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Ejercicios en Lamiarrita, agosto 2.006:
La Eucaristía
Pope Godoy
Así narra el Evangelio de Marcos la Institución de la Eucaristía:
Mientras comían cogió un pan, pronunció una bendición, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: -Tomad, esto es mi cuerpo. Y, cogiendo una copa, pronunció una acción de gracias, se la pasó y todos bebieron de ella. Y les dijo: -Esta es la sangre de la alianza mía, que se derrama por todos. (Mc 14,22-24).
Todos bebieron de la copa. Y, a continuación, dijo Jesús: -Esta es la sangre de la alianza mía, que se derrama por todos… Este relato rompe nuestros esquemas mentales sobre la Institución de la Eucaristía y toda la penosa elaboración teológica que se ha hecho en torno a la presencia real de Cristo en las especies de pan y vino.
Pero… empecemos por el principio. Estamos de acuerdo en que la Eucaristía es el punto culminante de la celebración cristiana. Y que esa celebración es, sin duda, una acción simbólica. El símbolo pertenece a uno de los sustratos más profundos del ser humano. Refleja experiencias individuales y colectivas de gran arraigo emocional y que se formulan a través de manifestaciones externas.
La comida en común es una de las acciones simbólicas más generalizadas en todos los tiempos y en todas las culturas. Expresa lazos familiares, acogida, compañerismo, fraternidad… Con frecuencia, es vehículo para una celebración más sencilla o más solemne. Este símbolo es inteligible a primera vista y por todo el mundo. No necesita más explicaciones. Un banquete de bodas, una comida de familia, una reunión de amistad… son realidades cotidianas que todo el mundo entiende. Expresa la alegría de encontrarnos y de compartir ese tiempo, experiencias comunes o una amistad continuada.
Es verdad que esta experiencia de la comida en común se encuentra seriamente afectada en nuestra cultura moderna. Los horarios laborales distintos, las guarderías o las escuelas para los hijos y la televisión “hasta en la sopa” afectan muy seriamente al encuentro familiar y a la comunicación humana. Esta carencia o esta deficiencia tienen mucho que ver en las frecuentes crisis de la familia moderna.
Ahora nos acercamos a las celebraciones eucarísticas en nuestras iglesias y en nuestras parroquias. La primera impresión es que no son entendibles por sí mismas. Para las personas no iniciadas todo aquello les resulta in-significante. Es decir, carente de significado. Insisto, cuando un símbolo no es entendible por sí mismo ha dejado de ser símbolo. Ha perdido su sentido más radical.
Ahora bien, si la Eucaristía es el punto central y culminante de la vida cristiana y este símbolo carece de su significado elemental y entendible a primera vista, en ese caso la crisis de nuestra Iglesia es mucho más profunda de lo que imaginamos o sospechamos.
¿Qué ha pasado? Podemos mencionar dos procesos que se han ido dando a lo largo de los siglos y que han empañado una realidad transparente hasta hacerla totalmente irreconocible.
1.- Por una parte, el rito ha devorado al símbolo.
Todo está previsto, reglado y determinado con una precisión agobiante: los gestos, las palabras, las vestiduras, la materia utilizada en la Eucaristía… Como el ritual es lo más importante, el símbolo ha pasado a segundo término hasta desaparecer.
¿Dónde está el símbolo en la Misa multitudinaria del Papa en Valencia? Allí queda el puro boato de la propaganda y un reducido espacio para la piedad individual e individualista. El símbolo ha desaparecido por completo.
¿Qué simbolismo existe con el pan de trigo para una Eucaristía que se celebre en Japón, por ejemplo? ¿Y en cuántas partes del mundo el vino de uva no es un símbolo cultural?
Es decir, buscando la garantía JURÍDICA del rito, la institución ha terminado por matar el símbolo universal de la mesa compartida.
Pero subyace aquí un problema de más hondo calado. Todas las religiones surgen como cauce o expresión de la experiencia religiosa. Su función primordial es suscitar, favorecer, fomentar, facilitar, acompañar… la experiencia religiosa tanto individual como colectiva. Son por tanto un instrumento, un medio. Pero como todas las instituciones, sean religiosas, políticas o sociales, tienden a convertirse en fin.
“Fuera de la Iglesia no hay salvación”.
Recuerdo un libro que nos leían en el noviciado: “La muerte en la SJ, prenda segura de salvación”.
Como expresión de esa tendencia a hacerse centro y fin en lugar de ser meros instrumentos, la gran tentación de las religiones ha sido, es y será acaparar a Dios, controlarlo, pretender ponerlo al servicio de la religión.
La evolución histórica de la Eucaristía es un dramático ejemplo de esa tendencia:
Se afirma la presencia REAL, FÍSICA de Cristo.
Tenemos la garantía de hacerlo presente a través de unas palabras exactas y precisas, formuladas por personas especialmente habilitadas para hacer el rito (varones, por supuesto).
Cristo queda en un espacio concreto, “prisionero en el sagrario”, se nos decía y allí podemos acudir siempre porque tenemos la certeza de su presencia.
Lo llevamos en procesión, ostentosamente, con toda clase de adoraciones.
Pero lo importante es que la institución eclesiástica controla todo el proceso.
Ella establece cuándo se hace presente y cuándo no.
Quiénes son las personas autorizadas para realizar el rito.
Quiénes son las personas que pueden acercarse a comulgar.
La contradicción más esquizofrénica es cuando se manda bajo pecado mortal asistir a misa los domingos y, al mismo tiempo, se prohíbe bajo pecado mortal acceder a la comunión (divorciados, por ejemplo).
2.- Otro aspecto importante, muy relacionado con el anterior:
El altar ha devorado la mesa.
Las primeras comunidades judeocristianas asocian la celebración eucarística con los sacrificios del AT que están muy presentes en su cultura religiosa y que eran práctica habitual en el templo de Jerusalén. No podía ser de otro modo.
Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
En torno a esa imagen de los sacrificios antiguos, va fraguando la imagen de la Eucaristía como sacrificio: el santo sacrifico de la Misa. Resulta sorprendente la cantidad de veces que se emplea la palabra sacrificio en los textos de la Misa.
Orad, hermanos, para que este sacrificio, mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre Todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este sacrificio…
En la Plegaria Eucarística II, se dice textualmente:
Así, pues, Padre,
al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.
De nuevo, el sacrificio. Pero continúa la Plegaria
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella la Víctima
por cuya inmolación
quisiste devolvernos tu amistad,…
Os confieso que estas frases me suenan a blasfemia: Dios nos devuelve su amistad gracias a la inmolación de una víctima que es su Hijo… ¿Tan cruel es Dios¿ ¿Necesita la sangre para recuperar la amistad con los seres humanos?
Nos sentimos profundamente desazonados. Reconocemos que existen formulaciones bíblicas que van por este camino. Forman parte de la cultura religiosa de la época. Suponemos que tanto las expresiones como la teología que subyace tuvieron sentido para aquellas comunidades. Pero para la mentalidad actual no sólo carecen de sentido sino que confunden y escandalizan.
Las consecuencias las padecemos y las soportamos. Lo que destaca en la Eucaristía es el altar, como símbolo del sacrificio. La mesa, como símbolo de la comida compartida, ha quedado relegada a muy segundo término o ha desaparecido.
Ya se entiende que lo dicho hasta ahora se refiere a las Eucaristías oficiales, a las liturgias escritas y programadas. A una gran cantidad de misas dominicales No es muy alentador, desde luego. Uno tiene la sensación de que la gente vegeta o que se trata simplemente de una piedad individualista y ascética.
Hay que asumir con realismo que un colectivo mayoritario, en este caso, la Iglesia es, por su misma naturaleza, estático y conservador. Es lento de reflejos y mantiene una posición de desconfianza y hasta de condena hacia cualquier novedad.
En contrapartida, sabemos que por la misma dinámica histórica van surgiendo en el interior de la Iglesia grupos minoritarios que vuelven a empujar la historia, que recuperan la búsqueda de los orígenes, que aspiran a una renovación profunda. Sin duda que existen alternativas esperanzadoras.
Precisamente porque la Eucaristía es el elemento central de la celebración cristiana, el Espíritu sopla por todas partes y surgen nuevas experiencias y nuevas iniciativas. Estas experiencias se van abriendo camino en grupos pequeños, en comunidades de base, al margen de la institución oficial y, con frecuencia, fuera de los espacios religiosos tradicionales.
Sabemos la complejidad del tema. Por una parte, estamos de acuerdo en que hay que respetar los ritmos de cada persona y de cada grupo. Pero tampoco parece justo que nadie quede frenado en su propia dinámica. También se choca con un recelo y una oposición bastante generalizada de la institución eclesiástica.
Las comidas de Jesús en los Evangelios
Con este telón de fondo, intentamos recuperar el sentido de la Eucaristía, en la medida en que podemos acercarnos a lo que vivieron Jesús y sus discípulos, no sólo en la última Cena, sino a lo largo de toda su vida.
1.- Ante todo, llama la atención la importancia que tiene la comida en los cuatro evangelios y en la vida de Jesús:
Jesús come con Leví, el publicano (Mt 9,9-13; Mc 2,14-17; Lc 5,27-32)
 Come en casa de Simón, un fariseo (Lc 7,36-50).
El propio Jesús se invita a casa de Zaqueo, el recaudador (Lc 19,1-10).
Come en casa de Marta, mientras su hermana María le escucha a sus pies (Lc 10,38-42).
María unge los pies de Jesús durante una comida en su casa, junto con Marta y Lázaro (Jn 12,1-8). Aunque Mateo (26,6-13) y Marcos (14,3-9) sitúan la comida en casa de Simón el leproso.
Una de las acusaciones que pretenden desacreditar más fuertemente a Jesús guarda relación con la comida: Viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «¡Vaya un comilón y un borracho, amigo de recaudadores y descreídos! (Mt 11,19; Lc 7,34).
La vuelta del hijo pródigo se celebra con un banquete (Lc 15,11-32).
 La parábola de El rico epulón que se vestía de púrpura y lino, y banqueteaba todos los días espléndidamente. Un pobre llamado Lázaro estaba echado en el portal, cubierto de llagas; habría querido llenarse el estómago con lo que caía de la mesa del rico. (Lc 16,19-31).
Jesús compara el Reinado de Dios con un gran banquete: Lc 14,16-24; Mt 22,1-13.
Los dos discípulos que van a Emaús “abren los ojos” durante la comida.
Para asombro nuestro, en los Evangelios tenemos SEIS RELATOS DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES, cuando sólo tenemos TRES RELATOS de la comida en la última cena (más el de Pablo):
Los cuatro evangelistas narran una misma multiplicación de los panes. Son cinco panes y dos peces (siete) y se llenan doce canastos de lo que sobra: Mt 14, 13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,11-17; Jn 6,1-14.
Mt y Mc narran además una segunda multiplicación. Son siete panes y unos pececillos y se llenan siete espuertas con lo que sobra: Mt 15,32-39; Mc 8,1-9.
Voy a intentar desgranar aquí las reflexiones que me han ido surgiendo al comprobar y comparar todo estos textos.
2.- Algunos rasgos de estas comidas
1) El esquema narrativo es el mismo en estos diez relatos, a los que se añade el de los discípulos de Emaús:
1. Coger o tomar el pan o los panes: Aparece en los once relatos.
2. Alzar la mirada al cielo: Aparece en tres relatos (Mt, Mc y Lc)
3. Pronunciar la bendición o la acción de gracias: Los once relatos.
4. Partir el pan o los panes: Diez relatos, menos Jn. En Hch 2,42 se dice que Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles y en la comunidad de vida, en el partir el pan y en las oraciones.
5. Repartirlo, el propio Jesús o sus discípulos: Diez relatos, menos 1Cor.
2) Se trata, por tanto, de una práctica habitual, ya conocida por todos.
La experiencia de poner en la misma mesa lo que cada cual lleva para comer es una práctica ¡tan común! incluso hoy, por lo menos en la cultura mediterránea. SIEMPRE SOBRA. ¿Tiene esto algo que ver con la multiplicación de los panes?…
También se practica en reuniones de CCP, por ejemplo: se llevan frutos de la propia tierra y todo el mundo tiene la oportunidad de probar el vinillo, los embutidos o los dulces de cada lugar.
Otra variante de esta puesta en común es “posar”, como dicen en La Mancha. Los gastos se reparten “a gañote”, es decir, por igual. Es otra forma espontánea y gratificante de compartir.
