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Práctica y Argumento
¡Excepcional!
. Se trata del testimonio directo y estremecedor de la Madre Agnes-Mariam de la Cruz.
Mondialisation.ca
Centre de recherche sur la mondialisation
Ultimas noticias de Siria.ca

Para quien todavía siga creyendo a pies juntillas lo que los grandes medios de Occidente nos dicen sobre Siria, sobre “el heroísmo de la oposición democrática”,(machacada hasta el extremo por Bsahar El Assad) que lea esta información y descubrirá lo que ya muchos hace tiempo sabemos: la oposición está importada y armada desde fuera, coodinada y protegida por países y presidentes de Estados de Derecho. Está nutrida de bandas o escuadrones que asedian, roban, queman, bombardean, matan y matan cruelmente a cuantos no se pasan a la oposición.
Y nuestra prensa exhibe a diario , en grandes espacios y titulares, como ideales y derechos humanos triturados, lo que es terrorismo disfrazado. Benjamín Forcano
 
Agnès-Mariam de la Croix
En vísperas de la Semana Santa donde nosotros contemplamos al Cordero de Dios horriblemente tratado por el pecado del mundo que él lleva para salvarnos, voy a daros noticias frescas  de nuestra diócesis.
Es nuestro deber informaros sobre el verdadero desarrollo del conflicto en Siria. Lo hacemos a fin de que la opinión pública haga presión para evitar penalidades a la población civil siria.
Noticias de Qâra
Más de  300 familias sunnitas  de Baba Amro  están refugiadas con el vecindario y ayudadas por los miembros de la oposición local. Nosotros hacemos lo que podemos para ayudarlas. Yo estoy comprometida personalmente con la liberación de  70 militantes encarcelados después del paso  del ejército sirio por nuestra ciudad. He clamado alto y fuerte mi desaprobación con los métodos empleados con algunos prisioneros. Se les ha apalizado  para hacerlos confesar  supuestos daños unidos al terrorismo de las bandas armadas. Nuestro tallador de piedra ha perdido también su dentadura.
Nosotros hemos declarado nuestro monasterio abierto para recibir a los refugiados y a los damnificados.  Nos hablan de unos cien niños de entre 1 y 10 años  que han sido retirados  de entre los escombros  de Baba Amor, cuyos familiares aún no han sido encontrados. Nosotros tratamos de ayudarles y, quizás, una vez que estén en regla los papeles, recibamos a algunos en nuestra casa. Esto dependerá del ministerio de asuntos sociales.  Aquí también los donativos son bienvenidos.
Noticias de Homs
En Homs, ciudad de un millón de habitantes, los dos tercios de la población han huido del lugar. Más del 90% de los cristianos han sido forzados a partir, a menudo sin tener tiempo de llevarse nada.
Cientos de familias cristianas han abandonado  su provincia para refugiarse en la Vallée des chrétiens (Valle de los cristianos), en Damasco o en la provincia. Vuestros donativos llegaron bien y han sido distribuidos. ¡Muchas gracias!  Cuando nosotros podamos acoger al párroco de Bab Sbah, en Homs, él nos dará la lista de familias beneficiarias. Mientras podáis continuar ayudándonos vuestros donativos llegarán fielmente a su destino.
Algunas familias han retornado para vigilar sus bienes. Una de entre ellas cuenta este episodio rocambolesco: « Nosotros abrimos la puerta y, he aquí, el salón está lleno de gente. Ellos llevan nuestros pijamas y comen en nuestros platos. Desconcertados nosotros los miramos fijamente. Incómodo, su líder nos dice: « Cuando quiera usted volverá a su casa ». Pero la realidad se impone.  Es preciso dejarlos hacer y rendirse a la evidencia. Nuestra casa ya no es nuestra ».
¿Por qué afirmamos que estas gentes han sido « forzadas» a partir? Porque progresivamente pero eficazmente la rama armada de la oposición siria ha operado lo que podríamos llamar una « redistribución demográfica ». Valiéndose de los francotiradores y de los actos de agresión criminal  ellos han hostigado  a la población civil no aceptada: las minorías alauitas, cristianas, chiitas y muchos musulmanes « moderados » que no han deseado participar en actividades disidentes.  Esto no es un genocidio masivo sino una liquidación en pequeños focos.
Desde agosto de 2011 y más particularmente desde noviembre donde nosotros hemos visto la situación con nuestros ojos visitando Homs y Kusayr, tenemos informaciones seguras y contrastadas de actos de barbarie hacia la población civil para obligarla a desistirse de la vía cívica ordinaria y paralizar así las instituciones del Estado.
Desde el principio del año escolar los malos tratos repetidos han sido registrados contra los establecimientos escolares: secuestros del cuerpo de enseñantes, maestros y maestras, persecución de escolares, incendio de escuelas o su bombardeo. Esto ha conducido progresivamente al cierre de escuelas después de las universidades.
Las minorías presentes en los barrios bajo control de bandas armadas afiliadas a la oposición siria han sido blanco permanente de exacciones: sus bienes han sido saqueados, sus coches requisados, muchos de entre ellos han sido hechos rehenes  por la simple razón de pertenecer a una minoría religiosa y no han sido liberados  mas que contra un rescate (lo que ha provocado el fenómeno de  contra-kidnapping,  con negociaciones a varias bandas  para la liberación de los rehenes en vis-à-vis).
Igualmente todos los actores de la vida civil han sido un objetivo preferente del terrorismo camuflado en resistencia armada: los taxistas,  los mercaderes ambulantes, los constructores, y sobre todo los funcionarios de la administración civil han sido las víctimas inocentes de los actos que han sobrepasado el simple asesinato para revestir los aspectos más bárbaros del crimen gratuito: personas degolladas, mutiladas, desventradas, despiezadas, arrojadas en los rincones de las calles o en los basureros. No se ha dudado en tirar sobre niños a bocajarro para crear la angustia y la desesperación, como fue el caso del pequeño Sari, sobrino de nuestro tallador de piedra.  Estos actos atroces eran enseguida explotados mediáticamente  para imputar la responsabilidad a las fuerzas gubernamentales.
Nosotros hemos descubierto esta estratagema por nosotros mismos en una visita a Homs. Ese día nosotros hemos recontado un centenar de cadaveres que llegaban a los hospitals, víctimas del encarnizamiento gratuito de las bandas armadas afiliadas a la oposición.
Pasando por la avenida de Wadi Sayeh hemos visto un coche calcinado. Un hombre acababa de ser el objetivo de un atentado por parte de las bandas armadas porque él  se había negado a cerrar su tienda.  Su coche había sido dinamitado y él ha sido literalmente « cortado en trozos » y arrojado bajo el escaparate de su tienda.  En el momento en que nosotros pasábamos, la gente se estaba concentrando. Hemos sorprendido a muchos accionando sus teléfonos móviles. Ellos filmaban y nosotros hemos oído a uno de entre ellos  registrar estas palabras sin duda en la dirección de una de las cadenas vía satélite : « He aquí lo que sufren los ciudadanos sirios por parte de los escuadrones de la muerte de Bashar El Assad ». Nosotros hemos fotografiado este suceso y hemos seguido el despojo del pobre hombre muerto hasta el hospital.
Con la caída de Baba Amro, los combatientes y sus familias se han introducido subrepticiamente de Nazihin y Ashiri y han cercado los barrios cristianos de Warcheh y Salibi. Las casas de los cristianos han sido requisadas.
En Hamidiyeh y sus alrededores, hasta Wadi Sayeh y más arriba, Bustan Diwan, el mismo escenario se produce: Bandas armadas hacen partir a los cristianos, a veces con fuerza, y saquean sus casas, después las utilizan para instalar familias desplazadas sunnitas  o con fines militares. Nos cuentan que las bandas armadas han agujereado los tabiques que separan las habitaciones para poder circular  a través de los barrios sin salir a la calle. Barrios enteros han sido así transformados en blockhaus.
Últimas noticias del 30/3/2012
Los barrios de Bab Sbah, Warcheh y una parte de Hamidiyeh están vacíos de sus habitantes por las razones anteriormente expuestas. Bandas de terroristas islamistas invaden los lugares y se introducen en las casas, las saquean, después las queman, alegando que las fuerzas gubernamentales las han bombardeado. Los terroristas, antes de introducirse en los barrios habitados por las minorías confesionales los habían bombardeado ellos mismos con morteros, roquetas  o cohetes LAU de fabricación israelí.  Ellos se ceban con las poblaciones civiles no armadas y en los lugares en donde no existe ninguna presencia de las fuerzas regulares.
Es falso decir que la población civil está únicamente cogida entre dos fuegos. La verdad es que en numerosos lugares los barrios cristianos han sido el blanco  de un bombardeo sistemático de las bandas armadas  para  « vengarse» del hecho de que los cristianos no estaban en la cita de la oposición. Pero (en caso contrario)  ¿Habrían ellos escapado al apalizamiento confesional?  Nosotros lo dudamos.
Según la agencia católica Fides, la maniobra de las bandas armadas es invertir los barrios de mayoría cristiana del viejo Homs para reducirlos. Un gran drama se prepara: las bandas armadas han rodeado el barrio con explosives amenazando con hacerlo saltar todo si el ejército regular avanza.
Decimos que la confusion reina en cuanto a los verdaderos detentadores y afines de la rama armada de la oposición. Como hay numerosas facciones independientes las unas de las otras, sus exacciones tienen diferentes motivaciones. No es preciso precipitarse a discrepar de los testimonies de los cristianos que han experimentado una verdadera« persecución » en su contra. No es un misterio para nadie que los salafistas están activos en muchos lugares en Homs en particular y en  Siria en general.  Sin embargo también es verdad  que en general los cristianos no se enmarcan bajo el objetivo de una persecución sistemática y general porque los grupúsculos salafistas no están por todos los lugares.
Estoy traduciendo un artículo que aporta bastante claridad sobre la presencia de salafistas en Siria y en el Líbano.
Situación en  Kusayr
