viuda yo me veía incapaz de soportarla. Y desde entonces, pienso yo, decidió quitarse de en medio. O sea, se dejó morir lentamente. En ese invierno de no recuerdo qué año, pero coincidió con el de la inauguración de la nueva terminal del Aeropuerto, ése se dejó morir. Yo la veía fatal, y le decía que tenía que ver a su médico, pero me contestaba que no, que si iba le haría ingresar, y para ella era algo tan espantoso que prefería la muerte y no dormir casi nada. Además tenía pavor a quedarse sola, viuda, y más desde que le dije aquello. Me contestó entonces que tendría que ir a una residencia de ancianos y allí la pegarían. Mi madre era muy tremendista.
A veces iba a verla, y estaba ya haciendo la repartición de los libros. Mi abuelo había sido bibliófilo, y teníamos verdaderas joyas. Sobre todo un incunable de cinco tomos de la historia del Monasterio de Poblet. Llamó al abad, al que conocía ya, y le dijo que por favor mandara a alguien a recoger esos libros, que ella quería que volvieran al Monasterio. Así fue. Vino de Poblet un fraile a buscarlos, y le dijo que pondrían un cartelito con su nombre como que había hecho esa donación. Eso le gustó mucho.
Luego, más adelante, en abril, estábamos hablando por teléfono y de pronto dejó de hablar. Yo me asusté y le dije a Paco que fuese enseguida a su casa, pues nosotros teníamos llave. Lo hizo y se encontró a mi madre en el suelo, sin sentido, al lado del teléfono, y a mi padre sin enterarse de nada, pues como estaba sordo como una tapia, tenía la tele a toda potencia y estaba viendo una película y no se había enterado de nada. Cuando mi madre volvió en sí, tenía una cara de cadáver que me asusté. Me reprendió por bajarle la moral diciéndole aquellas cosas. Pero es que yo veía que ya tenía un pie en la tumba. Intenté por todos los medios ponerme en contacto telefónico con su médico de cabecera, con el único que tenía confianza, y al que no había querido ir en todo el invierno por miedo a que la ingresara, pero me fue imposible. Yo le dije que me iba a quedar esa noche a dormir con ella, pero se puso hecha una furia, me insultó y me dijo que no necesitaba ayuda de nadie. Nos puso a Paco y a mí de patitas en la calle. Yo pensé que esa noche moriría.
A la mañana siguiente llamé a casa de mis padres y nadie me respondió. Pero a los pocos minutos recibí una llamada del médico ese al que ella tenía confianza, diciéndome que mi madre estaba con un pie en la tumba, y que si quería despedirme, fuese rápidamente a la Policlínica, cosa que hice.
La encontré en una cama de Urgencias con mi padre, que se pensaba que era uno de sus patatuses. No se daba cuenta de nada. Mejor, pensé yo. Mi madre estaba entubada y muy mal. Le cogí la mano y se la apreté. Ella hizo lo mismo. Entonces estuve segura de que se moría, pues su reacción normal hubiera sido rechazarme. Estuve un poco sentada así encima de su cama, y entonces llamó a mi padre. Casi no podía hablar. Mi padre no entendió por qué le reclamaba, y riendo le cogió la mano. Pero ella estaba despidiéndose. Lo último que me dijo fue:”-Cuida de Bito”. Era su perro, y así lo hice. Estuvo con mi padre muchos años, hasta que él vino a vivir con nosotros.
Mi madre, antes de perder el habla, me dijo también algo que me llamó mucho la atención. Me dijo que esa noche había visto a gente que venía a recogerla, pero que no daban miedo. Y otras cosas “que ya te contaré”. Nunca pudo hacerlo, lástima. Con lo que me gustan a mí estas historias. Yo creo que todo el mundo tiene una historia –o más- de estas en su familia, pero no lo dice para que no se rían de ellos o los tomen por chiflados. Yo sé de algunas. Y en mi familia han pasado tantas cosas raras, que podría escribir un libro, pero nadie me iba a creer. Lo he ido escribiendo poco a poco en relatos como éste.
Otro día hablaré de la relación extraña de mi madre con los médicos, que tiene castaña. Pero si me extiendo más, nadie va a leer nada de lo que pongo, pues es bien sabido que la gente lee cada vez menos. También contaré lo que ocurrió inmediatamente después de la muerte de mi madre, y que asustó tanto al Sr. Vila, de la tienda de fotografía.
Basta por hoy.

