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Consumo solidario responsable.
Leonardo Boff, teólogo
Koinonía
El consumismo a que ha dado lugar la cultura del capital está en la base del hambre de miles de millones de personas y de la actual escasez de alimentos de la humanidad. Frente a tal situación, ¿cómo debería ser el consumo humano?
En primer lugar, el consumo debe ser adecuado a la naturaleza del ser humano. Ésta, por un lado, es material, enraizada en la naturaleza, y necesita de bienes materiales para subsistir. Por otro lado es espiritual, y se alimenta con bienes intangibles como la solidaridad, el amor, la acogida y la apertura al Infinito. Si estas dos dimensiones no son atendidas, nos ponemos anémicos en el cuerpo y en el espíritu.
En segundo lugar, el consumo necesita ser justo y equitativo. La Declaración de los Derechos Humanos afirma que la alimentación es una necesidad vital, y, por ello, un derecho fundamental de cada persona humana (justicia) y conforme a las singularidades de cada uno (equidad). Si no se atiende a este derecho, la persona se confronta directamente con la muerte.
En tercer lugar, el consumo debe ser solidario. Es solidario aquel consumo que supera el individualismo y se auto-limita por la causa del amor y de la compasión para con aquellos que no pueden consumir lo necesario. La solidaridad se expresa en el compartir, por la participación y por el apoyo a los movimientos que buscan los medios de vida, como tierra, vivienda y salud. Implica también la disposición a sufrir y a correr los riesgos que tal solidaridad comporta.
En cuarto lugar, el consumo ha de ser responsable. Es responsable el consumidor que se da cuenta de las consecuencias del patrón de consumo que practica, si es suficiente y decente, o sofisticado y suntuoso. Consume lo que necesita o desperdicia aquello que va a faltar en la mesa de los otros. La responsabilidad se traduce en un estilo de vida sobrio, capaz de renunciar, no por ascetismo, sino por amor y en solidaridad hacia los que sufren necesidad. Se trata de una opción por la sencillez voluntaria y por un patrón conscientemente contenido, que no se somete a los reclamos del deseo ni a las solicitaciones de la propaganda. Aunque no tenga consecuencias inmediatas y visibles, esta actitud vale por sí misma. Muestra una convicción que no se mide simplemente por los efectos resultantes, sino por el valor que esta actitud humana posee en sí misma.
Por fin, el consumo debe ser realizador de la integridad del ser humano. Éste tiene necesidad de conocimiento, de forma que consumimos muchos saberes con el discernimiento sobre cuál de ellos conviene y edifica. Tenemos necesidad de comunicación y de racionamientos, y satisfacemos esta necesidad alimentando relaciones personales y sociales que nos permiten dar y recibir, y en este intercambio nos complementamos y crecemos. A veces esta comunicación se realiza participando en manifestaciones en favor de la justicia, en favor de la reforma agraria, del cuidado del agua potable, de la conservación de la naturaleza… o también viendo un film, asistiendo a un concierto, yendo al teatro, visitando una exposición artística, participando en algún debate.
Tenemos necesidad de amar y de ser amados. Satisfacemos esta necesidad amando con gratuidad a las personas y a los diferentes a nosotros. Tenemos necesidad de trascendencia, de arriesgarnos y de estar más allá de cualquier límite impuesto, de sumergirnos en Dios con quien podemos comulgar. Todas estas formas de consumo realizan la existencia humana en sus múltiples dimensiones.
Estas formas de consumo no cuestan y no gastan energía; presuponen simplemente el empeño y la apertura a la solidaridad, a la compasión y a la belleza.
¿No traduce todo esto aquello que pensamos cuando hablamos de felicidad?
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La Eucaristía: recuperar la comprometedora fiesta de la solidaridad
Pope Godoy
Somos Iglesia Andalucía
La comida en común es una de las acciones simbólicas más generalizadas en todos los tiempos y en todas las culturas. Expresa lazos familiares, acogida, compañerismo, fraternidad… Es un símbolo inteligible por todo el mundo, sin más explicaciones. Pero si nos acercamos a las celebraciones eucarísticas en nuestras iglesias y parroquias, la primera impresión es que no son entendibles por sí mismas. ¿Qué ha pasado?
