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Marià CORBÍ, Lo que existe

La tierra no existe como la peana de nuestras vidas. Lo que existe no es "humanos que nacen y mueren". Lo que existe no son seres, cosas, entidades. Nada de eso existe.
Todo eso es solo la lectura que un depredador hace del mundo y de sí mismo para poder cazar.
         Todo lo que ve el ojo y el corazón siente es uno y múltiple. Esa es la luz correcta de la sabiduría.
  Eso, uno y múltiple, es sabio como una mente, pero no es ninguna mente.
Parece moverse guiado por finalidades, pero no tiene finalidades.
      Planifica como un constructor o como un estratega, pero ni hay constructor ni estratega.
Es dulce y seductor como la primavera o el amor, pero no hay nadie detrás de esa ternura.
       Es solícito y providente como una madre o como un dios, pero ni hay madre ni hay dios.
 
Las generaciones son oleadas de un ejército condenado al exterminio,    pero no hay ningún general atroz.
La muerte ni es un castigo ni un fatal destino, es solo la táctica fundamental de la vida.
Lo que nos mira es más expresivo que un rostro, pero no hay rostro.
Nos habla como un poeta y nos canta como un músico, pero no encontrarás ni al poeta ni al músico.
Detrás, por encima o por debajo de este cosmos infinito no hay ninguna entidad a la que puedas llamar Dios.
Sin embargo, los datos están presentes y claros: lo que hay es uno y múltiple; es unidad radical y diversidad indescriptible; se mueve con sabiduría, con plan, estrategia y voluntad.
 
Es una manifestación, un discurso, una canción, pero una descomunal incógnita; es una presencia masiva e indudable, pero íntima; es claro, explícito, manifiesto, cierto, pero inconcebible, inasible; es desconcertante e inquietante como un problema, pero seductor como una amante.
       Ser es tener el poder de ser. Tengo poder de ser, puesto que soy. Pero ese poder de ser no es mío. ¿Digo “mío”? ¡No hay, aquí, en mí, nada que no sea ese poder de ser!
         No soy más que una chispa, próxima a apagarse, de ese poder de ser; un destello de conciencia, un brillo de ese poder de ser, nada fuera de él. Se enciende cuando quiere y se apaga cuando quiere. Yo no tengo ningún control en su aparición o desaparición.
¿Quién va a tener control del poder de ser si solo existe el poder de ser? No hay ninguna entidad frente a él, por tanto, solo soy él y nada más que él.
         El poder de ser es como un fuego sin límites. Yo soy solo una chispa de ese gran fuego. En mi ser no hay otra cosa que ese fuego.
Cuando salto como chispa, desde el gran fuego, no puedo ir a otro lugar o a otra realidad que ese gran fuego. Cuando la chispa se apaga, va a parar al gran fuego. Parece que salgo de él y que vuelvo a él, pero ni salgo ni vuelvo.
          Si el gran fuego, el poder de ser, tuviera fronteras, las fronteras serían la nada. Pero la nada no puede ser frontera de nada. Por consiguiente, el poder de ser, el ser, no tiene fronteras.
Cuando yo, como chispa de fuego, parece que salgo de él y cuando mi diminuto fuego se apaga, ni he brillado por unos momentos fuera de sus fronteras, ni me apago cayendo más allá de ellas.
         Solo él es, y fuera de él no hay nada. Cuando me acerco a la muerte, no hay muerte para mí, porque la nada no es amenaza, es nada.
         Mi ser es como una tea. Mi conciencia es el fuego, mi cuerpo la tea. Cuando mi cuerpo se consume y desaparece, el fuego que prendía en él se apaga. Pero mi llama es solo su fuego, y mi cuerpo que se consume, también es solo su fuego.
       Sin embargo hay apagarse y hay consumirse. ¿Qué es apagarse y consumirse, cuando no se puede salir de él, ni volver a él, ni ir a la nada?
        La chispa que salta, parece un pequeño fuego que se aleja del gran fuego y se hace diferente de él. Cuando, lejos del gran fuego, la chispa se apaga, parece que se extingue.
Pero no hay otro fuego que él, ni nada que queme que no sea él. Tampoco hay lugar en el que uno pueda alejarse de él, porque todo lugar es él.
  Y cuando el cuerpo se consume y la llama se apaga, no caen en la nada, porque la nada no es la frontera del ser. La nada no tiene ser para poder ser frontera. Ni la llama que se apaga, ni el cuerpo que se consume pueden caer en la nada.
        Creí ser alguien que salía del ser a este mundo y que volvía al ser o a la nada. Nadie sale del ser, porque no hay lugar al que salir. Este mundo no es nada fuera de él; también el mundo es él.
      Nadie vuelve a él porque nadie salió; nadie cae en la nada porque la nada no es.
      Todo ha sido un juego del error: creí que mi poder de ser era un poder de ser, aunque insignificante, frente al suyo. Mi ser, mi poder de ser es el Poder de Ser, “el que es”.
         El Poder de Ser; ese es mi ser. En mí, solo el Poder de Ser de todo lo que es en la inmensidad de los mundos celestes y terrenos.
    Fuera del Poder de Ser, que se extiende por el vasto universo, no hay nada más en mí.
         Soy solo una burbuja en el barro, pero soy el mismísimo Poder de Ser de todo lo que existe. ¿Mi individualidad? Nada fuera del Poder de Ser, solo Él es, nada más que Él.
       Ver al único Poder en la burbuja que dura lo que tarda en estallar.
     Esa es toda la tarea.

(Selección de: Marià CORBÍ. A la intemperie, Verloc, Barcelona 2009, pp. 147-154).
EL DIOS DE SPINOZA



Debe  haber sido muy lúcido y muy arriesgado  para escribir semejantes razones en la época que vivió....Si pensáramos así, habría más felicidad en el mundo, menos  fanatismo, menos guerras, más amor, más comprensión...
Baruch de Spinoza

Baruch de Spinoza (también escrito Baruj de Spinoza) (Hebreo: ברוך שפינוזה, Latín: Benedictus de Spinoza, Portugués: Bento de Espinosa), (Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 - La Haya, 21 de febrero de 1677) fue un filósofo neerlandés, de origen sefardí portugués, heredero crítico del cartesianismo, considerado uno de los tres grandes racionalistas de la filosofía del siglo XVII, junto con el francés René Descartes y el alemánGottfried Leibniz. 
Este es el Dios o Naturaleza de Spinoza:
Dios hubiera dicho:

" Deja ya de estar rezando y dándote golpes en el pecho! Lo que  quiero que hagas es que salgas al mundo a disfrutar de tu vida.
 Quiero que goces, que cantes, que te diviertas y que disfrutes de todo lo que he hecho para ti.

 ¡Deja ya de ir a esos templos lúgubres, obscuros y fríos que tú  mismo construiste y que dices que son mi casa.

Mi casa está en las montañas, en los bosques, los ríos, los lagos, las playas. Ahí es  en donde vivo y ahí expreso mi amor por ti.

 Deja ya de culparme de tu vida miserable; yo nunca te dije que había nada mal en ti o que eras un pecador, o que tu sexualidad  fuera algo malo.

 El sexo es un regalo que te he dado y con el que puedes  expresar tu amor, tu éxtasis, tu alegría. Así que no me culpes a mí  por todo lo que te han hecho creer.

 Deja ya de estar leyendo supuestas escrituras sagradas que nada  tienen que ver conmigo. Si no puedes leerme en un amanecer, en un  paisaje, en la mirada de tus amigos, en los ojos de tu hijito...  ¡No me encontrarás en ningún libro!

 Confía en mí y deja de pedirme. ¿Me vas a decir a mí como hacer mi  trabajo?

 Deja de tenerme tanto miedo. Yo no te juzgo, ni te critico, ni me enojo, ni me molesto, ni castigo. Yo soy puro amor.

 Deja de pedirme perdón, no hay nada que perdonar.  Si yo te hice... yo te llené de pasiones, de limitaciones, de placeres, de sentimientos, de necesidades, de incoherencias...  de libre albedrío ¿Cómo puedo culparte si respondes a algo que yo puse en ti? ¿Cómo puedo castigarte por ser como eres, si yo soy el que te hice? ¿Crees que podría yo crear un lugar para  quemar a todos mis hijos que se porten mal, por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de dios  puede hacer eso?

 Olvídate de cualquier tipo de mandamientos, de cualquier tipo de leyes; esas son artimañas para manipularte, para controlarte, que sólo crean culpa en ti. Respeta a tus semejantes y no hagas lo que no quieras para tí. Lo único que te pido es que pongas atención en  tu vida, que tu estado de alerta sea tu guía.

