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PARROQUIA SAN CARLOS BORROMEO-Entrevías

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Siguiendo nuestra reflexión crítica y constructiva respecto a la “Directiva de la vergüenza”, os convocamos el próximo viernes día 27 de Junio a las 19’30h, en San Carlos Borromeo, a un diálogo con Willy Meyer, Eurodiputado de IU y a Bartolome José Martinez, de la oficina del Defensor del Pueblo.

Nos hablarán, y comentaremos todos los asistentes, sobre ¿Cómo queda Europa tras la aprobación de dicha directiva y cómo son y están los CIE en españa?

Esperamos que podáis participar.
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Encuentro de Reflexión y Oración en Vallecas

Otra Iglesia es posible.

ENCUENTRO EN LA PARROQUIA
SANTO TOMÁS DE VILLANUEVA
C/ de Los Leoneses Nº. 6
Esquina a C. Villalobos
Autobuses 10.57.310.144
Metro Miguel Hernández o Alto del Arenal.
Viernes 29 de Febrero de 2008,
A las 19:00h (7 de la tarde)
¡OS ESPERAMOS!
Encuentro de Reflexión y Oración en Vallecas
DESARROLLO DEL ENCUENTRO
Primera parte.
Presentación
Dinámica audiovisual
Diálogo.
¿Cómo ser creyentes en Vallecas?
Consulta para la continuidad de éstos encuentros.
Segunda parte. Acción de Gracias
Canto (mientras no haya en el mundo justa paz)
Lectura de las Bienaventuranzas
Invitación a la acción de gracias
Canto: no queremos a los grandes palabreros.
Bienaventuranzas:
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, se sentó y se le acercaron sus amigos. El tomó la palabra y se puso a enseñarles así:
Felices aquellos que no tienen amarrado su corazón ni al dinero ni a las cosas. Felices aquellos que son amables con los demás. Felices aquellos que se preocupan cuando alguien sufre. Felices aquellos que trabajan para que seamos cada día más hermanos y compartamos las cosas. Felices aquellos que prestan ayuda a los demás. Felices aquellos que tienen un corazón noble y honrado. Felices aquellos que trabajan por construir la paz. Felices aquellos que son perseguidos por construir la hermandad y la igualdad entre todos. Todos estos serán llamados los hijos de Dios.
Canto: Mientras no haya en el mundo justa paz
Mientras no haya en el mundo justa paz, no podemos amarnos como hermanos (2) Cuando unamos nuestras manos y acabemos con las guerras, cuando unamos nuestras manos, cuando entre todos hagamos de las armas herramientas(2) ENTONCES SEÑOR EL MUNDO CREERÁ ENTONCES QUE SOMOS TU PUEBLO(2) Mientras todos no tengan vino y pan, no podemos creer que progresamos (2) Cuando unamos nuestras manos y entre todos repartamos, y entre todos repartamos, los bienes y la cultura, el trabajo y el descanso (2) ENTONCES SEÑOR… (2) Mientras todos no tengan un hogar, no podemos vivir bien instalados (2) Cuando unamos nuestras manos, para dar a todos techo, cuando unamos nuestras manos, cuando no pongamos llaves a lo que todos tenemos ENTONCES SEÑOR….(2)
Mientras lejos del pueblo esté tu luz, no seremos la sal de nuestra tierra (2) Cuando unamos nuestras manos y vivamos tu evangelio, cuando unamos nuestras manos, cuando hagamos que tu Iglesia sea la Iglesia del Pueblo (2) ENTONCES SEÑOR ... (2)
Canto: No queremos a los grandes palabreros
No queremos a los grandes palabreros queremos a un hombre
que se embarre con nosotros que ría con nosotros que beba con nosotros el vino en la taberna que coma en nuestra mesa que tenga orgullo y rabia que tenga corazón y fortaleza los otros no interesan, los otros no interesan los otros no interesan. No queremos a engañosos pregoneros queremos a un hombre que se acerque a nosotros que cante con nosotros que beba con nosotros el vino en la taberna que sepa nuestras penas que tenga orgullo y rabia que tenga corazón y fortaleza los otros no interesan,
los otros no interesan, los otros no interesan.
Encuentro de Reflexión y Oración en Vallecas
Convocan:
Seglares de parroquias y comunidades de Vallecas.
Día 29 de Febrero- Hora 19:00h. (7 de la tarde)
Durante los difíciles acontecimientos de San Carlos Borromeo, un pequeño grupo de seglares de varias comunidades cristianas de Vallecas, nos reunimos para apoyarles de manera conjunta y coordinada. Posteriormente, al comienzo del otoño, organizamos una celebración en torno a la idea, para nosotros fundamental, de …Otra Iglesia es Posible. Éste ha sido nuestro corto recorrido. Y ahora, nos parecería bueno poder continuar, que los seglares de la Vicaria IV y de Vallecas en general, nos viéramos alguna vez al año, fuéramos conociéndonos, reflexionando y orando juntos, asumiendo algunos compromisos colectivos si lo viéramos conveniente. Pero queremos conocer vuestra opinión, saber si a vosotros os parece bien, si queréis que sigamos.
Os invitamos a participar en el encuentro y en él dedicaremos unos minutos a saber qué pensáis
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INVITACIÓN EXPOSICIÓN “CUERPO Y SANGRE”

Parroquia Santa María del Buen Aire

C/ Encomienda de Palacios 192



Nos ponemos en contacto vuestra comunidad para comunicaros que del 6 al 18 de Marzo, la comunidad parroquial Santa María del Buen Aire y el centro artístico SOMA os proponen la visita a la exposición de imágenes “Cuerpo y Sangre” del artista y teólogo Siro López (www.sirolopez.com), en torno al tema de la Eucaristía. Estas imágenes han sido publicadas por la editorial siglo XXI, en un libro con el mismo nombre y acompañadas por textos de diferentes autores (Rigoberta Menchú , Pedro Casaldáliga...)



El día 6 de Marzo a las 19.30 de la tarde tendrá lugar la presentación-inauguración de dicha exposición, seguida de un coloquio sobre la misma. Pretendemos que éste acto sea un momento de encuentro y reflexión y coloquio entorno a las imágenes y los temas, sensaciones, interrogantes que nos susciten.



Estaríamos encantados de poder recibir la visita de algún grupo de vuestra parroquia que en los días del 10 al 14 de marzo y 17 y 18, pudiese acercarse a nuestra parroquia y disfrutar de la visita guiada por el propio artista en horario de 12 a 13:30. La visita es totalmente gratuita





¿Cómo contactar con nosotros para concertar la visita o plantear cualquier duda? Pues a través del teléfono 651306413 o mmsr@ono.com, en ambos casos dirigirse o preguntar por Juan Carlos Sánchez (Juanchu)



Gracias y un saludo afectuoso. Os esperamos

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Navidad en San Carlos Borromeo: Un Dios que se hace niño en Entrevías