3) ¿Por qué le dan tanta importancia los evangelistas a estos relatos?
3.- Las comidas que realiza Jesús son la expresión más entendible del Reinado de Dios hecho realidad en la vida diaria.
Jesús hace realidad dos características básicas del RD: la igualdad y la inclusión de todos los seres humanos.
La sociedad en que vive Jesús se encuentra muy estratificada en clases y categorías sociales. Una de las fórmulas más rígidas para mantener y consolidar el estatus social era precisamente la comida. Las personas y los grupos no se mezclaban en las comidas. Al contrario, la separación en las comidas era una mecanismo para consolidar el estatus.
Jesús rompe ese esquema de segregación social. Come con fariseos, con publicanos, se identifica con la masa anónima durante las comidas al aire libre.
Algo debieron de percibir muy pronto los sectores marginados por lo que nos cuentan los tres sinópticos, respecto de Mateo-Leví, el publicano.
Cuando se marchó Jesús de allí, vio al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: -Sígueme. Se levantó y lo siguió.
Sucedió que estando él reclinado a la mesa en la casa acudió un buen grupo de recaudadores y descreídos y se reclinaron con él y sus discípulos. (Mt 9,9-10)
Sucedió que, estando él recostado a la mesa en su casa, muchos recaudadores y descreídos se fueron recostando a la mesa con Jesús y sus discípulos; de hecho, eran muchos y lo seguían. (Mc 2,15).
Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y había gran número de recaudadores y otra gente, que estaban recostados a la mesa con ellos. (Lc 5,29).
El escándalo está servido:
Al ver aquello preguntaron los fariseos a los discípulos: -¿Por qué razón come vuestro maestro con los recaudadores y descreídos?
Jesús lo oyó y dijo: -No sienten necesidad de médico los que son fuertes, sino los que se encuentran mal. (Mt 9,12 y paral.)
Comer con publicanos y descreídos (pecadores) es pasar a la categoría tanto religiosa como social de publicano y descreído.
La parábola de los invitados a la boda remacha aún más esta igualdad y esta inclusión. Los invitados se niegan a ir, con variadas excusas.
Entonces el dueño de la casa, indignado, le dijo: -Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, lisiados, ciegos y cojos.
El criado dijo: -Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio.
Entonces el señor le dijo al criado: -Sal a los caminos y senderos y aprémiales a entrar hasta que se llene la casa; porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi banquete. (Lc 14,21-24).
Es interesante verificar que, unos vv. antes, el mismo evangelista Lucas relata estos consejos de Jesús, precisamente en otra comida:
Y al que lo había invitado le dijo: -Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a vecinos ricos; no sea que te inviten ellos para corresponder y quedes pagado. Al revés, cuando des un banquete, invita a los pobres, lisiados, cojos y ciegos; y dichoso tú entonces, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos. (Lc 14,12-14).
En los dos textos se citan las mismas cuatro categorías de parias sociales.
El rasgo más llamativo de la cena, celebrada en esta parábola es la comensalía abierta y dejada al azar. En una situación semejante, cabría encontrarse con una mezcla absoluta de clases, sexos, rangos y grados. Precisamente en el desafío social que supone esta comensalía igualitaria radica la amenaza del panorama presentado por la parábola… E inmediatamente esa comensalía abierta es objeto de una acusación, por lo demás casi previsible: Jesús es un comilón, un borrachuzo, amigo de publicanos y pecadores. En otras palabras, no establece las distinciones y discriminaciones que debería. No tiene vergüenza. Está deshonrado. Esa es precisamente la acusación de que es objeto Jesús: Comer con pecadores.
J.D.Crossan: El Jesús de la Historia.
Vida de un campesino judío mediterráneo, p. 310
Como resumen de estas referencias podemos deducir que
las comidas de Jesús tenían un carácter peligroso y claramente subversivo del orden social existente.
Esas comidas significaban poner patas arriba la escala de valores tanto religiosos como sociales que tenía la sociedad.
Este trasfondo tan enorme explica la importancia que los evangelistas le dan a las comidas. No son un hecho anecdótico. Son la expresión concreta sintetizada de todo cuanto Jesús iba haciendo y diciendo en su vida
La paternidad universal de Dios.
La igualdad de todos los seres humanos.
La apuesta incansable para que nadie quede excluido de la mesa común.
COMPARTIR es la forma más gozosa y eficaz de conseguir esa incorporación de todos y cada uno de los serse humanos a la gran familia común: el RD, la sociedad alternativa.
La celebración de la Última Cena
Todos estos puntos de referencia nos ayudan, sin duda, a comprender mejor el sentido de la Eucaristía, tal como pudo ser percibida tanto por Jesús como por el grupo de discípulos y discípulas.
Podemos apuntar algunas referencias:
1. La última cena fue una comida normal, sin ningún carácter sagrado. A no ser que consideremos sagrado todo acto profundamente humano.
Jesús y sus discípulos (lo más probable es que hubiera también mujeres) repitieron lo que habían hecho tantas veces: una comida en común.
Es muy probable que allí “se mascara la tragedia”, porque la confrontación con la institución judía iba en aumento y era previsible un desenlace fatal.
2. Jesús no estableció un ritual específico para recordarlo a Él. No fue una despedida consciente, previamente conocida, aunque sí pudo ser una despedida “presentida”. ¡Claro que lo iban a recordar! Pero la forma de hacerlo podía ser muy variada. El grupo de seguidores y seguidoras tenían muchísimos datos de la experiencia compartida con Jesús.
3. Obviamente, Jesús no estableció un “sacerdocio”. Ni Jesús era sacerdote, ni pretendió crear una estructura sacerdotal.
Karl Rahner lo había dicho incluso antes del Vaticano II: “La autorización dada a los apóstoles para celebrar la Eucaristía, no es la institución del rito sacramental que transmita poderes oficiales (…) Del mandato de la anámnesis –o conmemoración de la Cena- no se sigue, pues, la sacramentalidad del Orden.”
La Iglesia y los Sacramentos, 1967, p. 45.
“El Jesús histórico contaba con que el mundo y la historia llegarían a su cumplimiento dentro de su propia generación. Ante tal inminencia del reinado de Dios, no cabe duda de que él no quiso fundar una comunidad especial distinta de Israel, con propia confesión de fe, con propio culto, con propia reglamentación y con propios ministerios (…) Todo esto significa que Jesús, mientras vivió, no fundó ninguna Iglesia (…) El no pensó ni en crear ni en organizar una gran estructura religiosa.”
(Ser cristiano, 3ª ed. 1977; pp. 358 ss.- Cursivas del autor).
4. Tras la muerte y resurrección de Jesús, las primeras comunidades fueron cargando de contenido el recuerdo de la Última Cena.
El pan fue significando progresivamente toda la vida de Jesús. De forma especial se subraya su forma de vivir, su compartir a tope, su cercanía a los excluidos, su forma de crear esperanza y comensalidad… Una vida para los demás. La fórmula esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros (1Co 11,24; Lc 22,18) es el resumen condensado de toda la existencia de Jesús: una vida entregada a los demás.
El vino fue significando progresivamente la sangre de Cristo. Es decir, su pasión y su muerte. La coherencia de una vida entregada a los demás le llevó a darla físicamente, trágicamente por los demás.
5. El acento se pone en el compartir, siguiendo el ejemplo de Jesús:
Partir el pan y repartirlo.
Pasar la copa, para que todo el mundo beba.
Nuestras celebraciones eucarísticas
Todo este trasfondo de las comidas comunitarias que celebraba Jesús en tantas ocasiones nos sirven como telón de fondo para analizar nuestras celebraciones en unos contextos culturales y religiosos tan distintos.
1) En una comunidad itinerante como la de Jesús, el hecho de compartir era inmediato, intuitivo, normal.
2) Es fundamental tener presente que Jesús no compartía bienes materiales que no tenía. Pero compartió su vida entera: su esfuerzo, su tarea de liberación, su ternura, su asombrosa capacidad para transmitir confianza…
3) Ahora bien, cuando las comunidades se van haciendo sedentarias, el hecho de compartir ya no es tan “normal”, porque no es inmediato. Tenemos el escándalo de Corinto, donde ni siquiera se compartía en la misma celebración eucarística: Cada uno se adelanta a comerse su propia cena, y mientras uno pasa hambre, el otro está borracho (1Co 11,21).
4) En la reprensión que hace Pablo a los corintios parece reflejarse que ya se ha renunciado a la radicalidad evangélica de la solidaridad compartida. Pablo les dice: ¿Será que no tenéis casas para comer y beber? O ¿es que tenéis en poco a la asamblea de Dios y queréis abochornar a los que no tienen? Se acepta el hecho sociológico de ricos y pobres.
5) Las palabras “comida”, “bebida” “banquete” tienen resonancias completamente distintas para quien nunca logra saciar su hambre y para quienes estamos siempre saciados. No podemos perder nunca de vista esta realidad sangrante de los millones de hambrientos que nos rodean y que nos invaden en esta isla nuestra de la abundancia.
6) Tampoco podemos perder de vista que la comida y la bebida son las bases materiales de toda vida humana. Lo elemental y primario para sobrevivir. Por eso, necesitamos profundizar y saborear esta formulación: la presencia de Dios y de Jesús se encuentra en la comida y en la bebida, ofrecidas a todo el mundo por igual.
7) Como síntesis, entiendo que nuestras celebraciones eucarísticas, por lo menos en pequeños grupos más conscientes, deberían tener de forma más o menos explícita estos cuatro niveles de expresión:
1. Una crítica política:
La sociedad en que vivimos es radicalmente injusta porque excluye de la mesa común a la inmensa mayoría de la humanidad.
Es urgente crear estructuras de solidaridad para hacer efectivo el reparto de los bienes indispensables para todo ser humano.
2. Un desafío económico:
El reto de compartir no es sólo de los poderes públicos. Me implica también a mí como persona y nos implica como comunidad.
Necesitamos buscar fórmulas de solidaridad económica, social, cultural, educativa, derechos humanos… para que la utopía de compartir vaya ganando terreno en nuestra vida personal y comunitaria.
3. Un rito sagrado
Los dos puntos anteriores pueden ser compartidos por otras muchas personas que practican estos mismos valores y estos mismos compromisos de solidaridad, más allá de cualquier confesión religiosa o adscripción política.
Quienes creemos en Jesús, el Cristo, recordamos además de forma muy detenida y gozosa toda la vida, la muerte y resurrección de Jesús, como el símbolo más estimulante y sencillo de cómo vivir para los demás.
4. Un culto litúrgico
Nos sentimos unidos y vinculados a los millones de personas creyentes que en todo el mundo intentan seguir los pasos de Jesús. Esa Iglesia, comunidad de fe, que tiene su origen en Jesús de Nazaret y que lo confiesa como el Cristo, el Hijo de Dios.
Muchas veces participamos en eucaristías más o menos numerosas (entierros, bodas, primeras comuniones…) en ese anonimato de quienes buscamos a nuestro modo abrirnos al Espíritu.
Por muy pequeño que sea el grupo que celebra la Eucaristía (donde dos o más se reúnen en mi nombre…) formamos parte de esa gran comunidad, la Iglesia santa y pecadora, donde el trigo y la cizaña crecen juntamente mientras se va realizando el esclarecimiento progresivo con el paso de la historia.
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Una nueva espiritualidad para una nueva humanidad
INTRODUCCIÓN sobre lo que es y lo que no es la “espiritualidad” y sobre la “novedad” que buscamos…
Escribe J. Chisttister:
“La búsqueda espiritual, sobre todo, puede llegar a no ser más que una excusa piadosa para no hacer nada espiritual en absoluto. En nombre de la vida espiritual nos acostamos temprano e ignoramos a los pobres; nos levantamos pronto para rezar y olvidamos a los que están exhaustos; vivimos en nuestros acogedores conventos y olvidamos a los que viven en casuchas; nos decimos que somos demasiado viejos, demasiado jóvenes, demasiado poca cosa, demasiado insignificantes para hacer lo que hacíamos antes, y así nos damos permiso para dejar de ser una presencia y una voz proféticas. Y a esto lo llamamos vida religiosa. Y nos preguntamos por qué está agonizando.
El problema de la vejez es que conlleva la tentación de morir antes de que nos llegue la hora, de sumergirnos en una especie de muerte en vida en la que cualquier esfuerzo es excesivo y toda la energía se dedica simplemente a seguir respirando apáticamente…
Sin embrago, el riesgo no es una conversación atrevida al calor del fuego en una noche oscura, No, el riesgo exige inseguridad; exige una apuesta audaz por lo deseable pero incierto. El riesgo es una fe que la razón no limita.