 Amado mío, esta vida no es una prueba, ni un escalón, ni un paso en el camino, ni un ensayo, ni un preludio hacia el paraíso. Esta vida es lo único que hay aquí y ahora y lo único que necesitas.

 Te he hecho absolutamente libre, no hay premios ni castigos, no hay pecados ni virtudes, nadie lleva un marcador, nadie lleva un registro.

 Eres absolutamente libre para crear en tu vida un cielo o un infierno.

 No te podría decir si hay algo después de esta vida, pero  te puedo dar un consejo. Vive como si no lo hubiera. Como si esta fuera tu única  oportunidad de disfrutar, de amar, de existir. 

 Así, si no hay nada, pues habrás disfrutado de la oportunidad que te di.

 Y si lo hay, ten por seguro que no te voy a preguntar si te portaste bien o mal, te voy a preguntar ¿Te gustó?... ¿Te divertiste?...  ¿Qué fue lo que más disfrutaste? ¿Qué aprendiste?...

 Deja de creer en mí; creer es suponer, adivinar, imaginar. Yo no quiero que creas en mí, quiero que me sientas en ti. Quiero que me sientas en ti cuando besas a tu amada, cuando arropas a tu hijita, cuando acaricias a tu perro, cuando te bañas en el mar.

  Deja de alabarme, ¿Qué clase de Dios ególatra crees que soy?
Me aburre que me alaben, me harta que me agradezcan. ¿Te sientes agradecido? Demuéstralo cuidando de ti, de tu salud, de tus relaciones, del mundo. ¿Te sientes mirado, sobrecogido?...  ¡Expresa tu alegría! Esa es la forma de alabarme.

 Deja de complicarte las cosas y de repetir como perico lo que te han enseñado acerca de mí. Lo único seguro es que estás aquí, que estás vivo, que este mundo está lleno de maravillas.   ¿Para qué necesitas  más milagros? ¿Para qué tantas explicaciones?

 No me busques afuera, no me encontrarás. Búscame dentro... ahí estoy, latiendo en ti.

 Spinoza
 




imagen
Ni salvados, ni redimidos I
(Pero sí amados, llamados y esperados)


Preámbulo

Una piadosa lectora de este artículo -publicado en parte hace un tiempo- se llenó de gozo tras su lectura. Pero, después, le entraron escrúpulos sobre su ortodoxia. Escribió rápidamente a un jesuita de su confianza, le adjunto el texto y le preguntó sobre su fiabilidad. El sacerdote le respondió que nada había que temer, que lo recogido en el artículo era correcto y conocido por los teólogos. Pero que el título era provocativo y podría escandalizar.

Ciertamente, el título es intencionadamente provocativo. Pretende romper el tabú de un "dios sádico", predicado durante siglos. Pretende descolgar a los católicos de una perniciosa "tradición de barro". Pretende animar a los curas a reconocer el error y predicar la verdad radiante que hoy podemos contemplar. Me rebelo públicamente contra esa ignorancia o indiferencia en la que muchos siguen instalados. ¡Con cuánta fuerza deseo que las certezas que expondré lleguen a todos para que se alegren con la Buena Noticia! "¡Fuego he venido a traer a la tierra y qué he de querer sino que arda!" (Lc 12,49). Porque yo no me he inventado cuanto afirmaré o negaré, sino que está escondido en los bordados del Evangelio y en el corazón de los que buscan con pasión sincera el rostro de Dios.

Por contra, niego rotundamente que esta meditación pueda escandalizar. ¿Escandaliza el gallo que anuncia con su intempestivo canto que nace la aurora? Quien se escandaliza de la luz es que no quiere salir de la caverna de diez siglos de error flagrante, solo disculpable por la humana "limitación" y por el "ambiente" de coacción religiosa de épocas pasadas. Sé que este título es una pedrada en el ojo cristalizado de los tradicionalistas inmóviles. Sé que grito lo que muchos curas deberían predicar y no predican. Sé que nuestra anticuada liturgia está plagada de la sádica teoría y no parece que quieran limpiarla. Sé que soy una voz insignificante queriendo cavar una fuente en el desierto y aliviar las gargantas resecas por tantas abstracciones, rutinas e incoherencias. Sé que amo el agua, la luz y la vida que brota en el Pueblo de Dios, aunque algunos dirigentes nos den la espalda…

Por eso grito y seguiré gritando año tras año hasta que me quede sin voz:

- ¡Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que nos contaron! Aquello era y es una aberración. ¿Cómo no lo veis "sabios y entendidos" aferrados a vuestra ceguera?
- ¡Ni salvados, ni redimidos… automáticamente! Es necesaria la colaboración del hombre, es necesaria la apertura del ser humano a la redención ofrecida. Lo dijo san Agustín: "Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti".

Alguien, hambriento de testimonios reales, me ha preguntado: ¿Y tú, ínfimo y efímero predicador, te sientes redimido? Y he tenido que retratarme: ¡Sí, me siento en camino! ¡Sí, por la gratuidad de Dios y mi total adhesión a ella! Porque la Redención consistió y consiste en la revelación de un Rostro (la meta) y un Camino (los medios para llegar). Solo quien busca ese Rostro y anda ese Camino -consciente o inconscientemente- se redime y se salva, es decir, se realiza como ser humano y encuentra el sentido de su vida. Así de simple.

Toda la compleja doctrina eclesial, los sacramentos, las liturgias, las oraciones y las celebraciones… o son exactamente para eso o se convierten en árboles que no dejan ver el bosque. Muchas personas terminan por huir de esa confusa floresta que les aprisiona y les confunde. Otras van decayendo lentamente ante una religión que somete y no alimenta. Lo mismo habría que decir de las filigranas intelectuales que han multiplicado los teólogos y la historia que, con demasiada frecuencia, han resultado ser un "narcisismo intelectual" más que una ayuda real a la redención y salvación de los hombres.

Insisto y seguiré insistiendo mientras pueda: La Redención está en la Luz y no en la cruz. Ésa -así con minúscula- la pusieron los asesinos y, de ningún modo, fue querida o impuesta por el Padre como expiación. La cruz expiatoria, el sacrificio necesario para perdonar pecados, el holocausto redentor como desagravio, la sangre como medio de aplacar a Dios, no son más que doctrina judía. ¿Cómo puede extrañarnos que a los primeros cristianos, convertidos del judaísmo, se les filtrara una explicación judaica -la única que tenían dentro- ante el shock de un Mesías liberador, ajusticiado como un esclavo? Ellos no pudieron caer en que Dios nos tiene perdonados desde la eternidad y no busca más que nuestro regreso a sus brazos. La "parábola del hijo pródigo" -síntesis del evangelio- les pasó mucho más desapercibida que la abrumadora frustración de un patíbulo inexplicable.

Hoy, desatados de la rígida literalidad de la Escritura y de sus incrustaciones judaicas, solo podemos escribir Cruz -con mayúscula- cuando se convierte en Luz, deja de ser ensangrentado patíbulo y se convierte en progresivo Camino de salvación. Y los caminos -ya se sabe- hay que caminarlos.

Hoy no podemos besar y abrazar la cruz -horrenda e inhumana herramienta de tortura- salvo que tengamos integrado que la Cruz es el símbolo y síntesis de los valores genuinamente cristianos. Besar y abrazar la Cruz no significa expresar la sentimentaloide tristeza por el Justo ajusticiado por mis pecados. Ni estremecerse con las interesadas reproducciones del celuloide o la imaginación. Mucho menos pretender repetir sus dolores y horrores voluntariamente y caer en un masoquismo desequilibrante.

Besar, abrazar y dar sentido a la Cruz supone una real y firme adhesión a los valores por los que el Crucificado prefirió morir a desertar, adhesión que nos llevará a morir también nosotros antes que traicionarlos. ¡Ahí está nuestra bendita legión de mártires! El Dios de los cristianos se hizo humano para mostrarnos el Camino de la Luz, es decir, de la humanización de la persona y del mundo. Esa es la realidad, bien racional y bien concreta.

La cruz NO es el altar en que se ofrece al Padre la víctima propiciatoria para el perdón de los pecados. Sigue siendo doctrina judía. Ni existe un mediador que arranca con su sacrificio la redención y regeneración del género humano (un Dios mediando ante Dios… Hum… puro politeísmo creado por la complejidad mental de los hombres complicados). La Cruz es el símbolo y resumen de la "escala de luz" que el Hijo ha desplegado hasta el pozo de degradación en que el Hombre estaba (y está) metido. Solo se regenera y salva quien hace el esfuerzo de subir por esa escala. Ni sacrificios, ni méritos, ni pagos. ¡Puro amor gratuito de un Dios que es Amor! ¿Cómo no lo veis, "guías ciegos", cómo no lo veis?

