|
PENSANDO EN VOZ ALTA-3
Entre el modelo carismático itinerante de Jesús, las comunidades en las casas de Pablo, de Juan y de los helenistas y este modelo de Iglesia supercentralizado, férreamente normatizado y estructurado, existen enormes diferencias, incluso algunos antagonismos ¿Qué justifica esos cambios en la comunidad de los discípulos de Jesús de Nazareth?
¿ Qué es esencial? qué es aquello que es accidental, de estos cambios? ¿Es simplemente la respuesta de la comunidad a la realidad que cambia?¿ hay otros ingredientes?… ¿Cuál de todos los modelos de Iglesia existentes hoy responde con más claridad a la realidad de nuestro mundo globalizado,
pero enormemente dividido e injusto?
Un mundo con grandes muchedumbres marginadas del sistema y con un proceso de creciente concientización de algunos sectores sociales de la necesidad de movilizarse y actuar contra el sistema y sus injusticias, un mundo plural, multicolor y multicultural y necesitado de una pluralidad de diálogo religioso, que a su vez implica un dialogo intercultural,
¿Cuál debería ser nuestra repuesta eclesial?
El sistema que intenta aislarnos, que fomenta las actividades individuales sobre las grupales, que utiliza el temor, o la saturación de consumo tecnológico, para evitar que se multipliquen los lugares en donde la gente se reúna, pueda tomar contacto con la realidad y elaborar su propio diagnostico para actuar en consecuencia.-
En un mundo dividido se crean y multiplican instrumentos que intentan fragmentar, dividir, encerrar.- En grandes zonas del planeta se aísla a las familias y a los individuos, y éstos se convierten en manipulables, egoístas, encerrados en sus propias realidades, sin dinámicas de comunicación con la realidad.-
Pero existen otros lugares de encuentro, quizás más personalizados, las comunidades donde el pueblo se organiza y participa y, específicamente, las comunidades eclesiales de base, las comunidades populares, algunos movimientos laicales…
Son ámbitos de encuentro personalizantes, pero que ayudan a superar el individualismo al que nos quiere someter el Sistema. Para poder entender esta forma de vida en comunidad que nos ayude a superar el aislamiento y la soledad, debemos hacerlo con fórmulas imaginativas y nuevas. Las comunidades deben estar en contacto con la lucha cotidiana de su pueblo, procurando la transformación de la sociedad en una sociedad más justa
(“La salvación cristiana, para ser salvadora, tiene que ser universal y total. En consecuencia, la salvación, en el sentido de algo que nos realiza, debe implicar como requisito mínimo que ningún grupo se realice a expensas de otro. Esto no supone que la salvación cristiana pueda reducirse a la construcción de una sociedad humana universalmente justa. Pero sí implica que la construcción de tal sociedad constituya un ingrediente mínimo en la salvación cristiana”. Edward Schillebeecks - Concilium. Revista Internacional de Teología. Nº Extraordinario 138-B. Madrid, 1978)
Si continuamos en la línea de Schillebeecks, un paso necesario al Reino, es el aportar la capacidad que tenemos para transformar la realidad.
La Gadium et Spes, nos dice claramente en su Nº 1, que esa transformación de la realidad, debe implicar necesariamente nuestra inserción en ella y que está motivada, “porque todo lo verdaderamente humano, encuentra eco en nuestro corazón”, porque primero lo encontró en el corazón de Cristo.-
Es un dato de ciencia sociológica, que si un cuerpo normativo o una estructura con larga y rica historia, pretenden tener una relevancia dentro de la cultura, deberá aggiornarse a la cambiante realidad.
La Iglesia institucional, debe transformar ciertas rigideces normativas, estructurales y de lenguaje…para poder presentarse como madre entrañable a los hombres que viven, luchan y sueñan en este tercer milenio. Parecería que una pequeña comunidad fraterna, humana y acogedora ha sido en el pasado y puede ser hoy un lugar en donde confrontar la vida y la Palabra, una comunidad necesariamente abierta a la realidad del mundo que la rodea, inserta en la lucha por la construcción de una sociedad humana universalmente justa. Que hoy pasa, por convertir al sistema neoliberal verdadera cultura de la muerte, en un sistema que comparta en justicia e igualdad. Donde los países y los pueblos puedan acceder a una relación económica, política y social más justa - verdadera cultura de la Vida-, es una respuesta válida al desafió que el Maestro nos presenta desde el corazón mismo de nuestro tiempo, no sólo en su dimensión antropológica, sino en su dimensión espiritual y teológica.
Si sentimos que esas pequeñas comunidades, pueden ser una respuesta válida, deberemos intentar, liberarles, del rígido marco institucional y normativo, permitir que existan ciertas flexibilidades y conexiones empáticas, entre las comunidades, la lucha cotidiana de todos los hombres y la institucionalidad. Que nos permitan ir incorporando a la institucionalidad paulatinamente, la praxis de las comunidades y elaborar así un marco de comunión con esas comunidades, que normalmente se reúnen en la casas…
Esto implicará no sólo un esfuerzo de dialogo entre las comunidades y la institucionalidad, sino también con la personas comunes (sea cuál sea su tradición religiosa, incluso con ateos) y con un ingente porción del Pueblo de Dios, que se inserta en la Iglesia, a través de formas más tradicionales, evitando siempre que las Comunidades de base puedan difuminarse e integrarse en la institucionalidad, con el riesgo de poder dejar de ser ellas mismas en su fidelidad al compromiso con los sectores más empobrecidos y en la vivencia de una vida en comunidad mucho más rica por la intercomunicación ( de vida, de bienes y de acción) y en la creatividad que expresan los miembros de la comunidad en los signos de expresión de la fe.
Nos parece que deberemos realizar un creativo esfuerzo de dialogo en comunión, cuyo sustento sea el respeto, el amor y la apertura al Espíritu de Dios.
Por todo el mundo hoy, desde la frontera, se multiplican en la Iglesia las experiencias de comunidades que se reúnen en las casas o en otros lugares.
Podemos ignorarlas, combatirlas , perseguirlas o intentar imponerles una normatización rígida…o entender que son un signo de los tiempos y potenciarlas y fomentarlas en mutua interpelación.
El camino que elijamos, construirá nuestra respuesta de Iglesia a este tiempo que nos toca vivir.-
29 de Junio de 2.008
Gabriel Sánchez.- Montevideo (Uruguay)
Juan Cejudo- Cádiz (España)
|
|
Y Cristo volvió a llorar en los jardines del Vaticano
Braulio Hernández Martínez
Eclesalia
Va a cumplirse un año que Leonardo Boff nos sorprendía con la impresionante parábola de el jardinero vaticano “Y Cristo lloró en los jardines del Vaticano” (leonardoboff.com). Hace una semana, en los mismos jardines, tuvo lugar otro encuentro inédito, “sin precedentes”, pero real, entre el presidente George Bush y su anfitrión el papa Benedicto XVI. Aquella lúcida visión, profética, de la parábola del jardinero de Boff se cumplía.
Un encuentro “inédito”, “un protocolo particular para expresar su gratitud por el recibimiento que tuvo en su reciente visita a la nación norteamericana”, destacaban los medios. El mandamás de la política mundial y el mandamás de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, paseando embelesadamente, por los bucólicos jardines vaticanos, tras un encuentro privado de 31 minutos, en la medieval Torre de San Juan, charlando sobre “los principales temas de la política internacional”.
Curiosamente, nadie contaba que allí, en el estudio de la Torre, fue donde Juan XXIII solía ir a meditar. Tal vez allí, con las ventanas abiertas, fue donde le sorprendió el mítico soplo de aire fresco, “como inesperada primavera” de convocar un Concilio, (el Concilio que, según palabras del teólogo José María Gonzáles Ruiz, derribó la Iglesia medieval de la cristiandad) “para devolver al rostro de la Iglesia de Cristo todo su esplendor, revelando los rasgos más simples y más puros de su origen” (Juan XXIII, Discurso preparatorio del Concilio, 13 de noviembre, 1960).
Era la séptima vez que el emperador del momento se reunía con el Pontífice. Tres encuentros con Juan Pablo II (2001, 2002 y 2004) y éste ya era el cuarto -un récord, en tres años de pontificado- con Benedicto XVI (9 de junio de 2007, 15 y 16 de abril de 2008 el 13 de junio de 2008). Mientras duró el reencuentro, en medio de imponentes medidas de seguridad, la basílica de san Pedro se cerró a los turistas, y su imponente cúpula fue tomada por francotiradores.
El presidente Bush se dirigió al Romano Pontífice con los brazos abiertos y diciendo “gracias, qué honor, qué honor”. Un recibimiento inédito con el que el papa Benedicto XVI ha querido agradecer a George W. Bush su férrea defensa de los “valores morales y fundamentales”. Muchos prelados del Vaticano lamentaron (aunque bajo un “férreo” anonimato) que el papa diera tan excepcional y familiar recibimiento –“rompiendo el protocolo tradicional para corresponder a la fastuosa ceremonia de bienvenida que recibió el pasado 16 de abril pasado en la Casa Blanca, al inicio de su viaje apostólico a Estados Unidos”-, a un líder que desoyó las exhortaciones papales contra la guerra y a favor de la paz. Otros, en la Iglesia, han dado la cara, denunciando que semejante agasajo y reconocimiento es un diploma inmoral (“Diploma Inmoral”, Jesús López Sáez, www.comayala.es).
En los jardines del Vaticano se escenificó una nueva edición de la antiquísima alianza entre el poder y el altar, que hace de Roma la nueva Babilonia, la prostituta de la historia. “Y nadie se acordó nunca más de las palabras que el Señor había dicho”: así termina la parábola del jardinero vaticano de L. Boff. El Papa también se olvidó, o pasó por alto, que las decisiones de Bush, declarando y manteniendo una guerra injusta, como hoy todo el mundo reconoce, han causado más de medio millón de víctimas, muchísimas de ellas inocentes. Joseph E. Stiglitz, premio Nóbel de Economía, declaró en su día que la Guerra de Irak es “Una guerra que no ha tenido más que dos vencedores: las compañías petrolíferas y los contratistas de defensa”.
Cuando el cardenal Ratzinger fue elegido papa, y eligió llamarse Benedicto XVI, alguien atisbó en ese gesto una posibilidad de renovación. El último papa Benedicto -Giacomo della Chiesa, (1914-1922)- fue un papa muy crítico con la guerra y con el integrismo. Recién estrenado pontificado, Benedicto XV se encontró en su escritorio una denuncia secreta contra él, dirigida a Pío X, su antecesor, en la que se le acusaba de modernismo.
“El último papa Benedicto se había opuesto a la primera guerra mundial, considerándola una “matanza inútil”, y a la exaltación nacionalista que le llegaba de los diversos frentes, adoptando medidas para mejorar la situación de los prisioneros, de los refugiados y de los deportados. Entonces el Vaticano funcionó como una segunda Cruz Roja. Ante las guerras actuales, habrá que ver qué actitud adopta el nuevo papa”. Lo recogía el sacerdote Jesús López Sáez, en una nota de la Comunidad de Ayala donde también recogía que Hans Küng, o el cardenal Martini, entre otros, daban al papa Ratzinger un voto de confianza.
Ya hace un año, aquella remota posibilidad de renovación se daba definitivamente por desvanecida (VV.AA. “Claves de la restauración de la Iglesia Católica, ECLESALIA, 23/07/07).
El encuentro entre Benedicto XVI y el presidente Bush ha sido percibido como la consumación de la vuelta a la Iglesia de Cristiandad. La Iglesia del prestigio entre los poderosos de la tierra. En su último viaje a Estados Unidos, el Papa Benedicto XVI aterrizó en una base militar, y fue agasajado con salvas de 21 cañonazos. “Los cumpleaños se celebran entre amigos”, le dijo al papa Ratzinger el presidente Bush, un señor de la guerra que alardea de cristiano, y con una misión divina, disfrazando de fe religiosa la invasión y Guerra de Irak. “La invasión americana de Irak creará nuevas y excitantes posibilidades de convertir a los musulmanes”, dijo impertérrito Marvin Olasky uno de sus consejeros de Bush (Emilio Menéndez del Valle, embajador, “Casi todos hablan con Dios en Estados Unidos”, El País, 26/05/08).
