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A LA BÚSQUEDA DE DIOS
Juan de dios Regordan Domínguez
Soledad y silencio. La soledad no la quiero, el silencio me apasiona. Me encuentro con Dios en el silencio. El encuentro me lleva a los demás; a sentirme dentro de los problemas de otros. No sustituyo ni acompaño, me pongo en su lugar. Sin quitar su libertad ni ser su “padre protector”, el otro me ayuda a encontrarme a mí mismo en la inmensidad del Dios que se manifiesta en el encuentro silencioso.
El ruido de este mundo es una llamada al silencio, a zambullirme en la realidad de la vida. Los problemas, las dificultades, son signos de los tiempos y ahí también está Dios. En el hermano que dice que no cree porque aún no ha aprendido a descubrir que, en el fondo, su inquietud y su búsqueda se ha convertido en compromiso de vida contaminada de sabor divino.
En esta noche, en el silencio sin soledad, no sabría distinguir la fe de unos y la incredulidad de otros. El trigo y la cizaña se parecen y Jesús me dice que es peligroso pretender arrancar una en lugar de otro. La paciencia y la confianza se convertirán en signos evidentes de esperanza en la lucha pacífica por un mundo mejor. Su vida y la mía son jalones silenciosos de un diálogo actual de Dios con el hombre.
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