El dolor de la cruz nunca fue querido ni proyectado por el Padre, fue (y es) la perversión humana la que inventó la injusticia y la tortura, que el Padre tuvo (y tiene) que "soportar" para no eliminar nuestra libertad asesina. Porque Dios nunca se desdice y siempre respeta su obra. Por eso el dolor de la cruz NO salva, lo que salva es el mantenimiento de una esperanza luminosa y sanadora aún en el túnel del dolor irremediable. Es la "espiritualidad de Cristo", su esperanza, sus valores, el contenido de su predicación, lo que puede sanarnos y librarnos de la degradación.

Bastaría mirar la realidad para darnos cuenta de que no estamos redimidos, ni global ni personalmente. Solo la adhesión e inmersión en esa "espiritualidad de Cristo" (eso representa el signo del Bautismo) nos puede redimir, nos puede transformar, nos puede humanizar. ¡Cuánto deberíamos repetir esta verdad! Cuando los curas abusan de fórmulas prefabricadas e inmóviles, pueden caer en la paradoja de darnos una religión vacía, sin espiritualidad. Lo que hace una religión (continente) sólida, útil y luminosa es su espiritualidad (contenido), es decir, sus valores reales, no su parafernalia. ¡Por favor, no nos deis conservas caducadas! ¡Dadnos valores positivos, esperanzadores, regeneradores, evangélicos! ¡Dadnos vida!

Finalmente, es imposible "amar a Dios sobre todas las cosas" sin conocerle, al menos de oídas. Ya decían los escolásticos: "nihil volitum quin precognitum" (nada puede ser querido que no sea antes conocido). Por eso la regeneración (redención) que nos trae Cristo empieza con la revelación del Rostro de Dios, única manera de motivarnos a emprender el Camino que conduce hasta Él y nos salva, es decir, nos hace humanos.

Por desgracia, la complejidad de los doctores de todos los tiempos ha esparcido mucha niebla sobre ese Rostro, hasta el punto de presentarnos un fantasma cruel y atemorizante, con vestimenta judaica, capaz de sacrificar a su propio Hijo al estilo de Abraham. Nos han empujado a seguirlo por temor y con horror, en vez de motivarnos a "buscar" el Rostro luminoso que nos reveló Cristo, atraídos por su amor y su luz. La pregunta terrible que late en el subconsciente de los cristianos es: ¿Si nuestro Dios fue capaz de sacrificar a su Hijo inocente por nuestros pecados, qué no hará conmigo pecador?

Si encima se insiste en que lo hizo por amor a los hombres, entonces te inundan la perplejidad y el crujido del sentido común ante afirmación tan irracional. No es de extrañar que muchos huyeran (y huyan) de ese "dios". Tampoco es extraño que en nuestros días algunos publiciten: "Dios no existe. Disfruta de la vida". ¡Tienen razón, ese "dios sádico" del que huyen, no existe!

A lo largo de la Historia, la persona de Cristo y sus revelaciones, junto con la asistencia del Espíritu y su caudal de dones -como Él prometió- ha sido capaz de encender el amor al Padre en muchos corazones sencillos y sinceros, al margen de las erróneas contorsiones mentales de la "tradición de barro". Ahí están multitud de Santos para confirmarlo.

No adelantaré más. En la meditación próxima expondré los argumentos que han llevado a este misionero virtual a esas certezas, e insistiré en otras nacidas del sentido común y no de complicadas elucubraciones, impuestas por largo tiempo.

Jairo del Agua
http://blogs.periodistadigital.com/jairodelagua.php
EL DIOS SALARIO
“Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos” (Romanos 8.25)
VERÓNICA PÉREZ, Pastora Pentecostal, marimag13@yahoo.es
GUATEMALA.
 
ECLESALIA, 26/07/10.-  El Dios de la vida está siempre presente, en cada mano amiga que se extiende solidaria, se hace realidad en nuestra experiencia cotidiana.
No olvidemos la presencia del Dios de la vida con nosotras y nosotros. Sin lugar a dudas, recibimos muchas bendiciones, una de ellas es el salario. Tenerlo es de estar agradecidas y agradecidos, con alabanza y gloria al Dios de la vida. Cuando se depende ciegamente del salario  se constituye en dios, se le espera cada 15 y 30 días, se sabe que llega completo. Cierto. Es fijo, nos promete seguridad, sentimos que nos da identidad y nos ofrece un poco de dignidad y en muchos casos hasta nos hace sentirnos poderosos. No debemos olvidar que el trabajo y el salario es una bendición de Dios.  Pero cuando el salario se vuelve nuestro dios, nos olvidamos de Ese que lo permitió.  Pero, este, puede esfumarse en un momento inesperado.
Cuando  “dios salario” echa raíces en nuestra vida y  experiencia cotidiana, nos sentimos huérfanos cuando se corta, cuando se trunca por mandato de otros dioses, porque es manipulable por quienes se consideran dueñas o dueños y tienen el poder de decidir. Entonces nos despertamos a la realidad y ¿Qué pasará con tu vida? ¿Qué pasará contigo? ¿Qué pasará con tu familia? ¿Cómo te encontrarás a ti misma de nuevo y cómo te verás sin esos dioses?
En la experiencia cotidiana volver al Dios de la vida nos despierta y mantiene activa, a la expectativa de lo que acontecerá, de cómo actuará y cada día nos sorprenderá.  El Dios de la vida nos mantendrá con fe y enseña a vivir con confianza, en espera de algo mejor, mucho mejor y nos da  firmeza cuando aparezca la duda.
El Dios de la vida no chantajea, no amenaza, no tortura psicológicamente, no corta la libertad, nos invita a vivir con esperanza y a servirle con libertad y alegría, da calma, nos hace ser nosotras mismas, sin chantajes, ni condiciones que esclavicen, no infunde miedo. Fuera de este Dios de la vida, están muchos otros dioses, algunos más perversos que otros.
El Dios de la vida nos lleva por caminos de luz y de amor, demuestra con hechos concretos que está presente, aunque tú veas que ¡nunca es más oscuro que cuando va a amanecer! Dios  nos carga en sus brazos amorosos, hemos caminado, pero no  vemos nuestras huellas… solamente las de Él, porque nos cuida, nos protege y nos provee…
Gracias Dios por ser Dios y a todos y todas por ser sus instrumentos para  dar vida en abundancia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Muhyi-d-din Ibn 'Arabî
TRATADO DE LA UNIDAD
(risalatul ahadiyah)

(Traducción de Roberto Pla según la edición francesa aparecida en la revista "Être", primer trimestre de 1977, traducida del árabe por Abdul-Hadi. Málaga, Ed. Sirio, 1987).

Ibn ‘Arabi es uno de los más destacados místicos sufíes. Nació en Murcia, en 1165, y murió en Damasco, en 1240.


