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Las mujeres invisibles

Matilde Garzón Ruipérez

Algunas personas, si me leen, dirán: “cosas de Matilde”. Pues no, decididamente no son cosas de Matilde, son problemas que afectan a todos, si llegan al tramo de vida del que se desconoce casi todo; porque sólo se quiere hablar de él para lucimiento en revistas y Congresos Geriátricos; para publicitar prósperos negocios; como yacimiento seguro de empleo y porque los candidatos políticos encuentran el mejor filón para sus votos.
Sin negar los servicios que se prestan institucionalmente, las personas que pueden beneficiarse son un colectivo reducido y lo peor es que no se trata de insertarlos en una sociedad plural, sino de aparcarlos para que no estorben y convivan y se diviertan, juntitos, mayores con mayores.
Todavía el 8 de Marzo, se celebra el “día la mujer” y la causa es que no se ha erradicado aún el “machismo” reinante – curioso resulta que no haya un día “del hombre” que se podría titular algo así como “día del machista irredento”. Ejemplo de esta persistencia pueden ser entre muchos, algunos debates televisivos. Después de la desaparición de los interesantes y sabrosos de Iñaki y Calleja en la verdadera CNN+, con un elenco de maravillosas mujeres periodistas, me aferro por encontrar “brotes de luz” en el bosque tenebroso de la televisión pero ahora apenas se ve una entre un enjambre de señores que en guirigay confuso se quitan la palabra. Incluso hasta en los debates del día de la “igualdad” de la 6-2 y de 24 horas sólo encontré una mujer.¡Qué triste tristura!
Pero “me he divertido” como diría Santa teresa, o sea, me he ido por los cerros de Úbeda, porque de lo que quiero hablar hoy es de “las otras mujeres”, de las invisibles, que al fin de cuentas las guapas y listas de le tele ya son harto conocidas. De las “abuelas” sobre las que versó la charla “El papel de las abuelas”, que en ZOES nos dio el día 8 Emilia Riesco. Si ni siquiera se las visibilizaba un día, ¿qué reconocimiento podrán tener a diario?. La profesora de Sociología, hizo una exposición detallada de lo que suponían las abuelas, como “recurso” principal y gratuito en el cuidado de nietos menores y de dependientes. Con detalles estadísticos, quedaba claro que las mujeres jubiladas, seguían trabajando de 5 a 8 horas en su atención. Es evidente que han supuesto para la administración un ahorro del 30 al 40% del PIB y han aligerado considerablemente el peso y la responsabilidad de los papás. Que lo hagan por cariño o por obligación no es el caso, ni tampoco que tengan que solucionar el problema de la hija que trabaja. Decía la conferenciante: ”La sociedad no puede prescindir de lo que aportan, aunque no exigirlo” ¡Faltaría más! No ha mucho un articulista del País, tras constatar el crecimiento de la población envejecida, se preguntaba qué se podría hacer con ella. Como quien descubre el Mediterráneo, la única solución que daba era “que los viejos se dedicaran al cuidado de los niños y dependientes” Aparte de la monstruosidad que supone dejar sin jubilación a estas personas, ¿cómo no caer en la cuenta que con 70 años no se puede soportar la carga diaria de unos niños pequeños? Estos dos hechos y otros que no me caben aquí, revelan lo que representan para la sociedad, las personas que han llegado a la última etapa de su madurez, si es que consideramos la vida como un proceso hacia la plenitud. Es asombroso que no se quiera hablar de la vejez y que los que pretenden especializarse, no se pregunten por qué tantas personas mayores abocan a estados depresivos y demencias.
Todos necesitamos ser amados, reconocidos, respetados y tratados como personas. Hay que ayudarse mutuamente a desarrollar y poner en acción las cualidades, saberes y experiencias en pro de la felicidad propia y en beneficio de la sociedad. Es imprescindible, además, sentirse vivos y útiles, no utilizados. En general las personas que pasan de los 70, muchas viudas, experimentan como nunca, la soledad, por la pérdida de seres queridos, carencia de afectos, infravaloración, sentimiento de inutilidad, rechazo social. Se van sintiendo trastos viejos, cuya opinión no cuenta ni en la familia ni en los distintos ámbitos sociales. Para ellos, sólo hay dos formas de reaccionar: defender la propia integridad y dignidad, intentar mantener sanas las facultades, asumiendo y luchando con alegría contra las marginaciones más o menos descaradas, disfrazadas o sutiles, o bien resignarse y aceptar este nuevo modo de subsistir, esperando las migajas de cariño y dejándose llevar y traer. ¿A qué precio? ¿con qué resultado?
¿Es inevitable esta reacción social? ¿qué descubre? ¿A qué conduce? La crisis que padecemos en gran medida se debe al despilfarro, en un egoísmo brutal. Pero ¿no nos estamos cargando también un capital humano de equilibrio, serenidad, generosidad, ternura, de verdadera sabiduría?. Es una acción asesina hacia la generación que ha logrado nuestro bienestar, nuestra educación, que nos ha entregado la vida.
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LOS DIRIGENTES DE LA IGLESIA CATÓLICA Y LA DIGNIDAD DE LA MUJER.

Nadie puede negar que el origen de la cultura patriarcal en la que se ningunea y supedita la mujer al varón, se pierde en la niebla de los tiempos. Por lo tanto, la ICAR no la ha podido inventar, pero sí que la ha mantenido y la ha bendecido como “designio divino”, a pesar de tener el mandato expreso de su Maestro de liberar a todos los oprimidos. Todavía hoy sigue manteniendo la supeditación de la mujer, al promocionar el modelo de “familia cristiana” de filosofía patriarcal, donde la esposa debe estar sometida al marido.
El patriarcado ha considerado siempre a la mujer inferior al varón, y no digna (por su supuesta “impureza”) de participar en la sociedad al mismo nivel del hombre. Especialmente en el ámbito religioso.
El cristianismo es hijo del judaísmo y ha heredado innumerables tabúes y tradiciones judías. Ya, en el Levítico 15:19-30, se puede leer por ejemplo: “La mujer que padece un derrame, tratándose de su sangre, permanecerá en su impureza por espacio de siete días.- “Quien la toque será impuro hasta la tarde- Todo aquello en que se acueste (la mujer) durante su impureza quedará impuro…” Etc. Etc.
Todos estos prejuicios sobre la “impureza” de la mujer, se habían ido conservando en la tradición patriarcal del Imperio greco-romano, después de la muerte y resurrección de Cristo. Sin embargo, “durante los primeros cinco siglos de la era cristiana, la parte de la Iglesia de habla griega y siríaca protegió a la mujer de los peores efectos del tabú de la menstruación. El Didascalia del 3er siglo explica que las mujeres no son impuras durante sus períodos, que no necesitan purificaciones rituales y que sus maridos no deben abandonarlas. Las Constituciones Apostólicas repitieron este mensaje tranquilizador. En el año 601 DC, el Papa Gregorio I endosó este enfoque. Las mujeres que menstrúan no debieran estar fuera de la iglesia o lejos de la santa comunión. Pero esta VERDADERA RESPUESTA CRISTIANA fue, desafortunadamente, dominada por un increíble prejuicio en siglos posteriores encabezado por los Santos Padres latinos” (citando a John Wijngaards en http://www.womenpriests.org/sp/traditio/unclean.asp) Y, de esta manera, los tabúes de la tradición judía fueron corregidos y aumentados por las teorías de los llamados Santos Padres latinos, los cuales estaban empeñados en dar la culpa del pecado original a las féminas: “la mujer es el mal de todos los males” (Ambrosio). ”La mujer es inferior en todo al varón. No puede ser imagen de Dios Es un varón rato” (Agustín de Hipona y Santo Tomás de Aquino).
Y esta opinión sobre las mujeres debió ser, a mi juicio, lo que en la época en la que se promulgó el dogma de la Inmaculada, impulsó al Pueblo creyente a reclamar que María fuera diferente de las otras mujeres. Por eso el Pueblo creyente lo celebró cuando fue una realidad. Y por eso se dice ahora que el “Espíritu se reveló en el sentido de la fe del Pueblo Creyente, confirmado por el Magisterio”. Pio Nono, por su parte, aprovechó la ocasión para poner “en su sitio” a los dominicos que le cuestionaban dicho dogma, añadiendo al dogma de la Inmaculada, el de la”infalibilidad” de los papas.

Dice la " Bula Ineffabilis Deus" sobre el dogma de la Inmaculada[: : “Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón sigue Roser- lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho”.

Evidentemente, este ramillete de anatemas ha mantenido callados hasta ahora a los próceres que han tenido aspiraciones a hacer carrera dentro de la institución eclesiástica, a pesar de que algunos veían la injusticia que se estaba cometiendo con las mujeres que no éramos la Virgen María. Todavía hoy, el que Luis Ángel Rodríguez Patiño (un cura de a pie, comprometido con sus feligreses) se ha convertido en noticia por haber sido llamado al orden por su obispo, por denunciar la marginación de la mujer en la Iglesia. Esto da testimonio de como están las cosas al respecto en la ICAR.
La supuesta “impureza” de la mujer de la tradición judía, entró en la Ley de la Iglesia Católica a través del Decretum Gratiani (1140 DC), el cual se convirtió en ley oficial de la Iglesia en el año 1234, una parte vital del Corpus Iuris Canonici (Código Canónico) que tuvo vigencia hasta el 1916. El Código Canónico promulgado posteriormente en 1917 y que estuvo vigente hasta 1983, contenía los siguientes cánones, basados en la supuesta “impureza ritual” de la mujer: “Las mujeres son la última opción como ministras de bautismo- Las mujeres no pueden distribuir la sagrada comunión- Las niñas ni las mujeres pueden ser servidoras del altar-Sólo hombres pueden recibir el Sacramento del Orden.- Las mujeres deben cubrir su cabeza con un velo en la Iglesia- El lino sagrado debe ser lavado primero por hombres, antes de las mujeres lo toquen- Las mujeres no pueden predicar en la Iglesia -Las mujeres no pueden leer la Sagrada Escritura en la Iglesia”.
(Prohibiciones que coinciden con las fechas y el ambiente en contra de las mujeres que debía haber cuando se promulgó el dogma de la Inmaculada y que debieron influir enormemente en el Pueblo Creyente para reclamar una excepción para María, la madre del Señor).
Ahora las cosas están mejor gracias a que los reverendos guardianes del Derecho Canónico en 1983 decidieron que las mujeres podíamos ser: “Lectoras de las Sagradas Escrituras durante la liturgia. Servidoras del altar. Comentadoras durante la Eucaristía. Predicadoras de la Palabra. Cantantes y coristas, ya sea solas o como miembros de un coro. Líderes de servicios litúrgicos. Ministras de bautismo. Distribuidoras de la Sagrada Comunión”.
Esto no impidió que nos quedáramos con la boca abierta ante el espectáculo de TV, en la Sagrada Familia de Barcelona, de unas monjitas afanadas en limpiar el aceite derramado por S.S. Benedicto XVI sobre el ara del altar, mientras el Papa y los próceres que lo acompañaban, las contemplaban impasibles desde sus asientos.
A pesar de la “generosidad” de sus eminencias, la Jerarquía católica sigue negando el sacerdocio a la mujer con la excusa de que: “Jesús solo tuvo a varones como discípulos; y que la Iglesia no puede hacer otra cosa que imitarlo” ( Ordinatio sacerdotalis, JP II) , Argumento que cualquier exegeta, tanto femenino como masculino, puede desmontar pues Jesús no fue cura ni ordenó a nadie y, si leemos el Evangelio con honestidad, veremos que había mujeres en su discipulado que le acompañaron “desde Galilea hasta el pie de la Cruz”. Esto, sin olvidar que fueron las primeras encargadas de comunicar a los otros discípulos que “el Señor está vivo” es decir, que no las consideró indignas de ser sus portavoces.
Por lo tanto, en pleno siglo XXI, siguen siendo los prejuicios por la supuesta “impureza ritual” de la mujer la que nos mantiene discriminadas y sujetas doctrinalmente al varón, sea este marido o capellán de convento de monjas. Pero la Jerarquía no se atreve a reconocer sus prejuicios abiertamente, habida cuenta de cómo ha cambiado el ambiente social, y debido a las leyes civiles de igualdad que ya no dependen de las religiosas. La mayoría de los países europeos han conseguido separar Estado de Religión. Por otra parte, la Jerarquía ahora no puede alegar, falsamente, que el Evangelio de Jesús los respalde, porque ahora ya todo el mundo sabe leer y puede leer los evangelios y ver la Verdad en ellos (no es como antes, que el Pueblo llano era analfabeto). Y, en los evangelios, vemos como durante el período de su “vida pública” Jesús demostró que El no tenía los prejuicios contra la mujer de su fe judía (a la que pretendía reformar para poder anunciar, a partir de ella, el Reino de Dios).
Por ejemplo, los episodios de la Samaritana y el de la hemorroisa: Los judíos tenían la costumbre de rezar y dar gracias a Yavhé todos los días “por no haber nacido mujer, ni ignorante, ni extranjero”. Es evidente que en el episodio de la Samaritana Jesús se saltó los tres tabúes, demostrando de esta manera, que todos esos prejuicios no iban con El, aunque en su religión estaban recogidos en las costumbres patriarcales sociales. Jesús no solo no se apartó de aquella mujer tan “peligrosa”, según la tradición judía, sino que se acercó lo suficiente como para beber de su cántaro, el cual debía conservar la huella de su cuerpo por las constantes idas y venidas al pozo. Luego le habló de teología ¡a una mujer! Y, finalmente, la ENVIÓ a ANUNCIAR a sus conciudadanos que el Mesías que esperaban ya estaba allí. (Parece ser que fueron bastantes “y se convirtieron muchos”, según el evangelio de Juan) ¿Que más se necesitaba para que Jesús la hubiera tratado como a una de sus evangelizadoras?
En cuanto a la hemorroísa, a pesar de que ella intentó solo”tocar el borde de su túnica” y la cosa habría pasado desapercibida, fue Jesús el que aireó que una mujer, “socialmente impura”, LE HABÍA TOCADO. Nada dice el evangelio de que Jesús saliera corriendo a purificarse antes de que pusiera el sol. Al contrario, le devolvió a aquella mujer su dignidad de persona (de la que carecía, según las leyes del Templo judías) y le dijo: “tu fe te ha salvado”.
Por todo esto, las mujeres creyentes y feministas católicas de hoy en día, no tenemos más remedio que sospechar de la antropología teológica discriminatoria actual de la ICAR, considerándola que está interesadamente de espaldas al Evangelio de Jesús de Nazaret. Evangelio de Fraternidad y de Igualdad de las hijas y los hijos de Dios.
En lo que a mi respecta, de lo que desconfío más es del dogma de la Inmaculada Concepción. Los teólogos y teólogas marianos deberían hacerse las siguientes preguntas: ¿Para qué NECESITABA el Señor Dios, creador del Universo, convertir en Inmaculada a Maria, a fin de encarnarse en Ella? y ¿Es que acaso el Dios Abba de Jesús de Nazaret comulga con los prejuicios de la cultura patriarcal, respecto de las mujeres?
Este dogma ha dado como resultado el haber encumbrado en un pedestal a María, la madre de Jesús, convirtiéndola en una especia de diosa pagana, asexuada, y a la que se le está rindiendo pleitesía casi idolátrica. Lo cual no ha impedido que a las otras mujeres se nos haya seguido difamando, menospreciando y discriminando desde el seno de la Iglesia.
También me hacen desconfiar los “frutos” (a nivel eclesiástico) que se han conseguido con el culto a María: basílicas, joyeros de la Virgen, votos y exvotos de oro, emporios turísticos, etc. Todo ello abusando de la necesidad de encontrar consuelo para sus penas por parte de tanta gente sencilla, que busca ayuda a los pies de una Madre Misericordiosa y Poderosa. La piedad del Pueblo sencillo merece todos mis respetos, pero la explotación que se hace de ella, me provoca indignación y desprecio hacia una Jerarquía religiosa anclada en el dominio de las mujeres y en el poder que proporcionan las riquezas de este mundo, cuando debería estar anunciando y testimoniando, en nombre de Jesús de Nazaret, el Evangelio de Liberación de todos/as los oprimidos/as, como no han dejado de hacer nunca miles y miles de creyentes de a pie que se han mantenido fieles a la responsabilidad de anunciar la Buena Noticia a todo el mundo.

