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Fidel Castro habla sobre la Cumbre de Presidentes en Perú:

Dos lobos hambrientos y una caperucita roja.-

Fidel Castro

Una idea básica ocupaba mi mente desde mis viejos tiempos de socialista utópico. Partía de la nada con las simples nociones del bien y el mal que a cada cual le inculca la sociedad en que nace, lleno de instintos y carente de valores que los padres, en especial las madres, comienzan a sembrar en cualquier sociedad y época.
Como no tuve preceptor político, el azar y la casualidad fueron componentes inseparables de mi vida. Adquirí una ideología por mi propia cuenta desde el instante en que tuve una posibilidad real de observar y meditar los años que viví como niño, adolescente y joven estudiante. La educación se convirtió para mí en el instrumento por excelencia de un cambio en la época que me tocó vivir, de la cual dependería la propia supervivencia de nuestra frágil especie.
Después de una larga experiencia, lo que pienso hoy sobre el delicado tema es absolutamente coherente con esta idea. No necesito pedir excusas, como prefieren algunos, por decir la verdad aunque sea dura.
Hace más de dos mil años, Demóstenes, orador griego famoso, defendió con ardor en las plazas públicas una sociedad en la que el 85 por ciento de las personas eran esclavas o ciudadanos que carecían de igualdad y derechos como algo natural. Los filósofos compartían ese punto de vista. De allí surgió la palabra democracia. No se les podía exigir más en su tiempo. Hoy, que se dispone de un enorme caudal de conocimientos, las fuerzas productivas se han multiplicado incontables veces y los mensajes a través de los medios masivos se elaboran para millones de personas; la inmensa mayoría, cansada de la política tradicional, no quiere oír hablar de ella. Los hombres públicos carecen de confianza cuando más la necesitan los pueblos ante los riesgos que los amenazan.
Al derrumbarse la URSS, Francis Fukuyama, ciudadano norteamericano de origen japonés, nacido y educado en Estados Unidos y titulado en una universidad en ese mismo país, escribe su libro El fin de la historia y el último hombre, lo que muchos seguramente conocen, pues fue muy promovido por los dirigentes del imperio. Se había convertido en un halcón del neoconservadurismo y promotor del pensamiento único.
Quedaría, según él, una sola clase, la clase media norteamericana; los demás, pienso yo, estaríamos condenados a ser mendigos. Fukuyama fue partidario decidido de la guerra contra Iraq, como el vicepresidente Cheney y su selecto grupo. Para él la historia finaliza en lo que Marx veía como "el fin de la prehistoria".
En la ceremonia inaugural de la cumbre América Latina y Caribe-Unión Europea celebrada en Perú el pasado 15 de mayo, se habló en inglés, alemán y otros idiomas europeos sin que partes esenciales de los discursos se tradujeran por las televisoras al español o al portugués, como si en México, Brasil, Perú, Ecuador y otros, los indios, negros, mestizos y blancos —más de 550 millones de personas, en su inmensa mayoría pobres— hablasen inglés, alemán u otro idioma foráneo.
Sin embargo, se menciona ahora elogiosamente la gran reunión de Lima y su declaración final. Allí, entre otras cosas, se dio a entender que las armas que adquiere un país amenazado de genocidio por el imperio, como lo ha sido Cuba desde hace muchos años y lo es hoy Venezuela, no se diferencian éticamente de las que emplean las fuerzas represivas para reprimir al pueblo y defender los intereses de la oligarquía, aliada a ese mismo imperio. No se puede convertir la nación en una mercancía más ni comprometer el presente y el futuro de las nuevas generaciones.
La IV Flota no se menciona, por supuesto, en los discursos que se televisaron de aquella reunión, como fuerza intervencionista y amenazante. Uno de los países latinoamericanos allí representados acaba de realizar maniobras combinadas con un portaviones de Estados Unidos del tipo Nimitz, dotado con todo tipo de armas de exterminio en masa.
En ese país hace unos pocos años las fuerzas represivas desaparecieron, torturaron y asesinaron a decenas de miles de personas. Los hijos de las víctimas fueron expropiados por los defensores de las propiedades de los grandes ricos. Sus principales líderes militares cooperaron con el imperio en sus guerras sucias. Confiaban en esa alianza. ¿Por qué caer de nuevo en la misma trampa? Aunque es fácil de inferir el país aludido, no deseo mencionarlo por no herir a una nación hermana.
La Europa que en esa reunión llevó la voz cantante, es la misma que apoyó la guerra contra Serbia, la conquista por Estados Unidos del petróleo de Iraq, los conflictos religiosos en el Cercano y Medio Oriente, las cárceles y aterrizajes secretos, y los planes de torturas horrendas y asesinatos fraguados por Bush.
Esa Europa comparte con Estados Unidos las leyes extraterritoriales que, violando la soberanía de sus propios territorios, incrementan el bloqueo contra Cuba obstaculizando el suministro de tecnologías, componentes e incluso medicamentos a nuestro país. Sus medios publicitarios se asocian al poder mediático del imperio.
Lo que dije en la primera reunión de América Latina con Europa, celebrada hace nueve años en Río de Janeiro, mantiene toda su vigencia. Nada ha cambiado desde entonces excepto las condiciones objetivas, que hacen más insostenible la atroz explotación capitalista.
El anfitrión de la reunión estuvo a punto de sacar de sus casillas a los europeos, cuando en la clausura mencionó algunos puntos planteados por Cuba:
1.Condonar la deuda de América Latina y el Caribe.
2.Invertir cada año en los países del Tercer Mundo el 10 por ciento de lo que gastan en las actividades militares.
3.Cesar los enormes subsidios a la agricultura, que compiten con la producción agrícola de nuestros países.
4.Asignar a Latinoamérica y el Caribe la parte que les corresponde del compromiso del 0,7% del PIB.
Por las caras y las miradas, observé que los líderes europeos tragaron en seco durante unos segundos. Pero, ¿por qué amargarse? En España sería todavía más fácil pronunciar discursos vibrantes y maravillosas declaraciones finales. Se había trabajado mucho. Venía el banquete. No habría en la mesa crisis alimentaria. Abundarían las proteínas y los licores. Faltaba sólo Bush, que trabajaba, incansable, por la paz en el Medio Oriente, como es habitual en él. Estaba excusado. ¡Viva el mercado!
El espíritu dominante en los ricos representantes de Europa era la superioridad étnica y política. Todos eran portadores del pensamiento capitalista y consumista burgués, y hablaron o aplaudieron en nombre de este. Muchos llevaron consigo a los empresarios que son el pilar y sostén de "sus sistemas democráticos, garantes de la libertad y los derechos humanos". Hay que ser expertos en la física de las nubes para comprenderlos.
En la actualidad, Estados Unidos y Europa compiten entre sí y contra sí por el petróleo, las materias primas esenciales y los mercados, a lo que se suma ahora el pretexto de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado que ellos mismos han creado con las voraces e insaciables sociedades de consumo. Dos lobos hambrientos disfrazados de abuelitas buenas, y una Caperucita Roja.
Fidel Castro Ruz
Mayo 18 de 2008


