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José Antonio Pagola, exvicario general y teólogo: «Se alimenta la dimensión doctrinal de la fe, pero se olvida la adhesión vital a Jesús»
Ane Urdangarín
Diario vasco


Pagola regresa a las librerías con el primer volumen de una serie sobre los cuatro evangelistas
«Se inculca la moral sistemática, pero no se enseña a vivir según el estilo de vida de Jesús»
«En la Iglesia actual hay más miedo que libertad, creatividad y confianza en el futuro»
«Nuestra tarea no es ser fiel a un estilo de cristianismo desarrollado en otros tiempos»
«Nuestros jóvenes son víctimas de la crisis religiosa, más que responsables»
«El cardenal y biblista Ravasi ha recomendado ‘Jesús. Aproximación histórica’ en una revista»
Con su aproximación histórica a la figura de Jesús, José Antonio Pagola (Añorga, 1937) consiguió que un libro religioso se convirtiera en un best seller no sólo en librerías especializadas, sino también en grandes superficies. Con más de 80.000 ejemplares vendidos, la obra fue contestada por los sectores más conservadores de la Iglesia y se forzó su retirada. Mientras tanto, fue traducida a siete idiomas. Y se podía rastrear en internet.
Tras la polémica, Pagola vuelve a las librerías con el primer volumen de una serie sobre los cuatro evangelistas. ‘El camino abierto por Jesús. Mateo’ (editorial PPC) está elaborado a partir de los comentarios que, durante 32 años, ha ido escribiendo semanalmente en DV. Su objetivo es que cualquier persona interesada en buscar un sentido a su vida pueda conocer el camino abierto por Jesús accediendo a los relatos de los cuatro evangelios. «Sé cuanto bien hace Jesús a quienes se encuentran con él», afirma.
- ¿Este nuevo proyecto supone, como se ha señalado, un impulso a su ‘rehabilitación’ tras la polémica con su anterior obra?
- Son dos cosas diferentes. Respecto a mi libro ‘Jesús. Aproximación histórica’ he recibido estos días una noticia que me ha llenado de alegría. El cardenal Gianfranco Ravasi, renombrado biblista italiano, elegido por el Papa como presidente del Pontificio Consejo de la Cultura, acaba de recomendar mi libro en una revista italiana, pues lo considera un estudio muy valioso para guiar a lectores no iniciados en el conocimiento de la historia de Jesús. Habla literalmente de «il modo piu trasparente per guidare il lettore non tecnico». También me llena de alegría saber que en primavera se publicará en japonés y que está muy adelantada la versión al croata.
- Volvamos a ‘El camino abierto por Jesús’. ¿Mantiene el evangelio su fuerza de convicción en la sociedad moderna?
- El evangelio de Jesús es prácticamente desconocido por la mayoría de la gente. En la conciencia de muchos lo que queda es un mundo confuso de ideas religiosas captadas infantilmente durante la niñez, vividas luego de manera poco consciente y sin fuerza para tomar una decisión sobre la orientación de la propia vida. Incluso bastantes cristianos no sospechan la fuerza sanadora, el estímulo y el potencial de esperanza que se encierra en Jesús para enfrentarse a la aventura de la vida y al misterio de la muerte.
- En la presentación del libro ahonda en la idea de la renovación de la Iglesia, que adolece de «seguidores» de Jesús y en cambio propicia «adeptos a una religión». ¿A qué se debe este fenómeno?
- Ser cristiano es básicamente «seguir» a Jesucristo, identificándonos con su proyecto de vida más digna y justa para todos, y descubriendo en él a Dios acompañándonos hacia la salvación definitiva. Lo que sucede es que, muchas veces, se vive la religión cristiana de una manera distorsionada que hace olvidar la experiencia del seguimiento a Jesús. Con frecuencia, se inicia a los sacramentos, pero se descuida la iniciación al Evangelio; se alimenta la dimensión doctrinal de la fe, pero se olvida la adhesión vital a Jesús; se inculca la moral sistemática, pero no se enseña a vivir según el estilo de vida de Jesús.
- ¿Y qué propone?
- Centrar el cristianismo con más verdad y fidelidad en la persona de Jesús, su mensaje y su proyecto de vida. Volver a Jesucristo como el único que justifica la presencia de la Iglesia en el mundo, la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos. Esto significa dejarle al Dios, encarnado en Jesús, ser el único Dios de la Iglesia, el Abbá, el Dios amigo de la vida y del ser humano, el Dios de la compasión, que busca la salvación de cada persona por caminos que nosotros ignoramos. Dentro de una Iglesia centrada en Jesús es más posible seguir sus pasos.
- «Nos tenemos miedo unos a otros: la jerarquía endurece su lenguaje, los teólogos perdemos libertad, los pastores prefieren no correr riesgos, los fieles miran con temor el futuro», describe. ¿Qué le pasa a la Iglesia?
- En la Iglesia actual hay más miedo que libertad, creatividad y confianza en el futuro. Hasta cierto punto es explicable. La Iglesia se enfrenta a retos inéditos y percibe que ya no es suficiente acudir a la tradición del pasado. La gente se aleja de la fe y en la Iglesia no acertamos a traducir el mensaje cristiano a las categorías conceptuales y a la sensibilidad del hombre y la mujer de nuestros días.
La Iglesia va perdiendo poder social e influjo cultural y, desde hace muchos siglos, no sabe lo que es vivir en minoría. En este contexto brotan más fácilmente reacciones generadas por el instinto de conservación que por el Espíritu de Jesús: búsqueda de seguridad a todo trance, conservación firme de la tradición, cumplimiento estricto de la normativa, control de la doctrina, autodefensa ante la sociedad moderna percibida como el «gran adversario de la fe».
Recientemente el obispo francés, Claude Dagens, que fue secretario de la Conferencia Episcopal Francesa, ha escrito que en algunos sectores de la Iglesia «se hace de la fe una contra-cultura y de la Iglesia una contra-sociedad». En este clima no es fácil anunciar la Buena Noticia de Dios ni comunicar la compasión de Jesús.
-¿Posee la Iglesia el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual?
- Estamos viviendo en la Iglesia tensiones y conflictos entre sectores que interpretan el momento actual y entienden la misión de la Iglesia en la sociedad moderna desde sensibilidades y posiciones diferentes. Sería el momento de aunar fuerzas y de buscar juntos, con lucidez y responsabilidad, la «fuerza espiritual» necesaria para enfrentarnos al futuro. Creo que la hemos de buscar en Jesús. Es el único que puede reavivar nuestra fe. La renovación siempre ha brotado en la Iglesia impulsada por generaciones que han vuelto de manera más radical al Evangelio.
- «Si el cristianismo es percibido como asunto del pasado, cada vez interesará menos». ¿Por qué le cuesta tanto a la Iglesia dar pasos para modernizarse?
- Por lo general, en los inicios de las grandes religiones se observa una gran vitalidad y creatividad. Esto sucede también en los orígenes del cristianismo, cuando todavía está vivo el aliento de Jesús. Sin embargo, más tarde, el deseo de ser fieles a la experiencia fundante lleva con frecuencia a confundir fidelidad con estabilidad e inmovilismo. Es un grave error, pues sin creatividad y encarnación en la cultura de cada época, se corre el peligro de apagarse y languidecer. No se trata de modernizarse, sino de actualizar hoy la experiencia genuina y originaria del cristianismo.
Creo que hemos de superar una concepción errónea. La Iglesia no es algo acabado que hemos de ir adaptando mejor o peor a cada época. Es un organismo vivo que ha de estar en génesis permanente, naciendo de Cristo en cada tiempo. Nuestra tarea no es ser fieles a una figura de Iglesia y un estilo de cristianismo desarrollados en otros tiempos y para otra cultura. Lo que nos ha de preocupar es hacer posible hoy el nacimiento humilde de una Iglesia, capaz de actualizar en la sociedad moderna el espíritu y el proyecto de Jesús.
- Los mensajes de la jerarquía no parecen ir por ese camino… -
Precisamente estoy leyendo la conversación del Papa con el periodista Peter Seewald. El Papa insiste en la necesidad de «definir de nuevo tanto la vocación de la Iglesia como su relación con la modernidad». Afirma que la «religiosidad tiene que regenerarse de nuevo en el contexto de la sociedad moderna para encontrar nuevas formas de expresión y comprensión».
Insiste en que «hay que preguntarse siempre qué cosas, aunque hayan sido consideradas como esencialmente cristianas, eran en realidad sólo expresión de una época. Debemos regresar una y otra vez al Evangelio y a las palabras de la fe para ver qué es realmente lo esencial y qué se ha de modificar legítimamente con el cambio de los tiempos». La actitud de la Iglesia ante el mundo moderno cambiaría mucho si obispos, teólogos y pastores fuéramos capaces de interiorizar las líneas de evangelización que nos propone el Papa.
- ¿Qué cosas cambiaría si estuviese en sus manos?
- La conversión de la Iglesia no es tarea de un teólogo o un obispo, sino un esfuerzo sostenido por las generaciones cristianas a lo largo de décadas. A mi juicio, a los cristianos de hoy se nos pide reaccionar e iniciar la autocorrección, para transmitir a las generaciones venideras la actitud de conversión a Jesús como talante.
Naturalmente, poco puedo yo cambiar las cosas, pero quiero contribuir en algunas tareas que considero necesarias y urgentes. Por ejemplo: revisar qué hay de verdad y de mentira en nuestra manera de vivir la fe cristiana, para caminar hacia mayores niveles de autenticidad; recuperar y cuidar mejor nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús, viviendo una relación más vital y de mayor calidad con él; centrar a las comunidades cristianas en torno al relato evangélico de Jesús.
- ¿Y qué pasará si no se inicia el camino hacia esa «conversión sin precedentes» de la que habla?
- Temo que, en algunos sectores, la fe cristiana se pueda diluir en formas religiosas cada vez más decadentes y sectarias, y cada vez más alejadas de lo que es el movimiento inspirado y querido por Jesús.
- ¿Cómo valora el desapego religioso de las nuevas generaciones?
- Lo que más me preocupa no es que los jóvenes se alejen de la misa dominical, sino que nosotros no seamos capaces de actualizar la celebración de la eucaristía para favorecer su participación viva, consciente y gozosa. Nuestros jóvenes son víctimas de la crisis religiosa, más que responsables.
Me duele que no sepamos escuchar sus preguntas más hondas. Nos oyen hablar de preservativos y ellos necesitan al Dios revelado en Jesús. No los estamos educando para vivir la fe en una sociedad secularizada. A veces, al constatar el vacío interior de muchos jóvenes, su desamparo ante el futuro, pienso que, tal vez, serán ellos mismos quienes buscarán a Dios por caminos que nosotros no les sabemos señalar.
Dios no ha abandonado a estos jóvenes que abandonan la Iglesia
Declaraciones recogidas por Stéphanie Le Bars
LA IGLESIA CORRE EL RIESGO DE CONVERTIRSE EN UNA SUBCULTURA
Entrevista a Monseñor Rouet, Arzobispo de Poitiers. Le Monde 03/04/10

