TuWeb

ACTUALIDAD-Enlaces a los artículos de más reciente publicación.
ACTUALIDAD socio-política .
ACTUALIDAD socio-religiosa.Escritos de interés.
ÁFRICA-Artículos varios
AMOR...sobre el..
AUTORES/AS RECOMENDADOS/AS "A -Z"
CAMBIO CLIMÁTICO
CELEBRACIONES...varias.
CELIBATO...Sobre el...
COLECTIVOS DIVERSOS
COMUNICADOS Y RUEDAS DE PRENSA-VARIOS
CONSUMISMO O CONSUMO RESPONSABLE.
CONVOCATORIAS, Conferencias, Encuentros,Manifestaciones...
CRISIS ECOLÓGICA.Artículos recientes
CUENTOS Y NARRACIONES,que ayudan a reflexionar.
DECLARACIONES DE INTERÉS.
DERECHOS HUMANOS, para una convivencia en paz.
DESOBEDIENCIAS...civil y religiosa.
DETENCIONES-DETENIDOS ¿ En qué condiciones ?
ECONOMÍA-Artículos relacionados
EDUCACIÓN-Sobre la educación en general.
ELECCIONES-Ante las...
EL PAPA y la jerarquía católica .sobre...
ENLACES A OTRAS WEBS .Muy útiles.
ENTREVISTAS ...A personalidades varias.
ESPIRITUALIDAD
EVANGELIO Y POLÍTICA
EXPOSICIONES...de interés.
EXTRANJERÍA.Sobre la Ley de...
FAMILIA ( La )...vista desde diferentes ángulos.
FE-(Artículos y reflexiones sobre la Fe ).
FOROS-Diversos.
FRASES Y DICHOS..a gusto de muchos.
GALERÍA DE FOTOS DE ACTIVIDADES RECIENTES
GUERRA CIVIL...sobre la...
HISTORIA-Algunos días señalados.
HOMENAJES Y ANIVERSARIOS VARIOS.
HOMOFOBIA...sobre la...
HUELGAS Y CONCENTRACIONES REIVINDICATIVAS
HUMOR-Para nunca envejecer.
IGLESIA Y COMUNIDAD CIENTÍFICA
IGLESIA-ESTADO.Relaciones...
IGLESIA Y JERARQUÍA .Escritos varios.
INMIGRACIÓN...Y EMIGRACIÓN.
JESÚS DE NAZARET-sobre ...
JUECES...Y JUICIOS.
LAICIDAD,¡OJO ! Que no es Laicismo.
LATINO-AMÉRICA.Noticias sobre...
LECTURAS RECOMENDADAS.Libros de consulta y Diccionarios.
LITURGIA..Reflexiones sobre el año litúrgico.
MASS MEDIA...lo que dicen los medios.
MEMORIA HISTÓRICA , varias-Noticias y Comunicados
MENORES.Sobre la infancia y los...
MISIONES...Y MISIONEROS/AS.
MUJER-Sobre la mujer.
MUSULMANES/AS.Sobre los/as...
NAVIDADES-Narraciones.
NOS DEJARON...
ONU-ORGANIZACIÓN NACIONES UNIDAS.Algunas noticias y comunicados.
OPINIONES...varias
ORACIONES ...varias
ORIENTE MEDIO.Sobre...
PADRENUESTRO-EL.Varias maneras de dirigirse al Abba.
PAPA BENITO XVI.Comentarios y reflexiones sobre y ...del Papa.
PARÁBOLAS EVANGÉLICAS.Reflexiones sobre
PARROQUIA SAN CARLOS BORROMEO-Entrevías
PAZ-Artículos y Reflexiones sobre la...
PECADOS...LOS NUEVOS Y LOS DE SIEMPRE.
PEDOFILIA...sobre la...
PERDÓN...Sobre el...
PETICIONES DE FIRMAS
PLATAFORMAS.Varias
POESÍA-Rincón de la Poesía.
PREGUNTAS...¿ Sin respuesta ?.
PRISIONES-PRISIONEROS
PUNTOS DE VISTA...para valorar.
RACISMO EN EL SIGLO XXI...Semilla de división entre los humanos.
REDES CRISTIANAS
REFLEXIONAR-Artículos que nos invitan a una seria reflexión.
RELIGIÓN-RELIGIONES-Sobre la ...
REPÚBLICA...Y REPUBLICANOS.
RESURECCIÓN...sobre la
SANTIDAD
SECULARIZACIÓN...y su problemática.
SEXUALIDADES...varias.
SILENCIO...de Dios
SINDICALISMO
SISTEMAS ECONÓMICOS....varios.
SOCIALISMO...sobre el...
SOLIDARIDAD-Artículos relacionados
SO.M.AC (SOLIDARIOS MAYORES ACTIVOS)-Página de Inicio
SOÑADORES
TEMAS PARA REFLEXIONAR.
TEOLOGÍA-Artículos relacionados
TERRORISMOS ...VARIOS.
TESTIMONIOS DE VIDA
TORTURA!.¡ Todos contra la...
TRANSPORTE...y su problemática.
TRATADOS INTERNACIONALES.sobre...
UNIÓN EUROPEA-Artículos y comentarios.
UNO...Unidad en el amor.
UTOPÍAS ...EN LAS QUE CREER.
VATICANO-Artículos relacionados.
VIDA TERRESTRE-Expectativas
VIDAS EJEMPLARES
VIOLENCIA EXTREMISTA
VIVENCIAS =EXPERIENCIAS DE VIDA.
VIVIENDA-Sobre el derecho a una vivienda digna.
VIVIR...Formas de vivir.
 
IGLESIA Y JERARQUÍA .Escritos varios.

imagen
imagen
Martini pide la reforma de la Iglesia

El influyente cardenal elogia a Lutero, defiende el debate sobre el celibato y la ordenación de mujeres y reclama una apertura del Vaticano en materia de sexo

JUAN G. BEDOYA - Madrid - 25/05/2008

"La Iglesia debe tener el valor de reformarse". Ésta es la idea fuerza del cardenal Carlo Maria Martini (Turín, 1927), uno de los grandes eclesiásticos contemporáneos. Con elogios al reformador protestante Martín Lutero, el cardenal le pide a la Iglesia católica "ideas" para discutir hasta la posibilidad de ordenar a viri probati (hombres casados, pero de probada fe), y a mujeres. También reclama una encíclica que termine con las prohibiciones de la Humanae Vitae, emitida por Pablo VI en 1968 con severas censuras en materia de sexo.
El cardenal Martini ha sido rector de la Universidad Gregoriana de Roma, arzobispo de la mayor diócesis del mundo (Milán) y papable. Es jesuita, publica libros, escribe en los periódicos y debate con intelectuales. En 1999 pidió ante el Sínodo de Obispos Europeos la convocatoria de un nuevo concilio para concluir las reformas aparcadas por el Vaticano II, celebrado en Roma entre 1962 y 1965. Ahora vuelve a la actualidad porque se publica en Alemania (por la editorial Herder) el libro Coloquios nocturnos en Jerusalén, a modo de testamento espiritual del gran pensador. Lo firma Georg Sporschill, también jesuita.
Sin tapujos, lo que reclama Martini a las autoridades del Vaticano es coraje para reformarse y cambios concretos, por ejemplo, en las políticas del sexo, un asunto que siempre desata los nervios y las iras en los papas desde que son solteros.
El celibato, sostiene Martini, debe ser una vocación porque "quizás no todos tienen el carisma". Espera, además, la autorización del preservativo. Y ni siquiera le asusta un debate sobre el sacerdocio negado a las mujeres porque "encomendar cada vez más parroquias a un párroco o importar sacerdotes del extranjero no es una solución". Le recuerda al Vaticano que en el Nuevo Testamento había diaconesas.
Son varios los periódicos europeos que ya se han hecho eco de la publicación de Coloquios nocturnos en Jerusalén, subrayando la exhortación del cardenal a no alejarse del Concilio Vaticano II y a no tener miedo de "confrontarse con los jóvenes".
Precisamente, sobre el sexo entre jóvenes, Martini pide no derrochar relaciones y emociones, aprendiendo a conservar lo mejor para la unión matrimonial. Y rompe los tabúes de Pablo VI, Juan Pablo II y el papa actual, Joseph Ratzinger. Dice: "Por desgracia, la encíclica Humanae Vitae ha tenido consecuencias negativas. Pablo VI evitó de forma consciente el problema a los padres conciliares. Quiso asumir la responsabilidad de decidir a propósito de los anticonceptivos. Esta soledad en la decisión no ha sido, a largo plazo, una premisa positiva para tratar los temas de la sexualidad y de la familia".
El cardenal pide una "nueva mirada" al asunto, cuarenta años después del concilio. Quien dirige la Iglesia hoy puede "indicar una vía mejor que la propuesta por la Humanae Vitae", sostiene.
Sobre la homosexualidad, el cardenal dice con sutileza: "Entre mis conocidos hay parejas homosexuales, hombres muy estimados y sociales. Nunca se me ha pedido, ni se me habría ocurrido, condenarlos".
Martini aparece en el libro con toda su personalidad a cuestas, de una curiosidad intelectual sin límites. Hasta el punto de reconocer que cuando era obispo le preguntaba a Dios: "¿Por qué no nos ofreces mejores ideas? ¿Por qué no nos haces más fuertes en el amor y más valientes para afrontar los problemas actuales? ¿Por qué tenemos tan pocos curas?"
Hoy, retirado y enfermo -acaba de dejar Jerusalén, donde vivía dedicado a estudiar los textos sagrados, para ser atendido por médicos en Italia-, se limita a "pedir a Dios" que no le abandone.
Además del elogio a Lutero, el cardenal Martini desvela sus dudas de fe, recordando las que tuvo Teresa de Calcuta. También habla de los riesgos que un obispo tiene que asumir, en referencia a su viaje a una cárcel para hablar con militantes del grupo terrorista Brigadas Rojas. "Los escuché y rogué por ellos e incluso bauticé a dos gemelos hijos de padres terroristas, nacidos durante un juicio", relata.
"He tenido problemas con Dios", confiesa en un determinado momento. Fue porque no lograba entender "por qué hizo sufrir a su Hijo en la cruz". Añade: "Incluso cuando era obispo algunas veces no lograba mirar un crucifijo porque la duda me atormentaba". Tampoco lograba aceptar la muerte. "¿No habría podido Dios ahorrársela a los hombres después de la de Cristo?" Después entendió. "Sin la muerte no podríamos entregarnos a Dios. Mantendríamos abiertas salidas de seguridad. Pero no. Hay que entregar la propia esperanza a Dios y creer en él".
Desde Jerusalén la vida se ve de otra manera, sobre todo las parafernalias de Roma. Martini lo cuenta así: "Ha habido una época en la que he soñado con una Iglesia en la pobreza y en la humildad, que no depende de las potencias de este mundo. Una Iglesia que da espacio a las personas que piensan más allá. Una Iglesia que transmite valor, en especial a quien se siente pequeño o pecador. Una Iglesia joven. Hoy ya no tengo esos sueños. Después de los 75 años he decidido rogar por la Iglesia".
Nunca más el 'error Galileo'
El cardenal Martini se empeñó siempre en establecer un terreno de discusión común entre laicos y católicos, afrontando también aquellos puntos en los que no hay consenso posible. Con esa intención abrió uno de los debates más sabrosos entre intelectuales contemporáneos, publicado en 1995 en Italia con el título In cosa crede qui non crede? (¿En qué creen los que no creen?). Se trataba de una serie de cartas cruzadas entre el cardenal y Umberto Eco, sobre temas como cuándo comienza la vida humana, el sacerdocio negado a la mujer, la ética, o cómo encontrar, el laico, la luz del bien. Un sector de la jerarquía católica asistió a la controversia con indisimulada incomodidad, pero una década después, el mismísimo cardenal Joseph Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, afrontó un debate semejante con el filósofo alemán Jürgen Habermas sobre la relación entre fe y razón.
Lamentó en 1995 el cardenal Martini que su iglesia viviera sumida en "desolada resignación respecto al presente". También se sinceró ante Eco sobre el miedo a la ciencia y al futuro. Entonces lo hizo "con tesoros de sutileza", reconoció él mismo. Ponía por testigo la prudencia de Tomás de Aquino en semejantes compromisos, por miedo a Roma, que a punto estuvo de castigar a quien ahora es uno de sus guías más ilustres
El cardenal, ya jubilado -es decir, más libre que cuando ejercía responsabilidades jerárquicas-, se expresa en el nuevo libro con la sutileza que usó en el debate con Umberto Eco, pero pone sobre la mesa puntos de vista sorprendentes para sus pares, como el control de la natalidad y los preservativos. Suenan también como trallazos sus elogios a Martín Lutero y el desafío a Roma para que emprenda con coraje algunas de las reformas que en su tiempo reclamó el fraile alemán.
En el trasfondo de sus manifestaciones de ahora, donde el cardenal aparece a veces angustiado - con un sentimiento más trágico de su fe-, surge el debate interminable del enfrentamiento de la Iglesia de Roma con la ciencia y el pensamiento modernos. Nuevamente, es un jesuita quien vuelve a plantear la discusión, con disgusto del Vaticano. La ventaja de Martini es que no está ya al alcance de ninguna pedrada. El también jesuita George Tyrrell, el erudito tomista irlandés, fue castigado sin contemplaciones y suspendidido de sus sacramentos. Incluso se le negó sepultura en un cementerio católico cuando falleció en 1909. Su pecado: reivindicar, como Martini, el derecho de cada época a "adaptar la expresión del cristianismo a las certidumbres contemporáneas, para apaciguar el conflicto absolutamente innecesario entre la fe y la ciencia, que es un mero espantajo teológico".
Lo que buscan todos estos pensadores católicos es espantar cualquier riesgo de cometer otra vez el error Galileo. Es otra de las exigencias del cardenal.

