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NandoCas en El Periódico del 7 enero de 2008
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Estimados/as amigos/as : Desde Cataluña, nuestra querida amiga Ana Mª Arquer nos re-envía este bello relato que une, de manera aparentemente casual, la natividad del Salvador con su propia crucifixión; aunque como referencia histórica a mi “no me cuadra “la “enjundia del relato” me ha cautivado.Aquí abajo os lo muestro:
Me llegó este relato como un regalo de reyes, yo os le envio también a vosotros/as
Feliz año
OTRA VERSIÓN DEL CUARTO REY MAGO
El cuarto mago de oriente
Procuraré ahora reconstruir la historia de Artabán; líbreme Dios de la tentación de añadir breves rasgos circunstanciales o de agravar, con interpolaciones de Borges o San Mateo, el cariz exótico de mi relato.
Podemos imaginamos a Artabán en el vigor sereno de la treintena, aplacados ya los ímpetus juveniles, cuando descubre, entre el alfabeto vertiginoso de la noche, la estrella que anuncia al Mesías. Artabán es cetrino de piel, de rasgos ávidos y ojos muy oscuros, calcinados en el escrutinio celeste. Sobrevive en las soledades del monte Ushita, donde se dedica a desentrañar los oráculos de Zoroastro que pregonan el advenimiento de un Socorredor que "hará la existencia radiante, sin envejecimiento, inmortal, incorruptible, inmarcesible, eternamente próspera" (Himno Zamyad Yasht 19, 89-93). Artabán ya se dispone a seguir el itinerario de la estrella cuando, hasta la falda del monte Ushita, llegan emisarios de Melchor, Gaspar y Baltasar, sus amigos babilonios, citándolo en Borsippa, la ciudad sagrada del dios Nabu, en cuyo honor los antiguos habían erigido un zigurat de siete pisos, demolido por la insania de los medos: Antes de partir a Borsippa, Artabán elige cuidadosamente las ofrendas que depositará a los pies del Socorredor: un diamante de la isla de Méroe, que repele los golpes del hierro y neutraliza los venenos; un pedazo de jaspe de Chipre, amuleto que infunde el don de la oratoria; y un rubí encendido que disipa las tinieblas.
Espolea al caballo sin dejarlo abrevar en las afiladas aguas del Éufrates, y cabalga sin descanso hasta que, a las afueras de Borsippa, se tropieza con un hombre agonizante y desnudo. Se trata de un comerciante que ha sido desvalijado por unos ladrones y después vapuleado hasta la extenuación. Artabán lava con vino sus heridas y entablilla sus huesos tronzados. Cuando, horas más tarde, el viajero recupere la consciencia y confiese que los ladrones lo han desposeído de todos sus caudales, Artabán se apidará de él y le regalará el diamante de Méroe que reservaba para el Socorredor.
Cuando llega a Barsippa, la noche ya desciende como un inmenso párpado acribillado de luciérnagas. Artabán sortea la sombra enhiesta de los obeliscos, el ruinoso desorden de los templos sin culto, y rodea las paredes del decrépito zigurat en cuyo interior podría haber anidado el Minotauro. En un zaguán descubre un pergamino con una inscripción todavía reciente: «Te hemos esperado en vano. No podemos dilatar más nuestro viaje. Síguenos a través del desierto. Que la estrella te guíe». Azuza su caballo, que responde con un resoplido de agonía: los espumarajos asoman a sus belfos, y en su mirada se avecinda la muerte. Artabán acaricia los ijares todavía humeantes de su montura y prosigue el camino a pie. El desierto, más infinito e intrincado que cualquier zigurat, acoge sus pasos y lo increpa con tormentas de arena que apuñalan su rostro y su fortaleza. Aunque las huellas de la comitiva de Melchor, Gaspar y Baltasar se han borrado, no extravía su rumbo, gracias al resplandor insomne de la estrella. Cuando, andrajoso y famélico, llega a Belén de Judá, Artabán no encuentra señal alguna de los magos que lo han precedido. En su lugar, se topa con la crueldad desatada de Herodes, que ha ordenado el exterminio de los varones recién nacidos, para combatir los augurios que lo asedian. Con innumerable espanto, Artabán contempla el exterminio de los inocentes, y se abalanza sobre un soldado que se dispone a saciar la sed de su espada en la sangre de un niño que aún no ha aprendido a llorar. A cambio del rubí que reservaba para el Socorredor, logra aplacar la furia del soldado, pero un capitán de Herodes lo sorprende en plena transacción, y ordena que lo encierren en las mazmorras del palacio de Jerusalén, donde Artabán padecerá una condena interminable de más de treinta años, millonaria de padecimientos que van apolillando su or- ganismo y también su cordura. En medio de las tinieblas de su encierro, aún acertará a escuchar rumores sobre un Galileo que sana a los enfermos y alivia los corazones atribulados. Confusamente, intuye que ese Galileo debe ser el Socorredor que un día remoto quiso honrar con sus regalos.
Artabán, agotando las últimas reservas de lucidez, escribe al procurador Poncio Pilatos, suplicando la redención de sus culpas. Cuando por fin le es otorgado el perdón, Artabán fatiga las tumultuosas calles de Jerusalén tambaleándose como un resucitado, con los ojos nublados de sol y los labios huérfanos de saliva.