"No queremos el falso lugar, la falsa utopía que nos imponen con la exclusión de la mayoría y el privilegio narcisista de la minoría; no la u-topía, ningún sitio, sino la eu-topía, el lugar donde quepamos todos". Pedro Casaldáliga (obispo emérito, Brasil).

24/11/2007 .El Periódico

LA IMPORTANCIA DE LA POLÍTICA

El republicanismo cívico
No es la existencia de un rey lo que hace que España no sea una república, sino el incumplimiento de requisitos de calidad democrática.
1. • Pese a la confusión que sigue creando el término, hay algo claro: es la perfección de la democracia

SILVIA ALCOBA
ORIOL Bohigas*
El libro A los príncipes republicanos. Gobernanza y desarrollo desde el republicanismo cívico, que no hace demasiado que corre por las librerías especializadas como una novedad interesante, tiene, entre otras virtudes, la de la oportunidad. Son más de 700 páginas dedicadas a la reivindicación de la política, a la definición y exégesis del republicanismo cívico, a la conceptualización de la "gobernanza" y a los problemas de la globalización y el desarrollo, con referencia precisa a algunos países de América Latina.
El libro ha sido publicado por el Institut Internacional de Governabilitat de Catalunya y el Instituto Nacional de Administración Pública. Prácticamente todos los textos que se incluyen en él son artículos publicados en los últimos años en la revista Gobernanza, reordenados según temas comprensivos, bajo la coordinación de Joan Prats, que también es el autor de la mayoría de ellos. Evidentemente, la exigencia cualitativa de los textos hace que el libro sea un documento para especialistas, pero la inteligente clasificación temática también lo hace útil para lectores que, como yo mismo, podemos seleccionar de él muchos apuntes de actualidad. A mí me han parecido interesantísimos y oportunos, por ejemplo, el tema de la defensa de la política --en un momento en el que, por todos lados y con participación irresponsable de muchos falsos profesionales, está en un momento de descrédito-- y, sobre todo, el de la definición del republicanismo, un término y unas ideas que en todas partes crean confusión.
En Conceptualización y elogio de la política, Joan Prats explica cómo esta, siguiendo las viejas afirmaciones aristotélicas, es la garantía de la democracia: es decir, de la libertad. Ya lo decía Franco: "Joven, haga como yo: no se meta en política". Porque se trata de una actividad "mediante la cual se concilian intereses divergentes dentro de una unidad de gobierno determinada otorgándoles una parcela de poder para el bienestar y la supervivencia del conjunto de la comunidad .... La política es una manera de gobernar sociedades plurales sin violencia innecesaria". Es decir, la política es la garantía de la democracia y el instrumento para evitar las dictaduras, las oligarquías y los grupos de presión. Franco lo entendió perfectamente, pero los nuevos apoliticismos lo han olvidado, sometidos a la estética del desinterés esnob y provocador. O apoyando maniobras de desguace en interés propio o para justificar la propia ineficacia.