ECLESALIA, 04/05/10.-Traducción de Inmaculada Franco
El arzobispo de Poitiers, Mons. Albert Rouet es una de las figuras más libres del episcopado francés. Su obra “J’aimerais vous dire” (Me gustaría deciros) Bayard, 2009, es un best-seller en su categoría. Ha vendido más de 30.000 ejemplares, recibido el premio 2010 de los lectores de La Procure (la mayor librería católica de Francia), es un libro de entrevistas que lanza una mirada bastante crítica sobre la Iglesia católica. Con motivo de la Pascua, Mons. Rouetnos entrega sus reflexiones de actualidad y su diagnóstico sobre la institución.
La Iglesia católica se ve sacudida desde hace meses por la revelación de los escándalos de pedofilia en varios países europeos. ¿Le han sorprendido?
Me gustaría precisar una cosa primero: para que haya pedofilia se precisan dos condiciones, una perversión profunda y poder. Lo que significa que todo sistema cerrado, idealizado, sacralizado, es un peligro. En la medida en que una institución –incluida la Iglesia- se constituye en base a un derecho privado, se cree en posición de fuerza, ahí son posibles las derivas financieras o sexuales. Es lo que revela esta crisis y ello nos obliga a volver al Evangelio: la debilidad de Cristo es constitutiva de la forma de ser de la Iglesia.
En Francia, la Iglesia no tiene más este tipo de poder, por lo que estamos frente a faltas individuales, graves y condenables, pero no ante un asunto sistemático.
Estas revelaciones llegan después de varias crisis que han jalonado el pontificado de Benedicto XVI. ¿Qué es lo que pone a la Iglesia en apuros?
Desde hace algún tiempo, la Iglesia sufre tormentas internas y externas. Tenemos un papa que es más un teórico que un historiador. Sigue siendo el profesor que piensa que cuando un problema está bien planteado está ya medio resuelto. Pero en la vida, esto no es así; nos enfrentamos a la complejidad, a la resistencia de lo real. Lo vemos claramente en nuestras diócesis donde ¡hacemos lo que podemos! La Iglesia tiene dificultades para situarse en el agitado mundo de hoy. Y ese es el corazón del problema. Me preocupan dos cosas de la situación actual de la Iglesia. Se da hoy en ella una congelación de la palabra. Por tanto, cualquier cuestionamiento de la exégesis o de la moral se juzga blasfemo. El cuestionar es algo que ya no se produce automáticamente y es una pena. Al mismo tiempo, en la Iglesia reina una atmósfera de suspicacia malsana. La institución se enfrenta al centralismo romano que se apoya sobre toda una red de denuncias. Ciertas corrientes pasan el tiempo denunciando las posiciones de tal o cual obispo, haciendo informes contra uno, guardando fichas contra otro. Y esto se intensifica con Internet.
Por otro lado, veo una evolución de la Iglesia paralela a la de nuestra sociedad. La sociedad quiere más seguridad, más leyes; la Iglesia, más identidad, más decretos, más reglamentos. Nos protegemos, nos encerramos. Es la señal misma de un mundo cerrado, ¡y es un desastre!
En general, la Iglesia es un buen espejo de la sociedad. Pero actualmente, en su interior son especialmente fuertes las presiones relativas a la identidad. Hay toda una corriente, que no reflexiona mucho, que ha asumido una identidad de tipo reivindicativo. Después de la publicación en la prensa de caricaturas sobre la pedofilia en la Iglesia, ¡he recibido reacciones dignas de los integristas islámicos con ocasión de las caricaturas de Mahoma! Al aparecer de forma ofensiva, uno se descalifica.
El presidente de la conferencia episcopal, Monseñor André Vingt-Trois, ha vuelto a decirlo en Lourdes, el 26 de marzo: la Iglesia francesa está marcada por la crisis de vocaciones, el descenso en la transmisión de la fe, la disolución de la presencia cristiana en la sociedad. ¿Cómo vive usted esta situación?
Trato de tomar nota de que estamos al final de una época. Hemos pasado de un cristianismo de costumbre a un cristianismo de convicción. El cristianismo se había mantenido sobre el hecho de que se había reservado el monopolio de la gestión de lo sagrado y de las celebraciones. Con la llegada de nuevas religiones y con la secularización, la gente ya no recurre a esa idea de lo sagrado.
Pero ¿acaso podremos decir que la mariposa es “más” o “menos” que la crisálida? Es otra cosa. Por eso yo no razono en términos de degeneración o de abandono: estamos en proceso de mutación. Nos falta calcular la amplitud de esa mutación.
Mire mi diócesis: hace setenta años, tenía 800 curas. Hoy en día, tiene 200, pero también cuenta con 45 diáconos y 10. 000 personas involucradas en las 320 comunidades locales que comenzamos a crear hace quince años. Y eso es mejor. Hay que acabar con la pastoral tipo SNCF (N.T. la Renfe en España). Hay que cerrar algunas líneas y abrir otras. Cuando uno se adapta a la gente, a su manera de vivir, a sus horarios, la asistencia aumenta, también a la catequesis. Y la Iglesia tiene esta capacidad de adaptación.
¿De qué forma?
Nosotros ya no tenemos el personal suficiente para una división territorial con 36.000 parroquias. Y entonces, o bien lo consideramos una desgracia de la que hay que salir a cualquier precio y resacralizamos al cura, o bien inventamos otra cosa. La pobreza de la Iglesia es una provocación para que abramos nuevas puertas. ¿La Iglesia debe apoyarse en sus clérigos o en sus bautizados? Yo pienso que la Iglesia debería confiar en los laicos y dejar de funcionar sobre la base de una división territorial medieval. Esto es un cambio fundamental. Y un reto.
¿Ese reto supone el abrir el sacerdocio hacia los hombres casados?
¡Sí y no! No, ya que imagínese que mañana yo pueda ordenar a diez hombres casados, que los conozco, no es eso lo que falta. No podría pagarles. Deberían trabajar, por lo tanto, y no estarían disponibles más que los fines de semana para los sacramentos. Así regresaríamos a una imagen del cura vinculada sólo al culto. Sería una falsa modernidad.
Sin embargo, si cambiamos la manera de ejercer el ministerio, si su función en la comunidad es otra, entonces sí, podemos considerar la ordenación de hombres casados. El cura no debe seguir siendo el patrón de la parroquia; debe de apoyar a los bautizados para que se conviertan en adultos de fe, debe formarlos, evitar que se replieguen en sí mismos..
Es él [el cura] quien debería recordarles que son cristianos para los otros, no para sí mismos. Entonces, él presidirá la eucaristía como un gesto de fraternidad. Si los laicos siguen siendo menores de edad, la Iglesia no tendrá credibilidad. Ella debe hablar de adulto a adulto.
Usted considera que la palabra de la Iglesia ya no se adapta al mundo. ¿Por qué?
Con la secularización, se formó una especie de “burbuja espiritual” dentro de la cual flotan las palabras. Comenzando por la palabra “espiritual”, que cubre prácticamente cualquier tipo de mercancía. Por lo tanto, es importante dar a los cristianos los medios para identificar y expresar los elementos de su fe. No se trata de repetir una doctrina oficial sino de permitirles decir libremente su propia adhesión.
Frecuentemente es nuestra manera de hablar la que no funciona. Hace falta descender de la montaña al llano y hacerlo humildemente. Para ello se requiere de un gran trabajo de formación, ya que la fe se había convertido en algo de lo que no se hablaba entre cristianos.
¿Cuál es su mayor preocupación sobre la Iglesia?
El peligro es real. La Iglesia corre el riesgo de convertirse en una subcultura. Mi generación estaba apegada a la idea de inculturación, a la inmersión en la sociedad. Hoy en día, el riesgo es que los cristianos se encierren y endurezcan simplemente porque tienen la impresión de estar frente a un mundo de incomprensión. Pero no es acusando a la sociedad de todos los males como alumbramos a la gente. Al contrario, hace falta una inmensa misericordia para con este mundo donde millones de personas mueren de hambre. Nos toca a nosotros amansar a ese mundo, nos toca a nosotros volvernos más amables. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