¡En el nombre de Allâh, el Clemente, el Misericordioso! ¡Nosotros imploramos su ayuda!
¡Gloria a Allâh, ante cuya Unidad no hay nada anterior, si no es Él, que es el Primero! ¡Gloria a Allâh, después de cuya Singularidad no hay un después, si no es Él, que es el Siguiente!
Con relación a Él no hay antes, ni después; ni alto ni bajo; ni cerca, ni lejos, ni cómo, ni qué, ni donde, ni estado, ni sucesión de instantes, ni tiempo, ni espacio, ni ser. Él es tal como es. Él es el Único sin necesidad de la Unidad. Él es lo singular sin necesidad de la Singularidad.
Él no está compuesto de nombre, ni de denominado, porque Él es el nombre y el denominado. No hay nombre salvo Él. No hay denominado salvo Él. Por ello se dice que Él es el nombre y el denominado.
Él es el Primero sin anterioridad. Él es el Último sin posterioridad. Él es Evidente sin exterioridad. Él es Oculto sin interioridad. Porque no hay anterior, ni posterior; no hay exterior, ni interior, sino Él.
Es necesario comprender este Misterio para no caer en el error de los que creen en las encarnaciones de la divinidad. Él no está en ninguna cosa y ninguna cosa está en Él. Es preciso conocerle pero no por la ciencia, la inteligencia, la imaginación, la sagacidad, los sentidos, la visión exterior, la visión interior, la comprensión o el razonamiento.
Nadie, salvo Él mismo, puede verle. Nadie, salvo Él mismo, puede asirle. Nadie, salvo Él mismo, puede conocerle. Nadie distinto de Él puede ocultarle. Él se ve y se conoce a Sí mismo. Su velo impenetrable es su propia Unidad. Él mismo es su propio velo. Su velo es su propia existencia. Su Unicidad le vela de forma inexplicable.
Nadie le ha visto, le ve, o podrá verle jamás. Ningún profeta enviado ni ningún santo perfecto o ángel se le aproxima. Su Profeta es Él. Su mensajero es Él. Su mensaje es Él. Su Palabra es Él. Él ha mandado su Ipseidad con Él mismo, de Él mismo y hacia Él mismo, sin ningún intermediario o causalidad exterior a Él mismo. Ninguna diferencia de tiempo, espacio o naturaleza hay entre El que envía el mensaje, el mensaje y el destinatario del mensaje.
Su existencia está únicamente en los textos de la profecía. Sin embargo, sólo Él existe y no puede dejar de existir puesto que jamás vino a la existencia. Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor". También ha dicho: "Yo conozco a mi Señor, por mi Señor". El Profeta de Allâh ha querido hacerte comprender que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú; que Él no cabe en ti y tú no cabes en Él; que Él no sale de ti y tú no sales de Él.
Lo que quiero decir es que tú no eres, o posees tal o cual cualidad, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, en Él o con Él. Tú no puedes cesar de ser, porque no eres. Tú eres Él y Él es tú, sin ninguna dependencia o causalidad. Si alcanzas a reconocer en tu existencia esta cualidad de la nada, entonces conoces a Allâh. En otro caso, no.
La mayor parte de los iniciados dicen que la Gnosis, o Conocimiento de Allâh, viene a continuación de la extinción (fanâ) de la existencia y de la extinción de esta extinción (fanâ el-fanâ'i). Pero esta opinión es falsa, pues parte de un error manifiesto. La Gnosis no exige la extinción de la existencia y la extinción de esta extinción, sencillamente porque las cosas no tienen ninguna existencia y lo que no existe no puede dejar de existir. Decir que una cosa ha dejado de existir, que no existe ya, equivale a afirmar que ha existido. Pero si conoces el ti-mismo, es decir, si puedes concebir que no existes y que, por tanto, no puedes extinguirte jamás, entonces conoces a Allâh. En otro caso, no.
Atribuir la Gnosis a la extinción (fanâ) y a la extinción de la extinción (fanâ el-fanâ'i) es un credo idólatra. Si atribuyes la Gnosis a fanâ y a fanâ el-fanâ'i, pretendes que algo distinto de Allâh puede gozar de existencia. Esto es negarle y entonces eres formalmente culpable de idolatría. El Profeta ha dicho: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su señor". Si se afirma la existencia de algo distinto no se debe hablar de su extinción, porque no se puede hablar de la extinción de aquello que hay que afirmar.
Tu existencia es nada y "nada" no es añadido a alguna cosa, temporal o no. El Profeta ha dicho: "Tú no existes ahora y tampoco existías antes de la creación del mundo". La palabra "ahora" significa, como presente absoluto, la eternidad sin comienzo y sin fin, Pero Allâh es la existencia de la eternidad sin comienzo, y de la eternidad sin fin, tanto como de la preexistencia, Estos tres aspectos de la eternidad son Él, Allâh es la existencia de estos tres aspectos de la eternidad sin que Él deje, por eso, de ser absoluto. Si Él no fuera así, su Soledad no existiría. Él no carecería de compañero. Pero es de necesidad racional, dogmática y teológica que Él no tenga pareja posible. Su pareja sería aquel que existiera por sí mismo y no por la existencia de Allâh, y sería, consecuentemente, un segundo Señor Allâh, lo que es imposible. Allâh no tiene pareja, ni en semejanza ni en equivalencia.
Aquel que ve una cosa con Allâh, de Allâh o en Allâh, haciéndola independiente de Allâh, por su propio Señorío, convierte esta cosa en pareja de Allâh, independiente de Él, por el Señorío. Aquel que pretende que una cosa pueda existir con Allâh -poco importa que esta cosa exista por ella misma o por Él- y que ella misma extingue su existencia, o la extinción de su existencia -un hombre tal, digo yo-, está lejos de tener la menor percepción de conocimiento de sí mismo. Porque aquel que pretende que algo distinto de Él puede existir -poco importa que sea por sí mismo, o por Él o en Él-, que puede desaparecer y extinguirse, que puede extinguirse la extinción también, etc., etc., tal hombre entra en un círculo vicioso. Todo esto es idolatría y nada tiene que ver con la Gnosis. Tal hombre es idólatra y no conoce nada de Allâh, ni de sí mismo.
Si se pregunta por qué medio se llega a conocer el sí-mismo, es decir, el "proprium", el alma, y a conocer a Allâh, la respuesta es: La vía hacia estos dos conocimientos está indicada con estas palabras: "Allâh es y la nada con Él. Él es ahora tal como era". Si alguno dice: "Yo veo mi alma, -mi "proprium", mi mí-mismo- distinta de Allâh y no veo que Allâh sea mi alma", la respuesta es: El Profeta expresa con el término "alma", el "proprium" o "ti-mismo", y no el elemento psíquico de tu existencia particular, que se llama a veces "alma imperiosa", o "aquella que tiende irresistiblemente al mal", o "el alma que reprocha" o "el alma aquietada", etc. El Profeta ha dicho también: "Hazme ver. ¡Oh Allâh!, las cosas tal como son", designando por "las cosas" todo lo que no es Allâh -¡que Él sea exaltado!-.
Con esto el Profeta ha querido decir: "Hazme conocer lo que no eres Tú, a fin de que sepa yo, a fin de que conozca yo, la verdad sobre las cosas, si ellas son Tú, o distintas de Ti. ¿Carecen ellas de comienzo y de fin, o bien han sido creadas y han de desaparecer?". Entonces Allâh le permitió ver que todo lo que no es Él, incluyendo el "sí-mismo" del hombre, no tiene ninguna existencia. Y vio las cosas tal como son: quiero decir que vio que las cosas son la "quididad" de Allâh fuera del tiempo, del espacio y de todo atributo.
El término "las cosas" puede aplicarse al alma, o no importa a qué otra cosa. La existencia del alma y de las cosas se identifican ambas en la idea general de "cosa", por lo que quien conoce su alma, su sí-mismo, conoce al Señor. Aquello que tú crees ser distinto de Allâh, no es sino Allâh, pero tú no lo sabes. Tú Le ves y no sabes que Le ves. Desde el momento en que este misterio haya sido desvelado a tus ojos --que no eres distinto de Allâh-- sabrás cuál es el fin de ti mismo, que no tiene necesidad de anonadarte, que jamás has dejado de ser y que no dejarás jamás de existir..., jamás, como ya lo hemos explicado.
Todos los atributos de Allâh son tus atributos. Verás que tu exterior es el Suyo, que tu interior es el Suyo, que tu comienzo es el Suyo y que tu fin es el Suyo. Y eso, incontestablemente, sin duda alguna. Verás que tus cualidades son las Suyas y que tu naturaleza íntima es la suya. Y eso sin que te conviertas en Él, o que Él se convierta en ti, sin transformación, sin disminución o aumento alguno.
"Todo muerto salva Su Faz", en el exterior y en el interior. Esto quiere decir que no existe nada distinto de Él, que algo distinto de Él no tiene existencia. Por eso lo que parece distinto de Él será necesariamente perdido, pues lo que queda es Su Faz. Dicho de otra manera: Nada hay permanente salvo Su faz.
Un ejemplo: un hombre ignora alguna cosa y después la aprende. Con esto no es su existencia lo que se acaba, sino su ignorancia. Su existencia continúa porque no ha sido canjeada por la de otro. La existencia del sabio no se ha venido a sumar a la del ignorante, ni se ha producido ninguna mezcla de las dos existencias individuales. Sólo la ignorancia ha sido eliminada. No pienses, por tanto, que es necesario acabar con tu existencia, porque entonces te envuelves en tu propia extinción y te conviertes, por así decirlo, en el velo de Allâh. Como este velo es distinto de Allâh, se sigue que algo distinto de Allâh puede vencerle reposando sus miradas en Él, lo que es un error y una grave mentira.
Hemos dicho más arriba que la Unicidad y la Singularidad son los únicos velos de Allâh. Por eso está permitido al "Wâçil", esto es, al que ha alcanzado la Realidad, decir: "Gloria a mi, pues mi excelsitud es grande". Tal "Wâçil" no ha llegado a un grado tan sublime antes de haber visto que sus atributos son los atributos de Allâh, y que su ser íntimo es el ser íntimo de Allâh, sin ninguna transformación de atributos o transustanciación del ser íntimo; sin ninguna entrada en Allâh, o salida de Él. Tal "Wâçil" ve que no se apaga en Allâh, que no persiste con Allâh, que su alma, es decir, su "proprium", no existe del todo, como había existido hasta entonces, pues al apagarse no queda alma, ni existencia salvo la Suya.