El riesgo camina con Dios como su único y seguro compañero. La congregación religiosa que arriesga su reputación por hacer frente a los nuevos problemas, y la ayuda de sus benefactores por causa de la paz, y el apoyo eclesiástico por la causa de la mujer, y su estilo de vida por la ecología del paneta, y sus pensiones por los pobres, camina por el sendero del santo riesgo, No es un camino fácil de seguir para la vida religiosa, pero no hay otro si queremos que la vida sea auténtica, si queremos reavivar el fuego a partir de la llama de su pasado.
El riesgo fortalece, revitaliza, hace fluir la adrenalina por la corriente sanguínea de un grupo, hace que de nuevo merezca la pena vivir la vida. El riesgo, paradójicamente, hace que la vida vuelva a ser vida…
¿Qué puede haber más peligroso para el status quo que unas personas (mayores) experimentadas, audaces y seguras de sí mismas, a las que no se puede intimidar ni controlar ni castigar por estar escandalosamente vivas?”
Estas palabras nos introducen de lleno en una de las cuestiones fundamentales de la espiritualidad. Puede conducirnos a lo mejor, pero puede tendernos una de las mayores trampas, la de tranquilizar nuestras conciencias. J. Chisttister nos recuerda algo tan viejo como correr el riesgo de la fe, recuperar nuestra condición de creyentes hasta el punto de poner en juego nuestros bienes, nuestra “falsa paz”, nuestro reconocimiento social o eclesial si la causa del Reino, los pequeños, los excluidos, los invisibilizados… lo requieren.
Por eso quisiera hacer una breve introducción sobre lo que sería una verdadera espiritualidad y a lo que no deberíamos ponerle este nombre.
En cierta ocasión le hicieron esta pregunta al Dalai Lama: ¿QUÉ ES LA ESPIRITUALIDAD?, el cual dio una respuesta extremadamente sencilla: “La espiritualidad es aquello que produce en el ser humano una TRANSFORMACIÓN INTERIOR" .
En otra ocasión cuentan que le preguntaron también: Santidad, ¿cuál es la mejor religión?... “La que te hace mejor”… “¿Y qué es lo que me hace mejor?”… “Lo que te hace más compasivo, lo que te hace más sensible, más desprendido, más amoroso, más humanitario, más responsable… La religión que sea capaz de hacer eso de ti es la mejor religión” …
Espiritualidad tiene que ver con EXPERIENCIA, no con doctrina, ni con dogmas, ni con ritos, ni con celebraciones, que no son más que caminos institucionales que pueden ayudarnos en nuestra espiritualidad, pero que son posteriores a ésta…
A partir de la experiencia espiritual no hay cosas y hechos aislados, sino que cada persona, situación o acontecimiento se carga de sentido. La presencia del misterio, percibida de alguna forma, transforma el modo de mirar y el modo de relacionarnos con la vida, con el dolor, con nosotros mismos, Me gusta decir que la EXPERIENCIA ESPIRITUAL NOS CAMBIA LA MIRADA Y EL CORAZÓN como veremos brevemente.
A partir de esta experiencias espirituales, en las crisis más profundas, cuando muere un ser querido, cuando se deshace un matrimonio, cuando perdemos a un familiar por causa de la droga, cuando sentimos la traición en la propia carne o el olvido y el fracaso, siempre podemos preguntarnos: ¿Cuál es el significado de todo esto para mí? ¿Qué cosa, qué camino, qué realidad quiere mostrarme?... ¿Cuál es el sentido más profundo que esta realidad tiene para mí? ¿De qué me purifica? ¿En qué me hace crecer?. Estas preguntas se hacen especialmente en esas situaciones en las que ya no hay nada que hacer, en las que hemos de afrontar el envejecimiento inexorable o la muerte inevitable. Ahí es fundamental la espiritualidad que nos permite ver el carácter efímero de las cosas, el desgaste del tiempo, y saber que no estamos vivos porque aún no hemos muerto, sino porque la vida es una oportunidad para crecer, para aceptar nuestros cansancios, nuestras limitaciones, nuestro envejecimiento y nuestra mortalidad. Solo así maduraremos en otro tipo de vida: una vida interior, espiritual, inasequible al desgaste y a la muerte.
A la luz de esta respuesta cada uno de nosotros se ve obligado a preguntarse: ¿Cuál es mi experiencia espiritual? ¿Me conduce hacia un encuentro más radical con Dios? ¿Me convierte poco a poco en un ser capaz de irradiar y de crecer, junto con otros, en humanidad, en perdón, en capacidad de incluir a todos, para que nadie quede excluido de nuestro mundo, de nuestra comunidad y de nuestro amor?
Nosotros/as definimos la ESPIRITUALIDAD CRISTIANA como una forma de vivir que se deja guiar por el Espíritu de Cristo. Y en una síntesis casi peligrosa, me atrevería a decir que la experiencia íntima de Jesús es la de vivir a Dios como un Padre con entrañas de COMPASIÓN, con el que se relaciona como un Hijo muy querido, y que le hace MIRAR el mundo y aproximarse a él e implicarse con ese mismo CORAZÓN COMPASIVO.
Vivir la vida dejándonos conducir por este Espíritu de Cristo significa, ante todo, tomarnos muy en serio este modo que tiene Jesús de situarse ante Dios y ante la realidad –de personas, hechos, situaciones,…-. ¡ES LA VIDA TOMADA EN SERIO ¡
Por eso es conveniente recordarnos siempre o de vez en cuando los riesgos y peligros que tiene un camino espiritual. O dicho de otra forma, lo que no deberíamos llamar “espiritualidad”:
• Peligro de centramiento, que se da cuando estructuramos la espiritualidad a partir del proyecto de la propia perfección espiritual
• Peligro de subjetivismo o egocentrismo larvado, que con facilidad nos metemos en él cuando nos obsesionamos con nuestros proyectos pastorales y nuestros celos apostólicos mal entendidos que nos hacen ver destinatarios de nuestra acción evangelizadora por doquier. El Proyecto del Reino es antes que un proyecto pastoral, un proyecto de humanización de las personas, de vida y felicidad para todos los que sufren
• Peligro de hacer de las prácticas espirituales un medio de sentirse bien, en orden: espirituales satisfechos de la propia oración, por ejemplo, pero incapaces de complicarse la vida por defender a un hermano, o variar el orden de sus ocupaciones o descansos. Efecto “tranquilizante” de la oración o celebración…
No es extraño que Teresa de Avila, en su afán por transmitir y contagiar su experiencia espiritual, conociendo bien las trampas y engaños de un camino como éste, tuviera que recurrir a la expresión “espirituales de veras”, como haciendo la advertencia de que los había no tan auténticos… La oiremos decir algo tan radical como esto: “¿Sabéis qué es ser espirituales de veras?... Hacerse esclavos de Dios, a quien sellados con su hierro, que es el de la cruz, pueda vender como esclavos de todo el mundo como Él lo fue…”
¿Sabéis, hermanas y hermanos, qué es ser espirituales de verdad?, retraduciendo hoy: Hacerse siervos del Amor y la Compasión de Dios, ponernos a disposición de esta COMPASIÓN, ser cauces para esta Misericordia divina, como lo fue Jesús; y hacernos así servidores de la humanidad que necesita encontrarse con lo mejor de sí misma, su capacidad de encuentro y reconciliación, sus anhelos de paz y justicia, su anhelada libertad y dignidad que la asemeja a su creador.
Llegamos así a formular el CENTRO Y PRINCIPIO ESTRUCTURANTE DE LA ESPIRITUALIDAD: la dedicación, entrega y lucha por el Reino. Compromiso y lucha por una sociedad digna de los seres humanos, es decir, una sociedad en la que se respete y garantice la igualdad en derechos de las personas. Y además una sociedad fraternal y solidaria, liberada de opresiones e injusticias. Una sociedad en la que si algo se impone debe ser la ley del más débil. En la que los últimos serán los primeros, es decir, en las que los privilegiados serán los más débiles, los que peor lo pasan en cualquier sociedad, los que más sufren, los pobres, los marginados y excluidos, los enfermos y, en general, todos los desgraciados de la tierra. Esto es la gran realización de la FAMILIA DE DIOS, forma de convivencia humana en la que Dios es real y efectivamente el Padre de todos por igual, no sólo por ser igualmente queridos sino igualmente tratados…PROYECTO UTÓPICO
¿QUÉ QUEREMOS SUBRAYAR CUANDO HABLAMOS DE UNA ESPIRITUALIDAD NUEVA?
José Mª Mardones, en su libro La Transformación de la religión escribía:
Escuchamos las voces de hombres religiosos relevantes, entregados a la experiencia de lo divino y a ayudar a otros en este proceso, que advierten del cambio religioso que está sucediendo. Un cambio a su juicio profundo y radical. Se trata de un paso más en la conciencia religiosa, un nuevo “tiempo eje” que algunos caracterizan como la fase inicial del paso de la conciencia mental, cognitiva, a la conciencia transpersonal, mística.
Sería este cambio de nivel místico el que hoy estaría impulsando el cambio religioso más fundamental. Por esta vía camina la transformación no solo del cristianismo, sino de la religión misma.
Los denominados “maestros espirituales”, en contacto con las religiones de todo el mundo, llaman la atención acerca de la NUEVA SITUACIÓN en que se encuentra el cristianismo y, de paso, todas las religiones: DESAFIADAS A DAR UN SALTO A UN NIVEL MÁS ALTO. Lograr un tipo de experiencia que proporcione una certeza que va mucho más allá de la que se obtiene por vía cognitiva… ¿De qué se está hablando?:
 EL GIRO HACIA LO INTERNO: No se trata de “arreglos interiores de piso”, sino de nuevas formas de la práctica religiosa, y, sobre todo, más profundas, para beber de ellas. Se trata de una mudanza a una casa nueva –nuevos puntos de vista y nuevas ideas sobre los valores... Se vivirá un nuevo nivel de la existencia. La obra de W. Johnston sobre La mística para una nueva era sugiere por dónde va este giro o mudanza: de la teología dogmática a la conversión del corazón. Se trata de adquirir una sabiduría distinta de la teológica. Va más allá del razonamiento y del pensamiento, más allá de la imaginación y de la fantasía… se trata de recuperar, al menos en el caso católico, la dimensión de la experiencia íntima del misterio de Dios y de la experiencia de la unión con Él, como contrapunto de la rigidez de las normativas de la curia vaticana y el anquilosamiento espiritual.
Desde la teología también son bastantes los autores que han denunciado un objetivismo externo. E.Biser dirá que la actitud que ha predominado se asemeja a de estar frente a una fachada grandiosa, como la de una catedral gótica, pero sin atravesar el umbral. Los creyentes están viviendo “fuera” de la realidad religiosa, propiamente hablando. Están entretenidos mediante doctrinas, morales, leyes, ritos, pero con poca o escasa densidad. Al final es una religiosidad muy epidérmica, muy externa y que no ha penetrado en las entrañas de cada creyente. Una fe y un cristianismo que cuida más el envoltorio que la realidad misma a la que se refiere y de la que vive. Este tipo de fe produce hartazgo y cansancio; no alimenta los espíritus para vivir de esta modernidad tardía, pluralista y de la laicidad secular, crédula e indiferente a la vez.
 UNA NUEVA CONCIENCIA RELIGIOSA: Se apunta a un cambio de las reglas de juego profundas o básicas. No es una mera reforma sino una transformación. Se trata de caer en la cuenta de que lo que denominamos Dios o la Realidad última no es algo exterior a nosotros. No está fuera sino en nuestro propio interior, pertenece a nuestra propia vida. En palabras de Jesús, “el reino está dentro de vosotros” o “ha llegado”, está llegando, y es la profundidad del presente y el fundamento de su éxtasis hacia el futuro. Juan empleará las expresiones: “nacer de nuevo”, “agua viva”… y Pablo asegurará que esta Presencia de Amor “no nos la podrá quitar nadie” (Rom 8, 32ss). Más íntimo a nosotros que nuestra propia intimidad (S.Agustín)…
 DEL OBJETIVISMO A LA INTERIORIDAD: Un Dios exterior, fuera de nosotros, se convierte en objeto de culto y de petición. Muchas representaciones de Dios en la piedad popular –con un antropomorfismo excesivo e ingenuo- asientan sus raíces más profundas en una evangelización que no ha traspasado el umbral de la catedral cristiana. Incluso una teología, especialmente neoescolástica, con sus grandiosas construcciones teóricas, no se salva de este objetivismo externista… El salto que se nos propone es pasar hacia la intuición y experiencia de los grandes místicos de todas las tradiciones. Todos convergen en la profundidad de la experiencia en el centro y proponen como núcleo central la experiencia de la vinculación permanente, se sepa o no, de Dios en y con nuestras vidas: “En él vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17, 28).