Roser Puig F. Madre de familia y miembro de “creients i feministes” de Mallorca. Diciembre 20010.

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LAS MUJERES EN LA IGLESIA

Propuestas para mejorar esta situación

MERTXE DE RENOBALES SCHEIFLER & M. DOLORS FIGUERAS FONDEVILA,
dolorsfigueras@telefonica.net

BILVAO (VIZCAYA) & BARCELONA



<http://www.eclesalia.net/> ECLESALIA, 22/11/10.- ¿Paridad en la Iglesia
Católica? Dicen que una imagen vale más que mil palabras. La foto de las 4
monjas limpiando el altar del óleo derramado durante la ceremonia bajo la
mirada complaciente y condescendiente de los muchos concelebrantes que
rodean el altar, todos hombres, dejan en total evidencia, lo que para la
jerarquía católica, es la mujer.

La participación de las mujeres en la ceremonia fue del todo humillante:
además de las que limpiaron el altar hubo otra que leyó un texto breve. En
la homilía Benedicto XVI volvió a insistir sobre el papel de la mujer
diciendo que desea pueda realizarse en el hogar y en el trabajo.... del
hombre ni lo mencionó: ya está realizado.

Lenguaje. Esta actitud está sutil y hábilmente fomentada por el uso
constante, desde hace siglos, de la palabra "hombre" para referirse a
hombres Y mujeres, de manera que se ve como "normal" puesto que "se
entiende" que diciendo "hombres" "estamos todas".

Los varones que leáis este comunicado, haced la prueba a leer cualquier
texto de la Misa sustituyendo la palabra &#147;hombre&#148; por &#147;mujer, o mujeres&#148; Por
ejemplo: "Jesús vino a salvar a los hombres". Seguramente os identificáis
sin problemas con el grupo al que Jesús vino a salvar. &#147;Jesús vino a salvar
a las mujeres&#148; ¿Y ahora? ¿Os sentís identificados con este grupo?. A las
mujeres nos pasa lo mismo con la palabra "hombres" que a vosotros, varones,
con la palabra "mujeres".

Reflexión. ¿Es necesario aclarar cuál es el papel fundamental de la mujer en
la iglesia? ÉSTA ciertamente no es la iglesia en la que las mujeres podemos
desarrollarnos plenamente como personas y mujeres.

¿Será por esta razón por la que la iglesia católica NO ha firmado la
Declaración de Derechos Humanos de la ONU? Por lo menos han tenido la
decencia de NO firmarla ya que la igualdad entre varones y mujeres esta
prohibida por razones difíciles de entender, cuando no totalmente obsoletas.

Está claro que somos miembros de la iglesia de 2ª fila -detrás de los
hombres- y por tanto es fácil entender que nuestro papel es secundario: las
decisiones nos las dan ya tomadas y nosotras las ejecutamos.

El cambio de lenguaje es el primer paso para que todas las personas que
formamos la iglesia nos demos cuenta de la situación de marginación del
colectivo de mujeres. El esfuerzo de buscar las palabras adecuadas nos ayuda
en la reflexión y es un paso importante para que gradualmente alcancemos la
visibilidad que todavía no tenemos. No podemos seguir ocultándonos detrás de
las palabras. Y así también quizá nos demos cuenta de que existen otros
colectivos que están marginados en la iglesia, como son los colectivos de
personas divorciadas, homosexuales, sacerdotes secularizados,...

Proponemos dos sencillas actividades que podemos hacer todas las personas
cristianas que deseamos que la Iglesia sea la del s XXI, sabiendo que llegar
a ser las mujeres miembros de 1ª fila -en igualdad verdadera con los
hombres- está todavía muy lejos.

1.- Cada vez que oigamos en una homilía, lectura, oración de los fieles,
etc., la palabra "hombre" u "hombres" pretendiendo referirse con ella a
"hombres y mujeres", presentemos a la persona responsable del acto la
necesidad de modificar el lenguaje, pues está claro que está dirigido sólo a
los hombres y nosotras no tenemos nada que ver con ello.

Es hora de cambiar el lenguaje excluyente por el incluyente. Por suerte
todos los idiomas tienen, por ejemplo, la palabra "persona", y también la
expresión "ser humano" (que aunque humano se deriva de hombre es, al menos,
más amplio) y otras. No hay excusas para no utilizarlas.

2.- Las mujeres deberíamos desaparecer de las iglesias y de todo el entorno
de la iglesia institucional al menos durante 2 o 3 meses seguidos. Así
quedaría patente nuestra aportación. Sabemos en teoría que determinadas
personas tienen una gran influencia en nuestras vidas pero realmente nos
damos cuenta de cuánto les debemos, cuando desaparecen. NO SE TRATA DE
ABANDONAR LA IGLESIA DEFINITIVAMENTE. NO HEMOS TERMINADO NUESTRA RELACIÓN
CON JESÚS, NI CON DIOS. SOLAMENTE QUEREMOS CONSEGUIR ESA IGUALDAD QUE AHORA
NO SE NOS CONCEDE. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión
de sus artículos, indicando su procedencia).
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Roser Puig
Las feministas católicas inglesas le reclaman al Papa el sacerdocio femenino

Estas son las “razones” en las que se han apoyado tanto Pablo VI, como Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI, para negar el sacerdocio a las mujeres: “Advertencia de Pablo VI a la Iglesia Anglicana, con el fin de eliminar un nuevo obstáculo en el camino hacia la unión de los cristianos”:
-La Iglesia sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales.
-El ejemplo, consignado en las sagradas escrituras, de Cristo que escogió a sus apóstoles solo entre varones.
-La práctica constante de la Iglesia que ha imitado a Cristo escogiendo solo varones.
-Su viviente Magisterio que coherentemente, ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia
-La Iglesia no se considera autorizada a admitir a las mujeres a la ordenación sacerdotal.
-La razón verdadera es que Cristo, al dar a la Iglesia su constitución fundamental, su teología antropológica, seguida siempre por la Tradición de la Iglesia misma, lo ha establecido así”.

Mi opinión al respecto, como creyente y feminista.

¿PARA “IMITAR” A JESUS? Jesús no dio ningún ejemplo en esto, porque NO ORDENOA NADIE, NI MUJERES NI HOMBRES. En cambio tenía como discípulos a mujeres y hombres.
¿Por “PRACTICA CONSTANTE” de la Iglesia? Según podemos comprobar en las cartas de Pablo, las mujeres, desde el principio, animadas por como las había tratado Jesús y recodando sus palabras, se sintieron impulsadas a evangelizar, profetizar y, por supuesto, a ejercer el diaconado. Igual que los hombres: "Os recomiendo a Febe, nuestra hermana, que es además diaconisa de la iglesia de Céncreas": Rm 16, 1). Sin embargo, B 16 ignora a las mujeres diaconisas en su encíclica “Deus caritas est”, 2ª Parte: “la elección de los siete varones, que fue el principio del ministerio diaconal…” (cf. Hch 6, 5-6). Por lo visto le falló la memoria y solo recordó a los “7 varones”. Claro que acababa de reformar el Derecho Canónico de manera que las mujeres no pudieran colársele en el escalafón clerical por el diaconado. Y se sacó de la manga “el diaconado permanente” para que algunos hombres casados pudieran aliviar a los párrocos agobiados, sin peligro de que las mujeres entren en escena. Pero las estudiosas feministas saben, a ciencia cierta, que la “imposición de manos” a diaconisas llegó hasta el siglo VIII, a pesar de la oposición y difamación de los llamados Santos Padres de la Iglesia. (Supongo que B 16 ahora debe estar devanándose los sesos para evitar que, algún día, una mujer pueda ser ordenada “cardenala”, pues creo que el Derecho Canónico todavía contempla esa posibilidad).
La retórica anti-femenina comenzó particularmente con los Padres latinos. Tertuliano de Cártago (155-245 DC) fue uno de los peores: “No está permitido que una mujer hable en la Iglesia, ni le está permitido enseñar, ni bautizar, ni ofrecer [la eucaristía], ni reclamar para sí una participación en las funciones masculinas, y mucho menos en las sacerdotales”. Evidentemente, esas cosas se estaban produciendo doscientos años después de la desaparición de Jesús de la faz de la tierra. Finalmente, el machismo y el afán de poder consiguieron desviar a la Iglesia de su camino. (En el camino equivocado sigue todavía, persiguiendo el prestigio y el poder, a pesar de los testimonios heroicos personales de tantos hombres y mujeres).
Los actuales auto considerados Santos Padres, comulgan de la misma misoginia que los antiguos (se rumorea que B16 es muy “agustiniano”) aunque, por suerte para nosotras las que vivimos en países desarrollados donde la Religión se está separando paulatinamente de las leyes civiles las cuales tienden a defender los DDHH de todos y todas, ahora no se atreven a decir cosas tan fuertes y calumniosas como las que decían los Santos Padres del pasado: "¡Ustedes son la puerta del infierno! ¡Ustedes son las que rompieron el sello de aquél árbol (prohibido)! ¡Ustedes son las primeras desertoras de la ley divina! ¡Ustedes son las que le persuadieron (a Adán), pues el demonio no tenía el valor suficiente para atacarlo! ¡Ustedes destruyeron tan fácilmente la imagen de Dios, al hombre! ¡Por causa de lo que ustedes merecían – esto es, la muerte – aún el Hijo de Dios tuvo que morir!"(Tertuliano). Ahora usan el mensaje subliminal de la necesidad de supeditar a la mujer “para defender la familia” a la cual consideran atacada por las leyes de igualdad que se están promulgando en numerosos países desarrollados y en desarrollo.
En cuanto al “Magisterio viviente” (supongo que se refieren a los Jerarcas vivos), es muy dueño de decir de sí mismo lo que le convenga, pero es del todo cínico afirmar que “la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia”. ¿El que se esté dando al mundo entero el lamentable espectáculo de discriminación de las mujeres, así como el empeño de mantener a la mujer supeditada al varón, tanto en la Iglesia como en la familia, entra en el “plan de Dios”? En el evangelio podemos comprobar como, cada vez que se topaba con una mujer humillada, Jesús la dignificaba y la trataba como a una igual.

La guinda del pastel
Juan Pablo II, después de copiar a Pablo VI por entero, añadió en la O.S. esta “genial razón” del porqué las mujeres no debíamos aspirar al sacerdocio: “Por otra parte, el hecho de que María Santísima, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, no recibiera la misión propia de los Apóstoles ni el sacerdocio ministerial, muestra claramente que la no admisión de las mujeres a la ordenación sacerdotal no puede significar una menor dignidad ni una discriminación hacia ellas, sino la observancia fiel de una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del universo”.
Los jerarcas deben estar convencidos de que las mujeres, gracias a sus esfuerzos y a las costumbres y tradiciones de las diversas culturas, seguimos siendo unas ignorantes totales. Y no solo éso, siguen creyendo que, por naturaleza, somos más tontas que ellos. Por lo menos éso es lo que les enseñan en los seminarios donde todavía se estudia con toda reverencia las teologías de S. Agustín y Santo Tomás de Aquino que opinaban que las mujeres éramos tan imperfectas y pecadoras, que no podíamos ser imagen de Dios.

Desde la India, 14 madres generales de otras tantas congregaciones religiosas, representantes de unas 150.000 monjas, contestaron en su día a la Ordinatio Sacerdotalis de Juan Pablo II.

Es una larga carta que publicó la revista ALANDAR en el nº de marzo de 1984. (Hasta el presente ha sido silenciada por el Vaticano) Dichas monjas, respetuosa y humildemente, le reprochan a su “querido Padre” el valerse de la devoción a María para que las mujeres renunciemos voluntariamente al sacerdocio, por imitación a Ella. “¿Cómo pudo María aspirar al sacerdocio cuando esto no existía en su tiempo? ¿reclamó alguna vez para si Jesús el sacerdocio?” Y, con toda humildad, le recuerdan al Papa los inicios del Cristianismo: “Cristo no ordenó sacerdotes y no existía ninguna jerarquía clerical en los tiempos del Nuevo Testamento. Mas tarde la Iglesia adoptó una estructura clerical y jerárquica que adopto elementos de la altamente patriarcal religión judía, de la que era originaria, y también de las estructuras socio-políticas del Imperio Romano en el que echó raíces”. Asombrosamente, se atreven a denunciar la situación de las monjas dentro de la ICAR: “somos relegadas a permanecer en estado infantil perenne y se nos hace depender del clero masculino para vivir nuestra vida religiosa cristiana. Los clérigos hacen uso de esta falta de igualdad para sacar el máximo beneficio, extrayendo mano de obra barata de nosotras”. Y se quejan de que, en la Ordinario Sacerdotales el Papa “parece sugerir que no tiene la intención de mantener un dialogo con nosotras. Parece extraño que en pleno siglo XX los hombres pretendan que el plan de Dios deba solo ser manifestado a través de ellos “. Insisten, una y otra vez, en mantener el diálogo: “Amenazando a las otras Iglesias de romper el diálogo y la unión por el hecho de ordenar mujeres, nos parece a nosotras que la Iglesia prefiere encerrarse en una torre de marfil”. Y se lamentan de que : “si a los asuntos que se refieren a las mujeres ni siquiera se les confiere la dignidad de ser objeto de un diálogo abierto, SENTIMOS QUE NUESTRA EXISTENCIA COMO VERDADEROS MIEMBROS DE LA IGLESIA NOS ES NEGADA” (las mayúsculas son mías)
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¿Y si las monjas se pusieran en huelga?
¿ Que pasaría si a las mujeres consagradas ( creo que están todavía en proporción de cuatro mujeres a un hombre) que ejercen servicios en todos los estamentos de la institución, de forma gratuita y voluntaria, se les abrieran los ojos, como lo hicieron esas monjas de la India (nada sospechosas de ser “feministas radicales”, por cierto), y a la vista de que solo se las considera como “mano de obra barata”, cuando ellas estaban convencidas de estar “sirviendo a la Iglesia” y a su misión de evangelización, se plantaran y se pusieran en huelga? Seguro que habría un colapso institucional universal.
Pero eso no ocurrirá nunca porque, aquellas que sirven en cuerpo y alma a los necesitados como consecuencia de su opción evangélica por los pobres, no dejarán de hacerlo jamás, sea cual sea la actitud de la Jerarquía para con ellas. Por otra parte, se ha conseguido marcar a fuego, en los espíritus temerosos, que la virtud mas meritoria delante de los ojos de Dios, es la obediencia a la Jerarquía. Y en demasiadas ocasiones son las propias compañeras, monjas sumisas y obedientes al clero masculino, las cuales han conseguido un estatus relevante dentro de la discriminación, las que vigilan, hacen la vida imposible y hasta denuncian a las que se muestran disconformes con la voluntad de la Jerarquía.
Me pregunto cuantas de aquellas osadas “madres generales” indias pudieron continuar impunemente en su puesto de trabajo, después de enviar su carta de protesta a su “querido Padre”, dada la oleada inquisitorial que invade nuestra Iglesia en los últimos papados.
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Roser Puig F. Agosto , 2010.


