En esta ocasión quiero presentaros el relato de una estimada amiga feminista cristiana,que a manera de cuento,nos habla de la mujer judía en todas sus facetas como mujer y sus limitaciones impuestas por el hombre,desde los relatos bíblicos antigüos hasta poco después de la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.Al final del relato,figuran los textos de donde se ha documentado para redactar el escrito que os ofrezco ,cuya autora es Ana María Arquer.
Juan Hernández Jover
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LA MUJER PERDONADA
PRIMERA PARTE
Hanna, su infancia y adolescencia
Durante toda mi infancia supe que mi padre me buscaría un esposo adecuado, la seguridad que me daba él me la daría luego mi esposo. En casa de mis padres nunca me había faltado de nada, tampoco tenía que hacer trabajos duros, los criados y las criadas se cuidaban de todo. Mi madre los dirigía con firmeza como nos dirigía a mis hermanos y hermana y a mí en el conocimiento de lo que se debía y no se debía hacer. Mis tres hermanos disfrutaban de mayor libertad que las chicas, ellos entraban y salían, escogían a sus amigos, iban a la escuela y mas tarde empezaron a ayudar a mi padre en el negocio familiar.
Nosotras, Susana mi hermana mayor y yo, permanecíamos en la casa ocupándonos de las labores domésticas, cosiendo, tejiendo, cocinando para mi padre y mis hermanos sin tener ningún contacto con lo que pasaba fuera de los muros de nuestra casa.
Mi padre era comerciante y viajaba a menudo acompañado de un criado de confianza y mas tarde de alguno de mis hermanos, pero nosotras solo en raras ocasiones salíamos. Alguna vez al Templo para presentar las ofrendas, pero nunca pasábamos del espacio reservado a las mujeres y a los gentiles.
No creas que nos sentíamos desgraciadas, tanto mi madre como mi padre nos amaban y cuidaban como sus posesiones preferidas, mi padre era muy cariñoso con mi madre y con nosotras y yo me consideraba el ser más dichoso de la tierra solamente con verlo sonreír. En las grandes fiestas, como la de las Tiendas o la Pascua que se celebraban en el entorno familiar nosotras éramos las protagonistas, de nosotras dependían los manjares tradicionales, la elaboración del pan ácimo, el adorno de la mesa, las luces, sin las mujeres las fiestas no se hubieran podido celebrar en todo su esplendor.
Aquellos días la familia no se limitaba solamente a mis padres y hermanos, también venían parientes y amigos de los pueblos vecinos, nuestra casa era muy grande y podíamos dar acogida a mucha gente. Especialmente por la Pascua en la que todo buen israelita desea subir a Jerusalén la casa se llenaba de visitantes y de bullicio.
Nosotros creemos que los matrimonios se conciertan en el cielo, uno de los trabajos de Dios es buscar hombres y mujeres que se conozcan, se casen y funden una familia, por eso los padres se preocupan de que sus hijas encuentren un marido apropiado que las proteja y cuide. Las muchachas no tenemos gran cosa que decir a la hora de elegir esposo, lo que cuentan son los intereses familiares y los deseos de los padres de ambos.
Cuando llegó el momento de elegir esposo para mi hermana mayor, mi padre sospesó sus gustos y también la conveniencia social para la familia, escogió para ella un hombre joven, comerciante como él, que vivía en la diáspora en una comunidad judía de Antioquía. El que mi hermana se tuviera que alejar de Jerusalén me causó un gran pesar, estábamos muy unidas y cuando definitivamente se marchó, la casa me pareció vacía sin ella. Además tenía miedo, porque se acercaba el momento de que yo también me tendría que ir de casa y lo desconocido me aterraba.
Hacia ya unos meses que mi cuerpo perdía sangre y mi madre me había enseñado los procedimientos para recuperar la pureza ritual. Cuando hablamos de PURO o IMPURO términos que, connotan una condición aborrecible de la mujer menstruante. Sin embargo a mi me enseñaron que no es así, según las leyes de la Torá, nada cambia en los valores individuales y el carácter de la persona, el hombre o la mujer designada como TAME (impura), no se convierte en un individuo inferior sino esto únicamente indica y prescribe cierto comportamiento a seguir en cada caso. Durante todo el tiempo en que la mujer se encuentra Nidá (estado de impureza), o sea que todavía no terminó el proceso de Purificación, que dura Siete Días Limpios y la inmersión en un baño de purificación, está prohibida toda relación sexual y si se transgrede esta prohibición se merece un castigo. Asimismo cualquier otro contacto físico de afecto como abrazos y besos, está prohibido de la Torá durante estos días, incluso tocar un objeto que haya tocado una mujer en sus días impuros, o conversar en esos días, ni mirarla, ni comer en la misma mesa, o comer en un mismo recipiente, la mujer no le servirá comida o bebida expresamente al esposo, le está prohibido arreglar la cama de su esposo en su presencia. No dormirán en una sola cama, aunque fuera amplia, y aún si fueran camas separadas deberá haber un espacio entre ellas. No verterá al esposo agua caliente o fría, para lavarle la cara, las manos o los pies, como asimismo le está prohibido preparar el agua para que el esposo se lave. Si el marido se encuentra enfermo y se siente débil, y no hubiere otra persona para atenderlo aparte de ella, es posible permitir que ella lo atienda. Si es la esposa la que enfermara (y estuviera Nidá, impura), le esta prohibido al marido darle de comer o levantarla, salvo si esta realmente muy necesitada de ello, y no tiene quien se dedique a ella. (pero evitando el contacto directo, es decir por medio de una tela) .
Sabía por los relatos de la Torá, que la mujer es inferior al hombre porque por ella entró el pecado en el mundo. Tal vez también Adán tiene culpa, y no sólo Eva. Sin embargo, es Eva quien carga con la culpa de su propio destino, y del destino de Adán y en definitiva del destino de la humanidad toda. Lo pagamos caro. No sólo el embarazo y el parto se convirtieron de bendición en dolor sino y fundamentalmente, la mujer pierde cualquier posibilidad de autonomía e independencia. Todo su deseo estará volcado hacia el hombre y éste la dominará.
Por tanto, si el conocimiento es poder, la mujer judía quedó excluida durante siglos de los círculos de poder, al igual que las mujeres todas en casi todas las culturas.
Yo aceptaba como algo natural el que mi padre y mis hermanos tuvieran un status superior al nuestro. Aunque en nuestra familia las mujeres teníamos la suerte de que al no pertenecer a la secta de los fariseos mucho más estrictos, sino a la de los saduceos se nos permitía, en el interior de la casa, muchas cosas que a otras no se les era permitido.
La enseñanza de la Torá y sus preceptos, base misma de la educación judía tradicional, es una función masculina, el texto no habla de una prohibición, es decir, de una orden de no hacer dada a las mujeres sino de una obligación ordenada a los hombres. Es obligación enseñar a los hijos varones pero de aquí no se desprende que esté prohibido enseñarle a la mujer. Podríamos pensar entonces que aquel padre o madre que así le deseara, podría enseñar Torá a sus hijas mujeres. Por ejemplo mi padre se interesó personalmente por que un rabí nos instruyera a mi madre y a mí y a mi hermana en la Torá, según él, nada había en la Ley que impidiera a la mujer israelita el conocerla.
El miedo a cual sería mi suerte en el matrimonio no la tenían mis hermanos que sabían que siempre tendrían el apoyo de su padre para conducir su familia, nosotras iríamos a formar parte de la familia del esposo escogido por nuestro padre y seríamos su propiedad pudiendo ser repudiadas o lapidadas si teníamos la desgracia de no llegar vírgenes al matrimonio o caer en los brazos de otro hombre. El amor así nos estaba vedado.
Al estudiar la Torá aun nos convencimos más de nuestra pequeñez, los versos en que se nos denigraba eran muchos más que en los que se nos alababa. Es cierto que en nuestra tradición hubo mujeres insignes a las que se ponía como ejemplo.
Tenemos a SARAH Fue la esposa de Abraham. De acuerdo con los Rabinos, ella fue superior a Abraham en cuanto al don de la profecía. Ella fue la única mujer la cual Dios consideró digna e dirigirse a ella personalmente. Vivió 127 años y fue enterrada juntamente con Abraham en la Cueva de Macpelah. Nos dejó en herencia la risa, fue capaz de salir de la tienda y reírse del anuncio de una maternidad en su ancianidad. ¿Por qué se ha reído Sarah? ¿Acaso hay algo imposible para Dios? Su recuerdo ha sido durante los momento duros de mi vida un bastón en el que apoyarme, si ella pudo ¿por qué no yo?
Y tenemos a MIRIAM. Fue la hermana de Moisés y Aaron. Le salvó al nacer junto con la hija del faraón. Ella tuvo el coraje de decirle al Faraón que el podía ser castigado por su crueldad contra Israel. Acompañó a los Judíos por el desierto hasta que murió. Miriam y su madre sirvieron de instrumento de la providencia de Dios, sin su intervención el plan de Dios en la liberación del pueblo de Israel no se hubiera cumplido, no se puede olvidar su importancia en el fundamento de la identidad del pueblo, como tantas veces se ha dado por supuesta y ha quedado en la invisibilidad y el silencio
Tenemos también a REBECA, la herencia más valiosa que nos dejó fue su familiaridad con el Señor, su costumbre de acudir a Él también en aquel momento critico de su vida en que se quedó embarazada y los gemelos que llevaba en mi vientre se agitaban violentamente dentro de mí. “En estas condiciones ¿vale la pena vivir?” (Gn 25,22). De Él obtuve algo de esa capacidad mía de decisión, junto con la valentía de correr riesgos con tal hacernos afines con las preferencias de Dios y que se nos vayan inclinando el corazón y la vida, cada vez más espontáneamente, a los que tienen todos los poderes en contra y que son la niña de los ojos de Dios.
Y junto a ella está su hermana LIA, que quiso entregarnos como un legado precioso la sabiduría de gestionar el fracaso y el éxito, esas realidades humanas que revelan lo mejor y lo peor de cada hombre o mujer.
Hay muchas más, DEBORAH reveló el hecho que Yahvé auxilia a Israel por medio de hombres que consagran sus vidas completamente a la adoración de Yahvé y al estudio de la Torah.
HANNAH.- Fue la madre de Samuel, En el primer verso en I Samuel, ella indica que su hijo Samuel iba a ser profeta y que su nieto, Ella fue la primera en llamar a Dios por su Nombre de Guerra, Adonai Sebaoth, el Dios de los Ejércitos.
ESTHER.- Fue la reina de Persia y otra de las cuatro mas bellas. Siempre se le recuerda joven y llena de energía... A ella se le debe la celebración de la Fiesta de Purim o de las suertes.
La historia de NOEMI y RUTH estaban también entre mis predilectas. Rut desde el comienzo aparece caracterizada por su condición de extranjera, moabita, pero por el amor a su suegra acaba siendo la esperanza de Noemí y de Booz. Pero solo lo consigue a través de determinadas transgresiones entre las que ocupa un lugar importante la escena de la noche de la era. Dios se pone de parte de ella.
Pero mi lectura favorita era el libro de la Sabiduría, no es un libro muy frecuentado por mi pueblo pero en él me puedo reconocer a mi misma. La actividad divina se describe con imágenes femeninas; es una presencia creadora y re-creadora de vida, compañera y guía del pueblo en su peregrinar por la historia. Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mi el espíritu de sabiduría (7,7) Por eso decidí tomarla como compañera, segura de que sería mi consejera en la dicha, mi alivio en la pesadumbre y tristeza (8,9) Nos enseñaron desde pequeñas a reflexionar a partir de lo que leíamos en los libros o de lo que oíamos a los rabinos, yo gracias a la sabiduría me di cuenta de que tenía que aprender a partir de mi propia experiencia, de los encuentros, de los acontecimientos.... porque es ahí donde vamos a encontrar a ese ser tan profundamente relacional que es nuestro Dios.