Kusayr es un gran pueblo de los alrededores de Homs, limítrofe con el Líbano. La situación ahí es dramática. Las minorías han sido blanco de terribles exacciones. Numerosas personas inocentes han perecido, abatidas a sangre fría. André Arbache, joven casado de 30 años ha sido secuestrado  y al día de hoy nada se sabe de él. Terroristas detenidos por las fuerzas de seguridad han confesado que había sido degollado según el ritual de « Nahhr »: método aplicado por Al Qaeda a los « renegados».
La familia cristiana Kasouha, mayoría en Kusayr, ha perdido numerosos de sus miembros, abatidos a sangre fría. Se habla de antiguos contenciosos. No impide que los cristianos hayan sido masacrados después de haber sufrido durante meses las imposiciones de las bandas armadas que, sin embargo, son  presentadas al mundo como facciones de valerosos resistentes que buscan instaurar la democracia. En realidad estas bandas armadas han aplicado la ley de la jungla: Ya sea porque ellas han buscado resucitar los viejos demonios de las fricciones intercomunitarias,  o sea porque ellas han tratado, también como en Homs, de desatar una guerra confesional.
Numerosos cristianos de Kusayr han sido asesinados, a veces despiezados, para incitar a la población a huir. Como todo esto no era  suficiente para desocupar Kusayr de sus habitantes cristianos, los terroristas han decidido  atacar abiertamente los barrios cristianos. Ellos los han batido con morteros y roquetas, después los han cercado, arrojando fuera a sus habitantes y matando a los recalcitrantes. Los inmuebles de los cristianos han sido sistemáticamente destruidos o quemados después de haber sido saqueados.
En los barrios más alejados que no han sido todavía cercados por los terroristas y donde muchos cristianos se han refugiado, las casas de los cristianos son el blanco contínuo de los morteros. Esto es de tal modo que el domicilio de nuestro cura,  Padre Georges Louis, ha sido golpeado de lleno por cuatro obuses que lo han destruido totalmente.
Es preciso recordar que estos bombardeos no se enmarcan en lo que es un intercambio de disparos con el ejército sirio sino que constituyen una agresión gratuita sobre una población civil no armada.
Los cristianos de Kusayr han oído muchas veces a los islamistas  afirmar que los comités de coordinación local han distribuido ya los bienes muebles e inmuebles de los cristianos a las familias sunnitas.
Algunos ejemplos significativos de actos salvajes perpetrados por las bandas armadas afiliadas a la oposición:
Cuando el ejército regular a apremiado Baba Amro los terroristas han reunido todos sus rehenes (alauitas y cristianos) en un inmueble de Khalidiyeh que ellos han dinamitado perpetrando una terrible masacre y atribuyéndola a las fuerzas regulares.  Incluso si este acto ha sido imputado a las fuerzas regulares, e incluido por la Liga Árabe, las pruebas y los testimonios son irrefutables: Se trata de una maniobra de las bandas armadas afiliadas a la oposición.
La familia  Al Amoura, del pueblo de Al Durdâk, en los alrededores de Homs, ha sido exterminada por los terroristas wahabites. Cuarenta y una personas de esta familia han sido degolladas el mismo día. Otra masacre ha sido perpetrada por el Ejército Libre de Siria en retirada de  Baba Amro: se han detenido cerca de Rableh, en la frontera libanesa y han masacrado catorce miembros de una misma familia alauita, en Hasibiyeh.
RETROSPECTIVA
He aquí que hace un año que estoy centrada sobre la situación en Siria para tratar de comprenderla. Y me he dirigido por tres veces sobre los lugares calientes  de nuestra diócesis y puedo afirmar que me he convertido en testigo ocular. Mirando hacia atrás veo que no me he equivocado en mis pronósticos. Con periodistas belgas hemos sido los primeros en el  mundo en dar constatación de las « bandas armadas no identificadas ». Hoy estas bandas han sido identificadas. Nosotros podemos darles un nombre. Ellas se han reagrupado bajo el título de Ejército Libre de Siria aunque ellas sean de origen salafista o wahabite, es decir de formaciones paramilitares de islamistas ultraradicales.
Nosotros agradecemos a todas las instancias que, durante el año transcurrido, han requerido al régimen sirio, incluso si a menudo era injustamente y a partir de falsas informaciones, para detener la violencia contra la población civil.  ¿Pero qué hay de los malos tratos  de la oposición siria? ¿O más bien de las facciones armadas que se reclaman de ella? Hoy el mal está hecho. Lo que nos temíamos está a punto de suceder: el éxodo de los cristianos de Siria comienza. Ellos lo comparten con sus hermanos y hermanas de otras confesiones. Nos recuerda lo de los cristianos de Irak. Esperemos que la tendencia sea contenida por el cese de las hostilidades  y la instauración de un diálogo entre todos los componentes del pueblo sirio.
Nosotros estamos por la libertad y la democracia. Desgraciadamente los nobles objectivos esgrimidos por la oposición siria han sido fagocitados por el islamismo. Sin embargo la oposición al desnudo –al principo era un justo título- se ha creído sin verificación todo lo que decían las falacias del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, después los “comités de coordinación local”.   Siendo así que, según el grado de necesidades estos organismos hacían más trucaje que información. No solamente la información aportada era unilateral y partidaria sino que a menudo ella ha sido trucada y falsificada, La realidad no era conforme con sus tediosas declaraciones.
Por otra parte los acontecimientos me han dado la razón y, lo que me consuela, es que la comunidad internacional misma está a punto de apoyar la tesis de una perversion de la oposición siria que se ha convertido, en la ignorancia de muchos de los que la apoyan, en una mampara para el sunismo radical.
La prensa comienza poco a poco a comprender la realidad del conflicto en Siria revelando algunos de estos aspectos largo tiempo ocultados: la presencia de facciones armadas cuyo objetivo era crear todas las piezas de un escenario de guerra confesional similar al del Líbano. Esto explica el encarnizamiento sufrido durante meses por los alauitas por parte de las bandas armadas.  Los cristianos han sido también víctimas pero en una menor medida.  El objetivo de estos grupos armados era empujar a las minorías a armarse para que estallara la guerra confesional. Pero esta reacción no se ha producido nunca. Aparte de casos aislados, las minorías no se han armado. Ellas han esperado pacientemente que las fuerzas del orden llegaran para protegerlas. Ellas han pagado así un muy pesado tributo de sangre esperando su liberación. La historia rendirá homenaje a la madurez del pueblo sirio que, con su sabiduría milenaria,  ha evitado caer en lo peor cuando todo estaba a su disposición para vengarse del “otro”.  Es preciso también decir que la mayoría de los musulmanes  en Siria desprecian a los salafistas y guardan distancia del wahabismo. Ellos dicen que todo extremismo es una deformación y que el salafismo, inspirado en el wahabismo,  se ha convertido en una herejía, sobre todo cuando ellos recurren  a la eliminación  de los « kuffar » o « renegados », de hecho toda persona que no acepta sus principios.
En definitiva, el mundo occidental, tributario de una información tendenciosa, se equivoca grandemente aplicando a estos grupos heteróclitos islamistas el título de Ejército Libre de Siria. Es preciso distinguir las cosas para no favorecer lo peor.
¿Y qué decir más? Human Rights Watch ha escrito una carta abierta al « Consejo National Sirio » para invitarlo a denunciar los actos de barbarie contra la población civil siria y las fuerzas del orden, actos contrarios a la Carta de los Derechos del Hombre y a la Convención de Ginebra cometidos por las bandas armadas afiliadas a la oposición. El embajador de los EE.UU. en Damasco se amenta de las violencias inaceptables de las bandas armadas que actúan en nombre de la oposición. Las grandes potencias y los medias internacionales hablan abiertamente de una deriva confesional de ciertas ramas armadas afiliadas a la oposición siria, en las cuales se descubren facciones de  Al Qaeda, de los Salafistes y de los Wahabitas. Pax Christi Canada dirige una carta a los dirigentes del mundo para pedirles no intervenir en el Medio-Oriente con medios militares. Francia por su parte ha negado la entrada en su terrirori al Cheikh Qaradawi que incitaba sin cesar sobre Al Jazirah arabe para una guerra confesional. El asunto Merah en Toulouse contribuirá a abrir los ojos sobre los peligros de la cadena Al Jazzirah cuyos locales en la torre Montparnasse han sido registrados por la policia francesa.
Mientras que la comunidad internacional busca favorecer el diálogo y el apaciguamiento es inaceptable en lo sucesivo que los responsables y los periodistas continúen creyendo ciegamente las declaraciones de las redes de información tendenciosas que cubren el crimen de estas bandas armadas  que se han afliado a la oposición siria para su mayor daño. Ignorando las imposiciones  y los crímenes de estas bandas armadas y saludando su « combate » se alientan sus crímenes y no se da asistencia a las personas en peligro. Solo una información objetiva y sin tomar partido, fiel a la realidad de los hechos, podrá ayudar a detener la violencia y a conducir a todas las facciones a dialogar con vistas a un verdadero proceso democrático. Es preciso denunciar el mal allí donde se encuentre sin estado de ánimo previo. Un mínimo de verificación y análisis en la confusión que prevalece.
CONCLUSION
Nuestras oraciones se elevan para que Siria sea purificada y pacificada de esta terrible prueba y que la voz de la mayoría  aplantante del pueblo sirio, todas las confesiones hechas una, sea oída: emprender las reformas necesarias  sin romper el pacto nacional ni entregarse a la guerra confesional.
En este glorioso tiempo  pascual que el Señor vencedor de la muerte  nos visite como él hizo a su Madre  y a sus Apóstoles  y que él nos evangelice con su Paz, basada en la destrucción del muro del odio en su Cuerpo entregado por nosotros.  El solo nos enseña a amar al prójimo hasta entregarnos por él. Tal es el mensaje que nos gustaría hacer comprender de Siria, a los que están cerca y a los que están lejos.
Últimas noticias  de Homs y de Kusayr
Por la Madre Inés-María de la Cruz
Qâra, 31 marzo, Domingo de Ramos 2012
(Traducción: Purificación González de la Blanca)
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Libia: Lo justo y lo injusto.-
Ignacio Ramonet – 2 de abril – Le Monde Diplomatique