1.- El rito ha devorado al símbolo. Todo está previsto y reglado: los gestos, las palabras, las vestiduras, la materia utilizada en la Eucaristía… Buscando la garantía JURÍDICA del rito, la institución ha terminado por matar el símbolo universal de la mesa compartida.
Con un problema de más hondo calado. La evolución histórica de la celebración eucarística es un dramático ejemplo de la tendencia que tienen todas las instituciones (religiosas, políticas o sociales) a convertirse en fin. Se afirma la presencia real de Cristo. Pero la institución eclesiástica controla todo el proceso: Ella establece cuándo se hace presente y cuándo no, quiénes son las personas autorizadas para realizar el rito, quiénes pueden acercarse a comulgar.
2.- El altar ha devorado a la mesa. Las primeras comunidades asocian la celebración eucarística con los sacrificios del AT, tan presentes en su cultura religiosa. Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. En torno a esa imagen va fraguando la imagen de la Eucaristía como sacrificio. Resulta sorprendente la cantidad de veces que se emplea la palabra “sacrificio” en los textos litúrgicos. Como alternativa a las eucaristías oficiales, van surgiendo grupos minoritarios que recuperan la búsqueda de los orígenes al margen de la institución oficial y, con frecuencia, fuera de los espacios religiosos tradicionales.
Las comidas de Jesús en los Evangelios
1.- Importancia de las comidas en los cuatro evangelios. Jesús come con Leví, el publicano (Mt 9,9-13 y paral.); come en casa de Simón, un fariseo (Lc 7,36-50); el propio Jesús se invita a casa de Zaqueo, el recaudador (Lc 19,1-10); come en casa de Marta, mientras su hermana María le escucha a sus pies (Lc 10,38-42); María unge los pies de Jesús durante una comida en su casa, junto con Marta y Lázaro (Jn 12,1); comida en casa de Simón el leproso (Mt 26,6-13 y Mc 14,3-9)); la vuelta del hijo pródigo se celebra con un banquete (Lc 15,11-32); la parábola de El rico epulón, como expresión sangrante de la insolidaridad (Lc 16,19-31); Jesús compara el Reinado de Dios con un gran banquete (Lc 14,16-24; Mt 22,1-13); los dos discípulos que van a Emaús “abren los ojos” durante la comida (Lc 24,31).
Para asombro nuestro, en los Evangelios tenemos SEIS RELATOS DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES (Mt 14, 13-21; Mc 6,30-44; Lc 9,11-17; Jn 6,1-14.- Mt 15,32-39; Mc 8,1-9), mientras que sólo hay TRES RELATOS de la comida en la última cena (más el de Pablo en 1Cor 11,23ss)
2.- Algunos rasgos de estas comidas El esquema narrativo es el mismo en estos diez relatos, a los que se añade el de los discípulos de Emaús: Coger o tomar el pan o los panes (en los 11 relatos); alzar la mirada al cielo (en 3 relatos de Mt, Mc y Lc); pronunciar la bendición (en los 11 relatos); partir el pan o los panes (en 10 relatos, menos Jn); repartirlo, el propio Jesús o sus discípulos (10 relatos, menos 1Cor). La expresión partir el pan significa celebrar la Eucaristía (Hch 2,42).
3.- La comida es la expresión más entendible del Reinado de Dios: la igualdad y la inclusión de todos los seres humanos. La sociedad en que vive Jesús se encuentra muy estratificada en clases y categorías sociales. Las personas y los grupos no se mezclaban en las comidas. Necesitamos subrayar este dato sociológico, precisamente porque ya ha sido superado en nuestra cultura. Jesús rompe ese esquema de segregación social. Come con fariseos, con publicanos, se identifica con la masa anónima durante las comidas al aire libre. Crossan la llama “comensalía abierta y dejada al azar… con una mezcla absoluta de clases, sexos, rangos y grados”. El escándalo está servido. Las comidas de Jesús tenían un carácter peligroso y claramente subversivo del orden social existente.