Una riada de gentes se dirige al Gólgota, para presenciar la crucifixión de un profeta que ha osado blasfemar contra Dios, según el veredicto del Senedrín. Artabán se deja arrastrar por la multitud, pero se detiene a recuperar el resuello en una plaza protegida de la inclemencia solar donde se está subastando como esclava a una doncella de cabellos de fuego, esbelta como el agua subterránea. Artabán, hondamente conmovido, escarba entre sus andrajos y se decide a comprar la libertad de la muchacha con el pedazo de jaspe que ha custodiado, durante más de treinta años, con la exigua esperanza de podérselo entregar algún día a ese escurridizo Socorredor responsable de su infortunio. La muchacha besa sus arrugas y sus labios ardidos de decrepitud, en señal de agradecimiento, cuando, de repente, la tierra tiembla y el velo del templo se rasga y los sepulcros se abren y una piedra golpea en su caída a Artabán, que entre las telarañas de la inconsciencia aún acierta a vislumbrar la figura de un hombre que aproximadamente tiene la misma edad que él tenía cuando, para su desgracia, abandonó las laderas del monte Ushita. Artabán contempla las facciones pacíficas de aquel hombre, su mirada sufriente y sin embargo impávida, y escucha su voz descendiendo como un bálsamo: «Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste». Artabán parpadea, perplejo o desmemoriado: «¿Cuándo hice yo esas cosas?», pregunta, a punto de desfallecer, mientras se mira las manos vacías de rubíes y diamantes y pedazos de jaspe, como una cosecha esquilmada. La muerte ya le borra la respiración cuando el hombre de voz como un bálsamo le susurra: «Cuanto hiciste por mis hermanos, lo has hecho por mí».
Y Artabán, el cuarto mago de Oriente, se fundió con las estrellas en cuyo escrutinio había calcinado la juventud.
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Haz nuevo tu año
Frei Betto *
Adital -
En este año nuevo hazte nuevo, reduce tu ansiedad, cultiva flores en la esquina de tu alma, riega de ternura tus sentimientos más profundos, imprime a tus pasos el ritmo de las tortugas y la levedad de las garzas.
No te mires en los otros; la envidia es un cáncer que mina la autoestima, fomenta la agitación y abre, en medio del corazón, el agujero en el que se precipita el mismo envidioso.
Mírate en ti mismo, asume tus talentos, cree en tu creatividad, abraza con amor tu singularidad. Evita, sin embargo, una mirada narcisista. Sé solidario; al extender hacia los demás tus manos estarás oxigenando tu propia vida. No te conviertas en rehén de tu egoísmo.
Cuídate de la lengua. No profieras difamaciones ni injurias: El odio destruye a quien odia, no al odiado. Cambia la maledicencia por la benevolencia. Comprométete a expresar al menos cinco elogios por día; tu salud espiritual lo agradecerá.
No desperdicies tu existencia hipnotizado por la televisión o navegando alocadamente por internet, náufrago en el remolino de imágenes e informaciones que no consigues transformar en síntesis racional. No dejes que la espectacularidad de los medios anule tu capacidad de soñar y te transforme en consumista compulsivo. La publicidad sugiere felicidad y sin embargo no ofrece más que placeres momentáneos.
Centra tu vida en bienes infinitos, nunca en los finitos. Lee mucho, reflexiona, atrévete a buscar el silencio en este mundo ruidoso. Allí te encontrarás a ti mismo y, con seguridad, a Otro que vive en ti y que casi nunca es escuchado.
Cuida tu salud, pero sin la obsesión de los anoréxicos ni la compulsión de quienes devoran alimentos con los ojos. Camina, practica ejercicios aeróbicos, sin descuidar acariciar tus arrugas, y no temas a las señales del tiempo en tu cuerpo. Frecuenta también una escuela de ejercitar el espíritu. Y ponle cremas revitalizadoras de la generosidad y de la compasión.
No le des importancia a lo fugaz, ni confundas lo urgente con lo prioritario. No te dejes arrastrar por las modas. Haz como Sócrates: observa cuántas cosas se ofrecen en los mercados que tú no necesitas para ser feliz. Jamás dejes pasar un día sin un momento de oración. Si no tienes fe, sumérgete en tu vida interior, aunque sólo sea durante cinco minutos.
No te dejes desilusionar por el mundo que te rodea. Así lo hicieron personas semejantes a nosotros. Has de saber que estás llamado a transformarlo. Si te causa fastidio la política, recibirás la gratitud de los políticos que la corrompen. Si eres indiferente, te lo agradecerán los que se apegan a ella. Si reaccionas y actúas, te podrán temer, pero la democracia se hará más participativa.
En el 2008 celebraremos el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Practícala en tu casa, con tus hijos y tu compañero(a). No trates a tu empleada como a una semiesclava. Remunérala con un salario digno y permítele que pueda mejorar la calidad de su vida.
Arranca de tu mente todos los prejuicios y de tus actitudes todas las discriminaciones. Sé tolerante, ponte en el lugar del otro. Todo ser humano es el centro del universo y es morada viva de Dios. Antes pregúntate a ti mismo por qué provocas en alguien antipatía, rechazo o disgusto. Revístete de alegría y serenidad. La vida es breve y de antemano sabemos que vamos a morir.