El Profeta ha dicho: "No insultéis al Siglo, porque es Allâh". Con estas palabras ha querido decir que la existencia del Siglo es la existencia de Allâh --¡que Él sea glorificado y magnificado!--. Él es demasiado elevado para tener un compañero, un semejante o un equivalente cualquiera. El Profeta dijo, según una tradición: "Allâh dice: Servidor mío: He estado enfermo y no me has visitado. He tenido hambre y no me has dado de comer. Te he pedido limosna y me la has negado". Con esto ha querido decir que Él era el enfermo y el mendicante. Y si el enfermo y el mendicante pueden ser Él, también tú y todas las cosas de la creación, accidentales o sustanciales, pueden ser Él. Cuando se descubre el enigma de un sólo átomo, se puede ver el misterio de toda la creación, tanto interior como exterior.
Verás que no es que Allâh haya creado todas las cosas, sino que tanto en el mundo invisible como en el visible no hay más que Él, porque en ninguno de los dos mundos hay un sólo punto de existencia propia. Verás que Él no es solamente Su Nombre, sino que Él es el nombre y lo que se nombra, así como la existencia de ambos. Verás que no es que Él haya creado todas las cosas de una sola vez, sino que "Él es el Creador Sublime y de todos los días", por la expansión y ocultación de Su existencia y de Sus atributos. Más allá de toda condición inteligible.
"Porque Él es el Primero y el Último, lo Exterior y lo Interior.
Él aparece en Su unidad y se esconde en Su singularidad.
Él es el Primero por Su "perseidad".
Él es el Último por Su eterna permanencia.
Él es la existencia de lo Primero y de lo Último,
de lo Exterior y lo Interior.
Él es Su nombre y lo que es nombrado".
Como su existencia es fatal, lógica y dogmática, igualmente es fatal la no existencia de algo distinto de Él. Lo que imaginamos que es distinto de Él no es en el fondo más que una bi-existencia, pues la existencia de Él significa que no existe una bi-existencia que sería su semejante. No hay nada distinto de Él, porque Él está exento de que lo distinto de Él sea distinto de Él. Aquello que es distinto es también Él, sin ninguna diferencia interior o exterior. Lo que es de este modo posee atributos sin número ni fin.
Lo que es así calificado, posee innumerables atributos. Lo que muere, en el sentido propio de la palabra, se separa de todos los atributos, sean éstos loables o reprensibles. De igual manera, lo que muere, en el sentido figurado, se separa de todos sus atributos, sean éstos loables o reprensibles. Allâh -¡Que Él sea bendito y exaltado!-, está en su lugar en todas las circunstancias. La "naturaleza íntima" de Allâh está en la "naturaleza íntima"; los atributos de Allâh están en sus "atributos". Por eso el Profeta -¡Que Allâh le ayude y salve!- ha dicho: "Morid antes de morir", es decir: "Conoceos a vosotros mismos (vuestra alma, vuestro "propium") antes de morir".
También ha dicho el Profeta: "Allâh dice: mi adorador no cesa de aproximarse a mí por sus obras abundantes hasta que Yo le amo. Y cuando Yo le amo, soy Su oído, Su vista, Su lengua, Su mano, etc...". El Profeta quiere decir: el que aniquila su alma --su "proprium"--, es decir, el que se conoce, ve que toda su existencia es Su existencia. No ve ningún cambio en su "naturaleza íntima" o en sus atributos. No ve ninguna necesidad de que sus atributos se conviertan en los Suyos, porque ha comprendido que su propia "naturaleza íntima" no es él mismo y que hasta entonces había ignorado su "proprium", o sea, lo que Él es verdaderamente, en lo profundo.
Cuando hayas conocido lo que es verdaderamente tu "proprium", te habrás desembarazado de tu dualismo y sabrás que no eres distinto de Allâh. Mientras tengas una existencia independiente, una existencia "distinta de Allâh", no conseguirás apagar, esto es, conocer tu "proprium". Serás un Señor Dios distinto de Él. ¡Que Allâh sea bendito de manera que no haya un Señor Dios distinto de Él!
El interés del conocimiento del "proprium" consiste en que obtienes la certidumbre absoluta de que tu existencia no es ni una realidad ni una "nadidad", sino que tú no eres, no has sido y no serás jamás. Comprenderás claramente el sentido de la fórmula: "No hay Dios si éste no es el Dios" ("Lâ ilaha ill'Allah"), es decir, no hay un Dios distinto de Él, no hay existencia distinta de Él, no hay un "distinto" distinto de Él y no hay Dios si éste no es Él.
Si alguien objeta: "Tú has abolido su Señorío", yo respondo: No he abolido su Señorío, porque Él no cesa de ser un Señor magnificente, ni cesa de ser adorador magnificado. Él no cesa de ser Creador, ni cesa de ser creado. Él es ahora tal como era. Sus títulos de Creador, o de Señor magnificante, no están condicionados por la existencia de una cosa creada, o de un adorador magnificado. Antes de la creación de las cosas creadas, Él poseía todos sus atributos. Él es ahora tal como era.
No hay ninguna diferencia, en su Unidad, entre la creación y la preexistencia. Su título del Exterior implica la creación de las cosas y su título de lo Oculto o Interior implica la preexistencia. Su interior y Su exterior (Su expansión, Su evidencia) son como Su exterior y Su interior; Su primero y Su último son como Su último y Su primero. El todo es único y lo único es todo. Él es cualificado: "Todos los días está Él en el estado de Creador Sublime; nadie distinto de Él está con Él. Él es ahora tal como era".
En realidad, lo distinto de Él no existe. "Tal como era", eternamente, "todos los días en el estado de Creador Sublime". No hay ninguna cosa con Él y ningún día de creación, como no hay en la preexistencia ninguna cosa, ni ningún día, porque la existencia de las cosas, o su nada, es todo uno. Si no fuera así, Él habría necesitado la creación de alguna cosa nueva que no estuviera comprendida en su Unicidad, lo cual sería absurdo. Su título de Único le hace demasiado glorioso para que una suposición semejante fuera verdadera.
Cuando puedes ver tu "proprium", así cualificado, sin combinar la Existencia Suprema con un Adversario, compañero, equivalente o asociado cualquiera, entonces le conoces tal como es, es decir, le conoces realmente. Por eso el Profeta ha dicho: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor". No ha dicho: "Quien extingue su sí-mismo, su "proprium", conoce a su Señor", porque Él "sabe" y "vive" que ninguna cosa es distinta de Él y por eso dice a continuación que el conocimiento de sí-mismo es la Gnosis, o sea, el Conocimiento de Allâh. Has de conocer lo que es tu "proprium", es decir, tu existencia; has de conocer que en el fondo tú no eres tú, pero tú no lo sabes.
Has de saber que lo que tú llamas tu existencia, no es en realidad ni tu existencia ni tu no existencia. Has de saber que tú no eres existente, ni eres la nada, que no eres distinto de ser existente, ni distinto de la nada. Tu existencia y tu "nadidad" constituyen Su Existencia absoluta, aquella que no puede ni debe discutirse si Es o no Es.
La sustancia de tu ser o de tu nada es Su Existencia. Cuando veas que las cosas no son distintas de tu existencia y de la Suya y cuando puedas ver que la sustancia de Su Ser es tu ser y tu nada en las cosas, sin ver nada que sea con Él o en Él, entonces significa que conoces tu alma, tu "proprium". Cuando se conoce el sí-mismo de tal manera, allí está la Gnosis, el conocimiento de Allâh, más allá de todo error, duda o combinación de algo temporal con la eternidad, sin ver en la eternidad, por ella o junto a ella, otra cosa que la eternidad.
Si alguno pregunta: "¿Cómo se opera la Unión, puesto que afirmas que sólo Él es? Una cosa que es única no puede unirse más que con ella misma". La respuesta es: En realidad, no hay unión ni separación, como no hay alejamiento ni aproximación. Se puede hablar de unión entre dos o más y no cuando se trata de una cosa única. La idea de unión o de llegada comporta necesariamente la existencia de dos cosas al menos, análogas o no. Si son análogas, son semejantes. Si no son análogas, forman oposición. Pero Allâh --¡que Él sea exaltado!-- está exento de toda semejanza, así como de todo rival, contraste u oposición. Lo que se llama ordinariamente "unión", proximidad o alejamiento, no son tales cosas en el sentido propio de la palabra. Hay unión sin unificación, aproximación sin proximidad y alejamiento sin idea alguna de distancia.
Si alguno pregunta: "¿Qué es la fusión sin la fusión, la proximidad sin proximidad o el alejamiento sin alejamiento?". La respuesta es: Quiero decir que en el estado que llamas "proximidad" no eres distinto de Él -¡que Él sea exaltado!-. Tú no eres distinto de Él, pero no conoces tu "proprium"; no sabes que eres Él y no tú. Cuando llegues a Allâh, es decir, cuando te conoces a ti mismo, "sin la literatura acerca del conocimiento", conocerás que eres Él y que no sabrás en adelante si eres Él o no. Cuando el conocimiento te haya llegado, sabrás que has conocido a Allâh por Allâh y no por ti mismo.
Tomemos un ejemplo: Supongamos que no sabes que tu nombre es Mahmûd o que debes ser llamado Mahmûd -porque el verdadero nombre y el que lo lleva son, en realidad, idénticos-. Te imaginas que te llamas Muhammad, mas después de algún tiempo de vivir en el error, terminas por saber que eres Mahmûd y que jamás has sido Muhammad. Tu existencia continua igual, sin verse afectada por el hecho de que el nombre Muhammad ha sido sacado de ti. Lo que ocurre es que has sabido que eres Mahmûd y que jamás fuiste Muhammad. Pero tú no has dejado de ser Muhammad por la extinción de ti mismo, ya que dejar de existir (fanâ) supone la afirmación de una existencia anterior. Mas el que afirma una existencia fuera de Él, le otorga un asociado -¡que Él sea bendito y que Su Nombre sea exaltado!-. En este ejemplo, Mahmûd no ha perdido jamás nada. Muhammad jamás ha "respirado" (nafasa) en Mahmûd, jamás ha entrado en él o salido de él. Igual ocurre con Mahmûd, con relación a Muhammad. Tan pronto como Mahmûd ha conocido que él es Mahmûd y no Muhammad, se ha conocido a sí-mismo, es decir, ha conocido su "proprium" y esto por sí mismo y no por Muhammad. Este último no ha existido jamás y ¿cómo podría informar sobre alguna cosa?