imagen
Cardenal Julio Terrazas-Bolivia
Carta abierta a Julio Terrazas
obispo y cardenal de la Iglesia Católica Boliviana

Antiguo amigo Julio, hoy cardenal de nuestra Iglesia:
Somos muchos los que estamos consternados ¬¬??y no pocos directamente
indignados?? con tus recientes palabras que ponen en duda la existencia
de haciendas esclavistas en este país nuestro todavía tan lleno de
lacras e injusticia. Por supuesto tienes el derecho ??y la
obligación?? de buscar información fidedigna sobre esa desgracia. Lo
triste es que lo dices como quien afirma que no existe ese tipo de
explotación, como quien acusa de difamadores y abusivos a los que
denuncian tamaña injusticia.
¿De verdad nunca has visto de cerca a esos hermanos y hermanas
nuestras que ocupan el más bajo nivel de la sociedad boliviana, ya de
por sí harto injusta? ¿No son acaso los más pequeños de los más
pequeños, es decir los predilectos de Jesús de Nazaret, y por tanto los
que debieran ser la principal preocupación de nuestros pastores? ¿No
sería de esperar de un obispo católico que fuera el primero en
denunciar ese hecho, en lugar de pedir pruebas del mismo?
¿Dónde estabas, Julio, cuando la Iglesia publicó la Carta Pastoral
sobre la Tierra, allá en el año 2000? ¿Podrías tomarte la molestia de
releerla y comprobar lo que ustedes dijeron en esa carta? Ahí hablan
de "formas de esclavitud disfrazadas", de modo que no puedes decir que
en tu última homilía te referías a la esclavitud como modo de
producción al estilo de la Roma antigua (o de la Europa cristiana y
colonial no tan antigua), con cadenas y subastas de esclavos; fueron
ustedes los obispos quienes calificaron de esclavitud disfrazada lo que
sigue ocurriendo en nuestro país con las llamadas "comunidades cautivas"
. ¿Qué es si no ese régimen de hacienda con trabajos duros y
prolongados (incluso para niños) a cambio de comidita? ¿Y ese sistema
criminal de amarrar a la gente con endeudamientos impagables? ¿Cómo te
explicas la impunidad con que esos hacendados (probablemente católicos)
se permiten castigar físicamente, y hasta matar a sus peones rebeldes
sin que nunca pase nada? ¿Por qué no le pides al Defensor del Pueblo de
Chuquisaca el video sobre el asesinato del guaraní Miguel Cruz en la
hacienda de los López en Huacareta? ¿Por qué no pides información a los
varios sacerdotes que sí son solidarios con las comunidades cautivas y
que podrían darte datos y datos hasta hacerte llorar?
¿No lees los documentos de Naciones Unidas que afirman lo que tú
pretendes negar? ¿O es que para ti la ONU es también un nido de
agitadores inescrupulosos que se empeñan en dejar mal a algunos de tus
parroquianos del Oriente? ¿Es posible que tu nivel jerárquico te haya
alejado tanto de los pobres a quienes de joven defendías, hasta el
extremo de poner en duda lo que sólo los hacendados esclavistas se
atreven a negar? ¿Te imaginas a Jesús de Nazaret pidiendo pruebas de la
existencia de injusticias sociales? ¿Cuál es el Señor en que ahora
crees, Julio, Cardenal Terrazas? ¿A dónde se fue aquel cura
vallegrandino que defendía a los pobres y que era acusado de "
comunista" por los golpistas de los años setenta? ¿Qué vas a alegar en
el Juicio Final cuando el Padre te pida cuentas por no haber estado con
los pobres, los hambrientos, los enfermos, los inmigrantes y los nuevos
esclavos de tu pueblo? ¿O será que ya no crees ni el Juicio Final, ni
el Padre de Jesús?
Con mucha pena, pero todavía con la esperanza de que vuelvas a ser el
Julio de hace cuarenta años, te saludo y te convoco a que nos mires de
frente.
Rafael Puente Calvo
(15 de abril de 2008)

27 Abril 2008
El arzobispo, el clero y los cristianos en Granada
José Mª Castillo, teólogo

Moceop
El Ideal
Como es lógico, yo no soy quién para enjuiciar si la Audiencia Provincial de Granada tiene o no tiene razón al concluir que el arzobispo, Javier Martínez, actuó con “legitimidad” en las decisiones que tomó contra el canónigo Javier Martínez Medina.
Eso no es asunto de mi competencia. Y lo mejor que hacemos, quienes no somos competentes en el tema, es no echar más leña al fuego. Para dirimir asuntos de este tipo están los tribunales de justicia.
Por lo que acabo de indicar, se comprende que yo no diga ni palabra en un asunto del que no entiendo ni me corresponde. Lo que a mí me preocupa es otra cosa de la que creo que puedo y debo hablar.
Porque estoy convencido de que, si me callo ante lo que está ocurriendo en la archidiócesis de Granada, con mi silencio me hago cómplice del escándalo y el desconcierto que ahora mismo están sufriendo la mayor parte de los sacerdotes de Granada y muchos cristianos en nuestra ciudad y fuera de ella.
Insisto en que no le doy ni le quito la razón a nadie en cuanto se refiere al proceso judicial estrictamente tal. Lo que creo que puedo y debo decir es que, en la archidiócesis de Granada, se está viviendo una o a la buena voluntadsituación escandalosa, que está haciendo mucho da y a las creencias religiosas de muchas personas, que está erosionando, más de lo que ya está, la imagen y la credibilidad de nuestra Iglesia. Además, todo esto está provocando y acentuando sufrimientos que se tendrían que haber evitado hace tiempo.
Por supuesto, en esta situación escandalosa ha tenido mucho que ver el enfrentamiento judicial entre el canónigo y el arzobispo. Pero el fondo del problema, del malestar y del escándalo no está en eso. Lo que está ocurriendo el Granada es la punta del iceberg que indica un mal de fondo que es lo verdaderamente grave. ¿A qué me refiero?
Pienso que la raíz de éste, y de tantos otros males en la Iglesia, tiene su razón de ser en el sistema organizativo de la institución eclesiástica. Un modelo de organización que no se puede justificar ni desde el Nuevo Testamento ni desde la Tradición de la Iglesia durante más de diez siglos. La Iglesia se ha organizado como una monarquía absoluta.
El papa, como autoridad universal, y los obispos, como autoridades locales, pueden tomar las decisiones que crean convenientes. Y ante tales decisiones, nadie tiene derecho a rechistar. De forma que, si alguien se mueve, no sale en la foto. Es decir, el que no se somete incondicionalmente, que se atenga a la consecuencias.
El principio determinante del gobierno en la Iglesia es la sumisión y no el derecho. El vigente Código de Derecho Canónico tiene 1752 cánones. Pero, a la hora de la verdad, por encima de todos esos cánones, está la voluntad del papa que, con la Curia y los obispos, gobierna la Iglesia, sin posibilidad de apelación efectiva y garantizada. Es importante que la gente sepa que en la Iglesia nadie tiene derecho alguno, en el sentido propio de lo que hoy se entiende como tener un derecho.
Sólo quien puede poner una demanda, plantear una pretensión, tener una expectativa, con garantías de éxito, se puede decir que tiene un derecho. Pero eso no existe en la Iglesia. Ni en ella hay cauces de participación a la hora de nombrar o destituir a un obispo en una diócesis o a un párroco en una parroquia. Lo que funciona en la Iglesia es la ley de la sumisión, incluso en los casos en los que el obispo o el papa se niegan a escuchar o se desentienden de quien reclama algo que se ve como lo más razonable del mundo.
Y, como es lógico, la ley de la sumisión tiene como consecuencia la ley del miedo, del que se sigue el silencio. Todo esto, bien “argumentado” desde la absoluta y misteriosa “voluntad divina”, que lógicamente es inapelable y cuyos representantes únicos en la tierra son los jerarcas eclesiásticos, es el armazón inexpugnable de una institución que mantiene un poder que impresiona, pero que cada día tiene menos credibilidad.
Así las cosas, se entiende perfectamente lo que está pasando en Granada. Se entiende que a nuestra ciudad, sin consultar con el clero y los fieles, destinaran a un obispo que había tenido serios problemas en Córdoba, cosa que es pública y notoria. Se entiende igualmente que, una vez en Granada, el actual arzobispo siguiera teniendo problemas con sacerdotes e instituciones religiosas y civiles, lo que es también público y bien conocido. Se entiende que, cuando se produjo un enfrentamiento grave entre el arzobispo y un canónigo, a éste no le quedase otra salida legal que apelar a un tribunal civil. Se entiende además que, ante los hechos extraños que vienen ocurriendo en la archidiócesis de Granada desde que llegó el actual arzobispo, 132 sacerdotes hayan acudido al Nuncio suplicando una solución.
Se entiende también que, a estas alturas y con todo lo ocurrido, el Nuncio ni haya respondido ni le haya puesto remedio al caso. Además, también se entiende que los sacerdotes, que han acudido al Nuncio, lo hayan hecho en secreto, protegiendo ocultamente sus nombres. Como igualmente se entiende que el resto del clero secular y regular de Granada, sabiendo el daño que todo esto causa, se están callando, seguramente porque piensan que es mejor “no complicar más las cosas”.
Y por último, también se entiende que los cristianos de Granada se mantienen aún más pasivos y callados que el clero. Unos dicen que no entienden de estas cosas. Otros aseguran que esto es “cosa de curas”. Y lo más triste del asunto es que, dentro de unos días, en la procesión del Corpus, Granada entera se echará a la calle cantando “al amor de los amores”. Así el escándalo resultará tan solemne como ridículo.

imagen
PASTORES IMPUESTOS

BITTOR URAGA LAURRIETA, b-uraga@euskalnet.net

BILBAO (VIZCAYA).



ECLESALIA, 13/03/08.- Bittor era secretario del Consejo de Pastoral Diocesano de Vizcaya. Publicamos hoy en Eclesalia la carta que leyó el pasado 23 de febrero en la sesión plenaria del Consejo con motivo del reciente nombramiento del nuevo obispo auxiliar de su diócesis.

Queridos hermanos y hermanas: Me dirijo a vosotros con motivo del reciente nombramiento de obispo auxiliar que ha cogido por sorpresa a prácticamente toda la Iglesia de Bizkaia, para compartir algunas reflexiones y comunicaros mi decisión al respecto. De todas formas, quiero deciros antes de empezar que tanto esta como aquellas son absolutamente personales, si bien, por lo que he podido constatar, estoy convencido de que son compartidas por muchísimos de los que formamos la Iglesia en nuestra Bizkaia.