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Xavier Pikaza, teólogo: “Este papado no puede resolver los problemas de la Iglesia”

Religión Digital
“Si la Iglesia no se reforma, muere”
“En no muchos años se incorporarán al sacerdocio tanto mujeres como varones casados”
Xabier Pikaza (Orozko, Vizcaya, 1941) se doctoró en Teología con 24 años, y fue catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca antes de ser apartado por discrepancias con la ortodoxia vaticana. Abandonó el sacerdocio. La semana que viene pronunciará tres conferencias en el Gran Hotel.Lo entrevista Matías Vallés en Diario de Mallorca.
-Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿Jesucristo existió?”-Evidentemente, lo sabemos por la Biblia y por historiadores romanos como Flavio Josefo. Autores ateos han precisado la figura histórica de Jesús.
-¿Qué le diría hoy Jesucristo al Papa?-Lo que está en los Evangelios. La Iglesia quiere mantener los textos del Nuevo Testamento, pero se ha levantado un inmenso edificio, y no todas las actuaciones responden a lo que Jesucristo hubiera querido. Si la Iglesia no se reforma, muere.
-¿Vive la Iglesia su peor momento desde la Reforma protestante, como sostiene Hans Küng?-No soy tan pesimista. El momento es bueno, porque hace cuarenta años no se podía hablar, y hoy sí. Es una señal de juventud, frente al apagamiento del Vaticano II.
-¿El Papa sabe más que usted?-Ratzinger es el Papa más intelectual desde Lambertini en el siglo XVIII, pero lleva treinta años entregado a la gestión, desde que asume el arzobispado de Múnich. En ese tiempo yo he leído más libros que él. Sé cosas que el Papa no sabe, y viceversa. No creo que Benedicto XVI sea el hombre más apropiado para dirigir la Iglesia.
-¿Ha sido perseguido por Ratzinger?-Ratzinger influyó en mi apartamiento de la cátedra, pero no era un asunto personal. Le deseo lo mejor, pero este papado no puede resolver los problemas de la Iglesia. No debe persistir en su actual configuración, necesita transparencia.
-¿Qué aspectos de sus tesis se le hacen insoportables al Vaticano?
-La manera de entender la figura de Jesucristo, si se acentúa lo divino o lo humano porque es hijo de Dios como hombre completo. También he discutido la literalidad biológica del nacimiento virginal, y cómo entender el Espíritu Santo. Un artículo del Derecho Canónico concentra todos los poderes en el Papa, ni el presidente de Estados Unidos tiene esas facultades.
-¿Antes vasco que católico?-No, por favor. Ante todo ser humano. La disyuntiva vasco o cristiano es una tontería.
-El clero vasco es muy nacionalista.
-También gran parte del clero salido de la Guerra Civil se ha sentido muy nacionalista español. No quiero que me impongan ningún nacionalismo. La actitud del Constitucional con el Estatut es una vergüenza, demuestra que una parte de la política estatal no tiene en cuenta la sensibilidad vasca ni catalana.
-¿Hay relación entre el celibato y los casos de pederastia?
-No en mi experiencia, pero el tipo de vida de algunos clérigos ha podido favorecer esos casos. Lo ocurrido obliga a replantearse la formación de los sacerdotes, y el deficiente engranaje de una parte de ellos con la juventud.
-Tras las denuncias vendrán las condenas.
-Es bueno que se destapen los casos de abusos, y muy necesario que un pederasta no tenga ventaja en el trato por ser sacerdote, pero tampoco sé si la solución pasa únicamente por los juzgados.
-¿Nos cura el amor o el sexo?
-El sexo es importantísimo, pero para hacerlo humanamente profundo hay que vincularlo al amor. Descuidar este aspecto desgasta al ser humano. Una relación sexual marca la vida de una persona.
-Usted juró que nunca se casaría, y está casado.-Prometí el celibato para ser clérigo, y no me arrepiento de haber sido un sacerdote célibe durante más de treinta años. Las circunstancias cambiaron, y tuve que optar entre dejar de publicar o seguir pensando como yo pensaba. Prefiero ser un cristiano libre, de a pie, pero sin los problemas teológicos hubiera continuado célibe.
-¿Qué le ha aportado el matrimonio a su fe?-Una manera de vivir distinta, pero estoy casado por la Iglesia, sin ningún problema. He sido muy feliz como célibe, y ahora más.
-Benedicto XVI ficha a sacerdotes anglicanos casados.
-Me parece perfecto. En no muchos años se incorporarán al sacerdocio tanto mujeres como varones casados. No me gusta mucho la palabra sacerdote, en el Nuevo Testamento lo son todos los cristianos.
-¿Con Rouco Varela hubiera sido posible la transición política?-En el momento de la transición, Rouco está con ella y la quiere pactada, como Tarancón. Hoy está en otras circunstancias, y tiene dificultad para admitir ciertas cosas.
-¿Cuántas religiones verdaderas hay?
-Todas lo son, no puedo decir que mi religión es mejor que otra. Quiero que haya buenos budistas y buenos musulmanes.

Juan Masiá, s.j.: “El Dios en que yo creo no va en la línea de Rouco y Camino”