La celebración de la Última Cena
La última cena fue una comida normal, sin ningún carácter sagrado. Jesús y sus discípulos (lo más probable es que hubiera también mujeres) repitieron la comida en común que habían hecho tantas veces. Jesús no estableció un ritual específico para recordarlo a Él. No fue una despedida consciente, aunque sí pudo ser una despedida “presentida”. Obviamente, Jesús no estableció un “sacerdocio”. Ni Jesús era sacerdote, ni pretendió crear una estructura sacerdotal. Tras la muerte y resurrección de Jesús, las primeras comunidades fueron cargando de contenido el recuerdo de la Última Cena. La fórmula esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros (1Co 11,24; Lc 22,18) es el resumen condensado de toda la existencia de Jesús: una vida entregada a los demás. El vino fue significando progresivamente la sangre de Cristo. Es decir, su pasión y su muerte. La coherencia de una vida entregada a los demás le llevó a darla físicamente, trágicamente por los demás. Nuestras celebraciones eucarísticas, por lo menos en pequeños grupos más conscientes, deberían tener de forma más o menos explícita estos cuatro niveles de expresión:
1.- Una crítica política: La sociedad actual es radicalmente injusta porque excluye de la mesa común a la inmensa mayoría de la humanidad. Es urgente crear estructuras de solidaridad para hacer efectivo el reparto de los bienes indispensables para todo ser humano.
2.- Un desafío económico: El reto de compartir no es sólo de los poderes públicos. Me implica también a mí como persona y nos implica como comunidad. Necesitamos buscar fórmulas de solidaridad económica, social, cultural, educativa, derechos humanos… para que la utopía de compartir vaya ganando terreno en nuestra vida personal y comunitaria.
3.- Un rito sagrado: Los dos puntos anteriores pueden ser compartidos por otras muchas personas que practican estos mismos valores de solidaridad, más allá de cualquier confesión religiosa o adscripción política. Pero quienes creemos en Jesús, el Cristo, recordamos además de forma muy detenida y gozosa toda la vida, la muerte y resurrección de Jesús, como el símbolo más estimulante y sencillo de cómo vivir para los demás.
4.- Un culto litúrgico: Nos sentimos unidos a los millones de personas creyentes que en todo el mundo intentan seguir los pasos de Jesús. Esa Iglesia que tiene su origen en Jesús de Nazaret y que lo confiesa como el Cristo, el Hijo de Dios pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí, en medio de ellos, estoy yo (Mt 18,20)..
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Solidaridad Internacional con José Mª Vigil
Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo (ASETT)
Atrio
ATRIO ha manifestado su solidaridad con José María iniciando on-line un Curso de Teología del Pluralismo Religioso para que muchos reflexionen y comenten sus trabajos. Pero nos llega hoy este comunicado de una organización ecuménica internacional que pone de manifiesto la importancia de este teólogo español a quien nuestros obispos desautorizaron sin escucharle.
Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo
ASETT
Ecumenical Association of Third World Theologians.
EATWOT
«Me gustaría que se celebre la diversidad de razas, géneros, culturas y creencias. Dios no tiene necesidad de que los cristianos le protejan. Y Dios no es especialmente cristiano. Dios es la divinidad de todas las personas que desean pertenecerle» (Desmond Tutu).
Queridos hermanos y hermanas,teólogos y teólogas,compañeros y compañeras en el compromiso solidario con los empobrecidos del mundo, y en el afán de unir la fe con este servicio de comunión.