Yo me enteré, como muchos de vosotros, por televisión. En un primer momento de ingenuidad pensé que me había confundido e inmediatamente después me sentí culpable, creyendo que estaba incumpliendo el compromiso contraído al aceptar el cargo de secretario del Consejo de Pastoral Diocesano, pues consideré que tenía que haber estado al tanto de una noticia de ese calibre. Pero desgraciadamente no tardé mucho en comprobar que el problema no era yo: otras personas con mucho más conocimiento de la diócesis que yo y responsabilidades cotidianas en todos los ámbitos de la Iglesia de Bizkaia lo habían sabido sólo unas horas antes. Es decir, habían nombrado obispo sin consultar con nadie. Y creo que esto se puede decir así, porque, aunque evidentemente sí había en la diócesis quien supo de todo ello con anterioridad, es igual de cierto que no se ha cumplido ni de cerca el mínimo imprescindible para poder decir que habían consultado a alguien. De hecho, es bastante significativo el que el secretario del CPD –y os aseguro que no digo esto por razones personales—, es decir, el secretario del órgano más representativo del pueblo de Dios en la Iglesia de Bizkaia, se haya enterado por televisión.

No tengo nada que decir sobre este hombre que viene a nosotros como obispo, ya que es un perfecto desconocido para casi todo el mundo en Bizkaia y, claro está, también para mí. Sin embargo, sí tengo que manifestar que precisamente por ello, no me parece un buen comienzo: un vizcaíno que no ha estado aquí en el seminario ni ha ejercido como presbítero en esta iglesia local, sí quiere, en cambio, venir a Bizkaia como obispo, es decir, con mando. De esta manera queda desautorizada la trayectoria de nuestra Iglesia en los últimos años, tanto en lo que se refiere a los tímidos pasos hacia formas de ser más participativas y corresponsables (y digo "tímidos pasos", porque me reconoceréis que esto dista mucho de ser lo que la mayoría querríamos e incluso de los mínimos homologables con cualquier otra estructura social de nuestro entorno), sino también en lo relativo a la forma en que esta diócesis ha organizado su seminario y su presbiterio. Es decir: de un solo plumazo nos han desautorizado a todos, a los curas y a quienes no lo somos. Creo que se podría discutir sobre si es ético o no, pero hay que reconocer que es altamente eficaz. Sólo nos falta saber cuál es el objetivo último de todo esto.

Me parece, así las cosas, que este nombramiento constituye una falta de respeto para con la Iglesia difícilmente tolerable. Es más, si un poco más arriba dudaba de la condición moral de esa actuación; no tengo ninguna duda, en cambio, sobre que no es en absoluto acorde con las enseñanzas del Señor. En concreto creo que se puede decir que aquí se ha aplicado exactamente lo contrario de lo que nos dice el evangelio: “Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser así entre vosotros” (Mt 10, 42-43): es decir, quienes tenían la responsabilidad de ese nombramiento se han comportado como si fueran señores absolutos y han ejercido su poder para imponernos por segunda vez consecutiva un obispo, de manera que a nosotros y nosotras no nos queda más remedio que decir algo parecido a lo que decía aquel catecismo preconciliar: “No me preguntéis a mí, que soy un borrego; pastores tiene la Santa Madre Iglesia que sabrán disponer”. Lo siento. A mí me resulta mucho más cercano al Reino de Dios que Jesús proclamó, aquello que decía San Pablo: “No extingáis el Espíritu. No despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno” (1Tes 5, 19-21). Creo que es más acorde con el mensaje de Jesús, sobre todo en los tiempos que vivimos.

Por todo lo que os he dicho, he decidido dimitir de mi cargo de secretario. No abandono el CPD, que es el órgano de participación del que se dotó nuestra Iglesia. Seguiré en él intentando, entre otras cosas, oponerme a esta especie de despotismo ilustrado –“Todo para el pueblo pero sin el pueblo” ¿recordáis?— que, dicho sea de paso, no por ser ilustrado es menos déspota y, por tanto, antievangélico, a no ser que entre todos y todas pensáramos que una dimisión en bloque es una respuesta adecuada a este trato que estamos recibiendo (y repito, no es nada personal, sino que me parece que no debemos admitir que se trate así a la Iglesia). Pero creo que es diferente participar en la Iglesia de ocupar cargos en su gobierno; y me parece que no debo legitimar con mi presencia en este cargo actuaciones como la que acaban de perpetrar. Así, os escribo esta nota para que sepáis que próximamente –lo notificaré oficialmente en su momento- dejaréis de verme sentado en el lugar del secretario y por qué.

Estas líneas van dirigidas a vosotras y vosotros, como os decía al principio, ya que sois quienes me elegisteis para el cargo de secretario, pero voy a mandar copia de ellas a alguna gente con la que tengo cierta confianza y también os autorizo, por supuesto, a mostrarlas a quien os parezca oportuno. Será la forma de invitar a cuantos ocupan cargos en la diócesis –y me permito dirigirme absolutamente a todas y todos, empezando por los vicarios, a los que me dirijo especialmente ahora- a considerar su postura, a este respecto: ya hemos visto lo que da de sí el posibilismo, el creer que entre todos podemos reconducir algunas cosas, el pensar que si nosotros lo dejamos, quien venga detrás puede ser peor. Para hacer un buen vino no es suficiente una buena barrica, sino que hace falta buena uva y desencadenar procesos internos que controla conscientemente el enólogo. De la misma manera, no vamos a tener un gobierno de la diócesis acorde a las necesidades reales de la Iglesia de Bizkaia sólo porque ésta sea una “buena barrica”. También nos puede suceder que, a pesar de estar hecho en nuestra barrica, el vino resultante sea del gusto de otros pero a nosotros nos resulte inaceptable. Cada quien sabrá lo que tiene que hacer y no pretendo prejuzgar ninguna decisión, pero sí quiero pedirles que lo piensen y lo recen.

El Concilio Vaticano II dejó claro que la Iglesia no es una sociedad desigual, en la que por deseo de Dios unos mandan y otros obedecen, y que los cristianos no somos un rebaño de ovejas dirigidas por pastores, por mucho que algunos hayan interpretado el sentido de su oficio de pastores tan literalmente como para pensar que los demás somos sólo borregos, sino un pueblo de sacerdotes, profetas y reyes en el que todos los fieles tienen la misma dignidad. Soy consciente de que el Concilio es todavía relativamente reciente y de que la Iglesia necesita más tiempo para su recepción. Creo sin embargo que es hora de que proclamemos esto en voz alta con palabras y con hechos ante quienes quieren volver atrás, hacia las posiciones de los que perdieron en el Concilio, porque el respeto en el trato a la dignidad de todos es condición indispensable para poder transmitir el mensaje de Jesús en esta sociedad europea occidental de principios del siglo XXI. Estoy convencido de que esta proclamación es una contribución indispensable para que la recepción del Concilio se lleve a cabo y para que la Iglesia pueda sobrevivir en nuestro entorno. Un abrazo fraterno. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


¿Están algunos de nuestros obispos traicionando la neutralidad política?
Foro de Curas de Madrid

TEMA 2
¿Están algunos de nuestros obispos traicionando la neutralidad política?
Según leemos en el Vaticano II, “los ciudadanos pueden legítimamente inclinarse hacia soluciones (políticas) diversas”, “la determinación de los regímenes políticos y designación de los gobernantes se dejan a la libre decisión de los ciudadanos”, “las múltiples modalidades de la política deben siempre tender a formar un hombre, culto, pacífico y benévolo respecto a los demás” (GS 74).
Pluralidad de modalidades y no recabamiento de una de ellas por invocación de la autoridad eclesiástica:
“Los cristianos deben mostrar con los hechos cómo pueden armonizarse las ventajas de la unidad con la diversidad, reconocer la legitimidad de opiniones discrepantes y respetar a los ciudadanos que, aun como grupo, defienden su manera de ver” (GS 75). “Con frecuencia sucederá que la misma visión cristiana de las cosas les inclinará en ciertos casos a determinadas soluciones: otros fieles, sin embargo, guiados con no menor sinceridad, como sucede con frecuencia, y con todo derecho, juzgarán sobre lo mismo de otro modo. Y aunque las soluciones propuestas por unos u otros, al margen de su intención, por muchos sean presentadas como derivadas del mensaje evangélico, recuerden que a nadie le es lícito en esos casos invocar la autoridad de la Iglesia en su favor exclusivo. Procuren siempre, con un sincero diálogo, hacerse luz mutuamente, guardando la debida caridad y preocupándose, antes que nada, del bien común “(GS 43)
Después del Vaticano II, la Iglesia española había avanzado mucho en este sentido. El cardenal Enrique Tarancón marcó un hito en el empeño de cumplir las pautas del Vaticano II, de modo que ningún partido político pudiera apropiarse de la autoridad de la Iglesia, mostrando de hecho su imparcialidad y libertad.
Los obispos españoles quisieron hacer suya esta postura y caminar por ella hacia el futuro: “Los obispos pedimos encarecidamente a todos los católicos españoles que sean conscientes de su deber de ayudarnos, para que la Iglesia no sea instrumentalizada por ninguna tendencia política partidista, sea del signo que fuere. Queremos cumplir nuestro deber libres de presiones. Queremos ser promotores de unidad en el pueblo de Dios educando a nuestros hermanos en una fe comprometida con la vida, respetando siempre la justa libertad de conciencia en materias opinables” (Asamblea Plenaria, (17ª), 1973).
Estos criterios señalados por la doctrina conciliar son puntos a cumplir: “1. La Iglesia no se confunde con la comunidad política ni está ligada a ningún sistema político determinado. 2. Comunidad política e Iglesia, aunque independientes y autónomas en sus propios campos, están al servicio de los hombres y deben mantener una sana colaboración entre sí. 3. La Iglesia no pone su esperanza en los privilegios que le ofrece el poder civil” (GS 75). 4. Los seglares no piensen que sus pastores serán siempre tan competentes que hayan de tener al alcance una solución concreta para cada problema (GS 43).
El retroceso sobre esta postura ha sido en los últimos años un escándalo para muchos cristianos. La gente acaba viendo que una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. Como hacía tiempo no ocurría, algunos obispos han salido a la calle participando en manifestaciones en contra de leyes del Gobierno actual.
Una opción política no es una opción evangélica, pero ellos han propiciado una opción política partidista (PP), prestándole autoridad y bendición y han descalificado la del PSOE, con lo que automáticamente se han convertido en factores de división.
Valga un ejemplo: “Con el Gobierno Zapatero, la aconfesionalidad (Cons. Art. 16) se quiere interpretar en el sentido de un laicismo excluyente que no aparece en nuestra Constitución. Se pretende imponer el laicismo estricto como ideología dominante y excluyente. No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto la Iglesia católica y del mismo cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián, Situación actual de la Iglesia : algunas orientaciones prácticas, Madrid, ITVR 29, Marzo, 2007).
Los obispos, como cualquier otro ciudadano, pueden tener sus preferencias políticas; pero como obispos, no pueden exhibirlas ni defenderlas en beneficio de un partido. Anularían automáticamente su misión de animar y preservar la unión de la comunidad. “Deben reunir la familia de Dios como una fraternidad, animada hacia la unidad”(LG 28).
No les vale pensar que en este caso obran en virtud de un imperativo de su conciencia, que les obligaba a actuar en contra de “leyes injustas”. Esas eran leyes humanas, cuya valoración, debate y aprobación corresponde al Parlamento y a la responsabilidad de un Gobierno elegido democráticamente por voluntad mayoritaria de los españoles. Y si, en conciencia, creen que tienen que pronunciarse sobre un punto concreto, en conciencia también deben atender y respetar el sentir de la comunidad sobre ese tema. Y si en la comunidad aparecen posiciones plurales, entonces ellos no pueden decantarse por una de las partes, so pena de negar la pluralidad legítima, ejercer una competencia abusiva y anular su misión unificadora.
Todo lo dicho apunta al fondo de la cuestión. Bastantes miembros de la jerarquía parecen no aceptar el cambio que ha supuesto para la Iglesia el concilio Vaticano II, y añorando la cristiandad de otra época, la traen a cuestas y se sienten incapaces de asimilar el nuevo humanismo del Vaticano II. Seguramente a muchos de ellos les resultarían sospechosas estas palabras de no saber que han sido promulgadas por el mismo concilio: “La autonomía de la persona se robustece a la luz del Evangelio, toda esclavitud es contraria al Evangelio, la dignidad de la conciencia y la libertad son cosas santas, la Iglesia reconoce que el tiempo actual promueve mucho los derechos humanos y necesita de un modo particular de la ayuda de quienes viven en el mundo y conocen sus diversas instituciones y disciplinas, le queda mucho por aprender y madurar en sus relaciones con el mundo, todos los cristianos deben prepararse para sostener de una manera decorosa un diálogo con el mundo y con los hombres de cualquier opinión …. (GS 35-40).
La realidad nos da a entender que persiste todavía un clericalismo, amasado por siglos, que identifica la Iglesia con el clero y la identifica con el poder hegemónico, si no absoluto, que ese clero ha ejercido en largas épocas de la historia. Ese poder es el que parecen añorar y desde el que todavía pretenden gobernar hoy. El poder ensoberbece y más cuando se cree ejercerlo en nombre de Dios. Entonces, la razón, el argumento, la llana verdad del pueblo y del sentido común, el caminar a ras con el pueblo, el dejar a un lado privilegios y prepotencias, resulta imposible y se monta el espectáculo de impulsar manifestaciones y otras acciones, con el fin seguramente de conservar la esencia del Evangelio, el sagrado patrimonio cultural católico, cuando en realidad de verdad se defiende un modelo o forma de vivir el cristianismo, que tiene mucho que ver con el régimen de cristiandad, propio de otras épocas, y que no puede responder al momento histórico y sociocultural actual: “Las condiciones de vida del hombre moderno han cambiado tan radicalmente en sus aspectos social y cultural, que hoy se puede hablar de una nueva era de la historia humana” (GS, 54). “La Iglesia que, ha vivido en variedad de condiciones y ha sabido emplear los hallazgos de las culturas diversas de la historia, no se siente ligada exclusivamente o indisolublemente a ninguna raza o nación, a ningún género particular de costumbres, a ningún modo de ser, antiguo o moderno y puede entrar en comunión con las diversas civilizaciones. Por esa razón, la cultura, que evoluciona constantemente, requiere una justa libertad para desarrollarse y goza de una específica inviolabilidad” (GS, 58).
Es el mismo concilio, quien hace este diagnóstico: “El cambio de mentalidad y de estructuras plantea, frecuentemente, la revisión de todo lo que hasta ahora se consideraba un bien. Las instituciones, las leyes y los modos de pensar y sentir heredados del pasado, ya no siempre parecen adaptarse bien al estado actual de cosas… La humanidad pasa de una concepción estática de la realidad a otra más bien dinámica y evolutiva, que plantea una serie de problemas que requieren la búsqueda de nuevas soluciones y síntesis” (GS, 5).
Estas palabras impulsan hacia delante y no hacia atrás, proponen un cambio poco menos que radical en el modo de vivir y presentar hoy el cristianismo. La ignorancia, más que nada, -aunque no sólo- hará que unos miren al pasado y otros hacia el futuro.