Ahora el Papa le ha correspondido. Como colofón a su visita, se acercaron a la Gruta de Lourdes, una réplica exacta a la que existe en Francia, próxima a la Torre de San Juan. Allí, “rompiendo completamente con el protocolo, el Papa y Bush, junto a su esposa, se sentaron en grandes sillas de jardín de madera estilo italiano, y dio un estilo ‘familiar’ al momento. Allí el coro de la Capilla Musical Pontificia ‘Sixtina’, dirigida por el maestro Giuseppe Liberto, ejecutó las melodías ‘Exultate Deo’ y ‘Alma Redemptoris Mater’ y, en ese mismo lugar, oyendo música religiosa, se despidieron para concluir el encuentro.”
En la última circular del obispo Casaldáliga “Parar la rueda bloqueando sus radios” (expresión del teólogo protestante Bonhoeffer, pronunciada en vísperas de su martirio por el nazismo), Casaldáliga nos refrescaba esta frase del teólogo y mártir alemán: “Nadie que no haya gritado contra el nazismo puede cantar gregoriano”. Pues que se la apliquen aquellos que conceden “diplomas” de “valores morales y fundamentales” a los emperadores que decretan y mantienen guerras injustas, con sus secuelas; o aplican torturas diseñadas para destruir a la persona, en sus inexpugnables Guantánamos, violando impunemente los derechos fundamentales de la persona y saltándose a la torera la legalidad internacional.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
|
|
MISAS SIN CURA
Juan Luis Herrero del Pozo
Si observamos de cerca, el punto clave de una reforma en profundidad de la Iglesia es la magia y el clero. Lo que representa el virus de la magia en la ideología religiosa, lo representa el estamento jerárquico en su organización: ambas realidades pervierten la médula misma del evangelio Una alternativa a estas dos realidades se están haciendo realidad cada día más en las misas sin cura. Y en A bote pronto se me ocurren estas observaciones:
1.- Como en tantas ocasiones, no esperemos a que nos llegue de arriba algo que depende de abajo. Las comunidades son organismos vivos y no es preciso pedir permiso para vivir. Por otro lado ¿quién puede señalar en el devenir de la iglesia alguna nueva ley, o norma liberalizadora de algo, que no haya sido precedida por una costumbre anterior contra o fuera de la ley. La lengua popular en la liturgia, la comunión bajo las dos especies, o en la mano, la vestimenta civil en curas y religiosos, etc. De modo que lo quiera o no la Jerarquía, acabará aceptando lo ahora inconcebible cuando haya prevalecido la costumbre contraria.
2.- Lo de las misas sin magia y sin cura en teoría es ya realidad práctica aunque todavía tímida y minoritaria. Los obispos saben de sobra que comienzan a proliferar, al igual que los curas casados o que viven en pareja. Y, al parecer, desvían la mirada para otro lado y sólo piden discreción. Últimamente han sido ordenadas como sacerdotes o sacerdotisas católicas unas cuantas señoras. En otras iglesias cristianas el hecho es ya normal; en la nuestra llegará a serlo por mucho que se resista la jerarquía, el movimiento es imparable. Sucederá como con la prohibición de los anticonceptivos, que cualquiera los usa sin problema de conciencia. Me cuesta no sonreír imaginando a Pío IX, Pío X, Pío XII, Juan Pablo II o Benedicto XVI, entre muchos otros, echando una ojeada a la tierra desde el cielo de aquí a unos años. Si ello fuera posible en el cielo se morirían de la vergüenza contemplando el nulo efecto de sus esperpénticos argumentos contra las libertades modernas, la evolución de las especies, los anticonceptivos, matrimonios homosexuales, las leyes de divorcio, el casamiento de los curas, la ordenación de mujeres, las misas sin cura, etc. La lista de despropósitos es interminable hacia atrás en la historia. Ello mismo, a medida que nos despierte el sentido común, impedirá que prosiga hacia delante: el desprestigio de su magisterio tal vez les haga callar.
3.- Lo de la misa sin cura, por muy extraño que parezca es lo que más va a propiciar los cambios de fondo. Estoy constatando que el fenómeno se extiende: se multiplican los casos de eucaristías presididas y animadas por curas casados y, más aún, por “simples” laicos ya sean varones, ya sean mujeres. Son hechos y contra los hechos no valen razones, contra facta nihil . Pero es que además los hechos son portadores de mucho significado.
4.- Es inútil que la jerarquía reaccione asegurando que tales comportamientos se sitúan fuera de la iglesia. Cada día Son más quienes no le creen ni entienden justificados tales criterios sobre la pertenencia a la iglesia o sobre su unidad. No es inteligente, señores, patalear contra el viento. Crece el número de seguidores de Jesús a quien sobran todas las leyes y nos bastan Jesús y los hermanos.
5.- Decía que lo de las misas sin magia y sin cura a mi modesto entender, es lo más significativo de por dónde se van a superar los otros problemas y se van a dejar atrás las metas que hoy todavía perseguimos. Si ya no acudimos al ‘confesor’ y ahora dejamos de hacernos problemas en cuanto a esa necesidad de juntarnos entre hermanos para la “fracción del pan”, es decir, para el más bello gesto comunitario de compartir el alimento como símbolo de vida compartida (que en eso consiste la ’presencia real’ de Jesús) ¿Qué papel le queda a la jerarquía? Ya ha perdido el poder de dominación del pensamiento y de las conciencias: ¿cuántos cristianos leen documentos papales o pastorales episcopales? (Por cierto ¡menudo esperpento el reciente catecismo universal abreviado!) Pues bien, en cuanto pierdan el poder mágico sobre “el cuerpo y la sangre del Señor”, se habrá acabado el poder sagrado, que eso significa jerarquía.
6.- Todo llegará. Pero que nadie se alarme. Las comunidades cristianas, no menos -¡ni más!- que cualquier grupo humano es realidad viva pero articulada. Jesús rechazó cualquier tipo de poder ¿Lo de los jefes de las naciones? ¡Nada de eso entre vosotros! San Pablo habló de carismas o aptitudes al servicio de la comunidad. Todos tenemos algo en qué servir a los demás. Por eso toda la comunidad organiza sus coordinadores, escucha a sus mayores (sus presbíteros), envía a sus delegados a otras comunidades ....y hasta llegará el día en que alguna buena persona, estilo Dalai Lama, en alguna modesta vivienda, simbolice la unión de todos los cristianos. Pero de ahí a asegurar que la verdad y el poder de Dios, por revelación y disposición suya, se han materializado en un cuerpo de sacerdotes...hay un abismo. No cabe duda que poderes y jerarquías son algo abiertamente en contra del evangelio y el estamento jerárquico, tal como hoy está organizado y funciona, es el colmo de la perversión.
|
|
Los obispos empiezan a abrir los ojos
Laicos cristianos: sal y luz del mundo
Ante el anuncio por parte del Gobierno Español de revisar la financiación de la Iglesia Católica en España, los obispos se han puesto a echar cuentas y no les salen. Hasta hace poco se creían autosuficientes e intocables pero hoy en día, con los seminarios y las iglesias prácticamente vacíos, con la mayoría del clero peinando canas, con un imponente patrimonio histórico- artístico que mantener, y con solo un treinta por ciento de crucecitas en la Declaración de la Renta de los españoles, no tienen más remedio que admitir que necesitan a los laicos para algo más que para hacer de “público” de sus trasnochadas y desencarnadas celebraciones litúrgicas, si quieren que la nave se mantenga a flote. Pero al pararse a mirar a los laicos más de cerca, se han encontrado con que:
• Los laicos, no solo tienen una fe infantil, sino que no demuestran interés en formarse más.
• Que no se concuerda la fe que profesan con su manera de vivir.
• Que se limitan a “ir a misa”(los que van) sin participar.
Asustados ante este descubrimiento, se han puesto a buscar culpables y los han encontrado:
• La secularización de la sociedad (modernismo, racionalismo, materialismo, hedonismo, laicismo, relativismo)
• Rotura de la cadena transmisora.
• Imagen “sesgada” que dan de la Iglesia algunos medios de comunicación.
• Leyes gubernamentales contrarias a la moral católica.
• Que ellos (tal vez) no han cuidado lo suficiente la formación religiosa de los laicos.
(Resumen del mensaje de la Comisión Episcopal de apostolado Seglar titulado “Laicos cristianos: sal y luz del mundo”, 11 de Mayo 2008).
Estoy de acuerdo en general sobre el análisis de la realidad de los laicos en España que han hecho los obispos. Pero disiento en cuanto a que seamos los laicos los que asumamos casi toda la responsabilidad de nuestra ignorancia teológica, de nuestro desinterés por la liturgia y, sobre todo, de la incoherencia entre lo que decimos creer y lo que vivimos.
Respecto a la incoherencia entre fe y vida, ellos (que siempre se han presentado como Pastores y Maestros) debían haberse mirado al espejo antes de culpabilizar a las “ovejas” por sus malos hábitos. La fe infantil e incoherente de muchos laicos es fruto de la labor del clero dominante en materia de interpretación (interesada) del Evangelio durante siglos y siglos. Y, sobre todo, del ejemplo: no se puede predicar, y esperar ser creído, que el acumulamiento de riquezas y su ostentación son pecados (¿nuevos?) al tiempo que se afirma que a uno le preocupan mucho los pobres, mientras se habita en suntuosos palacios, se vive rodeado de tesoros y obras de arte muy valiosas y se viste de oro de los pies a la cabeza.
Por otra parte, reclamar compromiso con la Iglesia a los laicos ahora, después de mantenernos aparte durante tantos siglos, resulta bastante cínico. Y no digamos el insistir en que les cedamos parte de nuestros impuestos, cuando se goza de extraordinarias exenciones tributarias a las que los demás no podemos acceder.
Se han sembrado vientos y se están recogiendo tempestades. Sin remontarnos más allá, recordemos lo que opinaba Pío Nono en el siglo XIX sobre la implicación de los laicos en el conjunto de la Iglesia: “La masa del pueblo cristiano debe ser esencialmente gobernada pues es incapaz, radicalmente, de ejercer ninguna autoridad espiritual, ni directamente ni por delegación” (Con esta opinión papal ya hacía tiempo que comulgaba el conjunto del clero y, salvo excepciones, lo sigue haciendo)
Pero ahora no tienen más remedio que recurrir a los laicos para cubrir una gran cantidad de puestos vacantes en el entramado eclesiástico. Aunque lo hacen a regañadientes y con la condición de que los laicos (en especial las mujeres) se mantengan en “su sitio” y de que les estén “sometidos” (el “diaconado permanente” reúne estas condiciones). La Iglesia oficial se ha mostrado siempre reacia a la igualdad entre unos y otros y a cualquier protagonismo secular. Y como el conocimiento proporciona libertad y autoridad, la supuesta “formación”seguramente acabará siendo otra vez“hasta cierto punto”.
Por lo tanto, si bien la sociedad se ha “secularizado”, la ignorancia religiosa de los laicos no se debe solamente a ello. Viene consentida y fomentada desde muy lejos por el clero el cual, al acaparar el conocimiento, se ha considerado siempre de clase superior a los laicos. Desde que la Iglesia se clericalizó, el mantener en la ignorancia al pueblo ha sido su forma de retener privilegios. (Ahora, con la “objeción”a la Educación para la Ciudadanía, sucede otro tanto. Entre otras cosas, no les conviene una juventud demasiado versada en Derechos Humanos).