La exclusión que como mujer sufrí durante mucho tiempo produjo como reacción una voluntad de incluir a todos hombres y mujeres en la realización de la personalidad del ser humano para llegar a hacernos conscientes de nuestra parte mas escondida y caminar ambos en armónica alianza. Pero no avancemos acontecimientos, esto lo aprendí después cuando conocí de cerca al Hijo del hombre.
Cuando cumplí doce años mi madre me cogió un día aparte y con mucha solemnidad me dijo que mi padre me estaba buscando esposo, pero que yo debía dar mi consentimiento porque dice el Talmud "Tiene prohibido el hombre casar a su hija cuando es menor hasta que crezca y diga 'a fulano yo quiero'” Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne... (Ge2,24)
El matrimonio es conforme al judaísmo, un acto de carácter legal realizado entre dos personas que asumen de ese modo compromisos específicos. Dicho compromiso, es asumido públicamente ante la presencia de dos testigos que dan de hecho validez al acto.
"Y bendíjolos Dios y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla: mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra." (Ge1,28). En la mayoría del pueblo, el matrimonio tenía normalmente lugar cuando la hija estaba aún bajo la tutela de su padre. ¿Qué podía hacer yo, sino aceptar lo que me proponían? Sabía que mi padre me amaba y que no me propondría una persona indigna o que fuera contra mi voluntad, pero yo también sabía que mi voluntad debía ser la suya como buena hija.
Por tanto según las normas establecidas las familias marcaron las fechas, la dote y todo lo referente al matrimonio. Y llegó el día de los kidushin, o sea, el acto de consagración, se realizó a través de la entrega del dinero. El matrimonio queda realizado a partir de dos actos que son independientes: los Kidushin, durante el que el novio otorga el dinero u objeto de valor y consagra a la mujer como suya diciéndole "arei at mekudeshet li betabaat zo", esto es: Estás ahora consagrada a mí a través de esta dinero, y el segundo acto el de los Nisuim – en el que la mujer entra a la casa del hombre. Estos dos actos se realizaron con la distancia de un año. Después de los kidushin, la consagración, yo permanecí en casa de mis padres preparando el ajuar, la boda y todo lo necesario para la futura vida en común. A partir de los kidushin pasé a ser desposada y, por tanto, quedaba prohibida para todo hombre que no fuera mi novio y de hecho quedaba también prohibida para éste hasta el momento de los nisuim.
Mi novio empezó a frecuentar la casa y nos veíamos siempre en presencia de mi madre o de alguna criada de confianza. Era bastante mayor que yo, había estado casado y su primera mujer murió al dar a luz así como el hijo varón que esperaban. Esto le amargó durante muchos años y finalmente aconsejado por su familia decidió volver a casarse. Era conocido de mi padre porque compartían negocios y poseía un prospero comercio de tejidos por toda la costa del Asia Menor. Yo hacía una buena boda a ojos de todos y mi familia estaba muy contenta. A mi me quedaba la duda, ¿sabría yo hacerle feliz? ¿Le daría los hijos varones que esperaba?
El casamiento compuesto de sus dos partes tiene como uno de los elementos centrales la firma del contrato matrimonial o ketuvá. La ketuvá fue establecida como un recurso legal para defender a la mujer. Dicen los sabios "para que no le sea fácil sacarla" o sea, para que no le sea fácil darle el divorcio. En el momento del divorcio el hombre debía pagar una suma importante de dinero establecida en la ketuvá. Ello debería obligarle a pensar más seriamente antes de decidir divorciarse para casarse con otra mujer o porque se disgustó con la presente.
De todas maneras yo sabía que mi principal obligación sería ser agradable a mi esposo, darle hijos varones y estar totalmente a su servicio porque dice la Torá “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un sefer kritut, una carta de partición”(Gen 24,1-4) "No es lo mismo el hombre que se divorcia, que la mujer de quien el marido se divorcia. Un marido despide a la esposa tanto si ella quiere como si no quiere, el hombre se separa sólo si él quiere"
El día de la boda se hizo una gran fiesta en mi casa, todos mis familiares y amigos de mi padre, junto con las amigas de mi madre, mis amigas vinieron a mi casa donde se las recibió y agasajó con dulces y bebidas. Un grupo de músicos amenizaba la espera, mientras llegaba la litera en que me transportarían a casa de mi esposo. Yo llevaba una corona dorada que representaba las murallas de Jerusalén.
Cuando llegó la litera portada a hombros por amigos de mi esposo, en medio de un gran bullicio, cubierta por un velo me subieron a ella sin que me diera ni tiempo de despedirme de mi madre, mi confusión era grande y temblaba como una hoja.
En el patio de la casa de mi esposo habían instalado una Jupa una especie de cúpula formada de seda carmesí y dosel de boda de oro, donde él me esperaba adornado con una guirnalda de rosas y mirto.
La música, el bullicio, los gritos, el vino que bebimos los dos de la misma copa, todo fue como un sueño en una nube y entré en casa de mi esposo a formar parte de sus posesiones, la más querida, es posible, pero sin libertad. Eso tampoco lo supe hasta que aprendí que es ser libre y la clase de amor que me hizo libre.
SEGUNDA PARTE
Encuentro de Hanna y Jeshua
Yo estaba allí. Aquella tarde terrible, de dolor, sangre y angustia, yo y otras, su madre, su hermana, Maria de Betania y su hermana Marta , Maria de Magdala, Salomé y muchas otras cuyos nombres se han perdido. Todas estuvimos a su lado la noche anterior en la cena de despedida, habíamos decorado la sala, preparado los alimentos, encendido las luces, era el trabajo de las mujeres y nosotras lo hicimos alegremente como otras veces, sin sospechar que aquella sería una noche muy especial. Preparamos la gran fiesta del año, la Pascua, y aquella parecía que iba a ser una Pascua diferente. En primer lugar el Maestro nos había pedido que la celebráramos un día antes, ya estábamos acostumbradas a que él muy a menudo rompía las reglas litúrgicas y no preguntamos la causa.
Jeshua había estado toda la semana enseñando en el Templo y había hecho y dicho cosas que a los sacerdotes les había desagradado profundamente. Tenía un poder que nadie sabía de donde le venía, curaba enfermos, daba la vista a los ciegos y el pueblo le seguía y creía en él. Los dirigentes del Templo se sentían amenazados porque ponía a los hombres y a las mujeres por encima de las mil y una leyes que ellos habían escrito para dominarnos. Jeshua nos daba la libertad.
Como me la dio a mí un día en que me libró de una muerte terrible, iba a ser apedreada y el me salvó. Necesitaban una excusa para coger a Jeshua en una falsedad y yo les serví de cebo. Cometí una imprudencia imperdonable, dejé entrar en casa a un hombre en ausencia de mi esposo. Algunas veces me lo había cruzado camino del Templo y su mirada sonriente y provocadora me agradó. Ya se que hice mal, una mujer debe caminar con la vista baja y no mirar a los hombres, y menos a los ojos, pero a mi me gustaba ver lo que pasaba a mi alrededor, disfrutar del sol y del aire frío en mis mejillas, y no podía soportar que el velo que debíamos llevar cuando salíamos a la calle me cubriera el rostro.
Además, y sin que eso me sirva de excusa, estaba pasando una mala temporada, mi esposo me tenía abandonada, yo no le daba el hijo varón que deseaba, había perdido prematuramente dos hijos varones de pocos meses, podéis imaginar el dolor que se puede acumular en el corazón cuando dos pequeñitos, parte de ti misma mueren sin haber tenido tiempo de tan solo vivir.
A causa de la impureza ritual yo me sentí abandonada. Las mujeres éramos propiedad del marido, como una esclava, como los hijos, nuestra vida podía ser feliz o desgraciada según que el hombre que era tu marido fuese o no de buenos sentimientos. Y eso era cuestión de suerte. Por eso aquel día cuando llamaron a la puerta y vi que era el muchacho que me había sonreído camino del Templo que me ofrecía un cesto de fruta fresca, le dejé pasar. No se que pasó por mi cabeza en aquel momento, no me di cuenta de la gravedad del hecho. Tampoco me di cuenta de que un vecino estaba observando, y era un fariseo muy estricto. Aun no habíamos tenido tiempo de cruzar media docena de palabras, cuando se oyeron unos golpes en la puerta y gritos. En aquel momento llegaba mi marido, con él cinco o seis hombres en tromba. Al verme a mí con el muchacho, mi esposo me golpeó insultándome y los demás entre golpes y gritos me arrastraron por las calles de Jerusalén hasta el patio exterior del Templo. Del muchacho no supe nada más, desapareció, nadie se preocupó de él. Cuando llegamos al atrio del Templo había un hombre sentado rodeado de gente que le escuchaban. De un empujón me tiraron al centro del grupo y empezaron a gritar
 “¡Adultera, muerte a la adultera!”
 “La Ley de Moisés dice que hay que apedrearla, ¿tú que dices Maestro?”
¡Las piedras! Un escalofrío me corrió por la espalda, sabía lo que me esperaba, me arrastrarían a las afueras de la ciudad y me apedrearían hasta que muriera. Y no sería una muerte rápida, en algunos casos los reos permanecían agonizando días, acechados por los perros y las aves de presa que antes de que murieran ya los despedazaban. Muchos de ellos ya llevaban las piedras en las manos, otros iban recogiéndolas en sus mantos. El hombre que enseñaba, no sabía yo aun quien era, no se levantó, ni me prestó ninguna atención, mirando al suelo parecía que escribia algo. La gente que le había estado escuchando, hombres y mujeres, miraban asustados a los energúmenos que me habían traído. No era este un espectáculo corriente, aunque estaba escrito en la Ley, las mujeres éramos muy prudentes y no provocábamos situaciones que nos pudieran llevar tan lejos. Yo permanecía en el suelo temblando, en cualquier momento aquel hombre que parecía un maestro levantaría la mano y todos se abalanzarían sobre mi. Pero el hombre callaba, y poco a poco los gritos de los que me insultaban se fueron apagando también. Ahora el centro de la atención era él, yo entonces no lo sabía, pero se servían de mí y de mi inconsciencia, como excusa para condenarlo a él.
 “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”
Su voz resonó segura y con autoridad en medio del silencio. Fue en aquel momento cuando yo me atreví a levantar la mirada. El hombre seguía escribiendo en el suelo, miré a mis acusadores y vi como soltaban las piedras con disimulo y se iban retirando. El primero mi marido. No me lo podía creer, con esas sencillas palabras me había liberado de una muerte terrible. En un momento nuestras miradas se cruzaron, fueron unos segundos, pero yo quedé prendida en sus ojos para siempre.
 “¿Dónde están? ¿Nadie se ha atrevido a condenarte?
 “Nadie, Señor”
Desde aquel momento era mi señor y yo su servidora, había comprado mi libertad. Pero él no se aprovechó de mi mirada de devoción, me hizo libre.
 “Yo tampoco te condeno, vete y no peques”
Cuando me dijo “vete” yo caí de la nube en que estaba desde que Jeshua me miró. ¿A dónde iba a ir? A casa de mi esposo no podía volver, mi familia no me aceptaría de nuevo.
Cuando parecía que lo que yo creía mi liberación se esfumaba entre los dedos, sentí una mano que me levantaba del suelo.
 “Ven con nosotras – dijo una voz de mujer – te has de curar esas heridas. Me llamo Marta y soy amiga de Jeshua”
Y así fue como empecé a formar parte del grupo de las discípulas que seguían a Jesús.