============================================
imagen
DEMOCRACIA EN LA IGLESIA


La jerarquía de la Iglesia católica va a realizar unas elecciones para elegir a su Presidente. No sabemos hasta qué punto puede llamarse democrática. Estos obispos no han sido elegidos por la ciudadanía católica. Y ahora se eligen entre ellos mismos excluyendo de entrada a los católicos y católicas de a pie.
Todos sabemos que la organización de la Iglesia tiene una estructura jerárquica y vertical, no democrática ni horizontal. Por eso, se trata de la elección del presidente con un tipo de democracia muy especial, si es que se le puede llamar democrática.

Además, el Jefe supremo de la Iglesia es el Jefe de Estado del Estado de la Ciudad del Vaticano. Este Pontífice Supremo tiene un poder total, propio de una Monarquía absoluta (cánones 331 y 333). Y como tal Jefe de Estado no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, como la han firmado otros jefes de Estado.

En este momento es urgente que la Jerarquía de la Iglesia se ponga al día en los Derechos Humanos. Si no pueden defenderlos, es porque el Papa no los ha firmado, y por tanto, no pueden tener credibilidad. Los fieles no tienen garantías de que sus pastores defiendan sus derechos dentro de la Iglesia, entre otras cosas porque niegan el derecho a la igualdad entre hombres y mujeres. Si algo tienen que hacer ahora los obispos es defender los Derechos Humanos, mucho antes que defender otros temas de menor importancia. Los Derechos Humanos son sobre todo los derechos de los pobres y la dignidad y los derechos de todos los pueblos de la tierra Es algo previo y fundamental. ¡Qué lejos se sienten los ciudadanos y ciudadanas creyentes de esa jerarquía tan encumbrada y tan distante! ¿Acaso les preocupa este problema? ¿Tienen en cuenta este punto de vista, o en esta elección lo que les preocupa fundamentalmente es ver lo que agrada a Roma?


José María García-Mauriño
Cristianos por el Socialismo
26 de Febrero de 2008


imagen
Elena Sanz
Presentada una mujer como candidata a la presidencia de la Conferencia Episcopal

Eliza Gara Bizkaia

Iglesia 2.0

El Próximo mes de marzo se celebrará la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cuya misión principal será elegir nuevo Presidente, Vicepresidente y cargos ejecutivos.
Desde el colectivo Eliza Gara Bizkaia vamos a iniciar una campaña en la que presentamos a una mujer como candidata a la Presidencia de la Conferencia Episcopal Española. A través de ella exigimos una participación real y basada en la igualdad que permita una estructura democrática, a la vez que denunciamos la invisibilización de la mujer en ella.
Hemos llamado “Iglesia 2.0” a nuestra candidatura, y la candidata se llama Elena Sanz, y vive en Bilbao.
Aquí viene detallado el programa electoral que hemos elaborado:
Trabajaremos por una Iglesia…
1.… que destine sus infraestructuras y riquezas acumuladas hacia mejoras sociales de los más empobrecidos. Las cuentas se mostrarán claras y transparentes, perfectamente auditadas.
2.… que impulse el Sacerdocio universal.
3…. democrática, participativa, donde todos y todas podamos trabajar corresponsablemente.
4.… que eliminará el celibato obligatorio siendo este una opción personal.
5.… en la que resaltaremos la afectividad y no la sexualidad. Apostamos por una iglesia que sea acompañamiento en todos los procesos tales como el noviazgo…
6.… que acoge, que no excluya, dejaremos a un lado las prohibiciones sin posibilidad de dialogo y las normas que limitan y frenan.
7.… comprometida con la sostenibilidad.
8.… que comparta con otras culturas. Fomentaremos que los inmigrantes sean miembros activos de la comunidad y no solo meros usuarios. Se adecuarán el lenguaje o los símbolos dentro de las parroquias.
9.… que promoverá la creación de una coordinadora ecuménica con el fin de no quedar en actos simbólicos sino trabajo conjunto que dé frutos.
10.… que esté en la calle trabajando por el bien común con todos los colectivos, “la lucha de la gente es la lucha de la iglesia”
(más información en el blog)
CÓMO COLABORAR EN LA CAMPAÑA:
- Difunde este mensaje
- Ve al blog de Iglesia 2.0 y Deposita tu voto
- Recogemos adhesiones de apoyo en la dirección elizagara@gmail.com, y las iremos publicando
- Deja un comentario en el blog
- …

imagen
:
DOMINGO IV DURANTE EL AÑO, 3 de febrero de 2008
(So 2,3;3,13; 1Co1,26-31; Mt 5,1-12a)

Fray Jacint Duran i Boada


El viernes cuando miré los diarios leí la primera página de “LA VANGUARDIA” y del AVUI, y en los dos lugares ponía: “Los Obispos de Catalunya se desmarcan, se apartan de la nota hecha por la Conferencia Episcopal”. Bien, eso es bueno, pensé... Al atardecer fui al convento de la Ayuda, y pasé por un quiosco,fui a ver “ El Periòdico”, y en primera página decía: “Los Obispos de Catalunya ratifican, -no rectifican-, ratifican, la nota hecha pública por la “Conferencia Episcopal Española”. Bien, en que quedamos? Ratifican, o rectifican? A favor o en contra?
Tuve la suerte o la desgracia de poder estar el viernes con un grupo de religiosos y religiosas, que éramos Provinciales y Provincialas, que habíamos de tener una mañana de diálogo que anualmente se hace con los señores Obispos, en este caso en Vic. Los Provinciales y Provincialas se dedican a hablar con los Obispos de diferentes problemas y cosas. Pues bien, esta mañana precisamente estábamos en Vic y, ya os podéis imaginar que todo giró entorno a este hecho. Por lo tanto, después de haber pasado la mañana con todos ellos, entendí las dificultades de los diarios para ponerse de acuerdo, porque realmente es muy complejo. Ya que las afirmaciones a favor y en contra se iban alternando; pero se realizó, creo yo, en un clima de auténtico diálogo, eso es cierto: de profundo diálogo, tanto por parte de los Provinciales y las Provincialas. De auténtico diálogo y, también, de profunda preocupación, porque constantemente sonaban los teléfonos de los Obispos, les llamaban de los medios de comunicación y, los que es peor, porque les iban comunicando que en sus obispados, había una lluvia continuada de apostasías. A pesar de este ambiente de preocupación, se creó un clima de diálogo muy serio y muy abierto.
Y, de todo ello saqué diferentes conclusiones que os quería comunicar. La primera es que hubo un Obispo que quiso como resumir lo que habían dicho los otros Obispos y Provinciales en aquel encuentro.
Primero: había una opinión muy general entre todos los asistentes de que, aquel Documento de la permanente de la conferencia episcopal en el momento en que estaba hecho, no era nada adecuado, además de inoportuno. Y ese era el consenso general.
Segundo: El contenido del Documento, era evidente para la mayoría de la Asamblea, que era también inadecuado. Eso lo dijo un Obispo clarísimamente y lo confirmaron los de su entorno.
Tercero: Y no sólo el contenido y el momento, sino la forma de hacerlo no era el más adecuado para un documento pastoral.
Y eso que os digo no era la opinión personal de uno u otro, sino que era la opinión general entre Obispos, Provinciales y Provincialas.
Entonces uno se pregunta:¿ Por qué no se manifestó todo eso claramente? Me parece que por un motivo bastante evidente, porque los Obispos se encuentran entre dos fidelidades, ¿cuáles? La que han de y deben tener ante la comunidad cristiana, ante sus fieles, y las que deben tener ante la Conferencia Episcopal.¿ Me Explico? No pueden ponerse en contra de lo que dice la conferencia, y ven que no sintonizan con muchas cosas de sus comunidades, pero no pueden ser coherentes con lo último sin romper con lo primero.
A mí me reportó una doble sensación esta reunión: la sensación de que la relación con los Obispos y con los superiores religiosos y religiosas, era de una cierta armonía, y que no me sentía lejos de su parecer, pero entristecido porque no se manifestaba eso, y por lo mismo, el hecho de no Manifestarlo, hace que mucha gente viva su fe de una manera muy dolorosa, y que haya muchos que se van apartando. Y esto es muy serio.
Nuestros Obispos opino que tendrían que tener la valentía de decir lo que piensan, y aunque haya discordancias, manifestarlas, pues no ocurre nada. No se trata de discordancias sobre la fe en Jesucristo, de la fe en el Credo: este Documento es absolutamente secundario y opinable.
Uno de los Obispos se manifestó con una frase que me pareció muy coherente, dijo: “La Iglesia no está aquí para hacer leyes, ni para organizar la sociedad, está para cambiar personas, su corazón, y si nos empecinamos en imponer las leyes, lo único que conseguiremos es que la gente se ponga en contra de la Iglesia, y lo que es peor, acabe rechazando a Jesucristo”. Eso lo decía un Obispo.
Hubo un Provincial que recordó los cuatro puntos del Papa Juan Pablo II, en el documento sobre la evangelización, y que tendría que tener presente la Iglesia en este momento. Estos puntos para evangelizar nuestro mundo tendrían que ser:
Primero: Coherencia de vida. Segundo: la construcción de la comunidad cristiana. Tercero, la transformación del mundo. Cuarto: saber tener una actitud profética ante la injusticia.
Lo primero es, una vida que sea coherente, que sea ejemplar, concerniente a mí, a ti y a ti, y a cada uno de nosotros, y que hace referencia al hecho de las Bienaventuranzas. No se trata de hacer una actitud totalmente perfeccionista, sino de asumir ser testimonios de felicidad. “Felices los pobres... Felices los humildes... Felices...” Es la palabra que repite Jesús: Felices! Y ser testimonios, de que es posible la felicidad, una felicidad, sencilla con una felicidad arriesgada, testimonios de una felicidad sencilla y arriesgada. Por qué? Porque se ha encontrado el “Tesoro escondido”, como dice Jesús. “Se ha encontrado el Tesoro escondido que muestra donde está la plenitud de mi vida.
Construir comunidades, pero construir comunidades que no tengan como punto de referencia reconstruir la “cristiandad”. Eso los Obispos lo iban repitiendo a menudo en el encuentro de Vic. Tenemos que sacar de nuestras mentes el mirar hacia atrás, es preciso volver a las comunidades de que hablaba la lectura de hoy de San Pablo a los de Corinto: Cuanto '' hay entre vosotros de sabios y entendidos, de importantes... Aquello que el mundo rechaza, es aquello a lo que Dios llama. Una comunidad que sea consciente, no de su potencia, no de su fuerza, sino de quién les a llamado a ser testimonios de Dios, de Jesús.
Y transformadores del mundo, pero -decía un Obispo- no se combate la oscuridad luchando contra la oscuridad, sino abriendo la ventana para que entre la luz. Transformaremos el mundo mostrando a Jesucristo, Él es la luz, siendo ciertamente proféticos y denunciando la injusticia, pero no convirtiendo a la Iglesia en la suegra de la sociedad, sino poniendo la alternativa, y esta alternativa es Jesucristo.
Alegraos en El y haced fiesta, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Y este cielo no es un lugar, es Alguien, Dios, que en Jesucristo ha venido a nosotros y ha hecho accesible esta felicidad que transforma en testimonios de felicidad sencilla y arriesgada.