Esperamos encontrar a cada uno/a de ustedes firme en la paz y en la alegría. Nosotros, miembros de la Coordinación Internacional de la ASETT, Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo (EATWOT por su sigla en inglés: Ecumenical Association of Third World Theologians), les escribimos para estrechar los lazos que nos unen en la misión propia de ASETT y, así, dar una señal de comunión y apoyo a un hermano y compañero que en cierta forma, a causa de la tarea que le encomendamos que hiciera, está sufriendo presiones y censuras injustas. Por otra parte, el propósito con el que les escribimos este mensaje es insistir en que todos/as nosotros/as, que nos empeñamos en elaborar una teología para hoy, podamos disfrutar de las condiciones mínimas de libertad de investigación y de expresión, sin las cuales no se dará una teología que no sea mera repetición poco inteligente de los dogmas de siempre.
En Quito, Ecuador, en octubre de 2001, la Asamblea Mundial de la ASETT decidió con sus votos que el objeto principal de la investigación teológica de la ASETT fuese la elaboración de una Teología del Pluralismo cultural y religioso desde la opción espiritual y los presupuestos metodológicos de la Teología de la Liberación. A partir de entonces, la Comisión Teológica de América Latina de la ASETT se puso manos a la obra, y, siempre animada por el espíritu investigador y la capacidad de organización y de trabajo de José María Vigil, reunió teólogos y teólogas, tanto de América Latina como de otros continentes, y organizó una serie de cinco volúmenes, titulada «Por los muchos caminos de Dios», que se ha constituido ya en una buena pista para la profundización hacia una Teología Pluralista e Interreligiosa a partir de los presupuestos y caminos de la Teología de la Liberación.
La asamblea mundial siguiente de la ASETT, celebrada en Johannesburg, Sudáfrica, en 2006, confirmó esta opción de trabajo teológico y votó por José María Vigil para coordinador de la Comisión Teológica Internacional de la ASETT, así como de la Comisión Teológica Latinoamericana de la misma ASETT.
No podemos dejar de expresar nuestra tristeza al saber que la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha divulgado una nota de censura y condenación contra el libro «Teología del Pluralismo Religioso», de la autoría de José María Vigil, además de emitirla sin comunicarse siquiera con el autor para pedirle aclaraciones sobre los puntos que pudieran parecerle extraños o discutibles a los obispos.
Lamentamos que pastores cristianos que debieran dar al mundo un ejemplo de ser personas de diálogo, condenen un libro sin conversar con el autor, y sin escuchar al menos una opinión divergente de las suyas. No se dan cuenta de que la preocupación de reflexionar sobre la fe a partir de presupuestos culturales nuevos, al contrario de lo que prejuzgan, renueva la posibilidad de adhesión espiritual para una multitud inmensa de seres humanos que no consigue ya acoger el mensaje del reino de Dios si viene de una Iglesia autoritaria y cerrada en su dogmatismo.
Como entidad ecuménica y responsable de incentivar la investigación teológica, la ASETT está convencida de que, más peligroso para la fe que cualquier error doctrinal que por acaso estuviere contenido en las entrelíneas de un libro como el de Vigil, sería el fin de la elaboración teológica, al ser reprimida por el cercenamiento de la libertad de pensamiento y por el rechazo eclesiástico de un sano pluralismo de investigación en las Iglesias cristianas.
Como teólogos y teólogas cristianos, no podemos asistir a este tipo de censura como si no tuviésemos nada que ver con ello, limitándonos a expresar nuestro disgusto y lamento. Es preciso dejarlo claro: en la censura al libro de José María Vigil es el conjunto de toda la investigación de todo nuestro trabajo teológico, coordinado por todo un equipo, el que, indirectamente, está siendo juzgado y censurado. Cada vez que un compañero o compañera es censurado por posiciones teológicas que son las mismas que las nuestras y que proceden del trabajo que realizamos juntos, es a todos nosotros/as a quienes esta censura nos hiere.
Dado que es nuestra obligación ética, reiteramos a los obispos católicos de España, y de otros lugares, así como a los pastores de otras Iglesias, nuestra disponibilidad a dialogar con ellos sobre cualquier punto que quisieran profundizar. Esperamos que la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española pueda aceptar nuestra invitación para dialogar y profundizar juntos las cuestiones que, como teólogos/as y pastores/as nos interesan.