Desde aquel día me quedé a vivir en casa de Lázaro y sus hermanas, Marta y María, en Betania. Jeshua venía por allí a menudo a descansar de sus viajes y así fue como yo aprendí esa nueva manera de ver la vida que el llamaba el Reino. De las dos hermanas aprendí muchas cosas de Jeshua, como iba por los caminos de Galilea haciendo el bien, curando enfermos, consolando a los tristes y dando un mensaje de esperanza y amor a todos los oprimido, que en una ocasión los discípulos de Jeshua se quedaron extrañados al ver que hablaba con una mujer, samaritana por más señas (Jn 4, 27).
Entre el pueblo se rumoreaba que él era el Mesías y una vez lo quisieron hacer rey, pero él siempre se escabullía y decía que no había llegado su hora. De las dos hermanas Marta era la mayor, desde que murió su madre llevaba la casa y cuidaba de su hermano Lázaro que no tenía muy buena salud y se ocupaba de María que era bastante más joven.
María era una muchacha muy hermosa, que escuchaba las palabras de Jeshua con ardor y cuando él hablaba no tenía ojos para nadie más. Las dos estaban instruidas en la Torá pero además habían aprendido una nueva manera de ver la vida que ponía a los hombres y a las mujeres por encima de los preceptos legales.
El grupo de Jeshua y sus discípulos/as era variado. Había un núcleo central de galileos formado por los doce liderados por Pedro que presumían de ser los “elegidos”, pero también había un grupo mas numeroso de discípulos en el que habían tanto hombres como mujeres; los hombres eran también en su mayor parte galileos, pero otros provenían de diversas partes del país, algunos de Judea, como Zaqueo de Jericó, otros eran de tierras paganas Perea, la Decápolis por donde Jeshua había estado predicando, y también unas cuantas mujeres, algunas eran las esposas de los discípulos galileos, pero la mayoría eran mujeres que habían escuchado el mensaje liberador de Jeshua y le seguían a pesar de lo difícil que resultaba para ellas romper con las tradiciones seculares en que las mujeres debían permanecer recluidas en la casa. Jeshua subvirtió las relaciones de poder de la sociedad patriarcal, relativizando incluso los lazos familiares. La familia que Jeshua reconocía es la familia de Dios, formada por todos aquellos, hermanos y hermanas, que cumplen la palabra de Dios y la viven; en esta familia, no hay lugar para el patriarca. Hermandad en la que es necesario ser impotente y vulnerable, como los niños: «Os aseguro, si no cambiáis y os hacéis como niños...» y que cuesta aceptar a los discípulos: «Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús les dijo indignado...» , pues no comprendían que el único poder de los seguidores de Jesús es el poder del servicio de amor y que en esa entrega a los desposeídos, a los rechazados y ultrajados y entre ellos ¡cuántas mujeres! encuentran —además de persecución— al mismo Cristo.
Para las discípulas de Jeshua el concepto de casa había variado del tradicional, que era un lugar cerrado solo accesible a los miembros de la familia, y donde los impuros no podían entrar para no contaminar. La casa de las/os discípulas/os de Jeshua tenía las puertas abiertas a todos y todas que quisieran seguirle, por eso en muchos lugares de todo el país que había recorrido Jeshua, había casas de discípulas que acogían al maestro cuando pasaba en sus viajes.
Estas mujeres y sus familias eran los puntos de apoyo en que el grupo itinerante con el Maestro se acogían para descansar de las largas caminatas y también el centro de reunión de los discípulos de la zona como punto de encuentro y de celebración de la llegada de Jeshua al lugar.
Marta era una de ellas, su casa no estaba lejos de Jerusalén y aquellos últimos días de vida de Jeshua en la tierra le sirvieron de refugio muy a menudo.
En aquel tiempo los acontecimientos se precipitaron porque los fariseos y los sacerdotes buscaban la manera de matarle. El mismo día que me quisieron apedrear a mi, él se escapó por bien poco, lo acusaban de blasfemo lo peor que se puede decir de un israelita. Otro día curó a un ciego de nacimiento y los fariseos le condenaban porqué lo había hecho en sábado. Jeshua andaba escondiéndose para que no le cogieran y el pueblo le quería y le protegía, por eso se alejó de Jerusalén una temporada.
Sucedió que Lázaro enfermó gravemente mientras Jeshua estaba fuera, le mandaron aviso enseguida pero murió antes de que pudiera acudir y cuando llegó ya le habían enterrado. Marta estaba transida de dolor y cuando Jeshua llegó, Marta corrió a su encuentro y entre lágrimas se lamentó que no hubiera estado presente cuando Lázaro enfermó porque ella sabía de sus dotes de sanador y le hubiera curado, Jeshua dijo entonces algo que nosotros no entendimos “Yo soy la resurrección y la vida” Marta si lo debió entender porque la oí proclamar en voz alta “Yo creo que tu eres el Mesias, Hijo de Dios vivo”. Esta afirmación la había hecho también una vez Pedro lo que le valió el gran prestigio que después tuvo entre los discípulos, viniendo de boca de Marta, una mujer, aun adquiría más significado, ella una discípula manifestaba su fe en un Jeshua, Mesías, en el que luego creerían muchos y muchas.
María también se añadió a Marta que llorando se echó a sus pies, quien ante tanto dolor también se emocionó y todos juntos nos dirigimos al lugar de la sepultura.
Lo que sucedió forma parte de lo inexplicable, Jeshua mandó mover la piedra de la entrada del sepulcro y con voz fuerte mandó a Lázaro salir afuera. Pasaron unos minutos tensos y de pronto la figura de Lázaro se recortó contra la oscuridad de la tumba. Era él, vivo, demacrado, muy débil, pero con fuerzas para andar el que se acercó al grupo que se agolpaba detrás de Jeshua.
Aquella noche fue cuando se decidió la muerte de Jesús en el sanedrín.
Y unos días después fue cuando celebrando una fiesta para celebrar la vuelta a la vida de Lázaro, María derramó sobre los pies de Jeshua una libra de perfume de nardo, lo que provocó un gran enfado entre algunos de los discípulos por el gasto que representaba, “podríamos darlo a los pobres” decían, pero Jeshua defendió a María. Ya estaba sembrada la semilla de la incomprensión. El Maestro quería una comunidad en la que todos entráramos, pobres, mujeres, esclavos, no que algunos se quedaran fuera para que les diéramos limosna, eso ya lo hacían los fariseos. En esta ocasión se vio, como en otras, que entre los discípulos algunos no aprobaban el trato de igualdad que Jeshua daba a las mujeres. Algunos no entendían como podía Jeshua apoyar ese cambio en las relaciones entre hombres y mujeres, donde no hubiera quien mandara y quien obedeciera, sino que todos nos ayudáramos y sirviéramos mutuamente. Jeshua mismo nos lo demostró la noche de la cena antes de su muerte cuando en su despedida quiso demostrar de una manera visual que el mayor debía ser el que sirviera, cuando nos lavó los pies a todos con gran indignación de Pedro.
Fue aquella noche inolvidable cuando nos dejó su mensaje “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn15,12)
Y después vino lo que ya todos conocemos, la traición de Judas, como se lo llevaron preso como un malhechor, el juicio tramposo, la muerte vergonzosa, y la huida de los discípulos por miedo a ser ellos también detenidos. Solo nosotras un pequeño grupo de sus discípulas, junto con su madre, le fuimos siguiendo hasta el Gólgota, escuchamos sus últimas palabras, recibimos su último aliento. Cuando José de Arimatea y Nicodemo vinieron ya hacia rato que había muerto, iba a caer la tarde y empezaba la Pascua. Entre todos lo bajamos de la cruz y lo pusimos en el sepulcro nuevo de Jose de Arimatea.
Allí se quedaron tantas ilusiones, tantas esperanzas en un mundo nuevo, tanto amor… Entonces creímos que todo se había acabado, pero fue por poco tiempo.
TERCERA PARTE
Los inicios de la vida nueva
Pasamos el descanso del Sabath sin dejar de pensar en todo lo que había sucedido, crucifixión, muerte y entierro de Jeshua nos habían dejado marcadas para siempre, nosotras estuvimos allí, fuimos testigos de todo lo que pasó, el Maestro había dicho “Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor”. Y nosotras le seguimos, si era preciso estábamos dispuestas a morir a su lado, padecíamos con él. De todas nosotras Maria Magdalena era la que se distinguía por su devoción al Rabbóni, le había conocido allá en Galilea, era una discípula de los primeros tiempos junto con Juana, Susana y otras que le acompañaban y ayudaban en sus viajes. Nunca se oyó decir que una mujer judía abandonase el hogar para viajar con un rabino, fue un gran escándalo. Las mujeres no podíamos tener la categoría de discípulas, la ley lo prohibía. Solo nos estaba permitido escuchar la Palabra en la sinagoga y aun así con muchas dificultades por los problemas de “impureza” que nos hacía “indignas” de estar en el templo. Pero el Rabbóni Jeshua no hacia caso de todas estas normas y hombres y mujeres éramos iguales para él, una vez más rompía con las normas establecidas. Maria Magdalena y las discípulas de los primeros tiempos le habían seguido en pobreza e itinerancia identificándose con su misión hasta el preciso momento de la Hora .
Muy de mañana, apenas el sol despuntaba, cinco de nosotras recogimos todo lo que habíamos preparado el día anterior, ungüentos, aceites, perfumes, Salomé trajo un frasco de nardo como el que Maria rompió en la cena en casa de Simón, cogimos lienzas tejidos con nuestras manos y salimos dispuestas a enterrar al Rabboni de una manera digna según las costumbres de nuestro pueblo. Cuando ya estábamos cerca del lugar María Magdalena salió corriendo delante de nosotras, ella llegó la primera al sepulcro y la encontramos hablando con un joven vestido de blanco, la piedra que cerraba la entrada del sepulcro estaba corrida y cuando miramos dentro vimos el sepulcro vacío, su cuerpo no estaba. El terror se apoderó de nosotras cuando oímos al joven decir: No os asustéis. Buscáis a Jeshua de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Salimos corriendo del lugar; el temor y espanto se apoderó de nosotras y de momento no quisimos decir nada porque sabíamos que no nos creerían.
Pero Maria más valiente que nosotras decidió ir a contárselo a Pedro. Primero no la creían y pensaban que el dolor la había trastornado el entendimiento pero tanto insistió que salieron los dos acompañados por otro discípulo de su confianza volvieron a acercarse al sepulcro. Pedro entró el primero y vio los lienzos tirados y el sudario doblado sobre el sepulcro, el otro discípulo entró también y lo vio, salieron del sepulcro y volvieron a la casa.
Mientras tanto María permaneció en la entrada llorando, quería ver a su Señor y se lo habían llevado, aun no entendía lo que querían decir las palabras de los personajes que nos habíamos encontrado “¿Dónde han puesto a mi Señor?” se preguntaba entre sollozos, cuando oyó una voz que no supo reconocer “Mujer ¿por qué lloras?” su respuesta fue su obsesión “¿Dónde está mi Señor? ¿Quién me lo ha quitado? Cuando se volvió oyó pronunciar su nombre “MARÍA” esta vez no había duda “¡Rabboni!”
Cada vez que recordamos estos encuentros con Jeshua nos sentimos transportadas a aquellos días inolvidables en que Él, el crucificado, se nos hacía presente de manera misteriosa pero real. Muchos hermanos y hermanas sintieron su presencia de muchas maneras, tal era la fuerza del acontecimiento que no tenemos palabra en el lenguaje humano para expresarlo. Durante mucho tiempo permanecimos reunidos en la casa contándonos nuestras experiencias y recordando los momentos que habíamos vivido a su lado.
De estos recuerdos repetidos una y otra vez surgió el propósito de que lo que habíamos vivido a su lado debería ser conocido por todos los hombres y mujeres de la tierra. Era un mensaje de fraternidad, igualdad, amor, servicio, sin rituales ni purificaciones, sin diferencias ni preferencias, en donde mujeres y hombres unidos en una misma comunidad de amor nos ayudábamos los unos a los otros. Cada tarde, al caer el sol, nos reuníamos para cenar todos juntos y recordar aquellas comidas que habíamos celebrado tantas veces al lado de Jeshua, y Él se hacía presente entre nosotros de una manera real pero diferente. Recordábamos como partía el pan, como lo repartía, como bebía de la copa y la compartía con todos y así lo hacíamos nosotros en memoria suya.