ACONSEJOal lector que acuda a todos estos artículos de Prats, si quiere explicarse el fracaso de tantos políticos actuales --y tantos partidos-- que no cumplen su función y que juegan con el desprestigio de la política. Pero también si quiere mantener las esperanzas en que la política por sí misma puede mejorar la situación si la planteamos como un instrumento indispensable.
Una vez hecho esto, el lector puede pasar enseguida al otro tema básico del libro, que todavía me parece más oportuno: la definición del republicanismo cívico. "El republicanismo no se refiere a la forma de Estado, sino a la calidad de la democracia. El mundo está lleno de repú- blicas que ni siquiera son democracias. En cambio, algunas monarquí- as del norte de Europa contienen regímenes y culturas políticas más próximas a los ideales republicanos". Porque el republicanismo se basa en el establecimiento radical de la igualdad y, por lo tanto, es una forma específica de la democracia o, mejor dicho, la perfección de la democracia.
El republicanismo señala varios puntos fundamentales que pueden parecer muy generales, pero que son específicos: 1) Ningún ser humano debe ser dominado por otro; 2) Todos tienen el deber de construir la asociación política que hace posible la vida libre e igual; 3) La asociación política y la vida cívica preservarán la cohesión social y crearán las condiciones para el ejercicio de la libertad y la virtud; 4) Las leyes y las instituciones son obra humana y, por lo tanto, deben tener una base exclusivamente secular. Y muchas democracias no cumplen estas condiciones. Por ejemplo, España: no es una repú- blica, pero no porque exista un rey, sino porque no se cumplen casi ninguna de esas condiciones o se cumplen escasamente y en circunstancias aleatorias. Así, si la política es el instrumento básico para asegurar la libertad, el republicanismo cívico es el camino para exigir la igualdad; es decir, para lograr una plenitud democrática.

EL
LIBROque comento, como he dicho, plantea muchos otros temas que merecen, a buen seguro, el comentario de especialistas más directos. Sin embargo, aquí subrayo otro que me parece destinado a abrir debates muy interesantes: el concepto de gobernanza, que viene a ser el eje dialéctico de casi todos los textos y, por lo tanto, de los contenidos de la revista Gobernanza. Se trata de tender hacia la interacción entre los diferentes niveles de gobierno, y entre estos y las organizaciones empresariales y, en general, las actuaciones conscientes y participativas de la sociedad civil. Es decir, un gobierno de la red pública-privada-civil a lo largo del eje local-global. Así, pues, cuando hablamos de los problemas políticos del país en estos momentos tan complicados quizá deberíamos poner sobre la mesa las propuestas del republicanismo y de la gobernanza.

* Arquitecto.

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“NO APOSTATO, PERO ME DOY DE BAJA”


Por Juan Luis Herrero del Pozo

Teólogo (*)

Acabo de solicitar a mi abogado que exija a la curia diocesana de esta diócesis, al amparo de la normativa de protección de datos y de la declaración de la Audiencia Nacional de 18/120/07, ser dado de baja en los ficheros de la iglesia católica romana.



Este hecho en ningún caso podrá interpretarse por esta organización eclesiástica como un acto de apostasía. Al contrario, mi decisión se debe precisamente a que no entiendo, en este momento, cómo conciliar la pertenencia a esta institución con mi aceptación radical del evangelio de Jesús. Me explico:



La beatificación de los 498 mártires de este sábado es la gota que colma el vaso de mi indignación ante los comportamientos de la cúpula jerárquica, mundial y española, en todos los ámbitos, religioso, social y político.



La exaltación de estos pretendidos mártires es un error y posiblemente una maldad religiosa y ética : 1) propone a la veneración de los fieles a 498 personas sin las debidas cautelas de investigación veraz y transparente del proceso canónico, 2) disfraza como acto religioso una decisión de intencionalidad y contexto evidentemente políticos, 3) su presunto sentido religioso queda en entredicho al no mediar una petición pública de perdón por el compromiso, bendición y colaboración jerárquicos descarados a favor de la rebelión militar de las derechas en la guerra 1936-1939 contra el gobierno legal y legítimo, 3) discrimina entre mártires de una religión particular y mártires de la honestidad y rectitud de conciencia abundantes entre los vencidos, 4) con el apoyo de entonces y de ahora a la derecha política perjudica gravemente la cohesión de la misma comunidad cristiana; y, simultáneamente, 5) propicia la crispación de los propios ciudadanos en general mediante los mensajes partidistas a través de sus órganos de expresión, en especial, la cadena de televisión de la conferencia episcopal española (COPE).



Esta beatificación (al igual que otras anteriores) se inscribe en el contexto del acoso permanente a la democracia española y a sus legítimas instituciones por parte de la jerarquía católica de este país. Tal pertinaz actitud antidemocrática además del retorno a los vicios de iglesia de cristiandad ofrece una imagen abominable de iglesia por la inequívoca traición a su misión y al simple ideal de honestidad humana.



Me niego, pues, a figurar entre los miembros de esta institución sin por ello renunciar a mis creencias religiosas. De forma análoga pero más aguda y radical a la de un convencido socialista que viera traicionados sus ideales por una organización del mismo nombre.

***** *********** *****

Sin concluir estas líneas he asistido a la proyección del film “Las 13 rosas”. Confieso que lloré amargamente, con un nudo en las entrañas, ante los indecibles sufrimientos, el valor humano, la rectitud de conciencia y la grandeza de espíritu de tantos ciudadanos inocentes asesinados por la dictadura franquista, una vez concluida la guerra civil española.

Logroño, domingo 28 de octubre de 2007.+ (PE)

(*) Juan Luis Herrero del Pozo, nació en Logroño en 1934. Estudió teología en Argel y Túnez con los Misioneros de África (Padres Blancos). Se doctoró en Teología en Roma. Desde 1960 a 1972 trabajó en diversas parroquias y como profesor de teología en diferentes centros del Instituto Misionero en África y Europa. Se seculariza en 1972.

Entre 1975 y 1977 fue secretario provincial en el PSOE de La Rioja y candidato al Congreso en las primeras elecciones libres. De 1993 a 1997 colabora en Madrid en la fundación de la Plataforma del 0'7% PIB. Participó en cuatro huelgas de hambre. Escribiú numerosos artículos. Entre sus libros se encuentra “Religión sin magia”.