El temor a perder poder y privilegios ha sido la tónica permanente de una Iglesia clerical que hace mucho tiempo que perdió el norte. De orientarse hacia la fraternidad (reino de Dios) pasó a estar orientada hacia la cúpula del poder absoluto (reinado del clero). Esto la mantiene siempre a la defensiva.
Desde la Ilustración, todos los Papas han coincidido en afirmar que la Iglesia está “sitiada” por el racionalismo y “perseguida” por el anticlericalismo. (Y lo siguen diciendo los obispos españoles ahora). A este victimismo les ha llevado siempre, a lo largo de la Historia, el temor a alguna pérdida material (a pesar de que afirman que “su reino no es de este mundo”). Antaño fueron los terrenos del entonces extenso Estado Vaticano junto a la pérdida de poder político en Europa lo que estaba en peligro. Ahora lo están sus privilegios en España. En ambos casos, lo que está en juego no es la libertad religiosa (como ellos dicen) sino las prebendas clericales.
Una y otra vez escuchamos decir a los obispos españoles que algunos medios de comunicación y las leyes emitidas por un gobierno no confesional, tienen gran parte de la culpa de la irrupción del laicismo que ha mermado las filas católicas en nuestra sociedad (considerada no hace mucho como “la reserva espiritual de Europa”). Pero en ningún momento oiremos a un representante eclesiástico reconocer haberse desviado de la Verdad. Ellos siempre están en lo cierto y somos los demás los equivocados. (El Papa, con el que comulga sumisamente toda la Jerarquía, dice que posee la Verdad Absoluta desde 1870, cuando Pío Nono promulgó el dogma de la Infalibilidad papal).
No, los laicos (y mucho menos las mujeres) no tenemos la culpa de no poder tomar decisiones en la Iglesia, ni de ser incapaces de pensar por nuestra cuenta y tampoco de habernos quedado en analfabetos religiosos. A los laicos se nos había prohibido la lectura y la interpretación de los “libros sagrados”hasta hace muy poco:
Por ejemplo, en 1486 el obispo de Maguncia se lamentaba de que “los libros santos sean entregados sin precaución a los hombres simples, a los ignorantes y a las mujeres” Un año después., un documento pontificio convertía la Biblia en un libro prohibido para los católicos. Los fieles, por lo tanto, solo podíamos estar informados sobre la Historia de la Salvación a través de lo que decían los párrocos en sus sermones (que casi siempre versaban sobre lo que habían opinado los llamados Santos Padres de la Iglesia sobre las “verdades eternas”) Tanto es así, que incluso los sacerdotes de a pié debían andar muy flojos en Escrituras ya que, en el siglo XX, Pío XII tuvo que escribir una encíclica (Divino Afflante Spiritu) recomendando a los curas el estudio de la Biblia y su mención en las homilías. También recomendó publicar una Biblia (con notas orientativas) para los laicos porque “desconocer la Biblia es desconocer a Cristo”.
Por su parte, Juan XXIII opinaba que “hoy es imperdonable para un cristiano que se respete, la ignorancia de las Escrituras”.
Ahora bien, la opinión de estos dos Papas no pudo ser escuchada en España en ese momento porque todavía estábamos en pleno Nacional-Catolicismo y la “formación” religiosa que se daba entonces en las escuelas y en las catequesis era prácticamente la misma que habían recibido nuestros padres en siglos anteriores, a través de catecismos al estilo P. Ripalda (un conjunto de fórmulas dogmáticas que había que aprenderse de memoria y ”creer aunque no se entendiera”, bajo amenaza de condenación eterna). ¿Los obispos añoran la eficacia de aquel sistema “evangelizador” cuando aluden a la “rotura de la cadena de transmisión”?
Hay que resaltar que en la época preconciliar la clase media-alta española había descubierto el“Camino” del ahora San Josemaría Escrivá de Balaguer lo cual dio un gran impulso al compromiso religioso-político de algunos laicos que aún perdura. Escrivá de Balaguer era un gran defensor del modelo patriarcal de familia en el que se adjudica a la mujer un papel supeditado al del varón “por designio divino”. Sus escritos todavía hoy son considerados “oro molido”por sus admiradores. Escritos que no impulsan a reflexionar sobre las Escrituras, sino a aceptar las normas moralistas institucionales y a seguir los consejos del “director espiritual”, el cual suele hacer hincapié en la virtud de la obediencia y del “santo temor de Dios”, amén de inculcar a sus dirigidos y dirigidas un acendrado horror a todo lo concerniente a la sexualidad al tiempo que, paradójicamente, se anima a los matrimonios a tener “todos los hijos que Dios quiera” (Motivos, seguramente, por los que el clero dominante ha aceptado casi sin reparos la complicidad de ese movimiento semi-laico que se autodefine como “conservador”)
Hasta después de la Transición Española, el grueso de los laicos españoles no supimos que había soplado un fuerte vendaval en el Vaticano y que, el entonces Papa Pablo VI, opinaba también que “hay que retornar a la Biblia”. Algunos cristianos de base nos hemos esforzado desde entonces en ello, pero la mayoría del pueblo sencillo siguió en la inercia de las devociones a los santos y el temor al Infierno (tal como se les había enseñado desde niños) sin atreverse a poner tales enseñanzas en tela de juicio. En cuanto a los intelectuales, en general, una vez terminada la dictadura política y religiosa, decidieron que no estaban dispuestos a seguir comulgando con ruedas de molino y se apartaron de la Iglesia.
Aquella sociedad oprimida, al ser liberada, dio un vuelco exagerado hacia el otro extremo en pocos años. Se produjo el efecto de la ley del péndulo: de llenar las iglesias, hacer cola ante los confesionarios, los vestidos “decentes” de las mujeres y la censura de los besos en las películas, se pasó a la indiferencia religiosa, los biquinis y los cines X.
Ahora, creyentes lo que se dice creyentes fieles a la Jerarquía, solo quedan aquellos que todavía hoy mantienen esa fe infantil a la que se refieren los obispos y, por supuesto, el colectivo conservador que les es afín.
Existe, eso sí, un numero importante de personas creyentes cristianas con una fe más adulta, en la línea del Vaticano II y de la posterior Teología de la Liberación, pero de éstos no esperan los obispos que pongan la crucecita en la casilla de la Iglesia porque, aunque ellos se consideran Iglesia de Cristo, no están de acuerdo en seguir manteniendo la acumulación de riqueza que ha conseguido la institución, mientras que en nuestro planeta el ochenta por ciento de sus habitantes vive en condiciones infrahumanas. Esos cristianos reclaman un cambio democrático y austero en la organización eclesiástica, más acorde con el Evangelio de “opción por los pobres” de Jesús de Nazaret. Cosa a la que no están dispuestos quienes se aferran al poder de clase, de casta y de género (que son los mismos que se han afanado en convertir en papel mojado las conclusiones de aquel histórico Concilio sobre la libertad de pensamiento y de conciencia).
Roser Puig
|
EN EL EJERCICIO DE LA RESPONSABILIDAD
Comunicación a la Iglesia de Bizkaia
53 miembros de los Consejos Presbiteral y Pastoral Diocesano de la Diócesis de Bilbao, 23/04/08
BILBAO (VIZCAYA).
ECLESALIA, 28/04/08.- Existe en nuestra diócesis una larga tradición de corresponsabilidad que se ha ido concretando, entre otras mediaciones, en la creación e impulso de los Consejos pastorales en todos los niveles. Desde hace muchos años, al menos desde 1978, se ha venido expresando el deseo de que los Consejos Presbiteral y Pastoral de la diócesis, puedan participar de alguna manera como tales en el proceso de designación de quienes vayan a ser nuestros obispos. Este deseo de participación mayor no es contrario a lo que establece el Código de Derecho Canónico, sino que cumpliéndolo lo mejora, promoviendo una mayor colaboración de esta Iglesia local en una cuestión que tanto le afecta. Esta aportación se entiende como colaboración en un proceso más amplio que implica a las demás Iglesias locales presididas por la de Roma. En este sentido conviene recordar lo realizado en la sucesión de D. Luís Mª Larrea, impulsado por él mismo.
El día 5 de febrero de 2008 los cristianos de la Iglesia de Bizkaia tuvimos conocimiento de que se había nombrado nuevo Obispo Auxiliar por los medios de comunicación. Los Consejos diocesanos no habían sido oídos, ni tan siquiera informados. Esta manera de proceder generó un profundo malestar, decepción y tristeza en buena parte de nuestra Iglesia, y en los consejeros y consejeras de ambas instituciones.
El día 11 de febrero, en el transcurso de la sesión ordinaria del Consejo Presbiteral, un número importante de sus miembros comunicaron a nuestro Obispo, D. Ricardo, su desacuerdo y malestar por la forma en que se había procedido para este nombramiento. Del mismo modo el día 23 de febrero, en el transcurso de la sesión ordinaria del Consejo Pastoral Diocesano, un número significativo de consejeros expusieron a D. Ricardo su tristeza y disconformidad con el modo en que se había procedido para este nombramiento. En ambas reuniones las razones del desacuerdo se manifestaron a partir de un profundo amor a la Iglesia, con respeto, y en el ejercicio de la responsabilidad que como consejeros entendemos que nos concierne.
El día 12 de marzo la práctica totalidad de la ejecutiva del Consejo Pastoral y de la permanente del Consejo Presbiteral dieron a conocer a la comunidad diocesana una información escrita de lo acontecido tras el nombramiento del Obispo Auxiliar. El escrito recogía que el deseo de participación en el proceso no había sido atendido, el malestar y tristeza que ello había generado, la constatación de la oportunidad perdida de comunión eclesial, y la insistencia en la petición de participación como tales Consejos en el proceso de designación de los próximos obispos de nuestra diócesis. Todo ello con el compromiso de seguir trabajando para ejercer una verdadera comunión eclesial y corresponsabilidad en los distintos ámbitos de nuestra vida diocesana
El día 5 de abril miembros de ambos Consejos nos reunimos a título personal para, en un ambiente de oración y reflexión, acordar un documento en el que se recogiera cuanto venimos diciendo y hacérselo llegar a nuestro Obispo, al Sr. Nuncio, y a la Congregación de Obispos en Roma. La carta, firmada por 53 consejeros, ya ha sido entregada a sus destinatarios. El contenido de la carta recuerda la tradición diocesana en esta cuestión, el desacuerdo con el proceso seguido y las posibilidades de participación que el propio Derecho posibilita, la importancia de la sintonía de un Obispo con la Iglesia que va a presidir y a la que va a servir, y la reiteración de la petición de participación de los máximos órganos de corresponsabilidad de nuestra Iglesia local previstos por el Concilio en el próximo nombramiento episcopal.
Durante estas semanas los medios de comunicación se han hecho eco tanto del nombramiento como de las diferentes reacciones que éste ha suscitado. Las informaciones han sido la mayoría de las ocasiones incompletas o inexactas, y en muchos casos interesadas según las opciones ideológicas de cada empresa de comunicación. En ningún caso han sido facilitadas por los consejeros, ni desde las instancias a las que pertenecemos. Este texto, y el del 12 de marzo, han sido los únicos que expresan nuestra posición al respecto.
También durante este tiempo se ha puesto de manifiesto la pluralidad de ideas y valoraciones que existen en nuestra Iglesia de Bizkaia. Esta diversidad es indicativa de una Iglesia sana y plural. Sin embargo en ningún caso aceptamos que en el intercambio de opiniones se introduzcan juicios de intención, descalificaciones personales, o falsedades manifiestas. Estamos firmemente convencidos de que una corrección constructiva y fraterna es una manifestación de nuestro amor y servicio a la Iglesia. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
|
|
“Mi gran catedral a partir de hoy será todo un país”, Fernando Lugo.
Ecupres
El domingo 20 de abril Fernando Lugo fue consagrado presidente por elección popular. En 2007 asistió al “VI Encuentro Hemisférico de lucha contra los TLC (Tratado de Libre Comercio)” invitado por el Centro Memorial Martin Luther King (CMLK) de Cuba.