Haz algo para preservar el medio ambiente, para sanear el aire y el agua, para reducir el calentamiento global. No uses material no biodegradable. Trata la naturaleza como lo que ella es de hecho: tu madre. De ella viniste y a ella volverás; vives del beso que te da continuamente en la boca: ella te nutre de oxígeno y de alimentos.
Reserva un espacio en tu jornada para conectarte con el Trascendente. Deja que Dios acampe en tu subjetividad. Aprende a cerrar los ojos para ver mejor.
¡Feliz 2008!
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PREGUNTAS, A MI ENTENDER, DE LO MÁS SUGERENTE LAS QUE FORMULA LUIS ALEMÁN AL FINAL DE LA PRESENTE REFLEXIÓN, COMO PARA INICIAR UNA NUEVA TEOLOGÍA CRISTIANA. NO ES BROMA NI VA DE HIPÉRBOLE…
SALUDOS CORDIALES CON EL SOL NACIENTE.
JUAN LUIS
NOS HA NACIDO UN NIÑO
Para mí, creyente, celebramos juntos la maravilla de que en un lugar sin nombre cierto, en un día de fecha desconocida, en un año de cálculo aproximado, se incorporó a la raza humana un niño que, como todos los niños, fue creciendo, desarrollándose hasta aparecer como tan tocado por Dios Creador, que supo decirnos cómo era Dios, qué camino seguir para crecer, y qué éramos los unos para los otros.
Sus palabras produjeron una gran conmoción en su pequeño pueblo. Hasta el punto que los que mandaban temieron por ellos mismos, y pensaron que si le dejaban seguir hablando, ellos perderían el mando y serían perseguidos por estafadores.
En consecuencia lo mataron.
Dicen. Decimos los que hemos creído en él que resucitó. Al día siguiente, en el momento, o a los tres días. Lo cierto es que, poco a poco, algunos tuvieron la evidencia de que había resucitado.
Y esta creencia. Esta fe. Esta certeza la vivimos los que después de ellos seguimos creyendo en su palabra, en su muerte y en su resurrección. Y esta fe ha producido, durante muchos siglos y en nosotros, una certeza capaz de darnos una esperanza, una vida y un enfoque de la historia.
Ahora, unas preguntas que espero nadie se atreva a responder:
• Este niño, cuando nació ¿lo trajo Dios como una importación de lujo?
• Este niño ¿lo produjo la raza de los hombres?
• Este niño ¿era un niño real o un injerto?
• Cuando ya fue mayor ¿lo escogió Dios a él, o fue él quien escogió a Dios?
• ¿Fue la Creación quien llevaba ya en su origen la posibilidad de dar este fruto?
• ¿Tuvo el Creador que añadirlo a la creación para salvar su creación?
• ¿Fue una reparación de un desastre o la culminación de una maravilla?
• ¿Fue una llegada a Dios de los hombres o una venida de Dios a los hombres?
No responda. Al menos si no sabe las consecuencias que originarán, en cadena, sus respuestas aceleradas.
Yo tampoco voy a responder.
Pero sí “creo” que este niño, conocido por Jesús de Nazaret, da sentido a la Historia de los hombres. Da sentido al Tiempo y al Espacio.
La incógnita de lo que existe y de cómo existe, se despeja en Él
Sin Él, todo sigue sin planos. Con Él, la fe sigue siendo imprescindible. Pero mi vivencia de transformar muerte en vida, me genera la gran esperanza.
Jesús es imprescindible para la humanidad finita y mortal.
Navidad es una celebración del triunfo de la Creación. En ella se comenzó la “fabricación” del prototipo. Se va a culminar el proyecto. Veremos el Camino, la Verdad, tendremos Vida.
Deberían tener cuidado las diferentes iglesias cristianas de no empequeñecer la navidad, a base de piedades y liturgias de todo a cien.
Luís Alemán
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Navidad
Colectivo Panamá Profundo
Qué es lo que se celebra y se adora en diciembre ¿Navidad o comercio? La respuesta es muy sencilla: comercio, puro y duro. Esto es lo que abraza a la gran mayoría de creyentes y no creyentes. En las casas, tiendas y centros comerciales de Panamá -país tropical- abundan arbolitos de pino canadiense y adornos con muñecos de nieve y renos voladores -por supuesto- repartiendo juguetes y chucherías que refuerzan, en grandes y chicos, la ignorancia y la vocación de esclavos que inyecta el sistema neoliberal y el papa dios de las multinacionales, guerras e invasiones.
Si no fuera por los múltiples idolatras de los norteamericanos y su dólar, enquistados en las instituciones y los órganos de poder de demasiados países en el mundo, tendríamos la esperanza, algún día, de ser naciones libres y soberanas. Pero mantenernos enajenados y esclavizados es trabajo eficiente de los burócratas y sus partidos políticos.
Desde las entrañas del Estado, refuerzan la idiotización de la población para que no se le ocurra poner en peligro el sistema de corrupción, impunidad y asalto que realizan estos mismos burócratas desde sus templos, negocios, bancos, empresas, financieras e industrias.