Jesús Bastante

Religión Digital
“La Iglesia tiene miedo a la mujer, a la ciencia, a los periodistas, a la modernidad, a la sexualidad…”. El que está fuera discrepa de la Iglesia. El que está dentro discrepa en la Iglesia, sintiéndose Iglesia y precisamente por ser Iglesia. Juan Masiá es un ilustre compañero, bloguero, uno de los mejores expertos en bioética en castellano, profesor y jesuita en la frontera.
Viene a presentarnos su último libro: Vivir en la frontera, un compendio de artículos publicado por Nueva Utopía. Como dice el título, para vivir en paz, creer con sensatez, discrepar fielmente y aprender lo diferente. Un libro cuya lectura les recomendamos vivamente.
Juan Masiá es de los que piensan que “no hay que respetar todas las ideas, hay que respetar a todas las personas”. Su idea particular de Iglesia, es que “sigue arrastrando cosas anacrónicas y obsoletas, como las excomuniones, que no tendrían que existir”.
Sobre las críticas y censuras que ha recibido, comenta con humor que “me harán más propaganda”. Y, respecto al episcopado español, hace gala de su misericordia y tolerancia, al afirmar que “la Iglesia y el Dios en que yo creo no son los de Rouco y Camino, pero, por favor, ¡que no caiga ningún rayo del cielo para los dos!
P- ¿Qué tal la diferencia entre Tokio y Madrid?
R- Bueno, este año hace tanto frío en uno como en el otro. Cosa rara.
P- ¿En todos los sentidos, o sólo en el climatológico?
R- Esa es una pregunta bonita… Madrid un poco más frío.
P- Vamos a empezar por el título de tu nuevo libro: ¿Qué significa Vivir en la frontera? ¿Se puede, todavía hoy, vivir en la frontera?
R- Bueno, eso fue lo que nos encargó Pablo VI a los jesuitas, y lo que nos ha vuelto a encargar nuestro hermano Benedicto, y lo que también se recordó en la última congregación de los jesuitas. Hay que estar en la frontera, y hay muchas fronteras. La frontera entre la creencia y la increencia, entre la investigación y la divulgación, entre la espiritualidad y la praxis… Ese estar en la frontera es precisamente la característica que se remonta a San Ignacio de Loyola, así que no es nada especialmente original.
P- ¿Y en qué frontera está Juan Masiá?
R- Quizás en muchas. Al estar como estoy yo, en Japón, estás, de alguna manera, entre oriente y occidente. En cuanto tratas de bioética y dices cosas como las que yo he dicho sobre el tema del aborto, que no son ni del extremismo anti ni del extremismo pro, te atacan de los dos lados y, entonces, estás en la frontera. Cuando hablas de Teología de la Liberación, y a los de la derecha les pareces marxista, y a los de la izquierda les sigues pareciendo demasiado de sacristía… pues estás en la frontera.
P- ¿Nos encontramos tal vez en una Iglesia que ve demasiados blancos y negros, donde los matices no se tienen en cuenta?
R- Sí, en el caso de nuestro país. Yo llevo muchos años en Japón, pero recuerdo la Transición en España. Y, con el paso de los años, me he dado cuenta de que aquí se hizo transición a la democracia, transición a la alternancia en el poder, se está haciendo (aunque sin acabar de hacerse) la transición al vivir con normalidad en una sociedad plural, democrática, con una sana laicidad… Pero hay una transición que yo creo que está por hacerse, y es una cuestión que podría remontarse al siglo XIX. Aquello que decía Unamuno, de que aquí lo único que hay es o rojos o azules, o blancos o negros.
P- ¿Clericales y anticlericales?
R- Sí. Como decía él, el odio antiteológico y el odio teológico. Él sufrió los dos.
Si en esta misma página abres un blog un poco ultra, y luego abres uno de estilo contrario, verás ese tirarse a la cabeza continuo.
Yo creo que ésta es la transición que nos queda por hacer. Que ese cambio cultural aquí no se ha dado. En lo religioso, lo que pasa es que hemos padecido, y estamos padeciendo (sobre todo en algunas áreas) la pesadilla de unas instancias jerárquicas eclesiales de marcha atrás del Vaticano II.
P- ¿Pretenden aglutinarlo todo en torno a sí?
R- Sí. Hay una involución que está pesando mucho.
P- Lo que pasa es que, con esa teoría, es muy difícil hablar de fronteras. Parece que la frontera es un término de los de fuera.
R- Es que la frontera puede ser metáfora de muchas cosas. Por ejemplo: Quien ha vivido en la frontera, la cruza. Va y viene. Y es muy corriente que gente muy sencilla, del pueblo, que vive cerca de la frontera, hable dos lenguas.
P- ¿En la Iglesia hay pasaportes? Es decir, una vez que cruzas la frontera para ir al otro lado, cuando vuelves, ¿se te puede llegar a exigir un carné de catolicidad?
R- Ni muchísimo menos. Todo lo que sean carnés, burocracias, incluso el Derecho Canónico… no tendría que existir. La Iglesia ha heredado estos lastres de los tiempos de Constantino. Pero la historia es la historia, y la Iglesia los acabará soltando. Jesús sufrió lo mismo. La religión establecida de su tiempo también tenía todo ese bagaje, del que Jesús se soltó.
P- Da la sensación, Juan, de que, desde algunas instancias, se están tratando de expedir “certificados de catolicidad” (llámese ortodoxia o pureza).
R- Sí, como las excomuniones: cosas anacrónicas y obsoletas que no tendrían que existir. Yo creo que son armas del poder.
P- ¿Cómo te sientes dentro de la Iglesia, Juan?
R- Si la Iglesia es la comunidad que camina heredando el movimiento de Jesús, estupendamente. Ahora, si entiendes por Iglesia solamente la Jerarquía, y dentro de ella, a determinadas instancias, me sentiría muy mal.
P- Hace unos días presentaste tu libro aquí en Madrid, en un acto al que asistió José Manuel Vidal, nuestro director. Un acto bastante emotivo, con el auditorio repleto, con la cariñosa presencia de José Bono, pero con la ausencia de Pedro Lamet.
R- ¡Ah, sí! Porque su provincial le tuvo miedo a otro provincial más de arriba, y éste a su vez le tuvo miedo a un mitrado… Hay tantos miedos para la gente timorata…
P- ¿Y Juan Masiá tiene miedo?
R- ¿Por qué hay que tenerlo? Ese es el mayor problema de la Iglesia: que tiene muchos miedos. Miedo a la mujer, miedo a la ciencia, a los periodistas, a la modernidad, a tocar el tema de la sexualidad… Y, cuantos más miedos, más agresividad, como enseñan los psicólogos. Entonces viene la Caza de Brujas y la Inquisición.
Habría que preguntarle a un psicólogo qué síndrome tiene tal portavoz o tal obispo.
P- Llevas ya muchos años en la Compañía de Jesús.
R- Sí, hace un par de años celebré mis “bodas de oro”.
P- ¿El sentido de pertenencia a una organización dentro de la Iglesia, puede conllevar algún tipo de miedo, a las sanciones, por ejemplo?
R- No. Si las hubiera, no pasa nada.
P- ¿No existe entonces ese temor? ¿Qué sucedería en la mente y en el corazón del cristiano Juan Masiá si sucediera algo así?
R- ¿Si me condenaran unos escritos, o algo así?
P- Sí.