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De Senectute


Este libro de Cicerón me lo recomendó mi psiquiatra una vez que le dije que me daba miedo la vejez.Y es que cuando un@ está jubilad@, sea anticipadamente o no, empieza a pensar que su vida ya está en la recta final, aunque esa recta pueda ser muy larga. Pero no hay duda de que ya se tiene la vida más por detrás que por delante o alrededor. Cuando yo era jovencita mi madre siempre me decía: "¡Ay, qué suerte tienes!¡no te das cuenta!. Tienes toda la vida por delante...".Pues a mí esto me hacía maldita la gracia, ya que pensaba en la cantidad de sufrimiento y también de felicidad que me esperaba, y yo, que he sido siempre vaga por naturaleza, el pensar en tanto trabajo por hacer me agobiaba. Yo siempre le respondía: "-Sí, pero a mí me va a tocar enterraros a todos". Entonces mi madre se enfadaba y ya no me decía nada más. Ahora pienso igual. Con eso de que las mujeres somos tan correosas que casi siempre vivimos más que los hombres, y dado que Paco tiene 7 años más que yo, la verdad es que temo quedarme viuda, me da muchísimo miedo. Y me vea de nuevo ante la misma tesitura que en mi primera juventud: Otra vez voy a ser la entierramuertos, gatas y canarios incluidos. Ya he enterrado a mis dos abuelas, a mi abuelo, a mis padres, a dos gatas queridísimas, a mis pájaros, y estoy hasta las narices de agonías varias. Las he vivido todas en directo. Hay gente que no está presente cuando sucede un óbito, pero yo siempre he estado al pie del cañón. O de la cama, vaya. Y estoy contenta, pues he podido despedirme. Pero ya me gustaría no tener que ser siempre yo la que tenga que repartir y liquidar las cosas de los demás. Y sobrellevar un luto.
Cuando leí el libro de Cicerón y me entrevisté de nuevo con mi loquero, le solté una andanada muy poco propia de una señora que se supone que soy. Le dije que cómo pretendía compararme con Cicerón, un señor que era rico, se había retirado al campo, a sus tierras de la campiña italiana -que es una maravilla- para no hacer nada hasta que se muriese; que tenía cientos de servidores y esclavos, y que así ya podía uno morirse en paz. Además, tenía amigos.
Vaya, que el librito no me gustó nada. Se llama "De Senectute". Se puede encontrar en español como "La Vejez".
A veces comento con amigas de mi quinta y con Paco, que en lo que más notamos los años es en la memoria, pues me ocurre que antes, cuando quería decir el nombre de un escritor, un artista de cine, un libro o lo que fuera, no tenía que pensar nada, pero ahora muchas veces no me acuerdo enseguida y tengo que escarbar en mi memoria. Simone de Beauvoir sería muy inteligente, pero esto de cumplir años lo llevaba fatal, mucho peor que yo. Recuerdo que en sus memorias, me parece que es en el tomo "La force des choses", dice amargamente que ahora ya no puede trepar por las montañas como cuando tenía treinta años. Bueno, pues esto a mí se me importa un ardite. Me da más rabia lo de la memoria, aunque la verdad es que tampoco me da demasiado coraje. Lo que me atemoriza es perder las facultades, ser dependiente. Yo no quiero dejar nunca mi casa. Antes muerta que en un asilo, por lujoso que sea.
Pero el envejecer también tiene sus ventajas. Releí el libro de Cicerón y me dí cuenta de que no lo había hecho con detenimiento, pues dice una cosa que yo siempre he pensado, al menos desde que ya no trabajo. Jubilación viene de júbilo, y aunque algunas personas se deprimen, a mi no me pasa. Estoy jubilosa y contenta porque ya no tengo responsabilidades como cuando era jefa de mi oficina, que tenía otros jefes por encima y subordinados por abajo. Ya decía Marco Aurelio que un cargo es una carga. A mí me gustaba mucho mandar, pero es pesado. Ahora no me tengo que preocupar de nada de eso. También me alegra el haber hecho casi todas las cosas que tenía pendientes de hacer en esta vida. Yo de pequeña era una niña bastante cursi. Recuerdo que cuando la gente me preguntaba que qué quería ser de mayor, yo indefectiblemente contestaba:"-Yo quiero llegar a vieja satisfecha de mí misma". Y lo he conseguido. Bueno, espero que aún la vida me reserve cosas buenas. Pero la mayor parte del trabajo ya está hecho. Esto me proporciona una gran paz. A Cicerón le pasaba lo mismo. Y es que yo he tenido suerte en la vida. O no, sino que he sabido montármelo. No soy modesta, pues la falsa modestia no me va nada. Yo sabía bien lo que quería de la vida, y poco a poco, pasito a paso, he ido avanzando por el sendero que yo misma me había trazado. Algo así como aquello de que se hace camino al andar.
Ahora me han operado de la cadera derecha, y he quedado muy bien. Hace dos años me operaron de la otra, y chachi piruli. Tengo baraka. A ver qué me reserva el futuro. Espero que sea soportable. Como dice la oración coránica: "Dios mío, no eches sobre mis hombros un peso que no pueda aguantar".
(Allah Akbar).