La misma iglesia oficial, la de arriba, con toda su suntuosidad y fanfarria de incienso y falsas plegarias promueve -desde dentro- el anti testimonio a la Navidad. ¿Qué clase de Navidad es la que impone el obispo de Colón-Kuna Yala al sacar a los misioneros y misioneras claretianas que han dedicado más de 80 años de servicio y acompañamiento a las comunidades de Costa Abajo de Colón? ¿Qué Navidad es la que promueven los obispos que tienen boca y no hablan, ojos y no ven, orejas y no oyen, nariz y no sienten. Manos, más no palpan, pies y no caminan, su garganta no emite ni un murmullo ante las injusticias y calamidades que acogotan al pueblo de Dios?
Si la Navidad tiene sentido, estos monarcas y reyes de poca monta no tendrán la última palabra… El nacimiento de Dios hecho ser humano -hombre y mujer- prevalecerá sobre las arbitrariedades y silencios cómplices de obispos y políticos, para beneficiar a empresarios mineros, represeros y canaleros. Vaya la “navidad” que venden estos señores de mitra, báculo, partidos políticos y mucha hipocresía.
En las calles, “moles” y centros comerciales abundan los Santa Claus, de carne y hueso, verdes, rojos y amarillos, promoviendo el comercio con la excusa de la Navidad. Patrones y trabajadores asisten a desayunos, almuerzos y cenas navideñas organizadas en discotecas, bares, restaurantes y hoteles.
Quizás, la mayor de las estupideces, promovida por el gusanillo de la comercialización la constituye la trampa y la estafa del tristemente difundido “amigo secreto”. La hipocresía y los siete pecados capitales son chicha de piña al lado de la inagotable rapiñería que encierra este jueguito para la promoción del consumismo, la trampa y la superficialidad.
Hoy en Panamá domina la “navidad” con minúscula. La navidad de los fariseos que se ha tomado templos y comercios. La navidad de la compra y venta. La navidad de la estafa de la ampliación del Canal, la censura y el desempleo. La navidad de la censura, la muerte y la corrupción sembrada desde los poderes públicos, privados y religiosos.
Mañana será Navidad con mayúscula, la que anuncia, a pesar de los burócratas religiosos o políticos, el nacimiento de una nueva y diferente propuesta. El respeto a la vida en todos sus sentidos, al ser humano y a la naturaleza.
La Navidad de Dios y su pueblo dispersará a religiosos y políticos de soberbio corazón, derribará a los poderosos de sus tronos y elevará a los humildes. La Navidad de Dios y su pueblo llenará de bienes a los hambrientos y despedirá a los ricos con las manos vacías. Esto es NAVIDAD.
17.12.2007
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Frei Betto
Se dio por celebrada la Misa del
Gallo en la madrugada del 25 de diciembre. El padre Alfonso se dejó
contagiar por la aflicción de los fieles, ansiosos por regresar a sus
casas y disfrutar de la cena antes de que se acostaran los niños.
Abrevió la homilía, se saltó algunas oraciones, deseó a todos una Feliz
Navidad y les dio la bendición final. Una decena de feligreses se juntó
en la sacristía para darle a él también las felicitaciones. Los regalos
se fueron juntando en un rincón: camisas, calcetines, libros… esas cosas
apropiadas para un hombre de Dios.
Despojado de los ornamentos, el padre Alfonso se vio solo.
Miserablemente solo, en plena noche de Navidad. El celibato es un don y
él creía haberlo recibido. A lo largo de veinte años de sacerdocio le
sobrevinieron muchas tentaciones. Sin embargo no era el atractivo de las
mujeres lo que le llevaba a dudar de su consagración. Las admiraba, se
sentía gratificado de encontrarlas bellas y atractivas. Señal de que
había en él un macho, lo que íntimamente le envanecía. Le perturbaba la
conciencia del padre que nunca fue. Muchas veces sentía la nostalgia de
los hijos que no tenía.
Le atormentaba verse solo en la mesa del comedor. Comer es comunión,
compartir, mezclar el yantar con el diálogo ameno y alegre. El alimento
le caía insulso, y con frecuencia se sorprendía soñando con los ojos
abiertos en una mesa rodeada por su familia imaginaria.
En aquella noche la soledad le golpeó fuerte. Una soledad con una punta
de amargura adherida a una expectativa frustrada. La sentía en la boca
del alma. Ninguno de los feligreses había tenido la gentileza de
convidarle a cenar.
El padre Alfonso revisó los paquetes de colores brillantes y encontró lo
que deseaba: un pastel y una garrafa de vino. Los metió en la bolsa
donde llevaba los sacramentos a los enfermos y se dirigió a la zona bohemia.
Shirley tenía los ojos hinchados, el pecho sofocado, el corazón
encogido. Desde la caída de la tarde había llorado copiosamente al
recordar las navidades de su infancia. Se acordó de la familia que la
repudió, del marido que la abandonó, del hijo que se avergonzaba de
ella. Sintió odio contra la vida, contra el infortunio a que se vio
condenada. Confundida, tuvo miedo y deseo de sentir odio también contra
Dios.
Si pudiera no trabajaría aquella noche, pero no le quedaba alternativa.
Las deudas la obligaban a salir a la calle y esperar el dinero ocasional
que llegaba escondido tras la fantasiosa excitación de su fortuita
clientela.