“Todos los pueblos del mundo
que han lidiado por la libertad
han exterminado al fin a sus tiranos.”
Simón Bolívar

Los insurgentes libios merecen la ayuda de todos los demócratas. El coronel Gadafi es indefendible. La coalición internacional que lo ataca carece de credibilidad. No se construye una democracia con bombas extranjeras. Por ser en parte contradictorias, estas cuatro evidencias nutren cierto malestar, en particular en el seno de las izquierdas, con respecto a la operación Amanecer de la Odisea comenzada el pasado 19 de marzo.
La insurrección de las sociedades árabes constituye el mayor acontecimiento político internacional desde el derrumbe, en Europa, del socialismo autoritario de Estado en 1989. La caída del muro del Miedo en las autocracias árabes es el equivalente contemporáneo de la caída del muro de Berlín. Un auténtico terremoto mundial. Por producirse en el área de mayores reservas de hidrocarburos del planeta, y en el epicentro del “foco perturbador” del mundo (ese “arco de todas las crisis” que va de Pakistán al Sahara Occidental, pasando por Irán, Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Somalia, Sudán, Darfur y Sahel), su onda de expansión modifica toda la geopolítica internacional.
Algo se rompió para siempre en el mundo árabe el pasado 14 de enero. Ese día, manifestantes tunecinos que desde hacía semanas reclamaban en las plazas libertad y democracia, consiguieron derrocar al déspota Ben Alí. Comenzaba el deshielo de las viejas tiranías árabes. Un mes después, en Egipto, corazón de la vida política árabe, un poderoso movimiento de protesta social expulsaba a su vez del poder al general Mubarak. Entonces, como si de repente descubriesen que los regímenes autoritarios, desde Marruecos hasta Bahréin, fuesen colosos con pies de arena, decenas de miles de ciudadanos árabes se lanzaron a las plazas gritando su hartazgo infinito de los ajustes sociales y de las dictaduras (1).
La fuerza espóntanea de estos vientos de libertad sorprendió a todas las cancillerías del mundo. Cuando comenzaron a soplar sobre las dictaduras aliadas de Occidente (en Túnez, Egipto, Marruecos, Jordania, Arabia Saudí, Bahréin, Irak, Yemen), las grandes capitales occidentales, empezando por Washington, Londres y París, se sumieron en un prudente mutismo, o alternaron declaraciones que revelaban su profundo malestar ante el riesgo de ver desaparecer a sus “amigos dictadores” (2).
Mucho más sorprendente fue, durante esta primera fase (de mediados de diciembre a mediados de febrero), el silencio de los gobiernos progresistas de América Latina, considerados por toda una parte de la izquierda internacional como su principal referente contemporáneo. Sorpresa tanto más grande puesto que estos Gobiernos tienen mucho en común con el movimiento insurreccional árabe: habían llegado al poder mediante las urnas, aupados por poderosos movimientos sociales (en Venezuela, Brasil, Uruguay y Paraguay) que, en varios países (Ecuador, Bolivia, Argentina), después de haber resistido a dictaduras militares, también habían derrocado pacíficamente a gobernantes corruptos.
Inmediata debía de haber sido allí la solidaridad con las insurrecciones árabes, réplicas de sus propios alzamientos cívicos. No lo fue. Y eso que el carácter izquierdista del movimiento no ofrecía dudas. El conocido intelectual egipcio Samir Amin lo describe así: “Las fuerzas principales en movimiento durante los meses de enero y de febrero eran de izquierdas. Demostraron que tenían una resonancia popular gigantesca pues llegaron a movilizar a ¡más de quince millones de manifestantes en todo Egipto! Los jóvenes, los comunistas, fragmentos de las clases medias democráticas constituyeron la columna vertebral de ese movimiento” (3).
A pesar de ello, hubo que esperar al 14 de febrero –o sea tres días después de la caída del odiado Mubarak y un día antes del comienzo de la insurrección popular en Libia- para que, por fin, un líder latinoamericano calificase la rebelión árabe de “revolucionaria
“ en una declaración que explicaba con lucidez: “Los pueblos no desafían la represión y la muerte, ni permanecen noches enteras protestando con energía, por cuestiones simplemente formales. Lo hacen cuando sus derechos legales y materiales son sacrificados sin piedad a las exigencias insaciables de políticos corruptos y de los círculos nacionales e internacionales que saquean el país” (4).
Pero cuando, naturalmente, esa rebelión se extendió a los Estados autoritarios del mal llamado “socialismo árabe” (Argelia, Libia, Siria), cayó de nuevo un pesado mutismo en las capitales del progresismo latinoamericano. Políticamente podía aún interpretarse de dos maneras: simple prolongación del prudente silencio que hasta entonces, globalmente, habían observado esas cancillerías con respecto a acontecimientos muy alejados de sus principales centros de interés; o expresión de un malestar político frente al riesgo de perder, en su pulso con el imperialismo, a aliados estratégicos…
Ante el peligro de que triunfase esta segunda opción, varios intelectuales relevantes (5) avisaron de inmediato que ello significaría algo impensable para Gobiernos seguidores del mensaje universal del bolivarianismo. Porque sería afirmar que una relación estratégica entre Estados es más importante que la solidaridad con los pueblos en lucha. Lo cual conduciría, más tarde o más temprano, a cerrar los ojos ante cualquier eventual atrocidad contra los derechos humanos (6). Y en este caso el ideal solidario de la revolución latinoamericana naufragaría en el helado océano de la Realpolitik.
En el tablero de la política internacional, la Realpolitik (definida por Bismarck, el “canciller de hierro” prusiano, en 1862) considera que los países se reducen a sus Estados. Jamás toma en cuenta a sus sociedades. Según ella, los Estados se mueven sólo en función de sus fríos intereses y de sus alianzas estratégicas (cuya finalidad esencial es la preservación del Estado, no la protección de la sociedad). Desde la paz de Westfalia en 1648, la doctrina geopolítica establece que la soberanía de los Estados es intangible en virtud del principio de no-injerencia, y que un Gobierno, sea cual sea el modo en que llegó al poder, tiene total libertad de hacer lo que quiera en sus asuntos internos.
Semejante idea de la soberanía –que sigue siendo dominante- ha visto erosionada su legitimidad desde el final de la Guerra Fría en 1989. Y ello en nombre de los derechos de los ciudadanos, y de una concepción más ética de las relaciones internacionales. Las dictaduras, cuyo número se reduce de año en año, van resultando cada vez más ilegítimas en criterios del derecho internacional. Y moralmente inaceptables porque, entre otros graves abusos, desposeen a las personas de sus atributos de ciudadano.
Basado en este razonamiento, se desarrolló en los años 1990, el concepto de derecho de injerencia o deber de asistencia que condujo, pese a aceptables pretextos de fachada, a desastres político-humanitarios de gran envergadura en Kosovo, Somalia, Bosnia… Y finalmente, bajo la conducción de los neoconservadores estadounidenes, al desastre total de la guerra de Irak (7).
Pero tan trágicos fracasos no han interrumpido la idea de que un mundo más civilizado debe ir abandonando una concepción de la soberanía interna establecida hace casi cuatro siglos en nombre de la cual poderes no elegidos democráticamente han cometido (y cometen) incontables atrocidades contra sus propios pueblos.
En 2006, las Naciones Unidas, en su Resolución 1674, han hecho de la protección de los civiles, incluso contra su propio Gobierno cuando éste usa armas de guerra para reprimir manifestaciones pacíficas, una cuestión fundamental. Que modifica, por primera vez desde el Tratado de Westfalia, -en materia de derecho internacional- la concepción misma de la soberanía interna y del principio de no-injerencia. La Corte Penal Internacional (CPI), creada en 2002, va en idéntico sentido.