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Cuatro tesis sobre las mujeres en las religiones
Juan José Tamayo, teólogo

Atrio
En este día del sentimental (y comercial) Día de la Madre, nos parece oportuno reflexionar sobre la consideración secundaria y dependiente que de la mujer tienen casi todas las grandes religiones, a partir de la conferencia pronunciada por el autor en el pasado Día de la Mujer.
Agradezco a la Concejalía de la Mujer de Alcorcón la invitación a participar en las actividades culturales programadas con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora con la conferencia “Las mujeres en las Religiones: mayoría silenciosa y silenciada”. Es, sin duda, la mejor demostración de que la causa de la emancipación y de la igualdad (no clónica) de las mujeres no es sólo asunto de mujeres sino de todos los ciudadanos y ciudadanas, comprometidos en la lucha contra las discriminaciones de género.
La elección del tema, tan poco frecuente en efemérides de este tipo, por parte de la Concejalía refleja una especial sensibilidad por analizar críticamente aquellos espacios en los que las mujeres se sienten más discriminadas, olvidadas e invisibilizadas, cuales son las religiones. Ahora bien, el análisis de las religiones no puede hacerse de manera unidireccional y unívoca.
El hecho religioso es lo suficientemente complejo como para que lo despachemos con una serie de afirmaciones planas o gruesas. Tiene muchas capas y admite no pocos matices, también en su relación con las mujeres. Bien puede hablarse de la dialéctica de las religiones en este y en otros campos. Es innegable que las religiones han ejercido –y siguen ejerciendo, en buena medida- una función alienante, especialmente en su relación con las mujeres, y legitimadora del orden establecido. Pero no es menos cierto que han sido, son y seguirán siendo en el futuro fuerzas y cauces de liberación, también de las mujeres.
Los orígenes de las religiones constituyen el mejor ejemplo de ello y la relación igualitaria de sus fundadores con las mujeres me parece emblemática de lo que deberían ser hoy.
Creo que a la relación de la religión con las mujeres le es aplicable lo que dijera Marx (1818-1883) de la religión en general en uno de sus escritos de juventud, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (escrito entre finales de 1843 y enero de 1844): “La miseria religiosa es, por una parte, la expresión, de la miseria real y, por la otra, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de un mundo carente de espíritu. Es el opio del pueblo”.
En esta conferencia, que quiere ser programática, voy a proponer las que llamo “cuatro tesis de Alcorcón sobre las mujeres en las religiones”, que enuncio así:
1. Las religiones nunca se han llevado bien con las mujeres –tampoco hoy-, que son las grandes olvidadas y las grandes perdedoras.
2. Sin embargo, las mujeres son las más fieles seguidoras de los preceptos religiosos, las mejores educadoras en las diferentes fes y las que, por paradójico que parezca, mejor reproducen la estructura patriarcal de las religiones.
3. Pero cada vez es mayor el número de mujeres que se rebelan contra las religiones, sin abandonar el espacio religioso, se organizan autónomamente, se apartan de las orientaciones morales que les impone el patriarcado religioso y viven la experiencia religiosa desde su propia subjetividad, sin tener que pasar por la mediación de los varones.
4. De esta rebelión ha surgido en todas las religiones una nueva forma de pensar y de reformular las creencias y las prácticas religiosas: la teología feminista.
Desarrollo a continuación estas cuatro tesis.
1. Las mujeres son las grandes olvidadas y perdedoras de las religiones
a) Las mujeres en las religiones no son reconocidas como sujetos morales: se las considera menores de edad que necesitan guías espirituales varones que les conduzcan por la senda de la moralidad, les digan lo que es bueno y lo que es malo, lo que pueden y no pueden hacer, sobre todo en materia de sexualidad, de relaciones de pareja y en la educación de sus hijos. Las normas morales a cumplir por las mujeres –alejadas, cuando no contrarias, la mayoría de las veces, a las de los fundadores y fundadoras- son dictadas por los varones, que se las imponen como de obligado cumplimiento.
En el imaginario patriarcal religioso, muy marcado por la influencia de los clérigos, las mujeres son consideradas tentadoras, ligeras de conducta, amorales, etc. Esa imagen se ha elaborado a partir de determinados textos sacados de algunos libros sagrados escritos en lenguaje patriarcal, considerados válidos en todo tiempo y lugar, y leídos con ojos fundamentalistas y mentalidad misógina.
b) Las mujeres casi nunca son reconocidas como sujetos religiosos. En no pocas religiones la divinidad suele ser masculina y tiende a ser representada sólo por varones. De lo que Mary Daly concluye, creo que certeramente: “Si Dios es varón, el varón es Dios”. Así, los varones se sienten legitimados divinamente para imponer su omnímoda voluntad a las mujeres. Precisamente porque sólo los varones pueden representar a Dios, sólo los varones pueden acceder al ámbito de lo sagrado, al mundo divino; sólo ellos pueden entrar en el sancta sanctorum; sólo ellos pueden subir al altar, ofrecer el sacrificio, dirigir la oración comunitaria en la mezquita, presidir el servicio religioso en las sinagogas (con algunas excepciones).
Sólo los varones pueden ser sacerdotes en la Iglesia Católica, imanes en el Islam y rabinos en el judaísmo ortodoxo. Las ordenaciones sacerdotales de mujeres son declaradas inválidas por la autoridad eclesiástica y la oración comunitaria de los viernes presidida por mujeres es calificada de profanación de lo sagrado. En la Iglesia católica, las mujeres pueden consagrar su vida a Dios, pero, en razón de su sexo, no pueden representar a Dios. En las mezquitas las mujeres suelen estar separadas de los hombres -¿para no contaminar?-, son colocadas en la parte superior tras una celosía, e incluso a veces tienen que entrar por una puerta distinta de la de los hombres.
c) Las mujeres difícilmente son reconocidas como sujetos teológicos. Las instituciones religiosas suelen ponerles todo tipo de trabas para el estudio y la docencia de la teología, para la interpretación de los textos sagrados, para la reflexión sobre la fe, etc. Y cuando deciden u osan pensar la fe y hacer teología desde sus experiencias de sufrimiento y de lucha, e interpretar los textos de sus respectivas religiones desde la propia subjetividad, suelen ser acusadas de entrar en un terreno que no les corresponde y de caer en el subjetivismo. En la mayoría de las religiones la teología está escrita con caracteres masculinos.
d) La organización de las religiones se configura la mayoría de las veces patriarcalmente: todos los sacerdotes católicos y todos los imanes son varones; el Dalai Lama es varón; la mayoría de los rabinos y de los lamas son hombres. Y así sucesivamente. Por ello, las religiones bien pueden definirse como perfectas patriarquías.
e) Las mujeres acceden con dificultad a puestos de responsabilidad en las comunidades religiosas. El poder suele ser detentado por varones. A las mujeres les corresponde acatar las órdenes. Lo que tiende a justificarse tanto por el discurso androcéntrico de las religiones apelando a la voluntad divina: es Dios quien encomienda el poder y la autoridad a los varones y la obediencia a las mujeres.
f) Las religiones legitiman de múltiples formas la exclusión de las mujeres de la esfera pública, de la vida política, de la actividad intelectual, del campo científico, y limitan sus funciones al ámbito doméstico, a la esfera de lo privado, a la educación de los hijos e hijas, a la atención al marido, al cuidado de los enfermos, personas mayores, etc. Cualquier tipo de presencia de las mujeres en la actividad política o social es considerado ajeno a la “identidad femenina” (¿?) y un abandono de su verdadero campo de operaciones, que es el hogar., con la consiguiente culpabilización
g) Las religiones ejercen la violencia contra las mujeres de distintas formas: violencia física, violencia simbólica, violencia religiosa.
h) La mayoría de las religiones niegan a las mujeres el reconocimiento y el ejercicio de los derechos reproductivos y sexuales:
– Las mujeres no son dueñas de su propio cuerpo, que es controlado por los confesores, directores espirituales, esposos, etc.
– A las mujeres no se les permite planificar la familia: deben tener los hijos y las hijas que Dios quiera, los que Dios les mande, no los que ellas libremente decidan.
– No pueden ejercer la sexualidad fuera de los límites impuestos por la religión (matrimonio, heterosexualidad). La práctica de la sexualidad fuera del matrimonio o con personas de otro sexo es prohibida y condenada expresamente.
– Son consideradas impuras por la menstruación.
– Si deciden interrumpir el embarazo, incluso ateniéndose a la ley, son acusadas de pecadoras y criminales y se pide para ellas incluso penas de cárcel. En la condena y criminalización del aborto coinciden los líderes religiosos, por ejemplo, del catolicismo y del Islam.
– Las mujeres no pueden utilizar métodos anticonceptivos, porque eso implica poner obstáculos a la vida.
2. Sin embargo, las mujeres son las más fieles seguidoras de las religiones.
Hay quienes hablan de que la orientación femenina hacia la religión es innata, más aún, genética, que las mujeres son por naturaleza más crédulas y, por eso, son más asiduas a las actividades religiosas. Quienes así piensan o razonan, se olvidan de que tradicionalmente ha sido a las mujeres a quienes más se ha inculcado el sentimiento religioso. Se trata, por tanto, de un proceso inducido, que responde a una determinada educación y aprendizaje.
Las mujeres son las mejores transmisoras de las enseñanzas religiosas a sus hijos en la familia y a los niños y niñas en los espacios religiosos a través de las catequesis. Ellas son también las que mejor reproducen la organización patriarcal y la ideología androcéntrica y las que más practican las religiones.
3. Rebelión de las mujeres
En las últimas décadas asistimos a una auténtica rebelión de las mujeres en el ámbito de las religiones, tanto a nivel personal como colectivo, tanto en el interior de las religiones como en la sociedad.
a) A nivel personal, transgrediendo conscientemente las normas y orientaciones en materia de sexualidad, relaciones de pareja, planificación familiar, opciones políticas, etc.
b) En el interior de las religiones, creando movimientos y asociaciones de mujeres que ejercen su libertad de organización y funcionan autónomamente al margen de los varones e incluso enfrentadas con las autoridades religiosas.
c) En la sociedad, participando activamente en los movimientos feministas y en las organizaciones sociales como expresión de la convergencia en las luchas por la emancipación de las mujeres y como forma de comprometerse con los sectores más vulnerables de la sociedad.
d) La rebelión de las mujeres dentro de las religiones constituye uno de los hechos mayores y de más profunda significación en la historia del fenómeno religioso, que tiene importantes repercusiones políticas y sociales. Supone un avance en la lucha por la emancipación de las mujeres y por la liberación de los marginados y excluidos. Por eso la rebelión feminista de las mujeres creyentes debe ser apoyada no sólo por los colectivos y las personas religiosas, sino por todos los ciudadanos y ciudadanas comprometidos en la lucha por la emancipación de los pueblos sometidos a las distintas formas de opresión.
4. Teología feminista
Fruto de esta rebelión ha surgido una nueva manera de vivir y de pensar la fe religiosa desde la propia subjetividad de las mujeres: la teología feminista, que:
a) Parte de las experiencias de sufrimiento, de lucha y de resistencia de las mujeres contra el patriarcado y sus diferentes manifestaciones.
b) recupera la memoria de las antepasadas que trabajaron por la libertad;
c) Reescribe la historia de las religiones desde la perspectiva de género dando voz y protagonismo a las mujeres silenciadas por el patriarcado religioso.
d) Utiliza las categorías de la teoría de género para analizar críticamente las estructuras patriarcales y los discursos androcéntricos de las religiones.
Conclusión
. En el siglo XIX las religiones perdieron a la clase obrera porque se colocaron del lado de los patronos que los explotaban y condenaron las revoluciones sociales que luchaban por una sociedad más justa y solidaria. Los trabajadores dieron la espalda a las religiones porque se sintieron traicionados por ellas.
. En el siglo XX las religiones perdieron a los jóvenes y a los intelectuales por sus posiciones integristas desde el punto de vista filosófico y cultural.
. En el siglo XXI, si continúan por la senda patriarcal por la que ahora caminan, perderán a las mujeres.
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Pensa-miento 20: Otra vez un pensa-miento de mi amigo Jeromo. «Muchas veces hemos escuchado que se cierra una escuela porque no hay niños y niñas en el pueblo. Y a medida que se cerraba una escuela, un pueblo arrancaba a morir. Hay que invertir el mensaje y la idea. Vamos abrir una escuela para que no se cierre un pueblo»
Pensa-miento 19: Parece mentira, pero no lo es. El Tribunal de Apelaciones del 9º Distrito de Estados Unidos en San Francisco dictaminó recientemente que cientos de miles de empleadas de Wal-Mart (el gigante vendedor) pueden demandar colectivamente a la empresa por recibir salarios más bajos y menos ascensos que sus compañeros de trabajo de sexo masculino. Tan grande es Wal-Mart que su sexismo podría representar la mayor demanda colectiva por discriminación laboral en la historia de Estados Unidos. Dice Wal-Mart que apelará a la Corte Suprema. Quizás porque allí son siete los decididores y dos las decididoras.



Gustavo Duch Guillot
¿ QUIEN ES TU MAMÁ ?


Alguien le preguntó a un niño: “¿Quién es tu mamá?”. Y él contestó: “Mamá es esa señora que lleva en el bolso un pañuelo con mis mocos, un paquete de toallitas, un chupete y un pañal de emergencia. Mamá es ese cohete tan rápido que va por casa disparado y que está en todas partes al mismo tiempo.
Mamá es esa malabarista que pone lavadoras con el abrigo puesto mientras le abre la puerta al gato con la otra, sosteniendo el correo con la barbilla y apartándome del cubo de basura con el pie. También es esa maga que puede hacer desaparecer lágrimas con un beso”.
“Mamá es esa forzuda capaz de coger en un solo brazo mis 15 kilos mientras, con el otro, empuja el carro de la compra. Mamá es esa campeona de atletismo capaz de llegar en décimas de segundo de cero a cien para evitar que me “descuerne” por las escaleras. Es esa heroína que vence siempre a mis pesadillas con una caricia. Mamá es esa señora con el pelo de dos colores que dice que, en cuanto tenga un hueco, solo otro, va a la peluquería.
Mamá es ese cuentacuentos que lee e inventa las historias más divertidas solo para mí. Es esa chef que es capaz de hacerme una cena riquísima con dos tonterías que quedaban en la nevera porque se le olvidó hacer la compra, aunque después ella se quede sin comer. Mamá es esa señora con bigote y trencitas en los pelos de las piernas que jura que en cuanto tenga un hueco, sólo otro, se depila”.
“Mamá es ese médico que sabe, con sólo mirarme, si tengo fiebre, cuanta, y lo que tiene que hacer para que baje. Es esa economista capaz de ponerse la ropa de hace cientos de años para que yo vaya bien guapo.
Mamá es esa cantante que todas las noches entona la melodía mas dulce mientras me acuna un ratito.
Es esa payasa que hace que me tronche de risa con solo mover la cara. Es esa sonámbula que puede levantarse dormida a las cuatro de la mañana, mirar si me he hecho pis, cambiar las sabanas, darme jarabe para la tos y un poco de agua, y todo, a oscuras y sin despertarse”.
“La ves? Mi mamá es aquella, la mas guapa, la que sonríe”.

(Autor o autora desconocidos ).
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El futuro es de las mujeres y de los jóvenes

Era el año 1893 que unas mujeres valientes, en Auckland, consiguieron tras dura lucha y reivindicaciones, conseguir el derecho al voto. Una hermosa Fuente-Monumento, donde figuran escritos los nombres de todas, da fe de dicha efemérides, y de lo que supuso aquella conquista, a nivel mundial.