"El que conoce" y "lo que es conocido" son idénticos, e igual ocurre con "el que llega" y "aquel al cual se llega"; "el que ve " y "lo que es visto". Son idénticos, "El que sabe" es Su atributo. "Lo que es sabido" es Su sustancia o "naturaleza íntima". "El que llega" es Su atributo y "aquel que llega" es Su sustancia. Porque la cualidad y el que la posee son idénticos. Tal es la explicación de la fórmula: "Quien se conoce a sí-mismo, conoce a Su Señor". Quien capta los sentidos de esta similitud comprende que no hay unión, fusión o llegada, ni separación; comprende que "el que sabe" es Él y que "el que es sabido" es también Él; que "el que ve" es Él y "lo que es visto" es también Él; que "el que llega" es Él y "aquel al cual se llega" en la unión es también Él. Nadie distinto de Él puede juntarse con Él o llegar a Él. Nadie distinto de Él puede separarse de Él. Aquel que puede comprender esto total y plenamente, está exento de la más grande de las idolatrías.
Muchos de los iniciados que creen conocer su "proprium", así como a Su Señor y que se imaginan escapar así de las ataduras de la existencia, dicen que "la Vía" no es practicable o visible más que por medio de la "extinción de la existencia" y por la "extinción de esta extinción". Dogmatizan así porque no han comprendido la palabra del Profeta -¡"Que Allâh esté sobre Él y le salve!-. Como han querido evitar la idolatría que resulta de la contradicción, han hablado de la "extinción" de la existencia y también de la "extinción de esta extinción" y también de la "destrucción" y de la "desaparición". Pero estas explicaciones caen en la idolatría pura y simple, porque cualquiera que piense que existe algo distinto de Él y que aquello puede apagarse a continuación, o cualquiera que hable de la "extinción de la extinción" de aquella cosa, tal hombre, decimos nosotros, es culpable de idolatría por su afirmación de la existencia presente o pasada de algo distinto de Él. Que Allâh -¡que Su Nombre sea enaltecido!-, les conduzca, y también a nosotros, por el verdadero camino.
Tu piensas que eres,
mas no eres y jamás has existido.
Si fueras, serías el Señor,
el segundo entre dos.
Abandona tal idea,
porque en nada diferís vosotros dos
en cuanto a la existencia.
Él no difiere de ti y tú no difieres de Él;
si por ignorancia piensas que eres
distinto de Él,
quiere decir que tienes una mente
no educada.
Cuando tu ignorancia cesa alcanzas la paz,
porque tu unión es tu separación
y tu separación es tu unión;
tu alejamiento, una aproximación,
y tu aproximación una partida.
Siendo así que te vuelves mejor,
cesa de razonar y comprende
por la Luz de la intuición,
sin la cual te olvidas de Sus rayos.
Guárdate de dar un compañero a Allâh,
porque en tal caso te envileces
con el oprobio de los idólatras.
Si alguno dice: "Pretendes que el conocimiento de tu "proprium" es la Gnosis, es decir, el Conocimiento de Allâh -¡que Su Nombre sea exaltado!-, que el hombre es distinto de Allâh puesto que debe conocer su "proprium". Pero lo que es distinto de Allâh ¿cómo puede conocerle?". La respuesta es: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a Su Señor". La existencia de tal hombre no es la suya, ni la de otro, sino la de Allâh, sin la fusión de dos existencias en una, sin que su existencia entre en Allâh, salga de Él, conviva con Él o resida en Él. Pero Él ve su existencia tal como es.
Nada llega a ser que no haya existido antes y nada deja de existir por destrucción o extinción, o extinción de la extinción. La aniquilación de una cosa implica su existencia anterior. Pretender que una cosa existe por sí misma equivale a creer que esta cosa se ha creado a sí misma, que no debe su existencia al poder de Allâh, lo que es absurdo a los ojos y a los oídos de todos.
Debes observar que el conocimiento que posee el que conoce su "proprium", es el conocimiento que Allâh posee de Su "proprium", de sí-mismo, porque Su "proprium" no es distinto de Él. El Profeta -¡que Allâh esté sobre Él y le salve!- ha querido designar por "proprium" la existencia misma. Cualquiera que llegue a ese estado de alma, en su exterior y en su interior, no es distinto de la existencia de Allâh, de la palabra de Allâh; su acción es la de Allâh y su propósito de conocer su "proprium" es el propósito de la Gnosis, es decir, el Conocimiento de Allâh.
Tú abrigas ese propósito, ves sus actos y tu mirada busca un hombre distinto de Allâh, puesto que tú te ves a ti mismo distinto de Allâh. Mas eso proviene de que no posees el conocimiento de tu "proprium". Pero si "el creyente es el espejo del creyente", entonces ese hombre es Él mismo por su sustancia, o por su ojo, es decir, por su mirada. Su sustancia, o su ojo, es la sustancia, o el ojo de Allâh; su mirada es la mirada de Allâh sin especificación ninguna. Ese hombre no es Él según tu visión, tu ciencia, tu opinión, tu fantasía o tu sueño, sino según Su visión, Su ciencia y Su sueño. Si dice: "Yo soy Allâh", escúchale con atención porque no es Él, sino Allâh mismo quien por su boca pronuncia esas palabras: "Yo soy Allâh". Es evidente que no has alcanzado el mismo grado de despertar espiritual que Él. De otro modo, comprenderías su palabra, dirías lo que él y verías lo que él ve.
Resumamos: La existencia de las cosas es Su existencia sin que las cosas sean. No te dejes engañar por la sutilidad o la ambigüedad de las palabras, de forma que imagines que Allâh ha sido creado. Cierto iniciado ha dicho: "El sufí es eterno", mas él ha hablado así después de que todos los Misterios le fueran revelados y todas las dudas o supersticiones dispersadas. Entretanto, este inconmensurable pensamiento sólo puede convenir a aquel cuya alma se ha convertido en más vasta que los dos mundos. En cuanto a aquel cuya alma aún no ha alcanzado tal grandeza, este pensamiento no es adecuado. Porque en verdad, este pensamiento es más grande que el mundo sensible y el suprasensible, tomados los dos conjuntamente.
En fin, sabe que "el que ve" y "el que es visto"; "el que da la existencia" y "el que existe"; "el que conoce" y "el que es conocido"; "el que crea" y "el que es creado"; "el que comprende" y "el que es comprendido", son todos lo mismo. Él ve Su existencia por Su existencia, la conoce por ella misma y la obtiene por ella misma, sin ninguna especificación fuera de las condiciones o normas ordinarias de la comprensión, de la visión o del saber. Como Su existencia está incondicionada, Su visión de Sí-mismo, Su inteligencia de Sí-mismo y su ciencia de Sí-mismo están igualmente no condicionadas.
Si alguno pregunta: "¿Cómo miras lo que es repulsivo o lo que es atrayente? Si ves, por ejemplo, una inmundicia o una carroña, ¿dices que es Allâh?". La respuesta es: Allâh es sublime y puro y no puede ser esas cosas. Nosotros hablamos con el que no ve una carroña como una carroña o una basura como una basura. Hablamos a los videntes y no a los ciegos. El que no se conoce es un ciego de nacimiento y hasta que no se acabe su ceguera, natural o adquirida, no podrá comprender lo que queremos decir. Nuestra conversación es con Allâh, sólo con Allâh y no con los ciegos de nacimiento. El que ha llegado al grado espiritual que es necesario para comprender, sabe muy bien que nada existe fuera de Allâh. Nuestra conversación es con el que busca con firme intención y perfecta sinceridad obtener el conocimiento de su "proprium", el conocimiento de Allâh -¡que Él sea exaltado!-, y que en su corazón guarda en toda su frescura la "forma" que le mueve a preguntar y desear llegar a Allâh. Nuestro discurso no va dirigido a los que no tienen intención ni finalidad alguna.
Si alguno objeta: "Allâh -¡que Él sea bendito y santo!- ha dicho: las miradas no pueden alcanzarle, pero Él alcanza las miradas. Tú dices lo contrario, ¿dónde está entonces la verdad?". La repuesta es: Todo lo que hemos dicho está conforme con la palabra divina: las palabras no pueden alcanzarle, es decir, nadie, ni las palabras de nadie, pueden alcanzarle. Si dices que hay en lo que existe alguien distinto de Él, debes convenir que ese alguien distinto de Él puede alcanzarle. Pero en estas Sus palabras árabes: "las miradas no pueden alcanzarle", advierte Allâh al creyente que no hay nada distinto de Él. Quiero decir que alguien distinto de Él no puede alcanzarle, porque quien le alcanza es Él, Allâh, Él y ningún otro. Sólo Él alcanza y comprende Su verdadera "naturaleza íntima", no otro. Las miradas no le alcanzan porque son estrictamente Su existencia.
A propósito del que dice que las miradas no pueden alcanzarle porque son creadas y lo creado no puede alcanzar lo increado o eterno, nosotros decimos que quien tal dice no conoce aún su "proprium". No hay nada, absolutamente nada; ni miradas ni ninguna otra cosa, que exista fuera de Él, sino que Él comprende Su propia existencia sin que esta comprensión exista en manera alguna.
He conocido a mi Señor por mi Señor, sin confusión, ni duda.
Mi "naturaleza íntima" es la Suya,
realmente, sin falta ni defecto.
Entre nosotros dos no hay tiempo
y en mi alma el mundo oculto se manifiesta.
Después de haber conocido mi alma
sin mezcla ni desorden,
he llegado a la unión con el objeto de mi amor,
sin largas ni cortas distancias.
He recibido las gracias, sin que nadie a mí descienda,
sin reproches ni motivos.
No he destruido mi alma por Su causa,
ni tengo duración temporal que pueda destruirme.
Si alguno pregunta: "Afirmas la existencia de Allâh y niegas la existencia de cualquier otra cosa además de Él: ¿qué son entonces las cosas que vemos?". La respuesta es: estos discursos se dirigen a los que no ven nada además de Allâh. En cuanto a los que ven cosas fuera de Allâh, no tenemos nada con ellos, ni pregunta, ni respuesta, porque la verdad es que, aunque crean otra cosa, no ven nada más que a Allâh en todo cuanto ven.
El que no conoce a su "proprium" no ve a Allâh, porque no todo recipiente deja filtrar su contenido. Nos hemos extendido ya mucho sobre este tema. Ir más lejos sería inútil, porque el que no ha visto ya no verá, pese a nuestros esfuerzos. No comprenderá y no podrá alcanzar la verdad. El que puede ver, ve, comprende y alcanza la verdad; para el que ha llegado, pero aún no lo sabe, es suficiente una ligera indicación para que a su Luz pueda encontrar el verdadero sendero, caminar por él con toda energía y llegar al fin de su sendero, con la gracia de Allâh.
¡Que Allâh prepare a los que ama y los acoja con palabras, actos, ciencia, inteligencia, luz y verdadera dirección!
¡Él todo lo puede y responde a toda plegaria con la respuesta justa!
¡No hay otro mundo o poder que el de Allâh, el Altísimo, el Inconmensurable!
¡Que Él esté sobre la mejor de sus criaturas, sobre el Profeta y sobre todos los miembros de su familia!