Miró al hombre con la bolsa en la mano, camisa sin corbata, zapatos
oscuros. Quizás viniera del trabajo. Lo encuadró en la tipología
adquirida en tantos años de callejear: tenía el aspecto ingenuo de los
que sólo buscan aliviarse y, a la hora del pago, prefieren ser generosos
antes que enfrentar a una prostituta enojada dispuesta al escándalo.
Intercambiaron miradas y ella se esforzó por esbozar una sonrisa
seductora. El se paró y le preguntó; ella señaló el hotel de paso de la
esquina. Caminaron juntos en silencio, ella sobreponiendo su
profesionalismo a los sentimientos rotos, él aprensivo ante el recelo de
poder ser reconocido. Subieron las escaleras escasamente iluminadas, en
cuyos peldaños las cucarachas se desviaban ariscas.
Al desabrocharse el primer botón ella intentó decir algo, pero él se le
adelantó; le explicó que no estaba allí en busca de sexo sino de
compañía. Pero que le pagaría lo acordado. Le habló de su sacerdocio y
de su soledad, y le preguntó si ella estaría dispuesta a orar con él y a
compartir la cena.
Shirley se sentó en la cama, metió la cara entre las manos y estalló en
llanto. Pero ahora era un lloro de alivio, de gratitud por algo que no
sabía definir, casi de alegría. Luego habló de sus navidades en el
campo, del pesebre de tamaño natural que su padre armaba en un rincón de
la casucha, del pavo engordado durante meses para la ocasión, del local
bendito cedido por una vecina a falta de iglesia y de sacerdote en
aquellas lejanías.
El padre Alfonso propuso hacer una oración. Ella se arrodilló y él la
tomó de la mano e hizo que se sentara de nuevo. Él ocupó la única silla
que había en el cuarto. Abrió el evangelio de Lucas y leyó pausadamente
el relato del nacimiento de Jesús. Después le preguntó si le gustaría
recibirla eucaristía. Shirley pareció sentirse golpeada. ¿Cómo ella, una
puta, podría recibir la hostia sin haberse confesado siquiera? El
sacerdote leyó el texto de Mateo 21,28: “Las prostitutas les precederán
en el reino de Dios”. Y pensó que debiera ser él, y esa sociedad cínica,
injusta y desigual los que debieran confesarse con ella y pedirle perdón
por haberla obligado a una vida tan degradante.
Después de la comunión el padre Alfonso sacó dos vasos de la bolsa, los
llenó de vino y partió el pastel. Amanecía ya cuando los dos seguían
conversando animadamente acerca de sus vidas.
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Desde Osaka para Entrevías
Juan Masiá Clavel
27.12.07 @ 14:58:32. Archivado en Religion y sociedad
Queridos hermanos y hermanas de la comunidad de Entrevías, en Madrid, un cálido y
cariñoso recuerdo de Navidad desde el barrio de Kamagasaki, en Osaka.
En Kamagasaki, uno de los mayores barrios marginados en Japón, se concentra una
proporción de más de 30000 trabajadores eventuales por dos kilómetros de terreno. Miles
de personas sin techo duermen en la calle o reparten la escasa paga eventual entre el
alquiler de un “doya” (cuartucho de tres metros) y el vino que calme estómagos vacíos y
ánimos bajos. Droga y mafias campan a sus anchas por la zona. Voluntariado
interreligioso y laico, religiosas y religiosos están presentes y a disposición.
En la casa de acogida se celebra con pan y vino de verdad una eucaristía que recuerda
a Entrevías. Lo diferente: una asistencia mayoritariamente no confesional. (Otra
diferencia notable: que los obispos apoyan, ayudan y animan). El evangelio, leído en la
traducción japonesa del franciscano P. Honda como “Biblia de los empequeñecidos”, se
entiende y la homilía interesa, interrumpen comentándola. A nadie se prohibe acercarse a
la mesa del pan de vida. Para algunos será el único bocado de la jornada. Seguro que
Jesús, buen entendedor de panes lo comprende...
Hoy, 27 de diciembre, se reunieron en el parque del barrio unas mil quinientas personas.
Chicos y chicas jóvenes, niñas y niños con sus guitarras, sincronizan y sintonizan con los
sin techo. Unos mil desempleados (edad mdia por encima de los 60) se ha puesto en cola
para tomar parte en la comida cocinada por el voluntariado, pero bajo la dirección (sin
paternalismos) de unos cuantos de los miembros del barrio que toman las riendas para
organizar un rancho caliente para mil personas cinco días por semana.
Viendo los rostros de quienes se alineaban para recibir su plato, aquello me evocó
Eucaristía. Pero luego resultó que era al revés. Eran ellos quienes nos daban la comunión
a nosotros. Lo comprendí cuando el jefe de ellos nos colocó donde menos estorbábamos
y más falta haciamos: en el fregadero. Los que ya han comido se van acercando uno por
uno y nos dan el plato para que lo freguemos. Y en ese momento ocurre la instantánea
eucarística. Dice aquel abuelo levantando el plato un poco en alto: ¡Gracias, estaba
bueno! Y me sale espontáneo decir: Amén (En japonés: ¡Hai!). Porque, al repetirse una y
otra vez ese gesto, me recuerdan una hilera de comunión en la iglesia , cuando el
celebrante eleva el pan en alto y dice: “El cuerpo de Cristo”, y contesta quien lo recibe:
Amén. Solo que aquí no soy yo quien reparte, sino quien recibe. Hay que agradecer al
“abuelo-jefe” que nos haya puesto a fregar a los del grupo parroquial. Con cada plato
vacío que me entregan me están dando la comunión. Y quien dude en esa fe no tiene
más que mirar los rostros de estas personas: presencia real, realísima...