Fue una de esas tardes en que su presencia se hizo más sensible, un viento sutil y cortante entró por las ventanas agitando las ropas, la luz del atardecer se hizo más dorada y una nueva fuerza se apoderó de todos los allí reunidos, que éramos unos 120 entre hombres, mujeres y algunos niños. Recuerdo que estábamos todas las mujeres que habíamos acompañado a Jesús hasta el Gólgota, María su madre, los doce, familiares de Jesús, algunos con sus mujeres e hijos y bastantes discípulos de Jerusalén, todos fuimos tocados por esa fuerza divina que recorrió la sala y llenó el silencio de densidad. Era la fiesta de Pentecostés y la ciudad estaba llena de extranjeros que venían a celebrarla, algunos se acordaban de lo que había sucedió en la Pascua con la muerte de Jeshua, otros lo habían odio contar, pero otros no entendían nada. Fue Pedro el primero en recuperar los sentidos y ponerse a hablar:
“Judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sabed esto y oíd bien lo que os voy a decir: l o que aquí está sucediendo es algo diferente; es lo que anunció el profeta Joel cuando dijo:
‘Sucederá que en los últimos días, dice Dios,
derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad.
Vuestros hijos y vuestras hijas
comunicarán mensajes proféticos,
vuestros jóvenes tendrán visiones
y vuestros ancianos tendrán sueños.
También sobre mis siervos y sobre mis siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días,
y comunicarán mensajes proféticos.(Hch2,14-18)
Todos salimos a la calle perdiendo el miedo y comenzamos a proclamar como Jeshua de Nazaret, el crucificado, era el Mesías esperado. Las palabras salían de nuestros labios sin esfuerzo, todo lo que habíamos visto y oído lo transmitíamos llenos de una fuerza desconocida y la gente al vernos hablar tan convencidos nos preguntaba acongojados que tenían que hacer. Y nosotros respondíamos “Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para recibir el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo” (Hch 2,18)
Muchos hombres y mujeres se sintieron tocados en el corazón y vinieron con nosotros a formar parte de nuestra comunidad de vida. En las semanas y meses siguientes a este acontecimiento el número de los seguidores de Jeshua, el Mesías, fue aumentando y los discípulos y discípulas de los primeros tiempos nos repartíamos entre ellos para enseñarles todo lo que habíamos oído decir a Jeshua cuando andaba por los caminos de Galilea, o descansaba en las casas que lo acogían. Entre las mujeres destacaba Maria de Magdala, discípula de los primeros tiempos de Galilea y seguidora en la cruz. Ella recibió el encargo de anunciar la Resurrección a los otros discípulos y su palabra era tan segura y llena de verdad que muchos la seguían y se hacían bautizar. Esto despertó los celos de algunos de los hombres y dio origen a las primeras disensiones entre nosotros. Disensiones, que sin embargo no nos separaban de la unidad en el amor y en el anuncio de la salvación. María hablaba en nombre de Jeshua recordando sus palabras de las que se había empapado en los años de seguimiento por Galilea.
La mayoría se sentían atraídas por el mensaje abierto de Jeshua, que predicaba en nombre de un Dios cuya soberanía y generosidad no tienen medida. La Santidad sagrada del Templo y de la Torá, Él la valoraba en función del carácter incluyente de cada persona de Israel y su capacidad de engendrar la plenitud de todo ser humano.
El sorprendente, luminoso y creador hecho de que Jeshua ignoró distinciones entre varones y mujeres también resultó especialmente atrayente para las mujeres que nos escuchaban. El hecho de que no existía una segunda moral específicamente de mujeres, propia y exclusiva para ellas sino que hay una misma para todos, varones y mujeres, resultaba impensable, En ese plano “no hay hombre ni mujer”, sino persona humana. Jeshua había estado ofreciendo las bases de la nueva humanidad, que estaba suscitando aquello que pudiéramos llamar la nueva creación, donde no existen ya varones y mujeres como distintos ante Dios sino personas abiertas para el reino. Las funciones del varón y la mujer, en cuanto seres personales, han de entenderse y formularse precisamente a partir de sus enseñanzas.
La vida de la comunidad, en la que se incluían las mujeres, se centraba en la misión profética y evangelizadora a que nos impulsó la fuerza de la Ruah , los otros criterios que en la religión judía orientaban y limitaban esta tarea, tales como el género, la edad y la clase social, habían quedado borrados explícitamente, la salvación, que había quedado circunscrita a un pueblo (Israel) y a un grupo de varones puros dentro del pueblo, es una salvación universal.
Pero no todo fueron éxitos, también hubo algunos fracasos, como el de los desgraciados Ananias y Safira que por querer engañar a la comunidad con su falta de solidaridad, fueron duramente castigados, si muchos hubieran actuado como ellos, la comunidad se hubiera roto rápidamente, y como por otro lado la mayoría habíamos abandonado el cómodo refugio familiar ya no tendríamos a quien acudir. Lo peor es que Safira no tenía que haber seguido la suerte de su esposo, (muerto para la comunidad) si hubiera sido valiente y no hubiera actuado como si aun dependiera de él para tomar decisiones, pero la inercia y el miedo a ser ella misma la condenaron a la muerte en vida. .
Pasó así un tiempo en que la comunidad de creyentes en el Mesías Jeshua crecía por todo Jerusalén y se extendía como una mancha de aceite por Judea, Samaria y Galilea gracias a los y las/os discipulas/os itinerantes que de dos en dos, como en otro tiempo los envió el maestro, recorríamos los pueblos y las aldeas proclamando el mensaje del Reino y la salvación.
Tanto y tanto nos dimos a conocer y tantos seguidores teníamos que los sacerdotes y los saduceos planearon acabar con nosotros porque éramos una amenaza a sus enseñanzas. La persecución se desencadenó por todo el país y muchos fuimos presos y llevados en cautiverio hasta Jerusalén donde tenían lugar los juicios y los castigos. La mayoría se libraban con azotes y prisión, pero esto no los desanimaba porque sabía que como el Señor había sufrido así también los discípulos debíamos ser perseguidos. Pedro también fue encarcelado pero un ángel del Señor le libró milagrosamente y daba testimonio por todos nosotros en el Templo delante del sanedrín.
Uno de los mas activos discípulos de Jerusalén, Esteban, uno de los siete diáconos de origen griego, conocido por su energía en proclamar la palabra del Reino fue acusado de blasfemia y los maestros de la ley amotinaron al pueblo en contra suyo. Cuando en el juicio le preguntaron sobre la verdad de las acusaciones su defensa fue tan ardiente y su acusación contra los que habían matado a Jeshua, el Mesías, tan clara que lo echaron fuera de la ciudad y lo apedrearon. El murió con el nombre del Señor Jeshua en los labios. La lapidación de Esteban lleva la marca del judaísmo ortodoxo: es la respuesta “En la Ley de Moisés se manda...” la misma que casi acaba con mi vida. Entre los perseguidores había un tal Saulo.
A partir de aquel momento la persecución arreció de tal manera que muchos tuvimos que salir huyendo y nos dispersamos. Hacía 6 años que el Rabboni Jeshua, el Mesías murió y resucitó
A mi el espectáculo de la muerte de Esteban bajo las piedras me causó tal espanto, recordando que yo podría haber muerte de aquella manera que me uní a un grupo que se dirigían hacia Antioquía donde vivía mi hermana con la que no había dejado de escribirme, pensando en buscar refugio allí por una temporada.
CUARTA PARTE
Hanna y otras mujeres enviadas a dar testimonio
En Antioquia mi hermana me recibió con los brazos abiertos, me acogió en su casa y allí pude sentirme segura. Su esposo era un buen hombre y cumplidor israelita pero no era un fanático como algunos de Jerusalén y no puso impedimento a mi incorporación a la familia, todo y sabiendo lo que me había sucedido.
Sus noticias de Jeshua eran escasas y las tenían por rumores, por eso se interesaron tanto cuando yo les pude explicar de primera mano todo lo que me había sucedido y lo que había visto. Aquellos israelitas que formaban parte de la sinagoga de Antioquia muchos no había nacido en Judea, sino en tierra de gentiles, sus padres o los padres de sus padres se habían establecido en la zona por diversas razones, apenas conocían la lengua popular de Jerusalén, el arameo, normalmente hablaban y también escribían el griego, eran personas cultas. Conocían el hebreo de las escrituras pero su lengua de uso habitual era el griego. Yo tuve que aprenderlo porque además de los israelitas teníamos relación con otras familias gentiles. El ambiente era mucho más abierto que en Jerusalén, las mujeres griegas y romanas tenían unas costumbres mas libres.
Yo no había llegado sola proveniente de Jerusalén, otros hermanos y hermanas había venido conmigo y cada sábado nos dirigíamos a la sinagoga judía y allí hablábamos de Jeshua, el Mesías, y muchos se convirtieron y recibieron el bautismo. Nos reuníamos para recordar al Mesías Jeshua y celebrábamos la partición del pan como él nos enseñó. Aquí aprendí a llamar al maestro Jesús, el Cristo
Nuestro mensaje era simple, transmitíamos aquello que unos habíamos visto y otros habían oído a Pedro y a Esteban: como el Mesías fue un hombre que vivió entre nosotros, haciendo grandes prodigios, enviado por Dios conforme decían las escrituras, pero fue entregado a la muerte por los judíos de Jerusalén y los romanos lo crucificaron, pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte pues era imposible que esta le retuviera en su poder y de ello somos testigos todos nosotros. A este Jesús a quien ellos crucificaron Dios lo ha constituido Señor y Mesías, nadie más que Él puede salvarnos, pues solo a través de Él nos concede Dios la salvación sobre la tierra.
Entre los que vinieron conmigo a Antioquia estaban Junia y su marido Andrónico, ambos habían recibido del Cristo resucitado el encargo de ir por todo el mundo a predicar la salvación. Formaban parte del grupo de los judios-helistas que habían formado una sinagoga aparte de la de Pedro y Jaime en Jerusalén dirigidos por Esteban y Felipe. Yo me uní a ellos después de la muerte de Esteban cuando decidieron huir hacia el norte.
Fueron Junia y Andrónico, pero en especial Junia los que dirigieron todo el movimiento de seguidores de Jesús de Nazaret en Antioquia y años después llegó Pablo . De todas partes nos llegaban noticias de cómo el movimiento se extendía por las ciudades de Siria, La Capadocia y lugares próximos. Una carta que conservo es la de Lidia desde Filipos que os la envío para que conozcáis la fe de esa gran mujer.
Carta de Lidia.
Hermanos y hermanas en Cristo,
Desde Filipos, saludos a Junia y Andronico hermanos en la fe. Hace pocas semanas pasó por aquí Epafrodito enviado por Pablo lo cual nos ha llenado de alegría, supimos que había estado muy enfermo y nuestro corazón estaba con él . Nosotras fuimos las primeras en recibir el mensaje de salvación que nos traía Pablo, y aun recuerdo con emoción aquellas palabras suyas que nos revelaron al Cristo Jesús, Señor nuestro. Todos los que entonces nos bautizamos perseveramos en el amor y la comunión. Epafrodito nos trajo una carta de Pablo, que está preso en Roma pero que goza de buena salud y continúa anunciando al Señor. Está siendo sometido a muchas presiones pero él se gloría de todos sus sufrimientos por el Señor. Nos recomienda que nos mantengamos unidos en un mismo espíritu y luchemos por la fe del evangelio y que padezcamos por Cristo. Que todo lo hagamos colmando su alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos. Que no hagamos nada por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás.