Nota. PE/Ecupres publicó la nota “Teólogo Juan Luis Herrero del Pozo en Buenos Aires” -PreNot 6797del 070801-. En ella se decía que

- Sobre su pensamiento se puede tener una orientación con el comentario que se publica en la contratapa del libro “Religión sin Magia”:

“El pensamiento mágico nace incrustado dentro del sentido religioso de todos los tiempos. Es como el gusano de la carcoma que avanza insidiosamente y, para cuando se deja notar, ya ha construido miles de galerías que han vaciado la madera y fragilizado el edificio hasta hacerlo caer. La entera edificación de las iglesias cristianas, su entramado de dogmas, sacramentos, leyes y estructuras está roído por la carcoma de la magia y no tienen futuro. Es estéril y hasta nocivo el esfuerzo institucional por apuntalar el edificio... Sin embargo, el inevitable derrumbamiento de la Iglesia no arrumba la esperanza de ver reverdecer en el desierto el testimonio revolucionario del Maestro de Nazaret. Glosando al teólogo Tillich: ¨Jesús resucitará de la tumba de esta iglesia¨” Así de radical se expresa el autor de esta obra, que replantea a fondo el futuro del cristianismo para liberarlo del talante mágico que se le ha adherido a lo largo de los siglos”.-



Nota Referencia. PreNot 6984 del 071029 “Beatificación de mártires de un solo lado”.





PreNot 6986

071030








07/10/30 - PreNot 6986

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EL BUEN SAMARITANO Y LOS HOMBRES DE LA RELIGIÓN.

José María Castillo, teólogo

Fe Adulta
Queridos amigos de feadulta.com:
Acabo de leer el texto del comunicado que han hecho los responsables de la Parroquia de San Carlos Borromeo. Y en esta tarde del sábado, víspera del domingo en el que la liturgia de la Iglesia nos presenta la lectura de la Parábola del Buen Samaritano, quiero sumarme a las muchas personas de buena voluntad que sintonizan con la Parroquia con una reflexión que me parece fundamental sobre la parábola del evangelio de Lucas.
La parábola propiamente tal se reduce al relato del hombre apaleado y socorrido por el samaritano (Lc 10, 30-35). Para comprender lo más radical que enseña esta parábola hay que despojarla de la introducción (la pregunta del jurista) y la conclusión (la práctica del amor al prójimo). Los mejores comentarios sobre la parábola lo hacen así. Porque la introducción y la conclusión han desviado la atención de la enseñanza central que, en este texto sorprendente, nos ofrece el Evangelio.
Tal enseñanza no se reduce a la práctica del amor al que sufre. Eso, que es tan excelente y tan necesario, es sólo parte de la enseñanza del relato.
El relato va más al fondo de lo que ocurre en la vida de mucha gente y en la sociedad. Y el texto escueto de Lucas 10, 30-35 lo que enseña es que “los hombres de la religión” tienen el corazón más duro que el “más indigno de los indignos”, que, en aquella cultura, era el “samaritano”.
Porque son los hombres de la religión, precisamente ellos, los que pasan de largo, dejando al desgraciado en la cuneta del camino. Y no vale decir (como se ha dicho tantas veces) que hicieron eso “por llegar temprano al templo”. Baste tener en cuenta que el texto dice que el sacerdote y el levita “bajaban”. Y bajar, en aquella cuesta, era ir de Jerusalén a Jericó. El templo no estaba en Jericó, sino en Jerusalén.
O sea, más bien se puede pensar que venían del templo. Y lo que hizo el templo fue helarles más el corazón. La religión endurece el corazón porque lo satisface con la observancia de los ritos. Y porque crea una autoconciencia de “persona recta”, que es falsa. La “rectitud” se demuestra solamente en el comportamiento que tenemos ante el sufrimiento humano.
Me escandaliza ver que son demasiados los “hombres de la religión” de ahora que siguen haciendo lo que hacían los del tiempo de Jesús. Se preocupan más por la observancia de los ritos que por el dolor de las víctimas. Mientras eso no se corrija, seguimos más el ejemplo de los sacerdotes, que Jesús rechaza, que del samaritano al que Jesús presenta como modelo.
El samaritano era el hombre laico de entonces. El hombre para el que los ceremoniales religiosos no eran lo primero en la vida. Y, después de todo lo que ha ocurrido en la parroquia de Entrevías, parece bastante claro que los que quieren cerrar la parroquia están más cerca del sacerdote y el levita que del samaritano.
Con un saludo cordial y unido a vosotros,
José M. Castillo

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LIGEROS DE EQUIPAJE
BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ
TRES CANTOS (MADRID).