Texto traducido del catalán por Juan Hernández Jover

imagen
CREER SIN IMPONER

"Mirad a mi siervo... No gritará, no clamará, no voceará por las calles...”.

BRAULIO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ

TRES CANTOS (MADRID).



ECLESALIA, 17/01/08.- El famoso texto, de Isaías, nos anuncia la llegada de un personaje importante, atípico, nada catastrofista. Anunciado y presentado como el siervo, Jesús es la antítesis del poder religioso, de esos príncipes de la Iglesia que, en sus parcelas de poder, actúan como señores feudales, aspirantes a monarcas absolutos. Porque un siervo nunca impone. Según los evangelios, “Jesús no enseñaba como los letrados, sino con autoridad” (Marcos 1, 21-28). Más sensible a la compasión que a la condena, hoy Jesús lo tendría tanto o más difícil que en su época. Como ciertos teólogos, puestos en el punto de mira de la Congregación para la doctrina de la fe, él también levantaría sospechas. Casi seguro que tampoco le confiarían ninguna cátedra en una universidad de la Iglesia.

En la polémica manifestación Por la familia cristiana del pasado 30 de diciembre (para un sector mayoritario de ciudadanos fue un acto politizado, según una encuesta), uno de sus oradores (“el más aplaudido”), famoso líder laico de un conocido movimiento neoconservador, llegó a decir, en tono apocalíptico, que los gobiernos ateos y laicos quieren destruir la familia. Curiosamente, este líder fue designado a dedo para pintar los frescos de la catedral de la Almudena; un trabajo a destajo, para que todo estuviera a punto el día de la boda real de doña Letizia, divorciada, y el Príncipe D. Felipe, el heredero de la Corona. (“Agua hubo mucha, pero faltó el vino del evangelio”, recuerdo que dijo un cura, nada sospechoso de integrista). En similar tono catastrofista se pronunciaron los tres cardenales que parecen marcar el paso de la Iglesia oficial en España. Para el cardenal que convocó la macro manifestación, “La salvaguarda del matrimonio” es el “principal problema social” en el que debe volcarse la Iglesia.

Llama poderosamente la atención, que, los mismos que acusan al actual Gobierno de querer destruir a la familia, la indisolubilidad del matrimonio entre un hombre y una mujer, hagan excepciones y no pongan impedimentos para que una persona divorciada, si su matrimonio fue por lo civil, pueda romper su antiguo vínculo de fidelidad (por tanto, ir contra la ley natural que tanto predica la Jerarquía) y pueda volverse a casar “por la Iglesia”. ¿Acaso no hay aquí fariseísmo eclesial? ¿Acaso estos “apaños” o filigranas del derecho canónico no pueden escandalizar la fe de los sencillos? ¿Acaso no fue válida aquella boda “civil” de Caná de Galilea?

En la manifestación por la familia cristiana, otro flamante cardenal (en su día un cura “progresista”, colaborador del carismático y renovador cardenal Tarancón; ahora, un apóstol del nacional catolicismo), declaró que, con la política del actual Gobierno de España sobre la familia, nuestra democracia está en peligro. Estas salidas de tono de algunos príncipes de la Iglesia (“una de las sociedades democráticas menos imaginables” dice J. L. Cebrián), hace que muchos cristianos no se sientan representados por estos pastores. "La obsesión persecutoria, la repetición de mensajes poco articulados... confirman que (la manifestación por la familia) fue un mitin electoral encubierto" (El País).

Ciertamente, cuántas “barbaridades” podemos llegar a decir cuando “perdemos” la memoria.

Un creyente lamentaba semejantes declaraciones, y puntualizaba que la democracia no es un invento cristiano, sino gentil, de los griegos. También pedía por la conversión de estos pastores. Ciertamente, la Jerarquía, ahora que ya no tiene aquel poder, casi omnímodo, sobre las conciencias, y sobre los Gobiernos, está empeñada en hacernos creer (a base de repetirlo) que en España la Iglesia, la familia, están perseguidas. Lo viene diciendo desde poco después de que las urnas eligieron al actual Gobierno (de izquierdas), en cuyo programa había un compromiso de promover leyes para extender derechos. La crispación de la derecha se amplificó con la crispación de algunos cardenales y obispos. “Desde los púlpitos no se puede condicionar la política, ni faltar a la verdad o al respeto afirmando que en España la familia o la democracia están en peligro” ha contestado María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta primera del Gobierno. Hay como una doble vara de medir en la jerarquía, los pecados son más pecados cuando quienes gobiernan son más laicos.

“Jesús no impone, Jesús nos hace libres... Y ser suave en las formas, y dialogante con lo diferente, no quiere decir que uno tenga menos firmeza en las convicciones” decía hace unos días, en una celebración de la fe, un amigo creyente que declaraba sentirse “un hombre nuevo” gracias a la iglesia renovada que alumbró el Concilio. Como dice un cura, “ciertamente, no podemos imponer a los demás nuestra visión, pero sí manifestarla. En la conciencia cristiana, la vida humana es sagrada desde el comienzo: ‘Cuando en lo oculto me iba formando..., mi embrión tus ojos lo veían’ (Sal 139)”. Para vivir esto, no hay que salir a la calle a manifestarse con pancartas, ni bandeas vaticanas. Y menos aún perseguir a cristazo limpio a las mujeres que optan por ir a las clínicas. Como decía Ricardo Blázquez, Presidente de la Conferencia Episcopal Española: “No es sencillo ser cristiano en este mundo, pero la Iglesia no está siendo perseguida”.

Cada vez es más apreciable que hay una vuelta al integrismo, una añoranza de aquellas misas en latín, de espaldas al pueblo; un retorno al sistema medieval de cristiandad, donde todo ciudadano (o súbdito) se identificaba necesariamente como cristiano, donde era inimaginable que alguien pudiera declarase agnóstico o ateo. José María González Ruiz, uno de los mayores impulsores del Concilio Vaticano II, y gran impulsor del diálogo entre el cristianismo y el ateísmo, concretamente con el marxismo, llegó a decir que el Concilio Vaticano II fue “la tumba de la cristiandad”. Como suele recordar un cura, gran defensor del Concilio, de volver a las fuentes, a la Iglesia primitiva de las comunidades vivas: con el Concilio Vaticano II la Iglesia deja de ser iglesia de cristiandad para convertirse en comunidad, en medio del mundo.

La muerte prematura de Juan Pablo I dio paso a unos de los pontificados más largos de la historia, el de Juan Pablo II. Al restaurar la Iglesia de cristiandad, la Iglesia se convierte de nuevo en monolítica, nada plural: una abrumadora mayoría de los obispos y cardenales actuales fueron nombrados por él. Al contrario que Pablo VI, Juan Pablo II fue el “hombre sin dudas” que “dejó la herencia de una jerarquía, vuelvo a citarles al Nobel Soyinka, que aspira a la incursión de la religión en el amplio dominio de todo lo secular, apropiándose del terreno de la ética, las costumbres y la conducta social” (José Martí Gómez, Carta abierta a la Conferencia Episcopal, cadena SER).

El tono catastrofista de la Jerarquía española, según el cual las “las leyes vigentes” van en dirección contraria “a la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, y “llevan a la disolución de la democracia”, me hacen recordar la valentía y clarividencia del papa Juan XXIII, refiriéndose a aquellos profetas de calamidades, que "inflamados de celo religioso, carecen de rectitud de juicio y de ponderación... sólo ven ruinas y desastres y anuncian siempre infaustos sucesos". Profetas que quieren erigirse como los únicos intermediarios entre Dios y el pueblo, puntualiza un cura quien (a propósito de la manifestación por la familia cristiana) nos recordaba muy oportunamente “la hipocresía institucional..., que dispensa ampliamente y con fervor divorcios camuflados bajo capa de nulidad”.

Como decía el teólogo José María González Ruiz: "La Iglesia no ha recibido de Cristo una misión de producir técnicas políticas, sociales o culturales..., por eso no tiene por qué crear una política cristiana, una cultura cristiana, una sociedad cristiana, un Estado cristiano, ni siquiera un partido cristiano" (J. L. Cebrián, El País, 10/0108). Jesús que puso en evidencia a los integristas de su época, llamándolos “sepulcros blanqueados” y cosas más fuertes, “no enseñaba como los letrados, sino con autoridad”. No tenía una doble vara de medir. Porque, hablando de la defensa de la familia, ¿acaso podemos olvidar que por el mismísimo Vaticano han pasado, y recibido la bendición papal, en audiencia privada, divorciados de muy alta alcurnia... (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

imagen
‘UNA PALABRA DE ALIENTO’

Comunicado de José Antonio Pagola sobre los escritos contra su libro “Jesús. Aproximación histórica”

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).



ECLESALIA, 07/01/08.- En los primeros días de este nuevo año de 2008, han aparecido publicados en la página web de la diócesis de Tarazona diversos escritos contra mi libro «Jesús. Aproximación histórica» y contra mi persona. Son cinco firmas diferentes, pero repiten al unísono la misma condena utilizando incluso las mismas frases y expresiones. Como es natural, son muchos los que me preguntan cómo estoy, cómo lo estoy viviendo y qué esta sucediendo. A todos los que, en estos momentos, se interesan por mí y sufren conmigo les quiero decir una palabra de aliento.

1. Lo primero que quiero expresaros es que, en el fondo, todo esto me está haciendo bien. Me purifica, me obliga a agarrarme a Jesús y me está llevando a identificarme un poco más con él. Si acierto a vivirlo desde Jesús, esto puede ser una gracia grande para mí, la gran oportunidad de entregarme totalmente a él y seguirle fielmente hasta donde sea necesario.

2. Estoy tratando de vivir todo este proceso desde dentro. Pocas veces había orado con tanta verdad ciertos salmos. Pocas veces había celebrado la eucaristía tan identificado con ese Jesús «entregado» por los demás. Estoy repitiendo mucho el salmo 86: en estos momentos me parece escrito especialmente para mí. Durante el día, repito esas invocaciones breves que aparecen en los evangelios y que me ayudan a vivir unido a Jesús. «Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero». «Te seguiré adonde vayas». «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». «Padre, si es posible, pase de mí este cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»… En fin, hago lo que puedo. En Jesús encuentro fuerza y paz. ¿Qué importa que me consideren hereje y arriano? Sólo Dios, ese Dios encarnado en Jesús, conoce lo que hay en mi corazón.