He viajado 105 días por los 5 Continentes con la Marcha Mundial por la Paz y la no violencia exigiendo un mundo sin armas nucleares, sin guerras, sin violencia, instando a la mediación, a través de la palabra, para resolver los conflictos. Ha sido una experiencia impresionante, por los encuentros habidos, de manera especial, con jóvenes y mujeres. Me ha quedado claro, que solo tenemos dos armas, Educación y Palabra.
Son estos dos colectivos los que, en un futuro no muy lejano, regirán el destino de la Humanidad. Jóvenes preparados para hacer frente a cualquier imprevisto, mujeres valientes capaces de decir basta, que dediquen sus esfuerzos al bienestar de los demás.
Mujeres, porqué somos el colectivo mayoritario, y porqué podemos afirmar, que muy preparado, para hacer frente al futuro incierto que nos viene encima. ¿Quién atiende y resuelve a nivel familiar problemas domésticos y no tan domésticos como pueden ser educación hijos, administración económica, contactos con entidades, amigos, y no tan amigos? ¿Quién pierde sus horas de sueño para solucionar problemas de no importa qué índole, y que el compañero-marido no tiene tiempo, o mejor capacidad, para resolver?
En Bolivia compañeras indígenas nos contaban que, hasta la llegada de Evo, las mujeres no podían entrar en el Palacio presidencial, dar la mano al Presidente ni siquiera mirarle a los ojos. Ahora, la mitad de su Gobierno está en manos de esas mujeres, que tanta denigración e infamia sufrieron en sus cuerpos-almas.
Mujeres en Marruecos que han dicho a sus compañeros que o se deciden por una sola mujer, o que ellas les abandonaban… Mantuvimos lindas charlas con ellas, hermosas, felices de haber conseguido su propósito. Lástima que no es lo mismo para todas sus compañeras con las que tuvimos encuentros. Estaban tristes, narraciones deplorables, comprobamos que siguen sometidas, con huellas de violencia en sus rostros, brazos, piernas. Triste y preocupante, porqué tienen miedo y no la fuerza suficiente para acabar con su terror. Son incapaces de mirarles a los ojos –a sus compañeros- y decirles basta. Siguen bajo su yugo, porqué no tienen capacidad de afrontar solas sus vidas, su futuro… Es una espina que llevo clavada en mi corazón, que solo podré sacar, hasta conseguir que sean ellas mismas las que decidan ganar su libertad, luchar por su futuro.
Mujeres en el poder, que, por norma, son menos susceptibles a sobornos, a corrupción una de las grandes lacras que afecta este mundo global sin excepción. Mujeres que saben dialogar, porque así están acostumbradas a hacerlo, para conseguir, mediante su buen hacer, que nadie se sienta relegado. Mujeres capaces de lanzar un mensaje de esperanza, para conseguir que todo/as sintamos la urgencia de trabajar, para modificar actitudes, con las cuales el mundo avance. ¿Logro final? La consecución de otra ciudadanía universal-multicultural, que nos permita vivir en paz y dignidad.
Mujeres, madres en potencia, nunca harán nada para dañar a sus hijos, hermanos. No me cabe la menor duda, el futuro es mujer.

Montserrat Ponsa, periodista
Fundación Cultura de Paz
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TOMAR CONCIENCIA DE NUESTRA MARGINACIÓN
En el Día Internacional de las Mujeres
COL•LECTIU DE DONES EN L'ESGLÉSIA, dones.esglesia@terra.es
BARCELONA.

ECLESALIA, 08/03/10.- Nosotras, mujeres creyentes, quisiéramos que la Iglesia siguiese el ejemplo de Jesús en el reconocimiento de la mujer en todos los ámbitos de su vida. Hoy, en el siglo XXI, queremos decir y hacer lo que Él nos enseñó.
Las primeras palabras que las mujeres oyeron después de la resurrección de Jesús fueron: “Id a decir…” (Mc.16,7)
También nosotras, con esta fuerza de enviadas a proclamar su Palabra.
M A N I F E S T A M O S
I – Que hace veinticuatro años que nuestro COL•LECTIU trabaja por la paridad inspiradas en el Evangelio, que nos reconoce a todas y a todos hijas e hijos de Dios. El conocimiento de la historia evidencia un balance que pone de relieve algunas realidades crueles por parte de la jerarquía eclesiástica respecto a las mujeres.
II – Que pedimos que el celibato religioso sea voluntario, entre otras razones más profundas, por no tener que pasar por la vergüenza de las acusaciones de pederastia.
III – Que las mujeres, hoy, estamos en la Iglesia: transmitiendo la fe a través de la catequesis; la mayoría, como mujeres, nos responsabilizamos de las personas más débiles y desvalidas, desde la acogida que se hace a través de Cáritas y otras instituciones; trabajamos también en distintos campos, entre ellos el de la salud, que fue una preocupación prioritaria de Jesús…
IV – Que continuaremos caminando, siguiendo a Cristo, amando a todas las hermanas y hermanos de la humanidad. Pero si la actitud de una gran parte de la jerarquía de la Iglesia Católica, no reconoce en la práctica que Dios creó al ser humano mujer-hombre en igualdad de derechos (Gal. 3,28), quizá llegue un día, no muy lejano, en que las mujeres tendremos que dejar de prestar TODOS LOS SERVICIOS a esta Iglesia nuestra.
V – Entendiendo que todos nuestros trabajos forman parte del Ministerio de la Iglesia, ¿por qué no son reconocidos como tales?
Por todo esto, las mujeres católicas,
- queremos ser fieles al envío de Jesús, celebrando con gozo nuestra fe, nuestro hacer y nuestras palabras de respuesta a la Ruah,
- tenemos el deber de no permitir que esta situación continue y desde aquí animamos a todas las mujeres católicas a tomar conciencia de lo que representa esta marginación.
Para las mujeres no hay “siete” sacramentos, sino “seis”. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
8 de marzo de 2010

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Mujeres en la Última Cena
Juan Masiá

Salomé, Marta, Myriam, Susana y Ana, de acuerdo con María, la madre de Jesús, y apoyadas por ella, consiguieron sitio, a pesar de Pedro, en la cena pascual. Jesús se alegró: «No sois sirvientas, sino amigas» (Jn 15,15), y cuando yo no esté, recogeréis el testigo para curar, dar esperanza y pasar haciendo bien, porque el Espíritu del Padre estará en y con vosotras. (Hechos 10,38).
Salomé, la esperanzada, sentada junto a Tomás, el positivista, y posibilista (con expectativas de ser nombrado para una sede importante) dijo: «Jesús, parecemos brotes de olivo en torno a tu mesa (Salmo 127,3), las chicas y chicos de tu koinonía (Jn 1,3),aunque algunos retoños, como este a mi lado están una miajica retorcidos (Jn 20,25)». «Mejor, completó Jesús, sois sarmientos de la vid, con la savia de vida del Padre y su Espíritu de vida, que deis fruto permaneciendo unidos» (Jn 15, 1-5).
Se quedaba a menudo libre el asiento junto a Salomé, donde habían puesto un cojín más cómodo para la madre de Jesús, pero no conseguían mantenerla sentada, porque no se fiaba de dejar el asado en manos de Judith y Cleofás. (En Nazaret nadie preparaba el cordero mejor que ella).
“María, tú quédate sentada, dice Salomé y disfruta de la Pascua con tu hijo”. ¿Disfrutar dices, Salomé? Me huelo yo que esta Pascua acaba mal. Mi hijo se ha metido en un buen lío con los del Santo Oficio de la Inquisición, por lo del Reino, las redes y la liberación. Me dice el corazón que la cosa se pone negra, ya veremos qué pasa mañana”.
“Madre, dice Jesús desde el otro lado de la mesa, tú ya sabes por la experiencia de cuatro partos que tuviste, que cuando la mujer va a dar a luz se siente triste, porque le ha llegado su hora; pero cuando nace la criatura, ya no se acuerda del apuro, por la alegría de dar una nueva vida al mundo” (Jn 16,21).
Terció en la conversación Ana, acurrucada en el hueco que quedaba entre Juan y Jesús -Juan reclinándose sobre Jesús y Ana colándose por debajo de su brazo–: «Jesús, eso está muy bien, te lo hemos oído otras veces; pero tú hoy tienes algo serio que te preocupa, no te lo calles, te he estado mirando toda la tarde y tienes una cara angustiada, desahógate, hombre, desahógate, que se te nota turbado». «Tú siempre tan intuitiva, Ana. Pues sí, me siento fuertemente agitado; pero ¿qué voy a decir?: Padre, líbrame de esta hora? ¡Pero si para esto he venido, para esta hora! ¡Padre, que irradie tu gloria!» (Jn 12, 27-28).
Pedro se impacientó y dijo: «Acaparáis las mujeres el tema, además con preguntas tontas y comentarios que aguan la fiesta». «Así es, dijo Felipe, mejor pedirle al Maestro que nos aclare donde está el Padre y por dónde hay que ir para encontrarlo». «Pero Felipe, dijo Jesús, ¿con tanto tiempo de amigo mío todavía no te has dejado envolver por la ternura del Padre? Yo soy el camino hacia la vida verdadera del Padre. Yo estoy en el Padre y el Padre en mí» (Jn 14, 10).
«Pero qué poca vista tienes Felipe, dijo Ana, mírale a Jesús a los ojos, deja que te absorba hasta meterte dentro de Él, te verás reflejado en ellos y al mismo tiempo descubrirás al Padre».
“Ya está la soñadora divagando”, dijo el realista Mateo (también, como Tomás con expectativas de ser recompensado con una sede importante). “No, añadió Jesús, ha dicho bien Ana, porque el Padre y yo somos uno” (Jn 14,9).
Interrumpió Tomás: «Ana, come y calla». Le dió un codazo Susana, la que siempre sabe estar al quite en su momento: «El que tiene que callarse eres tú. Queremos que siga hablando el Maestro. Yo he dejado hoy a mi marido haciéndose la cena él solo, porque no quería perderme esta Pascua». «Bueno, Susana, dijo Jesús, pero que no se te haga tarde para estar con él a la vuelta, que el amor es más importante que las misas y los sermones. En realidad todo lo que yo os tengo que decir se reduce a esto, que os queráis cada vez más y mejor para que, al ver la gente cómo os queréis, descubran el sentido de la vida, ese es mi encargo encarecido (yo no diría mi mandamiento, sino mi testamento)» (Jn 13, 34-35).
Estaba el ambiente un poco tenso y lo percibió Marta, que dio un giro a la velada. «Venga, id pasando los platos, y que no se quede el cesto del pan en el rincón de Mateo. Y tú, Andrés, levántate a preparar las copas, que no tengamos que ser siempre las mujeres las que van y vienen del comedor a la cocina». Mateo pasó el pan a regañadientes y Andrés trajo las copas refunfuñando.
Jesús se incorporó y dijo: «Esta no es una cena cualquiera. Es la Pascua, el tránsito. Es el paso de quien tiene que asumir un trance y separación amargos. Mirad este pan que se desgarra en pedazos, así ha sido mi vida. Pues aquí pongo yo mi vida. Ahora no lo entendéis, pero os lo recordará el Espíritu cuando ya no esté yo con vosotros (Jn 16,7)». «Pero nosotras no queremos que te vayas, Jesús, dijo Ana, que se pare el tiempo esta noche, te queremos y no te soltamos, Maestro» (cf. Jn 20, 16). «No, Ana, dijo Myriam, tenemos que asumir que Él se vaya, nos conviene, para que retorne de otra manera desde el Padre. Entonces comprenderemos que Él está en el Padre y el Padre en Él, Él en nuestro corazón y nosotras en el suyo. Comprendo tu estado de ánimo, Ana, yo también quisiera estrecharle con fuerza y retenerle, pero presiento que Él nos dice: Soltadme, que subo a mi Padre y vuestro Padre» (Jn 20,17).
Juan no decía nada, pero miraba sucesivamente a Myriam y a Jesús, mientras sugería silencio a Ana con un gesto sobre sus labios. Y entonces Jesús siguió diciendo. «Tiene razón Myriam. Ya no beberé más este vino hasta compartir de otra manera en el ágape sin fin, cuando el Padre reine por completo (Lc 22,18). Has hablado bien Myriam. Yo te digo que tú te llamas Myriam, pero en adelante te llamarás Petra y sobre esta Petra, de la mano de este Juan, se construirá la Asamblea de Redes de quienes prolonguen la cosa que empezó en Galilea» (cf. Mt 16,18 a la luz de Jn 20).
Pedro callaba consternado. Judas había salido ya para su asunto en la oscuridad de la noche. Juan se ofreció a acompañar a Susana hasta su casa.
Jesús decidió salir al Huerto de los Olivos, acompañado de Pedro y Santiago, que se quedaron dormidos de cansancio, Jesús oraba sudando y diciendo: «Padre, si es posible que pase este cáliz…» (Mt 26, 42; Mc 14, 36; Lc 22, 42). Myriam y Ana se quedaron despiertas a su lado, como ángeles, ayudándole a asumirlo y tratando de asumirlo ellas…
Y, por la otra, su alergia por todo lo que huela a sexo, planificación familiar: preservativos, anticonceptivos etc. Recordemos que todavía tienen en pie su campaña contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

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Derecho de la mujer a decidir ser madre.
Roser Puig F.

En una entrevista para ZENIT, el cardenal Javier Lozano Barragán, presidente del Consejo Pontificio para la Salud, decía: “Por el mandamiento «No matarás» estamos obligados a no matar a nadie, pero al mismo tiempo a no dejarnos matar, es decir, a proteger nuestra vida. Tanto es así, que es doctrina tradicional de la Iglesia, que nunca ha cambiado, que para defender la propia vida inocente se puede llegar incluso a matar el agresor. Si el agresor tiene el virus Ébola, gripe o sida y me quiere matar, yo me tengo que defender. Si me quiere matar con el sida, me tengo que defender del sida. ¿Cómo me defiendo? Con el medio más apropiado. El que yo considere: ¿que es un garrote?, con un garrote. ¿Si es una pistola?, con una pistola. ¿Con un preservativo? Si es eficaz para defenderme, sí, en este caso de injusta agresión…” (y la entrevista seguía en ese tono).
Ante la multitudinaria manifestación que los movimientos “pro-vida” consiguieron reunir en Madrid el 17- O, en contra de la Reforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, vinieron a mi memoria estas declaraciones cardenalicias que, tiempo atrás, publicó ZENIT. Aparte de haceros reír un poco por la patochada de semejante reflexión, mi intención al traerlas a colación es la de demostrar que, incluso en la cúpula de una Iglesia dogmática y segura de estar en posesión de la absoluta verdad, no tienen más remedio que dudar en muchas ocasiones sobre si algo es bueno o malo, y utilizar de vez en cuando aquello de: “en el caso de que…”
Pienso que los obispos españoles, al oponerse frontalmente, a rajatabla y sin fisuras, a una Ley de Plazos para la interrupción del embarazo, no lo hacen sinceramente por razones éticas y en defensa de la vida del más débil, como dicen. Saben de sobras que las cosas no son siempre del todo blancas, o negras. Tienen motivos ocultos y oscuros al agitar las aguas. Motivos como es el de hacer una demostración de fuerzas, con el fin de que este Gobierno no se atreva a reformar la Ley de Libertad Religiosa (como viene amenazando) de forma que perjudique sus seculares privilegios.
Evidentemente, la gravedad de una decisión de abortar no es comparable con la de decidirse a usar preservativo o no. (el horror al condón, por parte de sus eminencias, es otro tema que daría para otro artículo). Pero hay casos límite, en el tema del aborto, en los que por ejemplo el proseguir con un embarazo puede poner en peligro la vida de la madre ¿puede la Jerarquía católica obligarla a suicidarse en nombre de Dios? Eso es lo que ocurriría si se aboliera la Ley de Aborto, como reclaman los movimientos “pro-vida”, espoleados por la Conferencia Episcopal Española.
La Ley dice que solo la mujer puede decidir, en conciencia, si prosigue con el embarazo o no. No opinan lo mismo sus detractores. Algunos, como el ex presidente del Gobierno, José Maria Aznar, utilizan su influencia entre sus seguidores para echar para atrás una Ley que intenta regular un endémico y lamentable fenómeno existente, desde siempre, en nuestra sociedad. (Durante el mandato Aznar se produjeron más de 500.000 abortos y se aprobó la legalización y distribución de la píldora considerada, por los sectores reaccionarios, abortiva RU-486)
El que en la época en la que el PP tuvo mayoría absoluta su Gobierno se abstuviera de abolir la Ley de aborto existente desde 1984, lo explica ahora Aznar diciendo que fue “por respeto al consenso de una norma”. ¿Cómo podemos creerle? Su respeto por la voluntad del Pueblo (90% en contra de la guerra) y las normas que exigían que consultara antes con el Parlamento, brilló por su ausencia. Decidió, junto con Bush y Blair (foto de las Azores) invadir Irak, para apoderarse del petróleo de ese país, antes de que lo hiciera Rusia. Entonces nos mintió diciendo que “sabía” que en Irak había “armas de destrucción masiva” que podían poner al mundo en peligro. Pero el día 7 de febrero de 2007, en una conferencia en Pozuelo de Alarcón (Madrid), refiriéndose a la guerra de Irak, reconoció que “no había armas de destrucción masiva” y que su problema fue "no haber sido tan listo y no haberlo sabido antes”, para añadir a continuación: "Es que cuando yo no lo sabía, nadie lo sabía”,
¿Es comparable una decisión de esa envergadura, tomada con esa ligereza, (cuya consecuencia ha sido la destrucción de un país y la muerte de miles de vidas humanas inocentes, que todavía continúa) con la decisión de abortar tomada por una mujer, la cual afecta solo a un ser humano?
El Papa Juan Pablo II declaró dicha guerra “injusta” (el si debía saber que no había “armas de destrucción masiva”) pero no excomulgó a José María Aznar. (El Catecismo, redactado durante el reinado de JPII y aun en vigor, como recordó el cardenal Javier Lozano Barragán en su grotesca entrevista, distingue entre guerras justas y guerras injustas) En cambio, una mujer que aborta cae en excomunión. ¿Una mujer que aborta y que, según la doctrina eclesiástica, mata a un solo ser humano, es peor que un gobernante genocida?
Pues bien, a ese señor lo pudimos ver y oír el 17- O, sentenciando que “lamentaba que se quiera convertir el aborto en un derecho de la mujer”. (Pues yo lamento que él utilice el drama de tantas mujeres para volver a coger las riendas del poder de su partido).
Los obispos están de acuerdo con Aznar pues la libertad de conciencia es algo que la ICR se ha negado a asumir, de las conclusiones del Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes, nº 17) Ya no digamos la libertad de conciencia de una mujer que, según su antropología tradicional patrística, es un ser inferior al hombre “en todos los sentidos” (Santo Tomas de Aquino) por lo que debe estar dependiente y sometida al varón.