Y en ese mismo espíritu, muchos líderes latinoamericanos denunciaron con justa razón la pasividad o la complicidad de grandes potencias democráticas ante los graves crímenes cometidos contra la población civil, entre 1970 y 1990, por las dictaduras militares en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y tantos otros países mártires de Centro y Suramérica.
Por eso sorprendió que, cuando en Libia, a partir del 15 de febrero, empezaron las protestas sociales pacíficas, inmediatamente reprimidas por las fuerzas del coronel Gadafi con desmedida violencia (233 muertos en los primeros días) (8), ningún mensaje de solidaridad con los civiles reprimidos llegase de América Latina. Ni tampoco al estallar, el 20 de febrero, el “Tripolitazo”: cuando unos 40.000 manifestantes denunciaron la carestía de la vida, la degradación de los servicios públicos, las privatizaciones impuestas por el FMI, y la ausencia de libertades.
Igual que durante el “Caracazo” del 27 de febrero de 1989 en Venezuela, esa insurrección tripolitana, retransmitida por decenas de testigos oculares, se extendió como reguero de pólvora por toda la capital, se multiplicaron las barricadas, ardió la sede del Gobierno, las comisarías fueron incendiadas, los locales de la televisión oficial saqueados, el aeropuerto ocupado y el palacio presidencial asediado. El régimen libio empezó a tambalearse.
En semejantes circunstancias, cualquier otro dirigente razonable hubiese entendido que la hora de negociar y de abandonar el poder había llegado (9). No así el coronel Gadafi. A riesgo de sumir a su país en una guerra civil, el “Guía”, en el poder desde hace 42 años, explicó que los manifestantes eran “jóvenes a los que Al Qaeda había drogado echándoles píldoras alucinógenas en el Nescafé”… (10). Y ordenó a las Fuerzas Armadas reprimir las protestas a cañonazos y con fuerza extrema. El canal Al Jazeera mostró los aviones militares ametrallando a los manifestantes civiles (11).
En Bengasi, para defenderse contra la brutalidad de la represión, un grupo de protestatarios asaltó un arsenal de la guarnición local y se apoderó de miles de armas ligeras. Varios destacamentos militares, enviados por Gadafi para sofocar en sangre la protesta, se sumaron, con tanques y pertrechos, a la rebelión. En condiciones muy desfavorables para los insurrectos, empezaba la guerra civil. Un conflicto impuesto por Gadafi contra un pueblo que estaba pidiendo pacíficamente el cambio.
Hasta ese momento, las capitales de la América Latina progresista siguen silenciosas. Ni una palabra de solidaridad, ni tan siquiera de compasión con los rebeldes civiles que luchan y mueren por la libertad.
Hasta que, el 21 de febrero, en un intento de alejar cualquier acusación contra ella, la diplomacia británica –cuya responsabilidad es central en la rehabilitación del coronel Gadafi a partir de 2004 en la escena internacional- por la voz del ministro de Exteriores William Hague, anuncia que el líder libio “podría haber huido de su país y estar dirigiéndose a Venezuela” (12).
Es falso. Y Caracas lo desmiente rotundamente. Pero los medios de comunicación internacionales muerden el cebo, y ponen de inmediato los focos sobre la conexión que el Foreign Office ha sugerido. Minimizando los ostentosos recibimientos del dictador libio en Roma, Londres, París o Madrid, la prensa mundial insiste en las relaciones del “Guía” con Caracas. El propio Gadafi cae en la celada y también menciona a Venezuela en su primer discurso desde el comienzo de las protestas. Lo hace para negar su huida a ese país, pero ello da pie a nuevas especulaciones sobre el “eje Trípoli-Caracas”. Gadafi añade: “Los manifestantes son ratas, drogados, un complot de extranjeros, de norteamericanos, de Al Qaeda y de locos” (13).
Esta perezosa jácara del “complot norteamericano” es retomada como argumento por varios dirigentes progresistas suramericanos –Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, entre otros–, para expresar ahora, cada uno a su modo, una clara solidaridad con el dictador libio (14) bajo los sufridos pretextos de que la “situación es confusa”, que los “medios de comunicación mienten” y que “nadie sabe quiénes son los rebeldes”.
Ni una frase de compunción hacia un pueblo sublevado contra un tirano militar que manda disparar contra sus propios ciudadanos. Ninguna alusión tampoco a la famosa sentencia del Libertador Simón Bolívar: “Maldito sea el soldado que vuelve las armas contra su pueblo”, doctrina fundamental del bolivarianismo.
La inmensidad del error político sobrecoge. Una vez más, unos gobiernos progresistas conceden prioridad, en materia de relaciones internacionales, a cínicas consideraciones estratégicas que se hallan en perfecta contradicción con su propia naturaleza política. ¿Les conducirá ese razonamiento a expresar también su apoyo a otro infrecuentable tiranillo local, Bachar El Asad, presidente de Siria, un país que vive bajo estado de alarma desde 1962 y cuyas fuerzas de represión tampoco han dudado en disparar con fuego real contra pacíficos manifestantes desarmados?
En lo que respecta a Libia, la única iniciativa latinoamericana positiva, fue la del presidente de Venezuela Hugo Chávez quien propuso, el 1 de marzo, el envío a Trípoli de una Comisión internacional de mediación constituida por representantes de países del Sur y del Norte para tratar de poner fin a las hostilidades y negociar un acuerdo político entre las partes. Rechazada por Seif el Islam, el hijo del “Guía”, pero aceptada por Gadafi, esta importante tentativa de mediación será torpemente descartada por Washington, París, Londres y los propios insurgentes libios.
A partir de ahí, las cancillerías progresistas suramericanas van a insistir en su apoyo a un perfecto iluminado. Hace, en efecto, decenios que Muamar el Gadafi dejó de ser aquel capitán revolucionario que, en 1969, derrocó a la monarquía, expulsó de su país las bases militares estadounidenses y proclamó una singular “República árabe y socialista”.
Desde el final de los años 1970, su errática trayectoria y sus delirios ideológicos (véase su disparatado Libro Verde) lo han convertido en un dictador imprevisible, tornadizo y jactancioso. Semejante a aquellos tiranos locos que América Latina conoció en el siglo XIX con el nombre de “caudillos bárbaros” (15). Ejemplos de sus trastornos: la expedición militar de 3.000 hombres que lanzó, en 1978, en auxilio del sanguinario Idi Amín Dadá, otro demente presidente de Uganda… O su afición a un juego erótico con chicas menores llamado “bunga bunga” que le enseñó a su socio italiano Silvio Berlusconi… (16).
Gadafi jamás se ha sometido a ninguna elección. En torno a su imagen ha establecido un culto de la personalidad que linda con el endiosamiento. En la “masocracia” (Jamahiriya) libia no existe ningún partido político, sólo hay “comités revolucionarios”. Habiéndose autoproclamado “Guía” vitalicio de su país, el dictador se considera por encima de las leyes. En cambio, el vínculo familiar es, según él, fuente de Derecho. Basado en ello, por antojo, nombró a sus hijos para los puestos de mayor responsabilidad del Estado y los de mayor rentabilidad en los negocios.
Tras la (ilegal) invasión de Irak en 2003, temiendo ser el siguiente de la lista, Gadafi se arrodilló ante Washington, firmó acuerdos con la Administración de Bush, erradicó sus armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Para complacer a los “neocons” estadounidenses se erigió en un perseguidor de Osama Ben Laden y de la red Al Qaeda. Estableció también acuerdos con la Unión Europea para convertirse en cancerbero retribuido de los emigrantes africanos. Pidió ingresar en el FMI (17), creó zonas especiales de libre comercio, cedió los yacimientos de hidrocarburos a las grandes transnacionales occidentales y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía, lo que provocó un importante aumento del desempleo y agravó las desigualdades.