1 de mayo de 2010


Mª Dolores de Burgos-Aisha

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BUDISTAS E HINDUÍSTAS.

Palma, 4 de abril de 2005

Cuando antes he hablado del hinduísmo, al contar mi viaje al Nepal, me he hecho de la picha un lio. Lo que pasa que tanto en la India como en el Nepal hay budistas e hinduístas, pero no se parecen en nada. Las stupas nepalíes son budistas, y las piras funerarias, de los hindúes. Los refugiados tibetanos eran budistas, que son los de los rodillos de oraciones.
El budismo es una religión sin un Dios personal, a diferencia del hinduísmo. Y en el budismo no hay castas. Lo que pasa es que en la India hay tantísimas religiones, sikhs, budistas, hindúes, jainistas, musulmanes, y yo que sé que mas, que es un cacao.
Los budistas creen que no existe un dios personal, ese que decía Jesús “que tiene contados todos los pelos de nuestra cabeza, y que cuando un pajarito muere El se entera”. Eso es lo que a mí me gustaría que fuera verdad, y los musulmanes también lo creen. Los budistas no. Para ellos, cuando morimos, volvemos al Todo ,al Uno, de donde salimos y perdemos la “yoidad”, el ego. A mí esto me fastidia mucho pues esa comparación de ser como una gota de agua en el mar no me satisface, sino que quiero seguir siendo María Dolores-Aisha por los siglos de los siglos. Pero me parece que me voy a quedar con las ganas. En realidad, yo creo que los que más se acercan a la verdad son los budistas. Creo que no hay un Dios personal, sino que todos, hombres, animales, plantas, minerales, el Universo entero, es una misma cosa, y a él volvemos cuando nos morimos. Esta idea me fastidia. Pero por otra parte me han pasado cosas que me hacen pensar en que hay un más allá, y aunque mi razón me diga que los budistas tienen la razón, yo por eso de perder mi ego me he hecho musulmana, y no otra cosa.
Los hinduistas, los de las castas, que son los de la India en su mayoría, creen en un solo Dios, al que llaman Krishna, pero todo el mundo cree que son politeístas porque adoran a muchas facetas de ese mismo Dios. Por ejemplo, Ganesh, el Dios-elefante, que ya no me acuerdo qué representa, o Shiva, que es el principio destructor de Dios, y Vishnú, el constructor, pero todas son facetas de Khrisna. No quiero meterme en esta maraña porque es tremendo.
Pues el Papa ha muerto. Yo le he dicho hoy a Paco: “_Me gustaría saber dónde está el Papa ahora”.Me ha contestado que en Roma. Yo le he dicho:_”No, lo que está en Roma no es el Papa. Es un trozo de carne nada más. El verdadero Papa, no sé dónde andará.