Aceptaremos siempre discutir teológicamente las cuestiones abiertas y, en un diálogo crítico, revisar los puntos que para ellos serían discutibles.
La ASETT fue creada en un ambiente eclesial marcado por el diálogo y por la certeza de que la unidad sólo es posible cuando se acepta convivir positivamente con las diferencias. Como en víspera de su muerte dijo el monje y místico Thomas Merton, «El nivel más profundo de la comunicación no es la comunicación, sino la comunión. Se da sin palabras. Está más allá de las palabras, más allá de los discursos, más allá de los conceptos (…). Nosotros ya somos Uno. Pero imaginamos que no lo somos. Lo que tenemos que reencontrar es nuestra unidad original. Lo que tenemos que ser es lo que ya somos» .
São Paulo, 23 de enero de 2008
Rohan Silva
President
Colombo, Sri Lanka
Emmanuel Martey
Vice-President
Legon, Ghana
Luiza E. Tomita
Executive Secretary & Treasurer
São Paulo, Brazil
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CARMELI GARCÍA GÓMEZ : “TODO LO QUE TENGO LO COMPARTO”.
Pope Godoy
Moceop
«Cuando las situaciones comienzan a hablar
y las personas escuchan sus voces,
entonces emerge el mundo sacramental»
La felicidad de compartir
El pasado día 13 de abril, Carmeli recibió el Premio Extraordinario “Averroes de Oro, Ciudad de Córdoba 2007, a los Valores Humanos y Concordia”. Yo la había llamado mucho antes de saber esta noticia, allá por Navidad… Pero que sea Carmeli la que hable:
“Suena el teléfono y oigo la voz de mi amigo ‘el Pope’. Me pide que escriba un artículo para una revista. Al momento me quedo sorprendida. Y después pienso que no vale la pena negarme puesto que en mi vida sólo intento dar una respuesta como cristiana a Jesús y a mis hermanos a los que amo.
Todo comenzó cuando estuve ingresada [como familiar ayudante] con mi hermano [Luis Javier], completamente paralítico durante seis años. Allí, tanto mi hermano como yo éramos unos privilegiados: mis padres nos podían pagar una habitación particular. Esto conllevaba unos pocos privilegios, aunque en honor a la verdad nos pasábamos el día en las salas comunes. Allí conviví con muchas personas de distintas clases sociales, la mayoría con una gran calidad humana que me ayudaban con su cercanía. Por una serie de circunstancias, no tenían tanta facilidad como mi hermano y yo para estar con sus familias.
Al morir mi hermano y después mis padres, una nueva etapa en mi vida se me presentaba de nuevo. Aunque ya era mayor, aún me encontraba con fuerza para caminar con los demás. Opté por acompañar a los enfermos y familiares que se tenían que desplazar a Córdoba. El ‘Reina Sofía’ se estaba convirtiendo en un Hospital de gran importancia, sobre todo por los trasplantes. Esto le suponía, tanto al enfermo como a sus familiares, grandes soledades y afrontar grandes gastos.
Mis padres tenían un piso muy cerca del Hospital y no dudé en dejar el piso donde había vivido con mis padres para que a la gente le fuera más fácil, por la cercanía, venir a casa. Todo comenzó hace 21 años. Comparto mi vida y camino con ellos. Yo les proporciono la llave de casa para que puedan venir a la hora que quieran. Han pasado de muchos países y razas. Ellos me han enriquecido, tanto por su distinta religión como su distinta manera de pensar.
El pensar y sentir que Dios es mi Padre y, como consecuencia, todos somos hermanos, es una realidad que vivo cada día. Para mí el mensaje central del Evangelio es amar a los demás como yo me siento amada por el Padre. Os puedo asegurar que me siento feliz compartiendo lo que tengo y lo que soy.”
Hasta aquí el relato de Carmeli. Escueto, fascinante por su poderosa vivencia evangélica, sobrecogedor e interpelante desde su sencilla y gozosa “rutina” diaria.