R- Bueno, pues me harían más propaganda. Nada de que preocuparse. Ya dijo Jesús “no quiera ser el discípulo más que el maestro. Si a mí me persiguieron, os perseguirán a vosotros”.
P- ¿Se puede discrepar fielmente?
R- No sólo se puede, sino que se debe. Decía Pío XII (y fíjate que esta cita es de antes del Vaticano II) que la opinión publica es esencial en la Iglesia. Lo dijo también incluso Juan Pablo II. Lo que pasa es que luego no se practica.
El que está fuera discrepa de la Iglesia. El que está dentro discrepa en la Iglesia, sintiéndose Iglesia y precisamente por ser Iglesia. Cuando disientes de una cosa que ha dicho el Papa, disientes precisamente por fidelidad al Papa. La fidelidad al Papa jesuítica, nos obliga, para defenderle a él de los ultras que lo sofocan, a disentir de él.
P- Es la Iglesia una institución muy extraña en ese sentido, porque tiene muchos perfiles y contrapesos.
R- Bueno, es que Jesús no fundó ninguna institución, Jesús desencadenó un movimiento que, a lo largo de la historia, se hizo Iglesia, con todos sus lastres.
P- ¿Qué tal se llevaría Jesús con Rouco o con Camino, o con ese tipo de Iglesia?
R- Pues haría dos cosas. Primero, diría: “El Dios Padre y Madre en que yo creo no es el Dios de Rouco y Camino”. Y a continuación, cuando alguien le dijese “oye, Jesús, manda un rayo del cielo contra Rouco y Camino”, diría: “¡Ni se os ocurra!”. Y les reñiría como riñó a Juan y a Santiago.
Por eso, nosotros tendríamos que tener la libertad de decir “la Iglesia y el Dios en que yo creo no son los de Rouco y Camino, pero, por favor, ¡que no caiga ningún rayo del cielo para los dos!”. El Dios en que yo creo es el que no va en la línea de ellos dos, pero también es el que por nada del mundo los aniquilaría.
P- ¿La gente nos acusaría de ser de la Revolución Francesa? Por aquello de “no estoy de acuerdo con tus ideas, pero daría la vida porque tuvieras la oportunidad de defenderlas en libertad”…
R- Son típicas las frases de que hay que respetar todas las ideas. Pero yo creo que no. Que hay que respetar a todas las personas, y discutir todas las ideas. O incluso pisotearlas, como decía Unamuno, para discernir el grano de la paja.
P- Tú vives en Japón, una cultura distinta. En el blog estás ahora tocando aspectos budistas que son muy interesantes, pero que desde occidente suenan raros. ¿Qué aprende Juan Masiá, en su entorno, de la diferencia?
R- La otra cultura y la otra religión te hacen salir de ti. Como decía el doctor Suzuki en aquel libro de conversaciones entre él y yo: “Estamos conversando, y ahora me parece que soy menos budista que antes”. Y yo le decía: “Yo no pretendo convertirle a usted al cristianismo”. “Ni yo a usted al budismo”, contestaba. Y nos poníamos de acuerdo los dos en que, tras la conversación, yo era más y menos cristiano que antes, y él era más y menos budista que antes. Es decir, redescubres lo tuyo, profundizas más en ello, y al mismo tiempo, sales de ti. Nos transformamos mutuamente.
Ése es el encuentro con lo diferente. Ahora, mientras te empeñes en decir que tú tienes el monopolio de la verdad y de la salvación, no funcionará. Como quien dice que la prueba de que fuera de la Iglesia hay salvación, es que hasta esos conservadores se salvan.
P- Hace poco estuvo aquí José Carlos Bermejo, religioso camilo.
R- Sí, leí la entrevista.
P- A mí me llamaba la atención la cascada de críticas que él recibió por decir que tanto hablar de la “cultura de la vida” y de la “cultura de la muerte”, nos estamos dejando un poquito al margen otras realidades. Él comentaba que se hacía mucho hincapié en los no-nacidos, y se olvidaba la situación de los “ya nacidos”. Hablaba del tema de la eutanasia…
R- El problema no es la eutanasia, es el pasarse de cuidados exagerados.
P- No sé qué opinión tendrás tú (yo soy un profano en la materia), pero la Conferencia Episcopal, que ha sido pionera en España en cuestiones como el testamento vital, ahora da la sensación de que llama eutanasia a cualquier cosa.
R- Es que eso fue otra época. Ya no hay tarancones. Hay que buscarlos con lupa, y no los encuentras. Cuando el tema, por ejemplo, de Inmaculada Echeverría, o de Eluana, hubo aquí obispos y portavoces que hablaron de eutanasia o asesinato, cuando no lo era. Dijeron cosas que eran para darles un suspenso en teología. Porque la limitación del esfuerzo terapéutico es algo tan tradicional, que podríamos remontarnos a textos de Vitoria. Bermejo estuvo acertadísimo en la entrevista.
P- Y el hecho social de tener que trasladar a una moribunda de un hospital a otro…
R- Compromisos que se hacen por ceder, por si el Vaticano decía algo… Lo que había que decir es ¡basta ya!. Dejémonos de terceras vías diplomáticas. Ese “estamos contigo, pero para que no se molesten los de arriba decimos…”. No, señor, digamos claramente las cosas, sin temor a que haya enfrentamientos. Se está cediendo demasiado y así no se hace bien a la Iglesia ni a la sociedad, sino todo lo contrario.
P- Me estoy acordando también del caso de José Antonio Pagola…
R- ¿En qué se ha pasado Pagola? ¡Si yo creo que se ha quedado corto! ¡Si tendría que haber dicho un montón de cosas que no ha dicho!
P- ¿No crees que estamos asistiendo a una especie de revisionismo, de neo Inquisición, al menos aquí en España?
R- Sí, sí, sí. Una profesora japonesa que fue premiada por la UNED y ha publicado su tesis doctoral sobre la Iglesia española en la época anterior a la Guerra Civil, comentaba el otro día en una ponencia que le daba miedo la situación actual de la Iglesia española, porque le recuerda a esa época de antes de la guerra. Y lo comentaba a propósito de la ambigüedad del tema de los mártires.
P- ¿Estamos perdiendo la misericordia en favor del dogma?
R- Hay algunas instancias jerárquicas que son verdaderamente inmisericordes. Y eso no es evangélico.
P- Juan, ¿aspiras a seguir viviendo en la frontera?
R- Es mi misión. Como cristiano, como jesuita, como sacerdote. Es lo que decía Jesús de vivir en el mundo sin ser del mundo.
P- ¿Y hacia dónde van a ir tus pasos en el futuro? ¿Vas a seguir en Japón, dedicándote a escribir, al blog…?
R- Exactamente. De momento, no hay ningún cambio planificado. Seguiré dando mis clases y trabajando pastoralmente.
P- ¿Y qué pasa con la prohibición de escribir en castellano?
R- Obedecer esa prohibición sería darle la razón a la ultraderecha religiosa que la ha pedido. Es una orden injusta y, por lo tanto, no hay obligación de cumplirla.
P- Juan, es un placer tenerte aquí. La pena es que estés tan lejos.
R- Bueno, desde lejos se ven las cosas de otra manera, sin estar condicionado por la anómala situación político-religiosa en el Estado español.
P- Sí, muchos tendrían que tomar distancia también, para contemplar la realidad con otros ojos. Muchísimas gracias, Juan. Que tu libro tenga mucho éxito, y ya sabes que ésta es tu casa, como lo lleva siendo desde hace tanto tiempo.
R- Muy agradecido. Muchas gracias a vosotros.