Por cierto, dice la policía que este es un barrio peligrosísimo, lo primero que se ve a la
entrada es el formidable cuartel de la comisaría, blindado como en ninguna otra zona. Lo
de peligroso creo que es verdad, aquí a la vuelta de cada esquina corres peligro de
encontrarte con Jesucristo.
Dudaba si debía narrar la vivencia. Tras consultar con el Maestro, parece como si dijera:
“Anda, ponlo en el blog, a costa de que te llamen Belcebú” (Mt 12, Mc 3, Lc 11...). Pues
me animo a contároslo antes de acostarme...
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NAVIDADES DE CALENDARIO
Padre Mario Da Lixa-Portugal
Traducido del portugués por Juan Hernández Jover
Reflexión teológica a propósito de estas navidades de calendario
Debería ser una explosión de Humanidad en estado mayoritario y está siendo, de año en año, una explosión de Infantilismo y de Consumismo, que eriza. La navidad de nuestra vergüenza está de nuevo a la puerta. En realidad, ya comenzó hace mucho, a volverse en un bazar continuo, de Diciembre a Diciembre. Y si la navidad, como fecha de calendario, no dura todo el año, un cierto espíritu navideño, hecho de Infantilismo y de Consumismo, está cada vez presente en la mente y en los hábitos de las poblaciones y de los pueblos. Lo que representa manifiestamente un retroceso en el desarrollo de los pueblos. No sólo un retroceso al Paganismo, con todo lo que ello tiene de negativo, particularmente, el Oscurantismo y la Sumisión al Destino y a los jefes divinizados y autoritarios, en detrimento del progresivo protagonismo de los pueblos y de las personas, y también el Infantilismo, hoy pretendidamente ilustrado, como si los pueblos hubieren deliberado negarse a crecer y asumir la Historia. Esta es (lo digo con toda convicción) la más inequívoca manifestación del premeditado Asesinato de el Dios de Jesús, de ningún modo su (re)nacimiento. Esta es la navidad o nacimiento “ in-crescendo” de la idolatría, del culto a los dioses, los conocidos y los desconocidos, a excepción del Dios de Jesús, el único a quienes los dioses del Dinero, del Poder y de la Religión no reconocen, mucho menos toleran en sus feudos o reinados, hoy, en su perverso Orden Mundial. Para Dios que nos dio a conocer a su Hijo Jesús, continúa sin haber acogida en las hospederías, se entiende, en los hogares, en las vidas de las personas, en las parroquias, en las naciones, en la multiplicidad de las Iglesias, inclusive, en el Vaticano y en su demoníaca Curia romana, en una palabra, en el actual Orden Mundial. Año tras año, la “navidad de calendario” nos invade con lo que hay de peor en los seres humanos. Y vemos que la Demencia anda suelta, el Infantilismo anda suelto, el Consumismo anda suelto, la Imbecilidad anda suelto, lo Religioso anda suelto, la Hipocresía anda suelto, lo Inhumano anda suelto. Todo muy bien embrollado y servido en “bondades” de plástico, en “solidaridades” de plástico, en “afectos” de plástico, en “sonrisas” de plástico, en “acogidas” de plástico, en “fiestas” de plástico, tipo navidad de los Hospitales, de la RTV. Todo es puro negocio. Todo sale-a-cuenta. La Humillación de los seres humanos, en lo más grave. Es la Hora de las Tinieblas, de la Estupidez, de la Arrogancia, de la Hipocresía, que habita en los seres humanos. En estos días, nos volvemos (casi) todos enanos, groseros, bestias, hipócritas, fingidos, cínicos, sin una pizca de dignidad humana, infantil, malcriada, cosas ambulantes cargadas de embrollos a las que llamamos “prendas”, unos infelices, unos solitarios del tamaño de nuestra hipocresía, de nuestro cinismo, de nuestra poca-vergüenza. Es la propia Inhumanidad en movimiento. Anunciamos el nacimiento del Hombre, del ser humano, mujer y hombre, y lo que nace cada año es su antípoda, “cosas” ambulantes que respiran pero no son libres, ni conocen caricias practicadas ni recibidas. Estamos, de una navidad a otra, la descreándo-nos como seres humanos, covirtién-donos en cosas, objetos de consumo, utilitarios de “usar y tirar”. La Idolatría es la que hace, como la mayor perita en Deshumanizar, en In- humanizar. Y cada “navidad de calendario” es mayor la explosión de idolatría. El dios que se anuncia es un payaso representado por un Papá Noel, con tanto de bestia cuanto de vómito. Aceptarlo, parar delante de él, admirarlo, todavía podría tener alguna utilidad, se hiciésemos de él el espejo donde nos viésemos. Moriríamos de vergüenza. Los Ejecutivos del Dinero, del Poder y de las Iglesias consiguieron, están a punto de conseguir cada vez más des-crear-nos como seres humanos y transformarnos en objetos Papá Noel, dioses que están como muñecos a la entrada de los establecimientos comerciales, o como de los que, con vergüenza y sin audacia para ser asumidos como seres humanos, corren, para ellos, como en un carnaval anticipado, disfrazarse de Papás Noel. Todos, casi todos, niños y viejos, jóvenes y no tan jóvenes, nos hacemos la cuenta creyéndonos