Nuestra comunidad ha seguido creciendo, y después de las dificultades que tuvimos en los primeros tiempos la Ruha vino sobre mis conciudadanos y diversos grupos se han ido añadiendo al de las mujeres de mi casa. Somos muchos y muchas los que nos ocupamos en los trabajos del Señor, enseñando la Palabra y teniendo cuidado de los pobres. Ya sabéis que Filipos es una colonia romana por lo que la mayoría de los hermanos y hermanas son de origen pagano y necesitan instrucción en las escrituras y en la Palabra del Señor Jesús. Evòdia y Síntica trabajan duramente por la propagación del evangelio, no sin dificultades porque muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra, como dice Pablo en su carta, pero nosotros estamos siempre alegres en el Señor, y no nos inquietamos por cosa alguna presentando a Dios nuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.
Que la paz de Cristo os acompañe siempre, os envió el amor de todos los hermanos y hermanas que saben de vuestras luchas para propagar el evangelio por las tierras de Antioquia. Vuestra hermana Lidia
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También he encontrado un fragmento de una carta de Prisca desde Corinto. Prisca y su esposo Aquila eran tejedores de tiendas, como Pablo, fueron expulsados de Roma por el emperador Claudio y conocieron a Pablo en Corinto y de allí le acompañaron a Efeso donde formaron una comunidad cristiana, Prisca adquirió gran renombre como apóstol, instruyó a Apolo que con el poder de su palabra hizo llegar la fe a muchos y muchas. Después Prisca y Aquila volvieron a Corinto desde donde escribió la carta que os adjunto.
Fragmento de una carta de Prisca
Esta comunidad de Corinto está formada por personas de orígenes muy diferentes, muchos y muchas somos israelitas que bebimos en las fuentes de la Sabiduría-Sofia, recordando a las mujeres de aquel tiempo a la vuelta del exilio, en donde YHVH se nos presentaba con imágenes tanto masculinas como femeninas y donde las mujeres éramos las transmisoras de los mensajes religiosos. . “Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre” . Tratábamos de integrar tantos elementos masculinos como femeninos en la imagen de Dios. Él está presente en la personificación femenina de la Divina Sabiduría, persona, esposa, madre, amada, maestra. La Divina Sabiduría fue adorada y comparte el trono de Dios y anuncia el mensaje de la salvación hablando, del cuidado amoroso de Dios/a por su pueblo y por toda la creación, sus acciones se identifican con las de YHVH. 0
Parece como si quisieran que olvidáramos estas creencias pero ellas están en la base del significado de Jesús como el mensajero y profeta de Sofía enviada a proclamar que la Diosa-Sofía de Jesús es el Dios de los pobres, los marginados y los que sufren injusticia.
“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y vuestras almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Eso dice el Señor Jesús y estas palabras y este mensaje es el que ha acercado a tantos y tantas a las aguas del bautismo. La voz que se oyó en el cielo en el bautismo de Jesús, es la voz de la Sofía divina que ha encontrado su elegido. Como símbolo de Sofía, como mensajero de su amor y como señal de su presencia, la paloma de la Diosa-Sophia-Pneuma vino sobre Jesús.
Los gentiles que viven en un mundo regido por poderes despiadados y por el ciego destino, las palabras de misericordia de Jesús el Cristo expresan los anhelos de todos los que esperan la liberación de los crueles poderes de este mundo y desean participar en el mundo divino celestial. Jesús es quien gobierna los principados y potestades que esclavizan al mundo. Somos liberados de todas las ataduras de la muerte y de los poderes cósmicos por Cristo-Sofía en quien por el bautismo hemos sido integrados a una nueva creación, en que las diferencias y las divisiones de estatus han sido abolidas.
Algunas de las mujeres corintias somos profetas y las integrantes de una larga serie de emisarios de Sofía pero tenemos muchas dificultades para hacernos entender
Nuestra fe está en Jesucristo el Señor El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.
EPILOGO
Ahora ya soy una anciana que ha vivido mucho, amado mucho y tenido la inmensa suerte de conocer a aquel que es nuestro Salvador y Mesías. Recuerdo con claridad los años vividos en Judea cerca de él y a todas y todos los que fuimos sus discípulos, por eso he querido dejarlo por escrito para que no se pierdan mis experiencias que son la base de la vida y del conocimiento.
A partir de mi llegada a Antioquia me empleé a fondo en la propagación del mensaje del camino de Jesús. Primero desde casa de mi hermana reuniendo a los hermanos y hermanas que querían que les hablara de Jesús, entre todos los que le habíamos conocido recogimos frases, hechos y recuerdos de su vida por Galilea y fuimos poniéndolo por escrito para que llegara a todos los hermanos y hermanas que no le habían conocido. Otros muchos también lo hicieron y pronto hubo una colección de palabras del Señor circulando entre las diferentes comunidades.
En una ocasión vinieron unos profetas de Jerusalén anunciando una gran hambruna que se extendería por todos los territorios dominados por los romanos, como así fue. Entonces del corazón y los bolsillos de los cristianos de Antioquia empezaron a llegar aportaciones para los hermanos de Jerusalén y Pablo y Bernabé subieron a llevarles lo que habían recogido, que fue mucho porque nosotros habíamos entendido que todo lo que teníamos lo teníamos que compartir según nuestras posibilidades.
También me dediqué a la diaconía, una misión que me encomendaron Pablo y Bernabé cuando pasaron por primera vez por Antioquia, visitando a los más pobres y a los enfermos, dirigiendo las oraciones, ayudando en el bautismo de las mujeres.
Nunca me volví a casar, ni tuve hijos, pero el trabajo del servicio a mis hermanas y hermanos ha llenado mi vida y ahora que está próxima la hora en que me encuentre con el Señor Jesús solo se decir ¡Maranata! “Ven Señor Jesús”
Hanna, servidora del Señor Jesús
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www.mesianicos.net/LA%20MUJER%20JUDIA.htm
www.tora.org.ar/tema.asp?idtema=45
MUJERES CON ESPIRITU EN EL TERCER MILENIO. LA HERENCIA DE LAS MATRIARCAS Por: Dolores Aleixandre RSCJ
www.mesianicos.net/las_siete_profetisas_de_la_tanaj.htm
LAS MUJERES EN LA HORA UNDÉCIMA. Dolores Aleixandre
/www.tora.org.ar/tema.asp?idtema=45
LA MUJER JUDIA http://www.mesianicos.net/LA%20MUJER%20JUDIA.htm
Me inclino a identificar como dos discípulas diferentes a Maria de Betania (Jn 12:1-8;Jn 11:20-30Lc 10:38-42) y Maria de Magdala tal como aparecen en los evangelios (Lc 8:2; Mc 15:45-47;Mt 27:55-56; Jn 19:25; Mt 28:1-5, Jn 20:1-2, Mc 16:1-5, Lc 24:1-10;Jn 20:11-18)
He escogido llamarle con el nombre hebreo ya que “Jesús” fue utilizado posteriormente al latinizarse
Jn 8,1-11
Mt 18,1-6
Mc 10,13
www.womenpriests.org/sp/spanish/tabuyo.asp
Lc 14,26; 18,28-30
Jn 12, 27-28
Mc 16,6-7
Jn 20,13-16
E. Schüssler Fiorenza. En memoria de Ella pag 164
Ga 3,28; Gen 1,27
El blog de Xavier Pikaza 6-03-07
Relectura de Lucas. Las Apóstoles y sus Hechos. Mercedes Navarro Puerto pag 204-210
Jn 8,5
Hch 2, 22-24; 3,12
DISTINTAS Y DISTINGUIDAS. Mercedes Navarro-Carmen Bernabé. Cap 4
Fl 2,2-4
Fl 3,17b-18
Fl 4,6
Cristología feminista crítica. Elisabeth Schüssler Fiorenza pag 187
Pro 1,8
Ibd., pag 191
Sb 7,25-26; 8,5-6; 9,3; 9,18-10,21
Mt 11,28-30
Silvia Schroer”The Spirit, Wisdom and Dove – Cristología Feminista Crítica. Elisabeth Schüssler Fiorenza pag 204
Ga 3,28
Cristología Feminista Crítica. Elisabeth Schüssler Fiorenza pag 210-211
Fl 2,6-11
BIBLIOGRAFÍA
Además de los textos citados anteriormente los libros siguientes me han servido de guía y/o inspiración para escribir este trabajo.
ALEIXANDRE, Mª DOLORES. Círculos en el agua. Sal Terrae 1993
ALEIXANDRE, Mª DOLORES. Las mujeres en la hora undécima Sal Terrae 1991
BIBLIA DE JERUSALÉN. DDB 1993
BROWN, RAYMOND E. Las iglesias que los apóstoles nos dejaron. DDB 1998
GOMEZ ACEBO, ISABEL Dios también es madre. San Pablo 1994
GOMEZ ACEBO, ISABEL. Relectura de Lucas. DDB 1998
MUÑOZ MAYOR, Mª JESUS. La mujer en la Biblia. Publicaciones Claretianas 1998
NAVARRO, M.-BERNABÉ C. Distintas y distinguidas. Publicaciones Claretianas 1995
NAVARRO, MERCEDES. Barro y aliento. Ediciones Paulinas 1993
RIUS I CAMPS, JOSEP. L’abdicació de Pere. Ed. Claret 1993
SANCHEZ BOSCH, JORDI. Nascut a temps. Una vida de Pau aposstol. Ed. Claret 1992
SCHÜSSLER FIORENZA, ELISABETH. Cristología Feminista Crítica Ed. Trotta 2000
SCHÜSSLER FIORENZA, ELISABETH. Los caminos de la sabiduría Sal Térrea 2004
ANA MARIA ARQUER MAURI
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Los dogmas marianos
Relación ente Patriarcado, Dogmas Marianos y machismo
Tanto el dogma de la Virginidad (perpetua) de María, como el de su Asunción al cielo en cuerpo y alma, no afectan para nada mi fe en Jesús de Nazaret como Dios y Hombre verdadero porque el que María tuviera o no más hijos, no influye en la divinidad de Jesús . Tampoco cambia nada el que María esté en espíritu en el cielo, como los demás mortales, o que esté “en cuerpo y alma” como reza el dogma. Ni los creo, ni los dejo de creer.
Ahora bien, el dogma de la Inmaculada Concepción no solo no puedo creérmelo, sino que no quiero. Y, además, me ofende como mujer.
Comprendo, que esta afirmación que acabo de hacer, a más de cuatro le habrá sonado a blasfemia, por lo que voy a intentar explicar mis razones.
No puedo
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica, que María fue preservada inmune de toda mancha en el instante mismo en que la concebían sus padres (Joaquín y Ana, según la tradición). Y que esa preservación le fue hecha porque estaba predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios (L.G. III,61) De esta manera, el pecado no podía contaminarla a ella y, por lo mismo, no podía transmitirlo al que iba a ser el Mesías (La teología de los Santos Padres sobre el pecado, que todavía no ha revocado la Iglesia Católica, afirma que la mujer transmite a su descendencia el pecado original en el momento de la concepción.)
Por lo tanto, si ambos (madre e hijo) hubieran estado predestinados a cumplir la voluntad de Dios y hubieran sido “impecables” por no poder pecar ¿que mérito hubieran tenido la una y el otro cumpliendo su Destino? y ¿que tendríamos nosotros que agradecerles si no eran libres y no podían hacer otra cosa? Yo creo que el mérito está en hacer la voluntad de Dios, porque uno lo decide así.
Por otra parte, teniendo en cuenta que la libertad es lo que nos hace personas ¿no hubiera sido una faena el privar a María y a Jesús de lo que del ser humano es más valorado por el propio Dios? El Amor no puede sobrevivir sin libertad, por eso los padres del concilio Vaticano II dejaron escrito que:”Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisión para que así busque espontáneamente a su Creador y, adhiriéndose libremente a Este, alcance la plena y bienaventurada perfección. La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección (…) sin coacciones externas…” (Constitución G.S.,17; aprobada por 2.309 votos favorables, 75 adversos y 10 nulos. Sospecho que la minoría en contra, seguramente entonces y ahora en el poder, es la que hoy obstruye la libertad de pensamiento y de conciencia que la mayoría de la Iglesia defendió entonces en el Concilio).