Cristina Ruiz Fernández

Humanizar

Un relato del jesuita Anthony de Mello habla de un gurú al que, cada tarde, un gato distraía de su oración. Para evitar esto, pidió a sus discípulos que ataran al gato todos los días durante el culto de la tarde. Mucho después de haber muerto el gurú, seguían atando al gato durante el referido culto. Y cuando el gato murió, llevaron otro gato para poder atarlo durante el culto vespertino. Cada año, cuando llega la Navidad, podría parecer que en muchas casas se ‘atan’ gatos inmensos. Se pone en marcha una maquinaria de costumbres, rituales, liturgias, reuniones familiares y compras que, muy a menudo ha perdido el sentido inicial, los motivos y el significado auténtico. Algunos las disfrutan, otros no, pero en la mayor parte de los casos las ‘fiestas’ no tienen ya ninguna relación con lo que hizo que empezaran a celebrarse.
Este hecho es especialmente llamativo cuando se da en el seno de comunidades católicas, que reducen las celebraciones a ritualismos alejados del verdadero origen cristiano de la Navidad. Sin embargo también hay comunidades que viven las fechas navideñas en su más pleno sentido… aunque eso signifique no hacer grandes celebraciones o fiestas especiales. Es el caso de la comunidad parroquial de San Carlos Borromeo, una parroquia del barrio madrileño de Entrevías, en la periferia de la ciudad.
La parroquia saltó a la actualidad el pasado mes de abril por las amenazas de cierre recibidas del obispado de Madrid. Sin embargo, meses después, la comunidad ha retomado su ritmo normal de celebraciones, actividades, reuniones y, sobre todo, de servicio a los más necesitados. Desde esta cotidianeidad nos hemos acercado a San Carlos Borromeo para descubrir cómo vive la Navidad una comunidad tan plural y tan diferente de las parroquias al uso.
Una comunidad abierta
Que esta iglesia es distinta se nota nada más llegar a ella. Sus instalaciones son sencillas, incluso un poco cutres y, al entrar al despacho parroquial, en lugar del típico cartel de horarios nos recibe un letrero que reza: “Cuando llegamos abrimos. Cuando nos vamos, cerramos. Si vienes y no estamos, es que no coincidimos”. Una manera un tanto irónica de verbalizar que ésta es una parroquia con las puertas abiertas. Un templo accesible, acogedor, abierto a quienes necesitan ayuda, a quienes vienen buscando respuestas o trayendo inquietudes. Abierto a todos y todas sin importar su credo o su país de origen o los problemas que pueda tener.
Tras la puerta del despacho nos recibe Javier Baeza, uno de los sacerdotes que están a cargo de la parroquia. Campechano y sincero, cuesta imaginársele con una casulla o un alzacuellos. Enseguida se ve que siente pasión por su trabajo, por su vocación y que se siente cómodo en una comunidad eclesial como ésta: “aquí hay gente creyente y mucha gente no creyente y eso es un aspecto importante de esta parroquia”, nos cuenta, “y luego, llevamos unos años en los que la parroquia la componen también, dentro de los creyentes, gente con diferentes creencias, sobre todo musulmanes, que participan habitualmente en nuestras celebraciones”.
Esta diversidad viene marcada por el propio ambiente, ya que el templo está enclavado en un barrio que tradicionalmente ha sido el hogar de familias trabajadoras humildes y que hoy en día es un lugar de llegada para muchas personas inmigrantes. En San Carlos Borromeo esta diversidad “se acoge y se comparte” con total naturalidad, haciendo del diálogo interreligioso una realidad cotidiana.
Junto a esta pluralidad confesional existe, nos dice Javier, un “elemento cualitativamente diferenciador” respecto de muchas iglesias madrileñas. “Sobre todo quien compone la parroquia es gente del mundo de la exclusión”, que integra la comunidad. “En otras parroquias, incluso las parroquias majas”, nos aclara el sacerdote, “los pobres siempre se quedan en la puerta pidiendo y yo creo que aquí lo que los diferencia es que los pobres forman parte son la asamblea y eso a mí me parece que es la gran riqueza de esta parroquia”.
Así, en la comunidad de creyentes de San Carlos Borromeo conviven gente de clase media, e incluso empresarios, junto con personas que están metidas en el mundo de la droga o que viven en situación de exclusión social. Además, en torno a la parroquia se crearon y siguen activos hoy en día varios grupos como los Traperos de Emaús, las Madres contra la droga la forman o la Escuela sobre Marginación.
Ante esta diversidad, lo primero que uno se pregunta es si será posible que convivan colectivos y personas tan distintas bajo un mismo techo, unidas por un mismo objetivo. Para Javier Baeza hay muchos elementos convergentes pero, sobre todo lo que los vincula es la fe en el ser humano. “Eso es lo que nos hace estar juntos, aunque las razones de la gente para llegar a la parroquia a veces sean muy diferentes”. Este hecho es suficiente, según el sacerdote vallecano, para sentirse comunidad, desde la consciencia de que “la fe en el Dios de Jesús invita a ser vivida en comunidad, que más allá de las teologías hemos descubierto que los seguidores de Jesús no podemos ser francotiradores”.
Nada especial por Navidad
En una comunidad cristiana que acoge tanta diversidad y tantas experiencias distintas, pero que al tiempo vive la fe con una gran autenticidad, le preguntamos a Javier Baeza cómo celebran las fiestas navideñas. La respuesta puede sorprender a algunos: “no hacemos nada especial”. En San Carlos Borromeo no celebran la tradicional Misa del Gallo. Tampoco hacen ninguna fiesta ni cambian sus costumbres, en una parroquia con procedencias tan diversas no era factible reunir a la comunidad: muchos viajan, otros van a visitar a sus hijos a las cárceles… para gran parte de las familias que componen la parroquia, las fiestas navideñas no son días fáciles.
“Yo me acuerdo de la primera Navidad que estuve aquí de cura”, nos cuenta, “que había una mujer que decía ‘no, no tengo ganas la Navidad’. Entonces uno que venía así con su percha de progre teólogo le eché la charla, y me dijo ‘es que tu no entiendes nada’. Y luego me enteré de que a ella no le gustaban las Navidades porque ya había enterrado a cuatro hijos”. No es lo más frecuente, pero en la parroquia sí hay muchas familias que soportan historias de dolor similares, “con lo cual, no es que no le gusten las Navidades, es que en esa situación es un triunfo levantarse cada día”.
“¿Entonces, qué hacemos?, decoramos la Iglesia, pero no se hace una fiesta especial; la celebración del domingo, no hacemos misa del gallo ni del día de Navidad porque la gente no iba”. El único día especial es el 5 de enero, cuando el grupo de Traperos de Emaús celebran la fiesta de Reyes, “vienen todos los niños del barrio y se les dan regalos”. Una fiesta común en muchos lugares pero que en esta parroquia cobra un matiz diferente “no queremos que sea que vienen los niños pobres y nosotros les damos lo que nos sobra un día al año”, recalca Javier, “mucha de la gente que viene con las criaturas, habitualmente estamos con ellos, no es gente ajena a la parroquia”.
Navidad del día a día
Sin embargo, tanto Javier como las Madres contra la droga, que nos dejaron “colarnos” en su reunión, tienen claro que en San Carlos Borromeo es Navidad todo el año. Esta frase que puede parecer un tópico es lo que viven en la realidad del día a día de la comunidad. “En esta parroquia vivimos signos navideños todos los días, como vivimos muy frecuentemente también signos cuaresmales. Estamos continuamente renaciendo, viviendo, muriendo, resucitando”.
Vivida desde el Evangelio, la Navidad está directamente relacionada con la esperanza, con el renacer a una vida nueva que es posible y eso es lo que celebran en el templo de Entrevías. “No es que nos intentemos convencer de que tenemos que tener esperanza, sino que evidenciamos a los largo de los años que hay muchas situaciones que nos hablan de esperanza: un chaval que es capaz de dejar de consumir [drogas], una pareja que es capaz de encontrar vivienda, que una persona inmigrante tenga papeles…”. En la vida cotidiana de San Carlos Borromeo, hay muchos acontecimientos que nos hablan de eso, de lo que cultural o religiosamente todos llamamos esperanza. “Nosotros vivimos muchas de las cosas que en estas fechas habitualmente experimentamos como alegría o la esperanza, aquí hay signos vivos de ello cada día”.
El sacerdote nos explica que conviven con personas muy ‘machacadas’, que están muy ‘rebotados’ contra sí mismos y contra todo. Celebrar con ellos la Navidad “puede ser una ocasión para decir, ‘a lo mejor puede ocurrir algo no tan malo, no tan desagradable en tu vida’ y darles una oportunidad”. Esto se hace especialmente patente en los jóvenes que viven en los distintos pisos de acogida que gestionan familias de la comunidad parroquial. Concretamente, los sacerdotes tienen acogidos a varios chavales, a quienes intentan transmitir en estas fiestas “una buena noticia de parte de Dios: que sigue confiando en nosotros a pesar de nuestra torpeza y a pesar de la mierda de mundo que hemos montado, sigue habiendo vida”.
Acoger la vulnerabilidad
Estas historias de dolor, de abandonos y separaciones permiten descubrir, además, otra dimensión de la Navidad: la vulnerabilidad. “Un Dios que se hace niño… ¿qué hay más vulnerable que un niño recién nacido?”, nos pregunta Javier Baeza. “Para mí si hay algo que me refleje la vulnerabilidad del niño Jesús, es lo vulnerables que son ciertos colectivos sociales”. Y en San Carlos Borromeo nos encontramos con muchas vidas muy vulnerables, gente enferma con una esperanza de vida muy corta, jóvenes muy rotos, un chaval que ha estado diez años en prisión, que sale absolutamente descolocado, personas desesperadas… “en nuestra comunidad la vulnerabilidad es un elemento muy cotidiano”.
Esa es la clave – o al menos lo parece hablando con Javier – quien, con timidez y humildad, pero no con vergüenza, afirma: “creo que en esta parroquia somos capaces de acoger la vulnerabilidad”. Y ahí es donde está la diferencia o la crítica a la Iglesia como institución y a veces también los creyentes. “¡Qué dificultad tenemos para acoger, para cuidar!, es imposible, porque el poder no puede cuidar a las personas”. Para el sacerdote, el poder y la ternura son conceptos antagónicos, “el poder nos mandará, nos organizará, nos perseguirá; pero el poder nunca puede ser mimo, caricia, cercanía”. Es tajante, porque para él, “en la Iglesia, o rompemos con todo eso que huele a poder, o rompemos con el Evangelio”.
Para eso aún hay que hacer un largo camino y, sin embargo, en San Carlos Borromeo ya están empezando a vivir así la Navidad. Desatar los “gatos”, desmontar las costumbres vacías, romper ataduras de liturgias encorsetadas y llenar las fiestas de ternura, de vulnerabilidad y de esperanza. “Estando al lado del mundo de la pobreza con todas sus contradicciones, yo creo que es posible que se opere de alguna manera esa nueva venida del Dios de Jesús. Aquí es posible”.
Y también el Ramadán
La comunidad de San Carlos Borromeo se ha mostrado desde el principio abierta a la realidad de su entorno, un barrio con un elevado índice de inmigración. Esto brinda una oportunidad privilegiada para establecer un diálogo intercultural e interreligioso sumamente enriquecedor.
Gracias a esto, la parroquia no sólo celebra la Navidad y el resto de fiestas del calendario litúrgico católico, sino que también incorpora fechas de otras confesiones, especialmente de la musulmana –religión que practican una parte de los miembros de la comunidad parroquial.
Un ejemplo de esta fe compartida fue la celebración que se llevó a cabo el pasado mes de octubre, con motivo del Ramadán. La idea surgió cuando los chicos marroquíes de la parroquia les ofrecieron “compartir un día de ayuno con ellos para finalizar con una cena en común”. Esta propuesta se convirtió en un cálido encuentro en el que participaron más de 70 personas. En el altar de la iglesia, con la figura de Jesús crucificado detrás, se celebró la oración presidida por un joven musulmán que llevaba una camiseta en la que se leía “Cristo Vive”. Parece que es así, al menos en San Carlos Borromeo.
De parroquia a Centro Pastoral
Han pasado meses desde que esta sencilla parroquia de barrio ocupara las portadas de los periódicos y saliese en los informativos de todas las televisiones nacionales. San Carlos Borromeo ya no está en el centro de la actualidad y ha recuperado el ritmo cotidiano de la vida comunitaria. En las celebraciones del domingo hay algo más de gente, pero ya no están tan masificadas.
El pasado verano, la Asamblea Parroquial presentó un documento, a petición del arzobispado, con distintas alternativas para la situación que se había planteado ante la amenaza de cierre. No fue hasta noviembre cuando, tras una visita de Mons. Rouco-Varela a Entrevías, recibieron la noticia de que se había aceptado una de las alternativas propuestas: la creación del Centro Pastoral San Carlos Borromeo. Esto implica que el templo deja de ser oficialmente parroquia, pero puede seguir llevando a cabo exactamente las mismas actividades que realizaba hasta ahora. Al conocer la noticia, los miembros de la comunidad mostraron su satisfacción y no dejaron de reiterar su agradecimiento a todos los particulares y colectivos que habían mostrado su apoyo a lo largo de los meses de lucha. Ahora, “la comunidad continuará su caminar en solidaridad con los excluidos en este nuevo marco”, señalaron satisfechos.

37 BANGLADESHÍES SE ENCERRARÁN SIMBÓLICAMENTE EN LA PARROQUIA DE ENTREVÍAS EL PRÓXIMO MARTES DÍA 27 A LAS 12H

• 27 de noviembre, 12h. Rueda de prensa en la parroquia San Carlos Borromeo y encierro público en protesta por la vulneración de los derechos humanos que sufren 37 compatriotas escondidos en el monte ceutí desde el mes de agosto.
• Miembros de la red del Ferrocarril Clandestino tuvieron una reunión con el ministerio de interior el pasado 23 de octubre en la que se comprometió a dar una respuesta que a día de hoy no se ha producido.
• La parroquia de San Carlos Borromeo expresa su solidaridad con estos ciudadanos cediendo su espacio para este encierro simbólico


Madrid, 23 de Noviembre de 2007- Desde el pasado mes de agosto, vecinos y vecinas de Lavapiés y otros barrios de Madrid, colectivos sociales, abogados y organizaciones de derechos humanos, representantes de comunidades religiosas y cristianas de base, miembros de la parroquia de San Carlos Borromeo "Entrevías", comprometidos con los derechos de los inmigrantes, todos ellos agrupados entorno a la Red de Apoyo El Ferrocarril Clandestino han manifestando reiteradamente la injusta situación que sufren 37 ciudadanos bangladeshíes quienes, tras permanecer dos años en el CETI de Ceuta (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes), y ante su inminente deportación, han decidido esconderse en un campamento clandestino en el monte.