ECLESALIA, 09/07/07.- “Profanar la eucaristía supone un desprecio a la muerte del señor”, advertía en la homilía del Corpus Cristi el cardenal Rouco, arremetiendo contra las eucaristías de los sacerdotes de San Carlos de Entrevías, ilegales (canónicamente). Y el cardenal primado, Cañizares, lamentaba que la iglesia “con tantos grupos y tendencias", "parece como desgarrada o hecha jirones”; lo decía en los desfiles procesionales del Corpus (declarados de Interés Turístico Internacional), donde se exhibe una descomunal custodia de 18 kilos de oro y 183 de plata, con desfile del ejército incluido (“sin duda el más aplaudido” decía una nota de prensa). Un día antes, en Roma, el Papa recibía en los palacios de la Sede de Pedro al presidente Bush que “venía a Roma (“como en anteriores ocasiones”) a escuchar lo que el papa tenía para decirle”. El emperador del momento regaló al papa un cayado con los mandamientos. “Un acto subliminal; en el Antiguo Testamento fue Dios quien entregó a Moisés la piedra con los mandamientos. Ahora es Bush quien se los entrega al papa” observaba un amigo. Y, en la marginal “Galilea de Entrevías”, en el templo “rojo” de San Carlos Borromeo, el párroco recordaba, en la eucaristía del Corpus, la denuncia de Pablo sobre las eucaristías prostituidas de los Corintios: había unos que cenaban abundantemente mientras que a otros apenas les llegaba. Es decir, sin comunidad, sin compartir, no hay cena del Señor.
El cristianismo incipiente sobrevivió a pesar de la persecución sufrida de manos del omnímodo poder religioso. Tras la muerte de un justo, Esteban, aprobada por el joven fariseo ultra integrista Saulo de Tarso, se produjo la gran espantada: “Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén... Pablo de Tarso hacía estragos en la Iglesia; entraba por las casas, se llevaba por la fuerza hombres y mujeres, y los metía en la cárcel” (Hch 8, 1-4). De aquella diáspora nació la Comunidad de Antioquia de la que Pablo (el paradigma de conversión al evangelio) se ocupó un año catequizándola. Llena de gentiles, vivían el evangelio libre del yugo de la Ley; en sus primeros años, fue una comunidad de referencia para Pablo. Hasta que los legalistas se infiltraron. El mismo Pablo, sintiéndose cuestionado, decide ir a Jerusalén (“Concilio” de Jerusalén) donde salió reforzado. Fue fundamental el apoyo de Pedro: quedó claro que lo que importa no son los ritos, ni las prácticas legales sino la conversión al evangelio. Es decir, la eucaristía, por ejemplo, no es un cumplimiento dominical obligatorio, ni un ritualismo, sino una gracia. Según el autor de las catequesis que aquí menciono (el cura Jesús López Sáez), se deduce que la comunidad de Antioquia dejó de ser una referencia para Pablo que, a excepción de la carta a los Gálatas, con su famosa reprensión, pública, a Pedro -“tuve que enfrentarme con él cara a cara, porque era digno de reprensión....” (Ga 2, 11-14)- deja de mencionarla (ver “Comunidad de Antioquía”, www.comayala.es).
Uno de los mejores test para discernir ciertos modos de proceder de la institución eclesial, es contrastarlo con las fuentes, con las comunidades primitivas. ¿Olvidamos que también ellas sufrieron los mismos problemas? Que San Pablo fue cuestionado por los que él llamaba los “falsos hermanos”, los legalistas; o que él tuvo que enfrentarse a Pedro, en Antioquia, porque también él empezó a flaquear, a nadar y a guardar la ropa, cediendo ante los integristas; o que “la comunidad de Jerusalén es la primera comunidad cristiana, el modelo de lo que debe ser la Iglesia. Así lo entendió Juan XXIII al convocar el concilio para devolver al rostro de la Iglesia ‘los rasgos más simples y más puros de su origen’ (...) La primera comunidad cristiana tiene su origen en la misión de Jesús, que empieza en Galilea de los gentiles (Mt 4,15) y termina en Jerusalén (...) Pedro y Juan comparten con los suyos las amenazas recibidas (...) El templo nacional no aguanta la sacudida del terremoto. Se desploma la autoridad de los dirigentes religiosos. El nuevo templo es la comunidad” (ver “Comunidad de Jerusalén”). Frente al yugo del templo, el cristianismo nace como experiencia de liberación. La libertad, en general, siempre termina por ser agredida; al final la involución se impone, se comentaba en el diálogo tras la catequesis de Antioquía.
En los orígenes, en el atrio de los gentiles, en los aledaños del Templo, un tullido (un excluido social) experimenta una sorprendente curación (Hch 3,2-13), con la mediación de un tal Pedro, galileo temperamental y controvertido, sin estudios teológicos, ni cultura, y uno de los cabecillas de la comunidad galilea del profeta disidente que hablaba contra el templo y anunciaba por los caminos que Dios reina ya. “Hoy el tullido (del relato de Hechos) podría ser un parado de larga duración”. O una familia desestructurada, rota por la droga, con uno o varios hijos fallecidos. O el emigrante sin papeles, explotado, trabajando de sol a sol y sin descanso dominical en las obras de la M-30 y que, justo tras la macro inauguración, es descubierto por la Inspección de trabajo. Posiblemente su patrón o el intermediario de la subcontrata, sean gente devota, cumplidora con el rito de misa de doce.