Yo conocía a Carmeli desde Granada, allá por los años setenta, en mis tiempos de cura obrero. Sus padres vivían cerca del bloque en construcción donde yo trabajaba. Más de una vez, me buscaba Carmeli a la salida del trabajo y nos íbamos a su casa para charlar un rato y visitar a sus padres… Pero ésta es otra historia. La familia se trasladó a Córdoba y perdimos el contacto, aunque yo seguía de lejos sus actividades y sus osadías. Un día pensé que valía la pena dar a conocer esta historia tan sencilla y tan fantástica.
Carmeli me invitó a una paella en su casa. Me entregó su “escrito”, a mano, porque eso de la informática le viene muy grande. Mientras comíamos, me sentía desbordado por la paella tan exquisita y por la cantidad de anécdotas que iba desgranando con esa sencilla fluidez comunicativa que le caracteriza y que la hace tan cercana. Imposible digerirlo todo. Mientras Carmeli hablaba, yo tenía la serena experiencia de la compañía de Dios con nosotros.
Al cabo de un tiempo, volví a telefonearle. Ya adopté mis precauciones para ir tomando nota de todo cuanto dijera. Carmeli desborda y resiste cualquier parecido con una entrevista periodística. Ella habla de sus experiencias, tan humanas y tan humanizadoras, y de sus vivencias, tan desconcertantemente sencillas y tan cristianas. Te deja embobado. No logras reponerte de una frase o de una anécdota cuando ya han llegado otras dos o tres. Su riqueza humana es descomunal. Su sentido del humor, tan cordobés (¡de Montilla!), me recuerda a su padre, aunque él tenía un hablar pausado y contemplativo. En eso no le ha salido a su padre.
A continuación, intento resumir en pocas palabras la avalancha de anécdotas y experiencias que Carmeli me iba contando y que yo transcribía telegráficamente.
-¿Cuánta gente ha pasado por aquí?
-¡Miles! Imposible recordarlos. Llegué a tener hasta cuatro pisos. Un total de 30 camas. Después, Cáritas empezó a abrir pisos y ahora sólo tengo el mío, lo que puedo abarcar. Tengo seis camas en tres habitaciones.
-¿Cómo se te ocurrió esta iniciativa?
- El tema surgió por mi madre. Le tuvieron que cortar las dos piernas. En todo ese proceso, me hice muy amiga del médico especialista. Cuando decidí dedicarme a esto, me encontré un día por el pasillo del hospital a todo el equipo.
–¡Que me quiero dedicar a esto!
–Magnífico!, me respondieron a coro.
–¡No, pero en tu casa, no!
–Pues sí, en mi casa. Después me di cuenta que la fórmula más cómoda y rápida era a través de las trabajadoras sociales del Hospital.
-¿Me puedes decir algunos países de donde viene la gente?
–De Marruecos, muchísimos. También han venido de Guinea, de Francia, de Rumania, de Rusia… Pienso que de todos o casi todos los pueblos de la provincia de Jaén. Gitanos ¡muchísimos! De todos los lugares. Además de casi toda Andalucía, han venido también de Barcelona, de Galicia, de Valencia, de Palma de Mallorca, de la isla de La Palma…
-Bueno, también de todos los países sudamericanos: argentinos, colombianos, bolivianos, chilenos, ecuatorianos… (Carmeli va enzarzando infinidad de anécdotas que le van surgiendo a medida que afloran sus recuerdos.) -¡Hasta un filipino! Simpático y graciosísimo.
-¿Y tienes algún tipo de organización, alguna norma…? ¿Cómo funciona tu sistema de acogida?
–Todo lo que tengo lo comparto. No pongo ni una norma, ni horas de comida ni horas de llegada. He duplicado más de 200 llaves de mi casa. Algunas familias se las llevan y cuando vuelven, al cabo de seis meses, -¡no, si tenemos la llave!