En esa oportunidad la periodista Idania Trujillo, del CMLK, le hizo una entrevista que publicó ADITAL. Idania Trujillo le preguntó “A finales de 2006 usted dijo ¨mi gran catedral a partir de hoy será todo un país¨. ¿Serán esa catedral y ese país con que sueña posibles de alcanzar?”
Lugo respondió, Quizás es un poco ambicioso, ¿verdad? Tratar de convertir todo el país en una catedral. Lo que quise decir, de manera metafórica, es: “A partir de ahora me dedico al país. Hasta ahora estuve en una catedral enseñando, compartiendo, sufriendo, construyendo. Hoy me pongo a disposición de la ciudadanía y de todos los ciudadanos de Paraguay para construir desde la política esa nación que nos merecemos todos los paraguayos, una nación más justa, más fraterna”.
Al mismo tiempo, un país con más equidad social, como solemos decir, una nación reconciliada, donde la justicia no sea sólo un objeto de lujo para algunas personas pudientes, sino para todas y todos por igual. Entonces la catedral tiene esa imagen de acoger a todos. Ahí entran los pobres, los ricos, los de izquierda, los de derecha. Y para construir esa catedral hay que partir de considerar a todas y todos los paraguayos por igual.
Herejía.
Idania Trujillo: Lo veo, perdóneme el atrevimiento, como un “hereje” en el sentido en que se ha enfrentado al dogma de la Iglesia Católica, ¿qué consecuencias le ha traído esa herejía?
Fernando Lugo: Tu pregunta me hace recordar un libro que he presentado hace poco que se llama La herejía de seguir a Jesús, donde se recoge la experiencia de las Ligas Agrarias Cristianas de Paraguay, una experiencia de vida en comunidad. Esos campesinos fueron acusados de comunistas por el gobierno de Alfredo Stroessner, fueron masacrados, muchos asesinados, otros tuvieron que exiliarse, sufrieron prisión, tortura; es decir, pagaron en carne propia el ser “herejes”, seguir a Jesús como una herejía, seguir con radicalidad la experiencia de Jesús de Nazaret.
Desde el punto de vista doctrinal, lo que muchas veces la Iglesia Católica acentúa, la experiencia de seguimiento, el testimonio de compromiso, se aleja de lo que es meramente doctrinal. Por eso creo que la ¨herejía¨ de seguir a Jesús en ese libro nos muestra con claridad que Jesús, ante todo, es un camino a seguir, es una huella a construir y es, sobre todo, una verdad a descubrir. Por eso he recibido la incomprensión, la crítica, a veces amarga, de gente cercana a la Iglesia que no sabe que la experiencia cristiana pasa por encima de lo doctrinal, que pasa por todas las experiencias humanas.
Teología de la Liberación.
IT. ¿Considera que ha muerto, está vencida o no tiene ya nada que decir la Teología de la Liberación en este continente frente a los nuevos desafíos de la fe y la realidad, y frente a los nuevos sujetos que han emergido?
FL. La Teología de la Liberación sigue vigente. Siempre recuerdo la carta que escribió Juan Pablo II a los obispos brasileños donde les decía que la Teología de la Liberación forma parte del patrimonio, de la historia teológica de la Iglesia Católica. Ha sido una fuente de inspiración en Asia, África, Europa y, también, en América Latina. Si bien con ese título no tenemos hoy grandes ediciones teológicas, en todos estos años se fueron formando grupos de teólogos que la han ido renovando. Por otro lado, han idos apareciendo nuevas teologías emergentes en el continente como la teología de la mujer, el género, la teología negra, la ecológica, la étnica, la medioambiental. Es decir, esa teología liberadora se reencarnó en ejes temáticos teológicos que han resurgido con mucha fuerza, sobre todo, con el sentido de seguir iluminando la experiencia cristiana en las Comunidades Eclesiales de Base.
Cristiano/Ecuménico.
IT. ¿Qué significa ser cristiano y ecuménico hoy?
FL. El ser cristiano lo tomo siempre con mucha simplicidad porque para mi es poder emular, seguir las huellas de Cristo en el contexto, el ambiente, la cultura y la sociedad en que uno vive. Cualquier persona, en cualquier parte del mundo que diga, haga y viva como vivió Cristo, seguirá la misma suerte, la suerte de ser calumniado, apresado, torturado y muerto fuera de la ciudad, fuera de los límites de la ciudad. Creo que eso es un signo de fidelidad. La persecución es un signo de fidelidad como decía San Agustín; y, como decimos en Paraguay, ” sin querer mandarnos la parte”, de alguna manera he sentido esa incomprensión, esas calumnias, esas amenazas.
Sin embargo, todo eso a quienes tenemos la fe puesta en Cristo, nos fortalece y nos impulsa a sobreponernos a las dificultades de la vida humana. Nadie tiene el monopolio de Jesús de Nazaret, nadie tiene el monopolio del Espíritu Santo, nadie tiene el monopolio de Dios. Por eso creo que hoy día es mucho más necesario un sano ecumenismo con todas las iglesias que siguen a Cristo y con aquellas que no lo siguen también para poder buscar, como decía Jesús, el Dios cósmico que nos une y nos ampara a todos. Y bajo el nombre de Dios poder construir una humanidad mucho más fraterna.
El Poder.
IT. ¿Dónde cree que está hoy la posibilida d de construir un nuevo poder, acaso en el cielo, en lo global, en la comunidad, o en qué otro lugar?
FL. Muchas veces los políticos usurpan el poder o se aferran a él. Creo sinceramente que el poder es un proceso de construcción. Nosotros, como la Teología de la Liberación, hemos optado por el método de hacer ese poder, es decir, construirlo a partir de esa realidad sangrante, desafiante, de pobreza, de miseria, de exclusión que viven nuestros pueblos. Y ese poder se construye desde abajo. El verdadero, el auténtico, el genuino cambio viene desde abajo, viene desde dentro; y no desde afuera y desde arriba. El poder se construye desde la gente más sencilla que se unen por sus reivindicaciones y también en sus grandes proyectos e ideales políticos.
Partido Demócrata, Estados Unidos, y ODCA
En octubre de 2007 Fernando Lugo fue invitado por la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) y el Partido Demócrata de Estados Unidos para. Dar conferencias en México. Allí fue entrevistado por Heinz Dieterich. Una de las preguntas fue sobre que interés tiene el Partido Demócrata de Estados Unidos para que haya elecciones limpias en Paraguay.
Fernando Lugo contestó: Bueno, ellos tienen sobre todo la fundación Jimmy Carter, que se ofreció como observador de las elecciones, y que lo ha hecho en varios países. Y todo tipo de observaciones son bienvenidas hoy en Paraguay, ¿verdad? Sobre todo, yo les decía a los del Partido Demócrata, si ellos también son gobierno, creo que hay una gran posibilidad, que ojala podamos abordar los grandes temas de las relaciones internacionales.
Les he dicho que desde Paraguay y desde América Latina, muchas de las acciones de Estados Unidos, sobre todo a nivel internacional, son muy cuestionadas, y que, ojala que cuando el Partido Demócrata pueda reorientar su política internacional, podamos conversar de igual a igual en términos de relaciones internacionales, sobre todo en la composición de las relaciones de fuerza dentro del planeta.
Observadores.
H.D. ¿De parte de la ODCA habría disposición para enviar observadores?
F.L. Sí. ODCA nos prometió incluso una asesoría técnica en cuestiones electorales, muy importante para nosotros… Paraguay ha iniciado un proceso de limpieza de padrones, por ejemplo, pero hasta hoy día la composición, sobre todo de la justicia electoral, no es creíble. Y la ODCA tiene relaciones muy cercanas con el partido de la Democracia Cristiana en el Paraguay, que es el partido que elegí para la candidatura, dentro de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC).
Aprendizaje con el pueblo.
H.D. …. ¿Cómo te ha formado la experiencia con el pueblo en la campaña electoral?
F.L. …..Yo creo que el país ha crecido en conciencia y hoy podemos decir, que es un pueblo que tiene propuestas concretas para salir y poder superar las dificultades. Y eso para mi ha sido de gran alegría, porque un político en Paraguay nunca ha ido a preguntar a la ciudadanía, ni de sus necesidades y menos aún de sus propuestas; es más, darle la oportunidad de ser sujeto transformador de la historia y de la creación de la nueva sociedad a esta masa electoral, que tiene un rostro, un nombre, una persona y que quiere ser sujeto de transformación.
.
Asamblea Constituyente.
H.D. En Bolivia, Venezuela y Ecuador hay o ha habido Asambleas Constituyentes después del triunfo del Presidente. ¿Tú piensas en algo semejante?
F.L. Es necesario. En Paraguay hay instituciones creadas en la última Constituyente, que formuló la Constitución del año 92, que después de 15 años vemos que no funcionan.
Yo creo que es necesaria una reforma constitucional. Creo que Paraguay, su modelo de país, el fortalecimiento de la democracia, el ser más institucionalista, necesita de una nueva Constitución. Hay modelos, hay esquemas, hay trabajos y propuestas que se están haciendo. Yo creo que también es una necesidad imperiosa de las grandes mayorías reformular nuestra Constitución, porque esto también pueda ayudar a redefinir el modelo de país donde queramos vivir.
Socialismo.
En otra ocasión (28/05/07) HD le preguntó a FL. ¿Tú utilizarías el termino Socialismo del Siglo XXI en el Paraguay o piensas que no conviene?
Lugo respondió: Hasta ahora yo creo que estratégicamente no pega en la cultura paraguaya. Nosotros en el movimiento Tejojoyá no decimos que somos socialistas, pero que tenemos una inspiración socialista. Y solamente decir esto crea bastante roncha.
El 17 de abril de 2008, la periodista Angela Noción, de Sodepaz le preguntó: ¿Qué definición política hace de si mismo? ¿Progresista? ¿Socialista?
F.L. Degusta definirme como un ciudadano que ama profundamente su patria y su gente y que ha tomado importantes decisiones personales para contribuir a la salvación nacional. Lucharemos por liberar a Paraguay del subdesarrollo y por liberar a su pueblo del sufrimiento de muchos decenios. Desde este punto de vista soy un progresista. Pero no me asusta la palabra socialista. Antepongo los intereses de la sociedad a los individuales. Creo que donde no llega el capital privado o donde el capital privado pretende imponer su poder, debe hacerse sentir la `presencia del Estado. Es función del Estado proteger a los trabajadores
Ecuador.
Entre 1978 y 1982 estuvo en la provincia de Bolívar, Ecuador. Trabajó con monseñor Leonidas Proaño, a quien lo considera como “mi maestro”. . “Me ayudó muchísimo a desarrollar la sensibilidad y compromiso social, somos caras de una misma moneda Sobre esa época Luego dijo que “Ecuador marcó profundamente mi vida, influyó de manera directa en mi formación ideológica y visión social, creo que si no hubiese pasado por Ecuador no hubiera sido lo que soy. Me impresionó su pueblo, su gente, sus contrastes socioeconómicos. A Ecuador le debo todo”.+ (PE)
PreNot 7303
080421.
08/04/21 - PreNot 7303
Agencia de Noticias Prensa Ecuménica
598 2 619 2518 Espinosa 1493.
Montevideo. Uruguay
www.ecupres.com.ar
asicardi@ecupres.com.ar
|
|
¿QUE ESTA PASANDO EN LA IGLESIA?
Planteamiento y situación del tema
Esta pregunta no se la hacía la gente hace unos años. Ahora está asomando con frecuencia en las conversaciones de unos y otros. Mi intención es esclarecer un poco el escenario histórico que nos permita llegar al fondo y entender el desenvolvimiento eclesial de estos últimos 50 años.
Como nada ocurre al azar, pienso que, en este tipo de cuestiones, hay que relacionar los hechos con las causas y el presente con el pasado.