Libertad de mujer



Soy mujer y trabajadora. Las sirenas del entorno me silban permanentes mensajes de libertad. Unas veces es la publicidad que instrumenta y manipula a la mujer. Otras veces son políticos que pregonan el 50+50 mientras utilizan a las mujeres como simples captadoras de votos o como veletas para adornar sus campanarios. Los ejemplos serían interminables.

En los medios de comunicación, en el trabajo, en la política, en el comercio, en la moda y hasta en la universidad, se promociona el “sex appeal” de la hembra en vez de la libertad de la mujer y su dignidad de persona. Se da por sentado que la libertad se consigue a base de impudor, de transgresión, de vociferante reivindicación o de lucha despiadada.

Desde la experiencia del camino andado, me parece que la libertad de la mujer no se consigue con tijera obscena, con promiscuidad irresponsable o coquetería manipuladora. Ni viene garantizada por plataformas reivindicativas, ni por ninguna asociación política o grupo de presión. Habría que empezar por reconocer que mi libertad no es distinta de la libertad del varón, que mi libertad no nace de mi feminidad sino del hecho de ser persona. Esta afirmación no me enfrenta a los varones sino que me hace igual a ellos.

Nada más erróneo que considerar la libertad de la mujer como una conquista frente a los hombres o frente al mundo. Cuánto vocerío estéril, cuanta manipulación infame, cuanta desunión y desigualdad genera el enfrentamiento como punto de partida. La mujer actual ha de conseguir su libertad frente a sí misma. Ser libre es mi derecho pero, sobre todo, es mi responsabilidad.

Se nos presentan incesantemente, como modelos de libertad, mujeres y hombres que no son más que ejemplos de libertinaje, de vida malgastada, errática o perdida. Cuánto personaje -revestido incluso de intelectual- va de gala en gala, de tertulia en tertulia y hasta de galardón en galardón, con una vaciedad inenarrable. Cuántos, arrastrando la vida y las palabras, pretenden orientarnos sobre cómo vivir e incluso morir. Hay que estar muy atenta para no dejarse seducir por las serpientes de los paraísos actuales. ¡Me niego a ser una nueva Eva que, entontecida, se deja sobornar por engañosas promesas en vez de utilizar su capacidad de discernir!

Pero me encuentro con dificultades. Me pesa el entorno. A veces olvido que, aunque todos lo hagan, no quiere decir que sea correcto. O me conformo con lo fácil. Por ejemplo: llego cansada, busco la libertad del sofá, enciendo la caja tonta y no sopeso el regusto amargo y sucio que me va a dejar ese programa de televisión. Otras veces no me atrevo a romper esa relación que me está perjudicando. O me olvido que lo básico es vivir humanamente y que mi libertad personal no me la garantizan banderas, colores, ni bandos. O río las gracias del de arriba aún sabiendo que está despellejando a otro. O aplaudo las maliciosas ocurrencias de todos porque necesito un poco de calor humano y que me hagan un huequito en el grupo.

En ocasiones me parece más fácil derribar la muralla china que ir quitando, con tenacidad y paciencia, los ladrillos que emparedan mi verdad. Esa verdad individual e íntima cuyo reconocimiento me ayudará a ordenar mis malos funcionamientos y a caminar libre de mis propios lastres.

Nos transmiten cada día que la vida de la mujer es una carrera de obstáculos. Estamos inundadas de tópicos: “comes o te comen”, “hay que dar primero para dar dos veces”, “si no dominas serás dominada”, “si no tienes en tu curriculum múltiples fracasos amorosos no has vivido la vida”, “desinhibirse es liberarse”, etc... Nos bombardean con toneladas de información sesgada que ni tiempo nos deja de pararnos a reflexionar.

Sinceramente, a mí me parece que la vida es una carrera de relevos. La victoria del grupo se construye con el esfuerzo individual de cada uno de sus miembros. Me gusta esta visión porque yo, por encima de todo, creo en la responsabilidad individual, creo en el individuo que se cuestiona a sí mismo y a su entorno, que trata de comprender lo que le pasa, se limpia sus heridas y pone en orden su casa interior.

Creo en el individuo, hombre o mujer -el sexo poco importa-, que puesto en pie se entrega y compromete con el grupo. Creo en el individuo que no se para en apariencias y busca la verdad, esa que no viene dada por la militancia sino por sus certezas y evidencias interiores. No creo en las masas, en la manipulación, en la demagogia, en el vocerío, el enfrentamiento y la descalificación permanentes. Creo en las personas que son capaces de aportar una lúcida opinión discrepante ante la presión de la corriente o lo políticamente correcto. Creo en los que saben discernir lo bueno de lo malo, los que -rechazando sectarismos- no se venden ni renuncian a su dignidad por más que les paguen un buen precio.

Sé que vivir libre de verdad supone un esfuerzo y una dedicación. Pero sé también que tengo cada minuto de mi tiempo para lograrlo, para retomar caminos y encauzar opciones. Sé que es un reto permanente. Pero me anima saber que en mi punto de llegada otros recogerán el testigo. Así avanza la caravana humana superando unos lo que los anteriores construyeron. Construir, esa es una bellísima palabra. Construir mi persona, mi familia, mi entorno, mi empresa, mi patria, mi mundo, sin caer en las garras de aves de rapiña cuyo objetivo es la confusión, el halago, la captación y la manipulación para dominar a las masas política o comercialmente.

¡Quiero ser libre! Esta aspiración es uno de los motores de mi vida y mi mayor esperanza para el futuro. Es un camino abierto en el horizonte de mi existencia y el estímulo que me da la fuerza para levantarme cada día y afrontar mis trabajos. Tengo la certeza de que esa libertad empieza por la conquista de mí misma y por sacar a la luz todo lo positivo que llevo dentro. Cada amanecer es mi turno y mi momento.


Rosa Mª Martínez Uña



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LA MUJER PERDONADA
PRIMERA PARTE

Hanna, su infancia y adolescencia

Durante toda mi infancia supe que mi padre me buscaría un esposo adecuado, la seguridad que me daba él me la daría luego mi esposo. En casa de mis padres nunca me había faltado de nada, tampoco tenía que hacer trabajos duros, los criados y las criadas se cuidaban de todo. Mi madre los dirigía con firmeza como nos dirigía a mis hermanos y hermana y a mí en el conocimiento de lo que se debía y no se debía hacer. Mis tres hermanos disfrutaban de mayor libertad que las chicas, ellos entraban y salían, escogían a sus amigos, iban a la escuela y mas tarde empezaron a ayudar a mi padre en el negocio familiar.
Nosotras, Susana mi hermana mayor y yo, permanecíamos en la casa ocupándonos de las labores domésticas, cosiendo, tejiendo, cocinando para mi padre y mis hermanos sin tener ningún contacto con lo que pasaba fuera de los muros de nuestra casa.
Mi padre era comerciante y viajaba a menudo acompañado de un criado de confianza y mas tarde de alguno de mis hermanos, pero nosotras solo en raras ocasiones salíamos. Alguna vez al Templo para presentar las ofrendas, pero nunca pasábamos del espacio reservado a las mujeres y a los gentiles.
No creas que nos sentíamos desgraciadas, tanto mi madre como mi padre nos amaban y cuidaban como sus posesiones preferidas, mi padre era muy cariñoso con mi madre y con nosotras y yo me consideraba el ser más dichoso de la tierra solamente con verlo sonreír. En las grandes fiestas, como la de las Tiendas o la Pascua que se celebraban en el entorno familiar nosotras éramos las protagonistas, de nosotras dependían los manjares tradicionales, la elaboración del pan ácimo, el adorno de la mesa, las luces, sin las mujeres las fiestas no se hubieran podido celebrar en todo su esplendor.
Aquellos días la familia no se limitaba solamente a mis padres y hermanos, también venían parientes y amigos de los pueblos vecinos, nuestra casa era muy grande y podíamos dar acogida a mucha gente. Especialmente por la Pascua en la que todo buen israelita desea subir a Jerusalén la casa se llenaba de visitantes y de bullicio.
Nosotros creemos que los matrimonios se conciertan en el cielo, uno de los trabajos de Dios es buscar hombres y mujeres que se conozcan, se casen y funden una familia, por eso los padres se preocupan de que sus hijas encuentren un marido apropiado que las proteja y cuide. Las muchachas no tenemos gran cosa que decir a la hora de elegir esposo, lo que cuentan son los intereses familiares y los deseos de los padres de ambos.
Cuando llegó el momento de elegir esposo para mi hermana mayor, mi padre sospesó sus gustos y también la conveniencia social para la familia, escogió para ella un hombre joven, comerciante como él, que vivía en la diáspora en una comunidad judía de Antioquía. El que mi hermana se tuviera que alejar de Jerusalén me causó un gran pesar, estábamos muy unidas y cuando definitivamente se marchó, la casa me pareció vacía sin ella. Además tenía miedo, porque se acercaba el momento de que yo también me tendría que ir de casa y lo desconocido me aterraba.
Hacia ya unos meses que mi cuerpo perdía sangre y mi madre me había enseñado los procedimientos para recuperar la pureza ritual. Cuando hablamos de PURO o IMPURO términos que, connotan una condición aborrecible de la mujer menstruante. Sin embargo a mi me enseñaron que no es así, según las leyes de la Torá, nada cambia en los valores individuales y el carácter de la persona, el hombre o la mujer designada como TAME (impura), no se convierte en un individuo inferior sino esto únicamente indica y prescribe cierto comportamiento a seguir en cada caso. Durante todo el tiempo en que la mujer se encuentra Nidá (estado de impureza), o sea que todavía no terminó el proceso de Purificación, que dura Siete Días Limpios y la inmersión en un baño de purificación, está prohibida toda relación sexual y si se transgrede esta prohibición se merece un castigo. Asimismo cualquier otro contacto físico de afecto como abrazos y besos, está prohibido de la Torá durante estos días, incluso tocar un objeto que haya tocado una mujer en sus días impuros, o conversar en esos días, ni mirarla, ni comer en la misma mesa, o comer en un mismo recipiente, la mujer no le servirá comida o bebida expresamente al esposo, le está prohibido arreglar la cama de su esposo en su presencia. No dormirán en una sola cama, aunque fuera amplia, y aún si fueran camas separadas deberá haber un espacio entre ellas. No verterá al esposo agua caliente o fría, para lavarle la cara, las manos o los pies, como asimismo le está prohibido preparar el agua para que el esposo se lave. Si el marido se encuentra enfermo y se siente débil, y no hubiere otra persona para atenderlo aparte de ella, es posible permitir que ella lo atienda. Si es la esposa la que enfermara (y estuviera Nidá, impura), le esta prohibido al marido darle de comer o levantarla, salvo si esta realmente muy necesitada de ello, y no tiene quien se dedique a ella. (pero evitando el contacto directo, es decir por medio de una tela) .
Sabía por los relatos de la Torá, que la mujer es inferior al hombre porque por ella entró el pecado en el mundo. Tal vez también Adán tiene culpa, y no sólo Eva. Sin embargo, es Eva quien carga con la culpa de su propio destino, y del destino de Adán y en definitiva del destino de la humanidad toda. Lo pagamos caro. No sólo el embarazo y el parto se convirtieron de bendición en dolor sino y fundamentalmente, la mujer pierde cualquier posibilidad de autonomía e independencia. Todo su deseo estará volcado hacia el hombre y éste la dominará.
Por tanto, si el conocimiento es poder, la mujer judía quedó excluida durante siglos de los círculos de poder, al igual que las mujeres todas en casi todas las culturas.
Yo aceptaba como algo natural el que mi padre y mis hermanos tuvieran un status superior al nuestro. Aunque en nuestra familia las mujeres teníamos la suerte de que al no pertenecer a la secta de los fariseos mucho más estrictos, sino a la de los saduceos se nos permitía, en el interior de la casa, muchas cosas que a otras no se les era permitido.
La enseñanza de la Torá y sus preceptos, base misma de la educación judía tradicional, es una función masculina, el texto no habla de una prohibición, es decir, de una orden de no hacer dada a las mujeres sino de una obligación ordenada a los hombres. Es obligación enseñar a los hijos varones pero de aquí no se desprende que esté prohibido enseñarle a la mujer. Podríamos pensar entonces que aquel padre o madre que así le deseara, podría enseñar Torá a sus hijas mujeres. Por ejemplo mi padre se interesó personalmente por que un rabí nos instruyera a mi madre y a mí y a mi hermana en la Torá, según él, nada había en la Ley que impidiera a la mujer israelita el conocerla.
El miedo a cual sería mi suerte en el matrimonio no la tenían mis hermanos que sabían que siempre tendrían el apoyo de su padre para conducir su familia, nosotras iríamos a formar parte de la familia del esposo escogido por nuestro padre y seríamos su propiedad pudiendo ser repudiadas o lapidadas si teníamos la desgracia de no llegar vírgenes al matrimonio o caer en los brazos de otro hombre. El amor así nos estaba vedado.
Al estudiar la Torá aun nos convencimos más de nuestra pequeñez, los versos en que se nos denigraba eran muchos más que en los que se nos alababa. Es cierto que en nuestra tradición hubo mujeres insignes a las que se ponía como ejemplo.
Tenemos a SARAH Fue la esposa de Abraham. De acuerdo con los Rabinos, ella fue superior a Abraham en cuanto al don de la profecía. Ella fue la única mujer la cual Dios consideró digna e dirigirse a ella personalmente. Vivió 127 años y fue enterrada juntamente con Abraham en la Cueva de Macpelah. Nos dejó en herencia la risa, fue capaz de salir de la tienda y reírse del anuncio de una maternidad en su ancianidad. ¿Por qué se ha reído Sarah? ¿Acaso hay algo imposible para Dios? Su recuerdo ha sido durante los momento duros de mi vida un bastón en el que apoyarme, si ella pudo ¿por qué no yo?
Y tenemos a MIRIAM. Fue la hermana de Moisés y Aaron. Le salvó al nacer junto con la hija del faraón. Ella tuvo el coraje de decirle al Faraón que el podía ser castigado por su crueldad contra Israel. Acompañó a los Judíos por el desierto hasta que murió. Miriam y su madre sirvieron de instrumento de la providencia de Dios, sin su intervención el plan de Dios en la liberación del pueblo de Israel no se hubiera cumplido, no se puede olvidar su importancia en el fundamento de la identidad del pueblo, como tantas veces se ha dado por supuesta y ha quedado en la invisibilidad y el silencio
Tenemos también a REBECA, la herencia más valiosa que nos dejó fue su familiaridad con el Señor, su costumbre de acudir a Él también en aquel momento critico de su vida en que se quedó embarazada y los gemelos que llevaba en mi vientre se agitaban violentamente dentro de mí. “En estas condiciones ¿vale la pena vivir?” (Gn 25,22). De Él obtuve algo de esa capacidad mía de decisión, junto con la valentía de correr riesgos con tal hacernos afines con las preferencias de Dios y que se nos vayan inclinando el corazón y la vida, cada vez más espontáneamente, a los que tienen todos los poderes en contra y que son la niña de los ojos de Dios.
Y junto a ella está su hermana LIA, que quiso entregarnos como un legado precioso la sabiduría de gestionar el fracaso y el éxito, esas realidades humanas que revelan lo mejor y lo peor de cada hombre o mujer.
Hay muchas más, DEBORAH reveló el hecho que Yahvé auxilia a Israel por medio de hombres que consagran sus vidas completamente a la adoración de Yahvé y al estudio de la Torah.
HANNAH.- Fue la madre de Samuel, En el primer verso en I Samuel, ella indica que su hijo Samuel iba a ser profeta y que su nieto, Ella fue la primera en llamar a Dios por su Nombre de Guerra, Adonai Sebaoth, el Dios de los Ejércitos.
ESTHER.- Fue la reina de Persia y otra de las cuatro mas bellas. Siempre se le recuerda joven y llena de energía... A ella se le debe la celebración de la Fiesta de Purim o de las suertes.
La historia de NOEMI y RUTH estaban también entre mis predilectas. Rut desde el comienzo aparece caracterizada por su condición de extranjera, moabita, pero por el amor a su suegra acaba siendo la esperanza de Noemí y de Booz. Pero solo lo consigue a través de determinadas transgresiones entre las que ocupa un lugar importante la escena de la noche de la era. Dios se pone de parte de ella.
Pero mi lectura favorita era el libro de la Sabiduría, no es un libro muy frecuentado por mi pueblo pero en él me puedo reconocer a mi misma. La actividad divina se describe con imágenes femeninas; es una presencia creadora y re-creadora de vida, compañera y guía del pueblo en su peregrinar por la historia. Supliqué y se me concedió la prudencia, invoqué y vino a mi el espíritu de sabiduría (7,7) Por eso decidí tomarla como compañera, segura de que sería mi consejera en la dicha, mi alivio en la pesadumbre y tristeza (8,9) Nos enseñaron desde pequeñas a reflexionar a partir de lo que leíamos en los libros o de lo que oíamos a los rabinos, yo gracias a la sabiduría me di cuenta de que tenía que aprender a partir de mi propia experiencia, de los encuentros, de los acontecimientos.... porque es ahí donde vamos a encontrar a ese ser tan profundamente relacional que es nuestro Dios.
La exclusión que como mujer sufrí durante mucho tiempo produjo como reacción una voluntad de incluir a todos hombres y mujeres en la realización de la personalidad del ser humano para llegar a hacernos conscientes de nuestra parte mas escondida y caminar ambos en armónica alianza. Pero no avancemos acontecimientos, esto lo aprendí después cuando conocí de cerca al Hijo del hombre.
Cuando cumplí doce años mi madre me cogió un día aparte y con mucha solemnidad me dijo que mi padre me estaba buscando esposo, pero que yo debía dar mi consentimiento porque dice el Talmud "Tiene prohibido el hombre casar a su hija cuando es menor hasta que crezca y diga 'a fulano yo quiero'” Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne... (Ge2,24)
El matrimonio es conforme al judaísmo, un acto de carácter legal realizado entre dos personas que asumen de ese modo compromisos específicos. Dicho compromiso, es asumido públicamente ante la presencia de dos testigos que dan de hecho validez al acto.
"Y bendíjolos Dios y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla: mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra." (Ge1,28). En la mayoría del pueblo, el matrimonio tenía normalmente lugar cuando la hija estaba aún bajo la tutela de su padre. ¿Qué podía hacer yo, sino aceptar lo que me proponían? Sabía que mi padre me amaba y que no me propondría una persona indigna o que fuera contra mi voluntad, pero yo también sabía que mi voluntad debía ser la suya como buena hija.
Por tanto según las normas establecidas las familias marcaron las fechas, la dote y todo lo referente al matrimonio. Y llegó el día de los kidushin, o sea, el acto de consagración, se realizó a través de la entrega del dinero. El matrimonio queda realizado a partir de dos actos que son independientes: los Kidushin, durante el que el novio otorga el dinero u objeto de valor y consagra a la mujer como suya diciéndole "arei at mekudeshet li betabaat zo", esto es: Estás ahora consagrada a mí a través de esta dinero, y el segundo acto el de los Nisuim – en el que la mujer entra a la casa del hombre. Estos dos actos se realizaron con la distancia de un año. Después de los kidushin, la consagración, yo permanecí en casa de mis padres preparando el ajuar, la boda y todo lo necesario para la futura vida en común. A partir de los kidushin pasé a ser desposada y, por tanto, quedaba prohibida para todo hombre que no fuera mi novio y de hecho quedaba también prohibida para éste hasta el momento de los nisuim.
Mi novio empezó a frecuentar la casa y nos veíamos siempre en presencia de mi madre o de alguna criada de confianza. Era bastante mayor que yo, había estado casado y su primera mujer murió al dar a luz así como el hijo varón que esperaban. Esto le amargó durante muchos años y finalmente aconsejado por su familia decidió volver a casarse. Era conocido de mi padre porque compartían negocios y poseía un prospero comercio de tejidos por toda la costa del Asia Menor. Yo hacía una buena boda a ojos de todos y mi familia estaba muy contenta. A mi me quedaba la duda, ¿sabría yo hacerle feliz? ¿Le daría los hijos varones que esperaba?
El casamiento compuesto de sus dos partes tiene como uno de los elementos centrales la firma del contrato matrimonial o ketuvá. La ketuvá fue establecida como un recurso legal para defender a la mujer. Dicen los sabios "para que no le sea fácil sacarla" o sea, para que no le sea fácil darle el divorcio. En el momento del divorcio el hombre debía pagar una suma importante de dinero establecida en la ketuvá. Ello debería obligarle a pensar más seriamente antes de decidir divorciarse para casarse con otra mujer o porque se disgustó con la presente.
De todas maneras yo sabía que mi principal obligación sería ser agradable a mi esposo, darle hijos varones y estar totalmente a su servicio porque dice la Torá “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un sefer kritut, una carta de partición”(Gen 24,1-4) "No es lo mismo el hombre que se divorcia, que la mujer de quien el marido se divorcia. Un marido despide a la esposa tanto si ella quiere como si no quiere, el hombre se separa sólo si él quiere"
El día de la boda se hizo una gran fiesta en mi casa, todos mis familiares y amigos de mi padre, junto con las amigas de mi madre, mis amigas vinieron a mi casa donde se las recibió y agasajó con dulces y bebidas. Un grupo de músicos amenizaba la espera, mientras llegaba la litera en que me transportarían a casa de mi esposo. Yo llevaba una corona dorada que representaba las murallas de Jerusalén.
Cuando llegó la litera portada a hombros por amigos de mi esposo, en medio de un gran bullicio, cubierta por un velo me subieron a ella sin que me diera ni tiempo de despedirme de mi madre, mi confusión era grande y temblaba como una hoja.
En el patio de la casa de mi esposo habían instalado una Jupa una especie de cúpula formada de seda carmesí y dosel de boda de oro, donde él me esperaba adornado con una guirnalda de rosas y mirto.
La música, el bullicio, los gritos, el vino que bebimos los dos de la misma copa, todo fue como un sueño en una nube y entré en casa de mi esposo a formar parte de sus posesiones, la más querida, es posible, pero sin libertad. Eso tampoco lo supe hasta que aprendí que es ser libre y la clase de amor que me hizo libre.