el chiste; nos reímos, fingiendo hacernos los simpáticos, tiernos amigos fraternos. Es todo postizo. Convencional. El dios-Dinero nos formateó para fuésemos así. Y ahora nosotros somos así. Por unas horas. Por unos momentos. Por unos días. Lo que hace de nosotros todavía más crueles, más activos y humillados, más “pasotas”. Actuar en este espíritu navideño, alimentarlo año tras año, es cruel. Aceptar los gestos de quien actúa bajo este falso espíritu navideño, es ser humillado. Todo lo que conlleva la palabra caridad, es humillación y fuente de humillación humana. Y lo más dramático, es que todo está concebido y realizado, para que jamás despierte en nosotros el ser humano creador y libre, adulto, maduro, emancipado, sujeto protagonista, visceralmente hermano universal, concebido por el Espíritu Santo en el seno de nuestras madres, llamados, desde el primer instante de nuestra concepción, a asumir responsablemente las propias vidas, las vidas de unos y otros en reciprocidad y complementariedad, y la vida del Universo, de modo que pueda avanzar, pues para eso existe el Tiempo y la Historia, para que cada ser humano, de cualquier color o lengua, se sienta protagonista-con-los-de más, sin subalternidades de ninguna especie. La Idolatría es un proceso histórico des-creador de los seres humanos. Sólo la Fe de Jesús nos muestra a unos y otros la Verdad, por ello, en la libertad y en la alegría, y en ese abrirnos a los demás, simultáneamente nos muestra al Dios Vivo, el de Jesús, creador de hijas e hijos adultos en la Fe, a la altura de su Creación, iniciada hay unos quince mil millones de años, con el Big-Bang, preservándonos y vacunándonos contra toda la estupidez e infantilismo, contra toda humillación y lo de to-d-vale que la Idolatría desarrolla, allá donde entra y medra. Y nunca la Idolatría estuvo tan generalizada y tan globalizada. Una Idolatría refinada, nada como la de los pueblos primitivos, que se materializaba en toscas imágenes de diosas y de dioses, en altares donde oficiaban sacerdotes oportunistas y glotones, con rituales y ropas exóticas que los convertían en hechiceros-y-mágicos-de-traer-por-casa. Todavía quedan algunos restos de eso, en ciertos pastores diezmitas de las nuevas iglesias que se dicen evangélicas y en los cardenales y ciertos obispos católicos y algunos párrocos, cuando presiden los oficios religiosos en los santuarios, cosa nimia. Más no es ese el tema de Idolatría que trato aquí. Esa está en vías de extinción, después de siglos y siglos de ejercer su reinado. Menos mal que la Modernidad y la Ilustración acabaron con ella. No obstante existen pequeños focos de resistencia, aquí y allá, gracias a los funcionarios de “lo religioso” que no saben hacer otra cosa pues sin eso ni siquiera sobrevivirían, mucho menos se enriquecerían como están por enriquecer (la escasez de funcionarios lleva, a los todavía activos, a desplegarse en un frenesí de cultos y de misas, una aquí, otra allá y otra más lejana, y siempre facturando sin IVA), pero acabarán por extinguirse por falta de clientela y de funcionarios que se presten a esa vergüenza. La Idolatría que hoy me preocupa ya no es esta. Es la Idolatría que la Modernidad y la Ilustración trajeron en la protuberancia. Primero, bajo la forma de Ateísmo cada vez más generalizado y seudo-científico. Pero hoy es ya manifiesto que el Ateísmo de la Modernidad y de la Ilustración se transformó en Idolatría, la peor de todas, la más inhumana de todas las Idolatrías que la Historia conoció. A su orilla, la Idolatría de los pueblos primitivos, travestida de Religión, llega a ser hoy casi loable. Porque no producía los efectos desastrosos, devastadores que la nueva Idolatría, nacida de la Modernidad y de la Ilustración, está causando. Es la Idolatría del dios-Dinero, la Mentira y lo Homicidio científicamente organizados, donde jamás habrá lugar para Dios Vivo, el de Jesús, y, consecuentemente, para los seres humanos creadores y autogestionarios, libres y fraternos, llenos de sabiduría y gratuidad, otros Jesús. La vieja Idolatría, la de la Religión, ya fue eso que quiso hacer e hizo, cuando mató a Jesús en la Cruz, como el maldito de los malditos. Fue la manera cultural de entonces de decir que él, y quien osase ser otro-yo de él, no tendría lugar en el mundo dominado/dirigido/gobernado por ella y por sus Ejecutivos, los del Dinero, del Poder y de la Religión. Hoy, sin embargo, la nueva Idolatría, la del Dinero, es visceralmente mentirosa y asesina, des-creadora de los seres humanos. Y parece sin Oposición y sin Resistencia. Porque compra a toda la gente, comenzando por los más ilustrados, que de ateos que se hacen llamar, pasan a idólatras del dios-Dinero, en un abrir y cerrar de ojos. Todo es cuestión de precio. A los más resistentes, basta subir la oferta y ellos acaban por caer de rodillas, perdón, por decir sí a tal contrato, a tal lugar, a tal empleo. Y, en lugar de ser reprobados