3. Algo que estoy trabajando mucho dentro de mí estos días son los sentimientos hacia quienes me condenan. Estoy escuchando desde dentro las palabras de Jesús a sus seguidores: «No juzguéis a nadie… No condenéis a nadie. Perdonad». Conozco bien los sentimientos de Jesús. Por eso rezo por los que me rechazan. Lo hago con nombres y apellidos. Pienso de verdad que, en el fondo, no saben lo que están haciendo. No quiero dejar entrar en mi corazón reacciones, sospechas, prejuicios o sentimientos que nunca saldrían del corazón de Jesús. Le pido a él que me ayude a poner un poco de luz, de cordura humana y de sensatez evangélica en este tipo de conflictos que, en buena parte, brotan a causa de la profunda crisis que estamos sufriendo todos, sin saber exactamente cómo caminar hacia un futuro más fiel al Evangelio.

4. Quiero vivir todo esto desde una actitud de conversión a Dios. Con ser muy importante, creo que nuestro problema principal no es la precisión teológica en la formulación de la doctrina de la Iglesia. Lo primero es despertar y potenciar nuestra conversión a Dios, siguiendo de cerca los pasos, las actitudes y el espíritu de ese querido Jesús en el que se ha encarnado y revelado. Creo que, alimentando entre nosotros la mutua descalificación y condena, no estamos caminando hacia la conversión que necesitamos en la Iglesia.

5. Naturalmente, estoy sufriendo. Es normal. Sufro, sobre todo, al ver sufrir a las hermanas con las que vivo, a mis seres queridos, a mis amigas y amigos. A veces, no sé que decirles, ni cómo explicarles lo que está sucediendo. A algunos los veo desconcertados y apenados. Se me parte el alma. Pienso también en lo que pueden sufrir pronto el obispo de Tarazona y quienes me condenan, al menos si leen y escuchan lo que se está diciendo contra ellos. ¿Es necesario este tipo de sufrimiento? ¿Es el sufrimiento exigido por nuestra conversión a Jesús? No lo sé. Yo lo quiero vivir tratando de humanizarlo y orientarlo hacia la búsqueda de una Iglesia más fiel al evangelio.

6. Sufro al vivir en estos momentos una experiencia extraña que nunca antes había conocido. Siento que algunos sectores de la Iglesia quieren acallar mi voz y apagarla. Según ellos, hace daño a la Iglesia. Quiero escucharlos sinceramente para ver si me ayudan a ajustar mejor mi mensaje al espíritu del evangelio de Jesús. Por ahora, todo esto no me desalienta sino que me estimula. Jesús me está llevando a amar cada vez más a la Iglesia. Por eso, no me contento con una Iglesia cualquiera. La quiero ver cada día más fiel a Jesús, más llena de su Espíritu. Por eso, seguiré empeñado en esta tarea, escuchando a quienes me ayuden a vivir de manera más evangélica y aportando, por mi parte, mi pequeño «grano de mostaza». Por fin, Jesús me está dando fuerzas para amar más a la Iglesia que a mi propia tranquilidad, mi imagen o mi prestigio personal.

7. Mientras tanto, estos días voy preparando mi espíritu para responder a tanto ataque y condena. Quiero encontrar el tono evangélico adecuado y palabras buenas, claras, constructivas y esperanzadoras. Lo importante para mí no es defender mi libro. Es fruto muy querido de muchos años de reflexión y meditación, pero no deja de ser una aportación modesta dentro de la ingente tarea de conversión que le espera a la Iglesia en los próximos años, si quiere sobrevivir entre nosotros. Lo que busco es que no seamos los teólogos ni los obispos los que cerremos a la gente sencilla las puertas para encontrarse con Jesucristo, el único que puede salvar a nuestra Iglesia. Me esforzaré por mostrar mi verdad humana, cristiana y teológica con mi vida, más que con mis escritos. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

José Antonio Pagola

Fiesta de la Epifanía del Señor

5/1/2008 Edición Impresa RELIGIÓN Y POLÍTICA EN ESPAÑA
El partido de Dios

1. • La Iglesia católica ha condicionado trágicamente la vida política española desde hace 500 años

JOSÉ MANUEL Fajardo*

El paréntesis de tolerancia de la derecha, abierto con la transición política en España, se ha cerrado definitivamente. Cuando la izquierda intenta gobernar con medidas de izquierda, la España ultramontana y reaccionaria resurge para negarle el derecho a hacerlo, sembrando la discordia y anatemizando a quienes discrepan de sus opiniones. El Partido Popular ha rescatado el siniestro nacionalismo español que condujo al país a la dictadura franquista, y ahora los obispos rescatan el integrismo católico que ha sido la losa que ha aplastado sistemáticamente los intentos de modernización de España.
Lo acontecido en Madrid, es decir, la actuación de los obispos españoles como si fueran dirigentes de un partido político preconizando la imposición de su ideario no solo a los católicos sino a la sociedad entera, muestra el viejo afán de poder de la Iglesia católica, pero es reflejo también del modo como esa institución ha condicionado trágicamente la vida política española.

LA
IGLESIAcatólica ha estado vinculada, desde el nacimiento del Estado español, a una concepción del poder autoritaria y despiadada que no ha dudado en sacrificar la vida de millones de españoles --enviándolos a la hoguera, al cadalso, a la cárcel o al exilio-- durante casi 500 años. No es casual que los primeros monarcas de España se llamaran Reyes Católicos. Ellos instauraron una alianza con la Iglesia para poner en marcha la primera maquinaria totalitaria de la modernidad: la Inquisición española.
Estado e Iglesia se confundieron y se utilizaron, en mutuo beneficio, durante los 350 años que duró la Inquisición. En ese tiempo, doctos clérigos enviaron a la tortura a cientos de miles de personas y ejecutaron al menos a 40.000; se persiguió cualquier forma de pensamiento disidente del catolicismo oficial; se obligó a convertirse a buena parte de las numerosas comunidades españolas judía y musulmana (siempre con la idea de que solo lo católico es auténticamente español) y se expulsó sin piedad a quienes se negaron a hacerlo.
Después, la mayor parte de la Iglesia española se embarcó en un sistemático acoso a aquellos judíos y moriscos que se habían convertido, víctimas predilectas de los inquisidores, anticipándose de nuevo a lo peor de nuestro tiempo, al establecer los llamados Estatutos de limpieza de sangre, las normas que discriminaban a quien tuviera un origen judío, por muy católica que fuera su fe. Un auténtico sistema de limpieza étnica y racista que envenenó la vida social al predicar la delación del vecino como valor moral, y sembró una semilla de intolerancia cuyos frutos continuaron incluso después de desaparecida la Inquisición.
Cada intento de ganar espacios de libertad en España ha chocado desde entonces con esa intolerancia católica. Una intolerancia que está latente en cualquier religión monoteísta organizada, pues si siempre es peligroso creerse en posesión de la verdad absoluta, todavía lo es más cuando se pretende que esa verdad ha sido revelada directamente por Dios. De las funestas consecuencias que tal punto de vista comporta da testimonio la historia del Papado de la Iglesia católica, llena durante siglos de conspiraciones, crímenes, guerras y abusos.

LA IGLESIAcatólica ha sido y es un Estado, con sus intereses y sus vicios, aunque estos se enmascaren tras beatíficas palabras y declaraciones de buenas intenciones, y en España ha vivido en simbiosis con el Estado español, condicionando sus decisiones y la vida cotidiana de generaciones de españoles, víctimas además en su vida familiar de la manipulación de sus enseñanzas, que han predicado una visión traumática y castradora de la sexualidad.
Se puede decir que, en buena medida, el progreso de la sociedad española ha pasado históricamente por los esfuerzos tendentes a poner fin a esa posición privilegiada de la Iglesia. Y en esos esfuerzos no han faltado tampoco católicos que desde el interior la Iglesia han alzado sus voces contra la intolerancia que se practicaba en nombre de su fe. Bartolomé de la Casas, que salió en defensa de los derechos de los indios americanos. Alonso de Cartagena, que se opuso a la persecución de los judíos conversos. Juan XXIII, que abrió la Iglesia al diálogo ecuménico. El cardenal Tarancón, que preconizó la separación de la Iglesia de la dictadura franquista. Pues si hay un riesgo de totalitarismo en toda religión organizada, ese riesgo no es necesariamente fatal, a condición de que en el seno de la Iglesia haya y tengan peso suficiente voces que alerten de él y que defiendan un espacio para la fe que sea respetuoso con quienes no la comparten. Lo mejor de la Iglesia católica se ha manifestado siempre cuando ha sido capaz de respetar a los otros.

SIN
EMBARGO,los obispos pretenden que el poder político solo es legítimo si se atiene a la moral católica disfrazada de ley natural. Que el Opus Dei, un producto del nacionalcatolicismo franquista, domine la política vaticana, quizá explique por qué ese tipo de actitudes cuentan con un respaldo papal inmerecido y equivocado, y también por qué los obispos han decidido actuar, sustituyendo ecumenismo por sectarismo, como si fueran el partido de Dios.
Claro que no hay que olvidar que Benedicto XVI fue durante años el director del organismo que sustituyó a la Inquisición en el seno de la Iglesia. Y es que la Historia pesa mucho.

* Escritor.
El obispo de Tenerife se cubre de … gloria
Fausto Antonio Ramírez

Religión Digital
El titular en portada del pasado 24 de diciembre, día de Nochebuena, en La Opinión de Tenerife, desvelaba el pensamiento y el corazón del obispo de Tenerife acerca de la homosexualidad y del abuso de menores.
Sin pelos en la lengua, Bernardo Álvarez declaraba a la periodista que “el fenómeno de la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. A la larga pagaremos las consecuencias como las han pagado otras civilizaciones”.
Para el prelado Nivariense, la homosexualidad es un mal personal y social. Por desgracia, no se trata de ninguna novedad dentro del pensamiento de la Iglesia. Estas declaraciones vienen a sumarse a otras dos “perlas” que hemos podido leer y escuchar estos días previos a la celebración del Nacimiento del Dios del amor y de la misericordia.
Primero fue el Papa Benedicto XVI que en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, con mucha discreción, pero con enorme dureza en su contenido venía a decir que las uniones homosexuales son “un impedimento objetivo para el camino de la paz”, porque cualquier cosa que sirva para debilitar la familia tradicional, así como cualquier otra que, directa o indirectamente, impida la creación de nueva vida, constituye un obstáculo.
El texto del Papa no deja lugar a dudas: los matrimonios homosexuales son un impedimento para la paz.
Por si fuera poco la cosa, unos días más tarde, el Arzobispo de Madrid, nos dejaba también unas “palabritas” de consuelo y buena voluntad, en la entrevista que Jiménez Losantos le hacía en la COPE.
Para Rouco Varela, “cuando se toca la esencia misma de la familia, que es la unión de un varón y una mujer, no se puede hablar de familia”. En otras uniones, según las palabras del prelado, como las parejas homosexuales, “puede haber elementos participados, como una casa o una vivienda” y “algo tienen de familia, pero no es una familia”.
El resumen de estas tres intervenciones es un rosario de espíritu navideño para favorecer la convivencia desde la diferencia y el buen entendimiento social: “los matrimonios gays son un obstáculo para la paz; las familias homosexuales no son familia; y por último la de Álvarez, la homosexualidad perjudica a las personas y a la sociedad”.
El obispo de Tenerife no ha querido dirigir su mirada amorosa y respetuosa, únicamente hacia los homosexuales. Al final de su entrevista da la impresión de querer justificar que se produzcan abusos de menores.
No sé si por poner la venda antes de la herida o qué, pero el caso es que según el prelado de San Cristóbal de la Laguna “hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”.Es decir, que si los abusos a menores ocurren (dentro y fuera de la Iglesia) es porque los menores los provocan.
Esta vez el obispo de Tenerife ha ido demasiado lejos, y este tipo de declaraciones, no sólo son inadmisibles, sino que rozan el terreno de la justicia penal. ¿Habrá tomado cartas en el asunto el Titular de Menores? ¿Lo sabe la Fiscalía de menores?
Que con la Iglesia habíamos topado, era algo bien conocido por parte de todos, por eso no se le pueden pedir peras al olmo. Como dice un amigo mío, “si quieres peras, debes arrancar el olmo y plantar un peral”.
Qué curioso y coincidente que ayer mismo saltara la noticia a los medios de que los canarios son los españoles que menos contribuyen económicamente a la Iglesia española, ¿por qué será?