El Dios, fondo de nuestro ser, propicia una experiencia religiosa que cambia radicalmente respecto a la predominante en la religión institucional: La religión no administra lo sagrado, ni se vuelve el legitimador de otras dimensiones humanas. La religión es un despertador en un nivel de conciencia que avista una Realidad recorriendo toda la realidad. Estamos ante la raíz de la experiencia religiosa.
ALGUNAS CONSECUENCIAS:
• La espiritualidad de nuestra época no ha esperado la reforma de las iglesias o instituciones religiosas para efectuar su propia búsqueda. Son bastantes las personas que ya no asocian la experiencia religiosa inmediata a una afiliación religiosa. Incluso advertimos un “experimento de interreligiosidad”, que, si puede obtener las censuras académicas de los diálogos interreligiosos, sin embargo, no se detiene. Entrecruza vocabularios, conceptos y símbolos sin pedir permiso a nadie. Nos encontramos ante un hecho sociológico con diferentes interpretaciones, pero que, sin duda, da qué pensar.
• Estamos viviendo un tiempo propicio o kairos, la llamada hacia una transformación interna completa. La desinstitucionalización del cristianismo es un suceso que está aconteciendo delante de nosotros. La forma eclesiástica actual está en crisis. Distanciarse de ella no equivale a distanciarse del cristianismo.
• En España y Europa estamos ante la caída del cristianismo de cristiandad. Esta grandiosa construcción socio-político-religiosa ha recorrido muchos siglos del cristianismo europeo y nos ha marcado a fuego. No es el fin del cristianismo, sino de un “mesianismo institucional orientado hacia el dominio social y político” (Ch.Duquoc).
• Nos tocan tiempos de transición hacia otra cosa. Están exigiendo un cambio profundo en la fe cristiana. ¿Hacia dónde nos encaminamos?...Ch.Duquoc habla de una situación inédita. Se puede decir que hay algunos procesos en marcha impulsados por el VATICANO II y otros por el espíritu del tiempo… A 40 años del Concilio nos damos cuenta de que las reformas que habría que emprender serían mucho más radicales que las que se imaginaron allí. A su juicio sería necesario:
 El paso de una fe vinculada a la historia como esperanza política, a una fe que, confiada en la esperanza última para el mundo, se hace conciencia crítica
 Una fe flexible que se desprende de la inflación doctrinal y disciplinar y posee unas convicciones vigorosas y eficaces.
 Una fe que introduce a los hombres, mediante el don del Espíritu santo, en el intercambio vital de Dios y, de esta manera, produce efectos benéficos y transformadores en este mundo.
 Una fe que testimonia la verdad del Evangelio sin proselitismo y sin actitud dominante.
 Una fe de Abrahán que impulsa al ser humano a una libertad creativa y a hacer de la historia, de una manera profana, una parábola del reino que viene
Con palabras de otro autor, Éloi Leclerc, diríamos que ESTAMOS SIENDO INVITADOS A VIVIR LA AVENTURA PERSONAL DE LA FE
Jamás se les ha ahorrado la noche a los creyentes, aunque hasta hoy parecía estar reservada a una élite: a los santos y a los místicos. La Iglesia, segura de su armadura jerárquica y de su posición sociológica dominante, se alzaba por encima de los pueblos con una autoridad soberana. Ella era la voz que enseñaba, el faro que iluminaba, la espada que zanjaba. Bastaba con escucharla y mirarla para saber lo que había que pensar y lo que había que hacer. Todo era claro y distinto. Pero resulta que hoy la propia institución se ha oscurecido. Desalojada de su posición de privilegio en el mundo, la Iglesia se ve contestada tanto desde dentro como desde fuera, lo cual le hace vacilar, buscar a tientas su camino y aparecer ante el mundo con el rostro del Siervo…
En este mundo pluralista, la fe no puede ser una mera lección aprendida, sino que exige optar por unos valores y profundizar en la existencia. Y nadie puede hacer esta experiencia por nosotros.
Hoy, como en los tiempos del exilio, el creyente se ve entregado a las solas fuerzas de su corazón, remitido a la esencial desnudez del ser humano. Ya no sabe de antemano cuáles son los caminos de Dios.
En semejante situación de precariedad y despojo, la fe se convierte en una aventura que tiene muchos puntos de semejanza con la gran aventura humana en general. Ya no es algo sobreañadido. El creyente camina con los demás seres humanos: en la misma noche. También él debe escuchar las voces profundas del mundo y dejarse interpelar por ellas. Y es en el nivel de esta andadura humana donde es invitado a escuchar de nuevo la Palabra y a descubrir los signos.
Esta fe despojada se abre a los cuatro vientos del Espíritu. Hoy, como en los tiempos del exilio, el espíritu no deja de soplar, y lo hace tempestuosamente, precisamente allí donde han caído todos los muros. Y su soplo es un soplo de universalidad que renueva y congrega a seres humanos procedentes de los más lejanos horizontes. Está naciendo un nuevo pueblo de Dios, más allá de todas las líneas divisorias tradicionales.
Desde esta perspectiva, la novedad es grande y recorre diferentes caminos:
Por un lado, la diferenciación necesaria entre espiritualidad y religión –dogmas, ritos, moral, leyes, doctrinas…-, y la llamada urgente a vivir la experiencia y la aventura personal y comunitaria de la fe.
Se trata de una búsqueda de Dios contextualizada y mediada. Un Dios presente en todo y, a la vez, más allá de todo, nos hace vivir la itinerancia de la fe, de las experiencias, de sus imágenes, de la manifestación de su proyecto en el mundo y de las formas o modos concretos de encarnar su mensaje… Los creyentes hoy no sabemos de antemano cuáles son los caminos de Dios. Pero estamos invitados a descubrir el dinamismo de este Dios actuando en el tiempo presente, en la historia, y en especial, en sus márgenes.
Todo se vuelve lenguaje y palabra que debemos escuchar y discernir, tanto el grito de personas, pueblos, o grupos excluidos, marginados y oprimidos, como ese otro lenguaje que emerge a modo de brote o vida nueva, que nos habla de NUEVA CONCIENCIA EN LA HUMANIDAD –mujeres, conciencia ecológica, movimientos altermundistas, mezcla de culturas, religiones,…-, expresión de ese dinamismo del Espíritu en la historia, y que nos invita a estar de un modo nuevo en ella.
Se trata también de hacer EXPERIENCIA DE ENCUENTRO CON DIOS en la espesura de la historia, entendiendo la historia no como el lugar al que vamos “desde Dios”, sino en el que le reconocemos, le recibimos, se nos regala y nos invita a entrar en su danza. Necesitamos disponernos para estos encuentros, ayudarnos a reconocerlos, nombrarlos y celebrarlos… Yo diría que se nos impone un cierto ACOMPAÑAMIENTO MUTUO que nos facilite caminar entre NUEVAS EXPERIENCIAS DE DIOS Y NUEVAS IMÁGENES DE ÉL…
Y de esta experiencia de Dios nace una NUEVA SENSIBILIDAD-ESPIRITUALIDAD, como otra forma de sentir, orar, relacionarnos, pensar y vivir, actuar, estar en el mundo y con el mundo, PROFÉTICA, inspirada en Jesús, que alienta otro modo de estar en la realidad: hospitalidad, mutualidad, justicia, cuidado, no violencia, convivencia, tolerancia, comensalidad… HACERNOS CARGO DE LA VIDA, ENCARGARNOS Y CARGAR…
Desde esta NOVEDAD, me quiero referir a algunas cuestiones que considero fundamentales para afrontar esta “NUEVA ESPIRITUALIDAD”:
¿DESDE DÓNDE NOS SITUAMOS?... NUESTRA MIRADA
Para descubrir el dinamismo de este Dios actuando en el tiempo presente, en la historia, y en especial, en sus márgenes, hemos de plantearnos más de una vez, personal y comunitariamente, desde dónde y cómo nos situamos ante la realidad, cómo MIRAMOS y hasta dónde NOS APROXIMAMOS y nos dejamos tocar en el corazón por ella.
La pasión de la que tanto hemos hablado no es una cuestión afectiva o emocional. La pasión por Dios y por lo de Dios está hablando de una fe que arriesga porque la persona se siente implicada con su conocimiento, sus afectos y su libertad, y decide jugarse algo por aquello que ve, que escucha, que toca y que le moviliza por dentro. Tampoco se trata de intuiciones, ni de sólo certezas, sino de una dinámica creyente que tanto en la experiencia personal, como en el grito de dolor o situación de injusticia, o en la voz que surge, libre de presiones e intereses, a favor de tantas causas - la de la mujer, los derechos de las minorías, el cuidado del planeta …- descubre una invitación o llamada, siente la atracción y consiente que así sea el modo de comunicarse Dios y manifestarnos su Voluntad en el aquí y ahora de nuestra historia humana.
Pero para vivir así necesitamos que nuestra mirada y todos los demás sentidos empiecen ese viaje hacia la visión de Dios en medio del mundo. “Ver o perecer”, dice Teilhard de Chardin. Éste es nuestro desafío: contemplar la realidad con ojos nuevos para descubrir el filón de la vida evangélica, tanto en la cotidianeidad que nos envuelve como en lo diferente, lo oprimido, lo secularizado, para reflejarle al mundo en nuestra propia carne otra imagen de Dios y de la persona humana.
Necesitamos, en definitiva, una MIRADA CONTEMPLATIVA esa mirada servicial, respetuosa, cálida, admirada, que descubre la dimensión de MISTERIO, el dinamismo que atraviesa por su centro todo lo creado, la trascendencia que engarza cada instante nuestro y cada fragmento con la aventura divina de siglos. La mirada que nos permite dar sentido a cualquier tipo de existencia. Por eso, PODRÍAMOS PREGUNTARNOS de vez en cuando: ¿Cómo es mi mirada, nuestra mirada?...
 CEGUERAS: Algunos quizás se definirían rápidamente como los ciegos del camino, y no es exageración, pero la mayoría vemos algo, pero como entre nubes. Una especie de cataratas vela nuestra mirada sobre la realidad, y nos vuelve ingenuos o indiferentes…
Negamos parte de la realidad por ignorancia y poco espíritu crítico. Andamos entretenidos o distraídos, sumergidos en esta cultura del consumo de sensaciones, sin tiempo para leer, informarnos, reflexionar o discernir. Hacemos valoraciones y análisis con visiones prestadas de otros/as, heredadas del pasado, o inculcadas por los medios de comunicación que frecuentamos.
Podemos ser conducidos hacia un reduccionismo humano que oculta la dimensión dolorosa y trágica de la existencia humana y así vamos justificando un lentísimo desplazamiento de nuestras presencias y acciones.
 MIRADAS VIRTUALES: Estamos inmersos en una nueva manera de conocer y de ser. Con la revolución de los medios de comunicación se ha activado nuestra capacidad para procesar lo emocional, lo artístico, lo simbólico, lo intuitivo, lo creativo… Estamos viviendo el desplazamiento de una comunicación racional a una comunicación más emocional, más imaginativa…
La “realidad virtual” es la última expresión de las capacidades creativas de la tecnología para permitirnos entrar en una realidad alternativa que, sin existir en ninguna parte, se nos presenta con todos los atributos de la realidad objetiva y verdadera…
La manera nueva de pensar y sentir la realidad está cambiando a las personas y la cultura en todo el mundo. También lo puede hacer con nosotros, religiosos y religiosas. Nadie escapa al desembarco de millones de imágenes diarias llegadas de todas partes. Estas imágenes tienen amos y propósitos: el control de las personas, de los súbditos, de los mercados, de los centros de poder y creatividad. Una decena de compañías domina el 80% del mercado de los programas de radio y TV, cine, libros y revistas e imponen su visión de la realidad.