Aquellas autoridades religiosas, celosas, se alarman ante el poder de aquellos don nadie, sin plataformas. Les prohíben hablar en nombre de Jesús. Pero ellos no se achantan: Juzgad si es justo delante de Dios obedeceros a vosotros antes que a Dios... Justo el pasaje que misteriosamente tocaba cuando falleció Juan Pablo II (Hch 4,13-21), el “Papa estrella” cuya “muerte por entregas filmada en directo” convirtieron los alrededores del Vaticano en “el plató de TV más caro del mundo”; en cuyos fastuosos funerales (rodeado de todos los poderosos de la tierra) se invirtieron (junto a la elección de su sucesor) 7 millones de euros.
El extraño poder de aquellos apóstoles, tan ligeros de equipaje, a quienes se acercan más “lisiados” y gentiles que gente devota, acrecienta el celo de las autoridades religiosas y cumplidores de la Ley que, temerosos de perder influencia, actúan como comisarios políticos y enchironan al grupo. Por segunda vez el sanedrín les interroga: “¿No os prohibimos terminantemente hablar de Jesús?”. Pedro y su equipo repiten: ‘Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,28-29). Y, de paso, les recuerdan que ellos (con su religión del rito, de la norma) colgaron al profeta laico del madero. Los jefes, llenos de rabia, planifican liquidarlos. Pero Gamaliel, un fariseo doctor de la ley, interviene con sensatez: Mirad bien lo que vais a hacer con estos hombres. Si es cosa de hombres, se destruirá, pero si es de Dios, no conseguiréis nada. De nuevo citan a los apóstoles, les azotan como escarmiento y les sueltan pero conminándoles a no hablar más de Jesús, el profeta “blasfemo” y disidente entregado por ellos a Pilatos.
Hoy, 2.000 años después, el derecho canónico –con ¡el triple de normas que la Torá!- hace pequeño a San Pablo, el apóstol de la libertad del cristiano que catequizaba que lo que salva no es cumplir la Ley (el rito, adorar las custodias de plata ...) sino creer que Jesús es el Señor (Ga 2,16-21). Las autoridades religiosas, muy entregadas en defender el aparato como un fin en sí mismo, confunden comunión con sumisión: se sigue dando ultimatuns, se niega la posibilidad de réplica o se cierran al diálogo (en cambio, a los emperadores que planifican guerras buscando intereses económicos o crean Guantánamos, siempre se les recibe en palacio). Se condenan las eucaristías participativas, y abiertas a todos, donde la comunidad tiene más importancia que el cura o la norma. A los teólogos “díscolos” se les pone en la lista negra, se les advierte, o se les retira la licencia. Y a los catequistas que sugieren que no habría sido ninguna deshonra para la divinidad de Jesús, que él hubiera nacido en una familia normal con hermanos, se les expulsa de la parroquia. Y qué difícil lo tiene el cura, o el laico, que se atreve a denunciar alguna verdad incómoda.
En la liturgia se absolutizan cosas relativas. Así, en los orígenes, cuando las eucaristías se celebraban en las casas, “La expresión fracción del pan (el nombre más antiguo de la eucaristía) permanece en uso mientras la eucaristía se celebra en el marco de una comida. Se llama también cena del Señor (1 Co 11,21). En ese marco, dice San Pablo, no se ha de rechazar ningún alimento que se coma con acción de gracias, pues queda santificado por la palabra de Dios y por la oración (1 Tm 4,4-5). La comida de pan y pescado que el Señor resucitado da a los siete discípulos (Jn 21,13) aparece en el arte cristiano primitivo como expresión eucarística”. Lo importante no es lo que se coma sino lo que se celebra. Homilía significa diálogo, compartir experiencias: “Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para edificación” (14,26). Podéis profetizar todos por turno (14,31). Todo ha de hacerse con decoro y orden (14,40). Los problemas de división en la comunidad afectan al sentido de la eucaristía, al discernimiento para ver el paso del Señor (ver “Eucaristía, la cena del Señor”).
En el atrio de los gentiles, junto a la puerta hermosa del templo, comenzaron los apóstoles su misión. Sabían que su Maestro no se sentía incómodo entre la gente no devota, marginal de la sinagoga, “periférica”, y de “mala vida” que se le acercaba, buscando liberación. Y que las distancias, las precauciones, o sus diatribas y momentos de indignación, los reservó para el estamento de los puros y doctos, a los que acusó de hipócritas y cosas bastante más duras (Mt 23, 1-32); o para quienes, al abrigo de la religión, montaban negocios paralelos. Él siempre estuvo abierto al diálogo, lo que no quería decir que Él tragaba con todo: había unos mínimos en su programa. Pero él no condenaba, perdonaba proponiendo la conversión, como en el caso de la mujer samaritana, o como cuando Natán, el profeta, que tenía buena memoria y no se calló, le recuerda al poderoso rey David lo que había hecho con Urías, su general, para birlarle a su mujer. Los legalistas, que acusaron a Jesús de comedor y bebedor, o de que se sentaba y comía con pecadores y relativizaba el templo de piedra, se echaban las manos a la cabeza y se rasgaban las vestiduras. Para él lo importante no estaba en cumplir el rito, ni las bellas ceremonias de “religiosidad egipcia”, sino recuperar a oveja perdida y al hijo pródigo. “¿Sabéis por qué llaman a Roma el ‘depósito de la fe?” (preguntaba un cura, desenfadadamente, en el templo Entrevías). “Porque el que va a Roma la pierde”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
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Ciudadanía antes que teocracia
Abdennur Prado