==============================================
Finalidad dela Misión. Custos, quid de nocte II. 2007José Comblin.-.doc
CUADERNOS MOVIMIENTO TAMBIEN SOMOS IGLESIA CHILE Correo: somosiglesiachile@hotmail.com Sótero del Río 475, oficina 203, fono-fax 696 4491, Santiago-Chile


CUSTOS, QUID DE NOCTE? II *
FINALIDAD DE LA MISIÓN


P. José Comblin


Hoy en día estamos ante un dilema: el crecimiento de la Iglesia o el Evangelio.
Antiguamente las dos cosas eran consideradas equivalentes. Se decía que para salvarse era necesario entrar en la Iglesia. Al llevar a los pueblos a entrar en la Iglesia la misión aseguraba su salvación. La Iglesia les daba todos los medios de salvación y con eso tenían las recetas para entrar en el cielo con todas las garantías. Consideraban que la presencia de la Iglesia y la oferta que hacía era la buena nueva, era el Evangelio. El evangelio ofrecía todos los medios de salvación. Evangelizar e introducir en la Iglesia era la misma cosa. Al buscar su crecimiento la Iglesia era exactamente fiel al evangelio y a su misión de evangelizar.
Hoy en día aparecieron dificultades. En primer lugar, nadie cree ya que quien no ha entrado en la Iglesia está condenado. Ofrecer los medios para llegar al cielo ya no parece tan urgente, ni tan fundamental, ni tan esencial al evangelio. La salvación será tomada en un sentido más completo. La salvación es el acceso a una vida superior desde ahora, una vida transformada, divinizada, humanizada. Esta salvación sería el resultado del evangelio y de la predicación del evangelio.
Ahora bien, no es tan evidente que traer personas a la Iglesia sea también iniciarles en ellas a una vida evangélica. Pueden querer entrar en la Iglesia por muchos otros motivos. No necesariamente perciben a la Iglesia como nosotros. Pueden encontrar en ella satisfacciones que nosotros no descubrimos o que no coinciden con el evangelio. No se puede presumir que porque una persona se bautiza ella quiere vivir una vida evangélica. Todo indica que prevalecen generalmente otras motivaciones.
No es probable que se pueda vivir una vida evangélica de forma multitudinaria. Llevar el evangelio va a exigir más tiempo. Los primeros 12 franciscanos que llegaron a México poco después de los conquistadores querían salvar almas. Resolvieron bautizar sin preocuparse en la instrucción. En 20 años bautizaron 4 millones de indios. Claro que no fue posible evangelizarlos a todos. En los últimos tiempos ya no era así, pero el principio era el mismo: primero integrar en la Iglesia, después veremos si podemos mejorar el nivel. Este después puede que nunca llegue.
Para poder anunciar el evangelio es preciso vivirlo por lo menos hasta un cierto punto. No es éste siempre el criterio para escoger a los misioneros. De modo general son escogidos los que muestran más capacidad de organizar, construir, conquistar, crear estructuras. Estas virtudes no siempre coinciden con las virtudes del evangelio.
Al mismo tiempo, sociológicamente la misión de las Iglesias cristianas aparece muchas veces como empresas de conquista cultural, e indirectamente de conquista política. Se multiplican los análisis del poder. ¿No serían las misiones proyecciones de poder, voluntad de poder de las Iglesias y de los propios misioneros? Bajo pretexto de salvar almas, ¿no procurarían su propia promoción y la promoción de su institución? La gran dedicación de los misioneros a sus obras no sería argumento. También en el mundo de los negocios hay mucha dedicación, mucha actividad, mucho cansancio. Los grandes managers tienen una vida tan activa y tan ocupada como la vida de los misioneros y a veces más.
A veces la voluntad de poder se manifiesta ingenuamente. Por ejemplo dicen que es necesario convertir a los africanos antes de que los conquisten los musulmanes. O que hay que evangelizar un pueblo antes de que venga otra Iglesia cristiana. Ahí aparece la voluntad de poder desnuda y cruda.
De ahí la alternativa: O anunciar el evangelio o aumentar el poder de la Iglesia, pensando que las dos metas ya no coinciden. ¿Cómo conciliar evangelio e Iglesia? Este fue en cierto modo el gran problema de la Reforma, en el siglo XVI. ¿Puede decirse que las Iglesias protestantes resolvieron el problema? ¿Ser miembro de una Iglesia protestante es realmente ser evangélico? Dejémosles a ellos la tarea de responder. En cuanto a los católicos, el problema es urgente.


I. ORIENTACIONES PARA EL SIGLO XXI
1. La primera orientación será el compromiso con la lucha contra el modelo de sociedad actualmente impuesto por las fuerzas financieras y económicas actuales, con el apoyo del mundo intelectual y de la industria cultura. El modelo dominante actual excluye cualquier valor cristiano y simplemente cualquier humanismo.
La Iglesia católica como institución va a asumir esa lucha porque está muy implicada en el propio sistema y porque considera posible una alianza con el sistema para sacar de ahí ventajas económicas o culturales. De ahí la dominación del Opus Dei y otras instituciones semejantes en la Curia romana. Por otro lado Roma nombra obispos insignificantes, fieles burócratas que se limitan a obedecer los decretos romanos, pero no tienen ninguna posibilidad de proyección en la sociedad. Son obispos sin pensamiento, sin voluntad y sin proyecto, elegidos justamente en virtud de su mediocridad. Reproducen su modelo en el clero que se conforma con administrar los restos del pasado. Hoy en día el clero es el problema, no es la solución. Se puede decir que la ordenación sacerdotal es obstáculo a una acción evangelizadora en el mundo.
Por consiguiente los cristianos necesitan actuar en medio de las organizaciones no gubernamentales que luchan contra el sistema, o eventualmente fundar nuevas asociaciones siempre junto con otros. No se puede ya actuar dentro de organizaciones llamadas católicas, que impiden la libertad de movimiento.

2. La evangelización necesita de la inserción de personas aisladas o en grupos pequeños en el seno de las masas humanas para que vivan una vida evangélica, de modo independiente, desligada de las instituciones existentes. Los Institutos religiosos se han burocratizado y han perdido dinamismo. En algunas no quedan ya esperanzas, están totalmente esclerotizados. En otros todavía hay espacio de libertad, pero siempre con conflictos desgastantes. Son pocos los que abren espacio para una verdadera vida evangélica. Por consiguiente las vocaciones deben descubrir su lugar de inserción. Deben asociarse de modo muy informal. Puede ser que unos días tengan que formar instituciones más fuertes. Actualmente sería un suicidio. Deben evitar la ordenación sacerdotal porque constituye una prisión.
3. La misión de los cristianos no es impedir el pecado por todos los medios, incluyendo los medios de presión política o cultural (por ejemplo colegios católicos o leyes moralizantes). Dios envía la lluvia para todos, justos o pecadores. La misión es mostrar la viabilidad del evangelio, que es posible seguir a Jesús y vivir de acuerdo con sus enseñanzas. Por eso las conversiones por motivos no cristianos no valen ya. Debemos irradiar la fuerza del evangelio por el testimonio de una vida vivida realmente. Las palabras ya no valen. Estamos sumergidos en un universo de billones de palabras, de millones de informaciones. Nada adelanta añadir algunas informaciones más. Las palabras solamente valen para una economía de vendedores y compradores. Pero no somos ni compradores ni vendedores. Muchos religiosos actúan de acuerdo con el marketing religioso. Pueden tener éxito, pero el resultado no tiene valor.

4. Debemos preparar no un nuevo Concilio, sino un Encuentro mundial de los cristianos para suscitar problemas y sugestiones. El ecumenismo no se hará discutiendo problemas dogmáticos y sí buscando juntos la vida evangélica en el mundo actual. El encuentro no tendrá que tomar decisiones que de cualquier manera quedarían en el papel, sino abrir horizontes y favorecer unión, trabajo de conjunto. Claro está que en ese Encuentro habría una gran mayoría de laicos, personas implicadas en los problemas del mundo. No personas esclavizadas por el sistema, colaboradores del sistema, sino personas que permanecen conscientes y lúcidas en medio de la presión del sistema.
Un Encuentro semejante debía ser promovido por las mismas Iglesias con apoyo de las jerarquías para poder tener peso ante las masas cristianas, y no permanecer en el aislamiento mutuo. Pero el propio trabajo sería de los laicos en gran mayoría.
No es necesario que todos entren en ese camino, pero por lo menos una minoría significativa, como sucedió con los obispos de Medellín. Sería renunciar al triunfalismo para seguir el camino de Cristo de acuerdo con el himno de Fil 2. Sería también enfrentarse a la reprobación de las clases dirigentes que ofrecen con agrado muchos privilegios a la jerarquía con la condición de que no se meta en los asuntos de este mundo. El propio Stalin ofreció protección a la jerarquía rusa con la condición de que nunca hablase contra el régimen. Y ellos aceptaron, prestándose incluso a defender fuera del país las tesis de la política exterior de la URSS.

Si se trata de evangelizar el mundo contemporáneo, a largo plazo lo que resultará será una pastoral de credibilidad: mostrar en la vida que los cristianos creen en el evangelio que predican. Los argumentos teóricos no tendrán mucho valor. Nadie compromete toda la vida sólo por argumentos teóricos, hoy menos que nunca. La cultura actual transmite un número ilimitado de palabras. Millones de libros son publicados cada año, billones de horas de emisión por radio hinchan el espacio de palabras, y por Internet las personas pueden recibir más palabras de lo que podrían leer durante mil vidas. Hay una inundación de palabras y discursos. Todos han aprendido a defenderse contra los discursos. Ya se han creado mecanismos para cerrar los oídos a palabras nuevas. Estamos lejos del areópago de Atenas cuando los ciudadanos esperaban con curiosidad que alguien viniese a anunciar discursos nuevos en medio de la monotonía. Los discursos provocan fastidio y nada más.

En este sentido la postmodernidad puede dar una contribución positiva. Muestra que lo que se rechaza no es el evangelio y sí la ausencia de vivencia del evangelio. Este es el desafío permanente de los cristianos: ¿cómo vivir concretamente el evangelio en la sociedad actual que no lo rechaza sino que espera una realización práctica?

II. REFUNDAR LA IGLESIA
La meta es refundar la Iglesia en una sociedad nueva sin comparación con el pasado. Seguimos las sugerencias del libro de Gerald A. Arbuckle, Refundar la Iglesia. Disidencia y liderazgo. Sal Terrae. Sandanter, 1998.
Ya Pío XII defendió la necesidad de una oposición en la Iglesia y de una verdadera opinión pública como en la sociedad civil. Los Papas siguientes apoyaron el mismo tema. Sin oposición crítica una sociedad permanece apegada a estructuras del pasado y no busca cambios de acuerdo con los nuevos tiempos. Repite siempre las mismas obras cuando ya han cambiado las circunstancias. Esta es la teoría.
En la práctica la jerarquía soporta difícilmente la crítica. La interpreta como si fuese rebeldía, agresividad, destrucción de la institución, como si todas las críticas quisiesen acabar con la institución. Lo que sucedió era lo previsible: en los últimos siglos la Iglesia practicó la terquedad y quedó prisionera de su pasado y dejó que el mundo caminase sin ella.