Pero es bueno caer en la cuenta de que una cosa es la experiencia directa de la realidad, y otra muy distinta la experiencia que llega a nuestros sentidos a través de los medios de comunicación. Imágenes elaboradas con las tecnologías más avanzadas tienen la capacidad de entrar dentro de nosotros, impactar agudamente nuestro universo afectivo y pasar a formar parte del flujo interior que nos recorre por dentro y que va configurando secretamente nuestra afectividad profunda, para adueñarse de las grandes o pequeñas decisiones de nuestra vida.
Ha nacido una cultura audiovisual, una nueva manera de acceder y comprender la realidad y de comunicarnos entre nosotros. Esta exuberancia de imágenes puede minimizar nuestra capacidad de contemplar las realidades simples de la vida.
Esta manera de existir puede convertirnos en personas verdaderamente “desarraigadas” porque gran parte de nuestra existencia se construye en la “realidad virtual” que crea la tecnología.
 MIRADAS REALISTAS son las que le dirigimos a la vida cuando la miramos con honestidad, fieles a los datos, los números, y a la información recibida. Son capaces de escrutar e interpretar, de desnudar las apariencias fantásticas y de situarnos en la verdad de lo que sucede, de lo que es, de lo que pasa en nuestro entorno o en este mundo globalizado del que formamos parte. Pero este modo de mirar necesario y urgente puede no “perforar” la realidad, no trascenderla para ver más allá de la desgracia, de la injusticia, del dolor o la muerte el alumbramiento de la vida, el filón evangélico o la Presencia continua que da sentido a la situación sin salida.
 MIRADAS CREADORAS, admirablemente descritas por el poeta Luis Rosales: “Lo que nos deja como herencia la obra genial es, ante todo y sobre todo, una manera virgen y genuina de ver el mundo. Toda mirada descubridora ensancha lo que ve. Este ensanchamiento o acrecentamiento del mundo por la visión artística es la “creación” en un sentido estricto… La invención es la visión artística que concibe mirando, la mirada preñada que transustancia artísticamente la realidad”.
Podríamos decir, la mirada que sin ocultar lo que ve, sin negarlo o manipularlo, espera en lo mejor del otro, en la posibilidad de vida que siempre se esconde bajo la apariencia de muerte. La mirada que reconoce los signos de novedad que ya se están dando, y se atreve a nombrarlos y a celebrarlos.
¿DE QUÉ NECESITAMOS LIBERAR NUESTRA MIRADA?:
 De “SENSACIONES SEDUCIDAS” que llegan a nuestros sentidos como una manera sensata y mayoritaria de percibir la realidad.
 Del ritmo acelerado con el que vivimos, que crea en nosotros ENTRAÑAS IMPACIENTES.
 De convertirnos en depredadores audiovisuales: anuncios, consignas políticas, imágenes y sonidos que no cesan… Los nuevos ESPACIOS DE LA CONTEMPLACIÓN constituyen la “ECOLOGÍA ESPIRITUAL” necesaria para percibir la realidad de otra manera.
 De la costumbre y la frialdad: El impacto de tantas escenas de violencia y sangre va configurando en nosotros una SENSIBILIDAD EMBOTADA, habituada a las escenas de fuerte contenido.
 De la autosuficiencia científica y técnica de la modernidad para que se desarme el corazón, que pretende alcanzarlo todo sin Dios.
 Del poder de una INTIMIDAD DESENCANTADA que nos lleve a vivir en el instante y el fragmento, sin situarnos en una historia de salvación, con sus momentos luminosos y oscuros. Y el desencanto puede teñir relaciones y actividades, apagando la pasión por Dios, por su Reino y por las personas concretas.
 De nosotros mismos para no caer en una “QUEJA RECURRENTE” por las situaciones que vivimos, y que se hace injusta, si comparamos nuestra vida con la de la mayoría de este mundo que viven excluidos en las periferias, privados de su dignidad de personas y de los bienes fundamentales para existir.
Y LIBERAR NUESTRA MIRADA…PARA PODER CONTEMPLAR:
Hay que MIRAR de otra manera para VER y ofrecer una VISIÓN ALTERNATIVA de la realidad, para saber qué vivimos, con quién vivimos y desde dónde lo vivimos. Esto supone un largo PROCESO CONTEMPLATIVO, que es inseparablemente ascético y místico, íntimo y social, personal y comunitario. Tres subrayados:
 La contemplación supone IMPLICACIÓN CREADORA EN LA REALIDAD. Sólo se puede contemplar bien lo que se ama. Lo veremos a continuación.
 El desafío contemplativo es ENCONTRAR A DIOS EN TODAS LAS COSAS, en su profundidad, y todas las cosas en la profundidad de Dios. Es un don que llega de modo impredecible desde Dios.
 Necesitamos discernir de qué manera vamos conectando la contemplación de Jesús con los dinamismos de vida y de muerte que recorren nuestra realidad concreta y a los que estamos expuestos. Éste es nuestro gran DESAFÍO en un mundo globalizado: DESCUBRIR LOS “ENGAÑOS” DESTRUCTORES Y LA “VIDA VERDADERA” QUE LO CONFIGURAN.
Poco a poco, va naciendo otro corazón y otra sensibilidad. La contemplación afina nuestros sentidos para percibir la encarnación del Hijo de Dios en las cuevas, los imperios, tributos y caminos, en la siembra y en el lago, en las plazas y en las sinagogas, en las fiestas y en los duelos de nuestra realidad cotidiana.. Y al mismo tiempo, VA TRANSFORMANDO AL CONTEMPLATIVO EN UNA IMAGEN VERAZ DEL MISTERIO DE DIOS EN ESTE MUNDO.
¿CUÁNTO NOS APROXIMAMOS?...
LA COMPASIÓN, COMO LA OTRA ORILLA DE LA CONTEMPLACIÓN
La contemplación supone IMPLICACIÓN CREADORA EN LA REALIDAD. Sólo se puede contemplar bien lo que se ama. El amor permite reposar la mirada, volver una y otra vez sobre la realidad amada para ver lo que el ojo simple no es capaz de percibir. Es el corazón el que orienta, reposa y confiere calidad a la mirada. “Por el amor se ve; con el amor se ve; es el amor quien ve (José Martí, Apuntas)
Necesitamos aproximar estas dos orillas del misterio que acontece a nuestro alrededor: la contemplación de Dios en todas las cosas creadas y la compasión por un mundo que sufre violencia, exclusión, sinsentido, dolor y muerte.
Para percibir la urgencia y actualidad de vivir de forma INTEGRADA estas dos “orillas” del misterio de nuestra fe, la contemplación y la compasión, bastará con dejarnos penetrar –afectar- por la mirada del Dios de la Vida que se refleja en los ojos de las víctimas del orden mundial, mientras contemplamos la sociedad en la que vivimos y la Iglesia en la que profesamos la fe. Hay quien afirma que “de la capacidad que tengamos los creyentes para convertir eficientemente en historia la oferta cristiana de salvación en el interior de los infiernos de nuestro mundo, dependerá su relevancia para los seres humanos sacrificados en ellos” . Este reto con el que creo estaremos todos de acuerdo, requiere de cada creyente una nueva sensibilidad y un nuevo corazón, o dicho de otra forma, una “mirada contemplativa” y un “corazón de carne” que encarna la compasión. Porque:
a. Para contemplar en este espacio real que es la vida necesitamos un corazón de carne, compasivo y misericordioso:
Vivimos nuestra historia de fe y amor con un Dios encarnado, que ha decidido revelarse en ese espacio de la vida de todos los días. Es indudable hoy para el creyente que la realidad –la personal, la social, la política y religiosa…- es el lugar de su manifestación , y por eso no puede “saber” de Dios, recibir sus “noticias amorosas”, fuera del espacio real en el que nos movemos. Creemos que toda realidad guarda secretos profundos, está marcada-impregnada por el MISTERIO que CONVIVE con nosotros. Y no basta con saberlo o mirar desde fuera. Necesitamos sentirnos FAMILIARES a esta realidad donde Dios se hace presente, conocer rostros y nombres que nos concretan cifras y datos, acercarnos con entrañas de misericordia que nos permiten compartir los sentimientos de Jesús y contemplar de un modo nuevo y comprometido el Rostro del Crucificado.
b. Para encarnar la compasión de Dios por cada persona y cada pueblo, necesitamos contemplar, escrutar los signos, escuchar sus clamores, sentir la indignación, interpretar y sintonizar con el modo de revelarnos Dios su amor y su Proyecto, aquí y ahora:
La experiencia de Dios se reviste, a lo largo de toda la historia, de las formas culturales del momento histórico en que se vive. Tiene sus marcos de referencia y sintoniza con el misterio dentro de las coordenadas de una época. La nuestra, no lo podemos dudar, es de ésas en que se puede decir que… “la creación aguarda expectante con dolores de parto” . O, como lo dice ese otro gran profeta de nuestro tiempo: “Estamos indignados y perplejos. Muchas voces, desde muchos ángulos, confiesan que estamos en crisis. Y que, así las cosas, no le va ni a Dios ni al Mundo”
Y el corazón de carne reclama APROXIMARNOS para tocar, oler y gustar… que tiene mucho que ver con ese otro deseo que manifiesta Dios al profeta: AMA CON TERNURA, con sensibilidad, no quedarnos fuera o mirando de lejos, como vulgares espectadores de una escena de dolor. Lo vemos en Jesús, conmoviéndose, acercándose, tomando las manos, limpiando los ojos, tocando las heridas… y, también, dejándose tocar por la hemorroísa, o ungir con perfume por aquella mujer que derrocha humanidad al poner en juego todos sus sentidos… PARA SANAR, LIBERAR, y manifestar así la PRESENCIA Y CERCANÍA DE DIOS a cada ser humano: “No se humaniza la Humanidad con máquinas y formulaciones (útiles en su tiempo y a su debido modo), sino con la aproximación humana de cada uno y cada una, de cada persona y de cada pueblo. Humanizar la Humanidad practicando la proximidad” .
Atrevemos a TOCAR EL SUFRIMIENTO provocado por la violencia..!... Si tocamos el sufrimiento y le ponemos nombre y apellido expresaremos con el gesto oportuno la compasión y solidaridad que nace de reconocer que somos parte de la misma familia y “lo que sufres tú”, me concierne. Despejaremos el temor de sentir, compadecer, padecer con, disfrutar y nos pondremos manos a la obra colaborando en acciones solidarias. Hay que tocar para hacer nacer el compromiso y la responsabilidad por el cuidado de la vida.
…Y REDESCUBRIR EL GUSTO POR EL ENCUENTRO, el afecto y la ternura, la confianza, dar espacio al silencio, reparar en la belleza.., porque al haber seguido una carrera competitiva, buscando la eficacia y la rentabilidad, parece que se nos ha extraviado ese gusto. Cuando nos encontremos comprobaremos que somos iguales, y por compartir la misma dignidad, merecemos los mismos derechos y hemos de responder unos/as por otros/as.”
Mi pregunta es: ¿Nos atrevemos a presentir el Misterio de Dios y nos arriesgamos a encontrarlo tal y como Él se nos quiere manifestar hoy?
Sé que hablo de atrevimiento y de riesgo pero es que experimentar a Dios en medio de la vida supone audacia, y también, desnudez de arrogancia, como dice Gustavo Gutiérrez, para poder soportar el sufrimiento humano sin tener respuestas, ni soluciones, para experimentarlo y padecerlo en solidaridad con tantas víctimas de esta historia. Para contemplar hoy el rostro de Dios es preciso, como sugieren los evangelios en tantas ocasiones , “pasar a la otra orilla” de las apariencias, de los signos y de los hechos, , en nuestras relaciones y quehaceres, en los múltiples servicios y compromisos que llevamos entre manos, descender de cabalgaduras, desnudarse de modos y medios, transitados por muchos otros, de encontrar a Dios, y echarse en ese “mar adentro” de una compasión experimentada y que nos asemeja, como pocas experiencias, al sentimiento de Dios por los suyos, que nos permite reconocerle vivo y actuando en nosotros esa caridad que bien sabemos no es obra nuestra sino regalo y derroche Suyo.
SOBRE LA EXPERIENCIA DE DIOS
Se trata de hacer EXPERIENCIA DE ENCUENTRO CON DIOS en la espesura de la historia, Necesitamos disponernos para estos encuentros, ayudarnos a reconocerlos, nombrarlos y celebrarlos… Yo diría que se nos impone un cierto ACOMPAÑAMIENTO MUTUO que nos facilite caminar entre NUEVAS EXPERIENCIAS DE DIOS Y NUEVAS IMÁGENES SUYAS…
Acoger nuestra condición de seres creados no es anecdótico, sino fundamental. Nos resitúa en la vida y ante Dios. Es preciso repensar NUESTRA EXPERIENCIA DE DIOS, por tanto: ¿Cómo la vivimos, la nombramos, nos configura…? Evidentemente EXPERIMENTAR no es lo mismo que PENSAR sobre Dios, ni que HABLAR de Dios. Podemos vivir nuestra consagración con una fuerte dosis de increencia, y esto no lo podemos ignorar ni dejar pasar.