SEGUNDA PARTE
Encuentro de Hanna y Jeshua
Yo estaba allí. Aquella tarde terrible, de dolor, sangre y angustia, yo y otras, su madre, su hermana, Maria de Betania y su hermana Marta , Maria de Magdala, Salomé y muchas otras cuyos nombres se han perdido. Todas estuvimos a su lado la noche anterior en la cena de despedida, habíamos decorado la sala, preparado los alimentos, encendido las luces, era el trabajo de las mujeres y nosotras lo hicimos alegremente como otras veces, sin sospechar que aquella sería una noche muy especial. Preparamos la gran fiesta del año, la Pascua, y aquella parecía que iba a ser una Pascua diferente. En primer lugar el Maestro nos había pedido que la celebráramos un día antes, ya estábamos acostumbradas a que él muy a menudo rompía las reglas litúrgicas y no preguntamos la causa.
Jeshua había estado toda la semana enseñando en el Templo y había hecho y dicho cosas que a los sacerdotes les había desagradado profundamente. Tenía un poder que nadie sabía de donde le venía, curaba enfermos, daba la vista a los ciegos y el pueblo le seguía y creía en él. Los dirigentes del Templo se sentían amenazados porque ponía a los hombres y a las mujeres por encima de las mil y una leyes que ellos habían escrito para dominarnos. Jeshua nos daba la libertad.
Como me la dio a mí un día en que me libró de una muerte terrible, iba a ser apedreada y el me salvó. Necesitaban una excusa para coger a Jeshua en una falsedad y yo les serví de cebo. Cometí una imprudencia imperdonable, dejé entrar en casa a un hombre en ausencia de mi esposo. Algunas veces me lo había cruzado camino del Templo y su mirada sonriente y provocadora me agradó. Ya se que hice mal, una mujer debe caminar con la vista baja y no mirar a los hombres, y menos a los ojos, pero a mi me gustaba ver lo que pasaba a mi alrededor, disfrutar del sol y del aire frío en mis mejillas, y no podía soportar que el velo que debíamos llevar cuando salíamos a la calle me cubriera el rostro.
Además, y sin que eso me sirva de excusa, estaba pasando una mala temporada, mi esposo me tenía abandonada, yo no le daba el hijo varón que deseaba, había perdido prematuramente dos hijos varones de pocos meses, podéis imaginar el dolor que se puede acumular en el corazón cuando dos pequeñitos, parte de ti misma mueren sin haber tenido tiempo de tan solo vivir.
A causa de la impureza ritual yo me sentí abandonada. Las mujeres éramos propiedad del marido, como una esclava, como los hijos, nuestra vida podía ser feliz o desgraciada según que el hombre que era tu marido fuese o no de buenos sentimientos. Y eso era cuestión de suerte. Por eso aquel día cuando llamaron a la puerta y vi que era el muchacho que me había sonreído camino del Templo que me ofrecía un cesto de fruta fresca, le dejé pasar. No se que pasó por mi cabeza en aquel momento, no me di cuenta de la gravedad del hecho. Tampoco me di cuenta de que un vecino estaba observando, y era un fariseo muy estricto. Aun no habíamos tenido tiempo de cruzar media docena de palabras, cuando se oyeron unos golpes en la puerta y gritos. En aquel momento llegaba mi marido, con él cinco o seis hombres en tromba. Al verme a mí con el muchacho, mi esposo me golpeó insultándome y los demás entre golpes y gritos me arrastraron por las calles de Jerusalén hasta el patio exterior del Templo. Del muchacho no supe nada más, desapareció, nadie se preocupó de él. Cuando llegamos al atrio del Templo había un hombre sentado rodeado de gente que le escuchaban. De un empujón me tiraron al centro del grupo y empezaron a gritar
&#61485; “¡Adultera, muerte a la adultera!”
&#61485; “La Ley de Moisés dice que hay que apedrearla, ¿tú que dices Maestro?”
¡Las piedras! Un escalofrío me corrió por la espalda, sabía lo que me esperaba, me arrastrarían a las afueras de la ciudad y me apedrearían hasta que muriera. Y no sería una muerte rápida, en algunos casos los reos permanecían agonizando días, acechados por los perros y las aves de presa que antes de que murieran ya los despedazaban. Muchos de ellos ya llevaban las piedras en las manos, otros iban recogiéndolas en sus mantos. El hombre que enseñaba, no sabía yo aun quien era, no se levantó, ni me prestó ninguna atención, mirando al suelo parecía que escribia algo. La gente que le había estado escuchando, hombres y mujeres, miraban asustados a los energúmenos que me habían traído. No era este un espectáculo corriente, aunque estaba escrito en la Ley, las mujeres éramos muy prudentes y no provocábamos situaciones que nos pudieran llevar tan lejos. Yo permanecía en el suelo temblando, en cualquier momento aquel hombre que parecía un maestro levantaría la mano y todos se abalanzarían sobre mi. Pero el hombre callaba, y poco a poco los gritos de los que me insultaban se fueron apagando también. Ahora el centro de la atención era él, yo entonces no lo sabía, pero se servían de mí y de mi inconsciencia, como excusa para condenarlo a él.
&#61485; “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”
Su voz resonó segura y con autoridad en medio del silencio. Fue en aquel momento cuando yo me atreví a levantar la mirada. El hombre seguía escribiendo en el suelo, miré a mis acusadores y vi como soltaban las piedras con disimulo y se iban retirando. El primero mi marido. No me lo podía creer, con esas sencillas palabras me había liberado de una muerte terrible. En un momento nuestras miradas se cruzaron, fueron unos segundos, pero yo quedé prendida en sus ojos para siempre.
&#61485; “¿Dónde están? ¿Nadie se ha atrevido a condenarte?
&#61485; “Nadie, Señor”
Desde aquel momento era mi señor y yo su servidora, había comprado mi libertad. Pero él no se aprovechó de mi mirada de devoción, me hizo libre.
&#61485; “Yo tampoco te condeno, vete y no peques”
Cuando me dijo “vete” yo caí de la nube en que estaba desde que Jeshua me miró. ¿A dónde iba a ir? A casa de mi esposo no podía volver, mi familia no me aceptaría de nuevo.
Cuando parecía que lo que yo creía mi liberación se esfumaba entre los dedos, sentí una mano que me levantaba del suelo.
&#61485; “Ven con nosotras – dijo una voz de mujer – te has de curar esas heridas. Me llamo Marta y soy amiga de Jeshua”
Y así fue como empecé a formar parte del grupo de las discípulas que seguían a Jesús.
Desde aquel día me quedé a vivir en casa de Lázaro y sus hermanas, Marta y María, en Betania. Jeshua venía por allí a menudo a descansar de sus viajes y así fue como yo aprendí esa nueva manera de ver la vida que el llamaba el Reino. De las dos hermanas aprendí muchas cosas de Jeshua, como iba por los caminos de Galilea haciendo el bien, curando enfermos, consolando a los tristes y dando un mensaje de esperanza y amor a todos los oprimido, que en una ocasión los discípulos de Jeshua se quedaron extrañados al ver que hablaba con una mujer, samaritana por más señas (Jn 4, 27).
Entre el pueblo se rumoreaba que él era el Mesías y una vez lo quisieron hacer rey, pero él siempre se escabullía y decía que no había llegado su hora. De las dos hermanas Marta era la mayor, desde que murió su madre llevaba la casa y cuidaba de su hermano Lázaro que no tenía muy buena salud y se ocupaba de María que era bastante más joven.
María era una muchacha muy hermosa, que escuchaba las palabras de Jeshua con ardor y cuando él hablaba no tenía ojos para nadie más. Las dos estaban instruidas en la Torá pero además habían aprendido una nueva manera de ver la vida que ponía a los hombres y a las mujeres por encima de los preceptos legales.
El grupo de Jeshua y sus discípulos/as era variado. Había un núcleo central de galileos formado por los doce liderados por Pedro que presumían de ser los “elegidos”, pero también había un grupo mas numeroso de discípulos en el que habían tanto hombres como mujeres; los hombres eran también en su mayor parte galileos, pero otros provenían de diversas partes del país, algunos de Judea, como Zaqueo de Jericó, otros eran de tierras paganas Perea, la Decápolis por donde Jeshua había estado predicando, y también unas cuantas mujeres, algunas eran las esposas de los discípulos galileos, pero la mayoría eran mujeres que habían escuchado el mensaje liberador de Jeshua y le seguían a pesar de lo difícil que resultaba para ellas romper con las tradiciones seculares en que las mujeres debían permanecer recluidas en la casa. Jeshua subvirtió las relaciones de poder de la sociedad patriarcal, relativizando incluso los lazos familiares. La familia que Jeshua reconocía es la familia de Dios, formada por todos aquellos, hermanos y hermanas, que cumplen la palabra de Dios y la viven; en esta familia, no hay lugar para el patriarca. Hermandad en la que es necesario ser impotente y vulnerable, como los niños: «Os aseguro, si no cambiáis y os hacéis como niños...» y que cuesta aceptar a los discípulos: «Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús les dijo indignado...» , pues no comprendían que el único poder de los seguidores de Jesús es el poder del servicio de amor y que en esa entrega a los desposeídos, a los rechazados y ultrajados y entre ellos ¡cuántas mujeres! encuentran —además de persecución— al mismo Cristo.
Para las discípulas de Jeshua el concepto de casa había variado del tradicional, que era un lugar cerrado solo accesible a los miembros de la familia, y donde los impuros no podían entrar para no contaminar. La casa de las/os discípulas/os de Jeshua tenía las puertas abiertas a todos y todas que quisieran seguirle, por eso en muchos lugares de todo el país que había recorrido Jeshua, había casas de discípulas que acogían al maestro cuando pasaba en sus viajes.
Estas mujeres y sus familias eran los puntos de apoyo en que el grupo itinerante con el Maestro se acogían para descansar de las largas caminatas y también el centro de reunión de los discípulos de la zona como punto de encuentro y de celebración de la llegada de Jeshua al lugar.
Marta era una de ellas, su casa no estaba lejos de Jerusalén y aquellos últimos días de vida de Jeshua en la tierra le sirvieron de refugio muy a menudo.
En aquel tiempo los acontecimientos se precipitaron porque los fariseos y los sacerdotes buscaban la manera de matarle. El mismo día que me quisieron apedrear a mi, él se escapó por bien poco, lo acusaban de blasfemo lo peor que se puede decir de un israelita. Otro día curó a un ciego de nacimiento y los fariseos le condenaban porqué lo había hecho en sábado. Jeshua andaba escondiéndose para que no le cogieran y el pueblo le quería y le protegía, por eso se alejó de Jerusalén una temporada.
Sucedió que Lázaro enfermó gravemente mientras Jeshua estaba fuera, le mandaron aviso enseguida pero murió antes de que pudiera acudir y cuando llegó ya le habían enterrado. Marta estaba transida de dolor y cuando Jeshua llegó, Marta corrió a su encuentro y entre lágrimas se lamentó que no hubiera estado presente cuando Lázaro enfermó porque ella sabía de sus dotes de sanador y le hubiera curado, Jeshua dijo entonces algo que nosotros no entendimos “Yo soy la resurrección y la vida” Marta si lo debió entender porque la oí proclamar en voz alta “Yo creo que tu eres el Mesias, Hijo de Dios vivo”. Esta afirmación la había hecho también una vez Pedro lo que le valió el gran prestigio que después tuvo entre los discípulos, viniendo de boca de Marta, una mujer, aun adquiría más significado, ella una discípula manifestaba su fe en un Jeshua, Mesías, en el que luego creerían muchos y muchas.
María también se añadió a Marta que llorando se echó a sus pies, quien ante tanto dolor también se emocionó y todos juntos nos dirigimos al lugar de la sepultura.
Lo que sucedió forma parte de lo inexplicable, Jeshua mandó mover la piedra de la entrada del sepulcro y con voz fuerte mandó a Lázaro salir afuera. Pasaron unos minutos tensos y de pronto la figura de Lázaro se recortó contra la oscuridad de la tumba. Era él, vivo, demacrado, muy débil, pero con fuerzas para andar el que se acercó al grupo que se agolpaba detrás de Jeshua.
Aquella noche fue cuando se decidió la muerte de Jesús en el sanedrín.
Y unos días después fue cuando celebrando una fiesta para celebrar la vuelta a la vida de Lázaro, María derramó sobre los pies de Jeshua una libra de perfume de nardo, lo que provocó un gran enfado entre algunos de los discípulos por el gasto que representaba, “podríamos darlo a los pobres” decían, pero Jeshua defendió a María. Ya estaba sembrada la semilla de la incomprensión. El Maestro quería una comunidad en la que todos entráramos, pobres, mujeres, esclavos, no que algunos se quedaran fuera para que les diéramos limosna, eso ya lo hacían los fariseos. En esta ocasión se vio, como en otras, que entre los discípulos algunos no aprobaban el trato de igualdad que Jeshua daba a las mujeres. Algunos no entendían como podía Jeshua apoyar ese cambio en las relaciones entre hombres y mujeres, donde no hubiera quien mandara y quien obedeciera, sino que todos nos ayudáramos y sirviéramos mutuamente. Jeshua mismo nos lo demostró la noche de la cena antes de su muerte cuando en su despedida quiso demostrar de una manera visual que el mayor debía ser el que sirviera, cuando nos lavó los pies a todos con gran indignación de Pedro.
Fue aquella noche inolvidable cuando nos dejó su mensaje “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn15,12)
Y después vino lo que ya todos conocemos, la traición de Judas, como se lo llevaron preso como un malhechor, el juicio tramposo, la muerte vergonzosa, y la huida de los discípulos por miedo a ser ellos también detenidos. Solo nosotras un pequeño grupo de sus discípulas, junto con su madre, le fuimos siguiendo hasta el Gólgota, escuchamos sus últimas palabras, recibimos su último aliento. Cuando José de Arimatea y Nicodemo vinieron ya hacia rato que había muerto, iba a caer la tarde y empezaba la Pascua. Entre todos lo bajamos de la cruz y lo pusimos en el sepulcro nuevo de Jose de Arimatea.
Allí se quedaron tantas ilusiones, tantas esperanzas en un mundo nuevo, tanto amor… Entonces creímos que todo se había acabado, pero fue por poco tiempo.