¿POR DÓNDE ANDAS?
Cuando venga el Espíritu Santo

FAUSTINO VILABRILLE, sacerdote, faustino.vilabrille@gmail.com
GIJÓN (ASTURIAS).

ECLESALIA, 06/05/10.- Dice Jesús: "Cuando venga el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho".
Anda por ahí un chiste que dice que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se van de vacaciones. El Padre quiere volver al Sinaí (recordar a Moisés, los Mandamientos, la liberación del pueblo de la esclavitud, etc.), el Hijo volver a Belén (nacimiento entre los pobres), Nazaret (trabajo de obrero), Galilea (curación de los enfermos, alimentación de los hambrientos, proclamación del Reino de Dios: fraternidad, justicia, igualdad, amor, Jerusalén (persecución, eucaristía, mandamiento nuevo, denuncia de los opresores, persecución, asesinato, sepulcro vacío...); y el Espíritu Santo dice: "yo quiero ir a Roma, porque nunca estuve..."
Sí, Espíritu Santo, te pedimos que vengas pronto a Roma para que quites lo antes posible tanto como allí sobra: riqueza, fastos, mitras, capelos, birretes, palios, prelaturas, báculos, anillos de oro, trajes de miles de euros, ceremonias ofensivas para los pobres, aclamaciones mundanas, autoritarismo, dogmatismo, ornamentos de lujo, títulos: "purpurado, santidad, santo padre, excelentísimo, reverendísimo, su santidad..."
Sí, Espíritu Santo, te pedimos que vengas a Roma para que pongas lo antes posible:
- compromiso con los pobres "dichosos los pobres porque vuestro es el Reino de los Cielos".
- compromiso con la justicia: "Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia".
- compromiso con la fraternidad: "Uno solo es vuestro Padre: todos vosotros sois hermanos".
- compromiso con la igualdad: "a nadie llaméis señor sobre la tierra, el mayor entre vosotros, que sea el servidor de todos".
- compromiso con la austeridad: "los pájaros tienen nidos y el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza".
- compromiso con la verdad: "la verdad os hará libres".
- compromiso con los hambrientos, sedientos, enfermos, desnudos, encarcelados: "tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y fuisteis a verme, porque el templo vivo de Dios son las personas: ¿no sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? El templo de Dios es sagrado: vosotros sois ese templo de Dios vivo" (san Pablo).
Sí, Espíritu Santo, ven y recuérdales todo lo que nos ha dicho Jesús: Recuérdales bien el Reino de Dios, el Mensaje de Jesús, los hechos de su vida, su compromiso con los niños, los enfermos, las mujeres pobres y despreciadas, la igualdad absoluta de derechos entre hombres y mujeres: recuérdales muy claro que no hay derecho a que lleven veinte siglos discriminando a las mujeres, porque Jesús no solo no lo hizo, sino que en el hecho más importante de su vida (la Resurrección) tuvo especialmente presentes a las mujeres. Recuérdales muy claro que tienen que denunciar las injusticias y a los injustos que causan tanta injusticia que matan de hambre cien mil personas diarias, que no basta con pedirles que hagan benevolencia a quienes primero hicieron pobres, que hay que luchar por los derechos humanos de todos los hombres, también dentro de la propia iglesia y que firmen de una vez la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Recuérdales el Concilio Vaticano II, que parece que lo olvidan a querer, que se dejen de tradiciones de otros tiempos que hoy ya no valen, y vayan a la cabeza del presente ("vino nuevo en odres nuevos"). Recuérdales que pregunten y escuchen, que no lo saben todo. Diles muy claro que tú no eres patrimonio exclusivo de ellos, y que tú también siembras verdad en otras religiones, pueblos y culturas, incluso en quienes se confiesan agnósticos y no creyentes, que donde hay algo de verdad allí también estás tú.
Sí, Espíritu Santo, ven y recuérdales también que se preocupen mucho más de la Madre Tierra. Diles que tu ya desde el origen del Universo aleteabas sobre ella como nos cuenta el Génesis; que la Tierra puede vivir sin el hombre, pero no el hombre sin la Tierra; que tu también estás en los peces, las aves, las plantas, los árboles, los animales; que vistes de hermosura a los lirios, que cuidas del alimento de los pájaros... Diles que aprendan de las mujeres indígenas, que por mucha necesidad que tengan de las plantas para comida o medicinas, nunca cogen la planta entera, sino solo unas ramitas, y le piden perdón porque le van a quitar algo que era suyo; o de los mayas que por cada árbol que cortaban sembraban cinco semillas y te pedían perdón por quitar la vida a un ser al que tu se la estabas conservando. Recuérdales con san Pablo en la Carta a los Romanos que todos los seres vivos están también llamados a la resurrección. Insísteles, Espíritu Santo querido, en esto, porque la Tierra ya está enferma, tiene síntomas de fiebre, se queda sin árboles y el sol la abrasa, unos pocos hombres, ricos y poderosos, se la están quitando a los africanos que al quedar sin tierras de cultivo se mueren de hambre. Diles que la Tierra tiene su dignidad y sus derechos.
Y a los que nos decimos seguidores de Jesús también nos sobran cantidad de cosas y nos tienes que recordar otras muchas, pero ya te las diré otro día. De momento tienes bastante con Roma. Me parece que vas a tener mucho trabajo, y que de vacaciones... te vayas olvidando. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