Es bueno reconocer también que la experiencia de Dios tiene lugar en una época y un contexto diferente al que nos ha precedido, en un sujeto con una sensibilidad propia del tiempo que le toca vivir. Por eso necesitamos adentrarnos en una experiencia de encuentro con Dios que va a tener lugar, no ya en el claustro o en el tiempo de oración, sino en la “espesura de la historia”, es decir, en medio de una sociedad secular, plural, recorrida por corrientes de vida y de muerte. Y ahí necesitamos aprender a vivir la experiencia de encontrarnos con el Dios VIVIENTE. Poco a poco es posible que vayamos descubriendo esa historia, no tanto como el lugar de evangelización, al que vamos “desde Dios”, lo que indica que Él está en otra parte, sino el espacio posible y querido por Él para reconocerle, recibirle, abrazarle, acoger su don y sentirnos metidas en su mismo dinamismo y danza.
Nos vamos a aproximar un poco en este rato, pero os invito a profundizar más y, a ser posible, con otros y con otras:
Para empezar cito a Martín Velasco matizando admirablemente creo lo que considero la esencia de una verdadera experiencia de Dios: “NO SE TRATA DE PASAR DE UN LUGAR DONDE DIOS NO ESTÁ A OTRO QUE ESTÁ. SE TRATA DE PASAR DE UNA SITUACIÓN EN LA QUE NO SÉ QUE ESTÁ A OTRA EN LA QUE HE TOMADO CONCIENCIA DE QUE YA ESTABA ALLÍ”… Con esta expresión se nos abre la puerta de la experiencia en medio de situaciones desconocidas, diferentes, con signos de identidad no reconocibles a primera vista por nosotras. Pero también permite sentir libertad y gratitud porque la imposibilidad o dificultad para reconocerlo no significa ausencia de Dios, sino Presencia desde siempre de la que yo no puedo haberme hecho consciente antes…
Un obispo anglicano al hablar de la evangelización en Sudáfrica dice así: “Cuando nos acercamos a otras personas, otra cultura, otra religión, la primera tarea es quitarnos nuestros zapatos, porque el lugar al que nos acercamos es sagrado; si no, es posible que nos encontremos pisoteando los sueños de la gente… ¡Más serio todavía es que podemos olvidarnos que Dios estaba allí antes de nuestra llegada!”
Hoy ya no podemos permitirnos una experiencia de Dios particularizada, válida sólo para nuestro grupo o sólo para nuestra tradición. Es cierto que cuando se vive en profundidad lo esencial de la propia tradición se llega al corazón de las demás, porque todas las religiones están transidas por un único MISTERIO: la conciencia, el agradecimiento y la celebración de que la vida es don y donación. Pero al mismo tiempo, para que cambie el mundo, tenemos que abrir no sólo nuestra experiencia de Dios sino también nuestra concepción de Él.
Si nuestra mirada está puesta en la totalidad del mundo, hemos de cultivar una experiencia de Dios que sea lo más amplia e incluyente posible. La experiencia espiritual que puede transformar el mundo es una experiencia que siendo propia de cada tradición, es interconfesional y transconfesional.
La experiencia de Dios tiene mucho que ver con el misterio de la vida: recibir y entregar, acoger y ofrecer. Reconocer este ritmo de la vida en nosotros nos resitúa adecuadamente en nuestro ser de criaturas y nos permite restablecer el orden justo con la comunidad de los humanos y con el mundo. Porque, ¿qué es ser creyente sino saberse recibido de Otro distinto de sí, Presencia viva que precede toda acción nuestra, y convertir en ofrenda la propia existencia que no se percibe como pertenencia sino como donación?
Desarrollamos brevemente cuatro tiempos de esta experiencia por si nos ofrecen luz:
• Acoger y reconocer la necesidad que tenemos de Otro, de los demás y de las cosas. Supone la confesión de la propia indigencia, y la conciencia de la propia finitud. Cada reconocimiento supone un acto de humildad y un acto de fe. Al acoger, nos abrimos, y pronunciamos el sí primordial al don de la vida que nos llega a través de cada persona y acontecimiento. Supone disponerse a recibir la Vida y, con ella, al Señor de la vida. Activa pasividad (acontece). Así es nuestra experiencia de fe: la profesamos libremente y sin poder delegar, pero es mucho más lo que recibimos con ella que lo que realizamos.
En una cultura que se desvive en el afán por el hacer y que se mide por los logros y éxitos, el mero hecho de reconocer que es más lo que recibimos que lo que hacemos, ya es experiencia de Dios, porque nos abre al agradecimiento y al respeto ante el Misterio.
Recibir se contrapone a segregar y rechazar. Implica cultivar una mirada inocente, atenta, transparente. DEJAR QUE NOS ENTRE TODA LA REALIDAD, exponernos a ella, permitir que nos despoje y nos desarme.
Recibir se contrapone también a reclamar. Nada más lejos de la experiencia de Dios que la exigencia o el arrebatar. Son urgentes esta experiencia y esta conciencia para dejar de depredarnos unos a otros y liberar al planeta de la expoliación a la que le sometemos con nuestra avidez y nuestra ansiedad.
Nos necesitamos todos y todas. Como personas consagradas, estamos llamadas a ir al desierto, es decir, al límite de nuestros territorios religiosos y ponernos a la escucha de la energía y sabiduría de otros métodos y enfoques. Como cristianos confesamos que el misterio de Dios se revela en la sacralidad del rostro del hermano, pero podemos recibir de otras tradiciones el acento de otras sacralidades que podemos descuidar: la madre tierra, el instante presente, la acción ética, la belleza… Nuestra fe proclama la encarnación de Dios, lo cual nos posibilita la apertura a todo lo humano, hasta poder decir que “nada de lo humano nos resulta ajeno”. En la capacidad de no sentir nada ajeno podemos descubrir la autenticidad de la experiencia de Dios. Como dijo Simone Weil: “Para saber que una persona ha experimentado verdaderamente a Dios no me fijo en cómo habla de Dios sino de los hombres”.
• Interiorizar: La experiencia de Dios necesaria para el mundo de hoy requiere tiempos de asimilación e interiorización. Tal vez los requiera más que nunca, dada la extroversión en la que vivimos, y que, por otra parte, es fuente de creatividad extraordinaria.
No se trata de dejar de hacer sino de hacer de otro modo. Como Jesús: “Mi Padre trabaja, yo también trabajo…”(Jn 5, 17)…. ¿Cómo trabajan ellos?: sin avidez ni agitación. A partir de lo que las personas son, escuchando su latido profundo. Porque el Dios de afuera, el totalmente Otro, es también el Dios de adentro, la misma esencia de todo. Para ello hay que estar en el propio centro. Interiorizar es lo que nos permite crear un espacio entre nosotros y las cosas, entre nosotros y las personas (Lc 2, 19. 51).
En este punto estamos llamados a ser tan radicales como audaces y creativos. Es una de las dimensiones más fundamentales que podemos aportar como creyentes, aún más como consagrados a Dios, el Absoluto – consagrado=“hacerse uno con lo sagrado”, y lo sagrado no es “lo separado”, sino su mismo núcleo, la médula donde se fundamenta lo real-Otra calidad no sólo del hacer sino del ser se desprende de las personas orantes, de las personas que cultivan la interiorización. Es interesante observar que en todas las religiones existe una llamada a la radicalidad de la adoración y de la contemplación que no pueden ser sustituidas por ninguna otra actividad. Ello requiere una prioridad en nuestras jornadas, en la elección y selección de nuestras actividades.
Otra gran aportación en esta línea es descubrir la hondura del silencio que nos ayuda a ser más profundos, más serenos, más habitados por la gratuidad del encuentro y de la calidad del momento.
• Tiempo de la entrega. Todo lo que somos y tenemos es para ofrecerlo. La entrega libera. Adiestrados por nuestra cultura para consumir y devorar, no sabemos soltar ni compartir. Interioridad y solidaridad van juntas. La experiencia de Dios nos conduce siempre hasta aquí porque Dios es entrega.
La donación que procede de una profunda y amplia experiencia de Dios no juzga otras formas de darse sino que se alegra por ellas y con ellas (nos referimos a toda la generosidad que se advierte en plataformas alternativas que surgen más allá de las instituciones políticas o religiosas). Es decir, que la experiencia de Dios comporta el desarme ideológico –desbloquearnos para reconocer y acoger lo que está más allá de nuestros parámetros conocidos-, porque entregarse comporta la desabsolutización de la propia entrega.
Hay dos acentos de la entrega: el profético y el sapiencial, ambos igual de místicos. Porque CLAMOR Y SILENCIO forman parte de estar en el mundo en estado de entrega. La humanidad necesita profetas y sabios que anuncien y denuncien, con contundencia, urgencia o incluso indignación, que OTRO MUNDO ES POSIBLE. Aunque las formas sean diferentes y necesarias todas.
• En toda experiencia de Dios es necesario enfrentar el miedo al vacío, a la pérdida del control, a la carencia…A LA NOCHE. Como la entrega de Jesús que culmina en la cruz: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”… Al mismo tiempo que moría, resucitaba, traspasando su espíritu al mundo.
¡Cuánto queda por vaciarse en nosotros, en nuestras instituciones y en nuestras tradiciones religiosas! Nuestras identidades –congregacionales, eclesiales, nacionales, políticas o confesionales-, no serán fecundas mientras estén blindadas. No nos pertenecen. Sólo son fecundas cuando las ofrecemos hasta el final y las ponemos a disposición de los demás. La fe en Cristo Jesús no es un límite para el cristianismo, sino el impulso para ir más allá de todo límite, tal como Él traspasó las murallas de Jerusalén. Anonadado y vaciado de toda forma de poder, es cuando más manifiesta quién es.
Para transparentar a Dios hay que estar dispuestos a perderse. Ello nos lleva a lo que los místicos han llamado la Nube del no-saber. En ese silencio de palabras, discursos, ideas, es donde estamos llamados a encontrarnos todos: DEJAR DE HABLAR SOBRE DIOS PARA DEJAR QUE SEA DIOS QUIEN HABLE. En esta capacidad de silenciamiento se refleja la autenticidad de la experiencia religiosa.
• En este espacio vacío puede emerger LO NUEVO. La experiencia de Dios se caracteriza por esta novedad permanente, por su irrupción que descoloca y sorprende, como las apariciones de Jesús resucitado. El Señor que ha atravesado la muerte se manifiesta a sus discípulos más allá de donde se le esperaba, hasta el punto de que les cueste reconocerle. Y cuando le reconocen, se desvanece para que no puedan retenerlo.
Si los relatos de nuestros orígenes tuvieron que encontrar nombre y símbolos para expresar una experiencia de fe que rompía los moldes de la tradición en la que se inscribía, hoy nos hallamos ante una situación similar que requiere la misma audacia, confianza y discernimiento. Un nuevo aire debe entrar en la iglesia
Nos vendría bien nombrar algunas DIFICULTADES para vivir esta experiencia de Dios… Os digo algunas que yo percibo:
• Su presencia no es evidente, vivimos demasiado ensimismados en nosotros mismos y nos cuesta reconocerlo, nombrarlo, de forma nueva, en medio de un encuentro o de un diálogo, en un acuerdo difícil o en medio de una lucha por una causa justa, cuando estamos arriesgando, como nos decía Chisttister al principio, la seguridad y el buen nombre,… Por eso NOS NECESITAMOS unas a otras. Compartir la fe hoy tiene esta nota peculiar de narrar nuestra experiencia y confirmarnos, apoyarnos y alentarnos…HACER EL CAMINO EN COMPAÑÍA DE OTROS Y OTRAS…
• Necesitamos practicar una relación de hermanos donde Dios se nos revela a través de los gestos, de los milagros cotidianos de perdón y reconciliación, de espera, de encuentro más allá de las diferencias, de valoración mutua y circularidad,… Es el Evangelio leído en las personas y en las relaciones, que tiene poder para conmovernos…
• Necesitamos cultivar un talante adecuado: Prestar atención a la vida, familiarizarse con la Palabra, orar la vida iluminada por la Palabra…:
Ante la situación de permanente cambio que estamos viviendo –movimientos migratorios, revolución tecnológica, modelos familiares, disminución de vocaciones a un tipo de VR, valores emergentes, autonomía de lo secular,…- la dinámica de llamada-respuesta de la fe configura una IDENTIDAD Y UN ESTILO DE VIDA nuevo que está pidiendo PRESTAR ATENCIÓN A LA REALIDAD como espacio de manifestación de Dios a través de sus mediaciones –uno mismo, los otros, la realidad mundial,…- así como la implicación total, profunda, afectiva y cognitiva, con aspectos de esa realidad. Lo teologal se vive de forma contextualizada.