La situación de estas personas es dramática, al frío, a la intemperie, a las crisis nerviosas y de ansiedad, a las enfermedades, hay que sumarles la impotencia y la desolación ante el ciclón que ha arrasado buena parte de su país.


Esta es una de las formas más dramáticas que adopta el injusto régimen de fronteras en nuestro mundo hoy, que endurece cada vez más la separación Norte- Sur /Este- Oeste, y que se expresa a través de la vulneración cotidiana y sangrante de los derechos humanos básicos. La migración de miles de personas que han tenido la osadía de emprender un viaje apostando por la mejora de sus vidas o realizando, en muchos casos, el deseo tan común en los países del Norte de trasladarse a estudiar o a trabajar a otros lugares, no puede tener resultados de muerte o de situaciones extremas imposibles de imaginar para los ciudadanos del Norte con papeles. La movilidad debe ser, a día de hoy, un derecho universal para cualquier persona, más en un mundo en el que no está garantizada la vida digna en muchísimos países: no entendemos que en pleno siglo XXI veamos a la gente morir intentando atravesar las fronteras que son tan fácil de transitar en sentido contrario (de Norte a Sur) o del todo inexistentes para el capital financiero de las grandes empresas neoliberales.


Con el lema NO EN NUESTRO NOMBRE muchísima gente ha decidido expresar su rechazo a esta política de muerte que está acabando con la vida y condenando a la marginación y la clandestinidad a miles de personas por el hecho de no tener papeles. 37 ciudadanos bangladeshíes se encerrarán el martes 27 en la parroquia San Carlos Borromeo simbolizando los 37 compatriotas que huyeron en un principio del Centro de Internamiento, de los cuales 33 siguen en el monte en condiciones extremas.
En los últimos meses se han realizado diferentes acciones para sensibilizar a la opinión pública sobre estos ciudadanos bangladeshíes que viven realmente una situación de emergencia humanitaria en nuestro país. El Ministerio de Interior, reunido el pasado 23 de octubre con varias personas del Ferrocarril Clandestino, tuvo todo tipo de detalles de lo que está sucediendo en Ceuta y a día de hoy no ha hecho absolutamente nada que garantice la salud y el bienestar de estas personas.

Sobre la Red del Ferrocarril: http://www.transfronterizo.net/spip.php?article18
Sobre las acciones realizadas hasta ahora: http://www.transfronterizo.net/spip.php?rubrique12


Muchos periódicos nacionales, internacionales y organizaciones sociales se han hecho eco de estas acciones y se han recogido miles de firmas. El pasado jueves día 18 de octubre, la Sexta emitió un reportaje sobre esta situación.

http://www.europapress.es/00069/20071022152118/espana-bangladesh-ong-obtienen-compromiso-gobierno-examinar-caso-bangladeshies-acampados-ceuta.html

http://actualidad.terra.es/nacional/articulo/acusan_gobierno_bangla_desh_1948363.htm
http://www.europapress.es/noticiasocial.aspx?cod=20071010112649&ch=00313
http://www.educationsansfrontieres.org/spip.php?article8966
(http://transfronterizo.at.rezo.net/spip.php?article34&var_mode=calcul


Los apoyos a esta campaña han ido aumentando, e incluyen ya a más de 35 asociaciones, colectivos y ONGs como CEDEHU, SOS Racismo, Madres contra la droga o CONFER e importantes apoyos del mundo de la cultura y el cine como Fernando Colomo.

En la actualidad, Amnistía Internacional está estudiando los expedientes de los 37 ciudadanos bangladeshíes. La campaña de recogida de firmas lanzada por la Red Ferrocarril Clandestino lleva ya reunidas más de 6000 firmas: (http://transfronterizo.at.rezo.net/spip.php?article34&var_mode=calcul ) y profesores de la universidad del País Vasco se han sumado a esta campaña organizando una recogida de firmas allí.


EXIGIMOS UNA RESPUESTA POR PARTE DEL MINISTERIO.
CONVOCAMOS A TODOS LOS MEDIOS A UNA RUEDA DE PRENSA EL MARTES DÍA 27 DE NOVIMENBRE A LAS 12 DE LA MAÑANA EN LA PARROQUIA SAN CARLOS BORROMEO en la calle Peironcely nº 2

¡NO EN NUESTRO NOMBRE… IMPIDAMOS LA DEPORTACIÓN!
TLF (contacto): Débora (616672035) Marina (646016430)

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Fui peregrino y…
Enrique de Castro

Moceop
Imagino que uno de los motivos para que me hayan invitado a presentar este congreso de teología se debe al apoyo que habéis dado a nuestra parroquia en estos últimos meses, por lo que, sobre todo, quiero daros las gracias en nombre de toda nuestra comunidad.
Pero no ha sido sólo una muestra de apoyo, sino una constatación de que todos nosotros estamos queriendo manifestar que es posible recuperar el sentido genuino de la iglesia de Jesús, basada en la utopía (tal vez hoy se entiende mejor esta palabra que la palabra reino), la justicia de la reconciliación y la solidaridad.
FUI EMIGRANTE Y ME ACOGISTEIS.
En nuestra parroquia todo comenzó en el encierro del 2001. Llegaron de Latino América, El Magreb, subsaharianos, algunos del este europeo y dos de Mongolia. Querían papeles, pero estaban en la calle, sin techo.
Descubrimos que no sólo había que apoyar sus reivindicaciones, había otros encierros en parroquias y centros diversos y en distintas ciudades, se hicieron manifestaciones masivas de apoyo. No nos fue difícil entender que, mientras conseguían sus objetivos, necesitaban satisfacer sus necesidades mínimas de comida, techo y afecto, porque teníamos la experiencia de los llamados chavales de la calle. Lo único que les diferencia es que son extranjeros. En lo demás, lo mismo: tienen que buscarse la vida y son perseguidos, con un plus añadido.
No tenían apoyo al estar fuera de su tierra, no conocían dónde refugiarse o esconderse como los de aquí, eran desconfiados, los marroquíes apenas balbuceaban nuestro idioma… Comenzaron a vivir en nuestras casas, sobre todo los magrebíes, lo que supuso para ellos comenzar a sentir seguridad y confianza. En la parroquia y en nuestros domicilios hay empadronados cientos de ellos.
Tomamos contacto con sus familias y hemos bajado en distintas ocasiones a conocerlas,
lo que ha hecho que nos consideren su familia en España.
Hoy tenemos a muchos menores de dieciocho años a los que están expulsando abusivamente, sin ninguna garantía jurídica, sin conocer su situación familiar, engañándoles, vulnerando sus derechos fundamentales. El equipo de abogados de la parroquia ha conseguido sacar literalmente del avión, por mandamiento judicial, a muchos de estos chicos que se llevaban repatriados clandestinamente.
No puedo extenderme. Tan sólo señalar que hay distintos grupos en nuestro país, creyentes y no creyentes, viviendo esta misma experiencia con los emigrantes. A través de ella hemos pasado de la convivencia y el apoyo a la lucha más o menos organizada, en la que participan ellos mismos, los antiguos chavales de la calle y los distintos
grupos que se organizaron en los años ochenta, las madres incluidas.
Quiero señalar otro aspecto de la vinculación entre ellos y nosotros. En el encierro del 2001 celebrábamos la eucaristía los domingos, como siempre. Para ello tenían que despejar la sala de colchones, mantas y enseres y se quedaban en nuestra celebración. No era difícil para los emigrantes de habla hispana, cristianos en su mayoría, pero sí para los musulmanes. Aunque un poco chapuceramente, comenzamos a hacer celebraciones comunes, leyendo también versículos del Corán, que ellos traducían, diciendo nosotros amén a su oración en árabe y uniendo ellos sus manos a las nuestras en el padrenuestro.
Ellos dicen la mesa de Jesús, comparten con nosotros el pan y el vino, igual que ateos y agnósticos y alguno dice: soy musulmán pero ésta es mi iglesia.
De hecho consideran la parroquia como su casa, participan en todo, celebramos juntos sus fiestas y las nuestras y también gritan el no nos moverán.
Hoy no hay diferencia, en nosotros, entre los de aquí y los de fuera, son muchos los lazos que nos unen, incluida la fe que nos hace superar obstáculos y miedos.
Los inmigrantes son parte de los pobres y excluidos de la tierra, por lo tanto son la heredad, la iglesia del dios de Jesús. Nosotros somos iglesia de Jesús sólo si convivimos con ellos y luchamos con ellos.
Quisiera hoy hacer una reflexión con vosotros, en varios puntos, desde lo que hemos ido descubriendo estos años en la parroquia, ahora que se hacen tan evidentes a todos los ojos las diferencias entre la concepción de la iglesia vaticanista y la que podemos llamar iglesia de base.
En primer lugar, pensamos que sería importante cambiar la concepción de parroquia como lugar de culto para transformarla en lugar de encuentro. Si la iglesia de Jesús es de los pobres, las parroquias y las comunidades son el lugar de los pobres y, hoy que hablamos de ellos, también de los emigrantes. Los que ya estamos dentro de ellas tendríamos que abrirles las puertas y facilitarles que descubrieran la fe como motor de la vida humana, de sus propias vidas, no dictándoles, sino encontrando con ellos la riqueza que existe en la desnudez de cada uno.
No se abre una parroquia si no se abren nuestras casas y nuestros tiempos, si no se da un encuentro y una convivencia en igualdad, donde todos buceamos en el interior de los otros, escuchando necesidades, problemas, intentando dar soluciones y cuando éstas se dan, celebrarlas. La celebración, la fiesta, la eucaristía, dejarán de ser vacías, porque celebraremos lo que estamos descubriendo y viviendo.
UN CAMBIO NECESARIO
Esto haría cambiar nuestra concepción asistencialista y moralista: tenemos que ayudar a los pobres. Todos los que hemos ido formando la parroquia y la comunidad estos años, hemos descubierto que son ellos los que han dado sentido a nuestras vidas porque primero nos han regalado las suyas. Han hecho que se caigan nuestros esquemas, nuestras concepciones burguesas, nuestro protagonismo. Han hecho posible que descubramos la fe en el ser humano y en nuestra capacidad de cambio. Nos han traído la buena noticia.
LA LITURGIA
El segundo momento de esta reflexión es acerca de la liturgia en nuestras parroquias y comunidades. Los pobres –y aquí incluyo a los jóvenes- deben entenderla, sentir que es algo suyo. ¿Con estos ropajes? Ya le vale a Cañizares. ¿Con estas canciones? ¿Con los monólogos del cura?
En muchas comunidades esto ha cambiado, nosotros hemos aprendido de ellas, y en parroquias hay grupos que celebran de otra manera, pero como a escondidas. Creo que tenemos que ir superando miedos para que, en una sociedad cada vez más laica, nuestras parroquias no espanten a la gente por aburrimiento o lejanía. No hemos visto ni a los mayores huir de las celebraciones en las que todos participamos. Sólo se han ido los sometidos, los que ponen la norma por encima del ser humano.
LA LUCHA
El último punto al que me quiero referir es el de la lucha. Cuando facilitamos una vivienda a un emigrante o le ayudamos a conseguir papeles o le facilitamos un puesto de trabajo, ya hacemos mucho por él. Eso todavía es asistencialismo. Pero si estás vinculado personalmente, denuncias cuando le maltratan, peleas contra su expulsión o le escondes, le das un trabajo clandestino, te haces cómplice, incondicional, encubridor, que no los toquen, porque ya son algo tuyo. La caridad deja de ser asistencialismo y se convierte en justicia, basada en el amor, no en la ley.