Mª Dolores de Burgos-Aisha
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LA MILICIA Y YO


Cuando a los dieciséis años terminé el Bachiller Superior, menda era un pimpollito. Mi padre tuvo la fenomenal idea de meterme en un Laboratorio de Explosivos que había en Son Bonet, porque era buena en química y el químico que había se había marchado. Mi labor consistía en hacer unas pruebas con pólvoras de diferentes cartucherías, y las aventuras que me pasaron con este trabajo ya las conté en otra ocasión. Yo en el laboratorio me divertía mucho, pues éste formaba parte del Servicio de Armamento, y allí había unas oficinas en las que yo redactaba los partes correspondientes a las diferentes pruebas químicas. El labo y la ofi de Armamento estaban en Son Bonet, que entonces era estrictamente milico, y estaban en unos barracones que habían sido un establo o algo así. Construcción antigua, de muros gruesos, gruesas vigas, y que calentábamos en invierno con una estufa de leña. Encima de la estufa asábamos chorizos, morcillas, sobrasada y cosas parecidas, luego nos hacíamos unos bocadillos memorables, que nos zampábamos entre trago y trago de tintorro. Aquello olía no como una Oficina militar, sino como una cantina o tasca o cosa parecida. Cuando venía el jefe a la firma, que venía en coche desde el cercano cuartel de Son Rullán, y que era mi padre, alguien daba la voz de alarma y todas aquellas viandas desaparecían, pero el tufo permanecía, y mi padre olía todo aquello y ponía cara de no enterarse de nada. Me acuerdo que allí estaba el Brigada Paco, murciano resalado que mandaba mucho, y otros brigadas y sargentos, como un sevillano moreno de verde luna alto y espigado, que tenía una pinta y un aire a lo Antoñito el Camborio que no se podía resistir, y que respondía al nombre de Manuel Martín Madroñero, alias El Engañalosetas, pues tenía una ligera cojera desde un accidente que tuvo al sacar a un piloto de su avión en llamas, y cuando andaba, parecía que iba a pisar una loseta y pisaba la de al lado.
Yo con toda esta trouppe me lo pasaba de miedo. Allí aprendí latín, griego y hasta arameo, sólo escuchando. Cuando lo que hablaban era demasiado fuerte, se encerraban todos en una de las habitaciones y a mí me dejaban fuera. Pero me decían: “-Cuando te cases, la teoría ya la vas a saber de sobra, jajajaaa…”.Y era verdad. Era aquella una buena escuela.
Por eso yo a los milicos no los puedo odiar demasiado, porque a mí me trataron de maravilla. Claro que era la hija del Jefe, pero no me hacían la pelota, y yo nunca conté nada a mi padre de ellos, y lo sabían y me estaban agradecidos. Cuando me tocó trabajar con civiles, en la Delegación Provincial de Información y Turismo, qué diferencia. Los milicos son muy brutos, pero son más sanos y mucho menos retorcidos que los civiles, no son quejicas y tampoco hay mujeres, bueno, había. Solo una señora llamada Esperanza Romero, ya talludita, que era muy amable conmigo y no se metía en nada, y con la cual quedé como una cochina, porque después de irme prometí irla a ver y todavía me debe de estar esperando, si es aún de este mundo.
Como todos los oficiales y suboficiales que había en Armamento eran armeros artificieros, a veces iba con ellos a la galería de tiro que había en Son Rullán, y allí disfrutaba pegando tiros, con pistola, metralleta (las anteriores a las Kalashnikov, muy parecidas) y fusil.
¡Aquello era vida!
Estos escritos sobre el Islam en Baleares son los resúmenes de un cursillo que hice el año pasado ,organizado por Sa Nostra. Me parecieron muy interesantes, dado que es un tema muy desconocido. MD.




EL ISLAM EN BALEARES
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Ponente: Guillem Rosselló Bordoy.Director de la cátedra de Antropología Cultural.