por los familiares y amigos, son felicitados. Y pasan rápido a tener el reconocimiento y la admiración de los que les son inferiores en la escalera jerárquica. Hasta en nuestra Iglesia católica acontece frecuentemente. Ya nadie, o casi, acepta ser párroco, mucho menos presbítero a la intemperie como yo, pero, si lo invitan para obispo, aun para auxiliar de una gran diócesis, todos se muestran disponibles, sin tener conciencia de que están a punto de caer en la Idolatría y estar de su parte,aún a costa de ser idólatras, y seguir las decisiones del dios-Dinero, disfrazado de Religioso-Eclesiástico. Y alli se acomoda el hombre libre, disidente, subversivo, rebelde, conspirativo. Allí se acomoda el ser humano. Crece en su lugar el funcionario, conserje de la Ortodoxia y de la Ortopraxia del Orden Mundial del Dinero que hay que mantener y reforzar a toda costa, porque es en el y con el cuando los privilegios eclesiásticos y religiosos están mejor salvaguardados. Es obvio que no fue para esto que nació Jesús . Su nacimiento, hace unos dos mil años, es el anti-nacimiento de los dioses y diosas del Paganismo. Nace de mujer, en todo igual a nuestras padres. De un acto sexual fecundo que puede hasta haber sido sin amor, si hubiere acontecido, como afirman ciertas fuentes tan fidedignas como las otras que niegan el hecho, un acto sexual violento, de un soldado romano sobre la joven Maria, la madre de Jesús. El acto, si hubiese ocurrido, todavía da más fuerza y más dignidad a Jesús, porque, de ese modo, él habría asumido, desde el primer momento de su concepción, la condición de hombre maldito que vino a tener para siempre, cuando fue crucificado en la cruz por el Imperio romano ("Maldito el hombre que muere en cruz", decreta todavía hoy el libro del Deuteronomio, de la Biblia hebraica, entonces entendida como escrita por el propio Dios y entregada Moisés). Los relatos teológicos de su nacimiento, escritos muchos años después de su muerte y resurrección en la cruz, por los autores de los Evangelios de Mateo y Lucas, anuncian claramente al Hombre, al ser humano, verdadero y pleno que fue Jesús; es, desde el primer instante al último: constitutivamente político, disidente, subversivo, conspirativo, rebelde, creador, libertador,pero lleno del Espíritu Santo, que lo hizo ser hermano universal, hombre-para-los-de más. Por ello, Herodes, rey fantoche y lacayo del Imperio romano en la Judea, como son hoy los Ejecutivos de las naciones, es presentado en esos relatos teológicos, deseando matarle tras su nacimiento, demostrando con ello, que allá donde hay Privilegios institucionalizados, no hay lugar para los seres humanos iguales y fraternos, libres y autogestionarios. Sólo para lacayos, funcionarios, cínicos, gusanos en forma humana y vestidos a tono, para mejor disimular lo gusanos que efectivamente son. Quieren continuar recorriendo el camino de la descre-ación completa y total? Entonces, insistan en estas navidades, vivan bajo la influencia de este espíritu navideño rebosante de bestialidad e imbecilidad. Tórnense en gusanos bien vestidos y perfumados. Véndanse al dios-Dinero y a sus Ejecutivos. Borren lo poco que queda de humano en Ustedes. Conviértanse en gusanos, acomodados, en coches de lujo y en palacios blindados. Llegarán más rápido al infierno que el dios-Dinero está por implantar en todo el planeta cuyo nombre es el mal llamado Orden Mundial. El camino que yo elegí bien saben que no es ese. Prefiero ser compañero del Maldito Jesús, el Crucificado/Resucitado por haber resistido a la Idolatría y a sus Ejecutivos, e incluso a los que gobiernan el Templo y el Imperio. También a los dioses del Dinero, sólo que, en la cumbre, estos estaban todavía en fase muy primaria y por lo mismo poco decisiva, a diferencia de hoy, que son los Ejecutivos más obscenos, más crueles, más asesinos, y también los más operacionales, los más perversos y los más seductores. Pero a mí no me cogen, ni cogerán ellos. Permanezco con Jesús, el de Nazaret. Y con su Espíritu, más íntimo que mi propio yo. Con el Dios Vivo, nuestro Padre-Madre que siempre nos lleva en su regazo (cf. mi último libro Salmos versión siglo XXI, edición Campo de las Letras). En la Historia de los vencedores y de las víctimas tengo que confirmar que hice la mejor opción, que tomé la decisión acertada. Porque fuera de Jesús, el Crucificado/Resucitado de Nazaret y fuera de su Dios Vivo (no, evidentemente, del Cristo y los Dios-ídolos de las Iglesias y Religiones cristianas, todas idolátricas y posesas del espíritu de navidad de calendario), no hay salvación. Sólo él, Jesús, que nunca fue por la vía de la Idolatría, sólo por la del Ser Humano, a partir del último, es el Camino, la Verdad y la Vida. ¿Desean venir desde ahí con él, conmigo y con algunas y algunos más? O prefieren continuar engrosando la Des-creación actual, hasta que lleguen a ser como babosas ¿
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