DECLARACION DE LA PARROQUIA DE S. CARLOS BORROMEO
San Carlos Borromeo
Ante la situación de desconcierto creada en estos meses y como seguimos sin entender la necesidad de cerrar nuestra parroquia, ofrecemos a la Iglesia y a cuantos nos habéis apoyado durante este tiempo, una visión de lo que hemos experimentado y estamos viviendo y el camino que vamos a seguir recorriendo, en comunión y diálogo con la Iglesia, cuya riqueza nace de la unidad en la diversidad, ya que el mensaje del Evangelio es una oferta para todos los seres humanos sin distinción de razas, credos, culturas o sexo.
A comienzos de los años ochenta comenzaron a llegar chavales a algunas parroquias de nuestros barrios, solicitando ayuda por sus problemas de drogadicción, fundamentalmente, aunque traían otras cargas detrás, muchos estaban en la calle y cometían delitos más o menos importantes. Surgieron miedos en algunas feligresías y curas, por lo que se suscitó un debate sobre si se podía atender o no en la parroquia a jóvenes con ese tipo de problemas. En estas circunstancias se inició la experiencia en San Carlos Borromeo en 1981 con el apoyo del Obispo Alberto Iniesta, siendo el Cardenal de Madrid Enrique Tarancón, dedicándose la parroquia preferentemente a la marginación, dejando en 1986 de ser territorial, por iniciativa del Obispo García Gasco, estando en Madrid el Cardenal Angel Suquia.
Los chicos y las madres
Desde el principio acudían a la parroquia muchos jóvenes y sus familias a pedir ayuda para salir de su situación. Las madres no comprendían qué estaba ocurriendo con sus hijos, hablaban de las malas compañías y se sentían estigmatizadas por parientes y vecinos. Tampoco sabían responder al problema de sus hijos. Comenzamos a tener reuniones con ellas y algún padre.
Pronto empezaron a vivir la muerte de sus vástagos, las entradas violentas de la policía en sus casas, las torturas de sus chicos en comisarías y cárceles, incluida alguna muerte en estos centros. La parroquia se convertía en un lugar de dolor del que participaban los feligreses que acudían a las distintas actividades parroquiales. En pocos años decidieron que su vida no tenía sentido sin la lucha por sus hijos y comenzaron a acudir en grupos a comisarías, juzgados, cárceles, denunciando todo lo que estaban conociendo, entre otras cosas, las estafas por parte de ciertos abogados y oficiales judiciales, las amenazas y la corrupción y connivencia policial en el tema del narcotráfico.
Además de ello atendían a los hijos de otras madres y animaban a éstas.
Los chavales han acudido de todas partes con sus carencias afectivas, al principio eran los hijos de las familias más pobres y más desatendidas social y humanamente. La mayoría ha sufrido el abandono y el fracaso escolar, la calle ha sido su espacio vital, han pasado por centros o cárceles de menores, conocen los malos tratos y las torturas, su estigmatización como malos y sin solución, con sus miedos e inseguridad. Nuestras casas se han abierto a ellos, hemos buscado trabajo y generado autoempleo. Eran tabla rasa en cuanto a lo ético y religioso porque no conocían el afecto.
A través de la acogida, el apoyo incondicional y su defensa en tantas cosas, nació el cariño y con él su seguridad, su capacidad de autoestima y, finalmente, el sentido ético, el deseo de no hacer daño y de responder a lo que se hacía con ellos.
Recorrido de la fe
Lógicamente fueron los funerales de tantos chavales los que hacían acudir a “los colegas” y amigos a una celebración en torno a la mesa de Jesús y a su buena noticia. Su primer contacto era descubrirla como la mesa de los excluidos, de los rechazados, de los pobres. Jesús les invitaba, nos invitaba a descubrir la buena noticia, el reino del amor y de la justicia. ¿Yo puedo comulgar?, preguntaba uno. El cura dice que Jesús nos invita, le contestaba otro.
El tema central era la resurrección: Ningún poder puede destruirnos si vivimos la buena noticia de Jesús, el amor y la solidaridad o comunión, se proclamaba, y adaptábamos el lenguaje y la liturgia a su capacidad de comprensión. Un día preguntaba un chaval a uno de los curas sobre la resurrección. El cura intentaba explicarle y el chaval respondió: No lo entiendo, pero cuando te mueras, me cojo de tu mano y, a donde vayas, voy.
Poco después recordábamos, en una eucaristía, la petición de Dimas a Jesús en la cruz: Acuérdate de mí cuando estés en tu reino. Juntos hemos ido descubriendo la fe como el motor de nuestras vidas. Los chicos y chicas y las madres han comprendido pronto los gestos liberadores de Jesús de curación y de expulsión de demonios: tu fe te ha curado. Entendemos que nuestra fe consigue hacernos salir de situaciones de impotencia y nos hace superar miedos: ¿porqué tenéis miedo, hombres de poca fe?
Inicialmente hemos intentado bucear en el Jesús histórico para descubrir en quién creemos. Se han ido identificando, así, con el Jesús que da la buena noticia a los pobres y, poco a poco, han recuperado la capacidad de autoestima y la ayuda a los otros.
Incluso han llegado a intuir la resurrección no de una manera conceptual, sino como el grito de que ningún poder puede destruir nuestra vida humana y espiritual. La vida personal y la fe se han ido integrando de una manera progresiva, en un recorrido paulatino.
Los otros
Desde los comienzos ha acudido gente de todas partes, además de la propia del barrio, profesionales de distintas áreas en un intento de colaboración, abogados, jueces, fiscales, empresarios, estudiantes de educación y trabajo social, psicólogos, médicos, etc. La expresión ha sido habitual: venimos a ayudar y son los chicos y las madres los que están dando sentido a nuestras vidas.
De ahí que algunos se hayan quedado a vivir entre nosotros o se lleven a chavales a vivir a sus casas, hasta un magistrado que, en lugar de juzgar a un chico, se lo llevó con su familia.
También vinieron en su momento los insumisos y sus madres, que se organizaron como las de los chavales de la calle, más adelante los “okupas”, que hasta nos pidieron que sus padres pudieran venir a la eucaristía. Los gitanos venían más individualmente, pero acogimos a cuarenta y dos miembros de cuatro familias que habían echado a la calle y estuvieron dos meses y medio alojados en la parroquia a finales de 1998 hasta que, por la lucha de todos, conseguimos que les dieran casa en un poblado gitano. Desde ese momento muchos de ellos se han incorporado a la convivencia parroquial.
A comienzos de 2001 acudieron setenta emigrantes que estuvieron cerca de siete meses en la parroquia, durmiendo en colchones en el suelo. Reivindicaban sus papeles, pero no tenían sitio donde ir. En ese tiempo buscamos viviendas y trabajo, quedando muchos en nuestras casas, sobre todo los marroquíes. Comparten nuestras celebraciones, rezan con nosotros y, cuando hay muchos, los musulmanes leen el Corán, que traducimos, uniéndonos también a su oración, sintiéndonos hijos del mismo Padre.
En consecuencia nos reunimos, desde hace años, gente de toda condición social, desde las clases más altas a las más bajas, frecuentamos las casas unos de otros, el compartir se ha hecho una realidad y de ahí ha surgido también la fiesta común en la parroquia que hace superar tanto sufrimiento.
La celebración de la Fe
Es la consecuencia de lo que vamos viviendo juntos, de la conjunción entre nuestra vida, nuestra lucha y nuestra fe, compartiendo casa, trabajo, comida, situaciones difíciles y la multiplicación de lo que recibimos gratis. Celebramos las Cenas del Señor de la manera más sencilla que sabemos para que la liturgia sea inteligible para todos, recordando la frase de San Agustín: fortiter in re, suaviter in modo. Aplicada a la liturgia, para que el contenido penetre, sé muy sencillo en la forma.
Con la fe y la resurrección celebramos el perdón y esto también es paulatino. El perdón entre chavales, algunos muy violentos, nuestro perdón a ellos, que nos han hecho muchas faenas, el perdón de ellos a nosotros por nuestras recriminaciones y tantas faltas de paciencia y comprensión. El perdón a policías, enemigos naturales, sobre todo a los que han torturado y matado a algún chaval, el perdón a funcionarios de prisiones o a determinados jueces, ha resultado muy difícil. Pero hoy entienden y entendemos, gracias a la cercanía de muchos de ellos, la diferencia que existe entre el estamento al que se pertenece y la persona. Hemos comprendido que acogernos y ayudarnos es lo que nos posibilita cambiar de conducta a unos y a otros.
Conclusiones
El recorrido de nuestra parroquia ha consolidado una asamblea, una comunidad, encarnada en el mundo de la exclusión como lugar social, no geográfico. Cualquier recorrido que deba hacer esta parroquia en el futuro tiene necesariamente que respetar la esencia de esta comunidad parroquial, de relaciones humanas fraternas, solidarias y justas.
a. Somos parroquia que vive y celebra la fe. Hemos encontrado en la comunidad parroquial la oportunidad de vivir nuestra vinculación como creyentes abiertos a la situación presente y acogidos por la realidad de la marginación.
b. Descubrimos cómo el lugar social de la exclusión es el espacio vital de los preferidos de Jesús. El mundo de la exclusión social, que nos llama y convoca, acoge nuestro compromiso vital para darnos la oportunidad de hacer realidad lo anunciado por Jesús en el Juicio Final: Porque tuve hambre y me disteis de comer, sediento y me disteis de beber… (Mateo 25, 31-46).
c. Descubrir la fe de la mano de los pobres nos ha hecho entender que el anuncio de la Buena Nueva es una Palabra ofrecida a todas las personas, desde el lugar de los últimos, que se ha de encarnar en “anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, poner en libertad a los oprimidos y anunciar la amnistía de parte de Dios” (Lucas 4, 16-21)
d. Es tarea primordial, desde la comunión eclesial, cuidar de los miembros más débiles, por lo que es importante recordarnos que Jesús supeditó la ley al ser humano y a la fe.
e. El lugar social de aquéllos que viven en la pobreza: toxicómanos, inmigrantes, presos, enfermos de Sida, prostitutas, familias sin recursos, mujeres maltratadas, homosexuales, menores, familias separadas… nos ha llevado a celebrar la fe desde expresiones inteligibles y significantes, que nos ayuden a reconocernos en la comunión de quienes se sienten discípulos del Dios de Jesús.
f. Vivir la fe en la Iglesia, desde esa pasión esperanzada que nos provoca el evangelio de Jesús, nos ha vinculado a personas de todo tipo y condición.
Compartir la mesa de Jesús ha sido sentarnos, en torno ella, creyentes y no creyentes; ateos y escépticos; ricos y pobres… todos aquéllos con quienes, aún no compartiendo inicialmente la fe en el Dios de Jesús, sí compartimos la fe en el ser humano desnudo, vivida al estilo de Jesús (Marcos 7, 24-30).
g. Es necesario no sustraer al mundo de los pobres una parroquia que, ya de hecho, viven como referente y casa donde morar. Los excluidos tienen derecho a tener su parroquia. Mantener la comunidad parroquial, que es referente imprescindible para muchos de sus miembros en la vida diaria y de fe, no puede en modo alguno ser sustituida.
Entrevías, Julio de 2007