El “Guía” protestó contra el derrocamiento del dictador tunecino Ben Alí a quien consideraba como “el mejor gobernante de la historia de Túnez”. En materia de inhumanidad, sus fechorías son incontables. Desde su apoyo a conocidas organizaciones terroristas hasta su demostrada participación en atentados contra aviones civiles, pasando por su encarnizamiento contra cinco inocentes enfermeras búlgaras torturadas durante años en prisión, o el fusilamiento sin juicio, en la siniestra cárcel Abú Salim de Trípoli, en 1996, de un millar de prisioneros originarios de Bengasi (18).
La actual revuelta empezó precisamente en esa ciudad cuando, el 15 de febrero, las familias de estos fusilados, animadas por las protestas en los países árabes, se echaron a la calle para exigir pacíficamente la liberación del abogado Fathy Terbil quien, desde hace quince años, defiende el derecho a recuperar los cuerpos de sus parientes ejecutados (19). Las imágenes mostrando la brutalidad de la represión de esta manifestación –difundidas por las redes sociales y el canal Al Jazeera– escandalizaron a la población. Al día siguiente, las protestas se habían ampliado masivamente y extendido a otras ciudades. Sólo en Bengasi, 35 personas fueron asesinadas por la policía y las milicias gadafistas (20).
Tan alto grado de ensañamiento contra la población civil (21) hizo legítimamente temer, a mediados de marzo, cuando las huestes gadafistas empezaron a cercar Bengasi, que se cometiese un baño de sangre. En un discurso dirigido a “las ratas” de esa ciudad, el “Guía” dejó muy claras sus intenciones: “Llegamos esta noche. Empezad a prepararos. Os iremos a sacar del fondo de vuestros armarios. No habrá piedad” (22).
En ayuda de los asediados libios, que reclamaban a gritos ayuda internacional (23), deberían haber acudido en primer lugar los pueblos recientemente liberados de Túnez y Egipto. Era su responsabilidad principal. Pero lamentablemente los Gobiernos de estos dos países no supieron estar a la altura de las circunstancias históricas.
En ese contexto de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, el 17 de marzo, la resolución 1973 que establece un régimen de exclusión aérea en Libia con el fin de proteger a la población civil y hacer cesar las hostilidades (24). La Liga Árabe había dado su acuerdo preliminar. Y, cosa excepcional, la resolución fue presentada por un Estado árabe: el Líbano (además de Francia y Reino Unido). Ni China, ni Rusia, que disponen de derecho de veto, se opusieron. Brasil y la India tampoco votaron en contra. Varios países africanos se pronunciaron a favor: Sudáfrica (la patria de Mandela), Nigeria y Gabón. Ningún Estado se opuso.
Se puede estar en contra de la estructura actual de Naciones Unidas, o estimar que su funcionamiento deja mucho que desear. O que las potencias occidentales dominan esa organización. Son críticas aceptables. Pero, por ahora, la ONU constituye la única fuente de derecho internacional. En ese sentido, y contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak que nunca tuvieron el aval de la ONU, la intervención actual en Libia es legal, según el derecho internacional; legítima, según los principios de la solidaridad entre demócratas; y deseable, para la fraternidad internacionalista que une a los pueblos en lucha por su libertad.
Se podría añadir que potencias musulmanas reticentes en un primer momento como Turquía han acabado por participar en la operación.
Se podría recordar también que si Gadafi, como era su intención, hubiese anegado en sangre la insurrección popular, habría enviado una señal de vía libre a los demás tiranos de la región. Alentándolos de ese modo a aplastar ellos también, sin miramientos, las protestas locales. Basta con observar que, en cuanto las tropas de Gadafi se aproximaron a sangre y fuego en medio de la pasividad internacional a Bengasi, los regímenes de Bahréin y de Yemen no dudaron ya en disparar con fuego real contra los manifestantes pacíficos. No lo habían hecho hasta entonces. Pero apostaron a su vez por el inmovilismo internacional.
La Unión Europea, en particular, tiene una responsabilidad específica en este asunto. No sólo militar. Es menester pensar en la próxima etapa de consolidación de las nuevas democracias que van a ir surgiendo en esta región tan vecina. Apoyar la “primavera árabe” supone asimismo el lanzamiento de un verdadero “Plan Marshall”, o sea, una ayuda económica masiva “semejante a la que se ofreció a Europa del Este después de la caída del muro de Berlín” (25).
¿Significa todo esto que la operación Amanecer de la Odisea no plantea problemas? En absoluto.
En primer lugar, porque los Estados u Organizaciones que la capitanean (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, OTAN) son los “sospechosos habituales” implicados en múltiples aventuras guerreras sin la mínima cobertura legal, legítima o humanitaria. Aunque esta vez los objetivos de solidaridad democrática parecen más evidentes que los nexos con la seguridad nacional de Estados Unidos, cabe preguntarse ¿desde cuándo les ha importado a estas potencias la democracia en Libia? Por ello carecen de credibilidad.
Segundo: existen otras injusticias en esta misma región –el sufrimiento palestino, la intervención militar saudí en Bahréin contra la indefensa mayoría chií, la desproporcionada brutalidad de los Gobiernos de Yemen y de Siria…- ante las cuales las mismas potencias que atacan a Gadafi hacen la vista gorda dando prueba de una doble moral.
Tercero: el objetivo debe ser el que fija la resolución 1973, y sólo ése: ni invasión terrestre, ni víctimas civiles. La ONU no ha dado licencia para derrocar a Gadafi, aunque bien parece que ese sea el objetivo final (e ilegal) de la operación. En ningún caso esta intervención debe servir de precedente para otras aventuras guerreras contra Estados situados en el punto de mira de las potencias occidentales dominantes.
Cuarto: la historia enseña (y el caso de Afganistán lo demuestra) que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella. Y quinto: el olor a petróleo de toda esta operación apesta.
Los pueblos árabes están sin duda sopesando lo justo y lo injusto de la actual intervención militar en Libia. En su gran mayoría apoyan a los insurgentes (aunque se siga sin saber bien quiénes son y aunque se sospeche que varios elementos indeseables figuran en el actual Consejo Nacional de Transición). Por el momento, hasta finales de marzo, en ninguna capital árabe se han producido manifestaciones de rechazo a la operación. Al contrario, como estimuladas por ella, nuevas protestas contra las autocracias se intensificaron en Marruecos, Yemen, Bahréin… Y sobre todo en Siria.
Obtenida la zona de exclusión aérea y a salvo ya la población civil de Bengasi, las dos principales exigencias de la Resolución 1973 estaban cumplidas a finales de marzo. Aunque otras demandas no lo estaban aún (el cese el fuego por parte de las fuerzas gadafistas, y la garantía por éstas de acceso seguro a la ayuda humanitaria internacional), a partir de ese momento los bombardeos debieron cesar. Tanto más cuanto la OTAN, que no ha recibido mandato internacional para ello, ha asumido el 31 de marzo el liderazgo militar de la ofensiva. La Resolución tampoco autoriza a armar, entrenar y dirigir militarmente a los rebeldes. Porque ello supone un mínimo de fuerzas extranjeras (“comandos especiales”) presentes en el suelo libio, lo cual está explícitamente excluido por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad.
Es urgente que los miembros de ese Consejo de la ONU vuelvan ahora a consultarse; que se tenga en cuenta la posición de China, Rusia, la India y Brasil para imponer un alto el fuego inmediato y buscar una salida no militar al drama libio.
Una solución que tome en cuenta también la iniciativa de la Unión Africana, garantice la integridad territorial de Libia, impida toda invasión terrestre de fuerzas extranjeras, preserve las riquezas del subsuelo contra la rapacidad de algunas potencias foráneas, ponga fin a la tiranía, y reafirme la aspiración a la libertad y a la democracia de los ciudadanos.
En Libia, sólo una salida política negociada por todas las partes será justa.