El País 6 de mayo 2007

El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) ha visto cómo el Tribunal Constitucional de Turquía anulaba la designación de su candidato a la presidencia del país, una decisión presentada como la enésima muestra de la tensión entre laicismo y religión. Pero no nos confundamos: en realidad, el AKP es un partido cercano a las democracias cristianas europeas, en cuyo programa no figura la idea de crear un Estado islámico, sino la de avanzar desde un laicismo excluyente de lo religioso hacia una laicidad más inclusiva.

Para encontrar un islamismo refractario al laicismo hay que fijarse en aquellos movimientos que en el mundo islámico reivindican la aplicación de la Sharia (ley islámica) como solución a los males que padecen sus países. Tras el fracaso del panarabismo y la deriva de los regímenes laicos hacia el totalitarismo, el aumento del componente religioso en la política de muchos países del Tercer Mundo se presenta como una lucha por la liberación cultural, la representación política y un desarrollo más equitativo.

El problema es que cuando estos grupos hablan de aplicar la Sharia, suelen remitirse a la jurisprudencia del periodo clásico del islam, codificada en un contexto patriarcal y autoritario. En la práctica, esto conduce a la implementación de la pena de muerte, castigos corporales, y toda una serie de leyes discriminatorias hacia la mujer, los homosexuales y las minorías religiosas. Los promotores de esta concepción anacrónica de la Sharia viven obsesionados con "reislamizar la sociedad", inmiscuyéndose en todos los ámbitos, ahogando el pensamiento crítico y condenando a sus países al subdesarrollo. Para muchos musulmanes, esta política conduce a la destrucción del islam, transformado en una religión de Estado. La única salida pasa por superar la tentación de construir un Estado islámico, y aceptar que las leyes deben basarse en valores universales y no en la imposición de ninguna religión. Sin libertad de conciencia no hay progreso. Esto es más conforme al islam, tal y como muchos lo entendemos.

La problemática de la Sharia nos remite a la tensión entre lo global y lo local, en la cual la religión juega un papel cada vez más grande. Desde esta perspectiva, podemos realizar una comparación entre el discurso islamista y el de la Conferencia Episcopal Española (CEE). En ambos casos nos encontramos con un repliegue identitario, que defiende la supremacía de una religión como algo esencial para la supervivencia nacional. Así, el cardenal de Toledo, Antonio Cañizares, afirma que "una España unida sería una España más católica" porque el país "tiene su origen en la fe, en la unidad católica". Lo mismo sostiene el arzobispo de Madrid, Rouco Varela:"Muchos apuestan por una España no católica, pero en el fondo el alma de España vibra a través de la historia de su conciencia, de su cultura, de todas las épocas gloriosas de su Historia... España será católica o dejará de existir como tal".

No nos equivoquemos a la hora de identificar los problemas. En la España de principios del siglo XXI nadie, ningún colectivo medianamente representativo, invoca la Sharia, ni los castigos corporales, pero, en cambio, sí hay fuerzas poderosas que defienden que todos los ciudadanos sean gobernados según la moral católica. Si alguien tiene dudas, que lea la instrucción pastoral Orientaciones morales ante la situación actual de España, del 23 de noviembre de 2006, donde la Conferencia Episcopal defiende "la unidad histórica, espiritual y cultural de España", afirmando el derecho de los ciudadanos a ser gobernados según este criterio religioso (la pastoral dice: "De acuerdo con un denominador común de la moral socialmente vigente fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo"). La Conferencia Episcopal rechaza algunas leyes aprobadas por el Parlamento -divorcio, aborto, matrimonios homosexuales- con el argumento de que constituyen "una desobediencia a los designios divinos" y son contrarias al "patrimonio espiritual y moral históricamente acumulado".

El carácter arcaico de este discurso salta a la vista. A principios del siglo XXI parece claro que las narrativas tradicionales de formación de las identidades nacionales no nos sirven como instrumento para lograr la cohesión social, sino todo lo contrario. y esto es tan válido para Irán como para España. No olvidemos que si nuestro país ha sido durante siglos mayoritariamente católico, no lo ha sido libremente, sino a través de la expulsión de judíos y de musulmanes, la persecución de cristianos unitarios, y a leyes tan aberrantes como "los estatutos de limpieza de sangre" (que no sé si forman parte del "patrimonio espiritual" reivindicado por la Conferencia Episcopal).

En un sistema democrático, ninguno de los campos en los cuales existen identidades diversas puede erigirse en un elemento válido para definir la identidad colectiva: Esto es aplicable a la raza, la religión y la ideología.. Un país que sitúa lo étnico como un fundamento de su cohesión, es un Estado racista. Un país que sitúa por encima una ideología es un Estado totalitario. Un país que sitúa una religión como fundamento es un Estado teocrático. Esto conduce a la exclusión de quienes no profesan dicha religión, creando una fractura en el seno de la sociedad.

Frente a estos modelos, la secularización ha generado el concepto de ciudadanía, basado en valores de corte universal, como son la propia democracia, los derechos humanos, la libertad de conciencia, la justicia social y la igualdad de género. Estos son los principios éticos y jurídicos a través de los cuales es posible lograr la cohesión social, con independencia de la religión, la etnia o la ideología de cada ciudadano.

Si realmente queremos una España socialmente cohesionada, ayudaría mucho que la Conferencia Episcopal se emancipara de un modelo de Estado-nación basado en el catolicismo. Como musulmán español, me atrevo a afirmar que con ello saldrá ganando el propio cristianismo. Como saldrá ganando el islam el día en que los mal llamados estados islámicos superen el modelo identitario basado en la supremacía del islam. Sólo entonces podremos unirnos en la construcción de una sociedad civil a escala planetaria, capaz de hacer frente a los abusos de la globalización neoliberal.
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Abdennur Prado es presidente de Junta Islámica Catalana y autor de “El Islam en democracia”.

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Francisco Pelayo, científico del CSIC
«La Iglesia está controlada hoy en día por integristas católicos»
RD
Miércoles, 12 de julio 2006
«Veo que la Iglesia católica actual está controlada por integristas que son los que tienen el poder, quizás porque están ahí desde el anterior Papa, Juan Pablo II. Y ésos son los que indican qué estrategia seguir contra el gobierno de Zapatero, porque, evidentemente, a ellos no les ha gustado la legalización de los matrimonios gays, entre otros temas», reflexionó ayer Francisco Pelayo López, científico titular del CSIC.