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Estimadas amigas y amigos.

Hace una semana una veintena de curas de Madrid, nos reunimos con el fin de conocernos, encontrarnos y compartir el sentir que vivimos en esta Iglesia madrileña y universal.

Si bien el motivo que nos convocó inicialmente fue la situación por la que atraviesa San Carlos Borromeo, el interés y la necesidad de vernos desborda, lógicamente, a San Carlos y nos vincula a todos en la situación actual de la Iglesia.

Más allá del encuentro, y lo que este nos depare en el futuro, surgió la posibilidad de visibilizar que hay diversas formas de expresar y celebrar la fe y el compromiso que cada cura tiene asumido con su comunidad parroquial. Entonces se pensó, por parte de este grupo de curas, hacer una “concelebración” en la explanada de la parroquia de San Carlos Borromeo, evidenciando con este gesto la diversidad de la Iglesia así como el apoyo a esa forma de celebrar que vivimos en la parroquia de San Carlos Borromeo.

Por esto os convocamos el próximo viernes 6 de Julio a las 20’30h. a la concelebración que realizaremos de la “mesa del Señor” en nuestra parroquia.

Si sabes de alguien a quien poder convocar, no dudes en hacerlo.

Espero que podáis acudir y así nos saludamos personalmente.

Saludos
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A todos los feligreses y amigas de San Carlos Borromeo:


Ante la convocatoria de una 2ª Oración por la “Diversidad en la Iglesia” os comunicamos que se suspende la celebración prevista para mañana viernes día 29.

D. Fidel Herráez, Obispo Auxiliar de Madrid, se ha puesto en comunicación con el párroco de Santa MARIA DE LA ANTIGUA DE VICALVARO para impedir la celebración de la oración.

Queremos expresar nuestro respeto a la decisión adoptada por la comunidad parroquial de Santa María de la Antigua, respeto que nace del cariño y de la profunda convicción de que cada comunidad ha de tomar sus propias decisiones.

Agradecemos toda la disposición y trabajo de la comunidad parroquial en la preparación de la Oración.


Asamblea Parroquial San Carlos Borromeo


28 de Junio de 2007


Parroquia SAN CARLOS BORROMEO
C/ Peironcely, 2 (28053 MADRID)
Tf. 914778578 Fx. 914778399
E-mail: sancarlos@borromeo.e.telefonica.net
ACLARACIÓN
Ayer, diecinueve de junio, los tres curas de la parroquia de San
Carlos Borromeo tuvimos una reunión con el obispo auxiliar D. Fidel Herráez,
quien nos recibió con D. Angel Matesanz, vicario de Vallecas y D. Roberto
Serres.
En ella manifestamos al obispo nuestra decisión de continuar con la
situación actual, sin depender de Cáritas, viviendo y celebrando nuestra fe
con la comunidad parroquial.
El obispo nos hizo una propuesta de cambio de situación: la parroquia
dejaría de ser tal para convertirse en un centro de características distintas,
pudiendo elegir nosotros entre varias fórmulas.
Una vez escuchada dicha propuesta, y aclarados los matices,
respondimos que la pensaríamos con la comunidad parroquial, quedando de
acuerdo el obispo. No hubo ni hay por nuestra parte ningún adelanto de
respuesta, ni podemos comunicar nada antes de que se produzca el
encuentro y reflexión en la comunidad.
La noticia que hoy aparece en el diario El Mundo y en Religión Digital,
debe obedecer más al deseo de un periodista de adelantar una noticia
futurible.
Agradecemos a los Medios vuestro interés y apoyo, pero cuando haya
noticia os la daremos a todos. Muchas gracias.
Entrevías, 20 de Junio de 2007

¿QUÉ FALTA DECIR Y HACER AHORA?
En una parroquia del barrio vallecano de Entrevías, en Madrid, el desamor y la intolerancia castiga desde el poder a los de siempre, los sencillos, aquellos que fueron causa principal en la vida de Jesús.

“Son curas rojos, es la iglesia roja, al fin los curas y los templos tienen color, además de sotanas e imágenes” comentó la señora del quiosco al observar que leía la noticia de Madrid. El color viste, da personalidad y por lo visto también sirve para etiquetar a la gente e incluso, a veces, produce espasmos de rechazo o de afinidad o de indiferencia.

En el caso que motiva estas líneas, el color está sirviendo para abrir las puertas al desprecio, la intolerancia y el ostracismo. Los tiempos oscuros y tristes propios de la ignorancia, de la barbarie y del desamor parecen haber vuelto. El golpe de báculo o el poder mal entendido, de nuevo en acción. Pero, “Jesús no acepta el poder y ellos lo tienen” (1) dijo Enrique de Castro, dando en el clavo y quizás sospechando su sentencia en tanto que sentenciado desde hace muchos años. De sobra es conocido que lo que da vida al poder tiene gancho, no en vano Jesús se enfrentó al poder dando a conocer su mensaje y defender a los más necesitados.

Aún hay gentes que creen en el amor generoso y universal. Lo que está sucediendo en la Parroquia de San Carlos Borromeo, del barrio vallecano de Entrevías, en Madrid, es sin duda un pasaje de la historia del sin amor. En la eucaristía del domingo en la basílica el “pan” fue en forma de blancas e inmaculadas obleas, mientras que en la iglesia de Entrevías fueron “mendrugos de pan” (1), pero, ¿qué fue lo que Jesús compartió en la “última cena”?, ¿fueron hostias finitas y blancas elaboradas por piadosas monjas o fue pan del común hecho por el panadero del lugar o quizás en la propia casa donde cenaban?. En ciencia cierta se desconoce lo que se cenó ese día, según estudiosos investigadores argumentan que probablemente en la cena se consumió carne de cordero a la brasa, como era costumbre, sin que hubiera alguna instauración de la eucaristía (2). Los curas de San Carlos Borromeo celebran con la comunidad en ropa de calle y en lugar de hostias bendicen y reparten pan y rosquillas, proceder que molesta al arzobispado argumentando que eso no está de acuerdo con los cánones de la Iglesia católica. Entonces, es cierto aquello de que “el hábito hace al monje”.

En la parroquia de Entrevías, desde hace más de 25 años sacerdotes y parroquianos viene poniendo mano y corazón al compartir en solidaridad apoyando a gente en paro, a la mujer madre trabajadora y pobre, a inmigrantes sin recursos con o sin familia, a drogodependientes, a ex presidiarios sin apoyo y sin trabajo, a prostitutas a su suerte, a adolescentes y jóvenes en riesgo, etc., por lo que es lógico que los más dolidos por la acción de la jerarquía son los marginados, aquellos por los que Jesús mostró tanto amor. La solidaridad es en esta comunidad un sello local convertido en producto que revalúan día tras día, en una comunidad donde lo más grande es la dignidad de la persona, de toda persona: bienaventurados los que en su casa acogen a ex presidiarios, dogradictos, inmigrantes y no cierran las puertas a nadie. En Entrevías no sólo se grita la rebeldía, sino que se lucha para que otro mundo sea posible.

Allí la comunidad se siente rebelde “rebelde al modo de Jesús” (1). Una rebeldía con causa. Su modo de entender a las personas y a sus situaciones, el hecho de querer compartir, creer en cada quien y en todos, la sintonía con la otra comunidad del barrio vecino de El Pozo -también en Entrevías-, da para comprender el canto casi olvidado que hoy retoman obligados “no, no, no, no nos moverán”, al tiempo que un numeroso grupo de jóvenes despliegan una pancarta rezando “la jerarquía puede cerrar un local pero no una iglesia”(1). Léase despacio la pancarta y retómese el Concilio Vaticano II .

San Carlos Borromeo, una parroquia donde la misa es la asamblea de todos y para todos, acuden respetuosos fieles, musulmanes e incluso ateos, cosa que “la ortodoxia de la liturgia vaticana no puede permitir que tres simples curas acercan desde hace años la Palabra de Dios, hablando la lengua de las gentes, con lenguaje universal hablando de generosidad, de solidaridad y de amor, de verdadero amor al prójimo” (3). Los curas de la parroquia lo tienen claro: “damos la bienvenida a los que comparte no sólo la fe en Jesús, sino también la fe en la gente al estilo de Jesús” (1).

Enrique de Castro (el llamado cura rojo) destaca que la solidaridad mostrada en el barrio al igual que la expresada en Madrid y la que llega desde toda España, “no es a una parroquia o a unos curas, sino a una manera de vivir y de pensar dentro de la Iglesia” (1). He ahí el grano a extirpar. El Concilio Vaticano II con el Papa Juan XXIII a la cabeza y luego con Paulo VI, se atrevieron a ver a la Iglesia como la comunidad de todos los cristianos en la perspectiva preferencial por los pobres. Pero, que ha pasado con esas conclusiones del Concilio.