La historia de la Iglesia católica es bimilenaria. Y nada de lo que ocurre en el presente se puede desligar del pasado. El pasado, quizás sin sospecharlo, está más arraigado en el presente de lo que creemos.
Nosotros venimos de una historia en que, hasta el Vaticano II, ha estado vigente el modelo eclesiológico tridentino. Hay quienes en este momento, como veremos, ansían volver a ese modelo. Dicho modelo ha estado sustentado en el llamado “régimen de cristiandad” y, más ceca de nosotros, en el “nacionalcatolicismo”. Por eso, aspirar a entender lo que está pasando hoy, sin referencia al sustrato básico de ese modelo, es poco menos que imposible. Siglos y siglos de historia dejan poso y configuran las estructuras, el sentir, el pensar y el actuar de la cristiandad.
Es imprescindible por tanto comparar, aunque sea sucintamente, el viejo modelo tridentino con el nuevo del Vaticano II.
Modelo eclesiológico Tridentino y del Vaticano II
.Modelo tridentino
Me refiero al momento de la Iglesia reformada de Gregorio VII y postridentina. Sus rasgos fundamentales serían:
1.La religión católica es la única verdadera: “La única religión verdadera es la religión católica. Ninguna de los que se encuentran fuera de la Iglesia católica, no sólo los paganos, sino también los judíos, los herejes y los cismáticos, podrán participar en la vida eterna. Irán al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles (Mt 25,4) a menos que antes del término de su vida sean incorporados a la Iglesia “ ( Concilio de Florencia, 1542 , DS 1351).
- “Defender que todo hombre es libre para abrazar y profesar aquella religión que, guiado por la razón, juzgara ser verdadera, es una doctrina condenada” (Pio IX, Syllabus, Enchiridion Symbolorum, 1960 (1540).
2.La Iglesia es como un Estado, en cuya cumbre está el Papa, asistido por las congregaciones romanas y que justifica su hegemonía sobre los demás Estados: “Las mayores infelicidades vendrían sobre la religión y sobre las naciones si se cumplieran los deseos de quienes pretenden la separación de la Iglesia y el Estado, y se rompiera la concordia entre el sacerdocio y el poder civil” (Colección de encíclicas y documentos pontificios, Madrid, 1955, pp. 1 ss.)
3. El estatuto constituyente de la Iglesia se caracteriza por la desigualdad, a base de dos géneros de cristianos: los clérigos y los laicos: “ La comunidad de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales” (Constitución sobre la Iglesia, Vaticano I, 1870).
La desigualdad se despliega de arriba abajo, en una visión piramidal y estamental: la pirámide tiene un vértice, el papa: de él deriva el poder de los obispos, la nobleza eclesiástica; y, más abajo, está el bajo clero, los llamados propiamente “sacerdotes”. Estos grados agotan el derecho y la autoridad. Finalmente, está el estamento laical, base inmensa de la pirámide: vasallos, siervos de la gleba, gente menuda: “Por su misma naturaleza, la Iglesia es una sociedad desigual con dos categorías: la jerarquía y la multitud de fieles; sólo en la Iglesia Jerarquía reside el poder y la multitud no tiene más derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores” (Pio X, Vehementer, 12.)
4. Esta estructura eclesiástica sería de derecho divino y, por lo tanto, inmutable. Como también el poder que ella tiene y de ella deriva.
5. Esta Iglesia realiza el Reino de Dios desde el “poder eclesiástico” , que desciende piramidalmente hasta los mismos fieles. El pueblo no tiene más que recibir y poner en practica lo que reside en las altas esferas.
6.Para esta Iglesia el reino de Dios es cosa del “más allá”, “asunto de la otra vida”, no un proyecto histórico con exigencias de transformación para la sociedad presente, sino un símbolo de resignación histórica y de evasión de la historia: “La diferencia de clases en la sociedad civil tiene su origen en la naturaleza humana y, por consiguiente, debe atribuirse a la voluntad de Dios” (Pio IX, Syllabus, Enchiridion Symbolorum, 1960, (1540).
7.Esta Iglesia olvida las característica fundamental del Reino de Dios que anuncia Jesús: un Reino de los pobres y para su liberación. Es decir, mientras en las altas esferas se libran batallas por la dominación del mundo, la inmensa base eclesial no tiene más condición, y ésta querida por Dios, que someterse y no contar para nada.
. Modelo del Vaticano II
El gran cambio operado por el Vaticano II aparece sobre todo en la “Lumen Gentium” y la “Gaudium et Spes”. Podemos concretarlo en los siguientes puntos:
1. El punto de gravitación en la Iglesia es, según el Vaticano II, la comunidad (pueblo de Dios) y no la jerarquía. “Pueblo de Dios” es para el concilio esa realidad englobante de la Iglesia, que remite a lo básico y común de nuestra condición eclesial, es decir, nuestra condición de creyentes. Y, en esa condición, estamos todos, sin excepción. La división de clérigos/ laicos queda superada con un planteamiento nuevo: lo sustantivo en la Iglesia es la comunidad, la jerarquía lo relativo, que no tiene razón de ser en sí y para sí, sino en referencia y subordinación a la comunidad.
2. La función de la jerarquía es redefinida con relación a Jesús, siervo sufriente y no pantocrator (señor de este mundo); solo desde un crucificado por los poderes de este mundo se puede fundar y justificar la autoridad de la Iglesia. La jerarquía es un ministerio (diakonia=servicio) que exige reducirse a la condición de siervo. Ocupar ese lugar (el de la debilidad e impotencia) es lo suyo, lo verdaderamente propio.
3. Desaparece la Iglesia como “sociedad de desiguales”: “No hay por consiguiente en Cristo y la Iglesia ninguna desigualdad” (LG, 12).
Nigún ministerio puede ser colocado por encima de esta dignidad común. La mayor dignidad está en la igualdad común. Los clérigos no son los “hombres de Dios” y los laicos “los hombres del mundo”. Esa dicotomía es falsa. Hablamos correctamente si, en lugar de clérigos y laicos, hablamos de comunidad y ministerios.
4. Todos los bautizados son consagrados como casa espiritual y sacerdocio santo (LG, 10). No sólo, por tanto, los curas son “sacerdotes” sino que, junto al ministerio de ellos, el sacerdocio es común. Este cambio en el concepto de sacerdocio es fundamental: “En Cristo se ha producido un cambio de sacerdocio” (Hb 7,12). En efecto, el primer rasgo del sacerdocio de Jesús es que “se hace en todo semejante a sus hermanos.
Jesús, para ser sacerdote, no se retira al ámbito de lo sagrado, de los ritos, sino que sigue siendo laico aun constituido como sacerdote. El sacerdocio original de Jesús es el que hay que proseguir en la historia Y es la base para entender el sacerdocio presbiteral y, por supuesto, el sacerdocio común.
Según esto, la Iglesia entera, pueblo de Dios, prosigue el sacerdocio de Jesús, sin perder la laicidad, en el ámbito de lo profano y de lo inmundo, de los “echados fuera”; sacerdocio no centrado en el culto sino en el mundo real. Este sacerdocio pertenece al plano sustantivo, el otro -el prebisteral- es un ministerio y no puede entenderse desentendiéndose del común. Y el sacerdocio común es superior y el presbiteral , como ordenado al común, es inferior.
El Vaticano II abre una nueva época en la Iglesia
El 25 de diciembre de 1959, el papa Juan XXIII sorprendía al mundo con el anuncio del concilio Vaticano II. Lo convocaba el 25 de diciembre de 1961 y lo inauguraba el 8 de diciembre de 1962.
Desde el primer momento, el papa dejó bien claro el objetivo del concilio: “Se trata de que con la colaboración de todos la Iglesia se capacite cada vez más en la solución de los problemas del hombre contemporáneo” (HS, 5), “Llevamos en nuestros corazones las ansias de todos los pueblos y, en especial, de los más humildes, los más pobres, los más débiles, de todos aquellos que no han alcanzado todavía una condición de vida digna del hombre “ (nº 9), “Insistiremos en dos problemas fundamentales: la justicia y la paz” (11-13).
Cuatro años después concluía el concilio con unos Documentos extraordinarios, que debían ser, según el papa Pablo VI, el nuevo catecismo para todos los católicos.
Han pasado 43 años.
¿Qué trajo el concilio?
El concilio trajo una ola renovadora a una encrucijada histórica excepcional. Había una conciencia colectiva de los graves problemas de la humanidad, de que muchos de ellos no encontraban respuesta adecuada en la Iglesia, de que la Iglesia debía salir de sí misma y establecer un puente de diálogo y colaboración con la sociedad, de que nuestro momento histórico era antropológica, científica, cultural y sociopolíticamente nuevo y requería una adaptación valiente.
El concilio hizo su opción: “La Iglesia no puede dar mayor prueba de solidaridad, respeto y amor a toda la familia humana que la de dialogar con ella acerca de sus problemas. Es la persona del hombre la que hay que salvar. Es la sociedad humana la que hay que renovar. El hombre será el objeto central de nuestras explicaciones “ (GS, 4).
Y apuntaba con precisión: 1. “El género humano se halla en un período nuevo de su historia. Tan esto es así que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural que redunda también sobre la vida religiosa. Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico, un tan sentido tan agudo de su libertad . Y, sin embargo, una parte de la humanidad sufre hambre y miseria, no sabe leer y escribir y experimenta nuevas formas de esclavitud social y psicológica. 2. La Iglesia se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia, debe conocerlo, comprenderlo y responder a sus perennes interrogantes. Vivimos en un momento en que el espíritu científico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. Todo el género humano corre una misma suerte y hemos pasado de una concepción más bien estática de la realidad a otra más dinámica y evolutiva, de donde surge un nuevo conjunto de problemas que exige nuevos análisis y nuevas síntesis. 3. Asistimos a un cambio de mentalidad y estructuras, que somete con frecuencia a discusión las ideas recibidas. Las instituciones, las leyes , las maneras de pensar y sentir, heredadas del pasado, no siempre se adaptan bien al estado actual de cosas . Surge una perturbación en el comportamiento y hasta en las mismas normas reguladoras de éste. (Cfr. GS, 1-7).
El desafío central
Está claro que el desafío central, al que se enfrentaba el concilio, era el de someter a revisión el patrimonio cristiano heredado. Llevábamos cuatro siglos bajo la inspiración y dominio del concilio de Trento. Ese estilo de vida exigía una puesta al día.. La conciencia eclesial se había abierto camino en el mundo moderno y había madurado, en convivencia y diálogo con él, sus problemas, sus nuevas búsquedas y soluciones. De esa conciencia, brotaban dos consecuencias:
- 1ª) La Iglesia no podía erigirse ya más como una realidad frente al mundo, como una “sociedad perfecta”, paralela, que proseguía su curso en autonomía, previniéndose y fortaleciendo sus muros contra los errores e influencia del mundo. Esa antítesis de siglos, debía superarse.
Consiguientemente, el objeto primordial del concilio era el amor al mundo, y no la desconfianza o condenación. La Iglesia, sirvienta de la humanidad y testigo del Evangelio, iba a demostrar que creía en el hombre, en su dignidad y derechos, en su vocación para la igualdad, la justicia y la fraternidad, y que se sumaba a él humildemente, como colaboradora, respetando los valores de esa dignidad fundamental.
- 2ª) El concilio se proponía aplicar la renovación al interior de la Iglesia misma, pues la Iglesia no era el Evangelio ni era seguidora perfecta del mismo, en ella vivían mujeres y hombres, los mismos que en todas las demás partes y desde su condición limitada y pecadora se habían establecido en ella muchas costumbres, leyes y estructuras que no respondían a la enseñanza y práctica de Jesús.
Papel determinante de la involución posconciliar: el pontificado de Juan Pablo II
1. El Papa Wojtyla y el Vaticano II
Juan Pablo II ha tenido una forma muy personal de entender el Papado. Más de 26 años dando la vuelta al mundo, acaban por dibujar un perfil de este insigne viajero y apóstol . Pero no sólo eso.