Este modo de vivir nuestro seguimiento hace de cada religioso/a un BUSCADOR INCANSABLE y un hombre/mujer interesado por todo lo que ocurre. “Hoy la persona también busca, también añora, también hay muchos que se preguntan cosas importantes: ¿Cuál va a ser el futuro del mundo? ¿Dónde van a dormir los pobres? ¿Por qué tanta gente sin casa? ¿Cómo es que vienen tanto a trabajar a nuestros países? ¿Por qué se perpetúa la soledad? Millones de preguntas. La VR también está invitada a sumarse a las preguntas, adherirse a esas búsquedas, asumir esos interrogantes: he aquí el principio de un largo camino…” (Aizpurúa)
Es preciso poner en relación estrecha estos tres elementos fundamentales: VIDA-PALABRA-ORACIÓN:
La Palabra se vuelve historia y experiencia de vida cuando, a base de una paciente, perseverante y amorosa insistencia, se va creando un vínculo íntimo entre el espíritu del creyente y el espíritu de Dios encarnado
La oración supone entrar en la perspectiva de Dios partiendo de su amor. Es contemplar el rostro de Dios en sus múltiples formas y nombres. Es encontrarse con una persona viva y dejarse atraer por su amor.
La vida ha de ser orada para que sea salvada y sobre ella ha de llevar la palabra la luz del proyecto de Dios para irse familiarizando con él.
• A veces buscamos a un Dios que no es el Dios de Jesús sino proyecciones nuestras. Y esta afirmación nos pide vivir en itinerancia interior, en búsqueda permanente, y en desposesión de cualquier idea o imagen Suya que nos pueda impedir encontrarle como y donde Él quiera revelarse
Según José María Mardones: La imagen de Dios tiene una importancia esencial en la vida de la fe cristiana. Dado que a Dios nadie le ha visto nunca (Jn 1, 18), siempre funcionamos, inevitablemente, con imágenes y representaciones suyas que nos lo hacen accesible a la experiencia humana. Estas imágenes hacen de mediadoras de su presencia viva en nosotros, Unas imágenes forjadas a lo largo de siglos mediante la lectura de la Escritura, la enseñanza corriente, la práctica religiosa, la moral cristiana. Estas imágenes son la forma como los creyentes han llegado a conocer y relacionarse con Dios, ya sean niños o adultos… Vamos descubriendo que la tarea del creyente es permitir a Dios ser Dios… El problema de la imagen de Dios es de ideas, de sentimientos, de representaciones y de vivencias. Es una madeja no siempre fácil de desenmarañar…
Hay que CAMBIAR nuestras imágenes de Dios, porque existe siempre una distancia entre lo que son nuestras palabras e imágenes sobre Dios y lo que es el MISTERIO DE DIOS que pide respeto y actitud de cambio…
Hay que SANAR nuestras imágenes de Dios. Mejor que hablar de “corregir”, que suena a más intelectual o puramente mental. Tener malas imágenes es una enfermedad. Daña el espíritu… Y nos jugamos la salud de la colectividad…
Tras nuestras imágenes de Dios se juega la aceptación o no de Dios por otros. Frecuentemente lo que no se acepta no es a Dios mismo, sino las representaciones e imágenes que nos hacemos de él… En el mundo que se avecina, la cuestión de Dios estará cada vez más en el candelero, Nos encontramos ante un pluralismo religioso donde proliferan diversas imágenes de Dios o del Absoluto. La cuestión central no será si se cree o no en Dios, sino en qué Dios se cree. Los cristianos tendremos que presentar nuestra imagen de Dios y deberemos dar razón de ella ante las alternativas que se presenten. Incluso cabe sospechar que muchas de las imágenes que se exhiben hoy en nuestra sociedad como contrapuestas a la cristiana son, en realidad, reacciones ante los excesos o distorsiones impresentables del Dios de Jesucristo.
No es fácil cambiar nuestras representaciones de Dios. Además de estar incrustadas profundamente en nuestra mente y sentimientos, están vinculadas a una forma de entender la realidad y la vida. La religión es una forma de vida. Cambiar una imagen de Dios supone, casi siempre, tener que cambiar este nudo de representaciones ligadas a vivencias y proyectos de vida… De ahí las resistencias que se producen y lo doloroso y liberador de estos cambios…
Hablar del Dios cristiano, de sus imágenes o representaciones, quiere decir hablar del Dios de nuestro Señor Jesucristo. Tratamos de ver cómo es ese Dios que se manifiesta y revela en Jesús. Esta es nuestra clave de lectura y confrontación. Nuestras imágenes de Dios siempre tienen que confrontarse con la del Hijo de Dios y hacernos la pregunta: ¿De qué Dios es Hijo Jesús?...
Sería importante trabajar los imaginarios, buscar y proponer imaginarios alternativos, nuevas metáforas, nuevas imágenes, incluso visuales, para orar,… Preguntarnos: ¿Con qué Dios nos relacionamos cuando oramos?... Por ejemplo, Antonieta Potente habla del DIOS BROTE en un artículo “Otro Dios para otro mundo posible”, que emerge desde dentro de la tierra, que se identifica con su proceso de crecimiento, que es vulnerable pero lleva un dinamismo imparable… … También veo interesante que una Congregación o una Provincia religiosa se haga esta misma pregunta sobre la imagen de Dios que funciona realmente, no la que proclamamos desde el deseo y el carisma…
Un nombre que conviene al Dios de Jesucristo es “SOLIDARIDAD”. Nuestro Dios es solidario con el ser humano. Queremos decir: Dios se une profundamente al ser humano hasta hacerse un todo único con él. “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en él…” (Jn 3, 16). Al mirar a Jesús vemos en qué consiste la solidaridad de Dios con el hombre. Esta solidaridad radical de Dios con el ser humano se podría sintetizar en unas pocas y llamativas afirmaciones:
En la Encarnación, Dios se solidariza con lo más bajo…
En la Encarnación, Dios se solidariza con lo “distinto”…
La Encarnación significa que el ser humano es el acceso a Dios…
Podemos muy bien decir con Patxi Loidi que EL NOMBRE LAICO DE DIOS ES SOLIDARIDAD. Solidaridad con el ser humano y con la realidad toda… un verterse en el otro hasta hacerse un todo con él…
Se suele decir que el comienzo de la solidaridad está en la compasión… Y la compasión verdadera busca la erradicación del sufrimiento del otro; trabaja por superar la injusticia de la situación humana doliente… El Dios de la Solidaridad, embarazado de una humanidad y hasta de un Universo doliente, nos pide ser compasivos eficaces…
(José María Mardones, Matar a nuestros dioses)
Recordamos el texto de la H. Terezinha Rasera:
“…queremos descubrir alternativas para nuestra realidad actual y hacer un camino que active nuestra presencia y potencie la esperanza en otro mundo posible, más justo y solidario, en el que las relaciones políticas, económicas, afectivas y religiosas, sean según el proyecto del Reino de Dios”
“Queremos arriesgarnos a perder la propia vida para que otros la tengan y la tengan en abundancia”
Para hacer este camino, indicó, la VR ha de despojarse de todo lo que ha encarcelado su fuerza profética, y alude expresamente a dos factores: sus ideas sobre Dios –“que muchas veces están lejos de la realidad y de la experiencia de las personas”-y la imagen que pueda tener sobre sí misma –“aprisionada” en los muros de nuestras aparentes seguridades “que la alejan y la hacen ajena a los dolores y los gritos de los pobres”-
La VC llega al Congreso en un momento “crucial”. El Espíritu nos “invita amorosamente a cambiar radicalmente nuestras vidas”.Y aludió a cinco posibles tránsitos o cambios pendientes: del individualismo a la solidaridad; de la frialdad racional a la sensibilidad y humanización de las relaciones; de los prejuicios a la apertura y el diálogo; de la guerra a la paz y la justicia; de la apariencia de fuerza y poder a una mayor semejanza con el Siervo de Yahvé.”
Para terminar este punto de la experiencia de Dios, decir que la vivencia de la experiencia cristiana se concreta en el seguimiento de Jesús: De tener ideas a entrar en relación, que va transformando, con aquel que llama…
ó Ponernos a caminar “fijos los ojos en Jesús” y escuchar su Palabraà CULTIVAR LA MIRADA CONTEMPLATIVA Y LA ESCUCHA OBEDIENCIAL
ó Que haga caso a Jesús y se coloque allí donde se ve y se oye à actitudes internas /Condiciones de vida / Contextos/ interés por la vida / apertura / Hay lugares privilegiados (revisar el modo de acercarnos a la realidad, más cerca, más lúcida, del lado de los perdedores…)
ó Que participe en la comunidad eclesial y en la Iglesia y haga camino con otros/as:
• Vivir la fe en comunidad compartiendo: CONVOCACION
• Vivir la fe requiere estructuras posibilitadoras y alentadoras para que no se desvanezcan las experiencias
• Comunidades que vivan con alegría lúcida el sentirse pertenecientes a la iglesia de Jesús
• Sentirnos pertenecientes a la Iglesia de Jesús
APÉNDICE:
Signos que hablan de la experiencia de Dios
– Interiormente: a) una certeza interior, b) una fuerza para el bien que no es la nuestra propia, c) una esperanza desprovista muchas veces de razones, d) unos ojos distintos para percibir las realidades de siempre, d) una alegría tan serena como inexplicable.
– Ex
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La crisis del Hijo del Hombre
Leonardo Boff, teólogo
Koinonía
La interpretación teológica de la muerte de Jesús en la cruz, como sacrificio por nuestros pecados, nos hace olvidar demasiado apresuradamente los reales motivos históricos que lo llevaron al tribunal religioso y político y finalmente al asesinato en la cruz. Cristo no fue simplemente la dulce y mansa figura de Nazaret. Fue alguien que usó palabras duras, no rehuyó polémicas y para defender la sacralidad del templo, usó también la violencia física. El contexto de su vida, como las investigaciones recientes han mostrado, es común al de los campesinos y artesanos mediterráneos, que vivían una resistencia radical pero no violenta contra el desarrollo urbano de Herodes Antipas y el comercialismo rural de Roma, impuesto en la Baja Galilea —tierra de Jesús— y que empobrecía a toda la población. Predicó un mensaje que supuso una crisis radical para la situación política y religiosa de la época. Anunció el Reino de Dios en oposición al reino de César y, en vez de la ley, el amor.
El Reino de Dios presenta dos dimensiones, una política y otra religiosa. La política, se oponía al Reino de César en Roma, que se entendía hijo de Dios, Dios y Dios de Dios, los mismos títulos que los cristianos van a atribuir más tarde a Jesús. Tal atribución a Jesús era intolerable para un judío piadoso y un crimen de lesa majestad para un romano. La otra dimensión, la religiosa, se llamaba apocalíptica y significaba que entre las perversidades del mundo se esperaba la intervención de Dios y la inauguración de un Reino de justicia y de paz. Jesús se afilia a esta corriente.
Con una diferencia solamente: el Reino es un proceso que apenas ha comenzado, y se va se realizando a medida que las personas cambian sus mentes y sus corazones. Sólo al término de la historia ocurrirá el gran cambio, con un nuevo cielo y una nueva Tierra. Esa utopía (realidad buena), no la Iglesia, es el proyecto fundamental de Jesús. Él se entiende como aquel que en nombre de Dios va a acelerar semejante proceso.
Esta concepción de Reino puso en crisis a los distintos actores sociales, los publicanos y saduceos, aliados de los romanos, la clase sacerdotal, los guerrilleros zelotas y, principalmente, los fariseos. Éstos son los opositores principales del Hijo del Hombre, pues en vez del amor predicaban la rigidez de la ley; en lugar de un Dios bueno, «Papá» (Abba), un Juez severo. Para Jesús, Dios es un Padre con características de madre misericordiosa.