El pecado de esos curas como el de los feligreses y parroquianos en Entrevías tiene mucho que ver con aquella confidencia de Jesús vivo, provocador e irreverente, cercano a todos y especialmente a las personas abandonadas y despreciadas por el poder fanático y por la sociedad plutocrática, y que más que confidencia parece ser un valor para un estilo de vida: “sed testimonio de amor”.

Es poco probable que la Iglesia de Madrid entienda así esa sugerencia de Jesús, que seguro han predicado más de una vez. Allí lo que prevalece es la autoridad del Arzobispo-Cardenal y por él su curia. Sin duda esto explicaría los hechos que estos días han convulsionado al país. El Arzobispado quiere transformar el templo de San Carlos Borromeo en sede de Cáritas, para que esta institución, y no la comunidad local y sus sacerdotes, administre la respuesta a los feligreses, olvidándose de que “no solo de pan vive el hombre” y convirtiendo la “opción por los pobres” en una marca comercial para una multinacional especializada en la caridad. Es decir, San Carlos Borromeo ya no será más una parroquia y en consecuencia tampoco celebrará la comunidad de creyentes sus encuentros, sino que se convertirá en un dispensario de la caridad, con horario laboral incluido. Muerto el perro, se acabó la fiebre.

Donde está el nudo gordiano de esta trama?. Habrá que buscarlo en la vida, en el sentido que se da a la vida, en el modelo de comunidad y en el carácter de la fe, es decir, habrá que buscar en el como se entiende y se vive el valor del amor y su relación con el pensamiento crítico, ambos consustanciales a la libertad del ser humano. Recuérdese que, hace años el poder político y militar no pudo doblegar al Arzobispo Romero, en El Salvador y, simplemente, lo mataron. Aquí y ahora como no han podido doblegar a los curas de San Carlos Borromeo en su compromiso evangélico (matarlos no es proceder), simplemente, los echan. Otro tipo de muerte. La culebra se mata por la cabeza.

Como se deduce, el punto a reflexionar en este caso tienen que ver con “el poder”. Al parecer, en la Iglesia Católica el pastor más que apóstol comprometido en la misión de amor, aparece como el jefe, el que dicta y manda lo que hay que hacer, cómo hacerlo, cuando, donde y con qué, incluso me atrevo a decir que también a quién o con quienes. ¿El poder emana de la autoridad ó esta de aquel?. En la democracia la autoridad tiene que emanar del pueblo y de los valores morales; en la Iglesia la autoridad tendría que emanar de los evangelios y de los valores morales. Los hechos de la realidad nos dice que, como sucede en el poder político, a la Iglesia la han convertido en un recurso de dominio y de poder, a veces avasallante por la ausencia de diálogo. El poder convertido en autoridad y la autoridad pervertida en poder. Al amor mejor dejarlo para los salmos. El amor es otra cosa, es romanticismo. Mientras que la democracia tiene que enfrentarse continuamente a los dogmas para sobrevivir (4), la Iglesia vive de los dogmas, los alimenta y cuando tiene que retractarse lo hace sigilosamente exigiendo prudencia.

La autoridad basada en los dogmas y el poder que estos imponen, comúnmente se muestra impasible, enérgica y dominante, mostrando tal rigidez que roza en lo fáctico. En el ejercicio del poder no hay lugar para la tolerancia, esta es muestra de debilidad, quien no se somete al poder pasa por el tímido tamiz del aviso hasta que se doblega, o es suspendido o es renunciado. La elegancia es a veces una sutil herramienta del poder.

Según lo aprendido, Jesús deja un legado fundamentado en el amor, no en el poder. Un amor ejercido con firmeza, no débil, generoso, hacia todos y para todos, entre todos, globalizado –diríamos en el lenguaje actual- y globalizador. Jesús no ambicionó el poder, salvo el que se mostraba sabio y misericordioso para quines menos habían recibido y más habían sufrido, su mensaje y su vida fue de acercamiento, de tolerancia y de amor. La noticia de Madrid nos sugiere que algo no sigue el camino, algo serio está distorsionando las reglas del “id y anunciad la buena nueva”, no es la buena nueva lo que el Arzobispado de Madrid anuncia a la comunidad de Entrevías, e indirectamente a otras comunidades a lo largo y ancho.

Ernesto Cardenal recibió hace años en Nicaragua una cachetada del Papa Juan Pablo II por atreverse a ser Ministro para una educación liberadora, y hoy el Cardenal Ruoco Varela con su actuación ha “cacheteado” a la comunidad de San Carlos Borromeo y a sus pastores por atreverse a ser gestores y testimonio activo en el proceso liberador. Los curas están suspendidos de su función pastoral y educadora, tiene que dejar la parroquia, el jefe los hecha y se encuentran en una situación de despido injustificado, es un baculazo, sin diálogo, pero es que, en la Iglesia no se debate ni se dialoga salvo para estar de acuerdo con el jefe, la Iglesia no es expresión de democracia, ahí la cosa es más simple, unos mandan y los demás obedecen.

Desde la parroquia San Carlos Borromeo se ha animado el nacimiento y desarrollo de grupos de Madres de drogodependientes, la Coordinadora de Barrios, la Fundación Raíces, los Traperos de Emaús, la Escuela sobre Marginación, etc. Todos ellos y los movimientos sociales que se reúnen en la parroquia, gentes de otros credos y las que no se definen entorno a ninguno, y muchas otras personas que durante años han sentido en carne propia la hospitalidad de la casa de Entrevías, apoyarán sin duda la decisión de resistencia mostrada por los curas y la comunidad (5).

Queda la palabra, quedan las acciones, ahí están los resultados, la gente sigue en la lucha por y para otro mundo posible. ¿Qué falta ahora decir?. ¿Qué falta hacer ahora?.

Francisco Vera Mula

Mallorca, abril de 2007

(1) El Mundo, edición digital del 08-04-07
(2) Jordi Llovet. El País, 05-04-07. Comentando el folleto de Geza Vermes “La pasión: la verdad sobre el acontecimiento que cambió la historia de la humanidad”
(3) Carlos Garcia Olalla. Última Hora, 12-04-07
(4) Flemming Rose. El País, 23-03-07.
(5) El Mundo (EFE), edición digital del 02-04-07
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ENRIQUE DE CASTRO: “ESTAMOS EN UN MOMENTO DE INVOLUCIÓN DE LA IGLESIA QUE YA DURA MUCHOS AÑOS”

El Plural

Entrevista a Enrique de Castro, cura de la Parroquia de San Carlos Borromeo

- ¿Se considera usted un cura “eclesiásticamente no homologable”, como se ha dicho desde el Arzobispado de sus prácticas?
Cuando llegué a Vallecas, procedía de un mundo burgués. Y me encontré con un mundo obrero. Fueron los curas y la propia gente que entonces, en 1972, estaban en Vallecas a pensar de otra manera. Aquellos curas trabajaban y, como ellos, yo empecé a trabajar: fui taxista, pintor de brocha gorda y aprendí mucho de todo aquello. Después, con los chavales, he aprendido más cosas. Yo no me siento en absoluto un cura no homologable con respecto a los curas que me enseñaron, pero sí soy un cura no homologable en relación a los miembros de la curia.
-¿Lo “no homologable”, entonces, es el celebrar las misas vestido de calle, o el dar la comunión con panes horneados por los fieles?
Eso tampoco es así. Yo no he sido en absoluto pionero de la celebración sin hábito. Lo hacen muchos curas. Por otra parte, llevo 35 años siendo cura y siempre he celebrado misas dialogadas, en las tres parroquias en las que he estado, aunque se mantenían también las misas tradicionales. Pero a nosotros nos encargaron, hace ya veinte años, convertir San Carlos Borromeo en una parroquia dedicada exclusivamente al mundo de la marginación. Fue entonces cuando dejó de ser una parroquia territorial.
En relación a todo lo que se ha dicho sobre que se comulga con panes y bizcochos, eso ocurrió de forma excepcional, porque se trataba de compartir, de hacer trabajo en común. Las madres amasaron el pan y los chavales lo entendieron muy bien. Hemos hecho una liturgia acomodada al mundo en que vivimos, pero si voy a una parroquia tradicional, porque me piden una boda, me visto y doy la comunión como se hace tradicionalmente.
- Si su liturgia es puntual y adaptada a las circunstancias y sus prácticas no son nuevas, ¿por qué se ha organizado la polémica que ha acabado con el cierre de la Iglesia? ¿Por qué ahora?
A nosotros, desde hace muchos años, los medios de comunicación nos han preguntado siempre por los chavales de la droga, de la calle, por los inmigrantes, etc. Jamás se nos preguntó por el tema estrictamente eclesial, pero desde hace un tiempo, desde que gobierna el PSOE y la Iglesia aparece en muchas ocasiones en conflicto con el gobierno, por las leyes que ha puesto en marcha, la jerarquía eclesiástica remacha mucho una determinada moral e incluso sale a la calle a manifestarse.
Es la primera vez que los obispos salen a la calle a manifestarse. Desde hace 3 años, los medios de comunicación empiezan a preguntarnos por cuestiones estrictamente eclesiásticas y surge nuestra crítica. Mi último libro, “La fe y la estafa” no fue bienvenido, por ejemplo.
-¿Y su opinión favorable a los matrimonios gays?
Tampoco gustó que dijera lo que pienso: que en el Evangelio no existe un código de moral sexual. En el Evangelio sólo se habla de amor y de acogida. Y se acoge a todos los excluidos o marginados por la sociedad.
-¿Qué pensó cuando vio a sus superiores manifestándose contra los matrimonios gays?
Que eso no lo dice el Evangelio. Jesús jamás rechazó a nadie. Y aceptó a todo el mundo en su mesa, aunque en su época no estuviese de moda la homosexualidad.
-Entre los mencionados conflictos entre Gobierno y la Iglesia española está la implantación de la asignatura de “educación para la ciudadanía” ¿Qué opinión le merece esa polémica?
Que el problema no es la “educación para la ciudadanía”, sino la desaparición de la asignatura de religión, a modo de catequesis. Yo soy partidario de explicar la cultura religiosa, porque forma parte de nuestro acervo cultural, pero otra cosa es dar la asignatura de religión como una catequesis y encima puntuando con nota. La fe no es una asignatura, sino una vivencia que se contagia, por eso yo soy crítico con la asignatura de religión tal como se concibió, como una catequesis que encima puntúa.
-Volviendo a su libro, “La fe y la estafa” ¿son las críticas contenidas en el mismo el motivo principal del cierre de San Carlos Borromeo?
No el libro en sí, pero sí un conjunto de circunstancias. Cuando lo publiqué, me llamaron las altas instancias para preguntarme por mis opiniones. También cuando di mi opinión sobre los matrimonios gays y me pidieron que firmara un documento elaborado por Ratzinger cuando éste todavía no era Papa, en el que decía que la homosexualidad es una perversión de la naturaleza. Por supuesto, allí se quedó el documento, aunque también es cierto que nunca volvieron a preguntarme por él.
Volviendo al cierre, tengo entendido que lo promovieron desde el Vaticano, a raíz de una serie de denuncias de un sector de población más cercana a las tesis del Vaticano. Pero el conflicto entre sectores de la Iglesia no es nuevo. Por ejemplo, la Teología de la Liberación lleva 40 años en conflicto con la curia vaticana. Hay quienes piensan como Rouco o Ratzinger, pero también los hay que opinan como Jon Sobrino, Casaldáliga o Monseñor Romero. Sin embargo, los ciudadanos que van a esa parroquia han pedido a Rouco Varela que los reciba, porque quieren hacerle una pregunta: “¿por qué no crees en nuestra fe? ¿Por qué no es válida?”