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BARTOMEU BENNÀSSAR, LAS PALABRAS DE UN HUMANISTA
Artículo de Llorenç Capellà en Brisas (Última Hora). Palma, 25 de abril de 2009

Esboza una perenne sonrisa, pero hay un punto de reserva congénita en su sonrisa y en su mirada. Habla rápido y va a su aire. Bartomeu Bennássar (Felanitx, 1937) es sacerdote y se licenció (Universidad Gregoriana de Roma, 1960) y doctoró en teología (Academia Alfonsiana de Roma, 1964). A primeros de mes, el lnstitut dEstudis Baleárics le rindió un homenaje en reconocimiento a su trayectoria intelectual y humana.
“La ociosidad es el padre de todas las virtudes”

Le recuerdo que su tesis, “Turismo y Pastoral”, fue publicada en 1966, cuando el turismo había sido escasamente estudiado. Me responde: Bartomeu Bennássar: Curiosamente, el doctor Jesús Enciso Viana, por aquel entonces obispo de Mallorca, me animó a profundizar en el tema.

Llorenç Capella. - ¿Y le asesoró? B.B.- Para nada. Era un hombre próximo al franquismo y es evidente que no nos hubiéramos entendido. No obstante, intuyó que el turismo se convertiría en algo importante ante lo que convenía posicionarnos.

L.C.- ¿Y usted cómo enfocaba la cuestión? B.B.- Con espíritu aperturista. El Concilio Vaticano II abrió las puertas de la Iglesia al mundo real. Se hablaba de la teología del trabajo, del progreso, de la historia... ¿Y por qué no íbamos a contemplar la teología del ocio? Dios nos dice que trabajemos, pero también que disfrutemos del tiempo libre. La ociosidad no es la madre de todos los vicios, sino el padre de todas las virtudes. ¿Me explico...?

L.C.- Perfectamente. B.B.- El tiempo libre nos hace soberanos. Los domingos, por tanto, se tienen que interpretar como un día enriquecedor, porque el sentido lúdico de la vida es sinónimo de libertad. De ahí el aspecto positivo de las vacaciones. Y del turismo como ocio y negocio. Luego las cosas no son como quisiéramos. Ya en el año setenta y dos publiqué un opúsculo titulado “Turismo sí, pero...”