TERCERA PARTE
Los inicios de la vida nueva
Pasamos el descanso del Sabath sin dejar de pensar en todo lo que había sucedido, crucifixión, muerte y entierro de Jeshua nos habían dejado marcadas para siempre, nosotras estuvimos allí, fuimos testigos de todo lo que pasó, el Maestro había dicho “Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor”. Y nosotras le seguimos, si era preciso estábamos dispuestas a morir a su lado, padecíamos con él. De todas nosotras Maria Magdalena era la que se distinguía por su devoción al Rabbóni, le había conocido allá en Galilea, era una discípula de los primeros tiempos junto con Juana, Susana y otras que le acompañaban y ayudaban en sus viajes. Nunca se oyó decir que una mujer judía abandonase el hogar para viajar con un rabino, fue un gran escándalo. Las mujeres no podíamos tener la categoría de discípulas, la ley lo prohibía. Solo nos estaba permitido escuchar la Palabra en la sinagoga y aun así con muchas dificultades por los problemas de “impureza” que nos hacía “indignas” de estar en el templo. Pero el Rabbóni Jeshua no hacia caso de todas estas normas y hombres y mujeres éramos iguales para él, una vez más rompía con las normas establecidas. Maria Magdalena y las discípulas de los primeros tiempos le habían seguido en pobreza e itinerancia identificándose con su misión hasta el preciso momento de la Hora .
Muy de mañana, apenas el sol despuntaba, cinco de nosotras recogimos todo lo que habíamos preparado el día anterior, ungüentos, aceites, perfumes, Salomé trajo un frasco de nardo como el que Maria rompió en la cena en casa de Simón, cogimos lienzas tejidos con nuestras manos y salimos dispuestas a enterrar al Rabboni de una manera digna según las costumbres de nuestro pueblo. Cuando ya estábamos cerca del lugar María Magdalena salió corriendo delante de nosotras, ella llegó la primera al sepulcro y la encontramos hablando con un joven vestido de blanco, la piedra que cerraba la entrada del sepulcro estaba corrida y cuando miramos dentro vimos el sepulcro vacío, su cuerpo no estaba. El terror se apoderó de nosotras cuando oímos al joven decir: No os asustéis. Buscáis a Jeshua de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo. Salimos corriendo del lugar; el temor y espanto se apoderó de nosotras y de momento no quisimos decir nada porque sabíamos que no nos creerían.
Pero Maria más valiente que nosotras decidió ir a contárselo a Pedro. Primero no la creían y pensaban que el dolor la había trastornado el entendimiento pero tanto insistió que salieron los dos acompañados por otro discípulo de su confianza volvieron a acercarse al sepulcro. Pedro entró el primero y vio los lienzos tirados y el sudario doblado sobre el sepulcro, el otro discípulo entró también y lo vio, salieron del sepulcro y volvieron a la casa.
Mientras tanto María permaneció en la entrada llorando, quería ver a su Señor y se lo habían llevado, aun no entendía lo que querían decir las palabras de los personajes que nos habíamos encontrado “¿Dónde han puesto a mi Señor?” se preguntaba entre sollozos, cuando oyó una voz que no supo reconocer “Mujer ¿por qué lloras?” su respuesta fue su obsesión “¿Dónde está mi Señor? ¿Quién me lo ha quitado? Cuando se volvió oyó pronunciar su nombre “MARÍA” esta vez no había duda “¡Rabboni!”
Cada vez que recordamos estos encuentros con Jeshua nos sentimos transportadas a aquellos días inolvidables en que Él, el crucificado, se nos hacía presente de manera misteriosa pero real. Muchos hermanos y hermanas sintieron su presencia de muchas maneras, tal era la fuerza del acontecimiento que no tenemos palabra en el lenguaje humano para expresarlo. Durante mucho tiempo permanecimos reunidos en la casa contándonos nuestras experiencias y recordando los momentos que habíamos vivido a su lado.
De estos recuerdos repetidos una y otra vez surgió el propósito de que lo que habíamos vivido a su lado debería ser conocido por todos los hombres y mujeres de la tierra. Era un mensaje de fraternidad, igualdad, amor, servicio, sin rituales ni purificaciones, sin diferencias ni preferencias, en donde mujeres y hombres unidos en una misma comunidad de amor nos ayudábamos los unos a los otros. Cada tarde, al caer el sol, nos reuníamos para cenar todos juntos y recordar aquellas comidas que habíamos celebrado tantas veces al lado de Jeshua, y Él se hacía presente entre nosotros de una manera real pero diferente. Recordábamos como partía el pan, como lo repartía, como bebía de la copa y la compartía con todos y así lo hacíamos nosotros en memoria suya.
Fue una de esas tardes en que su presencia se hizo más sensible, un viento sutil y cortante entró por las ventanas agitando las ropas, la luz del atardecer se hizo más dorada y una nueva fuerza se apoderó de todos los allí reunidos, que éramos unos 120 entre hombres, mujeres y algunos niños. Recuerdo que estábamos todas las mujeres que habíamos acompañado a Jesús hasta el Gólgota, María su madre, los doce, familiares de Jesús, algunos con sus mujeres e hijos y bastantes discípulos de Jerusalén, todos fuimos tocados por esa fuerza divina que recorrió la sala y llenó el silencio de densidad. Era la fiesta de Pentecostés y la ciudad estaba llena de extranjeros que venían a celebrarla, algunos se acordaban de lo que había sucedió en la Pascua con la muerte de Jeshua, otros lo habían odio contar, pero otros no entendían nada. Fue Pedro el primero en recuperar los sentidos y ponerse a hablar:
“Judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sabed esto y oíd bien lo que os voy a decir: l o que aquí está sucediendo es algo diferente; es lo que anunció el profeta Joel cuando dijo:
‘Sucederá que en los últimos días, dice Dios,
derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad.
Vuestros hijos y vuestras hijas
comunicarán mensajes proféticos,
vuestros jóvenes tendrán visiones
y vuestros ancianos tendrán sueños.
También sobre mis siervos y sobre mis siervas
derramaré mi Espíritu en aquellos días,
y comunicarán mensajes proféticos.(Hch2,14-18)
Todos salimos a la calle perdiendo el miedo y comenzamos a proclamar como Jeshua de Nazaret, el crucificado, era el Mesías esperado. Las palabras salían de nuestros labios sin esfuerzo, todo lo que habíamos visto y oído lo transmitíamos llenos de una fuerza desconocida y la gente al vernos hablar tan convencidos nos preguntaba acongojados que tenían que hacer. Y nosotros respondíamos “Arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesucristo para recibir el perdón de los pecados y el don del Espíritu Santo” (Hch 2,18)
Muchos hombres y mujeres se sintieron tocados en el corazón y vinieron con nosotros a formar parte de nuestra comunidad de vida. En las semanas y meses siguientes a este acontecimiento el número de los seguidores de Jeshua, el Mesías, fue aumentando y los discípulos y discípulas de los primeros tiempos nos repartíamos entre ellos para enseñarles todo lo que habíamos oído decir a Jeshua cuando andaba por los caminos de Galilea, o descansaba en las casas que lo acogían. Entre las mujeres destacaba Maria de Magdala, discípula de los primeros tiempos de Galilea y seguidora en la cruz. Ella recibió el encargo de anunciar la Resurrección a los otros discípulos y su palabra era tan segura y llena de verdad que muchos la seguían y se hacían bautizar. Esto despertó los celos de algunos de los hombres y dio origen a las primeras disensiones entre nosotros. Disensiones, que sin embargo no nos separaban de la unidad en el amor y en el anuncio de la salvación. María hablaba en nombre de Jeshua recordando sus palabras de las que se había empapado en los años de seguimiento por Galilea.
La mayoría se sentían atraídas por el mensaje abierto de Jeshua, que predicaba en nombre de un Dios cuya soberanía y generosidad no tienen medida. La Santidad sagrada del Templo y de la Torá, Él la valoraba en función del carácter incluyente de cada persona de Israel y su capacidad de engendrar la plenitud de todo ser humano.
El sorprendente, luminoso y creador hecho de que Jeshua ignoró distinciones entre varones y mujeres también resultó especialmente atrayente para las mujeres que nos escuchaban. El hecho de que no existía una segunda moral específicamente de mujeres, propia y exclusiva para ellas sino que hay una misma para todos, varones y mujeres, resultaba impensable, En ese plano “no hay hombre ni mujer”, sino persona humana. Jeshua había estado ofreciendo las bases de la nueva humanidad, que estaba suscitando aquello que pudiéramos llamar la nueva creación, donde no existen ya varones y mujeres como distintos ante Dios sino personas abiertas para el reino. Las funciones del varón y la mujer, en cuanto seres personales, han de entenderse y formularse precisamente a partir de sus enseñanzas.
La vida de la comunidad, en la que se incluían las mujeres, se centraba en la misión profética y evangelizadora a que nos impulsó la fuerza de la Ruah , los otros criterios que en la religión judía orientaban y limitaban esta tarea, tales como el género, la edad y la clase social, habían quedado borrados explícitamente, la salvación, que había quedado circunscrita a un pueblo (Israel) y a un grupo de varones puros dentro del pueblo, es una salvación universal.
Pero no todo fueron éxitos, también hubo algunos fracasos, como el de los desgraciados Ananias y Safira que por querer engañar a la comunidad con su falta de solidaridad, fueron duramente castigados, si muchos hubieran actuado como ellos, la comunidad se hubiera roto rápidamente, y como por otro lado la mayoría habíamos abandonado el cómodo refugio familiar ya no tendríamos a quien acudir. Lo peor es que Safira no tenía que haber seguido la suerte de su esposo, (muerto para la comunidad) si hubiera sido valiente y no hubiera actuado como si aun dependiera de él para tomar decisiones, pero la inercia y el miedo a ser ella misma la condenaron a la muerte en vida. .
Pasó así un tiempo en que la comunidad de creyentes en el Mesías Jeshua crecía por todo Jerusalén y se extendía como una mancha de aceite por Judea, Samaria y Galilea gracias a los y las/os discipulas/os itinerantes que de dos en dos, como en otro tiempo los envió el maestro, recorríamos los pueblos y las aldeas proclamando el mensaje del Reino y la salvación.
Tanto y tanto nos dimos a conocer y tantos seguidores teníamos que los sacerdotes y los saduceos planearon acabar con nosotros porque éramos una amenaza a sus enseñanzas. La persecución se desencadenó por todo el país y muchos fuimos presos y llevados en cautiverio hasta Jerusalén donde tenían lugar los juicios y los castigos. La mayoría se libraban con azotes y prisión, pero esto no los desanimaba porque sabía que como el Señor había sufrido así también los discípulos debíamos ser perseguidos. Pedro también fue encarcelado pero un ángel del Señor le libró milagrosamente y daba testimonio por todos nosotros en el Templo delante del sanedrín.
Uno de los mas activos discípulos de Jerusalén, Esteban, uno de los siete diáconos de origen griego, conocido por su energía en proclamar la palabra del Reino fue acusado de blasfemia y los maestros de la ley amotinaron al pueblo en contra suyo. Cuando en el juicio le preguntaron sobre la verdad de las acusaciones su defensa fue tan ardiente y su acusación contra los que habían matado a Jeshua, el Mesías, tan clara que lo echaron fuera de la ciudad y lo apedrearon. El murió con el nombre del Señor Jeshua en los labios. La lapidación de Esteban lleva la marca del judaísmo ortodoxo: es la respuesta “En la Ley de Moisés se manda...” la misma que casi acaba con mi vida. Entre los perseguidores había un tal Saulo.
A partir de aquel momento la persecución arreció de tal manera que muchos tuvimos que salir huyendo y nos dispersamos. Hacía 6 años que el Rabboni Jeshua, el Mesías murió y resucitó
A mi el espectáculo de la muerte de Esteban bajo las piedras me causó tal espanto, recordando que yo podría haber muerte de aquella manera que me uní a un grupo que se dirigían hacia Antioquía donde vivía mi hermana con la que no había dejado de escribirme, pensando en buscar refugio allí por una temporada.