-¿Las posturas conservadoras del Papa Ratzinger alejan a los ciudadanos de la Iglesia?
Sí. La Iglesia tiene que hacer una reflexión profunda y ver por qué los ciudadanos se alejan de ella. Seguramente ese alejamiento tiene que ver con la liturgia, con esas posturas. Lo cierto es que la sociedad y la juventud se han alejado de la Iglesia católica. Quizá la Iglesia tenga que repensarse la forma de dar la liturgia.
-Parece que se van a recuperar las misas en latín…
Pues las misas en latín distanciarán todavía más a la Iglesia de la sociedad. Detrás de todo ello creo que hay un cierto miedo a perder la seguridad. Cerramos puertas en lugar de abrirlas. Estamos en un momento de involución de la Iglesia, que ya dura muchos años. Tras el Concilio Vaticano Segundo la Iglesia se abrió mucho, pero les ha entrado miedo a abrirse demasiado. De ahí el movimiento involucionista.
-¿Le preocupa el contenido de la encíclica del Papa Ratzinger?
Yo diría que es un paso atrás con respecto al Concilio Vaticano Segundo, que abrió al mundo al diálogo entre religiones. En su encíclica, el Papa afirma que la casa de Dios es la Iglesia Católica. Eso significa volver a cerrar las puertas.
-Visto lo visto ¿Cabe la crítica dentro de la Iglesia católica?
Debería caber. Ahora mismo hay diversas corrientes. Hasta Pablo VI, esas corrientes entraron en el Vaticano, incluido el Opus Dei.
-¿Le preocupa el avance del Opus Dei en el Vaticano?
No me preocupa, porque no creo en el poder como mediación. La Iglesia no puede ser un poder, sino un servicio. Un servicio de acogida, de amor, etc. Si somos capaces de hacerlo, la buena noticia de Jesús volverá a aparecer y atraerá a mucha gente.
-Pues le deseo suerte en su empresa, porque parece que ahora mismo pintan bastos para usted y los que piensan como usted…
Puede que ahora pinten bastos, pero las cosas cambiarán. El Papa que siendo elegido renuncie y se dedique al trabajo conseguirá toda mi admiración, respeto y apoyo.
E.J.

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Declaración reflexionada, comentada y aprobada en asamblea comunitaria

“REUNIDOS EN NOMBRE DEL SEÑOR”

Declaración de la Parroquia San Carlos Borromeo

ASAMBLEA COMUNITARIA

MADRID.



ECLESALIA, 01/04/07.- La decisión tomada por el Arzobispado de Madrid de cerrar nuestra parroquia nos hace pensar que la entreverada esperanza de que el Papa actual diese signos de apertura y confirmase el caminar renovador de una iglesia posconciliar, se ha ido desvaneciendo. Ahí están las recientes alarmas teológicas de Roma contra Jon Sobrino y otras que se están produciendo en diversas partes de la Iglesia. Nuestra parroquia, (conocida como parroquia de los marginados) presidida por los curas Javier Baeza, Enrique de Castro, y Pepe Díaz, y constituida por una pléyade de personas muy diversas, es testigo de cómo han entrado en ella y encontrado condiciones para llamarla su casa, casa que les ha permitido hacer amistad y comunidad con otros, buscar y reafirmar el sentido de la vida y compaginar sus afanes y luchas humanas con la fe en Jesús de Nazaret. Algo, pues, más que un lugar de rutina para cumplir preceptiva y ordenadamente unos rituales religiosos.

No nos imaginamos a Jesús de Nazaret, que dice estar allí donde se reúnan dos o más en su nombre, dispersando y alejando de su lado, a un grupo, a una persona cualquiera, que buscara oírlo, conocerlo, estar con él y seguirlo. Lo suyo era la cercanía, la mezcla con la gente, la instintiva preferencia por quienes veía más débiles, caídos, excluidos o necesitados: publicanos, pecadores, prostitutas, extranjeros, etc.

A Jesús no se le veía reunido en lugares distinguidos, especialmente preparados, donde se le recibiera con pompa y reverencia. Improvisaba cualquier lugar. Había quienes, provenientes de clase o función social relevante, se le acercaban taimados, dispuestos a examinarle y tenderle una trampa. Eran los Sumos Sacerdotes, los Senadores seglares de familias aristócratas, los Letrados (saduceos y escribas).

Con ellos Jesús fue implacable en la denuncia de su orgullo e hipocresía, de su afán de figurar y dominar. Lo que menos les toleraba era sus abusos en nombre de la religión. Su sentencia de que “hay que destruir el templo” los exegetas la interpretan como que el templo, en cuanto tal, ya no es necesariamente el lugar del encuentro con Dios y menos cuando ese templo ha estado simbolizando a un Dios favorecedor de los privilegios de la casta sacerdotal y legitimador de impuestos y cargas para los campesinos: “Llega la hora en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-23).

El pueblo por el contrario, desconocedor de la ley y menospreciado, lo escuchaba encantado, hacía correr su nombre de boca en boca.

Podemos comprobar con gozo que el documento del Vaticano II “Presbyterorum Ordinis”, dedicado a los sacerdotes, refleja este espíritu cuando escribe que los presbíteros “viven entre los demás hombres como entre hermanos”, “no deben alejarse del pueblo de Dios ni de ningún hombre”, “no deben sentirse extraños a su existencia y condiciones de vida”, “deben conocerlos de verdad”, y puedan así “hacerse como San Pablo todo para todos” ( PO, 3), “tratando, por lo tanto, a todos con eximia humanidad, a ejemplo de su Señor ” (PO, 6).

Las tareas de los presbíteros, según el Vaticano II, son claras: 1ª) Ejercer su ministerio al modo como lo ejerció Jesús, sacerdote del pueblo para el pueblo. 2ª) Predicar el Evangelio de Dios a todos, pero adaptado a las circunstancias concretas de la vida, según las diversas necesidades de los oyentes. 2ª Constituir y aumentar el pueblo de Dios. 3ª) Educarlo en una fe sincera y libre: “De poco aprovecharán las ceremonias por bellas que sean, si no se ordenan a educar a los hombres para que consigan su madurez cristiana”. Tal educación debe ayudarles a discernir los acontecimientos y a cultivar una vida comunitaria. 4ª) “Considerar que los pobres y los débiles, con quienes el Señor se presentó especialmente asociado, y cuya evangelización se da como signo de la obra mesiánica, les están confiados de manera especial” (PO, 6).

No entendemos que una “parroquia de marginados”, en consonancia con el Evangelio y el Vaticano II, se la pretenda configurar como una parroquia más o menos burguesa de nuestras ciudades, donde predomina frecuentemente la primacía estereotipada del cura y la regularidad estética del culto y no la participación directa y viva de la comunidad.

Si nos empeñamos en seguir al pie de la letra, y nada más que al pie de la letra, el diseño litúrgico del Misal romano con sus pormenorizadas rúbricas, damos como muerta toda vida y creatividad litúrgica. Más que en creadores nos convertimos entonces en recitadores mecánicos de fórmulas litúrgicas, que nos impiden llevar a la celebración eucarística la realidad viva de nuestro tiempo, de nuestra gente, de nuestra comunidad y de nuestras personas concretas. ¿Por qué una comunidad de hoy no puede crear sus oraciones propias como lo hacían las comunidades anteriores en sus respectivas circunstancias? ¿Qué hace suponer que aquellas fórmulas –particulares de entonces- deben ser asumidas al pie de la letra y no puedan ser sustituidas por otras de hoy? Lo esencial -que es lo que hay que guardar- es permanente; pero lo accidental, cambia y es variable. Esta estéril y aburrida repetición de fórmulas y modelos del pasado es lo que ha llevado a calificar a buena parte de nuestra liturgia de momia sagrada.

No es difícil descubrir, tras la decisión de cerrar nuestra parroquia de San Carlos Borromeo, una peculiar concepción teológica:

- La autoridad eclesiástica se considera aparte y por encima de la comunidad y, por tanto, como autónoma y válida por sí misma.

- La persona es a natura corrupta e impotente para el bien.

- La persona y toda la realidad creada se desenvuelve bajo dos dimensiones: una profana y otra sagrada.

- La sanación, realización, santificación y gobierno de la persona no es posible sin la mediación de los ministros sagrados, depositarios y portadores de la verdad, de la santidad y del gobierno.

En el fondo, hay una desposesión de la santidad o bondad ontológica de la persona, de sus capacidades innatas para actuar con reflexión, libertad y responsabilidad y, lógicamente, una desconfianza radical en sí mismo y una dimisión de sí en otras instancias externas que le aseguran lo que por sí mismo no podría adquirir.

Este pensar sostiene en incolumidad el valor sagrado de la autoridad, la dependencia total de ella, y la justificación de toda suerte de arbitrariedad y despotismo. Naturalmente, nada de esto casa con lo que dice el concilio Vaticano II: “La personal dignidad y libertad del hombre no encuentran en ninguna ley humana mayor seguridad que la que encuentra en el Evangelio de Cristo , confiado a la Iglesia. Pues este Evangelio proclama y enuncia la libertad de los hijos de Dios, rechaza toda esclavitud, respeta como santa la dignidad de la conciencia y la libertad de sus decisiones, amonesta continuamente a revalorizar todos los talentos humanos en el servicio de Dios y de los hombres. Y, así, la iglesia proclama los derechos humanos y reconoce y estima en mucho el dinamismo de nuestro tiempo, con el que se promueve estos derechos por todas partes” (GS, 41) .