¿PUEDE EL HOMBRE VIVIR SIN DIOS?
FORO DE PROFESIONALES CRISTIANOS DE MADRID, pxmadrid@telefonica.net

ECLESALIA, 22/02/10.- Era la pregunta planteada en el Foro convocado el pasado 8 de Febrero en la Parroquia de S. Estanislao de Kotska de Madrid por “Profesionales Cristianos”. El encargado de responderla, el teólogo e historiador de las religiones Juan Martín Velasco. Imposible recoger en unas líneas la riqueza de su exposición y posterior debate. Lo que siguen son sólo algunos puntos espigados de su conferencia que, por su interés, ofrecemos como reflexión para este tiempo de Cuaresma.
Para el creyente que yo intento ser, tengo que decir que si Dios existe y es lo que yo creo que es, ni el hombre puede vivir sin Dios ni puede existir sin Dios nada de lo que existe. Para mí, Dios es la realidad que sustenta en el ser todo lo que existe. La respuesta de mi ser, razonada, es que todo existe gracias al amor originario de Dios, que por ser amor sin límites, ha puesto en el ser todo lo que es para realizar un proyecto lleno de sabiduría y lleno de amor que culmina en la llamada a la existencia a todos los seres humanos para hacer de ellos sus hijos. En ese sentido, el hombre no puede vivir sin Dios.
La razón creyente me lleva a ver en todo lo que existe señales, símbolos de la presencia de Dios. De esto no hay un razonamiento científico, pero no tenemos más que mirar hacia nosotros mismos para encontrar esas huellas del Dios que con su presencia cada día nos invita a “ser” más plenamente en nuestra vida. Pero, si a lo largo de la historia siempre ha habido huellas de la actividad religiosa, tan universal como el hecho de la fe es el hecho de la increencia.
¿Cómo puede ser que, siendo Dios el principio de todo lo que existe, haya tantas personas que no creen en Él? Los creyentes tenemos una explicación: los no creyentes, se ha dicho, lo son “por la gracia de Dios”. Y no es una broma, sino afirmar que Dios ha querido crearnos de tal forma que podamos ser no creyentes. Él, sujeto de la creación, no nos ha hecho objetos de esa creación, sino también sujetos de ella, lo que significa que tenemos que responderle con la misma libertad con la que Él nos ha dotado.
Desde esta interpretación, ¿qué sucede con los que no creen? Como los creyentes encontramos la base de nuestra conducta moral en nuestra fe en Dios, muchos creen que los ateos no pueden tener una moral digna del hombre. ¿Se puede llevar una vida moral sin creer en Dios?… Aunque es cierto que todas las religiones han desarrollado una moral de influencia decisiva, también lo es que desde antiguo ha habido morales independientes de lo religioso. Hoy, se puede ejercer la moral con referencia a la religión y sin referencia a ella y las dos maneras pueden dar lugar a formas de moral suficientemente elevadas.
¿Que aportaría la fe religiosa a una moral laica? Cosas importantes desde luego. En muchos casos, una cierta elevación de la exigencia; éticamente, todos nos vemos movidos a decir “amarás a los demás”, pero ¿nos vemos llamados a decir “amarás a tu enemigo”? Probablemente no. La religión aporta también un reforzamiento del sujeto para seguir la voz de la conciencia porque la apertura a Dios implica la apertura al otro.
Con todo, creo que cabe una moral no fundamentada en la religión y que por tanto no podemos afirmar que solo la fe en Dios permite vivir moralmente.
Pero preguntémonos qué aporta al ser humano el hecho de creer en Dios.
Si hablamos de la fe en serio. Porque si por tener fe entendemos sólo creer en lo que no vemos, eso aporta muy poco a las personas, eso no es más que una creencia, una afirmación relativa a una verdad, que apenas compromete la vida del sujeto. Por tanto, tomémonos la fe en serio: creer es adoptar para con el Dios en el que creemos una actitud de completa confianza, de total entrega… Y ¿quién es este Dios? No es solo un absoluto, no es solo la causa primera. Es otro tipo de relación la que se establece con Dios: es una relación de tipo personal, una relación basada en una presencia; una relación de mutuo influjo, en la que el sujeto interpela y el sujeto interpelado responde, una relación en la que los dos términos de la misma se comprometen. El hombre religioso se caracteriza por creer en esa realidad trascendente que es “presencia” para nosotros y en nosotros en el sentido más fuerte de la palabra “presencia”.
El Dios del hombre religioso es siempre el Dios de alguien. Si hubiera que elegir el nombre propio de Dios en todas las religiones ese nombre sería “Dios mío”. Lo que caracteriza al Dios de la religión es que se le pueda invocar, es que sea un Tú para el hombre. Así como hay un nivel del ser humano que sólo puede explicar una realidad trascendente -siendo nosotros lo que somos no tendríamos sentido si no existiera un ser absoluto, un ser infinito- así, siendo nosotros lo que somos -no solo seres finitos y contingentes, sino personas, sujetos capaces de libertad- no tendríamos razón de ser si lo que es nuestro origen no fuera también una realidad personal. De ahí el carácter central de lo personal en la vida religiosa.
Esto tiene unas repercusiones enormes sobre la vida humana; a mi modo de ver, pocas afirmaciones tan verdaderas como ésta: no es bueno que el hombre esté solo. Los hombres tenemos siempre a los otros hombres como compañeros y podemos decir que no estamos nunca solos. Pero ¿qué sería de la humanidad si no hubiera Alguien que respondiera de ella? Entonces sí que podríamos decir que la humanidad estaría sola. Porque probablemente la humanidad esté sola si la realidad que la precede, la origina y la fundamenta no es una realidad que, por su llamada personal, suscita a los seres personales que somos nosotros. Tal vez es esto lo que quería decir una filósofo americano al decir que “las religiones son lo que el hombre hace con su soledad”, es la gestión de la soledad; ese es nuestro problema fundamental, el descubrirnos solos frente al mundo, y necesitados de dar una razón de ese ser solos frente al mundo. Por eso me encanta el verso de Unamuno que dice preciosamente lo que yo intentaba balbucir:
Pero Señor, “Yo soy”, dinos tan sólo,
Dinos “Yo soy” para que en paz muramos,
que no en soledad terrible sino en tus manos.
Podría cambiarse el verso para decir también, sin cambiar el sentido:
Dinos, “Yo soy”, para que en paz vivamos,
no en soledad terrible sino en tus manos.
Me parece que esta necesidad de compañía que experimentamos, ninguna otra realidad la colma como ese Dios presente, que, en nuestro origen, nos esta haciendo ser a lo largo de toda nuestra vida, que es nuestra compañía permanente, que va a estar presente cuando todos lo demás se queden de este lado, que va a estar presente como los brazos que nos acojan cuando ya no nos pueda acompañar nadie. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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