Jesús hace de esta comprensión el centro de su mensaje. Entiende todo poder como mero servicio. Rechaza las jerarquías porque todos somos hermanos y hermanas, sin maestros ni padres. La crisis que suscitó, llevó a decretar su muerte en la cruz. Jesús entró en una aguda crisis personal, llamada por los estudiosos «la crisis de Galilea». Se siente abandonado por sus seguidores, vislumbra en el horizonte una muerte violenta, como la de los profetas.
La tentación del monte Getsemaní alcanza el paroxismo: «Padre aparta de mí este cáliz». Pero también el propósito de soportar todo y de llevar su compromiso hasta el fin. En la cruz grita casi desesperado: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Aun así continúa llamándolo «Dios mío». La Epístola a los Hebreos afirma: «entre clamores y lágrimas suplicó a Aquel que lo podía salvar de la muerte». Versiones críticas antiguas dicen «y no fue atendido… a pesar de ser Hijo de Dios tuvo que aprender a obedecer por medio de sufrimientos» (5,7-8).
Su última palabra fue «Padre en tus manos entrego mi espíritu», expresión suprema de una confianza ilimitada. De hecho, Jesús es presentado como el prototipo de persona humana que soportó hasta el fin el fracaso del proyecto de vida, creyendo en un sentido radical incluso dentro del absurdo existencial. La resurrección mostró el acierto de tal actitud. Fue la base para proclamarle más tarde como Hijo de Dios y Dios encarnado.
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LA BÚSQUEDA DE DIOS HOY
MIGUEL ESQUIROL VIVES
COCHABAMBA (BOLIVIA).
ECLESALIA, 11/03/08.- Se dijo que para encontrar a Dios hacía falta algo de ascesis, de sacrificio, de oración, pero hoy no se habla de ascesis ni de sacrificio, tampoco de oración y no mucho de Dios y si se habla de Él, es de un dios etéreo, como si no se hubiese encarnado nunca o se hubiese desencarnado para siempre o un dios al gusto de cada uno.
La búsqueda de la felicidad, de la paz, de Dios no está en la ascesis ni en la abnegación ni el sacrificio a secas ni en las plegarias, sino, sobre todo, en la aventura de todos los días de comprender al otro, de acercarse al otro, de hacerse el otro, como nos enseña el mito profundo de la encarnación.
Ponerse en el lugar del otro, en la piel del otro, como primer paso para salir de nosotros mismos, esta es la ascesis de hoy, es ese vaciamiento como el de Dios al hacerse humano y que hoy se nos presenta urgente en la era de la comunicación. Actitud indispensable para el diálogo auténtico y constructivo, para una nueva convivencia humana, para unas más justas relaciones familiares, económicas, educativas, laborales, políticas y sociales y sobre todo para la amistad y para el amor y desde luego para el diálogo político, para vivir en democracia, en comunidad, para el diálogo intercultural, para el diálogo ecuménico e interreligioso.
Diálogo que se alimenta de silencios, lo que se llamaba oración, pues como dice Javier Melloni, jesuita: “Urge encontrar la manera de disponer de tiempos y espacios diarios de silencio, que permitan asimilar las vivencias experimentadas en el transcurso del día. El ser humano crece cuando dedica tiempo a acoger lo que le es dado para vivir, para hacerlo propio y después ofrecerlo.” Esto nos enseñaría a escuchar antes de hablar, a pensar ante de decir, nos enseñaría a dialogar y por tanto a encontrarnos con el otro, con el Misterio profundo personal y comunitario que se ha llamado Dios.
En este comienzo del siglo XXI, me parece que uno de los signos más importantes de la manifestación de Dios es el diálogo, la ausencia de diálogo es la ausencia de Dios, Jesús es palabra, pero sobre todo es diálogo, diálogo tan necesario en un mundo polarizado y en una iglesia también polarizada. Hoy necesitamos más del diálogo que del Dios que nos enseñaron nuestros padres, que más que unirnos nos divide. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
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REVELACIÓN DEL ESPÍRITU, AÑO 2006
MIGUEL ÁNGEL MESA
MADRID.
ECLESALIA, 08/06/06.- Ésta es la revelación que recibí de Jesús, Profeta y Mesías, que entregó su vida por los más indefensos y así nos alcanzó la liberación de nuestro buen Padre Dios. Yo, hermano vuestro, que comparto con vosotros y vosotras la fe, las luchas, las esperanzas de nuestras Iglesias y de nuestro mundo, recibí este mensaje de Jesús:
“Escribe todo lo que te diga, y comunícalo de palabra, por escrito, por internet, a la Iglesia de Madrid, a la Iglesia de España, a las Iglesias de todas las confesiones, a todas las religiones, a las personas de buena voluntad y que trabajan por un mundo más humano. Díselo especialmente a los jóvenes:
No temáis, no hagáis caso a los profetas de catástrofes, a quienes lo ven todo negativo, a quienes se creen en la posesión completa de la verdad, a quienes sólo condenan y no tienen ni un gramo de misericordia. Éstos no son los mensajeros de la Buena Noticia de la felicidad que mi Padre desea para la humanidad.
Vosotros, por el contrario, alegraos. Os lo repito, estad siempre alegres. Y que vuestra alegría sea contagiosa. Comunicad felicidad, ternura, cercanía. Eso es lo que Dios quiere de vosotros y vosotras. Yo estoy y estaré a vuestro lado todos los días de vuestra vida.
Mi Corazón se llena de dolor y tristeza ante la pobreza insoportable a la que someten los países ricos del Norte a los del Sur del planeta, únicamente por su egoísmo e inhumanidad. Yo os envío hoy, para que liberéis a mis pueblos empobrecidos y sufrientes. Yo os comunicaré las palabras de consuelo, de anuncio y denuncia que diréis a los poderosos. Yo conduciré vuestros pasos hacia los umbrales de sus viviendas, a las que pasaréis descalzos, pues es tierra sagrada la de sus chabolas. Yo seré quien acaricie con vuestras manos, quien les bendiga, quien les abrace, quien trabaje a su lado por construir un mañana mejor para ellos y ellas.
Conozco vuestras obras por construir una Iglesia diferente, más fraterna, más pobre y de los pobres, más sencilla, más liberadora, más fiel a mi Evangelio. Sólo así cumplís mi voluntad y sois en realidad mi verdadera madre, mis hermanos y hermanas”.
Esto me dijo también el que es el primero y el último: “Sé que las mujeres están marginadas en la sociedad y en la Iglesia, que son las más pobres entre los pobres de nuestro mundo. Felices serán quienes se comprometan en su causa, quienes las acompañen en el camino de su liberación, quienes les anuncien que son benditas sus lágrimas y que ni una sola se perderá, pues el buen Padre y Madre Dios las ama y acoge sus sufrimientos en sus entrañas maternales. Y que luchará con ellas hasta que acaben.
Los ángeles, es decir, las mujeres y los hombres que se comprometen por crear con el testimonio de sus vidas un mundo nuevo, más justo y fraterno, nos invitan con el testimonio de sus vidas a no ser tibios. Nos dicen con sus obras que sólo quien tiene un corazón de carne y ardiente por los demás, recibirán el consuelo de Dios.
He oído a todas las criaturas del cielo, de las profundidades de la tierra y del mar, a millones de personas clamando por la destrucción de la naturaleza, contra la contaminación, denunciando el cambio climático, la desertización, la privatización del agua, las guerras que causan millones de muertos por el dominio del petróleo y las materias primas, la producción criminal de armas. Sólo quienes trabajen por la paz y cuiden de la Madre Tierra y de sus habitantes, tendrán en Dios, que es fuente y germen de la Creación, su consuelo. Y les llamará hijos e hijas suyos”.
Oí al buen Dios que decía: “A mi lado viven millones de mártires que han dado su vida, que han derramado su sangre por la justicia y la fraternidad, por gritar con su ejemplo que sus hermanos, los hombres y las mujeres, son mi auténtica imagen”.
La victoria pertenece a nuestro Dios y a Jesús, su Hijo muy amado, junto a la muchedumbre innumerable que ha sufrido o se ha entregado por causa de la paz, la fraternidad y la justicia en la humanidad.
Escribe, hijo mío, de nuevo: “Estas palabras verídicas son de vuestro Padre y Madre Dios. Dichosos los invitados al banquete”. Porque va a comenzar a reinar nuestro Dios en este otro mundo posible que ya está surgiendo entre dolores de parto. Porque Dios ha condenado al Imperio a desaparecer, y ha reivindicado y asumido la causa de los injustamente tratados y la de quienes optan por ellos y ellas. Alabad a nuestro Dios todos, mujeres y hombres, personas ancianas, niños y niñas, el universo y sus constelaciones.
Vi entonces con regocijo un cielo nuevo y una tierra nueva, porque todas las injusticias y la muerte habían desaparecido. Vi un Planeta-Tierra renovado en el que Dios mismo decía: “Ésta es mi morada, habitaré entre los seres humanos y seré el Dios de su felicidad. Enjugaré todas sus lágrimas, ya no habrá más llanto de bebés, ni hambre, ni dolor, pues son mis hijos e hijas, a los que amo con ternura entrañable. Todo lo quiero hacer nuevo”.
“Hoy, queridos jóvenes, deseo que recibáis mi Espíritu. Llamad al Espíritu, decidle: “Ven”. Todos los que escucháis estas palabras, decid: “Ven”. Y el Espíritu llegará en seguida”.
Y ahora apagad los móviles y los MP3, pues Jesús os dice al corazón: “Estoy llamando a vuestra puerta. Si alguien oye mi llamada y me abre, entraré y cenaré con él, o ella”. El favor y la ternura de Jesús, vuestro hermano y amigo, está con todos. Amén. Ven a nuestras vidas, Señor, hermano nuestro, Jesús. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
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OTRA ESPIRITUALIDAD ES POSIBLE
LA COYUNTURA ACTUAL DE LA ESPIRITUALIDAD
Jose Maria Vigil- teologo
EXODO nº 88 – abril 2007
UNA MALA PALABRA
Espiritualidad, decididamente es una palabra desafortunada. Tenemos que comenzar abordando el problema de frente. Porque, ante este mismo número de la revista Éxodo, muchos lectores experimentarán su primera dificultad precisamente con esa palabra, ya en el título. Para ellos «espiritualidad» significa algo alejado de la vida real, misterioso, clerical, eclesiástico, inútil, y hasta quizá odioso. Se trata de personas que, legítimamente, huyen de viejos y nuevos espiritualismos, de abstracciones irreales, de malos recuerdos oscurantistas, y que no quieren tropezar dos veces en la misma piedra, ni perder el tiempo.
Y razón no les falta, porque incluso la palabra misma evoca, por su propia etimología, contenidos de infausto recuerdo. Espiritualidad, en efecto, deriva de espíritu. Y el espíritu es, clásicamente, lo opuesto al cuerpo, a la carne y a la materia. Las heridas causadas por los viejos dualismos cuerpo/espíritu, carne/espíritu y materia/espíritu, están todavía recientes, sin cicatrizar. En la mentalidad tradicional, activada automáticamente por la propia palabra, espiritual es lo que se aleja del cuerpo, de la carne, de la materia... Tanto más «espiritual» se es, cuanto más se prescinde del cuerpo, cuanto menos se vive «en la carne», cuanto menos contacto se tiene con la materia.
No es eso lo que hoy pensamos, pero es lo que lleva la propia palabra tanto en su propia naturaleza etimológica como en su historia, y épocas ha habido en las que la espiritualidad al uso ha hecho gala de fidelidad a esa anticorporalidad y antimaterialidad.
Hoy se sigue utilizando la palabra porque, a pesar de todo, está consagrada, y porque una vez hecha la advertencia de que no se quiere dar cabida en ella a esos componentes que su etimología alude, tiene sentido designar como «espiritualidad» a esa dimensión profunda del ser humano, que, en medio incluso de la corporalidad y la materialidad, transciende las dimensiones más superficiales y constituye el corazón de una vida humana con sentido, con pasión, con veneración de la realidad y de la Realidad: con Espíritu.
DISTINCIÓN NECESARIA FRENTE A LA RELIGIÓN
Además de distanciarnos del concepto clásico de espiritualidad, debemos tomar distancia también de un concepto muy vecino, el de «religión». Antiguamente, la espiritualidad se consideraba encerrada en el campo de la religión. Las iglesias y la teología nunca consideraron que fuera de ellas hubiera espiritualidad. Los «s | |