Las Illes Balears, al ser conquistadas por los árabes, pasan a denominarse Islas al Este de Al Andalus.
Se ha acallado siempre la presencia del Islam en Baleares, como si fuese una vergüenza que había que ocultar y olvidar. El clero siempre se mostró receloso y despreciativo respecto a esta etapa de la historia de las Islas. Y la lengua árabe también resultaba un gran obstáculo para el conocimiento de lo que pasó. El único historiador que se preocupó de este período fue Joan Artigues, de Sineu, s.XVIII.Pero sus obras no interesaron nada, y por lo tanto no se popularizaron.El Islam en Las Baleares ha sido únicamente estudiado someramente como un suceso político. Se empieza a hablar de Mallorca desde la conquista por Jaime I en 1239. Antes, Mallorca pertenecía a la taifa de Denia. Era la isla tierra de refugio de gente importante perseguida.
Mallorca era conocida por sus estupendos mulos; tan buenos eran que estaban gravados con un impuesto especial. La isla fue refugio del poeta Ibn Haszm, el autor de El Collar de la Paloma, porque sus ideas eran perseguidas en las Península, pero el mallorquin Ibn Raschid le protegió.
El poeta Al-Jumaini en sus versos loaba al vino y la vida. Creó escuela en Mallorca. En 1695 viajó por el norte de Africa y Oriente Medio, hasta establecerse y morir en Bagdad. Conservó siempre el recuerdo de su isla natal.
El-Mayurquí era un viajero estilo Marco Polo o Ibn Batuta que recorrió muchos de los países del mundo antiguo. Murió en Basora.
Al-Assad-al-Husseini conservó la independencia de Mallorca, hasta la conquista catalana liderada por Jaume I. La capital de la isla, llamada Medina Mayurka, lo que ahora es Palma (este nombre se lo puso Carlos III)era una ciudad de gran esplendor cultural y artístico. Tenía un Palacio del walí, la Almudaina, actual Gobierno Militar, y una gran mezquita al lado, y la actual catedral la mandó construir el Rey cristiano conquistador encima de sus cimientos, conservando solo parte del minarete, lo que es hoy el campanario. Los catalanes siguieron llamando a la capital Ciutat de Mallorca, que es exactamente lo que significa Medina Mayurka.
La conquista pisano-catalana fue un desastre para Mallorca. Cuando llegaron los almorávides no encontraron piedra sobre piedra. Pero en el s. XII se recuperó, y fue lo que encontraron Jaime I y sus huestes. El rey cristiano repartió la isla entre sus caballeros, o sea que, mal que les pese, los mallorquines de hoy son descendientes por raza y lengua de los catalanes conquistadores y de los árabes y judíos que quedaron en las islas.
Ben Hazm, el del Collar de la Paloma, dedicó un poema a Menorca.
El walí Ben Hakim era muy severo. Al que cogían robando le cortaban la cabeza. Su hijo fue un calígrafo estupendo. Tanto que, al caer en desgracia por la conquista de Mallorca, se fue a África y allí se gano la vida estupendamente como escriba.
Medina Mayurka era muy importante. Era la 7ª ciudad del Islam, por detrás de La Meca, Medina, Jerusalén (Al-Quds) y Kairuán (Túnez).
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R.I.P. rtf