Dentro de la ponencia sobre 'Iglesia, fundamentalismo cristiano y laicización de la ciencia', se abordaron ayer los conflictos existentes entre la Iglesia y la ciencia, desde una perspectiva histórica hasta la actualidad. En este sentido, Pelayo López dijo, en alusión a la reciente visita del Papa Benedicto XVI, «que los obispos han aprovechado para criticar a Zapatero de cierto fundamentalismo laico, lo cual me parece sacar un poco las cosas de quicio. Yo vengo de Valencia y pude ver que la mayoría de los asistentes eran los grupos más integristas: Opus Dei, los Neocatecúmenos de Quico Argüello, Comunión y Liberación, y los Legionarios de Cristo».

Es evidente la actualidad de este tema en España en un momento histórico de transición de un Estado confesional a uno aconfesional. Las relaciones Iglesia-Estado y los temores existentes ante los nuevos retos que plantea el futuro, como la clonación, los matrimonios gays, el conflictivo uso del preservativo, entre otros temas, son puestos sobre la mesa en la sede de Reocín.

Miedo a la evolución

«Hay cierto temor a la evolución y hasta dónde se puede llegar. También es cierto que la ciencia tampoco nos da explicaciones a todo, pero lo que no se puede poner son tantas limitaciones al desarrollo científico. Ahí está el caso de la clonación, de los problemas de bioética que plantea y hacia dónde nos conduce. A priori no podemos poner obstáculos a ese tipo de investigación», resume el científico.

El eje temático del seminario que se desarrolla a lo largo de esta semana se centra en el establecimiento de las condiciones políticas, jurídicas y sociales idóneas para el pleno ejercicio de la libertad de conciencia, así como profundiza en el análisis riguroso de su grado actual de desarrollo y los conflictos entre la religión y la ciencia. Para Pelayo López, las desavenencias entre ambas aparecen cuando la ciencia se independiza de la religión «y este hecho es el que ha propiciado el conflicto, no tanto por parte de los eruditos, sino porque la Iglesia tiene un libro que es la Biblia y ahí se establecían cuáles eran las causas del origen del Universo. En el momento en que se proponen explicaciones alternativas, es cuando surgen las discrepancias».
Zapatero hizo bien en no ir a misa

Ha sido noticia la ausencia del actual Presidente del Gobierno, Jose Luis Rodríguez Zapatero, en la reciente misa papal en Valencia. Es el primer Presidente del Gobierno español que “no va a misa” en una visita del Papa a suelo español. Alguna vez tenía que ser.

A un acto institucional se va por el cargo que se representa. A uno religioso por convicción personal. Salvo excepciones contadas con los dedos de la mano (ceremonia religiosa por una atentado terrorista, por ejemplo, y que no sea monoconfesional ¡por favor!) ambas áreas no deben nunca mezclarse por principio.

Zapatero recibió y estuvo en un encuentro oficial con el líder religioso mundial que es el Papa de Roma. Como lo son también (a otro nivel) Desmond Tutu (protestante), o el Dalai Lama, por ejemplo.

Pero, al margen de ese equilibrio extraño que siempre guarda el Vaticano entre ser Estado y a la vez cabeza de la Iglesia católico-romana, es evidente que el encuentro de obligada atención y diálogo por parte del Presidente del Estado español no implica que posteriormente asista a una ceremonia religiosa que oficia el Papa.

Por la misma razón, debería asistir obligatoriamente Zapatero en su calidad de Presidente del Gobierno a un culto anglicano si viene Desmond Tutu, a una meditación oriental acompañando al Dalai Lama, o a un canto coránico si es una autoridad religiosa musulmana la que llega. Todo un despropósito.

Otra cosa es que a nivel puramente personal se identifique o simplemente le interese asistir a una ceremonia concreta, algo que entra plenamente dentro de sus derechos como ciudadano, pero no en sus deberes como Presidente del Gobierno.

Es tan sencillo que chocan las reacciones de quienes han denunciado su inasistencia a la misa papal, olvidando que desde que se dijo aquello de que “París bien vale una misa” ha pasado mucho tiempo. Ya no son los Papas quienes ponen y quitan autoridades (aunque en España lo intentan algunos de sus seguidores).

Dicho sea de paso, tampoco asistió a pesar de tener un lugar reservado en la misa del Papa Jose María Aznar, ex-Presidente del Gobierno, por otras ocupaciones. Y éste sí que se identifica (al menos lo hizo en el viaje de Juan Pablo II a España) con el catolicismo ¿Será que sólo le interesaba la misa-foto con el Papa cuando era Presidente de Gobierno? Estaríamos en el otro extremo: el uso político de la religión, lo que no es extraño ya que es el mismo que hacen algunos señores obispos, que aún creen que España está bajo su autoridad moral y espiritual.

Que el Gobierno actual no nos imponga una moral y forma de vivir común y única, sino que deje a cada cual obrar en conciencia, conviviendo en respeto dentro de las diferencias que existen; y que hagan lo mismo la Iglesia católica y los políticos que simpatizan o se alían con ella (mayormente los de la derecha española).

Sólo así podremos vivir en paz, o al menos pacíficamente. Y lo dicho, Zapatero hizo bien en no ir a misa.
© ProtestanteDigital.com (España, 2006)
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