-A veces, no sé la gente que duerme en mi casa. Hace poco me encontré a un señor por la mañana y le digo:
–Yo a Vd. no lo conozco.
–No. Es que soy el tío del niño que se operó el otro día. Su padre ha tenido que irse y yo he venido para sustituirlo.
-Nunca he pedido el carné a nadie. A veces, la gente me lo ha querido enseñar.
–¡No! – Pero Vd. no me conoce.
–Vd. es mi hermano o mi hermana. Con eso tengo bastante. (Carmeli subraya un hecho desconcertante)
-Nunca me ha faltado nada en mi casa. ¡En 21 años! Y allí está todo a la vista… Más bien los “huéspedes” se sienten guardianes de la casa. Me cuenta riendo que un día llegó su hermano Matías (jesuita). Venía cansado del viaje y sabía que su hermana no estaba en el piso. Entró en la habitación de Carmeli y se echó en la cama para descansar un rato. Rápidamente llamó alguien a la puerta:
-¡Oiga! ¿Qué hace Vd. ahí? ¡Ésa es la habitación de Carmeli!
Y comenta Carmeli:
–Mi hermano tuvo poco menos que excusarse por haber entrado en mi habitación.
–Las familias que pasan por aquí vienen, por lo general, en situaciones dramáticas. Padecen casi siempre graves y hasta extremas carencias económicas. Y, además, tienen que hacer frente a una larga enfermedad o a un trasplante con período largo de recuperación. Ante estas circunstancias de fragilidad y desamparo, agradecen hasta lo indecible la acogida, la cercanía y el cariño.
Carmeli se explica a través de casos concretos:
–Vino una mujer marroquí. No sabía nada de castellano. Todo el tiempo que pasó aquí nos entendíamos con gestos. Yo la abrazaba, le daba ánimo, la atendía lo mejor que podía. Cuando volvió a Marruecos, le comentaba a una prima suya que había sido el enlace para venir hasta aquí:
–Yo no entendía nada de lo que me decían, pero allí me han dado mucho cariño.
Las tragedias, por desgracia, están a la orden del día.
–Un enfermo de médula sabe que, si recae tras el trasplante, es muerte segura. Una muchacha a quien acaban de darle la noticia:
-Carmeli, he recaído… Y se echa a llorar. Carmeli se queda con ella, la acompaña, le da cariño… Y me dice Carmeli, emocionada:
-Al final, las dos terminamos cantando: “Dios está aquí… Tan cierto como el aire que respiro”.
-Otro matrimonio. La madre sabe que se muere. Le pide a Matías que vuelva a casarlos el día de San Valentín. Los “casa” y a ella le da la unción de los enfermos… Muere en paz. Todavía quedaba el trago de la hija, de unos 22 años, y muy enferma también. Carmeli y Matías habían ido a Almería para visitarla. Murió estando ellos allí…
-¿Es que sigues en contacto cuando vuelven a sus casas?
–Me quedo con el teléfono de las familias que pasan por aquí. Las llamo después para un seguimiento, si las cosas van bien. Si ha habido muerte, pues una llamada de cercanía a la familia. Claro, me llaman a montones por mi santo.
-¿Problemas de alimentos con familias musulmanas?
–Pues no. Por ejemplo, una familia marroquí que hizo de esta casa su casa, debido a un largo trasplante de un familiar. Ellos hacían la comida por su cuenta. Unas veces yo comía con ellos y otras veces yo hacía una paella sin carne y comíamos todos.
Carmeli subraya una experiencia personal que yo conocía de antiguo. Lo afirma con un aplomo y una seguridad sorprendentes:
–La familia que tiene un niño enfermo, si lo integran y lo asumen en la estructura familiar, es un regalo de Dios. Las anécdotas de su hermano Luis Javier estremecen. A ella le repetía:
–Hermana, tengo muchas ganas de ver a Dios cara a cara. Y poco antes de morir, sin saber de dónde tenía fuerzas, cantó: ¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!
¡Gracias, Carmeli! Tu vida toda es una oxigenación de optimismo y esperanza.
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