Yo, y los que me conocen lo saben, no soy una persona triste. Tengo mis depres recurrentes,y a veces llamo a los amigos para desahogarme dándoles la brasa, pero soy de carácter alegre y positivo. Pienso que siempre que me ha sucedido algo malo ha sido para mejorar, y he sacado algún provecho de ello. Tengo sentido del humor, a veces bastante negro, pero lo tengo. Eso me ayuda a soportar la vida, que en mi caso es bastante buena, por ahora. Cuando estoy bien tengo la superstición de que eso no me puede durar mucho, y que se avecina una desgracia. Ahora, a pesar de ser primavera, este año no he tenido depresiones excepto en el momento de despertar, ni apenas ataques de angustia. Todo esto lo digo para el que me lea sepa que estoy bien. Puesto que voy a hablar de uno de mis temas más apasionantes, la muerte.
A mí la muerte no me da miedo, lo que me lo da es la nada.Y la decrepitud. Esto ya lo dije en otro capítulo de estas las mis memorias. Cuando yo era pequeña creía que el Paraíso era como lo pintan los musulmanes, un jardín precioso, con arroyos, casas estupendas, y conviviendo (?) con nuestros amigos, parientes deseables y animalitos queridos. Luego, de mayor, me pareció algo infantil y me acerqué más al nirvana budista, pero, es tan triste... eso de convertirme en gota de agua de un inmenso océano no me pone, la verdad. En fin, que no tengo ni puñetera idea de lo que pasará después, si es que pasa algo. Yo he tenido, y las he ido contando, no todas, porque han sido muchas, experiencias muy curiosas que la gente normal no experimenta, o se las calla. Yo, como asumo que estoy bastante desequilibrada, pienso que tengo algo de más y algo de menos que la demás gente. Ya dije que en mis encuentros con chamanes y brujos todos coinciden en lo mismo: Que yo tengo un canal, una vía al otro lado abierta y que si la desarrollara podría hacer grandes cosas. Pero me da miedo, aunque me fascina. Una vez estaba yo haciendo yoga tumbada sola en una habitación de la casa de Gilabert de Centelles y me pude a hacer yoga de relajación. Yo había leído que así se puede separar el cuerpo astral del físico. ¡Y me sucedió!. Ya sé que no me vais a creer, pero lo que antes había leído en libros sobre esto se estaba cumpliendo al dedillo. Me sentí salir del cuerpo, y volar a velocidad vertiginosa por un túnel oscuro y estrecho. Yo pensé que ese era el túnel del que hablaba el libro por el que se pasa antes de un viaje astral. En uno de estos viajes puedes salir del cuerpo e irte a donde te dé la
gana, a la casa del vecino, a las cataratas del Iguazú o a no sé dónde más; no hay guías turísticas para estos viajes. Lo bueno que tienen es que son gratis. Pero yo, cuando estaba volando por el túnel (y no estaba dormida, eh?), me asuste. Pensé que a lo peor no podría volver y mis familiares, ausentes en ese rato de casa, encontrarían mi cuerpo inerte y tieso y que me moriría irremediablemente, porque se rompiese la cuerda de plata que une el cuerpo astral al físico, y de la que habla la Biblia (leed el Eclesiastés) y el Libro Tibetano de los Muertos, y en la que creen también todas las religiones orientales, budistas y demás. Todo esto está un poco embarullado, pero la experiencia la tuve, y no me dormí. Me asusté, pensando que igual no podía volver, y me moví. Moverse es volver ya inmediatamente al cuerpo físico. Por eso cuando estamos a punto de dormirnos a veces notamos un sobresalto, es que nuestro cuerpo astral durante el sueño sale un palmo o así del físico, y a veces nos despertamos y volvemos de golpe a unirnos en los dos cuerpos y tenemos ese sobresalto. Todo esto está muy mal explicado, pero no tengo ganas de hacer virguerías haciendo borradores, cosa que he odiado siempre. Pues me perdí la ocasión de hacer un viaje astral. Lo intenté después, pero ya no pude. Otra cosa que me pasó hace años y que solo la he comentado con Paco, es que dos veces en mi vida he tenido, aunque sueñe ridículo, una especie de éxtasis. Una vez yendo en barco , que me daba el aire, era verano, y me invadió una oleada de felicidad que en ese momento lo comprendí todo, es como si estuviera en una atalaya o un punto desde el que se contemplara todo el universo y la respuesta a los porqués, , y otra cuando, después de comer, y sin haber tomado ningún tipo de pastilla, (y sin estar dormida, leñe, que no me creéis), tuve un éxtasis que me duró diez minutos. Lo sé porque estaba tumbada en el sofá delante del reloj de pared. En esos diez minutos sentí una sensación tan grande de felicidad, que solo puedo definirla como que Dios vino y me dio un abrazo. Porque aquello no era de este mundo. No se me olvidará jamás, ¡Qué maravilla!, Me considero una privilegiada por haber podido vivir aquello. Más tarde, y aunque parezca y lo sea, presuntuoso, cuando leí una poesía de San Juan de la Cruz, que describía una experiencia suya, era exactamente lo mismo que había yo experimentado lo que decía que le había ocurrido a él.
Yo de santa no tengo nada, y soy bastante incrédula, pero a veces pienso si alguien no se ha suicidado sólo por curiosidad. Pero creo que eso no debe ser bueno; tenemos nuestra hora y ya nos llegará. Pero bueno, si alguien se suicida, es que ha llegado su hora... Pero de momento no pienso hacerlo. Estoy pasando una etapa buena, a pesar del cansancio crónico que no me deja. Y no tengo ganas de dejar este mundo terrenal, en el que por ahora las cosas me van bien.
Pero qué duda cabe que la muerte es el Gran Viaje, la Gran Aventura…y gratis.