L.C.- ¿Qué había detrás de los puntos suspensivos? B.B.- La convicción de que se estaba confundiendo ocio con ociosidad. El turismo había perdido su pátina cultural de principios de siglo y se entendía como una fuente de ingresos. De modo que sólo se valoraba la cantidad de turistas y el gasto que hacían. Cuánta más cerveza bebían, mejor. Ganábamos dinero, pero a la vez que nos degradábamos como pueblo estábamos degradando el paisaje.

L.C.- La ecotasa... B.B.- A eso iba. Un ilustre paisano mío, Bartomeu Amengual, en 1903 ya publicó un libro, “La industria de los forasteros”, en el que proponía la aplicación de un impuesto calcado a la ecotasa. Y Amengual era un hombre de prestigio en todo el Estado...

L.C.- ¿Usted fue partidario de su aplicación? LB.- Naturalmente. El turista se beneficia de las infraestructuras del país que visita y usa y contamina territorio. En consecuencia, debiera de abonar los gastos que genera su estancia. Y en su defecto, el hotelero.

L.C.- Ja! B.B.- Sí, ya sé: puesto que el hotelero tampoco los paga, acabamos pagándolos nosotros, los ciudadanos. Es vergonzante el temor reverencial que la clase política siente por los hoteleros. E incomprensible. Porque estos señores, de solidaridad, nada. Cuando han visto que sus dineros serían más rentables en el Caribe se los han llevado hacia allí sin pensárselo dos veces. ¿Sabe cuál es la aportación cultural al patrimonio común de la patronal hotelera después de cincuenta años de riqueza...?

L.C.- Dígamela. B.B.- Ninguna. ¡Cero! ¿Qué esculturas tenemos...? ¿Qué museos...? ¿Qué bibliotecas...? En cambio contemplamos paisajes destrozados, la lengua propia arrinconada, problemas sociales que no se resuelven por desidia...

L.C.- ¿Los males proceden del comienzo del boom turístico? B.B.- Naturalmente, pues se entendió que la industria turística era una máquina de hacer dinero y poco más. Y Mallorca se convirtió en el granero del Estado. Ahora bien, el turismo no sólo tiene una lectura económica. Aunque no se hiciera ninguna otra. La concepción global del turismo, por tanto, está enviciada desde sus raíces.

L.C.- ¿Qué quiere decir? B.B. Que el turismo también tiene una lectura cultural, una lectura de convivencia, una lectura de curiosidad, de tolerancia, de respeto y de aprendizaje hacia aquellas formas de vida que son diferentes a la nuestra. ¿Pero si únicamente tenemos en cuenta el saldo de la cuenta corriente...? No hemos de ser tontos, ya lo sé. No hemos de ser ingenuos, ya lo sé. Pero, oiga, aquello que no podemos hacer es renunciar a todos nuestros valores...

L.C.- Para hocicar monedas como el cerdo bellotas. B.B.- Exactamente. Aunque las monedas se las repartieron unos pocos. Los demás...

L.C.- ¿Qué...? B.B.- Se avinieron a ser explotados. En los años sesenta y setenta, hubo gente de Iglesia que quiso conocer de cerca el submundo laboral de los hoteles. Yo fui uno de ellos. Los empresarios contrataban pueblos enteros de Andalucía y los hacinaban en los sótanos. Los mal alimentaban, les pagaban una miseria y los obligaban a trabajar sin un horario preestablecido.

L.C. - ¿Dónde estuvo, usted? B.B.- En el Hotel Son Caliu. Hacía de fajín de pisos.

L.C.- ¿Qué es esto? B.B.- Algo así como un mozo para todo. Pasaba el aspirador y estaba a las órdenes de las camareras. Nadie supo que era un sacerdote.

LC.- ¿Qué aprendió? B.B.- Palpé la realidad con las manos. Y me llevé decepciones. La gobernanta escondía papelitos detrás de los muebles para saber si realmente había pasado el aspirador. Ya sé que era su obligación. Pero, en fin, yo entendía la relación humana de otra manera, mucho más noble, mucho más abierta. También conocí gente magnífica. Y confirmé lo que ya sabía: la verdad siempre pasa por el lamento del que sufre. Nuestras verdades han de pasar por el tamiz de la Cruz. Por esto... ¿Puedo decirle algo ajeno a la hostelería?

L.C.- Pruébelo. B.B.- Por esto, las opiniones sobre temas como la interrupción del embarazo o el uso de preservativos para evitar enfermedades contagiosas han de recoger el sentir de la gente que ha pasado o pasa por estas situaciones. Y si eres insensible a este sentir, cállate.

L.C.- ¿Está pensando en obispos y cardenales? B.B.- Naturalmente. Aunque este desprecio a la opinión de los de abajo, del pueblo o del colectivo, llámelo como quiera, no es únicamente defecto de la Iglesia, sino de la clase política. Y se manifiesta, incluso, en las cosas más pequeñas. Le pongo un ejemplo: la estación Intermodal.

L.C.- ¿Qué le pasa ahora...? LB.- Nada importante. Supongo que ya no hay goteras y que las luces se encienden. Pero, fíjese, es un emblema del progreso y se ha construido para el bienestar del usuario. Pues bien, antes de inaugurarla podías llegar en coche hasta la misma puerta del autocar que ibas a coger, en mi caso el de Felanitx.

L.C.- Sí...LB.- Ahora, en cambio, tienes que bajarte del taxi o del coche en la plaza España y, para llegar al autobús de línea, tienes que recorrer a pie el subsuelo de media ciudad. Y subir y bajar escaleras. Y caminar y caminar. Y sin que haya cinta transportadora. O sea, que si llevas una maleta o eres anciano...

L.C.- Hábleme de la clase política. B.B.- ¿Para qué...? La tenemos y la padecemos. Aunque muchos de sus errores son achacables a los técnicos. A veces me pregunto si hacen las cosas mal para rehacerlas y cobrar nuevamente o si lo que pretenden es dejar en ridículo al político de tumo. En las infraestructuras públicas se han cometido errores que podía prever el más indocumentado de los ciudadanos.

L.C- ¿Usted se apunta a la obamamanía? B.B.- ¿Y usted que cree..?

L.C.- Lo que usted me diga. BB.- ¿Cómo voy a creer en Obama si, a veces, tengo que hacer un esfuerzo de voluntad para seguir creyendo en Dios? Bromas aparte, en la obamanía se detecta un cierto infantilismo. Y yo soy algo escéptico, la verdad...

L.C. - Mire hacia Europa. Los líderes naturales son Sarkozy y Berlusconi. B.B.- Ambos son de derechas. ¡Y de qué derecha! Nuestra época fomenta la cultura de la ética a la baja. No hay ideales ni ideas. Y cuando la sociedad baja el listón de la exigencia surgen este tipo de personajes.

LC.- Lamentable. B.B.- A más no poder. Los grandes pensadores, que debe haberlos, se refugian en las alcantarillas.