Juan Pablo II representa un modo de entender el cristianismo tan fuerte y definido que uno se pregunta si la Iglesia va a poder emprender nuevos rumbos o va a sentirse esclava de este modo wojtyliano de anunciar el Evangelio. La Iglesia Institución, vista en su aparato clerical y organizativo, ha cobrado tanta relevancia y uniformidad con Juan Pablo II , que incita a reflexionar si esto no se ha hecho en base a desmedular la Iglesia de esa savia original, la más profunda y reveladora de su mensaje, que es el amor, la democracia y la libertad.
Vemos, pues, que a la Iglesia Católica le ha tocado vivir en estos últimos 50 años, dos hechos especiales: el concilio Vaticano II (1962-1965) y el pontificado de Juan Pablo II (1978-2005). El primero, suscitó una esperanza primaveral, sacudió de júbilo a innumerables cristianos y a muchos ciudadanos no creyentes que sabían de la gran influencia de la Iglesia católica en la sociedad. El Vaticano II alumbraba una nueva época de la Iglesia, unos nuevos planteamientos, un nuevo estilo y dibujaba un nuevo concepto de identidad católica.
El segundo hecho ha sido el pontificado de Juan Pablo II. Se llegó a creer en un comienzo que este Papa iba a ser la confirmación del Vaticano II, pero pronto se vió que los vientos iban por otros derroteros. Se fue así consolidando una tensión en la Iglesia, en la que cada día con mayor fuerza se imponían las fuerzas y movimientos neoconservadores.
2.La revolución copernicana del Vaticano II
Wojtyla se alineaba de la parte inmovilista de la historia, que avanzaba a la defensiva, con apego al pasado y con miedo al futuro. El Vaticano II dió un salto: se abría una nueva época de la Iglesia en que ella era copartícipe de la historia humana y compartía con toda suerte de personas e instancias la búsqueda de un nuevo camino para la humanidad. Ella no era la depositaria exclusiva de la verdad ni tenía el monopolio del bien, ni era la instancia obligatoria para todos, para realizarse y salvarse. La Iglesia se sentía parte de la humanidad y compartía con ella todos sus problemas y soluciones. Y diseñaba, con sentido pragmático, un nuevo estilo de relación basado en el respeto, la valoración mutua, el diálogo y el compromiso por las grandes causas de la justicia y de la paz.
3.Wojtyla: involución contra renovación
Wojtyla traía otro modelo. Y a él iba a consagrar toda su energía. Esto auspicaba una fuerte contradicción dentro de la Iglesia: se habían abiertos caminos nuevos, y , ahora, el pontificado de Juan Pablo II, comenzaba a marcar otra dirección. Grandes sectores de la cristiandad advertían la contraposición: involución contra renovación, autoritarismo contra democracia, clericalismo contra pueblo de Dios, clasismo contra igualdad.
El Vaticano II estableció una reconciliación con la modernidad, un diálogo con las ciencias, un apoyo incondicional a la dignidad humana en todos sus derechos, una prioridad a los problemas y causas mayores de humanidad, una activación de la sociedad por los grandes valores del Evangelio.
Esta siembra hizo que la cristiandad, integrada fundamentalmente por laicos, estimulase la dignidad propia, la responsabilidad, el criterio propio, la creatividad, la mayoría de edad y no fuera posible ya detener el cambio con apelaciones a la obediencia.
Entre estos dos acontecimientos, ha transcurrido, creo, el caminar de la Iglesia de estos 50 últimos años: fidelidad al concilio Vaticano II y adhesión al modelo wojtyliano: una tensión bipolar entre dos modelos diferentes.
El liderazgo de Juan Pablo II hacia el interior de la Iglesia
La muerte de Juan Pablo II fue un hecho de primera magnitud. Juan Pablo II había hecho del planeta tierra su casa. Y su mensaje de amor a la humanidad, de condena de la guerra, de promover la justicia y atender a los más pobres, llegó a todos los rincones de la tierra. El era portador de una bandera universal, símbolizaba valores no partidistas sino universales. Y, por eso, en todas partes, gentes de toda edad, color, raza, ideología y religión aplaudían la misión de este hombre.
Este liderazgo externo contrasta con otro más deslucido, al interior de la Iglesia, que ha provocado en amplios sectores de ella crítica y distanciamiento. Con Juan Pablo II, la minoría perdedora del Vaticano II sacó cabeza y programaba pasos y estrategias para reconquistar el espacio perdido.
El Vaticano II hizo un giro copernicano al invertir el esquema tradicional de la concepción eclesiológica: en el centro estaba cada persona, con su dignidad e igualdad, constituyendo todas el pueblo de Dios. Y subordinada a él, como un servicio, estaba la jerarquía. Lo primero, pues, lo más grande era ser creyente, seguidor de Jesús, pasando a un segundo plano la cuestión de los cargos o ministerios. Este giro ponía en jaque mate a un modelo de Iglesia eurocéntrico, altamente centralizado, jerárquico, clerical y antimoderno.
Juan Pablo II venía de una formación tradicionalista, marcada además por un contexto sociopolítico antinazista, y también profundamente anticomunista y en cierto modo antieuropeo. Su patria había sufrido la humillación de diversos imperios y en todos sus hijos estaban abiertas las heridas, curadas en buena parte por la religión católica. Todo esto le había hecho ver que Europa no caminaba en la dirección de su pasado cristiano, sino que avanzaba por las sendas de la secularización y del laicismo, del ateismo y de un materialismo hedonista y consumista.
Su visión de la modernidad era negativa, pues en ella la Iglesia había ido perdiendo prestigio y hegemonía y se iba reduciendo cada vea más al ámbito de lo privado. La opción de Wojtyla n iba a ser, pues, la de restaurar, recristianizar a Europa, reconducir todo al pasado. Los males presentes era preciso remediarlos reintroduciendo la imagen de una Iglesia preconciliar: una iglesia centralizada, androcéntrica, clerical, compacta, bien uniformada y obediente, antimoderna.
No es de extrañar que el gran teólogo Schillebeekx escribiera:
“El concilio Vaticano II consagró los nuevos valores modernos de la democracia, de la tolerancia, de la libertad. Todas las grandes ideas de la revolución americana y francesa, combatidas por generaciones de papas; todos los valores democráticos fueron aceptados por el concilio... Existe ahora la tendencia a ponerse contra la modernidad, considerada como una especie de anticristo. El Papa actual parece negar la modernidad con su proyecto de reevangelizar Europa: es necesario –dice- retornar a la antigua Europa de Cirilo y Metodio, santos eslavos, y de san Benito. El retorno al catolicismo del primer milenio es, para Juan Pablo II, el gran reto. En el segundo milenio, Europa ha decaído y, con ella, ha decaído toda la cultura occidental. Para reevangelizar Europa es necesario superar la modernidad y todos los valores modernos y regresar al primer milenio... Es la cristiandad premoderna, agrícola, no crítica, la que, según el pensamiento del Papa, es el modelo de la cristiandad. Yo critico este retorno porque los valores modernos de la libertad de conciencia, de religión, de tolerancia, no son, desde luego, los valores del primer milenio” (Soy un teólogo feliz, p. 73-74).
4. Alcance universal de la restauración
Pasado el primer año del Pontificado, la restauración era manifiesta pero se reforzaba con el nombramiento del cardenal Ratzinger, teólogo y, a partir de entonces, guardián doctrinal de la restauración. Fue en el 1985, cuando el cardenal, ya sin equívocos, afirmó que “los veinte años del posconcilio habían sido decididamente desfavorables para la Iglesia”. De nuevo Schillebecx escribía: “Ahora parece que sea sólo el cardenal Ratzinger el único autorizado para interpretar auténticamente le concilio. Esto va contra toda la tradición. En este sentido reafirmo que se está traicionando el espíritu del concilio”. (Soy un teólogo feliz, p.42).
La restauración alcanzó a la Iglesia universal en todos los niveles y estamentos: sínodos, conferencias episcopales, reuniones del episcopado latinoamericano, congregaciones religiosas, la CLAR (confederación de religiosos y religiosas latinoamericanos), obispos, teólogos, profesores, publicaciones, revistas, etc.
Para llevar a cabo la restauración había que volver a los instrumentos de poder y había que contar con movimientos fuertes e incondicionales. Tales fueron principalmente el Opus Dei, Comunión y Liberación, Neocatecumenales,Legionarios de Cristo, etc.
Este breve recuento de lo ocurrido en el interior de la Iglesia nos hace ver la situación vivida –“larga noche invernal”, la llamó el gran teólogo K. Rhaner- sembrando en muchos cansancio y en no pocos otros desencanto y alejamiento.
A este giro involutivo ha acompañado la pérdida de credibilidad en la Iglesia. Condiciones demasiado negativas impedían encontrar en la Iglesia estructuras de acogida que invitaran a la confianza, al respeto y al diálogo. Todo un clima que hizo que, a pesar de grandes multitudes aplaudiendo al Papa en estadios y plazas, las iglesias se quedaran cada vez más vacías.
Aparecía así, finalmente, la cuestión esencial
La misión de la Iglesia es la misma misión de Jesús. Y para entender, rectificar y volverse auténtica no tiene sino volver a Jesús. Era el momento de acabar con un modelo de Iglesia vinculado por casi dos mil años a un espacio cultural relativamente unitario: el europeo occidental. “Hoy, la Iglesia se encuentra ante un cambio que , a mi juicio, es el más profundo de su historia desde la época primitiva. De una Iglesia de Europa (y de Norteamérica) culturalmente más o menos unitaria y, por lo tanto, monocéntrica, la Iglesia está en camino hacia una Iglesia universal, con múltiples raíces culturales y, en este sentido, culturalmente policéntrica. El último concilio Vaticano II puede entenderse como expresión institucionalmente manifiesta de este paso” (Cfr. Concilium, Unidad y pluralidad: problemas y perspectivas de la inculturación, nº 224, julio 1989.p. 91).
El Evangelio no se identifica con Europa ni tal como lo hemos vivido en ella. Como universal que es, el Evangelio traspasa todo modelo cultural concreto, ninguno puede reivindicarlo en exclusiva. Este es el problema. Necesariamente, el Evangelio ha sido anunciado y debía encarnarse en todo lugar y conyuntura histórica. Lo fue durante veinte siglos, pero en modelos occidentales y europeos. Y eso es lo que a nosotros nos llegó. Y, aun dentro de esa cultura, la llegada se quedó muy atrás, pues nos asentamos en el modelo judaico-helénico-romano y nos detuvimos en el patrístico medieval. Trento fue la meta y la medida . No logramos asimilar la posterior evolución moderna.
Con razón ha podido escribir el famoso teólogo Hans Küng: “Se requiere un cambio de rumbo de parte de la Iglesia, y de la teología: abandonar decididamente la imagen del mundo medieval y aceptar consecuentemente la imagen moderna del mundo, lo que para la misma teología traerá como consecuencia el paso a un nuevo paradigma” (Küng, H., Ser cristiano, p. 173).
A modo de conclusion
Durante estos últimos años, la posición y pronunciamientos de la jerarquía eclesiástica han ido provocando creciente malestar y desconcierto en la gente. Y ha culminado ante la aparición y declaraciones insistentes de la Jerarquía eclesiástica en contra del Gobierno socialista.
Los comentarios mediáticos han venido siendo, en general, de desdén, de ironía o de crítica despiadada.
El caso es que, en España, no ha habido obispos profetas que disintieran y se atrevieran a hacerlo públicamente. Son, sin embargo, millones los católicos que disienten y se distancian de la cúpula dirigente. Tienen muy claro que sus Pastores no proceden así por más fidelidad al Evangelio y por más amor los pobres.