Según el Concilio Vaticano II, hasta tal punto valora Dios nuestro amor, que respeta por completo nuestra libertad aún a riesgo de que decidamos no amarlo.
Pero si Jesús no pudo ser libre a causa de la predestinación ¿en qué situación queda nuestra confesión (también dogmática) de la Encarnación del Hijo de Dios? La libertad es lo esencial para ser persona humana. (Concilio de Nicea, año 325 y concilio de Calcedonia, año 451)
No quiero
No quiero creer que, tanto María como Jesús, carecieran de libertad, precisamente porque los amo y porque les agradezco profundamente que entregaran libremente su vida y su voluntad al servicio de Dios y de toda la Humanidad.
Por lo tanto, creo que fueron libres
Recordemos que (según el Evangelio) en aquel tiempo se lapidaba a las mujeres “sorprendidas” en adulterio. María sabía a lo que se exponía al aceptar ser madre antes de cohabitar con el esposo que seguramente se le había asignado desde niña, según la costumbre de aquel tiempo. Tuvo la suerte de que éste fuera un “varón justo” y en lugar de denunciarla (lo cual la hubiera condenado a muerte) o de abandonarla en la calle, a lo que tenía derecho legal (lo cual la habría condenado a la mendicidad, o la prostitución para poder sobrevivir en aquella sociedad fuertemente patriarcal que marginaba a las mujeres que “deshonraban” a la familia) José “tomó consigo a su mujer y no la conoció hasta que dio a luz un hijo”(Mt. 1,24-25)
Imagen de la Purísima
A María la pintan los artistas coronada de estrellas y con la luna a los pies. Y la Iglesia entera la invoca con largas letanías de piropos. ¡Ríos y ríos de tinta ensalzando la belleza de la Purísima Concepción, adornada con las virtudes de humildad y obediencia! Pero ¿cuantos místicos, enamorados de Ella, se han parado a pensar en lo asustada que debía estar aquella mujer-niña cuando corrió a casa de su prima mayor, en busca de consejo y apoyo moral, ante lo que le estaba pasando?, ¿cuantos han sido capaces de entender los sentimientos contradictorias de una embarazada que “no conocía varón”, (Lc, I,3 4 ) y que debía asumir ser madre-soltera en aquella sociedad injusta y severa con las mujeres?: “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.(Jn. 8, 3-11). Pocos, muy pocos. Casi los mismos que se han detenido a meditar sobre la segunda parte de aquel maravilloso cántico que, según el evangelio de Lucas, entonó María (una mujer que, como todas las mujeres y casi todos los hombres de su tiempo, debía ser analfabeta) enumerando los valores sociales del Dios al que ella adoraba. Valores que debió inculcar en su Hijo y que luego Este nos presentó como programa del Reino al que nos viene invitando desde entonces (Mt.,5,3-12 y Lc.6,20-26). Valores recordados en el A.T. a Israel una y otra vez por los profetas, y que aquella mujer-niña debía haber aprendido de memoria, oculta detrás de la celosía que separaba la zona de los hombres de la de las mujeres en la sinagoga: “dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1.,50-52)
El propio Benedicto XVI, en su primera encíclica Deus Caritas est (año 2005) dedicada al Amor (erótico y de caridad cristiana) al referirse a María y citar el Magnificat, omitió esa parte y puso todo el acento en su humildad y sumisión. ¿Olvido involuntario? Lo dudo, pues acababa de darnos una lección magistral sobre la lamentable situación de pobreza en la que viven hoy en día tantos seres humanos. (Se olvidó también de decir que las mujeres son los seres más pobres, entre los pobres del mundo, a causa del sometimiento de que las hace objeto la tradición patriarcal la cual, incomprensiblemente, sigue siendo justificada y defendida por el sector más conservador de la Iglesia).
En cuanto a Jesús, el sabía perfectamente que, si se empeñaba en trastocar el orden del poder establecido (político, económico religioso y tradicional) lo que le esperaba era la muerte.
Por lo tanto, no los quiero víctimas de una predestinación, sino libres como todos los hijos y las hijas de Dios y, por ello, todos los días de mí vida no serán suficientes para agradecerles su entrega y amor.
Porqué me ofende dicho dogma, como mujer.
Recordemos un poco cual ha sido la valoración que han dado de las mujeres (todo a lo largo de la historia de la Iglesia) los llamados Santos Padres y demás teólogos:
Desde los inicios del Cristianismo, las mujeres fueron desplazadas del protagonismo que el propio Señor Jesús les había otorgado. Ellas habían experimentado que formaban parte del discipulado de Jesús: Marta y María, la Samaritana, María Magdalena y “otras muchas que habían seguido a Jesús desde Galilea” (Mt. 27, 55). A las mujeres les había sido confiada la noticia más importante de nuestra fe:” ¡el Señor ha resucitado!”. Y los Evangelios nos cuentan que fue a mujeres a quienes se les encargó, en primer lugar, el transmitirla a los demás: “id y decidles” (Mt.28;Mc.16; Jn.20;Lc.24). Por lo que ellas se sintieron llamadas a cumplir el deseo de su Señor.
Pero todo ello ocurría en el contexto de un grupo de gente de cultura judía, que basaba su continuidad en la supremacía masculina de la familia patriarcal, cuyo primogénito heredaba todos los bienes, propiedad del “cabeza de familia”, entre los que se contaba a las mujeres (entonces valoradas tanto como un esclavo, un buey o un asno). Por lo tanto, el testimonio de las mujeres no tenía valor alguno y no las creyeron. Los discípulos estuvieron a punto de disgregarse decepcionados y el propio Cristo resucitado tuvo que volverlos a reunir, camino de Emaús: ”algunas mujeres de los nuestros nos han desconcertado (…) dicen que El está vivo” (Lc. 24,22)
Los acontecimientos, además, tenían lugar en el seno de un Imperio cuya riqueza se basaba en el expolio y la esclavitud de los pueblos conquistados, los cuales eran tradicionalmente de cultura patriarcal, por lo que el Mensaje de Jesús, liberando a las mujeres y a los esclavos, amenazaba los cimientos del Imperio y del poder Patriarcal.
El Imperio, tan condescendiente con todas las demás religiones, reaccionó desencadenando una sangrienta represión contra los cristianos, la cual duró hasta el reinado del emperador Constantino (s. IV) quién pactó con los dirigentes religiosos cristianos de entonces la conversión de todo el Imperio Romano al Cristianismo, a cambio de su complicidad.
Por otra parte, el Patriarcado se había rebelado desde el primer momento contra la liberación de las mujeres, dentro de las propias comunidades cristianas. Ello llevó a los líderes religiosos (Pedro, Pablo y otros.) a contemporizar con la tradición de la supeditación de la mujer al varón, y el entonces vigente derecho legal a poseer siervos. Esto explicaría el que Pablo, que en Gal. 3,28 exclama entusiasmado eso de que “ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, etc.”, en sucesivas epístolas parece haber cambiado de opinión y conmina a las mujeres y a los esclavos a que se sometan a sus respectivos maridos las unas, y a sus amos los otros: “como al Señor” (Efesios, V, 22-33;VI,5-8). ( aunque, según algunos estudiosos, parece ser que sus epístolas fueron manipuladas).
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Pero“en las enseñanzas de Jesús, así como en su modo de comportarse, no se encuentra nada que refleje la habitual discriminación de la mujer, propia del tiempo” (Mulieris Dignitatem, Juan Pablo II, V.13, 1988). Algunas mujeres, animadas por el trato igualitario que habían recibido de su Maestro, durante los primeros siglos del Cristianismo se atrevieron a evangelizar, profetizar o ejercer el diaconado, con gran enojo por parte de los varones.
Lo sabemos porque en el siglo II encontramos a Tertuliano, (gran apologista del primado de Pedro) diciéndoles a las mujeres: “no está permitido que una mujer hable en la iglesia. A las mujeres no les está permitido enseñar, ni bautizar, ni ofrecer la Eucaristía, ni reclamar para ellas participación alguna en funciones masculinas, ni en ningún cargo sacerdotal…”
Y, junto a las prohibiciones, se desató una virulenta campaña difamatoria contra las mujeres, protagonizada por algunos de los varones cristianos tenidos como los más santos y más espirituales de la Tradición Católica: “La mujer es el mal de todos los males”; “La mujer es la puerta por donde el diablo llega a nosotros”
Estaban también los teólogos que, como Santo Tomas de Aquino, (s. XIII) estudiaban “científicamente” a la mujer:
”La mujer es inferior al hombre en tres aspectos: En el aspecto evolutivo (inferioridad biogenética). En el ser (inferioridad cualitativa). Y en el hacer (inferioridad funcional)”.
Santo Tomas de Aquino es el Patrono de todas las escuelas de la Iglesia Católica del mundo, lo cual nos puede dar una ligera idea del alcance y de las consecuencias que sus teorías han podido tener, allí donde la Iglesia ha influido en la Cultura.
Total que en el s. XVIII, cuando se proclamó el susodicho dogma, todavía se discutía en las Universidades si las mujeres tendríamos alma o no, como consecuencia de las teorías antropológicas del Doctor Angélicus, y de las de S. Agustín (s, V) que había dicho que “solo el alma podía ser imagen de Dios” (según él, el alma estaba localizada en la cabeza o “razón”, cosa de la que opinaba que carecían las mujeres, por ser pura “corporeidad”)
“El pueblo lo reclamaba”
Los defensores del dogma de la Inmaculada, afirman que el Pueblo, en el s. XVIII, reclamaba con insistencia que Maria fuera proclamada como tal. ¡Naturalmente¡ ¿como podían consentir que la Madre de Dios fuera todo aquello que decían los Santos Padre que eran las otras mujeres?
Tampoco hay que perder de vista que por entonces, cuando Pío Nono proclamó a María “Inmaculada” (1854), había una fuerte contestación en el seno de la propia Iglesia (por este y otros motivos que siempre suelen ser motivos de poder) y, para acallarla, el Papa proclamó, además, el dogma de la “Infalibilidad papal”( año1870). Dogma, que al clero dominante le ha servido hasta el día de hoy para mantener el absolutismo eclesiástico, pero en el que ni los mismos papas parecen creer como demostró Juan Pablo II el año 2000 en el que, con motivo del Jubileo, pidió perdón (vía satélite) por los “errores” cometidos en el pasado por la Iglesia. Una de dos: o los “errores” no fueron tales (guerras, inquisición, etc.) o los papas no son tan infalibles como dicen.
Desde la proclamación de ambos dogmas, el clero dominante ha tenido las manos libres, limpias y fuertes para manipular la devoción mariana del Pueblo (Lourdes, Fátima, etc.). Alabanzas y más alabanzas poniendo a María “por encima de todos los ángeles y de todos los hombres” (L.G. IV, 66) y, de esta nabera, poder seguir manteniendo, en la Iglesia y en la llamada “familia cristiana”, la supeditación de las mujeres, justificándola como “ley natural”, “castigo divino”e incluso como voluntad del propio Jesús ”porque solo eligió a varones”. (Ordenatio Sacerdotales, Juan Pablo II, 1994). Argumento al que se aferran algunos, trasladando a Jesús la responsabilidad de la discriminación de la mujer en la Iglesia, pero que está siendo desmontado por los y las exegetas y teólogos y teólogas modernos.
Hoy en día, aunque las mujeres estén demostrando continuamente que eso de la “inferioridad femenina” es un mito misógino, son excluidas de los centros de decisión de la Iglesia, la cual da un lamentable y nefasto ejemplo machista al resto del mundo.