L.C- ¿Y los de la Iglesia? B.B.- También. En los años setenta, la Iglesia liquidó el espíritu del Concilio, porque los que habían salido derrotados en el campo de las ideas supieron conservar el poder. Y el resultado de todo ello está a la vista. La Iglesia no conecta ni con el pensamiento ni con el lenguaje del mundo actual. Si no volvemos al Concilio no hay autocrítica y los valores se fosilizan.

L.C.- En este edificio fosilizado, la Conferencia Episcopal española ocupará un piso de lujo. B.B.- El preferente. Los obispos del franquismo son los que eligieron a sus sucesores. Y, naturalmente, los eligieron entre su camarilla de fieles. Y éstos, erre que erre, continúan con el lenguaje caduco y vergonzante de siempre.

L.C.- Últimamente ¿se ha radicalizado la opinión pública? BB. - Puede que sí. Aunque la gente tiene muchísimo sentido común, porque hay muchas crisis abiertas. Para más inri, el gran problema colectivo no es el miedo, sino el miedo que los de arriba nos meten en el cuerpo. Pura ideología.

LC. - ¿Son unos irresponsables? B.B.- Por supuesto. Pero saben a lo que juegan. Hay muchos factores que confluyen en un único objetivo: la despersonalización del ser humano. La persona despojada de referentes culturales, no es libre. Y ahí radica la victoria del poder. El individuo ha de ser libre para pensar y pensar para ser libre. Cuando abdica de su libertad, vende la dignidad. Ya no es nada.

L.C.- La crisis ¿propiciará una reflexión sobre el modelo económico? LB.- No es probable. La izquierda. y me refiero a la izquierda europea de Estados Unidos, no tiene ideas. Y puede que ni fuerza para imponerlas, en caso de que las tuviera. La derecha, en cambio, afirma que refundará el capitalismo.

L.C.- Una bobada. B.B.- Total. El capitalismo no se refunda. Se adapta, nos engaña... Ahí tiene la primera medida: echarles de comer a los bancos. O sea, lo de siempre. La crisis únicamente se parcheará. Por una razón muy sencilla: el modelo económico actual no puede ir contra sí mismo.

L.C- Cambiemos de tema. Militantes o gente afín al Partido Popular se han visto involucrados en escándalos le corrupción. Estos escándalos ¿se reflejarán en una pérdida de votos en las elecciones europeas? B.B. - No. Y si un partido involucrado en casos de corrupción no pierde votos, significa que entre los votantes hay una gran mayoría de corruptos. Ya se lo he dicho: la ética se cotiza a la baja.

L.C.- Rosa Estarás pretende provocar una guerra lingüística por unos pocos votos. B.B.- Su actitud es tan irresponsable como esquizofrénica. De la lengua propia no hemos de hacer bandera ni barrera. Pero no debemos consentir que algunos oportunistas saquen tajada de la desinformación y de la incultura de algunos recién llegados. La demagogia de los médicos que se oponen a adquirir unos mínimos conocimientos de catalán es insultante. Y lo digo por experiencia. Me estoy recuperando de un cáncer y si no pudiera hablarles, a los médicos, en mallorquín me sentiría muy mal. El enfermo necesita proximidad, confianza. Y en estas situaciones el idioma propio es determinante.

L.C.- El Estado federal parece ya un imposible. B.B.- Vamos hacia atrás, es evidente. A veces, en política, conviene retroceder dos pasos para tomar carrerilla y dar el salto hacia delante. No es el caso. Es cierto que el gobierno socialista ha retrocedido los dos pasos, pero todo hace pensar que se quedará ahí o que retrocederá otros dos.

L.C.- Usted lo ha dicho: estamos en tiempo de rebajas. B.B.- Sin duda. De rebajas de todo tipo. La crisis del pensamiento es palpable. Ahora, debido a la otra crisis, la económica, es un momento ideal para la reflexión. Pero la reflexión implica volver atrás, reconocer errores y enmendarlos. El futuro no puede construirse a partir de los errores del pasado, sino de las rectificaciones.

L.C.- Por curiosidad ¿navega, usted, por Internet? LB.- ¡No! Los amigos me tientan diciéndome que Internet me permitirá saber las noticias casi en el momento de producirse. Y yo les respondo que ya las sabré, aunque sea quince días después. No por saberlas al instante seré un pensador más fecundo.

LC.-... BB.- Vivimos en un mundo caracterizado por la prisa. Ganamos tiempo al tiempo. Pero no por ello somos más sabios ni más juiciosos. Internet, la telefonía móvil y los últimos avances en temas de comunicación, han propiciado la globalización del pensamiento. O al menos así se afirma...

L.C.- ¿Y usted...? B.B.- Digo que es cierto. Aunque también deberíamos hablar de la globalización del no pensamiento. La información no siempre es cultura. Le diré más: sin una base cultural sólida y un espíritu crítico e independiente, la información puede producir un empacho. Necesitamos un cedazo. Yo, al menos, lo veo así. A mi edad se es muy crítico.

L.C.- No necesariamente. B.B.- Yo lo soy. Buceo continuamente en el pasado en busca de respuestas para el presente. Y no descuido el futuro. Lo que pasa es que, hablando de futuro, focalizo mis anhelos. Se me difumina la Iglesia. Pero me queda, imborrable, el mensaje de Jesús
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Una voz crítica y lúcida. Las palabras de Bartomeu Bennássar nos hacen caer en la cuenta de que la democracia —la democracia de cualquier país- no será sólida si no la salvaguardan voces críticas y lúcidas como la suya. Estamos en la época de la información. Pero también de las voces domesticadas. Protestones, actualmente, los hay a miles. Intelectuales que apoyan tal causa. Intelectuales que se alinean al lado de tal líder. En conclusión: intelectuales que anhelan una dirección general o, si vienen mal dadas, una beca para seguir tirando. Son pocos los que saben (y quieren) razonar en voz alta sus inquietudes o su rabia. En cualquier caso, Bartomeu Bennássar es uno de ellos. Pertenece a una añada lejana. La de la iglesia conciliar. La de los Carmel Bonnín, Paco Obrador, Jaume Obrador, Jaume Santandreu, etcétera. Con el paso del tiempo cada uno tomó un rumbo distinto. Bartomeu Bennássar ha soportado aparentemente bien todos los temporales (los de la vida: decepciones, experiencias, posibilidades de cambio). Está donde estaba. Pensó el turismo, pero sus conclusiones interesaron a muy pocos. El turismo, en Mallorca, no se piensa, se explota. Bartomeu Bennássar ha remado contracorriente. Analiza el día a día. Pero no es un charlatán de tertulias radiofónicas o televisivas. No vocifera, no chilla, no insulta. Sin embargo, sus argumentos tienen la contundencia del cañón. Su último destino como clérigo ha sido la parroquia de Son Roca. Está escrito que jamás llegará a obispo. Rouco y los suyos no le quieren un peldaño más arriba. En consecuencia, la influencia de su pensamiento es limitada. La Iglesia se lo pierde y nos lo perdemos todos.

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