No deja de ser paradójico que, en una situación democrática donde existen condiciones de libertad como no las hubo nunca, vienen algunos obispos a denunciar que la “Iglesia” con este Gobierno se siente acosada y perseguida: “Se da una crítica y manipulación de los hechos de la Iglesia, un cerco inflexible y permanente por medio de los medios de comunicación. Somos una Iglesia, crecientemente marginada. No nos dejemos engañar. Lo que hoy está en juego no es un rechazo del integrismo o del fundamentalismo religioso, no son unas determinadas cuestiones morales discutibles. Lo que estamos viviendo, quizás sin darnos cuenta de ello, es un rechazo de la religión en cuanto tal, y más en concreto de la Iglesia católica y del mismo cristianismo” (Mons. Fernando Sebastián, Situación actual de la Iglesia: algunas orientaciones prácticas, Madrid, ITVR, 29 –III- 2007).
No nos quieren, repetía hace poco uno de los obispos. Pues claro, pero, ¿ por qué no preguntan por qué no los quieren? Y, además, ¿por qué cuando hablan de la Iglesia se refieren a a ellos mismos? ¿La Iglesia son los 80 obispos de nuestro país? ¿Por no sentirse ellos queridos pueden afirmar que la Iglesia es perseguida y no querida? Y se les seguirá no queriendo mientras sigan encarnando ese modelo de Iglesia clerical, menospreciativo del pueblo, ajeno a la igualdad, la cercanía y la humildad para contar y aprender del pueblo. La iglesia clerical ha sido mucho maestra y muy poco discípula.
Seguramente es verdad lo que un buen sociólogo me decía: la jerarquía no es creíble porque vive en otro mundo, añoran hábitos hegemónicos de poder y dominio de otra época, no están dispuestos a despojarse -dejarse morir- para iniciar una adaptación que les haga valorar la nueva situación.
Las cosas son así. Ha habido en los últimos siglos una positiva evolución de la conciencia social y eclesial. El concilio Vaticano II lo entendió perfectamente y, por primera vez, hubo una reconciliación oficial con el mundo moderno, con la democracia, la igualdad, el pluralismo y la libertad. Pero eso no es lo que se daba antes. Antes era la alianza de la Iglesia con los poderes estatales, la primacía de la religión católica, el protagonismo del clero, la supeditación de los saberes humanos al saber teológico, la devaluación de lo terreno y temporal, la desigualdad, la desconfianza frente al mundo y otras religiones, la obediencia como norma suprema. Todo ello muy lejos de la tarea primordial de la liberación de los pobres.
Y, cuando el cambio de todo esto ocurre, no se lo quiere reconocer como un bien y progreso, se dirige la vista a otra parte y se inventa un falso enemigo a quien culpar de todo. Lo que es una situación objetiva irreversible, - hemos pasado de una época teocrática e imperialista a otra humanocéntrica y democrática- se la interpreta como un cúmulo de males, provocados por un partido y por un gobierno.
Ahí está, creo yo, una de las claves para entender lo que está pasando en la Iglesia.
Por tanto, los desasosiegos y premoniciones negativas de la Jerarquía se deben a que sufren una descolocación en el tiempo en que vivimos. Es significativo que en la Iglesia -jerarquía y pueblo- sea tan notable el desentrenamiento para vivir en una situación democrática. Vivir en democracia es algo que le ocurre por primera vez. Y los hábitos democráticos no se improvisan, hay que aprenderlos, cultivarlos, amarlos.
Todo parece indicar que la Iglesia de Benedicto XVI con los vientos a favor camina hacia el preconcilio: da trato de favor a los neoconservadores, pone en entredicho el diálogo ecuménico, se sitúa de espaldas a la legítima autonomía de la cultura y de las ciencias, pospone, frente a problemas internos que han sido ya replanteados, las grandes causas de la humanidad que, por ser primeras y prioritarias, deben unirnos a todos.
Ese modelo de Iglesia autoritaria y neoconservadora, no servidora y anunciante de un Reino de hermanos y hermanas, en igualdad, libertad y amor, es el que dicta el regreso al pasado y el miedo a una auténtica inserción en el presente.
Benjamín Forcano
Sacerdote y teólogo
============================================
|
CON NOCTURNIDAD
Es la hora de las tinieblas
JUAN YZUEL - Ciberiglesia.net
ZARAGOZA.
ECLESALIA, 17/03/08.- A Jesús lo fueron a arrestar de noche, y él increpó a los acompañantes de Judas: "Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario he estado enseñando en el templo, y no me apresasteis..."
Hoy, como entonces, como en tantos momentos antes, las vidas y las puertas de mucha gente buena han sido arrancadas a patadas, de noche, por los poderosos y sus sicarios. Hoy, como entonces, millones de inocentes han sido arrastrados a culatazos hacia Sanedrines, tribunales populares, consejos de guerra o simples jaurías humanas para ser crucificados, ahorcados, quemados, apedreados o fusilados en las cunetas de la Historia.
Jesús hizo suya la causa de los más pobres y débiles, los olvidados y los marginados. Y acabó haciéndose totalmente uno con ellos, sometiéndose incluso a la muerte, y una muerte de cruz.
Al compartir la Eucaristía, asumimos plenamente participar con él del mismo cáliz, de la misma entrega, de la misma suerte. De allí la obligada pregunta: ¿En qué bando estoy yo?, ¿con quienes podrían ser arrastrados a patadas o con los que llegan con palos a prender a otros? (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
|
|
UNA VOZ MÁS, ANTE LA “NOTA” DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
Al conocer la “nota” de la Conferencia Episcopal sobre las elecciones, han aparecido ya numerosos comunicados de respuesta. Seguramente es bueno que siga así, para visualizar que, desde distintas posiciones, y sin previo acuerdo, se coincide en gran parte en la base de su valoración. El lenguaje sibilino de la “nota”, donde impartiendo “pura doctrina” todo el mundo ha captado lo que no se dice, denota la ambigüedad, cuando no cinismo, de lo que se dice y no se dice, y de lo que se quiere decir y tampoco se dice… Sin entrar a analizar el contenido, comentemos sólo algunos aspectos externos:
1.-Naturalmente que respetamos el derecho de los obispos a participar en la vida pública y en su libertad de expresión. Pero lamentamos que su voz no sea profética y evangélica, sino partidista e interesada.
2.-No nos resultan creíbles aquellos obispos. Que no nos vengan -en representación de la Iglesia Católica- a darnos lecciones de democracia, cuando ni la Iglesia como institución, ni los obispos, son -para nada- ejemplo de democracia, ya que dependen del único Estado, que no admite a las mujeres, en ningún cargo ni ha suscrito aún la Declaración de los Derechos Humanos.
3.-El Concilio Vaticano II encarga el “compromiso temporal” a los laicos y laicas. ¿Respetan los obispos aquella autonomía de los seglares en la Iglesia y su libertad de conciencia y decisión?. ¿ Nos tratan como personas adultas?.
4.-Muchos cristianos y cristianas no nos sentimos representados con estas manifestaciones de los obispos. No sólo porque no han sido escogidos democráticamente por nosotros, sino porque tampoco captan el sentir de gran parte del pueblo de Dios. Así que preferimos manifestar nuestro desacuerdo con sus “proclamas”.
5.-Vivimos en una sociedad laica y plural. Ya basta de añorar el nacional-catolicismo, y de chantajear y amenazar al poder legítimamente constituido. Y más aún, cuando parece que más defienden sus privilegios de poder, que no los que tendrían que defender desde el Evangelio: los intereses de los sectores más empobrecidos y oprimidos de nuestra sociedad.
6.- Es razonable, por lo tanto, que reclamemos la autofinanciación de la Iglesia Católica y la revisión de los acuerdos con la Santa Sede. Queremos un estado laico y firme en la defensa de los derechos de la ciudadanía. La Iglesia, desprovista de poder y privilegios, ganaría en libertad y credibilidad evangélicas.
Pedimos, en definitiva, a aquellos obispos, que mantengan siempre el Evangelio como guía de actuación: dando al César lo que es del César.
Red Cristiana de Valencia
|
Traducción del catalan : Juan Hernández Jover
===============================================
|
El teólogo Juan José Tamayo considera que “la jerarquía católica se ha alineado con la derecha política más extrema”.
Esther Jaén
Moceop
“Hace tiempo que el Gobierno debería haber cambiado la política en relación con la Iglesia a la que ha llenado de privilegios” Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid y miembro de la Asociación de Teólogos Juan XXIII.
Qué impresión saca de la Nota en la que la Conferencia Episcopal recomendaba no votar a quienes negocian con el terrorismo, entre otras cosas?
La Nota es una nueva demostración más de que la jerarquía católica se ha alineado con la derecha política más extrema, como sucedió en la Concentración por la Familia Cristiana el 30 de diciembre. Con estas posiciones tan de trinchera los obispos, en vez de trabajar por el diálogo y la reconciliación, están acentuando la brecha entre españoles de ideas políticas distintas y hacen daño a la propia Iglesia católica, que es política, social y religiosamente plural.
Los obispos no justifican sus posiciones en referencias y actitudes que emanan del evangelio, sino que utilizan argumentos políticos para justificar sus posiciones. Por lo demás, no me parece aceptable que los obispos hagan uso del tema del terrorismo y lo conviertan en arma electoral arrojadiza. Lo propio hubiera sido aportar propuestas de paz y proponer caminos de solución.
- ¿Cree que el presidente del Gobierno y algunos dirigentes socialistas que han esgrimido el acuerdo de financiación y la posibilidad de darlo por finalizado han obrado de forma adecuada?
Yo creo que hace tiempo que el Gobierno debería haber cambiado la política en relación con la Iglesia católica, a la que ha llenado de privilegios durante toda la legislatura, tanto en el terreno educativo como en el económico y social. Ha sido el propio Gobierno el que ha fortalecido a los obispos con tantas concesiones, y éstos se sienten crecidos. Las amenazas actuales me suenan un poco a rabieta infantil. No me parecen ni adecuadas ni creíbles. Además, ¿por qué los políticos conceden siempre tanta importancia a las declaraciones episcopales, cuando ni siquiera muchos de los propios católicos las siguen?
Con sus reacciones anti-episcopales, lo que han hecho algunos dirigentes del Partido Socialista, miembros del gobierno y el propio presidente ha sido convertirse en altavoces episcopales. De nuevo, los obispos en el centro del debate político. ¿No hay cuestiones más importantes que tratar y problemas más urgentes que resolver que entrar en polémica con los obispos?
-¿Quién sale favorecido de todo este asunto?
No lo sé. Quién ciertamente sale perjudicada es la Iglesia católica, que cada vez que habla o actúa pierde credibilidad entre los ciudadanos y las ciudadanas. Y no es una opinión personal. Son las encuestas las que, de manera persiste y tozuda, sitúan a la Iglesia católica en los niveles más bajo de aceptación de entre las diferentes instituciones, por debajo incluso de las Multinacionales.
- ¿Qué cree que ocurrirá en la relación Gobierno-Iglesia si gana el PSOE?
Sospecho que las cosas seguirán como hasta ahora. Reacciones verbales similares las he oído en otras ocasiones similar. Como dice el refrán, una cosa es predicar y otra dar trigo. No entiendo cómo un partido de larga tradición laica como el PSOE, cuando está en el gobierno adopta unas posiciones tan “confesionales”. A veces tengo la impresión de que el Gobierno o alguno de sus miembros se han convertido al catolicismo, pero no al de base, sino al de la jerarquía. De lo contrario, no se comportaría de manera tan dependiente de los obispos.
-¿Vista la Pastoral de la Conferencia Episcopal, diría que está apoyando en la campaña al PP, que está haciendo su propia campaña para las elecciones en la Conferencia Episcopal del 3 de marzo, o ambas cosas?
Ahora mismo, la Conferencia Episcopal está inmersa en dos campañas: la política y la eclesiástica. En la política, mandan recados de quiénes son sus preferidos en las elecciones. Por ejemplo, los obispos andaluces han publicado una declaración en la que su programa coincide al 100% con el del PP. Ahí hay un mensaje muy directo, no es nada subliminal. Me recuerda a los sacerdotes italianos más conservadores en la época de la Democracia Cristiana.