Machismo
El machismo (que tantas víctimas de violencia de género está produciendo en todas partes) persiste a pesar de que la Humanidad se ha dado a sí misma la Declaración Universal de los Derechos Humanos, las Constituciones de los países desarrollados y democráticos, y la Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II de la Iglesia Católica. Todas ellas coinciden en que todos los seres humanos nacen libres, con idéntica dignidad y derechos, sin discriminación alguna. Y el Concilio añadió que “toda forma de discriminación en los derechos fundamentales de la persona, ya sea social o cultural, por motivos de sexo, raza, color, condición social, lengua o religión, debe ser vencida y eliminada por ser contraria al plan divino ”(G.S. nº29)
Que relación hay entre los dogmas marianos y el machismo?
A muchos católicos (incluidas mujeres) les cuesta comprender la relación que pueda haber entre los dogmas marianos y el machismo. Entienden, eso si, que los Santos Padres fueron injustos al catalogarnos como “la puerta del infierno”; pero que las feministas protestemos por el mantenimiento de los privilegios marianos, les parece una falta de respeto hacia la Madre de Jesús.
Ya he intentado explicar que los otros dogmas (el de la Virginidad, la Asunción y la Encarnación) no son problema para mi fe en Jesús (que es en definitiva en quien hemos de creer los cristianos) porque el Señor es muy dueño de hacerle a su Madre los regalos que quiera. Pero el de la Inmaculada Concepción si que lo es. Porque, además de lo ya explicado sobre la libertad, lo relaciono con el deseo de continuar manteniendo impunemente, por parte del clero misógino y del sector androcentrista laico, el oprobio y la supeditación sobre las congéneres de María, sin temor a que el Hijo se les ofenda,.
Menos mal que este dogma está cayendo por su propio peso: Por una parte, están los avances de la Ciencia que ponen en tela de juicio el mito de Adán y Eva. Y por la otra, la declaración de Benedicto XVI (27 abril 2007) diciendo que “el Limbo no existe”.
(S. Agustín enviaba a los niños sin bautizar al infierno. Santo Tomás de Aquino rebajó la pena y los mandaba al Limbo. Ahora el Papa Benedicto XVI dice que pueden ir directamente al cielo).
En definitiva ¿qué sentido tiene el dogma de la Inmaculada si resulta que, al final, todo eso de la costilla y la manzana, no es más que una metáfora ideada por nuestros ancestros para explicarse la maravilla de la Creación y la triste realidad de la existencia del Mal, desde su incipiente comprensión del Universo y, además, resulta que en el Vaticano ya no creen que las mujeres transmitamos el famoso “pecado original”a nuestros bebés?
“Solo eligió a varones”
Al clero machista durante siglos le había venido muy bien el dogma del Pecado Original para mantenernos a las mujeres apartadas de “lo sagrado” diciéndonos que éramos más impuras que ellos y poder así disfrutar de sus prerrogativas masculinas dentro de la organización eclesiástica. ¿Qué inventarán ahora? De momento le dan la culpa a Jesús por “haber elegido solo a varones como discípulos” por lo que “la Iglesia no se considera autorizada para admitir a las mujeres al orden sacerdotal” (Pablo VI , Juan Pablo II, cardenal Ratzinger ahora Benedicto XVI). Pero esta tesis les durará poco, porque los historiadores/as y exegetas no paran de investigar y están considerando la teoría de “los doce” como una reminiscencia del judaísmo, el cual, si bien forma parte de nuestras raíces, soñaba (todavía sueña) con ser “el pueblo elegido”. Algo que está en fuerte contradicción con el “id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura” ( N.T.=Mc., 16-15; Mt.28-18; Lc. 24-47; Jn. 20-21)
Más absurdo resultó el argumento que Juan Pablo II se sacó de la manga en la Ordenatio Sacerdotales (3): “el hecho de que María Santísima, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, no recibiera la misión propia de los Apóstoles ni el sacerdocio ministerial, muestra claramente que la no admisión de las mujeres a la ordenación sacerdotal no puede significar una menor dignidad ni una discriminación hacia ellas…”Y es que el Papa (como tantos jerarcas) dio por hecho que las mujeres no nos íbamos a enterar nunca de que la Iglesia tardó como medio siglo (después de la desaparición de Jesús de la faz de la tierra) en clerecalizarse. Y, sobre todo, supuso que ni siquiera sabríamos contar con los dedos, porque: doce años de María como mínimo antes de nacer Jesús + treinta y tantos de Jesús + cincuenta hasta que se constituyeron como Iglesia, nos dan la imagen de una mujer vieja en una época en la que la esperanza de vida era escasa. Eso si todavía vivía.
Mientras tanto, en el subconsciente de las sociedades que han heredado la cultura de la superioridad masculina y de la culpabilidad femenina (legitimada y justificada por las religiones monoteístas las cuales, por poseer en sí mismas la semilla y la fuerza de la liberación y de la igualdad en filiación divina de todos los seres humanos, deberían haber contribuido a su extinción) sigue produciendo opresión, menosprecio y muerte a muchas mujeres, víctimas de quienes se creen superiores y dueños de su cuerpo y de su vida.
Roser Puig.
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RESOLUCIÓN PARLAMENTO EUROPEO.-
Sobre la situación especial de las mujeres en los centros penitenciarios y las repercusiones de la encarcelación de los padres sobre la vida social y familiar
CONSIDERACIONES
• El papel de los centros penitenciarios debería ser la reinserción social y profesional, teniendo en cuenta las situaciones de exclusión social y de pobreza que frecuentemente caracterizan el pasado de muchas de las personas detenidas, tanto hombres como mujeres.
• Muchas de las mujeres que ingresan en prisión se encuentran inmersas en procesos legales en curso (procedimientos de desamparo, acogida temporal o adopción de menores, divorcios o separaciones, desahucios de vivienda, etc.) que en el momento de su encierro quedan sin resolver, produciéndose una situación de indefensión que provoca en ellas un estado permanente de incertidumbre.
• Las personas encarceladas muchas veces carecen del conocimiento de los recursos sociales existentes, y que en muchos casos la inexistencia, pérdida o falta de vigencia de su documentación administrativa (carnet de identidad, cartilla sanitaria, libro de familia, etc.) les impide, en la práctica, ejercer los derechos reconocidos a todos los nacionales de cada Estado miembro.
• El aumento del número de reclusas se debe en parte al empeoramiento de las condiciones económicas de las mujeres.
EXPOSICION DE MOTIVOS
Las mujeres representan en Europa oscila, como media, entre el 4,5 y el 5 %, de la población reclusa total (cifra que se sitúa entre el 2,9 % que se registra en Polonia y el 7,8 % en España).
Las prisiones siguen adaptándose a las necesidades de los prisioneros masculinos y suelen ignorar los problemas específicos de las mujeres, que constituyen un porcentaje pequeño, pero cada vez más importante, de la población reclusa. Entre los principales ámbitos de preocupación figuran la asistencia sanitaria, la situación de las madres con hijos y la reintegración profesional y social.
La estructura de la población carcelaria revela que entre las prisioneras se registra un grado elevado de uso de estupefacientes y que son muchas las prisioneras con un historial de abusos psicológicos, físicos o sexuales. Debería prestarse una atención especial a la asistencia sanitaria de las mujeres y a sus necesidades en el ámbito de la higiene, en particular de las mujeres embarazadas, que necesitan recursos y atención especializados en materia de alimentación, ejercicio, vestimenta, medicación y asistencia médica.
Más de la mitad de las reclusas en las prisiones europeas son madres de por lo menos un hijo.
Este porcentaje es particularmente elevado en España y en Grecia. Los hijos que permanecen con sus madres en prisión necesitan una protección y unos cuidados adecuados y no deberían ser objeto de ningún tipo de discriminación. La encarcelación de las mujeres puede tener repercusiones particularmente graves en aquellos casos en que antes de entrar en prisión tenían a sus hijos exclusivamente a cargo.
Un problema adicional es la conservación de los lazos familiares. Teniendo en cuenta que los centros penitenciarios que acogen a mujeres son cada vez menos, estas pueden ser encarceladas lejos de sus hogares y comunidades, lo que limita las posibilidades de recibir visitas.
Las mujeres presas también pueden ser víctimas de discriminación en relación con el acceso al trabajo, a la educación y a los servicios de educación y de formación profesional, que con frecuencia resultan insuficientes, tienen una orientación específica en función del genero, y que raramente están adaptados a las necesidades del mercado laboral.
Teniendo en cuenta que el número de mujeres encarceladas ha aumentado en numerosos países europeos y que en ocasiones incluso lo ha hecho más rápidamente que la población prisionera masculina (por ejemplo en Inglaterra y Gales entre 1992 y 2002 la población carcelaria masculina se incremento en un 50 % mientras que la femenina lo hizo en un 173 %1), la adopción de medidas para abordar las necesidades de las mujeres encarceladas se ha hecho imprescindible.
• Cuidados sanitarios en prisión
En el marco de unos sistemas carcelarios orientados básicamente a los hombres, las necesidades de las mujeres en materia de salud frecuentemente no reciben una atención suficiente en las políticas, programas y procedimientos carcelarios ni por parte del personal de las prisiones.
Las mujeres tienen necesidades adicionales y diferentes con respecto no solo a la higiene, los cuidados ginecológicos o los relacionados con la maternidad sino también en lo que se refiere a la salud psicológica, en particular como consecuencia de haber sido víctimas con más frecuencia, en el pasado o recientemente, de abusos de naturaleza física, emocional o sexual.
Por consiguiente, es importante hacer hincapié en la necesidad de elaborar programas de atención sanitaria y unas condiciones higiénicas adaptadas a las necesidades especificas de las reclusas y garantizar una formación adecuada del personal médico de los centros penitenciarios. Asimismo, debe aplicarse un enfoque integrado en relación con la drogodependencia y otros problemas de salud.
• Drogodependencia
La población carcelaria puede considerarse un grupo de alto riesgo en términos de drogodependencia: en los centros penitenciarios, el porcentaje de consumidores de estupefacientes es muy superior al porcentaje total y una cantidad importante de reclusas han sido condenadas por delitos relacionados con la drogodependencia (en la mayoría de los casos debido a la posesión de esta sustancias) lo que demuestra que los estupefacientes son un problema significativo cada vez mas importante en la vida de las mujeres delincuentes.
No obstante, según un reciente estudio, tan solo algunos Estados europeos han elaborado programas de tratamiento de la drogodependencia destinados a los reclusos
En su informe anual referido al año 2006, el Observatorio Europeo de las Droga y las Toxicomanías (OEDT) concluyo que, hoy por hoy, se admite que la comprensión de las diferencias de género en los comportamientos ligados al consumo de estupefacientes es una condición básica para desarrollar respuestas eficaces, y que garantizar la igualdad en términos de acceso y la sensibilidad con respeto a las cuestiones específicas relativas al género son dos elementos fundamentales para desarrollar una atención de alta calidad en este ámbito. Sobre la base de la información disponible en 2006, los informes nacionales revelan que solo cuatro países ((Francia, Portugal, Eslovaquia y Suecia) disponen de proyectos específicos orientados en función del genero destinados a las reclusas drogodependientes.
• Salud mental
La institución penitenciaria tal y como existe en la actualidad no solo es una solución inadecuada para acoger a las personas que padecen enfermedades mentales graves y crónicas sino que el aislamiento y la privación que caracterizan el encarcelamiento también puede contribuir al desarrollo de enfermedades mentales. Si bien se supone que el personal carcelario debe mantener el orden y la seguridad, los centros penitenciarios siguen siendo un entorno hostil que puede afectar a las personas que anteriormente han sido víctimas de violencia y de abusos. Por consiguiente, es muy importante que se adopte una política integrada en materia de salud que aborde tanto los problemas mentales como físicos y que
proporcione ayuda psicológica a los reclusos que padecen enfermedades mentales.