CUARTA PARTE
Hanna y otras mujeres enviadas a dar testimonio
En Antioquia mi hermana me recibió con los brazos abiertos, me acogió en su casa y allí pude sentirme segura. Su esposo era un buen hombre y cumplidor israelita pero no era un fanático como algunos de Jerusalén y no puso impedimento a mi incorporación a la familia, todo y sabiendo lo que me había sucedido.
Sus noticias de Jeshua eran escasas y las tenían por rumores, por eso se interesaron tanto cuando yo les pude explicar de primera mano todo lo que me había sucedido y lo que había visto. Aquellos israelitas que formaban parte de la sinagoga de Antioquia muchos no había nacido en Judea, sino en tierra de gentiles, sus padres o los padres de sus padres se habían establecido en la zona por diversas razones, apenas conocían la lengua popular de Jerusalén, el arameo, normalmente hablaban y también escribían el griego, eran personas cultas. Conocían el hebreo de las escrituras pero su lengua de uso habitual era el griego. Yo tuve que aprenderlo porque además de los israelitas teníamos relación con otras familias gentiles. El ambiente era mucho más abierto que en Jerusalén, las mujeres griegas y romanas tenían unas costumbres mas libres.
Yo no había llegado sola proveniente de Jerusalén, otros hermanos y hermanas había venido conmigo y cada sábado nos dirigíamos a la sinagoga judía y allí hablábamos de Jeshua, el Mesías, y muchos se convirtieron y recibieron el bautismo. Nos reuníamos para recordar al Mesías Jeshua y celebrábamos la partición del pan como él nos enseñó. Aquí aprendí a llamar al maestro Jesús, el Cristo
Nuestro mensaje era simple, transmitíamos aquello que unos habíamos visto y otros habían oído a Pedro y a Esteban: como el Mesías fue un hombre que vivió entre nosotros, haciendo grandes prodigios, enviado por Dios conforme decían las escrituras, pero fue entregado a la muerte por los judíos de Jerusalén y los romanos lo crucificaron, pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte pues era imposible que esta le retuviera en su poder y de ello somos testigos todos nosotros. A este Jesús a quien ellos crucificaron Dios lo ha constituido Señor y Mesías, nadie más que Él puede salvarnos, pues solo a través de Él nos concede Dios la salvación sobre la tierra.
Entre los que vinieron conmigo a Antioquia estaban Junia y su marido Andrónico, ambos habían recibido del Cristo resucitado el encargo de ir por todo el mundo a predicar la salvación. Formaban parte del grupo de los judios-helistas que habían formado una sinagoga aparte de la de Pedro y Jaime en Jerusalén dirigidos por Esteban y Felipe. Yo me uní a ellos después de la muerte de Esteban cuando decidieron huir hacia el norte.
Fueron Junia y Andrónico, pero en especial Junia los que dirigieron todo el movimiento de seguidores de Jesús de Nazaret en Antioquia y años después llegó Pablo . De todas partes nos llegaban noticias de cómo el movimiento se extendía por las ciudades de Siria, La Capadocia y lugares próximos. Una carta que conservo es la de Lidia desde Filipos que os la envío para que conozcáis la fe de esa gran mujer.
Carta de Lidia.
Hermanos y hermanas en Cristo,
Desde Filipos, saludos a Junia y Andronico hermanos en la fe. Hace pocas semanas pasó por aquí Epafrodito enviado por Pablo lo cual nos ha llenado de alegría, supimos que había estado muy enfermo y nuestro corazón estaba con él . Nosotras fuimos las primeras en recibir el mensaje de salvación que nos traía Pablo, y aun recuerdo con emoción aquellas palabras suyas que nos revelaron al Cristo Jesús, Señor nuestro. Todos los que entonces nos bautizamos perseveramos en el amor y la comunión. Epafrodito nos trajo una carta de Pablo, que está preso en Roma pero que goza de buena salud y continúa anunciando al Señor. Está siendo sometido a muchas presiones pero él se gloría de todos sus sufrimientos por el Señor. Nos recomienda que nos mantengamos unidos en un mismo espíritu y luchemos por la fe del evangelio y que padezcamos por Cristo. Que todo lo hagamos colmando su alegría, siendo todos del mismo sentir, con un mismo amor, un mismo espíritu, unos mismos sentimientos. Que no hagamos nada por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás.
Nuestra comunidad ha seguido creciendo, y después de las dificultades que tuvimos en los primeros tiempos la Ruha vino sobre mis conciudadanos y diversos grupos se han ido añadiendo al de las mujeres de mi casa. Somos muchos y muchas los que nos ocupamos en los trabajos del Señor, enseñando la Palabra y teniendo cuidado de los pobres. Ya sabéis que Filipos es una colonia romana por lo que la mayoría de los hermanos y hermanas son de origen pagano y necesitan instrucción en las escrituras y en la Palabra del Señor Jesús. Evòdia y Síntica trabajan duramente por la propagación del evangelio, no sin dificultades porque muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra, como dice Pablo en su carta, pero nosotros estamos siempre alegres en el Señor, y no nos inquietamos por cosa alguna presentando a Dios nuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.
Que la paz de Cristo os acompañe siempre, os envió el amor de todos los hermanos y hermanas que saben de vuestras luchas para propagar el evangelio por las tierras de Antioquia. Vuestra hermana Lidia
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También he encontrado un fragmento de una carta de Prisca desde Corinto. Prisca y su esposo Aquila eran tejedores de tiendas, como Pablo, fueron expulsados de Roma por el emperador Claudio y conocieron a Pablo en Corinto y de allí le acompañaron a Efeso donde formaron una comunidad cristiana, Prisca adquirió gran renombre como apóstol, instruyó a Apolo que con el poder de su palabra hizo llegar la fe a muchos y muchas. Después Prisca y Aquila volvieron a Corinto desde donde escribió la carta que os adjunto.

Fragmento de una carta de Prisca
Esta comunidad de Corinto está formada por personas de orígenes muy diferentes, muchos y muchas somos israelitas que bebimos en las fuentes de la Sabiduría-Sofia, recordando a las mujeres de aquel tiempo a la vuelta del exilio, en donde YHVH se nos presentaba con imágenes tanto masculinas como femeninas y donde las mujeres éramos las transmisoras de los mensajes religiosos. . “Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la lección de tu madre” . Tratábamos de integrar tantos elementos masculinos como femeninos en la imagen de Dios. Él está presente en la personificación femenina de la Divina Sabiduría, persona, esposa, madre, amada, maestra. La Divina Sabiduría fue adorada y comparte el trono de Dios y anuncia el mensaje de la salvación hablando, del cuidado amoroso de Dios/a por su pueblo y por toda la creación, sus acciones se identifican con las de YHVH. 0
Parece como si quisieran que olvidáramos estas creencias pero ellas están en la base del significado de Jesús como el mensajero y profeta de Sofía enviada a proclamar que la Diosa-Sofía de Jesús es el Dios de los pobres, los marginados y los que sufren injusticia.
“Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y vuestras almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga ligera”.
Eso dice el Señor Jesús y estas palabras y este mensaje es el que ha acercado a tantos y tantas a las aguas del bautismo. La voz que se oyó en el cielo en el bautismo de Jesús, es la voz de la Sofía divina que ha encontrado su elegido. Como símbolo de Sofía, como mensajero de su amor y como señal de su presencia, la paloma de la Diosa-Sophia-Pneuma vino sobre Jesús.
Los gentiles que viven en un mundo regido por poderes despiadados y por el ciego destino, las palabras de misericordia de Jesús el Cristo expresan los anhelos de todos los que esperan la liberación de los crueles poderes de este mundo y desean participar en el mundo divino celestial. Jesús es quien gobierna los principados y potestades que esclavizan al mundo. Somos liberados de todas las ataduras de la muerte y de los poderes cósmicos por Cristo-Sofía en quien por el bautismo hemos sido integrados a una nueva creación, en que las diferencias y las divisiones de estatus han sido abolidas.
Algunas de las mujeres corintias somos profetas y las integrantes de una larga serie de emisarios de Sofía pero tenemos muchas dificultades para hacernos entender
Nuestra fe está en Jesucristo el Señor El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.
EPILOGO
Ahora ya soy una anciana que ha vivido mucho, amado mucho y tenido la inmensa suerte de conocer a aquel que es nuestro Salvador y Mesías. Recuerdo con claridad los años vividos en Judea cerca de él y a todas y todos los que fuimos sus discípulos, por eso he querido dejarlo por escrito para que no se pierdan mis experiencias que son la base de la vida y del conocimiento.
A partir de mi llegada a Antioquia me empleé a fondo en la propagación del mensaje del camino de Jesús. Primero desde casa de mi hermana reuniendo a los hermanos y hermanas que querían que les hablara de Jesús, entre todos los que le habíamos conocido recogimos frases, hechos y recuerdos de su vida por Galilea y fuimos poniéndolo por escrito para que llegara a todos los hermanos y hermanas que no le habían conocido. Otros muchos también lo hicieron y pronto hubo una colección de palabras del Señor circulando entre las diferentes comunidades.
En una ocasión vinieron unos profetas de Jerusalén anunciando una gran hambruna que se extendería por todos los territorios dominados por los romanos, como así fue. Entonces del corazón y los bolsillos de los cristianos de Antioquia empezaron a llegar aportaciones para los hermanos de Jerusalén y Pablo y Bernabé subieron a llevarles lo que habían recogido, que fue mucho porque nosotros habíamos entendido que todo lo que teníamos lo teníamos que compartir según nuestras posibilidades.
También me dediqué a la diaconía, una misión que me encomendaron Pablo y Bernabé cuando pasaron por primera vez por Antioquia, visitando a los más pobres y a los enfermos, dirigiendo las oraciones, ayudando en el bautismo de las mujeres.
Nunca me volví a casar, ni tuve hijos, pero el trabajo del servicio a mis hermanas y hermanos ha llenado mi vida y ahora que está próxima la hora en que me encuentre con el Señor Jesús solo se decir ¡Maranata! “Ven Señor Jesús”
Hanna, servidora del Señor Jesús
CREANDO PUENTES. MUJERES ENTRE DOS ORILLAS.-

Del 2 al 4 de Noviembre mas de 80 personas, casi en su totalidad mujeres de Asociaciones de Mujeres y de diversas localidades de la Bahía de Cádiz, nos desplazaremos a Larche donde mantendremos un nuevo encuentro con las ya amigas mujeres de las Asociaciones de Mujeres del Norte de Marruecos. Serán tres días sin duda intensos y emocionantes, donde todos y todas, de una y otra orilla, habremos realizado una nueva experiencia enriquecedora.

Cuando empezamos la aventura de este proyecto a todas nos sorprendieron los lazos y las ganas de conocerse y derribar tanta barrera artificial.

Creando Puentes es un proyecto co-organizado por la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y la Red de Asociaciones del Norte de Marruecos, Chabacka, que pretende precisamente derribar barreras poniendo en común las vivencias y las experiencias de cada parte en la lucha por conseguir que las mujeres vean reconocidos sus derechos en la ley y en la vida.

Tras dos reuniones de trabajo en Tánger y un Encuentro en Cádiz en Noviembre 2006 toca ahora vernos de nuevo, pero esta vez en Marruecos. Saber de proyectos e ilusiones compartidas. Intercambiar saberes del día a día. Discutir por donde nos van las cosas a las mujeres en ambas orillas.

Y a cada parte sin duda ello nos servirá para reconocernos y enriquecernos. Acercaremos un poco más las dos orillas, que hoy quieren convertir en foso de incomunicación y sufrimiento






Asociaciones que participan

CHICLANA: Asociación Lunaria • Asociación Mari Luz Sánchez Carmona • Asociación Mujeres Artesanas • Centro de Educación de Personas Adultas • Asociación Socio cultural de la Mujer • Asociación Wallada

PUERTO REAL: Asociación por la Igualdad Ayla • Asociación Amas de Casa Los Pinares • Asociación Armonía • Asociación Minerva • Vocalía de la Mujer A.VV. Marquesado

SAN FERNANDO: Asociación Clara Campoamor • Centro de Adultos • Asociación Marzán • Asociación Sueños de la Razón

AL HOCEIMA: Association Moultaka Elmarra

KSAR-EL-KEBIR: Association Annuar

TÁNGER: Association Attawassoul • Association Mouatina • Association 100% Ommahat

LARACHE : Forum des Femmes • Association Mains Solidaires

Instituciones que colaboran

Ayuntamiento de Chiclana
Ayuntamiento de Puerto Real
Ayuntamiento de San Fernando
Diputación Provincial de Cádiz

Desarrollo


Hora
Actividad
Detalles

Viernes, día 2

13:00
Llegada a Larache


16:00
Visitas a Asociaciones de Larache
Para conocer diversas experiencias asociativas y de lucha

19:00
Plenario en Sala Primavera
Presentación del proyecto por Chabacka y APDHA y saludo/presentación de las Asociaciones participantes

Sábado, día 3

9:00
Plenario en Sala Primavera

Mujer y derechos humanos
Intervienen APDHA y AMDH

11:00
Plenario en Sala Primavera

Testimonios
Andalucía
- Experiencia de Educación de adultos
- Mujeres de Delphi
- Voto en España (Clara Campoamor)
- Inmigrante marroquí en España

Marruecos
- 100% madres
- Mujeres de Delphi
- Las obreras del textil en Tánger
- Las mujeres campesinas de Begarra

13:30
Comida


16:00
Talleres simultáneos en el Centro de Mujeres de Guadalupe
Andalucía

- Tapices y pintura en seda

- Flores en tela

- Sevillanas

Marruecos

- Costura y bordado

- Cocina marroquí

- Makramé

18:00
Merienda en el Centro de Mujeres de Guadalupe


21:00
Cena-fiesta en Sala Primavera


Domingo, día 4

10:00
Visita guiada a Larache


12:00
Salida de Larache hacia Cádiz

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