Mª Dolores de Burgos









VIAJES AGITADOS





Una de las cosas, entre las muchas, que me llamaron la atención en la India, fueron los camiones. Van decorados con dibujos y pinturas variadas y no hay ni un centímetro en ellos por decorar, lo que hace que el tráfico, caótico, resulta muy colorido y divertido. Muchos camiones llevan la cruz gamada, cosa que al principio me asombró, pero luego pensé que aquella era la cuna de los arios, y ellos lo tienen muy presente. Pero me parece que si hubieran caído bajo la zarpa de Hitler los hubiera gaseado a todos. Desde luego, lo que no se puede negar es que los gitanos proceden de la India. El otro día estaba yo mirando una foto de Indira Gandhi de perfil, y me recordó muchísimo a Lola Flores. Sí, no os riáis. Allí hay gente guapísima, con unos ojos negros enormes, tanto hombres como mujeres. Sobre todo los de clase baja, que son más oscuros.
Los urinarios de Katmandú son unos de los más asquerosos que he tenido la experiencia de visitar, si exceptuamos el vater kikuyu en el que metí el pie y por poco desaparezco en aquel pozo de mierda. Los urinarios indios y nepalíes son de miedo, todos tienen en el suelo como un palmo de pipí y no hay papel, por supuesto, pero como yo siempre viajo bien equipada, llevo Kleenex y zapatos adecuados. Los váteres más limpios que he visto yo en mi vida son los suizos. Allí tienen unos dispositivos en que aprietas un botón y te sale una plantilla para ponerla sobre la inmaculada taza del vater, o sea que además de estar limpísimos no tienes que poner el culo donde lo ha puesto tu antecesora. ¡Qué diferencias! Yo recuerdo que la primera vez que fui a Sevilla, hace ya muchos años, entré en un vater que parecía nepalí, pero esto ahora ya se ha arreglado.(no os enfadéis, primos sevillanos) Otros baños terriblemente sucios son, aunque parezca mentira, los que encontré en el Vaticano. Yo, que soy muy meona, en cuanto tengo ocasión voy, pues nunca se sabe cuando se podrá una volver a aliviarse. Pues fui a los lavabos papales y allí había casi tanto meado en el suelo como en Katmandú. Me quedé de piedra. Nunca hubiera imaginado nada parecido. Espero que los papas posteriores subsanarán aquello. Entonces estaba Pablo VI.
º Yo he tenido la suerte de no tener hijos, y el dinero que me hubieran sacado con su educación, para después sacarme los ojos, por aquello de cría cuervos, lo he empleado en gran parte en viajar. Me conozco los cuatro continentes. En Oceanía no he estado, y no sé si estaré. Me apetece más conocer Asia Central, la parte del Uzbekistán, Samarkanda, Bujara, .No me tengo que morir sin ir a Samarcanda. Es mi Meca. A la Meca podría ir por cuatro perras, pues ahora es el tiempo, y se organizan viajes muy baratos desde Palma. Pero creo que tendrían que repatriar mi cadáver si tengo que hacer las cosas que se tienen que hacer allí para ser un buen musulmán. Hay que dar tropecientas vueltas a la Kaaba, y cuando yo veo en la tele aquella multitud, el pensar que puedo estar yo en medio y con ganas de hacer pis, y no poder, me horroriza. Porque aquello dura muchísimo. También se levantan a medianoche, como por maitines, para rezar. Pero como yo estoy exenta por razones de salud, no me voy a ver en estos aprietos. Además, como hay unos gentíos tan enormes, y aquello está bastante mal acondicionado, siempre hay accidentes. No pasa año en que, como éste, se derrumbe me parece que ha sido un puente y se han muerto 400, o descarrila un tren, o vuelca un autobús. Mis ansias de martirio no llegan hasta ese punto,.Esperemos que Dios (si existe) sea comprensivo y tenga sentido del humor.¿Tendrá Dios sentido del humor? Me lo pregunto a veces. Esperemos que sí, porque si no, no sé qué será de mí. Tendré que pasarme la eternidad en la morada del Saytán, y yo, aunque friolera, no me apetece tanto calor. Espero que mi media docena de ángeles custodios me libren de eso.
La gente se cree que los hindúes son politeístas e idólatras, y no es verdad. Bueno, sí que son unos asociadores de miedo, pues les rezan a diosecillos como aquí lo hacen las viejas a Santa Rita o a San Pascual Bailón, pero esos diosecillos no son dioses en realidad, sino facetas del único Dios. Krishna. Tienen una Trinidad, Krishna, Shiva y Vishnu. Shiva es el principio destructor y Vishnu el constructor. El primero tiene muchos más adeptos que el segundo. ¿Por qué será?

Mª Dolores de Burgos-Aisha.