(1) Léase Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la insurrección árabe”, Le Monde diplomatique en español, marzo de 2011.
(2) Léase Ignacio Ramonet, “Túnez, Egipto, Marruecos, esas dictaduras amigas”, www.monde-diplomatique.es
(3) Christophe Ventura, “Entrevista con Samir Amin”, Mémoire des luttes, París, 29 de marzo de 2011.
(4) Fidel Castro, “La Rebelión Revolucionaria en Egipto”, Granma, La Habana, 14 de febrero de 2011.
(5) Léase, por ejemplo, Santiago Alba y Alma Allende, “Del mundo árabe a América Latina”, Rebelión, 24 de febrero de 2011; y Atilio Borón, “No abandonar a los pueblos árabes”, Página 12, Buenos Aires, 7 de marzo de 2011.
(6) Error que ya cometió dos veces la revolución cubana cuando apoyó la intervención militar del Pacto de Varsovia en Praga para aplastar la insurrección popular checoslovaca en agosto de 1968, y cuando aprobó la invasión de Afganistán por la Unión Soviética en diciembre de 1979.
(7) Léase Ignacio Ramonet, Irak, historia de un desastre, Debate, Madrid, 2005.
(8) Agencia Reuters, 21 de febrero de 2011.
(9) En América Latina, ante protestas populares de gran envergadura, varios presidentes (elegidos democráticamente) se resignaron a renunciar a su cargo. Tres de ellos en Ecuador: Abdalá Bucarán, “por incapacidad mental”, en 1997; Jamil Mahuad, en 2000; y Lucio Gutiérrez, en 2002. Dos en Bolivia: Gonzalo Sánchez de Lozada, en 2003; y Carlos Mesa, en 2005. Uno en Perú, Alberto Fujimori, en 2000. Y otro en Argentina, Fernando de la Rúa, en 2001.
(10) El País, Madrid, 24 de marzo de 2011.
(11) The Guardian, Londres, 21 de febrero de 2011.
(12) Agencia AFP, 21 de febrero de 2011.(13) www.rue89.com/2011/02/22/kadhafi-je-suis-a-tripoli-pas-au-venezuela-191416
(14) El más antiimperialista de los líderes árabes, Hassan Nasrallah, secretario general del Hezbolá libanés, ha declarado que es “irracional” decir que las revoluciones árabes, y singularmente la libia (que cuenta también con el apoyo de Irán), fueron preparadas en cocinas estadounidenses. Discurso del Hassan Nasrallah, 19 de marzo de 2011. http://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=&inicio=0
(15) Alcides Arguedas, Los Caudillos bárbaros, editorial Vda L. Tasso, Barcelona, 1929. Léase también Max Dairea
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NI GADAFI NI EL IMPERIO, NO A LA GUERRA.