Una refundación frustrada
El Vaticano II quiso promover una refundación de la Iglesia. Pablo VI hizo una reforma de la Curia e introdujo en ella personalidades representativas del Concilio. Fundó algunas instituciones como el sínodo de los obispos, fueron promovidas las Conferencias Episcopales, los consejos pastorales. Infelizmente, el Concilio entregó a la Curia la tarea de aplicación de las reformas y del nuevo espíritu. En los primeros años todo parecía funcionar y los nuevos nombres en la Curia entraron en la mentalidad conciliar. Después de algunos años, fueron substituidos por hombres bien diferentes. Juan Pablo II nombró sistemáticamente hombres opuestos al Concilio, o que habían luchado contra el Concilio, o que querían restaurar la situación anterior. Al final el mayor enemigo del Vaticano II fue la propia Curia romana que se dedicó a reducir o suprimir las novedades conciliares.
La centralización romana no solamente no fue reducida, sino que creció. La libertad de los obispos fue reducida a nada. Fueron nombrados obispos que brillan por la sumisión ciega a la Curia romana y la falta de creatividad. La uniformización creció a pesar del discurso de inculturación. El gueto salió fortalecido a pesar de las llamadas a la evangelización. Se dio el nombre de evangelización a todo lo que podía fortalecer el pasado.
Roma vuelve a la teoría de la restauración del siglo XIX: la Iglesia tiene en sí misma todo lo necesario para definir su camino y no necesita ayuda de nadie. No solamente no necesita de nadie, sino que cualquier colaboración de factores externos sería un peligro. Cualquier concepto extraño a la tradición tiene que ser rechazado.
El nuevo derecho canónico consagra todas las instituciones del pasado, no introduce las novedades conciliares. Adopta algunas palabras del vocabulario conciliar pero solamente para reforzar el tradicional. Roma considera como inmutables las estructuras heredadas del pasado. No quiere aprender nada de la historia.
El Papa reconoce y pide perdón por los errores del pasado con la condición de que tengan por lo menos tres siglos. Nada sobre los errores más recientes y ni pensar de los errores contemporáneos. Claro que es mejor que nada, pero no será suficiente para restaurar la credibilidad.

Un caos inevitable y necesario
El Vaticano II provocó cambios radicales sin tener conciencia de su alcance. Fue producto del optimismo y triunfalismo común a todas las jerarquías que no quieren o no pueden ver los problemas de su institución porque nunca se toman en serio las críticas interpretadas como provenientes de la mala fe o de personas desequilibradas. Además, la prueba de que son desequilibradas, es que critican.
Durante 1500 años quisieron que los laicos fuesen receptores pasivos y obedientes de todo lo que procedía del clero. Fueron tratados como niños, menores de edad, incapaces de responsabilidad. Todavía hoy, 35 años después, la mayoría de los obispos y de los curas tratan a los laicos como niños, esperando de ellos una actitud de niños. La mayoría de los laicos todavía no habrían salido de la fase infantil. De repente, el Concilio dice que los laicos deben ser adultos y actuar como adultos. Deben pensar, pueden hablar, deben asumir responsabilidades. Algunos se lo tomaron en serio. Comenzaron a hablar y sus palabras fueron recibidas como críticas negativas.
Se dijo a los laicos que debían ir al encuentro del mundo. Sin embargo, una vez en el mundo, sufren el impacto del mundo, reciben ideas, modos de actuar. Aprueban algunas cosas y quieren cambiar ciertos comportamientos. Entonces son reprendidos. Hay que ir al mundo sólo para proclamar la verdad y no para oír nada.
Convidando a los laicos a expresarse, era previsible que surgiese alguna diversidad de discursos, creando la impresión de caos. La jerarquía no estaba preparada para el caos. Ignorando las ciencias humanas, consideraban que se puede orientar una sociedad libre como una dictadura. Luego vino la represión a millares, millones de laicos se sintieron rechazados. ¿Cómo saber cuántos millones de mujeres se apartaron definitivamente de la Iglesia y dejaron de educar a sus hijos en la religión católica después de la Humanae Vitae? Las mujeres se negaron a aceptar una ley hecha sin consultarlas como si fuesen niños sin formación moral, tratadas como inmorales solamente porque contestaron una orden que nunca fue discutida con ellas.
La teología del Vaticano II sacudía muchas estructuras antiguas sin ofrecer un nuevo sistema. Abrió una transición. En el momento de la transición no se puede prever todavía cuál será la nueva estructura. Comienza un periodo de experimentos, ensayos, errores y éxitos. Es lo que se llama un caos. El caos no es puramente negativo. Porque viene después de un orden abre un espacio para que venga otra forma de orden. Sin esa fase de caos no podría nacer un nuevo orden. El caos fue sobre todo fuerte en el clero. En la víspera del Concilio más que nunca la Iglesia era el clero. Se comprende que los conceptos conciliares anunciando una nueva estructura de Iglesia provocase en el clero una crisis de identidad terrible. Los sacerdotes eran todo y ahora tienen que aceptar que también los laicos puedan existir activamente. Fue un desprestigio terrible. Además el sacerdote había sido formado dentro de un modelo cada vez más rígido elaborado después de Trento por una serie de reformas en la formación. El seminario transmitía el modelo sacerdotal único y firme que envolvía la totalidad de la vida del sacerdote.
Durante siglos el cura fue formado para retirarse lejos del mundo, viviendo en un mundo paralelo sin contacto con el resto. Vivía entre la iglesia, la sacristía y la casa parroquial, visitando a los parroquianos en función de los sacramentos. Su principal actividad era la celebración de los sacramentos, sobre todo la misa. El sacerdote era el hombre de la misa. Todos los fieles lo sabían. Cuando encontraban un sacerdote, le preguntaban sobre las misas o hacían comentarios sobre las misas pasadas. Sabían que la conversación del cura era la misa. No convenía hablar de otra cosa.

La teología del sacrificio que era el centro de toda la teología hacía de la misa el acto salvador por excelencia, el acto sin comparación más importante del mundo y de alguna manera el único acto con valor absoluto. La formación católica era en primer lugar el elogio de la misa y la predicación de su importancia. Ahora bien, inevitablemente con el Vaticano II la misa deja de ser el único acto completo y absoluto, el punto culminante de la vida sacerdotal. Fue esto lo que provocó una crisis de identidad. Al lado de la misa adquieren importancia la predicación, la evangelización y el servicio en medio del mundo. Se pide ahora que el sacerdote salga de la sacristía para estar en medio del mundo. El abandono de la sotana que era la expresión exterior de su separación del mundo fue una señal de desintegración del modelo tridentino. Es verdad que ya había algunos sacerdotes que se habían metido en medio del mundo y habían procurado conciliar sus actividades en el mundo con su identidad sacerdotal. En el seminario enseñaban a jugar al fútbol con sotana, lo que no dejaba de tener su utilidad sobre todo para el goleador. Era conciliar la identidad sacerdotal con el mundo. Hasta el Vaticano II los sacerdotes que hicieron tales experiencias fueron muy vigilados y casi siempre limitados, por ejemplo los curas obreros. Tales experiencias afectaban solamente a una minoría insignificante de sacerdotes de tal modo que no había gran peligro de contaminación. El modelo permanecía intacto. Fue entonces cuando aconteció todo lo que sabemos, el caos en que unos 80.000 sacerdotes dejaron el sacerdocio, sobre todo aquellos que tenían más formación y más personalidad. El motivo era la pérdida de identidad: perdieron la conciencia de que aquello que hacía el sacerdote era realmente importante. No se sintieron preparados para enfrentarse al mundo siendo sacerdotes del mundo antiguo. Vivieron la contradicción entre la cultura dominante y la cultura en que vivía el clero.

Ante el caos hay dos reacciones posibles: La primera fue lo que predominó en Roma desde los años 70. Pablo VI llegó a culpabilizarse a sí mismo como si tuvieses la culpa del caos producido. Todo el partido reaccionario de los enemigos del Vaticano II alimentó esa conciencia. Como si alguien tuviese la culpa de un fenómeno que era inevitable. Si el Vaticano II hubiese sido realizado 150 años antes, la crisis no habría sido tan grave. Si se hubiese esperado todavía más, la crisis hubiera sido aún más grave. Se trata de un fenómeno social inevitable. Cualquier cambio en la estructura provoca perturbaciones: inseguridad, crisis de personalidad, crisis de los papeles sociales. Después de Pablo VI, Juan Pablo II buscó apoyo en el partido conservador por varios motivos que no es aquí el lugar para comentar. Triunfó la reacción de vuelta al pasado.

Prevaleció la búsqueda de seguridad retornando a las estructuras estables del pasado. Entretanto, el resultado fue un divorcio cada vez más acentuado entre la Iglesia y las clases intelectuales del mundo occidental, así como el fin del ecumenismo y la imposibilidad del diálogo interreligioso. El retorno fue bien acogido en el mundo campesino tradicional y en el mundo urbano donde todavía sobreviven elementos de la cultura del pasado. Todavía es posible reunir millones de personas para aclamar al Papa. Esas personas viven en la cultura tradicional que no acogieron bien las reformas conciliares por limitadas que fueron. Muchos se alegran cuando ven a los curas de nuevo con sotana renovar las devociones y los ritos tradicionales. Pero ¿hasta cuándo? ¿La nueva cultura no va a contaminar finalmente todas las clases sociales urbanas?

Existe otra alternativa. Consiste en tener mucha paciencia y mucho equilibrio para dar tiempo al tiempo. Consiste en creer en la capacidad espiritual de los cristianos. Del caos sale un orden. Todos buscan una nueva forma de vida cristiana colectiva e individual. Claro que hay experiencias negativas: pero caen por sí mismas. Nacen nuevas estructuras de experiencias positivas. Ilusión es pensar que la jerarquía por sí sola será capaz de inventar nuevas estructuras. Su tendencia será casi siempre la de consolidar las antiguas. Pero no hay en el pueblo cristiano mucha creatividad y mucha inspiración. También debe pensarse que se hace en una generación lo que hicieron en el pasado varios siglos.

Se puede pensar que el gran cisma de 1054 entre Oriente y Occidente no era inevitable. Bastaba más paciencia. Tampoco el cisma protestante en el siglo XVI era inevitable, ni en los tiempos del Concilio de Trento. Con más paciencia era posible llegar a un entendimiento haciendo a los protestantes las concesiones posibles en lugar de ser intransigente como fueron los jesuitas Laynez y Calderón, delegados del Papa en Trento.

En los últimos siglos la jerarquía manifestó siempre mucha paciencia para con los separatistas de extrema derecha como los partidarios del arzobispo Lefebvre, y fueron muy exigentes para con los movimientos de izquierda, liberales y luego socialistas.

Condenando siempre las personas más originales y creativas, la Iglesia pierde vitalidad y se vuelve incapaz de inventar respuestas a los desafíos. Si los nuevos obispos se caracterizan en general por la mediocridad intelectual, flaqueza de carácter y sumisión pasiva a Roma, no se puede esperar que aparezca mucha creatividad. Por el contrario, siempre habrá retroceso.
Es lo que sucedió con los nuevos movimientos laicos que surgieron después de la Segunda guerra mundial, y se transformaron en poderosas multinacionales católicas, más influyentes que las antiguas Órdenes religiosas. Nacieron en un ambiente de renovación de la Iglesia. Después de algunas décadas siguieron el movimiento general de retorno al pasado y ahora en lugar de ser lugares de creatividad, son fortalezas de conservadurismo. Hoy en día al final del pontificado, las fuerzas católicas que todavía buscan una aplicación del Vaticano II son muy escasas. Todos fueron contaminados por el miedo ante las novedades. Se conforman con adaptaciones superficiales que no cambian la posición de la Iglesia en la sociedad.

No se puede pedir que los reformadores presenten un plano global de los cambios necesarios. Sería continuar en el sistema antiguo en el que todo viene de arriba hacia abajo. Al contrario, lo que se debe esperar es que el estímulo a la creatividad descubra las respuestas.


III. LOS DISIDENTES JERÁRQUICOS.

¿Cómo puede haber transformación de estructuras en la historia concreta? Hay llamamientos en el pueblo cristiano, gran sensibilidad a los vicios establecidos, gran aspiración a cambios. Puede haber manifestaciones, protestas, disidencias. Todo eso será ineficaz si no hay disidentes jerárquicos, o sea personas en la jerarquía para liderar los cambios.

Tenemos ejemplos famosos. En la crónica de la Edad Media, durante 300 años el pueblo cristiano reclamó reformatio in capite et in membris. Hubo cismas, disidencias, advertencias fortísimas, llamamientos de santos. Todo fue inútil. Ningún Papa quiso cambiar y responder a las llamadas. En el sistema católico establecido desde la Edad Media, si el Papa no quiere, no pasa nada. Un ejemplo en sentido contrario fue Juan XXIII. El Papa quiso y entonces comenzó un movimiento de reforma. Pío XII no quiso y nada aconteció. Pueden suceder los peores desastres pero si el Papa no quiere, nada acontece. Todo depende de un hombre solo. Puede pensarse que tal situación no es normal. ¿Dónde queda el colegio episcopal y la tradición de la Iglesia antigua? Sin embargo, así es: todo depende de una persona sola. Inclusive se puede