El 12 de octubre es, por lo menos, una fecha incómoda. Quizás sea una
>exageración llamar genocidio a la acción del europeo en América, pero en lo
>que coinciden todos los historiadores es que luego de cincuenta años de
>presencia europea en nuestras tierras, los 80 millones de habitantes que
>conformaban los pueblos originarios se habían reducido al 15 por ciento
>promedio, llegando en algunos lugares apenas al cinco por ciento. Matanzas,
>enfermedades y también autoinmolaciones. ¿De qué Raza será hoy el Día?
>Algunas comunidades conmemoran el 11 de octubre como el última día de
>libertad de los pueblos originarios de América. A continuación un texto de
>Eduardo Galeano, escritor uruguayo, autor de "Las venas abiertas de América
>latina", publicado por Caras y Caretas (1).
>
>Memorias del saqueo
>
>¿Cristóbal Colón descubrió América en 1492? ¿O antes que él, la
>descubrieron los vikingos? ¿Y antes que los vikingos? Los que allí vivían,
>¿no existían?
>Cuenta la historia oficial que Vasco Nuñez de Balboa fue el primer hombre
>que vio, desde una cumbre de Panamá, los dos océanos. Los que allí vivían,
>¿eran ciegos?
>¿Quiénes pusieron sus primeros nombres a maíz y a la papa y al tomate y al
>chocolate y a las montañas y a los ríos de América? Los que allí vivían,
>¿eran mudos?
>Nos han dicho, y nos siguen diciendo, que los peregrinos del Mayflower
>fueron a poblar América. ¿América estaba vacía?
>
>* * *
>
>Como Colón no entendía lo que decían, creyó que no sabían hablar.
>Como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que
>no eran gentes de razón.
>Y como estaba seguro de haber entrado al Oriente por la puerta de atrás,
>creyó que eran indios de la India.
>Y después, durante su segundo viaje, el almirante dictó un acta
>estableciendo que Cuba era parte del Asia.
>El documento del 14 de junio de 1494 dejó constancia que los tripulantes de
>sus tres naves lo reconocían así; y a quien dijera lo contrario se le
>darían cien azotes, se le cobraría una pena de diez mil maravedíes y se le
>cortaría la lengua.
>El notario, Hernán Pérez de Luna, dio fe.
>Y al pie firmaron los marinos que sabían firmar.
>
>* * *
>
>Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que
>veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del
>oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los
>americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.
>Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con cara de hombres y
>plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres
>tenían rabos.
>En la Guyana, según Sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los
>hombros y la boca en el pecho.
>En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes
>que las arrastraban por los suelos.
>En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies
>al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín
>de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus
>flechas.
>Anglería, que escribió la primer historia de América pero nunca estuvo
>allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como
>había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse
>en asientos con agujeros.
>
>* * *
>
>El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias
>francesas. Pero no era por torturar sino por educar, que los amos azotaban
>a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.
>Eran conmovedoras las Leyes de Indias, que protegían a los indios en las
>colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca
>clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.
>Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del
>asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y
>que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor
>al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho a la reina de Castilla
>dueña de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo
>en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos
>serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos. Pero este
>Requerimiento de Obediencia se leía en el monte, en plena noche, en lengua
>castellana y sin intérprete, en presencia del notario y de ningún indio,
>porque los indios dormían a algunas leguas de distancia, y no tenían la
>menor idea de lo que se les venía encima.
>
>* * *
>
>Hasta no hace mucho el 12 de octubre era el Día de la Raza.
>Pero, ¿acaso existe semejante cosa? ¿Qué es la Raza, además de una mentira
>útil para exprimir y exterminar al prójimo?
>En el año 1942, cuando los Estados Unidos entraron en la guerra mundial, la
>Cruz Roja de ese país decidió que la sangre negra no sería admitida en sus
>bancos plasma. Así se evitaba que la mezcla de razas, prohibida en la cama,
>se hiciera por inyección.
>¿Alguien ha visto, alguna vez, sangre negra?
>
>* * *
>
>Después el Día de la Raza pasó a ser el Día del Encuentro.
>¿Son encuentros las invasiones coloniales? ¿Las de ayer, y las de hoy,
>encuentros? ¿No habría que llamarlas, más bien, violaciones?
>Quizás el episodio más revelador de la historia de América ocurrió en el
>año 1563, en Chile. El fortín de Arauco estaba sitiado por los indios, sin
>agua ni comida, pero el capital Lorenzo Bernal se negó a rendirse. Desde la
>empalizada, gritó:
> -¡Nosotros seremos cada vez más!
> -¿Con qué mujeres? -preguntó el jefe indio.
> -Con las vuestras. Nosotros les haremos hijos que serán vuestros amos.
>
>* * *
>
>Los invasores llamaron caníbales a los antiguos americanos, pero más
>caníbal era el Cerro Rico de Potosí, cuyas bocas comían carne de indios
>para que la plata hiciera posible el desarrollo capitalista de Europa.
>Y los llamaron idólatras, porque creían que la naturaleza era sagrada y que
>somos hermanos de todo lo que tiene piernas, patas, alas o raíces.
>Y los llamaron salvajes. En eso, al menos, no se equivocaron. Tan brutos
>eran los indios que ignoraban que debían exigir visa, certificado de buena
>conducta y permiso de trabajo a Colón, Cabral, Cortés, Alvarado, Pizarro y
>los peregrinos del Mayflower.
>
>(1) Galeano, Eduardo. "Nuestro nuevo viejo mundo" Caras y Caretas. Año 44,
>nº 2191. Buenos Aires, octubre 2005. pp 34-36
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