Nos han metido otra vez en una guerra “humanitaria”. Curiosamente, también un 19 de marzo, como hace ocho años. Aunque esta vez al perro le han colocado el collar de una resolución de la ONU, el de Libia es de la misma camada que el de Irak o el de Afganistán: Un régimen tiránico como el de Gadafi, hasta ayer amigo de las potencias occidentales, donde venía a plantar su jaima, con sus camellos y vírgenes, y que ahora también sirve de excusa para un ataque bélico que, sin duda, igualmente tiene unos objetivos ajenos a los de promover la democracia y los derechos humanos.

En su día también fueron los talibanes, en Afganistán, o Sadam Hussein, en Irak, todos ellos criaturas made in usa, las excusas para iniciar unas guerras que sólo sirvieron a la industria armamentística, al robo de los inmensos recursos energéticos y al control geoestratégico de la zona, por parte de Estados Unidos e Israel.

Que nadie tenga la menor duda de que las potencias occidentales, a las que se ha unido de manera tan entusiasta el gobierno español del otrora pacifista Zapatero, no dan puntada sin hilo. Por una parte, está en juego el futuro control de los recursos energéticos de Libia y, por otra, el control de las incipientes revueltas democráticas en los países árabes, que ya están provocando quebraderos de cabeza, entre otros, al estado sionista.

Han dejado pudrir la situación, sin intentar ni de lejos una solución pacífica lo menos cruenta posible. Califican como necesario el ataque “para evitar males mayores”, y han convencido a la opinión pública que no había otra alternativa. Puede que, también esta vez, a las voces críticas con el ataque sobre Libia se nos apunte como partidarios de Gadafi, como en su día se nos acusó de hacerle el juego a Sadam Hussein. Pero me temo que ahora, muchos de aquellos actores e intelectuales del “no a la guerra”, como también los principales dirigentes políticos y sindicales de esa izquierda de cartón-piedra aferrada a las instituciones, harán de claca de las decisiones de Zapatero.

Mientras, en Bahrein y en Yemen se asesina a decenas de manifestantes, sin que la “coalición” mueva una pestaña. Lo mismo vale para los sátrapas y petromonarcas que componen media Liga Árabe, alentadora de la “zona de exclusión aérea” para Libia. El ejército de Arabia Saudita, por cierto, verdadero “ejemplo” de estado democrático, ha entrado en Bahrein para sostener el régimen tiránico amenazado por las revueltas populares, sin que los barcos de la “coalición” hayan puesto proa al mar de Arabia. La hipocresía occidental no conoce límites. O mejor dicho, los límites los marcan los intereses económicos y geopolíticos puros y duros, importándoles una higa los derechos humanos y demás monsergas.

Bloqueen los regímenes dictatoriales, supriman los paraísos fiscales que les dan cobijo, y denle voz al pueblo. Paren esta guerra, dejen de matar víctimas inocentes, fuercen una solución pacífica y democrática del conflicto. Esta nueva guerra, como la que comenzó hace exactamente ocho años, ni se hace en nuestro nombre, ni contará con nuestro silencio.

Pep Juárez,
Marzo de 2011.
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LA UE, ISRAEL Y EL DERECHO.-
Sami Nair. El País. 24 de enero 2009.

Muchos observadores han quedado sorprendidos de la timidez con la que la Unión Europea ha reaccionado ante las masacres desencadenadas por Israel contra los palestinos de Gaza durante varias semanas, y ello después de un cruel embargo sobre los territorios ocupados. La Unión declaró su postura el 30 de diciembre de 2008. Pero no hallamos en ninguna parte del texto condena directa alguna de los bombardeos contra los civiles, referencia alguna a la violación de la Convención de Ginebra sobre la guerra, denuncia alguna de la estrategia israelí de embargo con la que se pretende que la población palestina padezca hambre y, menos aún, indignación alguna por la suerte de Gaza, ciudad convertida en cárcel al aire libre, permanentemente tiranizada por el Ejército israelí. En el fondo, sabemos que la actual presidencia europea dirigida por el checo Vaclav Klaus se ha posicionado a favor de Israel. Y es probable que Francia, con el plan que ha elaborado con Egipto, y España, con la valiente declaración del presidente Zapatero y la acción intensa del ministro Moratinos sobre el terreno, se hayan movilizado con tanto ímpetu para oponerse a la postura de la Unión. En realidad, la Unión no se considera un actor principal en Oriente Próximo, aunque sea la primera en padecer las consecuencias de la inestabilidad que impera allí. Y ello porque ha aceptado, como por otro lado los palestinos de la OLP, dos grandes cambios que se han producido en la gestión de este conflicto desde principios de los años 90.
En primer lugar, la Unión aceptó después de la guerra del Golfo de 1990-1991, que el conflicto palestino-israelí se situara fuera de la legalidad internacional con la Conferencia de Madrid en 1992. Puesto que el principal resultado de ésta fue que israelíes y palestinos entablaron un diálogo directo, pero también, bajo la presión conjunta de Estados Unidos e Israel, que el problema palestino-israelí dejó de ser competencia de la ONU. A partir de esta época, estadounidenses e israelíes hicieron saber al mundo que el conflicto no podría solucionarse si no era dentro del marco de un acuerdo bilateral entre los principales protagonistas, y ello bajo la batuta norteamericana. La ONU debía limitarse a avalar este acuerdo una vez tomado. Al aceptar este mecanismo, la OLP de Yasir Arafat entró en una espiral fatídica, que sigue pagando. En cuanto a Europa, no sólo se ha sometido desde hace 17 años a esta reorientación, sino que incluso ha inscrito en ella su acción diplomática.
En segundo lugar, Europa también ha suscrito el cambio estratégico impuesto por el eje estadounidense -israelí en el proceso de negociación. A saber: la sustitución del paradigma de la paz a cambio de los territorios que apoya la comunidad internacional por el de la seguridad de Israel como condición a priori de cualquier avance en las negociaciones con los palestinos. Ahora bien, como Israel no quiere definir sus fronteras y sobre todo sigue con la colonización sistemática de los territorios ocupados (los asentamientos de colonias se han multiplicado por cuatro desde los acuerdos de Oslo), resulta que este país se arroga, en nombre de la seguridad, un derecho de guerra en todas partes, y no se sentirá seguro en ninguna. La Unión Europea legitima esta evolución en todas sus declaraciones anteponiendo el "derecho a la seguridad de Israel", sin definir nunca el perímetro de este concepto de seguridad.
Para salir de este doble callejón sin salida Europa debe reorientar radicalmente su estrategia. Primero debe resituar el conflicto en el contexto del Derecho Internacional volviendo a la legitimidad de la ONU. Esto significa lo siguiente: que apoye la organización de una conferencia internacional auspiciada por el Consejo de Seguridad, que exija el envío sobre el terreno de cascos azules, que presione a Naciones Unidas para que ésta fije plazos en las negociaciones entre los protagonistas y que implique a la comunidad internacional en la seguridad, tanto del Estado de Israel como del futuro Estado palestino.
En el plano de sus relaciones bilaterales con los protagonistas, Europa debería hacer uso sin que le temblase el pulso del mecanismo de la cooperación privilegiada del que dispone, suspendiendo los acuerdos económicos en caso de que la legalidad internacional no fuera respetada. Debería controlar la utilización de los fondos enviados a la Autoridad Palestina y, sobre todo, dialogar con Hamás, cuyo Gobierno ha sido democráticamente elegido por los palestinos. Ello haría, sea dicho de paso, más eficaz su condena a los ataques contra civiles israelíes. En definitiva, Europa debería ser independiente y mostrarse decidida en la defensa del derecho internacional. ¿Acaso es eso un deseo piadoso?
Gaza: protección informativa de crímenes de guerra

No es la primera vez que hago referencia al evidente trato de favor que, desde muchos medios de comunicación occidentales, se le dispensa al estado de Israel (1). No creo que sea casual que las informaciones o análisis, concretamente sobre el drama de Palestina, se elaboren, repetidamente, fuera del contexto real, que no es otro que el de la férrea y cruel ocupación de su territorio, por parte del estado sionista. Una ocupación que ya dura más de sesenta años. Y es eso, y no otra cosa, el verdadero marco del conflicto. Las informaciones o análisis que obvian este hecho resultan tergiversadas, porque también niegan, de facto, la legitimidad de la resistencia palestina, y acaban convirtiéndose en propaganda a favor del agresor. Es sabido que, en toda guerra, la primera víctima es la verdad, y esta no es una excepción.