• Madres reclusas
El encarcelamiento de una madre puede perturbar totalmente la vida familiar.
La edad media de la mayoría de las mujeres reclusas en Europa oscila entre los 20 y los 40 años y, en consecuencia, es probable que las mujeres sean o vayan a ser madres. En aquellos
casos en que ya sean madres en el momento de su detención, frecuentemente son ellas las que se tienen la custodia exclusiva o principalmente.
El estudio elaborado en nombre de la Comisión Europea confirma que en todos los informes nacionales de hizo gran hincapié en las perdidas y las rupturas provocadas por la separación de los hijos como una de las razones principales del sufrimiento de las mujeres reclusas.
Los prisioneros que han fracasado como ciudadanos pueden tener éxito como padres y, además, su éxito como padres puede ayudarles a ser mejores ciudadanos. Distintos estudios han probado que unos vínculos familiares positivos son importantes en el momento de la liberación en particular porque un entorno familiar estable al que poder volver es un elemento de primer orden para la prevención de la reincidencia.
• Educación, formación y empleo
Las estadísticas sobre las mujeres encarceladas revelan que estas tienen un bajo nivel de instrucción y deficiencias en términos de aptitudes profesionales. Por ejemplo, en el Reino Unido el 46 % de las mujeres no tienen ningún diploma de estudios. Si bien el porcentaje de expulsados de los centros educativos en la población en su conjunto es del 2 %, el porcentaje entre las mujeres reclusas alcanza el 33 %2. Si el objetivo que se persigue es que el tiempo que se pase en prisión se dedique a la preparación de los reclusos a una vida más estable tras su liberación, la educación debería ser un instrumento importante en este contexto.
En muchos centros penitenciarios europeos la formación profesional dirigida a las mujeres y las necesidades del mercado laboral no coinciden. La mayoría de los centros penitenciarios ofrecen una formación profesional ≪feminizada≫ limitada al desarrollo de aptitudes y capacidades tradicionalmente atribuidas a las mujeres en el contexto del papel que desempeñan en los ámbitos cultural y social (modista, peluquería, limpieza, textil, costura, etc.). Estas actividades poco remuneradas no están muy consideradas en el mercado laboral y, por ello, pueden contribuir al mantenimiento de las desigualdades sociales y a comprometer la integración social y profesional.
Debería animarse a las autoridades penitenciarias a facilitar una formación profesional de calidad adaptada a las necesidades del mercado laboral así como oportunidades de empleo diversificadas libres de todos los estereotipos relacionados con el género. Debería promoverse la colaboración de las instituciones penitenciarias con empresas exteriores con vistas al empleo de los reclusos como parte del proceso de rehabilitación de las personas detenidas.
• Inserción social
Al abandonar el centro penitenciario, la mayor parte de los prisioneros deben enfrentarse a numerosos problemas como encontrar alojamiento, lograr unos ingresos regulares, reforzar las relaciones con los niños u otros miembros dependientes de la familia, y encargarse de ellos. Para que tenga éxito, la inserción social de los prisioneros debe prepararse durante y tras la detención con la cooperación de los servicios sociales y de otras organizaciones competentes para velar por una transición tranquila entre el centro penitenciario y la libertad. Debe prestarse una atención especial a la preparación psicológica (análisis del delito, gestión de los traumas y adicciones con ayuda y tratamientos psicológicos adecuados) y la prestación de ayudas sociales en el momento de la liberación (elaboración de proyectos positivos).
ALGUNAS DE LAS PETICIONES
• A la Comisión que, en su informe anual sobre los derechos humanos, incluya una evaluación del respeto de los derechos fundamentales de las personas detenidas, tanto hombres como mujeres, y de las condiciones especiales de detención previstas para las mujeres;
• Insta a los Estados miembros y a los países candidatos a la adhesión que ratifiquen el Protocolo facultativo al Convenio Europeo para la Prevención de la Tortura y las Penas o Tratos Inhumanos o Degradantes (CPT) que prevé la creación de un sistema de control independiente de los centros penitenciarios y pide al Consejo y a la Comisión que promuevan la ratificación de dicho Convenio y de su Protocolo en el marco de la política exterior de la Unión Europea;
• Pide a los Estados miembros que adopten una política penitenciaria en materia de salud de carácter global que defina y trate, desde el momento de la encarcelación, los problemas físicos y mentales y que ofrezca una asistencia médica y psicológica a todas las personas detenidas, tanto hombres como mujeres, que sufren problemas de adicción, respetando al mismo tiempo las características especificas de las mujeres;
• Recomienda que se recurra en mayor medida a las penas de sustitución de la reclusión, como las alternativas sociales, en particular para las madres, (…) recomienda, de igual modo, contemplar la posibilidad de que los reclusos masculinos bajo cuyo cuidado y responsabilidad directa se encuentren los hijos menores o que tengan otras cargas familiares, puedan disfrutar de similares medidas a las establecidas para las madres;
• Subraya que las repercusiones del aislamiento y el desamparo en la salud de las mujeres embarazadas reclusas pueden tener efectos perjudiciales, e incluso peligrosos, para el niño, y que ello debe tenerse muy seriamente en cuenta a la hora de tomar una decisión sobre el encarcelamiento;
• Insiste, por otra parte, en la necesidad de que la administración judicial se informe sobre la existencia de hijos antes de tomar una decisión sobre la prisión preventiva o antes de pronunciar una condena, y que vele por la adopción de medidas que garanticen la totalidad de sus derechos;
• Constata con pesar que muchas de las mujeres encarceladas son madres solteras que pierden el contacto con sus hijos, a veces para siempre; pide a la Comisión y a los Estados miembros que diseñen y apliquen políticas alternativas para evitar esta total separación;
• Estima como objetivo prioritario que en cada centro de detención existan, para las personas detenidas, tanto hombres como mujeres, que voluntariamente quieran acceder a ellos, programas de acompañamiento y tutela personal para el diseño, desarrollo y culminación de su proyecto de superación personal e inserción social, cuya labor ha de continuar mas allá de su excarcelación;
• Recuerda la necesidad de aplicar, durante y después del periodo de detención, medidas de apoyo social que tengan como objetivo preparar y ayudar al recluso en los tramites que realice de cara a la reinserción y, en particular, en la búsqueda de un alojamiento y de un empleo para evitar las situaciones de exclusión social y de reincidencia;
• Destaca la importancia de mantener y favorecer los contactos de los reclusos, tanto hombres como mujeres, con el mundo exterior, en particular mediante su acceso a la prensa escrita y a los medios, así como su comunicación con organismos de asistencia social, ONG y asociaciones de carácter
• Considera que, salvo en los casos en que existan riesgos importantes para la seguridad pública y de penas de larga duración, una mayor utilización de los regímenes de libertad condicional que permitan a las personas detenidas, tanto hombres como mujeres, trabajar o seguir una formación profesional en el exterior del marco penitenciario podría facilita su reinserción social y profesional.
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ecleSALia 25 de marzo de 2008
Día internacional por el reconocimiento paritario de las mujeres en la Iglesia Católica
PORQUE ESTAMOS
Manifiesto del Col-lectiu de Dones en L’Església
COL-LECTIU DE DONES EN L’ESGLÉSIA
BARCELONA.
ECLESALIA, 25/03/08.- Queremos en la Iglesia Católica una revisión de los ministerios ordenados adaptados a las necesidades actuales.
Pedimos una nueva visión de las relaciones dentro de la Iglesia. Es necesario que sean horizontales y paritarias, donde la mujer nunca sea excluida por razón de sexo.
Exigimos un lenguaje inclusivo y nuevos símbolos que nos visibilicen, porque estamos dando testimonio de servicio diaconal y ayudando a que la sociedad evolucione hacia formas menos patriarcales.
Deseamos que dentro de la Iglesia se haga realidad la proclamación que Jesús de Nazaret nos enseñó: una relación gratuita de amistad con Dios y entre nosotros (Jn 15,13ss). (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
25 de Marzo del 2008
PER QUÈ HI SOM
Voldríem en l’Església Catòlica una revisió dels ministeris ordenats, adaptats a les necessitats actuals.
Demanem una nova visió de les relacions en l’Església. Caldria que fossin horitzontals i paritàries, on la dona no sigui mai exclosa per raó de sexe.
Exigim un llenguatge inclusiu i nous símbols que ens visibilitzin, perquè hi som, donant testimoni de servei diaconal i ajudant a que la societat evolucioni cap a formes menys patriarcals.
Desitgem que dins l’Església sigui realitat la proclamació que Jesús ens va ensenyar: una relació gratuïta d’amistat amb Déu i entre nosaltres. (Jn, 15,13 ss).
25 de març del 2008
Para más información: dones.esglesia@terra.es
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La cuestión de la igualdad en la Iglesia
Roser Puig, cristiana y feminista
El Diaconado, solo cosa de hombres?
Veinte siglos de Teología patriarcal han dado como resultado que hoy en día, en un país como el nuestro cuyas leyes reconocen la igualdad en libertad derechos y dignidad entre hombres y mujeres, haya muchos miembros de la Iglesia Católica, de uno y otro sexo, que todavía se escandalicen al escuchar a la teología feminista tachar de incoherencia con el Evangelio a la discriminación de las mujeres por parte de la Jerarquía. En cambio encuentran lógico y natural que el acceso al clero y a los cargos de decisión en la institución religiosa estén reservados a los varones, porque siempre se les ha dicho que “Jesús solo eligió a hombres como apóstoles suyos”, y el Pueblo Sencillo, acostumbrado a aceptar dócilmente los pronunciamientos de la Jerarquía sin rechistar (bajo amenaza de excomunión) no se atreve a ponerlo en duda
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¿Fue realmente así?
Si leemos con atención las epístolas de S. Pablo (siglo I) caeremos en la cuenta de que el apóstol nombra con cariño, admiración y agradecimiento a toda una serie de mujeres que, en los inicios del Cristianismo, efectuaban en las incipientes comunidades cristianas labores evangelizadoras y de atención a los miembros más necesitados. También podremos encontrar en los Hechos de los Apóstoles referencias de que había profetisas completamente aceptadas como tales en los primeros tiempos. (1, 17 y 21,9). Algunas de esas mujeres habían conocido personalmente a Jesús de Nazaret y le siguieron apasionadamente hasta el pié de la cruz.
¿Es que todas ellas se confabularon luego para enmendarle la plana al Maestro?
Esta es la pregunta que puede hacerse cualquier persona, con un mínimo de lógica, al descubrir esos datos (si no tiene nociones de Historia de la Iglesia) al compararlos con la normativa vaticana vigente. Por ejemplo, el “Directorio sobre la identidad y la formación de los diáconos permanentes” en donde se define quienes tienen la exclusiva de esos menesteres en la actual Iglesia: solo varones ordenados. ¿Y quienes pueden acceder a un orden sagrado?: solo varones Porque la Jerarquía afirma que el sacramento del orden está reservado a los varones en la Iglesia “en imitación a Cristo” y “en obediencia a la Tradición de la Iglesia” (Ordenatio Sacerdotalis, Juan Pablo II)
¿La teología feminista se atreve a contradecir a la Jerarquía?
(No solo la feminista). Recordemos que Jesús, en los Evangelios, consta como que era laico. Recordemos también que los frecuentes enfrentamientos verbales que sostuvo Jesús con el clero de entonces, acabaron llevándolo al patíbulo. Por lo tanto, Jesús debía ser lo que ahora se conoce como “un anticlerical”. Por otra parte, estudiando la Historia de la Iglesia, nos damos cuenta de que la estructura clericalizada de la actual institución eclesiástica no parece nada probable que fuera “instituida”por Jesús, ya que esa estructuración se inició casi medio siglo después de la desaparición de Jesús de la faz de la tierra. De ello se deduce tambi&eacut | |