Ellos decían en sus sermones del domingo: “no os decimos a quién debéis votar, pero tiene que ser un partido democrático y cristiano…¡verde y con asas!” Pero es que la jerarquía católica vivió la derrota del PP en 2004 como una derrota propia y, desde entonces, inició una campaña contra el Gobierno del PSOE.
-¿Y qué hay de las elecciones del 3 de marzo en la propia Conferencia Episcopal?
Pues están contando los votos uno a uno. García Gasco, Rouco y Cañizares están tratando de evitar que Blázquez sea de nuevo el candidato. Además, Blázquez no es el candidato de Roma, ése es Rouco Varela. Es poco frecuente que el Presidente de la Conferencia Episcopal no sea nombrado Arzobispo durante su mandato. Eso es una señal muy clara, como el hecho de que todos los nombramientos de obispos que está haciendo Roma son de la cuerda de Rouco, García Gasco y Cañizares. En todo caso, yo sólo veo diferencias entre Rouco y Blázquez en la estrategia. En el fondo la coincidencia es total. Buena prueba de ello es que unos y otros han votado a favor de la Nota del30 de diciembre con una “unanimidad moral”, según la expresión del portavoz de la CEE.
-¿Son lo mismo dentro de la Iglesia Rouco y Blázquez?
No en sus formas: Blázquez está en una línea conciliadora, mientras que Rouco tiene una línea de confrontación. Pero en el modelo de Iglesia, en la sumisión al Vaticano y en la presencia confesional de la iglesia en la sociedad, no hay fisuras.
-Tanto García Gasco como Cañizares tuvieron un pasado aperturista ¿Qué ha sido lo que ha provocado su evolución hacia posturas mucho más duras?
El poder. La aspiración al poder, en la Iglesia Católica, justifica todo tipo de movimientos. Los casos de García Gasco o Cañizares son casos emblemáticos. Ambos tienen un pasado renovador, se movieron en posiciones moderadas y a medida que han ido conquistando espacios de poder en la jerarquía, se orientaban en función de la ideología que tocase. Fueron renovadores con Pablo VI, neoconservadores con Juan Pablo II, con quien volvieron a posiciones franquistas y se olvidaron por completo de Tarancón y, por último, con Benedicto XVI, se han convertido al integrismo. Quizás la conquista del poder no es la única explicación, pero sí es una muy razonable.
¿Ha perseguido el Gobierno a la Iglesia Católica, como denuncia el PP?
No. Los hechos demuestran todo lo contrario: con este gobierno socialista, la Iglesia Católica ha conseguido más ventajas y más beneficios que con gobiernos conservadores.
El ejemplo más claro de todo ello es la financiación. Las instituciones religiosas, para que haya una separación entre Iglesia y Estado, deberían autofinanciarse, pero además, en el acuerdo de 1979, la Iglesia Católica se compromete a ello. La verdad es que no sólo no se ha reducido el apoyo económico del Estado, sino que con el acuerdo alcanzado por el Gobierno del PSOE, lo ha elevado y convertido en un acuerdo definitivo que, para ser suprimido, tiene que ser denunciado. Mire, en esta legislatura, ni se ha modificado la Ley del Aborto, ni se ha promovido una Ley para regular la Eutanasia…todo eso no se ha hecho por respeto a la Iglesia Católica.
Creo que decir que el Gobierno del PSOE persigue a la Iglesia Católica forma parte de una campaña de intoxicación para mantener los privilegios que siempre han tenido e incrementarlos si pueden. Cuanto más se ha manifestado la Iglesia, cuanto más han protestado, más beneficios han logrado del Gobierno.
-¿Por ejemplo?
Pues el último ha sido que el Gobierno ha accedido a que las escuelas religiosas puedan adaptar el temario de Educación para la Ciudadanía, conforme al catecismo de la Iglesia Católica. Yo me pregunto: ¿No habrá momentos en los que en la asignatura “Educación para la Ciudadanía” se impartan ideas contrarias a nuestra legislación?
Mire, el matrimonio, según la Iglesia, es indisoluble, pero en España existe una Ley de Divorcio. En relación a la interrupción voluntaria del embarazo, el profesor católico de EpC, de acuerdo con la Iglesia Católica puede decir que la mujer que aborta es una asesina, pero la realidad es que existe una Ley para la interrupción voluntaria del embarazo. Todo eso es muy serio. Lo que más me preocupa es que se lo haya permitido el Gobierno del PSOE, porque al final habrá dos tipos de ciudadanías: la católica y la Constitucional.
- ¿Cuál es su diagnóstico de la actual relación Iglesia-Estado, en España?
Vivimos una relación extrema y desmesurada. El problema está en que la jerarquía católica se sitúa en un cristianismo preconciliar y pretende tener a la Iglesia perfectamente ordenada y alineada, sin fisuras. La jerarquía católica no se encuentra a gusto en la democracia y añora los tiempos en los que compartía el poder político. Está empeñada en recuperar ese poder político, ya que, durante los 8 años de gobierno del PP fue colegisladora y cogobernante, aunque ahora sigue teniendo una gran influencia en la toma de decisiones políticas sobre todo en cuestiones educativas, económicas y morales.
-¿Es democrática la jerarquía eclesiástica?
Esa es una de las grandes contradicciones en las que se asienta la Iglesia Católica, cuando critica a la democracia, al Estado de Derecho y al estado de salud de los Derechos Humanos. En la concentración en la plaza de Colón de Madrid, el pasado 30 de diciembre, se llegó a decir que está en peligro el Estado de Derecho, que se está retrocediendo en Derechos Humanos y que la democracia misma está amenazada.
¿Cómo puede una institución no democrática como la Iglesia Católica cuestionar el sistema democrático español? Especialmente, no debería hacerlo cuando estamos en puertas de unas elecciones. Por otra parte, hablan de la falta de respeto de los Derechos Humanos en el actual ordenamiento jurídico español, cuando la Iglesia Católica es una de las pocas instituciones del s. XXI que no respeta los Derechos Humanos en su seno, ni siquiera tiene una declaración de los Derechos Humanos de los Cristianos.
Al contrario, la Iglesia católica infringe algunos de los Derechos Humanos. Sólo los admite si te alineas con las tesis mayoritarias… Le pongo un ejemplo: la jerarquía católica nos niega el derecho de asociación y reunión a los miembros de la Asociación Católica Juan XXIII; no nos dejan reunirnos ni celebrar en centros religiosos nuestros Congresos de Teología Católica, a los que asisten unas 1000 personas, tenemos que reunirnos en la sede de CC.OO. No tenemos queja, porque allí nos tratan muy bien, pero es significativo. También nos censuran nuestros libros, no hay libertad de cátedra.
- Son muchas contradicciones…
Pues hay más…El 30 de diciembre, criticaron también el Estado de Derecho en un tono que ni siquiera es capaz de emplear el PP, que sabe que el Estado de Derecho está perfectamente consolidado. En cuanto a la defensa de la familia, ellos defienden el matrimonio indisoluble, pero la Iglesia tiene tribunales especiales destinados a anular matrimonios. …
Previo pago de una cantidad nada desdeñable… Sí, por cierto, y utilizan bienes espirituales para conseguir fines materiales…
-Tal como lo describe ya no parece que quede nada del espíritu aperturista del Cardenal Tarancón ¿es así?
Efectivamente, se ha producido una involución en la Iglesia. A los obispos les desconcertó el Concilio Vaticano II y, especialmente, tener que adaptar sus orientaciones a la realidad política española. En la etapa del tardofranquismo y de los inicios de la democracia, la Iglesia colaboró con la Transición de manera bastante activa, algo que facilitó que la Transición se desarrollase sin demasiada tensión.
Pero a mediados de los 80, la Iglesia empieza a tener tortícolis de tanto mirar a Roma. Es una enfermedad muy común en los obispos. Ahí empezó el proceso de neoconservadurismo que hoy es ya integrismo.
Esto no ocurre en Francia, Alemania o Portugal ¿por qué cree que en España la Iglesia católica tiene ese rasgo diferenciador?
En Francia no ocurre porque está bien instalado el laicismo, y los obispos tienen más hábitos y más tradición de vivir en una sociedad democrática, aun cuando no compartan algunas actuaciones políticas. En el caso de Alemania…tuvieron a Lutero y todo el cambio que eso supuso. En España, en cambio, ni hemos tenido una reforma protestante, ni ha habido una cultura y una tradición democráticas y laicas entre el clero y la jerarquía eclesiástica.
La Iglesia se mueve en un paradigma premoderno, en el que no se reconoce la división de poderes, sino que ella se considera el cuarto poder, un supuesto poder moral basado en la Ley Natural y, por tanto, está por encima del resto de poderes.
-¿Qué le parece la línea seguida por la COPE, la emisora de la Conferencia Episcopal?
Me parece claramente desestabilizadora y deslegitimadora de la democracia y del Estado de Derecho; genera crispación en la sociedad española, pero al mismo tiempo, tiene el apoyo de la Conferencia Episcopal. Creo que la jerarquía eclesiástica debería cambiar la orientación de su emisora y optar por un talante más dialogante y respetuoso del pluralismo, como corresponde a los principios fundantes del cristianismo y al espíritu del Concilio Vaticano II. .
Pero no lo hacen. Y así están fomentando la crispación. Creo que mantienen esa línea por un mero interés crematístico y por apoyar abiertamente al PP. No me parece que eso sea razonable ni coherente.
-¿Ha perseguido el Gobierno a la Iglesia Católica, como denuncia el PP?
No. Los hechos demuestran todo lo contrario: con este gobierno socialista, la Iglesia Católica ha conseguido más ventajas y más beneficios que con gobiernos conservadores. El ejemplo más claro de todo ello es la financiación. Las instituciones religiosas, para que haya una separación entre Iglesia y Estado, deberían autofinanciarse, pero además, en el acuerdo de 1979, la Iglesia Católica se compromete a ello. La verdad es que no sólo no se ha reducido el apoyo económico del Estado, sino que con el acuerdo alcanzado por el Gobierno del PSOE, lo ha elevado y convertido en un acuerdo definitivo que, para ser suprimido, tiene que ser denunciado.
-¿Qué peso tienen ahora mismo el Opus Dei y los movimientos neocatecumenales en la jerarquía de la Iglesia? Son el brazo largo de la jerarquía. Co-gobiernan la Iglesia junto con los obispos.
¿Y en el Vaticano?
También. Kiko Argüello y Carmen Hernández tenían hilo directo con Juan Pablo II y lo tienen con Benedicto XVI. De hecho, el Opus Dei y los Neocatecumenales son como la clac del Papa y por eso el Papa les reconoce y apoya. Hay una sintonía perfecta entre la ideología y orientación de estas comunidades y el Papa. Lo mismo ocurre en España. Ellos tienen gran poder de convocatoria. Le recuerdo que Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, fue uno de los principales oradores en la Concentración del 30 de diciembre en la Plaza de Colón, y pronunció uno de los discursos más apocalípticos.
-¿Qué opina de la reciente beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil, promovida por el sector duro de la Conferencia Episcopal y en la que han sido excluidos todos aquellos miembros de la Iglesia asesinados durante la Guerra y la posguerra por el régimen franquista?
Siguen con la mentalidad de la cruzada. Siguen considerando la Guerra Civil como una Guerra contra la religión. Y siguen legitimando el apoyo que prestaron a los golpistas, contra la ciudadanía democrática de aquella época. La beatificación de los 498 mártires del bando nacional es una legitimación del alzamiento, es un sostenella y no enmendalla: una beatificación amnésica, porque solo han beatificado a los asesinados en el bando republicano, mientras que han olvidado a los asesinados por los franquistas.
Es una memoria selectiva, porque no tienen ningún interés en rehabilitar a las víctimas que lucharon | |