Por la fuerza de uno de los ejércitos mejor equipados del planeta se impone, mediante la ocupación, el robo masivo de tierras palestinas, con el establecimiento de colonias israelitas en las mejores zonas, el control de los acuíferos y de las fuentes de energía. Se erradica o secuestra al conjunto de la población palestina, con el éxodo de millones de desplazados, con más de 10.000 presos en cárceles sionistas, además del enorme muro del apartheid en Cisjordania y del insufrible asedio de la Franja de Gaza, especialmente desde que el movimiento Hamas ganara las elecciones, supervisadas internacionalmente, con un 65% en 2006. La ocupación, en definitiva, ahoga la vida diaria de los palestinos, los priva de sus derechos y los somete a una explotación, laboral y social, en medio de todo tipo de vejaciones. Los palestinos son tratados como animales, según el testimonio de ciudadanos israelíes contrarios a la ocupación.

Al omitir la ocupación, como contexto, los voceros sionistas, y los medios indulgentes con ellos, pretenden mostrar al mundo que el enfrentamiento en Palestina responde a una especie de odio sobrevenido, entre árabes y judíos, en un escenario de mutuas agresiones, buscando equidistancia o neutralidad en sectores importantes de la opinión pública. A partir de ahí, los medios subvierten los términos, (“ofensiva israelí” contra los “terroristas de Hamas”), criminalizando la resistencia, con las bendiciones de todos los gobiernos occidentales, para acabar legitimando la represión sobre este pueblo cautivo (“Israel tiene derecho a defenderse”). Mientras tanto, cómo no, se tilda de “antisemitas”, a quienes nos solidarizamos con Palestina frente al ocupante, confundiendo interesadamente conceptos tan dispares como semitismo, judaísmo y sionismo.

Se dice que Israel fue fundado, en 1948, para compensar a los judíos por la barbarie nazi. Debió ser entre otras razones porque, sobre todo y fundamentalmente, Israel fue creado como estado satélite, para perpetuar los intereses coloniales de las potencias occidentales en la región, desde los del eje franco-británico de entonces, al norteamericano de ahora. Ciertamente, Israel ha ido cumpliendo su papel de “gendarme de Oriente Medio”, con suma eficacia, a sangre y fuego. Y el martirizado pueblo palestino se ha llevado la peor parte. Entre otros muchos episodios sangrientos, señalemos la misma violenta fundación de Israel (1948-1949), la guerra de los seis días (junio 1967), las matanzas en los campos de refugiados de Sabra y Chatila (septiembre 1982) y, más recientemente, los asesinatos y la destrucción por el ataque israelí al Líbano (julio-agosto 2006). Armado hasta los dientes nucleares por Estados Unidos, a Israel se la ha permitido el sistemático incumplimiento de las, ya de por sí tibias, resoluciones de la ONU, sobre la ocupación y la colonización. Se le toleran los crímenes en masa, contra civiles indefensos, la violación de las leyes sobre la guerra y la utilización de armas (de destrucción masiva) prohibidas por las convenciones internacionales. Mientras tanto, Occidente, o la “comunidad internacional”, como se dice ahora, mira hacia otro lado. Ya le va bien.

Gaza ha sido convertida en un inmenso gheto, cercada y asediada, como hemos dicho, mucho antes del inicio del ataque que comenzó el pasado 27 de diciembre de 2008. La resistencia de los gazaríes recuerda a la de los judíos del Gheto de Varsovia, atacados y exterminados por la Alemania nazi en 1943. Aquellos, como estos, también fueron calificados de terroristas, por la propaganda de Goebbels. La limpieza étnica y las deportaciones, en pro del “gran Israel”, y el sinfín de humillaciones racistas que sufren a diario los palestinos, recuerdan demasiado a la persecución y genocidio que padecieron los padres y abuelos de los actuales verdugos, a manos de los teóricos de la “raza aria”(2). Los métodos nazis no dejan de serlo, aunque sean ahora los sionistas quienes los empleen.

Gaza arrasada, y su millón y medio de habitantes sin escapatoria. Cuentan que las víctimas mortales superan, en el momento de escribir estas líneas, la cifra de 1.200, de las cuales más de la mitad son lo que llamamos “población civil”. Ejecuciones en masa de gente indefensa, con centenares de niños asesinados (mas de 400), muchos de ellos con tiros a sangre fría. Y varios miles de mutilados y heridos. Y odio suficiente para alimentar a tres generaciones. El ejército sionista no respeta ni casas, ni hospitales, ni escuelas, ni instalaciones de la ONU, ni almacenes con ayuda humanitaria, ni siquiera los cementerios. Otro crimen abyecto, otra vergüenza de la humanidad. ¿Hasta cuando?

Ante la pasividad, cuando no complicidad, de nuestros gobernantes, es imprescindible extender la solidaridad y la movilización social (3) a favor de Palestina. Movilización y solidaridad para que cese la masacre, para el fin de la ocupación, para la restitución de los legítimos derechos de los palestinos. Y para sentar ante un tribunal, por crímenes de guerra, a Olmert, Peres, Livni, Barak y Sharon, junto a los mandos de su ejército.

Pep Juárez, enero de 2009.
(1) Ver mi art. “Palestina, bombas y eufemismos” (Julio 2006)
(2) Ver mi art. “Víctimas de ayer, verdugos de hoy” (Agosto 2006)
(3) Manifestación en Palma, día 24 de enero, 17,00 h., Delegación Gobierno-Consulado EUA
Viaje a los nuevos guetos

Una delegación gijonesa visitó a las poblaciones palestinas de Belén, Jerusalén, Hebrón y Nablus

27.10.2008 - O. ESTEBAN| GIJÓN

«Los que sufrieron en los guetos, como el de Varsovia, se han convertido ahora en los nazis. Los judíos son los nazis y estos son los nuevos guetos. ¡Qué pronto se olvida!». De forma tajante, contundente, acusatoria, se expresa el tercer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Gijón, el concejal de Cooperación, Jesús Montes Estrada. Y lo hace a la vuelta de su viaje a Palestina, donde ha podido visitar las poblaciones de Jerusalén, Ramallath, Hebrón, Nablus, Qalquiliya y Belén. Ha ido a comprobar la ejecución de los proyectos que Gijón financia allí desde hace años, pero también a conocer «la situación política». Porque, dice, lo que ocurre «no tiene nada que ver con lo que recibimos desde aquí». Acompañado de su asesor en temas de Cooperación, Javier Cortina, y del presidente del Conseyu de Mocedá, Jordi Suárez, han vivido durante una semana, en primera persona, cuál es la situación.

Montes Estrada da algunas cifras para hacer la 'radiografía'. En Cisjordania, los 250.000 colonos judíos ocupan el 72% de la tierra. En el resto viven tres millones de palestinos. A lo largo de todo el territorio hay 650 'checkpoints', controles de carretera, y los palestinos no pueden circular por las vías que los judíos consideran 'limpias', por lo que deben utilizar las carreteras secundarias. «Hay 900 kilómetros de muros que separan ciudades, que dividen calles, que distancian judíos de palestinos pero también a los palestinos entre ellos». Más duro en sus palabras es, si cabe, Jordi Suárez, quien habla de «exterminio de los palestinos» y de las experiencias vividas en los campos de refugiados de Askar y Balata. En realidad, él se refiere a esos lugares como «campos de concentración».

Montes Estrada habla de una «situación de guerra» y critica a la «muda comunidad internacional». Gijón, por su parte, en los últimos cinco años, ha destinado unos 390.000 euros a proyectos de cooperación, como a una escuela para 550 niñas en Belén, ciudad que ahora quiere dedicar una plaza a Gijón. También se están financiando proyectos de cooperativas agrícolas de mujeres.

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