A la hora de discernir la validez y oportunidad de esta decisión eclesiástica, nos proponemos seguir fieles al Señor y a los hermanos, guiándonos por los siguiente principios:

1.- Volver a Cristo, norma fundante y fundamental de la Iglesia

El Vaticano II decretó la renovación. Sin renovación la iglesia languidece y se ancla estéril en el pasado. Pero la reforma en la Iglesia no es posible sino es volviendo a Jesús. No hay más futuro para la Iglesia que el que viene de Jesús. La Iglesia sólo fue grande cuando ensayó humildemente el seguimiento de Jesús. Para discernir lo que es abuso, desviación o infidelidad en la Iglesia no tenemos más medida que el Evangelio. Muchas de las tradiciones establecidas en la Iglesia pueden llevarla a un verdadero cautiverio.

Con gran acierto, el concilio volvió a recordarnos que la Iglesia no tiene más centralidad que la persona de Jesús. Y si ella pretende seguir a Jesús, no tiene si no seguir contando al mundo lo que ocurrió con Jesús, proclamar su enseñanza y su vida. Jesús no fue un soberano de este mundo, no fue rico, sino que vivió como un aldeano pobre y, por su programa, -anuncio del Reino de Dios: dignidad, igualdad y emancipación de los más pobres- fueron los grandes de este mundo (imperio y sinagoga) los que lo persiguieron y eliminaron. Su condena a morir en la cruz, arrojado fuera de la ciudad como a un estercolero, es la muestra suprema de su incompatibilidad con los señores de este mundo. Destrozado por el poder, es el siervo sufriente, imagen de otros innumerables siervos, derrotados por los que gobiernan y se hacen llamar señores, pero acreditado y resucitado por Dios mismo.

2. Volver a una Iglesia anunciadora del Reino y servidora.

“La Iglesia recibe la misión de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos” (LG, 5). Lo que Dios desea para el mundo, en perspectiva cristiana, lo ha hecho manifiesto a través de Jesús. Y la Iglesia, si algún encargo tiene, es el de manifestar lo hecho por Jesús. Nunca la Iglesia es meta de sí misma. La salvación viene de Jesús, no de la Iglesia. Nunca ella tuvo otro Señor.

Cristo mismo no se anunció a sí mismo ni se predicó a sí mismo sino al Reino. La Iglesia, discípula y seguidora suya, debe hacer lo mismo. Su vocación es servir, no dominar: “Sirvienta de la humanidad”, la llamaba el Papa Pablo VI. Este servicio lo hace viviendo en el mundo, sintiéndose parte del mundo y en solidaridad con él, pues “el mundo es el único tema por el que Dios se interesa”.

3. Volver a una Iglesia democrática y democratizadora que haga real la igualdad

“En el Pueblo de Dios es común la dignidad de los miembros, común la gracia de la filiación; común la llamada a la perfección: una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad. No hay, por consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por razón de la raza, de la nacionalidad, de la condición social o del sexo, porque no hay judío ni griego; no hay siervo o libre; no hay varón ni mujer. Pues todos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús (Gal 3,28 gr.; Col 3, 11)” (LG, 32). “Existe una auténtica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los fieles en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo” (LG, 32).

La democratización de la Iglesia es asunto suyo vital para que pueda adquirir credibilidad en la sociedad actual. Pero esa democratización no es posible sin lograr una auténtica convivencia de hermanos e iguales. Y este objetivo no se logra ciertamente por las sendas de un sacerdocio presbiteral superior, privilegiado y excluyente, tal como aparece configurado con concentración absoluta del poder en el vértice, y delegado en los demás grados de la jerarquía.

Para emprender este camino hay que partir de la vida de Jesús, el cual, siendo laico, “produjo un cambio de sacerdocio” (Hb 7,12), “fue sacerdote por la fuerza de una vida indestructible” (Hb 7,16). La constitución del sacerdocio de Jesús está en que “se asemeja a sus hermanos, es compasivo, prueba el sufrimiento, ofrece en su vida mortal oraciones a gritos y lágrimas, es decir, se identifica con su pueblo, sin avergonzarse de llamarlos hermanos”. La vida entera de Jesús fue una vida sacerdotal, en el sentido de que se hizo hombre, fue un pobre, luchó por la justicia, fustigó los vicios del poder, se identificó con los más oprimidos, los defendió, acogió y trató sin discriminación a las mujeres, entró en conflicto con los que tenían otra imagen de Dios y de la religión y tuvo que aceptar por fidelidad ser perseguido y morir crucificado fuera de la ciudad. Este original sacerdocio de Jesús es el que hay que proseguir en la historia.

Consecuentemente, es esto lo que enseña el Vaticano II: “Todos los bautizados son consagrados como sacerdocio santo” (LG, 10).

Como enseña el apóstol Pablo hay en la Iglesia diversidad de funciones, pero ninguna de ellas se traduce en rango, superioridad o dominio. Todos son hermanos y hermanas y, en consecuencia, iguales. Una tarea ésta inmensa de cara a las mujeres, doblemente discriminadas en la Iglesia como laicas y mujeres.

La responsabilidad es de todos, dentro de un modelo comunitario, con diversidad de carismas, derramados por el Espíritu para el servicio de la comunidad. Una iglesia comunitaria y pluralista.

El Vaticano II no pone el fundamento de la Iglesia en el esquema bipolar “clérigos-lacios” que quita protagonismo, participación y responsabilidad a la asamblea cristiana.

Todo cristiano y toda cristiana participan en la triple función de Cristo: enseñar, santificar y gobernar. La Iglesia entera, pueblo de Dios, prosigue el sacerdocio de Cristo, sin perder la laicidad, en el ámbito de lo profano e inmundo, de los echados fuera. Este sacerdocio es lo primero y sustancial; el otro, el presbiteral, es un ministerio admirable, pero en cuanto ordenado al común es posterior, secundario y de servicio. El presbítero es, antes que nada, “ministro de la Palabra”, que debe comunicar a todos, sin que se vea ceñido exclusivamente al altar y a la administración de los sacramentos.

4. Volver a una Iglesia profundamente humana que establezca una nueva relación con el mundo

El cambio de relación de la Iglesia con el mundo es uno de los cambios mayores operados por el Vaticano II. Son muchos los textos en que el concilio habla “de tender un puente hacia el mundo”, “de querer entablar un diálogo con él”, “de sentirse solidario con su historia”, “de considerar sus senderos como propios”, etc. La Iglesia expresaba su conciencia de necesitar ser evangelizada, de reconocer el dinamismo de la época actual y cuanto de bueno, verdadero y justo existe en la variedad de las instituciones humanas, de escucharlo y aprender de él, de proclamar los derechos humanos. (Cfr. GS, 1, 40,42,43) .

El concilio se abría con inmensa simpatía al mundo, a la ciencia, al progreso, a los valores humanos, a la colaboración entre la ciencia y la fe, al respeto de la autonomía de lo creado y a los derechos de la razón, de la ciencia y de la libertad. Resulta estimulante volver a recordar estas palabras del papa Pablo VI: “Vosotros, humanistas modernos, reconoced nuestro nuevo humanismo: también nosotros –y más que nadie- somos promotores del hombre” (Pablo VI, 7-XII-1965, nº 8). Lo mismo expresó el papa Juan Pablo II en su encíclica Diver in misericordia: “Mientras las diversas corrientes del pasado y del presente pensamiento humano han sido y siguen siendo propensas a dividir e incluso contraponer el teocentrismo y el antropocentrismo, la Iglesia, en cambio, siguiendo a Cristo, trata de unirlas en la historia del hombre de manera orgánica y profunda. Este es también uno de los principios fundamentales, y quizás el más importante, del Magisterio del último concilio” ( Dives in misericordia, 1).

Valoración y conclusiones

Afortunadamente, la base y guía fundamental del cristiano es el Evangelio, que juzga cualquier comportamiento, incluído el de la jerarquía. Todo mandato debe ser conforme a razón y a las pautas del Evangelio. Y, en la medida en que no sea ni racional ni evangélico, es lícito no obedecerlo. Hay que saber obedecer , pero también y hay que saber mandar.

Por lo personal y comunitariamente vivido, por lo inmediatamente acontecido, entendemos y, por eso, lo denunciamos, que la autoridad eclesiástica, representada por el cardenal de Madrid, ha actuado de modo arbitrario e ilícito.

1. Tal actuación demuestra que dicha autoridad ha juzgado y manifestado sin fundamento, que la comunidad parroquial de San Carlos Borromeo celebra la Eucaristía en disconformidad con el espíritu y exigencias de la verdadera liturgia católica.

2. El procedimiento seguido hasta adoptar esta decisión, demuestra todo un talante distante, desconfiado, autoritario, que no se ha movido a impulsos de lo exigido por un trato y diálogo de igualdad fraternal. La autoridad desconoce el ritmo real de nuestra comunidad, no la ha escuchado ni respetado, y más que un servicio de apoyo, felicitación y aliento ha expresado un comportamiento de incomprensión, reproches y prepotencia hacia los sacerdotes y miembros de toda la comunidad. Una decisión de ese tipo no es aprobable ni evangélicamente, ni teológicamente, ni éticamente, ni jurídicamente.

3. Es inadmisible la valoración dual que se ha hecho, a distancia y sin conocimiento de causa, de que en lo social la comunidad es admirable y en lo litúrgico y catequético un desastre. Ese dualismo no existe en la comunidad sino en la mente de quien tal piensa y ordena. En la comunidad parroquial el anuncio del Evangelio es esencial y sirve para iluminar, guiar y formar los comportamientos de la comunidad. Su vivir no está separado de su fe, de una fe en el seguimiento de Jesús, norma fundamental de todo el quehacer cristiano.

4. Tenemos motivos suficientes para exponer nuestro desacuerdo con los juicios y decisión de nuestro Pastor e invitarle a mostrar más confianza y respeto en sus hermanos en la fe, a implicarse antes de juzgar en su vida, problemas, sufrimientos, luchas y esperanzas de sus asambleas eucarísticas, a reconsiderar y lamentar la decepción que les ha producido y reparar la mala imagen que de la Iglesia está proyectando en muchos ambientes y multitud de personas y en muchísimos de los que, contra lo que él y sus asesores piensan, han encontrado en esta parroquia atracción, claves y motivaciones evangélicas y humanas para sentirse más humanos y luchar por un mundo más justo y fraterno.

5. Nos duele que, ante tanta vida, de tantos años, surgida de tanto amor, generosidad y compromiso nos veamos precisados a sufrir actitudes y acciones tan injustas e impropias de unos hermanos en la fe, cuya misión es promover y asegurar la unidad en la fe, el amor y la esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Declaración reflexionada, comentada y aprobada en Asamblea Comunitaria por la Parroquia de San Carlos Borromeo



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